Y uno más.
Más besitos.
- Harry, cariño –
El grito de la señora Weasley, resonó por la madriguera, y antes de que los chicos pudieran entrar por completo, ésta, ya estaba colgada del cuello, del pelinegro.
- Como creces – le dijo dándole un beso sonoro en la mejilla – estás, más alto
- Gracias señora Weasley – agradeció Harry, un poco avergonzado
- Vamos, vamos, entren que ya preparo el almuerzo – apresuró la mujer, entrando tras ellos
- ¿Papá? – preguntó Ginny
- Ya sabes, en el trabajo – respondió ceñuda
- ¿Qué pasa? – quiso saber la menor
- Nada hija, nada –
- Mamá –
- Solo…estamos teniendo un poco de problemas – suspiró cansinamente – Arthur, estará en el ministerio, vigilando a Tonks estos días, en los que a ella, se le necesita allá
- ¿Qué? – chillaron los tres Gryffindors
- Pasa, que después del ataque, ella, ha estado un poco, magullada – frunció el ceño – es terca, como mula, y ya van dos veces, que se desvanece, de la nada, sin razón aparente
- ¿Por qué no la llevan a San Mungo? – inquirió Harry
- No se deja – intervino, Remus, llegando y parado, desde la puerta
- Remus querido, ven y toma asiento – lo apremió la señora Weasley, denotando el estado del hombre lobo
- Gracias – dijo éste, una vez sentado – todo, es un verdadero caos
- ¿Por qué es que no quiere ir al hospital? – continuó Ginny, sin dejarse distraer
- Dice, y es una estupidez, que se encuentra estable – torció el gesto – al principio, Molly, creyó, bien…que Nym…podría
- Que podría estar embarazada – finalizó la mujer
- Ah – musitaron los tres
- Pero no fue así – continuó Remus – se hizo, unos Test Muggle, como cuatro, para verificar, salieron negativos, pero aun así, me preocupa – agachó la cabeza – por las noches, cuando cree que no la veo, va al baño, y se moja la espalda, suda y gime, cuando esta en la cama, de espaldas
- Esos malditos Mortífagos – siseó el moreno – deberíamos, haberlos matado
- Harry – se escandalizó la señora Weasley
- Es cierto mamá – intervino Ginny – ellos le hicieron eso a Tonks, deberían estar pudriéndose
La señora Weasley y el resto de ellos, se callaron, al saber, que lo que le aquejaba a su amiga, era por culpa de aquellos seres oscuros, llamados; Mortífagos.
La cocina de la madriguera, quedó en el más profundo de los silencios, solo se escuchaba, el Tin Tin, de las cacerolas, que Molly sacaba, para preparar, el almuerzo.
Remus, estaba sumido en sus pensamientos, y por la expresión de su rostro, se denotaba, que eran algo dolorosos, nadie se atrevió a interrumpirle, pero si, lo miraban detenidamente.
Harry, disimuladamente, aferro la mano de Ginny, sabía, que haber cedido a estar junto a ella, era un grave, gravísimo error. Temió por ella, mas que por él, no quería perderla, sencillamente eso, seria doloroso, tanto, como perder a Ron o a Hermione. Se preguntaba, si sería mejor para ella, dejarla.
Apretó más su mano, y la miró intensamente a los ojos, se sorprendió, lo que allí encontró. Ginny, le miraba acusadoramente, como si, supiese, lo que él pretendía. Harry sonrió, prefería, entrando en el campo de batalla, tenerla a su lado, a que ella, tan terca como la conocía, fuese, por su propio pie.
Con Ron y Hermione, era, harina de otro costal, a ellos, no podía retenerlos, ellos, elegirían su lugar, y él, estaba seguro que sería a su lado. Que equivocado estaba, por lo menos, con uno de ellos.
Una molestia en su corazón, le hizo fruncir el ceño. Pensar en Hermione, le dolía, y aun mas, el no saber por qué.
Compuso su cara, en una serena, no quería, preocupar con idioteces, a la familia, menos, en estas fechas.
Ya, la señora Weasley, estaba sirviendo los platos de humeante comida. En algún lugar, de sus cavilaciones, ésta, había terminado el añorado almuerzo.
Hablaban, todos un poco más animados, de lo que harían, para navidad.
- ¿Y Hermione? – preguntó la señora Weasley, luego de sentarse a la mesa
- En Francia – contestó Ron – con sus padres
Ginny, rodó los ojos, seguido muy cerca, de Harry.
- ¿Qué pasa, hija? –
- Hermione, esta en la escuela – fulminó a su hermano, con la mirada – sus padres, en Francia
- Pero ella dijo…- musitó Ron
- Si, lo dijo – le gritó Ginny – y era una broma, idiota
- Yo…yo…- tartamudeó
- No digas mas – le regañó Molly – no quiero peleas
- ¿Cómo esta Hermione? – preguntó Remus
- Bien – contestó Harry
El antiguo profesor de los chicos, vio como Ginny agachaba la cabeza, y movía sus ojos de un lado a otro, indecisa, inquieta.
Más tarde, cuando el tema Hermione se hubo acabado, hubieron arreglado el árbol para navidad, y a regañadientes, limpiaron la casa, Remus, se acercó a Ginny y le susurro quedamente.
- Algo pasa con Hermione, dime lo que sabes –
- Profesor Lupin yo…-
- Antes, Hermione tuvo problemas, pero nunca, tu has estado indecisa al respecto, por lo que deduzco, que siempre sabias que la aquejaba – le sonrió tristemente – también deduzco, que esta vez, tu, desconoces la razón
La pelirroja suspiró largamente, él tenia razón, siempre supo, que sucedía, con Hermione. Ahora, ni siquiera, sabia que pensar.
- Creo que, es mi culpa – se confesó con él, saliendo de la casa – antes, siempre ella tenía tiempo para mi, y yo, obviamente, para ella. Desde que estoy con Harry, siento, que ya no es lo mismo. Ahora, no me cuenta lo que le acontece, día a día, como en el pasado. Si tengo suerte – sonrió triste – me dedica unas palabras
- ¿Crees, que sea, la falta de atención de vuestra parte? – preguntó, mirando el atardecer
- ¿Vuestra? –
- Si, vuestra. Aunque no quieras aceptarlo, Ginny, y sé que sonará duro, no eres la única que la ha dejado un poco de lado – tomo aire de profesor, en cuanto vio lagrimas, en los ojos de la muchacha – Ella, me recuerda tanto a Lily, no solo en su inteligencia, si no también, en su corazón.
A pesar, de que Malfoy, la aqueja, con sus absurdos asuntos de la sangre, ella, se niega a que Ron o Harry, le hechicen para defenderla. Sé también que ella, usa como escusa, lo de perder puntos y demás, pero en realidad, ella, no puede tener rencor en su interior – suspiró – o por lo menos, esa, era la imagen que antes tenía de Hermione
- ¿Antes? –
- Te dije, que Hermione, es muy parecida a Lily – sonrió – solo una vez, he visto realmente enojada a esa pelirroja, fue cuando, su amigo, el idiota de Snape, le llamó sangre sucia, frente a varios de la escuela, ella, solo le ofendió, pero en su mirada, vi por primera vez, la furia y el dolor juntos. Juntos, en un alma pura.
- ¿Cree que Hermione, esté resentida, con nosotros? –
- Ella es fuerte Ginny, tanto o más que Lily, tanto o más, de lo que a ustedes les gustaría creer o pensar – sonrió para tranquilizarla – quizás, esta, es su forma de llamarles su atención, como una especie de "Ey, estoy aquí, y ni saben que comí ayer"
- ¿Pero por que no lo dice? – preguntó Harry, apareciendo detrás de ellos
Remus y Ginny, suspiraron abatidos, ninguno de los dos, querían explicarle, lo que para ellos era tan obvio, pero en definitiva, tenían que hacerlo.
- Harry – murmuró Ginny - ¿Te dije yo, alguna vez, a la cara, que te amaba?
- Muchas…- se cortó el mismo, al entender mejor la pregunto – antes, no, nunca, siempre…
Se quedó pensativo, al recordar, como eficazmente, Ginny había tratado de llamar su atención, saliendo con chicos, siendo rebelde, como si tuviera un cartel de neón en su cabeza, diciendo: Te amo, pero no me atrevo a decirlo.
- Si Harry – dijo esta vez Remus – ella no lo dirá nunca, no dirá, los necesito, aunque los necesite, ella es como Lily, dulce, tierna, entregada, decidida, pero orgullosa y valiente, como toda Gryffindor
- ¿Hermione es como mamá? – preguntó el pelinegro
- En muchos sentidos – le sonrió
- Creo, que debemos hacer algo, ¿No Harry? – inquirió la pelirroja
- Si, vamos, a buscar a Ron –
Entraron a la casa, como balas. Remus, se sentó en la entrada, y apretó su cara, sobre sus dos manos. Pensando, soltó una lágrima solitaria, la única debilidad, que se permitía.
"Si, Hermione es como Lily, tan parecida, y tan diferente a la vez. Lily, era decidida, pero no tanto como aquella muchacha, solo espero, que solo sea una pataleta de adolescente, no podemos permitirnos lastimarla, la Orden, la necesita. Yo…solo deseo, que ella, éste bien."
- ¿Dónde iras? – repitió su padre, por quinta vez
- Ya te dije, que iremos a algún lugar, es el ultimo año en Hogwarts, queremos…que sé yo – suspiró – pasarla bien
- No me mientas – le amenazó, poniéndose en frente, sin inmutar al chico – no lo perdonaré
- ¿Crees padre, que te mentiría, tan descaradamente? – Preguntó con ironía – sabes bien, que nos aburrimos sin misiones, así que, que mejor, que salir por ahí antes de servirle por entero, a mi Lord
- Mas te vale muchacho – dijo su padre, rindiéndose, tercos, adolescentes tercos - ¿A dónde planean ir?
- Aun no sabemos – dijo él, sentándose al lado del fuego, libro en mano – nos juntaremos donde siempre
- ¿Entrada de Hogsmeade? –
- Exacto – abrió en libro, donde había quedado – luego, decidiremos donde ir
- ¿Nada de Muggles? –
- Nada de Muggles, ni lugares, ni personas – prometió, sin sacar la vista del libro
Su padre, entusiasmado por dentro, por no tener a su hijo, por casi todo un día en la casa, se acercó a la puerta, y antes de salir, le dedicó las últimas palabras, o amenazas.
- No me defraudes Theodore – susurró
Para cualquiera, hubiere sonado como una petición, tal vez, sin ver la expresión del hombre, a súplica, pero Theo sabía bien, que eso, era equivalente a; Traicióname, y no me temblará la varita al cruciarte.
Siguió leyendo su libro, con una queda sonrisa en los labios, casi imperceptible.
"Espérame Luna, ya pronto, estaremos juntos".
Se tensó a su espalda, al dirigir la mirada hacia donde ella la tenía. Con un movimiento fugaz, su madre, desapareció de la ventana, seguramente a recibirlos. Mejor dicho, a recibirlo.
No sabía por qué, pero aquello ya no le parecía una excelente idea, como hace unos momentos, temía, que su padre se enojara, por llevar a Granger a Malfoy Manor, pero tampoco, quería dejar, a su madre sola.
¿Pero entonces, si podía escapar solo, por qué trajo a Granger con él? La respuesta, a esa interrogante, la sabía antes de formular, la pregunta en su cabeza. No quería, no, más bien, no deseaba, alejarse del olor dulce, de ella, no deseaba, estar tanto tiempo, lejos de su pequeño y frágil cuerpo, no deseaba, tener que resistir, las ganas de escapar de la mansión, solo para volver a ver sus ojos caramelo.
Era su juguete nuevo, y como tal, la quería cerca, era de su pertenencia, y la quería, dispuesta, las veinticuatro horas del día. O eso, es lo que él, prefería creer.
Besó, imperceptiblemente, la mejilla de la chica. Luego, con un "Camina", la guió hacia la entrada de la casa. Ella, le siguió, un tanto confundida.
La puerta de la mansión, se abrió, por primera vez en años, por la propia dueña de ésta. Narcissa Malfoy, se asomó por la abertura, con una expresión, que hizo temblar a Hermione.
La dulzura en la cara de la madre de Draco, era algo difícil de ver, sobre todo, si ésta, te recuerda a tu fallecida madre. La misma expresión, que tenía su madre cuando llegaba cada año después del ciclo escolar, estaba plasmada, en las finas facciones, de esa mujer, a la que creyó, un témpano de hielo.
Sonrió en su mente, según Lavender y Parvati, era ella, la reina de hielo. Así que, con qué cara juzgaba a los demás.
La mujer, les hizo pasar con un movimiento de su mano, pálida como toda ella, aún, sin borrar la media sonrisa que llevaba, y sin sacar, el dulzor de sus ojos.
- Madre – le saludó Malfoy, con una pequeña inclinación
- Señora Malfoy – dijo Hermione, sin rendir demasiada devoción, pero dándole espacio a la mujer
- Draco y… - miró a Hermione, con algo de temor, que no paso desapercibido, para ninguno de los dos
- ¿Padre está, verdad? – inquirió el rubio, sabiendo la respuesta
- En su despacho, no te…los esperábamos –
- Madre yo, lamento venir sin avisar – se disculpó
- Tranquilo, me alegra, no sabes cuanto –
- ¿Quién es Narcissa? –
La fría voz, del padre de Malfoy, retumbó por el lugar, llevándole a dos de los que en el vestíbulo estaban, una corriente eléctrica, muy parecida al temor. Hermione, vio como Malfoy y Narcissa, subían la guardia, listos, para interpretar sus papeles, muecas en el rostro, incluidas. Ella, solo se sorprendió, era ella quien debería temer, en cambio, no sentía nada, es que Lucius, no era nada comparado con Voldemort, y en ese campo, ella, tenía experiencia.
- Hijo – dijo el hombre, deteniéndose en Hermione mas de lo requerido – y Usted, ¿Qué hacen aquí Narcissa, sobre todo ella? – murmuró con asco
- Eso, es lo que preguntaba –
- Explíquense – ordenó Lucius, arrugando la nariz, sin dejar de mirar a la castaña
- No creo, necesario eso señor – intervino Hermione
- Es mi casa, asquerosa sangre sucia, yo decido, qué es o no necesario – la fulminó, golpeando el suelo, con su caro bastón
- Si le disgusta mi presencia, puedo hacerle el favor de retirarme… – añadió, para sorpresa de todos
- Claro que te irás, no quiero tu inmundo olor…- comenzó pero ella, volvió a intervenir
- Aunque a mi Lord, no le agrade –
Bingo. Lo consiguió. Malfoy padre estaba de una pieza, mientras ella, se giraba para salir de ese lugar. Contó mentalmente hasta…uno, solo eso alcanzó para que él, le llamara.
- ¿Tienes, una misión aquí, de mi Lord? – quiso saber
- Eso, a usted, no le incumbe – le respondió con dulzura
- Atrevida – gritó, dispuesto a cruciar a la mocosa
- Lucius, Lucius – rió alegremente una voz, bajando las escaleras – que bella escena me tienes aquí
- Bellatrix – reverenció Lucius al mismo tiempo que Draco - ¿A que debemos el honor?
- Mi pequeña amiga de Potter me llamó – sonrió, mostrando sus dientes
- ¿Tú? – volvió a gritarle a la castaña, sacando su varita
- Yo – susurró Hermione
Ahora, que Lucius la miraba bien, ella, la mocosa oportunista, como le llamaba, tenía su varita, presionada en el brazo izquierdo, donde una serpiente, la marca tenebrosa, se veía a duras penas.
- Eso, solo mi Lord puede hacerlo – exclamó el hombre, llamando la atención de todos, hacía Hermione
- Verás mi querido Lucius – rió Bella, enterrándole la varita en el cuello al hombre – tiene privilegios, que solo mi Lord, ella y yo, poseemos. Claro, que ella con una clara diferencia, solo, puede llamarme a mí, dime querida ¿Querías…?
- Vine, a esta mansión, buscando la información que Hogwarts no posee, Malfoy, a regañadientes, me dijo que los Black, poseían una vasta cantidad de libros, que ni el ministerio imagina, necesito, de esa biblioteca – mencionó, sin inmutarse por la mentira – ya sabes Bella, trabajo eficiente…
- Lord contento – terminó la frase
- Pensé que, a mi Lord, le gustaría saber que esta familia, esta muy dispuesta a ayudar a favor de su causa –
- Mi Lord estará encantado – sacó la varita del cuello de Lucius - ¿No lo crees así, querido Lucius, Hermanita?
- Claro que lo estaremos – intervino Narcissa, fría como Hermione la recordaba
- Nada más que decir entonces – cantó la pelinegra – Pero he de llevarme a tu maridito, querida Hermana. Hermione, no podías haberme llamado en mejor momento, justo, se le necesita al señor de la casa.
- Me alegra ser útil –
- ¿Vamos, Lucius? –
El hombre solo se giró en sus talones, y desapareció hondeando su negra capa. Bellatrix rió ante la actitud de Malfoy padre, ella, se divertía con todo.
- No lo esperes, por unos días Cissy, mi señor, lo requiere para unos planes – se volteó – y ustedes dos, espero que lleven avanzado el trabajo, que se les encomendó
Hermione por respuesta, solo bufó exasperada. Bien, era claro que aún no tenía idea que hacer, pero Bella no tenía por qué enterarse. El vestíbulo, se sumó en un completo silencio, después de que Bella y Lucius, se hubiesen ido.
- Síganme – les ordenó Narcissa, subiendo las escaleras frontales
Como perritos guardianes, siguieron a la mujer, al parecer Malfoy sabia a donde se dirigían, pues ahora su semblante, era mucho más relajado.
Recorrieron los pasillos, interminables según Hermione, claramente, ella sola, se hubiese perdido. Una risita burlona se escuchó a su lado, y vio a Malfoy sonreír de lado, por la contrariedad de la chica. Bufó, es que ella, con suerte, sabía los pasadizos de Hogwarts en sus siete años allí, ¿Cómo pretendía él, que ella supiera por donde ir, si nunca había pisado tamaña casota?
El pelo de Narcissa, recogido en un elegante moño, no se movía de su sitio, tal vez, se echaba muchas pociones, para que permaneciera perfecto, durante todo el día.
Se detuvo frente a unas grandes puertas de madera, con un elegante picaporte, ella lo giró y les invitó a pasar nuevamente con un movimiento de mano.
Hermione, había visto cosas hermosas, pero nada, tan impresionante como aquello, seis, o tal vez, siete veces más grande que la biblioteca escolar, tal vez, como un campo de Quiddditch, pero no le importo eso.
Miles de filas, miles de estanterías, llenaban aquel precioso lugar, el olor a pergamino viejo la envolvía, y tuvo deseos de correr, y gritar, aunque estuviese prohibido. Dio un paso más adelante y sonrió como una boba, observando todo aquello, permitiéndose bajar la guardia, ante tamaña magnificencia.
Draco la observaba de lado, sabia que ella tendría esa expresión, tratando de comerse los libros con la miraba. Ella nunca cambiaria.
Sonrió, una verdadera sonrisa adorno su rostro al mirar a la castaña, verla ahí, tan dulce, tan indefensa, tan boba, y a la vez, tan condenadamente decidida. Le gustaba lo que miraba, lo sabia, y su madre también.
Narcissa Malfoy, miraba asombrada, como esa sonrisa de su hijo, se extendía por su rostro al mirar a Granger, a la sangre sucia de Granger. Intercalaba miradas desde su hijo, a la castaña, su hijo, la castaña.
Se detuvo a mirar a su pequeño, y abrió los ojos, sorprendida, la sonrisa, no era de burla, era mas bien, como si la admirara, como si le gustara lo que veía en ella.
Narcissa, se llevó la mano al corazón, sin querer creer, lo que su mente había deducido.
- ¿Qué haces querida? –
- Nada madre – respondió cansinamente
- Eso, no es nada – dijo la mujer, apuntando la gran caja de accesorios
- Nada, que sea de tu incumbencia –
- No le hables, así a tu madre, Pansy –
- De acuerdo, señora – le espeto, sentándose en su tocador
- ¿Saldrás mañana, cierto? –
- Si madre, iremos…a algún lugar, creo –
- Espero, no hagan nada indebido –
- ¿Indebido, como qué? – Sonrió mientras peinaba su cabello – Como hacer una orgía
- Pansy ¿Qué cosas dices? – se escandalizó su madre, mirándola en el reflejo del espejo
- No te hagas madre, me conoces lo suficiente, como para saber, que esta idea me agrada tan o mas, que casarme a los cincuenta – bufó
- Claro que no, te casarás si, con Draco, y espero sea muy pronto –
- Si madre, si, como digas – se burló, sin que su madre lo notara
- Bien querida, te dejo, para que sigas con tus cosas –
Pansy siguió peinando su cabello, una cortina de pelo negro, sonrió tranquilamente, al verse completamente sola en su habitación, dejó su cepillo, en el tocador, se levantó con un ágil movimiento, y camino hondeando su ligero vestido hacia la ventana, que daba al patio.
- Jack – susurró al viento, mientras su mano apretaba su corazón
Una carta, con una invitación a salir, descansaba bajo su almohada, un poco arrugada, de tanto leerla.
Saldría, mañana saldría con Jack, irían a algún lugar, solo esperaba, que fuera un buen día.
Narcissa Malfoy, ordenaba a sus elfos para que prepararan algo para los chicos, no le agradaba mucho, tener a aquella chica en su hogar, pero su hermana, sabría si habían sido descortés con ella.
Subió ella misma, junto con su elfa de cabecera, que llevaba la bandeja, abrió la puerta suavemente e ingresó a la biblioteca.
Su hijo, le daba la espalda en el sillón frente al gran ventanal. Se preguntó, a donde estaría la mocosa de Granger. Camino hasta tocar el hombro de Draco, y éste, se sobresaltó.
- Madre – se levantó y le besó la mejilla
- Hijo – con un movimiento de mano, le ordenó a la elfina, poner la comida en la pequeña mesa de centro – puedes retirarte – ordenó
- Gracias madre – le sonrió Draco – no era necesario
- Es necesario, no queremos, que ella se sienta ofendida –
- Ella sabe –
- Pero no esta de más, prevenir –
- Como quieras – le abrazó
- Perdón – se escuchó una voz a sus espaldas, Hermione – ya me voy
- Tranquila…señorita, solo les traje, unos tentempiés –
- Gracias señora Malfoy, ha sido usted, muy amable –
La castaña cogió unos pergaminos, y regresó sus pasos hacia las grandes estanterías, dejándoles así, un momento a solas.
- Hijo, ¿Qué pretendes con ella? – preguntó la mujer, ceñuda al mirar a Draco
- No sé a lo que te refieres madre –
- Te vi – le acusó – mirándola, y…sonreías
- Te imaginas cosas, madre –
- No me engañas, hijo, soy tu madre y sé que esta pasando –
- Y según, ¿Qué es lo que pasa? –
- Esa niña, te interesa –
- Madre por favor, que cosas estas inventando, ella es solo una sangre sucia, con la que tengo obligación – gruñó – de convivir y trabajar
- Espero por tu bien hijo, que eso, sea así –
- Tranquila, el único interés que tenemos en común, es acabar con Potter –
Narcissa suspiró, no le creía media palabra a su hijo, pero prefirió dejarlo pasar, era mejor, engañarse, que reconocer que su intachable hijo, tuviere un interés, más allá del desprecio, con aquella muchacha.
Una vez, que la mujer se hubo ido, Hermione comenzó con su trabajo, busco por las estanterías libros que sabia que le ayudarían, y descubrió otros que ni siquiera imaginó. Estaba maravillada, y no hizo caso a las burlas del Slytherin, que mas que burlarse de ella, solo la contemplaba.
Traspasó un tanto de información que le serviría, en pergaminos que eran interminables, tres horas seguidas, y ella no se cansaba, de vez en vez, tomaba algo de comida de la bandeja, pero su vista, no se despegaba de esos libros.
Malfoy, solo la miraba, y en la ultima hora, no hacia ningún comentario mordaz, aunque mas de una vez, le besaba el cuello por detrás para distraerla, desistió eso si, cuando un libro antiguo y de peso, le dio de lleno en la cabeza.
- Granger – bostezó – creo que es hora de dormir, mañana puedes seguir con esto
- De acuerdo – suspiró la castaña, también tenia sueño - ¿Dónde dormiré?
- Conmigo – le susurró Draco, al oído - ¿Te parece?
- Pues no – rió ella – si tu madre nos descubre, te mata
- Sería un buen precio –
Hermione rodó los ojos, el dramatismo a ella no se le daba bien, pero ya conocía un poco mas al rubio, así que estaba, medio acostumbrada a eso.
Malfoy la atrajo a él con sutileza, la abrazó y le besó, sintiéndose poderoso. Estar besándose con Granger en su casa, frente a, aunque no fuere así, su padre, le excitaba de una forma nunca antes vivida. Le besó como si nadie estuviera en kilómetros a la redonda, le besó libre y tajantemente, y eso, le encantó.
Un carraspeó les hizo separarse de golpe, giraron hacia la puerta, y se les heló la sangre.
- Madre – susurró Malfoy, con la cara muda
- Señorita Granger, sígame – murmuró la mujer, saliendo de la biblioteca
Hermione miró a Malfoy asustada, pero éste, ni la miró, estaba estupefacto en su sitio, mientras miraba hacia la salida. La castaña suspiró, si ella quisiera matarla, ya lo habría hecho ¿O no? Caminó hacia la salida, y se encontró con la espalda de Narcissa, estaba rígida y con los hombros cuadrados. Una elegante y feroz postura.
- Te mostraré tu habitación, de esta noche – le informó y comenzó la marcha
La siguió sin hacer comentario alguno, sin nada que decirle, es que no tenían mucha conversación, menos, después de que la vio besándose con su hijo.
Al pensar en aquello, sus manos comenzaron a sudar, un escalofrío le recorrió la espalda, ahora, en ese pasillo desierto y elegantemente iluminado, entendía el peso, de la escena que había visto la señora Malfoy.
Temió, que por esto, Malfoy tuviese problemas, no quería, que nadie supiera que ella y Malfoy tenían… ¿Qué es lo que tenían?, bien, que tenían una cordial relación. Revolvía nerviosamente una mano contra la otra, no quería dar explicaciones, pero no estaba segura de que si la señora no se las mereciera. "Yo soy la intrusa, yo, la sangre sucia metida en la cueva de una pura y elitista familia, era la intrusa que había seducido y embaucado a su pequeño hijo", dijo en su mente, creía, que eso pasaba por la mente de la hermosa mujer.
- Aquí – señaló la mujer
Abrió una puerta igual de alta que las demás, y entró esperando que la castaña la siguiera, así lo hizo. Se detuvo al instante, el cuarto era prácticamente la alcoba de una princesa, o por lo menos eso hubiera imaginado a sus seis años.
El techo blanco, el suelo de alfombrado oscuro, el amplio espacio, la tenían embobada, al igual que con la biblioteca, avanzó unos pasos, adelantando a la mujer.
Miró hacia el frente, y su rostro le dio la bienvenida. Un tocador hermoso y antiguo, con un enorme espejo reflejándola, estaba frente a ella, sonrió, y ella en el espejo, también lo hizo.
- Siempre quise – murmuró la mujer, reflejándose también en el espejo, y embozando una media sonrisa – tener una niña
- ¿Por qué, no? – quiso saber la castaña, pero se dio cuenta, de su imprudencia
- Lucius, cuando Draco nació, dijo que ya tenia lo que quería – sonrió triste – espero, que mi hijo me de una nieta
La castaña no dijo más, y la mujer se acercó a la derecha de esta, esta vez, le sonrió sinceramente y puso una mano en su hombro.
- No quiero explicaciones, de lo que vi – susurró – creo que la escena, es bastante clara
- Señora Malfoy, su hijo y yo no…-
- Dije, que no quería explicaciones – le interrumpió, un tanto severa
Se alejó de ella y le indicó que la ropa a los pies de la cama, podría usarlas para dormir, antes de salir por la puerta, se detuvo aun dándole la espalda.
- No eres lo que quiero para mi hijo – comenzó Narcissa sin voltearse – siempre pensé que ella, la que le robaría el corazón a mi niño, seria una sangre pura, digna de él. Tú, en cambio, eres todo a lo que imaginé
- Señora Malfoy…-
- Pero cuando le vi, observarte en la biblioteca, su semblante era pacifico y dulce, uno que no veía desde que tenia cinco años – continuó sin dejarla hablar – dude, de lo que mis perspicaces ojos veían, y me engañé, creyendo que solo estaba burlándose de ti
- Su hijo no…-
- Y cuando les descubrí besándose, mis sospechas, increíblemente raras y rápidas, se confirmaron, como te tocaba, te besaba – susurró – eres de él, eso sentí al verlos, que le perteneces, y él en igual medida. ¿Sorprendente no?
- Yo…-
- Lo repito señorita Granger – zanjó – usted no es quien quiero para mi hijo
La castaña esta vez, no dijo nada, comprendía como la señora se sentía, su madre, si viviera, tampoco querría a Malfoy para ella. Era un sentimiento, bastante predecible y entendible.
- Pero aun así – Narcissa ladeó su rostro, para que la castaña viera su perfil – creo que eres mucho mejor, tal vez, puedas salvarle, si puedes hazlo, ayúdale
Narcissa Malfoy. Mujer elegante y poderosa entre la alta clase. Ella, si, le decía que podría ser mucho mejor, que las millones de sangre pura que pudieren existir.
Antes de que ella se fuera de la habitación, y cerrara la puerta tras de si, Hermione vislumbro, una sonrisa, que le trasmitió confianza y a la vez, suplica. Bien, puede que fuera su imaginación.
Se puso la pijama, que consistía en un vestido delgado y ligero de seda, en un total letargo, tanta amabilidad de parte de dos de tres Malfoy´s, le volvía loca y un poco lenta.
Notó que todo en la habitación, la decoración, era dedicado a una niña. Los deseos de Narcissa, por tener una hija, se habían claramente reflejado, en ese cuarto. Tal vez por eso, se notaba que estaba vacío.
Se metió en la cama, aun confundida, y a penas su cabeza tocó la almohada, cayó profundamente dormida.
Soñaba, que estaba con su madre, y esta, le cepillaba el cabello, como cuando era niña, sonrió inconcientemente, antes de sobresaltarse repentinamente.
- ¿Qué rayos haces? – le espetó la chica, duramente
- No puedo dormir – le dijo, hundiendo su cabeza en el hombro de la chica
- No deberías, estar aquí Malfoy – se lamentó, un poco asustada
- ¿Qué fue, lo que te dijo mi madre? – preguntó, sin tomarle atención
- Que no quería explicaciones, y que yo no era lo que quería para ti –
- Yo tampoco, esperé que fueras para mí –
- No soy tuya – le dijo ceñuda
- Si, lo eres, lo sabes y te molesta – rió Malfoy, acariciándole la cintura
- Ególatra –
- Duerme –
Se acurrucó junto a ella, aferrando su pequeño cuerpo, sintiéndose seguro, como siempre que la tenía a su lado.
- Pero tu madre, dijo que era la mejor –
Después de susurrarle eso, y de darle el ultimo beso, los dos, algo calmados y algo inquietos, se rindieron en los brazos de Morfeo.
Y seguimos.
