Y el último por hoy, luego subiré el resto.

Besos y diganme qué tal va.

=)


- No es una buena idea - comunicó, un tanto nerviosa

Todos en la habitación, la miraron comprensivos, pero no había más remedio que ese, necesitaban refuerzos con extrema urgencia, eran su única posibilidad de tener alguna y definitivamente no podían desperdiciarla.

- Molly…- susurró su esposo

- No, no - se negó - no lo acepto

- Es la única salida - se lamentó Remus

- No, no lo es - chilló, a punto de llorar - ya tengo suficiente de haber aceptado que Fred y George hayan entrado, no los demás, son niños por el amor a Merlín

- Sabes bien, mamá - habló Fred - que si no los tenemos con nosotros, ellos trabajarán por su cuenta, ya han soportado que salgamos a misiones, sin tenerlos en cuenta, no creo que les falte mucho para actuar

- Cierto - coincidió su gemelo

- No podemos, no es justo - reclamó Molly

- Es lo más justo que podemos hacer, es lo mejor que tenemos - dijo Remus

- No cuenten conmigo - la señora Weasley se levantó de la mesa - no para tal irresponsabilidad

Se fue de la habitación, dejándolos a todos en un profundo silencio, nadie quería decir que estaban de acuerdo con ella, pero para su mala suerte, necesitaban de esos chiquillos, eran jóvenes, lo sabían, pero nadie mejor que ellos para ayudarles en esta travesía, ellos, eran los únicos con el suficiente coraje para enfrentar lo que se les venía encima.

- ¿Cuándo les diremos? - pregunto Tonks

- Lo más pronto posible - susurró Arthur - deben ir a buscarlos ahora, y comuníquense con el profesor Doyle, necesitamos que estén al tanto

Tonks y Remus se levantaron de sus asientos, al pasar por la sala, vieron a la Señora Weasley llorar en silencio, frente a la chimenea, sentada en el sillón de un cuerpo.

La bruja tomó la mano de su pareja, dándole a entender, que ella estaba de acuerdo con que era una pésima idea.

- Yo iré por Hermione y Doyle al colegio, tú, a la madriguera - le informó el hombre lobo

- De acuerdo - le besó brevemente - te amo

- Yo también –

Los dos desaparecieron, y reaparecieron, en lugares completamente diferentes.

Tonks caminó hasta llegar a la puerta de la madriguera, la abrió y el olor a café le inundó el sentido del olfato, se preguntaba quién podría haberlo preparado.

- Hola Tonks - le saludó Ginny, detrás de un gran tazón humeante

- Hola Ginny - musitó - no deberías beber eso, hace mal a tu corta edad

- Lo sé, pero se me pegó la manía - dijo un tanto triste

- ¿Qué pasa? –

- Nada, es que antes con Hermione tomábamos café, a escondidas – sonrió

- Ah, bien, necesito que se vistan, hay que ir a Grimmauld Place, tenemos algo que pedirles –

- ¿Es grave? –

- Me temo, que sí –

- De acuerdo - se levantó - iré a despertar a los chicos

- Si –

Ginny corrió hasta el tercer piso, abrió estrepitosamente la habitación de su hermano Ron y rodó los ojos al verlo con medio cuerpo fuera de la cama, mientras que Harry, dormía plácidamente.

Se acercó a su novio, y le besó lentamente, pronto el muchacho, abría los ojos.

- Vaya - murmuró - que bella manera de despertar

- Lo sé - sonrió - soy una preciosura

- Vamos, no presumas –

- Ey, lo soy –

- Por supuesto que si pelirroja - le acarició la mejilla - por eso te amo tanto, bueno, aparte de que eres la única que me mantiene de una pieza, y que es capaz de soportarme

- Soy la mujer increíble - rió - súper mujer

- ¿A qué se debe tal despertar? –

- Tonks está abajo, quiere que vayamos a la casa de…a Grimmauld Place, tienen algo que pedirnos –

Harry se extrañó un poco al escuchar a Ginny, ¿Qué era eso que deseaban pedirles? ¿Acaso necesitaban de ayuda?, este pensamiento le hizo florecer dos sentimientos, uno; excitación, ahora por fin podría ayudar desde adentro y dos; temor, para que quisieran su ayuda, la cosa debiera estar muy peligrosa.

Se levantó después de robarle un beso a su pelirroja, y comenzó a vestirse ruidosamente mientras que ésta, trataba inútilmente de despertar a Ron.

- No lo lograrás - le informó el pelinegro

- No ayudas ¿sabes? - bufó, es que ya lo sabia

- Tengo una nueva técnica que funciona en Hogwarts, supongo tendrá el mismo efecto aquí –

- ¿Cuál? –

- Solo observa –

Harry sonrió maliciosamente, se acercó a la cama de su mejor amigo y bajó su rostro hasta el oído de Ron, tomó aire profundamente y gritó.

- ¡Ron!, te perderás el desayuno, no quedará nada para comer –

- ¿Qué, qué, no queda comida?! - se exaltó el muchacho, un tanto desorientado

Las risas no se hicieron esperar, era tan de Ron el desesperarse por la comida, que, la pelirroja se sentía un tanto estúpida por no haberlo predicho, suspiró cansinamente, estaba bien reírse, pero temía que muy pronto ese lujo ya no les pertenecería.

- ¿Qué manera es esa de despertarme? - vociferó molesto

- La única en la que despertarías - rió Harry - buenos días

- ¡Vete al infierno! –

- No, a Grimmauld Place - dijo Ginny, mirándole seriamente - así que vístete, nos necesitan urgente

- ¿Es en serio? - quiso saber el pelirrojo

- Si - susurró Harry - me parece muy extraño

- A mí también, así que mientras más luego estén listos, mas luego podremos deducir que pasa - exclamó Ginny saliendo de la habitación

Bajó las escaleras luego de pasar por su habitación y cepillar su rojo cabello, sonrió a Tonks que terminaba de tomar el café que había dejado a medias, la Metamorfomaga se levantó y ahora que Ginny lo notaba, su cabello ese día estaba de un color arena, nada llamativo comparado para la habitual Tonks.

- Tu cabello - le informó - ya no es rosa

- Debo…- titubeó la mujer - debo ser recatada, con lo de la escuela, me he acostumbrado - sonrió y pronto su cabello era de un rojo sangre, que le venía muy bien

- Claro - aceptó la pelirroja

Se silenciaron al sentir pasos bajando rápidamente, aparecieron Ron y Harry, el último, con su cabellera más despeinada que de costumbre, saludaron a Tonks y salieron cerrando la puerta. La madriguera era un lugar seguro.

Se tomaron del brazo de la Auror, y juntos desaparecieron, en la entrada de Grimmauld Place, Arthur les esperaba con cara de preocupación.


Se despertó y enseguida notó que algo le faltaba, miró a su alrededor y no vio su rastro por ningún lado, suspiró, tal vez debía esperar aquella conducta.

Se internó en la ducha, desocupando totalmente su mente, su cansada mente, y sintió el relajo del agua caer en su desnudo cuerpo, miró su antebrazo izquierdo, la marca tenebrosa estaba allí, quieta, sin llamados, sin necesidades, Lord Voldemort confiaba demasiado en ella, tanto como para no vigilar su trabajo.

Se vistió pulcramente, eran las siete de la mañana, no quería imaginar, a qué hora había desaparecido de su lado, aunque sabía que estarían juntos cuando quisiera, ahora el no estar a su lado más de lo común le incomodaba de sobremanera.

Dio un vistazo a la biblioteca, intentando encontrar algo, aun sabiendo que era en vano, pero nada perdía con intentarlo, así, despejaría su mente antes de ir a enfrentar a su madre.

Narcissa. La encontró, con el rostro resplandeciente, después de buscarla por casi toda la mansión, debía haberlo supuesto, era obvio que al no estar su padre, ella se encontraría allí.

- ¿Qué delicia me tienes para este día de libertad? - le susurró llegando por detrás

- ¡Por Morgana! No asustes así a tu madre - le reprendió la mujer con la mano en su pecho

- Soy sigiloso - rió él

- Si, como Bellatrix - murmuró su madre, con el rostro sombrío - envió una lechuza, decía que estuvieras preparado en cualquier momento, nuestro señor quiere reunirlos a todos

- ¿Qué jugarreta tendrá preparada esta vez? - preguntó Draco para sí mismo

- Lo que sea, te aseguro cielo que no es nada bueno –

- No seas dramática madre - rodó los ojos - siempre estuviste de acuerdo con las acciones de mi Lord

- No hijo, no - la mujer negó con su cabeza - me vi obligada a hacerlo, el apellido Black, es algo que se debe honrar, además tu padre, es quien me arrastró a esto

- Pero yo pensaba…-

- Hijo, ¿Por qué razón crees tú, que mi brazo está libre de la marca tenebrosa? –

- Pensaba que mi padre, no quería que te inmiscuyeras en sus planes –

- Aparte - rió cínicamente - también por qué me consideran una mujer incompetente, y yo no hubiere aceptado

- ¿Por qué ahora madre, por qué lo dices ahora? –

- Nunca hijo, nunca quise que fueras uno de ellos, siempre te advertí pero eres igual de ambicioso que Lucius

- sonrió al ver la contrariedad en la cara de Draco - aunque no quieras reconocerlo, eres muy parecido a él, en algunos aspectos

- Espero pocos - dijo con hastío

- Pocos - concedió su madre - ¿Desayunas?

- No madre, debo volver - se disculpó - hablaré con Mcgonagall para decirle que me quedaré en casa, no quiero que estés sola

- Gracias –

- No lo hagas, no cuesta - le sonrió - madre…bueno…tu viste si…

- Ella se fue demasiado temprano, es madrugadora y sigilosa, más que tu tía Bellatrix - respondió la mujer, batiendo algo espeso en un recipiente, comprendiendo que quería saber su hijo

- ¿Te dijo algo? –

- Solo agradeció la amabilidad, quise que se quedará, pero ella temía que le descubriesen, también agradeció unas cuantas veces más por dejarla usar la biblioteca –

- De acuerdo –

- Esa chica te traerá problemas si tu padre se entera - le advirtió

- Tranquila, es algo pasajero –

Draco besó a su madre en la sien, y luego se fue de casa tal como Hermione lo había hecho unas horas antes, dejándola en una soledad completa, pero teniendo la esperanza de que su hijo volviera a casa.

Siguió batiendo en el recipiente, quería hacer panqueques, hace tiempo no hacía. Repitió las últimas palabras de su hijo en la cabeza, "Es algo pasajero" y una genuina risa escapó de sus labios.

- Si supiera - dijo en voz alta - que para mí, Lucius también era algo pasajero


El agua se sentía cálida en su piel, a pesar de que solo dio el agua caliente, tal vez se estaba volviendo insensible, tal vez ya era demasiado fría como para preocuparse por nimiedades, tal vez solo era su imaginación.

Cerró el agua y pudo sentir como sus músculos se contrajeron de nuevo, de nada le había servido el baño para relajarse, para nada más que sacarse el olor de él, el olor de Malfoy.

Se enrolló en una toalla, y caminó escurriendo el agua de su cuerpo hasta la habitación, maldita mente que le jugaba malas pasadas, maldita mente que la llevó a la habitación equivocada. Salió de ahí en un estado de completo sopor, no había pasado una buena noche aun al estar al lado de Malfoy, despertó cada poco con esas horrendas pesadillas de nuevo, la muerte de sus padres, su conversión a los Mortífagos, las duras y verdaderas palabras de Bella en su mente, palabras hechas para lavar el cerebro, con razón esa mujer era buena para hacerte perder la cordura, ahora Hermione, presumía que no necesariamente lo podía hacer a punta de Crucios, sino, que escogiendo bien las palabras, podría obtener a cualquiera, quien fuera.

Esta vez, entro en el cuarto correcto, desenrolló la toalla al ver su demacrado rostro, la puso sobre el mismo, para prevenir el verse de nuevo. Abrió sus cajones y con parsimonia absoluta, vistió ropa interior, unos Jeans que había olvidado lavar, y su suéter grueso favorito, el que su padre usaba hasta que en quinto curso se lo obsequió, era de material extremadamente grueso, color gris, y de escote cuadrado, su madre siempre le decía que era un suéter de chica, su padre nunca lo tiró a la basura, prefirió dárselo a ella, en vez de verlo arruinado.

Se lo puso con cuidado, le tenía mucho cariño y a pesar de que no andaba con nada más abajo, este le daba todo el calor que necesitaba y más.

Le quedaba un poco grande, tal vez más que cuando su padre se lo obsequió, un hombro se escapaba por el ancho cuello, pero a ella poco le importaba, menos, que las mangas le quedaran aun más grandes, solo las agarraba con su palma, dejando a duras penas la extensión de sus dedos al descubierto.

Bajó aun en estado soporífero, por alguna razón, su corazón le decía que debía quedarse en cama, sin hacer ni pensar en nada, pero como tenía un papel que interpretar, prefirió no levantar sospechas.

Su cabello aun iba húmedo y se le pegaba a la cabeza de una forma patética, debió secarlo, sabía que debía haberlo hecho, la Hermione Granger de antes, jamás habría dejado pasar eso por alto. Suspiró cansinamente, le agotaba no mandar todo a la mierda y simplemente ir al cementerio donde estaban sus padres y apuntar su corazón con la varita y decir las palabras mágicas, pero era muy cobarde para eso, o demasiado valiente como para quedarse en este mundo y sufrir.

Llegó al gran comedor y se golpeó mentalmente el no secar su cabello, los pocos alumnos que quedaban le miraban extrañados, bostezo abiertamente y sin pudor, eso debería ayudarle, tal vez por la gracia de los antiguos magos, esa tropa de inexpertos muchachos pensarían que estudió hasta muy tarde.

Funcionaba. No le miraban.

Se sentó con tedio impregnado en el rostro, tomó una taza de humeante chocolate caliente, lamentaba que no les diera café, untó unas tostadas con mermelada de damasco, la única que le gustaba, no tenia estomago para nada más que eso.

Llevaba la mitad de su desayuno, cuando dos hombres le interrumpieron con caras graves y serias.

- ¿Qué sucede? - quiso saber ella

- Necesitamos que nos acompañes Hermione - le informó Remus, mirándola extrañado

- ¿A dónde? –

- A Grimmauld Place - dijo su profesor de pociones, con una sonrisa

- ¿Cómo sabe usted profesor Doyle de Grimmauld Place? –

- Bien…-comenzó el hombre lobo pero fue interrumpido por Hermione

- Es parte de la Orden –

- Exacto - suspiró Lupin - debemos irnos ya

- Mi desayuno - les comunicó ella, una escusa barata

- Podrás terminarlo allá - le aconsejo Doyle

- Claro, me lo imaginé - murmuró ella levantándose

Salió del gran comedor junto con los dos hombres, pero antes de atravesar las puertas, se disculpó un momento e intercepto a un grupo de niñas que tenían una libreta en sus manos y muchas plumas

- Me permites - le pidió amablemente a una de pelo negro como la noche, ésta, le brindó su libreta y pluma con gentileza – gracias

Rápidamente garabateo unas palabras en el papel y lo dobló, agradeció a las pequeñas y sacó su varita, un movimiento y el papel ya no estaba.

Alcanzó a los hombres que conversaban bajo entre ellos, cuando se acercó escuchó a William negarse a la idea que tenían en mente, sonrió, sabía exactamente lo que querían hablarle, y estaba segura de que Ginny, Harry y Ron estarían ya en el hogar de Sirius, era exactamente lo que necesitaba.

Una molestia presencia le incomodo en el trayecto a las puertas del colegio, una incómoda intromisión en su cabeza, frunció el seño y lo expulsó sin que pudiere entrar a observar la más mínima palabra, apretó los puños dentro de su suéter, Remus sería un problema, un serio problema.


Sus ojos como el océano le dieron la bienvenida al hermoso sol de la mañana, se estiró entre las sábanas con una sonrisa en el rostro, abrazó un rato mas su suave almohada, con la mente en blanco, miró el techo y pudo ver a sus amigos en ella, unidos con una cadena en oro de letras, "Amigos" se repetía una y otra vez, uniéndolos a todos.

Se levantó y duchó tranquilamente, su naturaleza pacifista no le permitía comportarse de otra manera, sonrió mientras lavaba su rubio cabello, recordando cuando de pequeña su madre le decía, que por más que no quisiera, su cabello siempre seria sedoso.

Vistió un vestido naranja pálido con caída libre, aquel que tanto le gustaba, esperaba con ansias, que a él también le gustara.

Bajó dando saltitos hacia el estudio de su padre, le encontró leyendo un libro, el mismo que había leído miles de veces antes, él insistía en que algo había dejado pasar, y su hija, Luna, le creía.

- Buenos días papá - le saludó sobresaltando al hombre

- ¡Cielito! Me has asustado - le sonrió - ¿A qué se debe tanto entusiasmo?

- Saldré - le dijo y frunció el ceño, raro en Luna - ¿No lo habrás olvidado, cierto?

- Eee… - titubeó - no, por supuesto que no

- Ah - suspiró Luna, sin dudar de su padre - vendrá a las diez

- De acuerdo ¿desayunamos? –

- Claro –

El desayuno transcurrió en conversaciones de criaturas mitológicas y demás, rieron muchas veces y jugaron con una especie de mapa donde había que encontrar criaturas de una lista en la derecha, Luna ganó, por dos aves extinguidas.

El timbre sonó a las diez en punto, y el señor Xenophilius se levantó a recibir al invitado mientras que Luna corría a su habitación para coger su bolso. Abrió la puerta y un muchacho de ojos verdes con una sonrisa nerviosa se presento.

- Hola - saludó - soy Theodore Nott, es un gusto

- Hola, bienvenido - le hizo pasar - Luna, hija - gritó el hombre escaleras arriba

- ¡Ya bajo! - devolvió el grito

- Siéntate - ofreció el señor Lovegood - ¿Qué intenciones tienes con mi hija?

Antes de que el trasero de Nott llegara a su destino, quedó completamente paralizado, no era bueno en estas cosas, era un tipo sincero y temía que decirle lo que planeaba con su hija, surtiera el efecto contrario a la tranquilidad.

Es que mil cosas se le pasaban por la cabeza para hacer con Luna, era Slytherin por el amor a Salazar, estaba en sus genes, su historial no estaba exento, si más limpio que el de Blaise, millones de veces más limpio que Draco, pero no intachable como el de su Luna.

Tragó saliva espesamente y se sentó pesadamente, miró al padre de Luna a los ojos, y supo que debía decirle la verdad.

- Estoy enamorado de su hija - dijo por fin, sintiéndose más nervioso, ¿No era que después de confesar, uno se sentía aliviado?

- Ya veo - comentó - espero, no verla lastimada, es mi tesoro, lo único que tengo de valor en esta vida, ya perdí a mi esposa, no deseo perderla a ella también

- No la dañaré - mintió, cuando supiera la verdad, Luna saldría lastimada, pero entendería - es lo último que querré para ella

- Mas te vale muchacho - sentenció - ¿Y, te gustaría venir a buscar Snorkack de cuernos arrugados con nosotros?

Sonrió y le contestó que le encantaría mucho acompañarles, es que por más que el señor Lovegood tome seriedad en lo que concierne a su hija, éste no dejará de ser quien es por mucho tiempo, parte de esa magia que Luna posee, viene de su padre, tal estrafalario con las criaturas mitológicas como ella, y tan pacíficamente igual.

Luna bajó después de unos minutos y el ver a su padre y novio hablando tan animadamente y con sinceridad le conmovió en sobremanera, sonrió agradecida, su madre le daba desde el cielo el mejor regalo que podría obsequiarle, una familia completa, amigos incluidos.

- Hola - saludó, haciéndose notar

- Hola - Theo se levantó del asiento, y la miró maravillado - estás hermosa

- Gracias - dijo la rubia, con sus mejillas teñidas de rosa - ¿Vamos?

- Si - le tendió la mano a su suegro - ha sido un gusto, la traeré temprano

- Tranquilo - le estrechó en despedida - sé que está en buenas manos

Theo y Luna, salieron de la casa en forma de torre de ajedrez, dejando atrás al entusiasta padre. El castaño le tomó de la mano y cuando estuvieron a una distancia en la que no se verían, la estrechó en sus brazos y le besó dulcemente.

- ¿A dónde iremos? - preguntó Luna

- Es una sorpresa -


Sentada entre Ginny y Harry estaba Hermione, algo incomoda, casi todos allí la miraban extrañados, su pelo, seguía siendo un desastre.

Suspiró por enésima vez, necesitaba que hablaran ya, no quería estar en ese eterno silencio que a nadie ayudaba. Ron se revolvía las manos cada poco y alternaba su mirada de su madre a Hermione.

- Bien - carraspeó Moody - queremos que se unan a la orden

El disgusto de Molly se hizo presente sin hacerlo llamar, todos la miraron un tanto enojados, era necesario que se enlistaran en esta lucha, sin saber que un traidor estaba entre ellos.

- ¿Así, sin más? - preguntó Ginny

- Tú, no - le chilló su madre

- Pero…-

- Nada de peros jovencita - sentenció - no puedo detener a los demás, pero tú eres menor de edad

- No es justo - gritó la menor de los Weasley, indignada

- Está decidido –

- Molly…-

- No Arthur, ya bastante tengo con que seis de mis hijos estén en la Orden del Fénix, no permitiré que Ginny…-

- Es su decisión Molly - le interrumpió Remus

- ¡No! – gritó

- Entraré - zanjó la pelirroja - no me detendrás mamá

- Ginevra…-

- Mamá, esta guerra es tan tuya como mía, quiero un mundo mejor y lucharé por el –

Molly estalló en un llanto algo silencioso, su esposo la sentó a su lado y la abrazó con mucha dulzura, entendían muy bien la postura de Molly, pero de nada les servía dejarla tras la línea de fuego, conociendo a Ginny, algo tramaría para poder luchar.

- Como no sabrán y se enteran ahora - comenzó Remus - estamos en situaciones graves, es bien conocido que ahora forman parte de la orden y pueden tener voto dentro de esto, pero les recalco que eso no significa que pueden hacer tonterías y arriesgarse - les miró con dureza - que les quede claro chicos, que no permitiremos arriesgarlos hasta que llegue la batalla final

- Lo sabemos - dijo Harry

- La batalla se aproxima - mencionó Moody - hemos destruido cuatro Horrocruxes, pero aún quedan tres, el que Voldemort tiene en su cuerpo - algunos se estremecieron - intuimos que Nagini es uno de ellos, nos quedaría solo uno, y el equipo de aurores perteneciente a la Orden esta en ello

- Desde ahora, Tonks les dará entrenamiento especial, Luna y Neville también deben recibirlo, creo que ellos querrán ayudar al igual que los ustedes - Remus se levantó - las clases las impartirá en sus horas libres, sabemos que será pesado, pero confiamos en que puedan con esto

- Por supuesto - dijeron Harry, Ron y Ginny al unísono

- Hermione - le llamó Remus - ¿Podemos hablar en privado?

La castaña solo se levantó, sin decir palabra alguna, todos en la mesa de reunión les miraron confundidos, mas Tonks que otro, algo tramaban los dos.

Remus guió a Hermione por las instalaciones, subieron las escaleras tan conocidas para ella y al pasar por el retrato de la madre de Sirius, la tela que la cubría de su molestia presencia se libero y con ello, los gritos de la mujer.

- ¡Sangre sucia inmunda, que osas pisar el ancestral hogar de la honrosa casa de los Black, que insulto a…! –

- No le tomes en cuenta - le dijo Remus siguiendo el camino

Pero Hermione se detuvo, sin que su ex profesor se diera cuenta. Se acercó a la mujer que seguía despotricando a diestra y siniestra y le miró con fiereza, con locura y un tanto de diversión.

- Lo único y escúcheme bien retrato inservible - le siseó y la mujer la miró atentamente, con burla - lo único honroso que esta casa tiene, es la memoria de Sirius Black, de los pocos Black que si valen la pena

- ¡¿Cómo te atreves?! –

- ¡Cállese! - le siseó esta vez con furia y mirándola asesinamente logró que la ancestral Walburga Black, cerrara la boca temerosa - pierda su tiempo venerando a su hijo, no chillando como vaca

El retrato espantado cerró su tela, dejando así el lugar en un completo silencio, por primera vez, sin utilizar ningún hechizo.

- Interesante - susurró Remus a unos pasos tras ella - me pregunto, que mirada tenias para dejarla callada

La castaña se volteo, sin cambiar su mirada ni un milímetro. Remus abrió los ojos sorprendido, era mirada no era de Hermione, lo sabía, algo pasaba con ella, algo muy, muy peligroso.

- ¿Qué pasa contigo Hermione? –

- Nada –

- Estás distinta –

- Solo más decidida –

- Increíble lo que hiciste con la madre de Sirius, él estaría orgulloso si viera como la hiciste callar –

- Sirius es un buen hombre, no soporto que se hable así de él, recuerde profesor que mientras estuvo aquí, yo pase mucho tiempo con él, le apreció y le conozco lo suficiente como para defenderle así - le susurró endulzando su mirada

- Entiendo –

- ¿Qué deseaba hablar conmigo?

- Sí, creo que podemos hablar aquí –

Le guió hacia la habitación que en la que ella durmió, muchos meses atrás. Entraron y ella se sentó en la cama cerca de la ventana, le miró expectante, a la espera de que se entrometiera en su mente, y eso fue exactamente lo que pasó.

- ¿Qué escondes, que no me dejas ver? - quiso saber el hombre

- Todo, y a la vez nada –

- ¿Quién te enseñó Oclumancia? –

- No me creería si le dijese - le sonrió

- Pruébame –

Hermione frunció el ceño, le aburría esta plática, ahora entendía por qué su corazón le rogaba quedarse en la cama, y dormir por horas, además de que lo necesitase. Miró el techo y suspiró, tenía tantas mentiras por decirle, que no sabía cuál era la mejor, todas eran excelentes, pero no deseaba sacarlas de su mente.

- Me enseñó Sirius - mintió, sin inmutarse

- Veo - Remus se acercó a la ventana, su rostro era inexpresivo - aunque lamento que me mientas Hermione

- ¿Por qué? - se golpeó mentalmente, de todas las mejores, eligió la más inestable, es que no sabía si Sirius sabia esos trucos

- Sirius, no sabía Oclumancia, menos Legeremancia –

- Veo –

- ¿Aprendiste sola?-

Ella agachó la cabeza, esa era la mejor opción, y la que debería haber dado al principio.

- Entiendo que no quieras decírmelo, aprender estas técnicas, cuando eres menor de edad, es ilegal, en el caso de Harry, era algo de urgencia y nadie se enteraría, pero si te descubren Hermione, puedes tener graves consecuencias –

- Lo siento profesor - se disculpó

- Tranquila - le sonrió - me sorprendiste, eres más inteligente de lo que pensé

Y por supuesto que lo era, el pobre hombre tenía al enemigo bajo su nariz y no podía siquiera oler el peligro con sus sentidos desarrollados de hombre lobo, ella era inteligente, y por sobre todo, era sagaz.

Su profesor le brindó un fraternal abrazo que la dejó descolocada, en muchos sentidos, primero, porque nunca antes le había abrazado, segundo, por lo improvisto del mismo y tercero, por que cuando hundió su rostro en el pecho del hombre, el olor de protección de su padre llegó a sus fosas nasales, golpeándole la mente y el corazón de una forma dolorosa.

Minutos después, bajaban hacia la sala, les llamaban para programar las clases mientras que Molly preparaba el almuerzo.


- Me voy mamá –

- ¿A qué hora llegas? - le gritó desde el salón

- No lo sé, no molestes ¿quieres? –

- No le hables así a tu madre - le reto su padre

- Si, si - bufó saliendo de la casa

Caminó por alrededor de veinte minutos, así le daría tiempo de pensar. Lástima que el tiempo se le hizo demasiado corto.

Lo vio tan elegante como siempre, sonrió y el captó su mirada, corrió hasta ella y la envolvió en un beso que la dejo sin aliento y un tanto desorientada.

- ¿A dónde iremos Jack? –

- Sorpresa Pansy, sorpresa -


Draco bufaba enojado en la torre de premios anuales, no le gustaba para nada tener que pasar el día solo. La nota que le dejó la castaña era bastante pobre: "Me necesitan urgente, no estaré en todo el día. El pajarraco. HG.", es que nadie podría entender algo así, claro que él la captó a la primera, pero expresarlo con mas palabras no era nada malo, tal vez ella estaba apurada.

Ya había hablado con Mcgonagall y ésta a regañadientes le otorgó el permiso para salir por los días que festividades, no sin antes darle un sermón de ser puntual y responsable si necesitaba algo. Tonteras.

Daba vueltas como, paradójicamente, un león enjaulado, quería verla antes de irse a la mansión, pero lo veía bien difícil. Según pudo averiguar, Granger salió con Lupin y Doyle, no tendría problemas para llegar a la hora que quisiera, para su mala suerte.

Decidió largarse, sin dejarle una nota ni nada, era infantil, pero se sentía sumamente abandonado.

Llegó a su casa y paso las horas en la compañía de su madre, cuando el reloj marcó las ocho de la tarde, algo previsto comenzó a ocurrir.

Su marca comenzó a retorcer y arder, su madre le miró preocupada pero él solo le besó la frente y acudió al llamado.

Pansy y Nott estaban juntos en un lugar muy apartado, sonriendo un tanto aliviados por alguna razón que él no sabía.

- ¿Y esas caras de alivio? - preguntó cuando llegó donde ellos

- Vieras las que pasamos Draquín - susurró Pansy

- Pans, te quiero, pero mi nombre es Draco –

- Lo sé –

- ¿Bien y que pasaron? - quiso saber

- Pues que estaba despidiéndome de Jack cuando hicieron el llamado - murmuró la pelinegra - imagínate que me quejé en pleno beso de despedida, pobre, pensó que algo malo había hecho, pero él hace todo bien…

- Ya, entendí - le cortó Malfoy - ¿Escapaste ilesa?

- Le eché la culpa a mis padres - sonrió - rápido y efectivo, los hombres le temen a los suegros

- ¿Y tu Theo? –

- Lo mío, es algo extraño - frunció el ceño - estaba frente a la casa de Luna, conversábamos mientras su padre miraba por la ventana, no es muy bueno escondiéndose y cuando comenzó la llamada, me quedé de piedra, justo enfrente de ella, no supe que decirle y eso que siempre tengo comentarios mordaces e inteligentes con los cuales zafarme. El punto es que Luna solo me besó y dijo: "Ve, te quiero y ten cuidado", luego solo entró a su casa, y heme aquí.

- Lovegood es extraña - comentó Pansy y Malfoy solo asintió

Las puertas de roble alto, al fondo del salón, se abrieron de par en par, dándole paso, a la pesadilla de muchos y al mentor de otros tantos. Inclinaciones inundaron el lugar, reverencias en otros un tanto exageradas pero que su señor alababa, nunca agradecería, era lo mínimo cuando el entraba a algún sitio.

- Mis fieles aliados - dijo Voldemort, con las palmas blanquecinas abiertas - que orgulloso estoy de su rápida respuesta a mi llamada, los he citado aquí para…

Voldemort se silencio de repente, para asombro de sus seguidores, Bellatrix avanzó hasta posarse a su lado y vio como su amo miraba entre los Mortífagos, buscando algo, buscando algo que ella, recién se daba cuenta.

- ¡¿Dónde mierda esta Granger?! - vociferó la mujer, haciéndoles temblar


Se le hacía tarde y ya no soportaba más tener esa falsa sonrisa en la cara, estaba harta y quería largarse, además que le dolía como nunca, debía de estar furioso, ¡ya!, se levantó y despidió lentamente, deteniéndose un poco más en Ginny, quien le metió conversa, Remus le acompaño hasta la entrada de los jardines del castillo, ya que "supuestamente" ella no podía desaparecerse.

- Bien Hermione - sonrió - nos vemos

- Claro –

Su profesor desapareció ante sus ojos y por fin pudo sostener su brazo ardiente, su amo y Bellatrix le llamaban desde hacia cinco minutos, y el dolor la estaba matando.

- Maldita niña, ¿Quién se cree que es? – escuché decir a Bellatrix, en cuanto aparecí en el salón

- Tu cariño me conmueve – le susurré mientras me acercaba e inclinaba a mi Lord

- ¿Dónde estabas? – preguntó Bella

La miró con superioridad, y no respondió, divisó a su Lord en un amago tenebroso de sonrisa, esto le gustaba.

- Déjala Bellatrix – siseó Voldemort

- Claro, mi señor – bufó la mujer, hastiada

Hermione se sentó en una silla, cruzando sus piernas elegantemente ante la intensa mirada de Malfoy, cruzó sus brazos con desinterés.

- Cambio de planes – anunció Bella – Ya no lo haremos cuando este por terminar el curso, estos inútiles no tan inútiles de la Orden del Pajarraco ya nos dan dolores de cabeza, mi Lord quiere que actuemos cuanto antes, así que, abril será un mes espeluznante

Todos rieron y aplaudieron con vigor, Voldemort se acercó a Bellatrix y algo le susurró, ella sonrió y les despidió con un movimiento de brazo.

- Tú y tú, se quedan – siseó, apuntando a Malfoy y Granger

- ¿Qué? – preguntó Malfoy, un tato aburrido

- ¿Cómo va lo que mi Lord les encomendó? –

- Va bien, lo tendré en un mes – comunicó la castaña

- Bien, ahora lárguense –

- Que humor – se burló ella

Desapareció y el castillo le dio la bienvenida, pero cuando iba a comenzar a caminar una mano le jaló fuertemente un brazo, chocó con sus ojos gélidos, algo asesinos habían en ellos, tal vez debería temer, solo tal vez.

- ¿Qué pasa contigo? – le sisó soltándose de su agarre

- No me gusta despertar solo Granger – dijo Malfoy apuntándole con su varita

- Baja eso – susurró – no sabia que fueras tan sensible a la soledad, pensaba fervientemente que mientras mas "Ego Malfoy" era mejor

- No juegues – le enterró la varita en el cuello

- No podía quedarme – le miró asesinamente – espero que tu cabecita oxidada lo entienda, se supone que tengo que estar aquí

- Yo también –

- Bien, pero como a ti, no te importa lo que pase – chilló – tú, OH gran dios perfecto y guapísimo rey de Slytherin

- ¿Cómo? – preguntó con una sonrisa picara

- No he dicho nada –

- Si lo has dicho, repítelo –

- Eres detes…-

El beso de Malfoy apago cualquier insulto que en ese minuto haya estado a punto de decirse, la castaña le rodeo el cuello con los brazos, apegándose mas a él, es que a ella no le hubiese gustado irse tampoco, pero no tenia que dejar de ser la irresponsable y perfecta premio anual. Las manos de Draco acariciaban las caderas de la chica, ansiaba tenerla así, y su calor derretía su fría presencia.

Tan ensimismados estaban en lo suyo, que no se percataron que unos ojos muy abiertos e impresionados, entre los árboles, los observaban como si no lo creyera, aunque lo tenía en primera fila.


Todo por hoy.

Besotes ^^.