Otro más. Séguimos.

=)


Como un peso muerto.

Exactamente como un peso muerto Hermione se desplomó en los brazos de Draco, como el primer copo de nieve de una nevada, como la primera hoja seca en caer para el otoño, como una pluma descender desde el mismo cielo.

Draco observó a la castaña en sus brazos y trató de reprimir sus propias lágrimas, el bello rostro de la chica estaba húmedo y pálido, más de lo normal, más de lo recomendablemente permitido.

Siempre pensó que ella era fuerte, y ahora que lo descubría, que sabía lo peligrosa que podía ser hasta para ella misma, lo atacaba un pánico que solo sintió, cuando amenazaron con matar a su madre. Sostuvo su peso casi imperceptible, y estuvo más que seguro que ella había bajado un tanto de peso, otro punto malo entre todo lo oscuro ya.

- ¡Explícate! – le ordenó su ex profesor

El rubio lo miró, esta vez con inexpresividad en los grises ojos que poseía, no dijo nada, no cambió de postura, ni de semblante, no pasó ningún sentimiento por sus ojos o algo que le delatara, un lienzo en blanco, eso es lo que era, así le habían enseñado a actuar, y él era un excelente aprendiz.

- No tengo por qué hacerlo – le siseó el muchacho, un tanto irritado

- Creo tener derecho a saber – suspiró el hombre - qué sucedió aquí

- Ningún derecho a nada –

- Lamento que no estemos de acuerdo –

Remus se acercó al muchacho amenazadoramente, y en unos instantes, Hermione descansaba en los, que para Draco eran equivocados, brazos del hombre lobo. Aún tenía los brazos como acunándola, pero sin sentir su calor, su tibieza, la cual había descendido unos tantos grados, por el estado débil de la misma. Lanzó Avadas con sus ojos para el viejo, pero no intentó quitársela, no era un buen plan, el ya sabía más que suficiente.

Suspiró derrotado, era mejor irse por las buenas, en otros tiempos, hubiese amenazado a Remus, pero esta vez, no solo su pellejo estaba en juego, sino que también el de ella, el de su castaña, inmóvil y pálida.

- ¿La llevará a la enfermería? – preguntó el chico, impregnando su voz con algo de amabilidad, solo algo

- Pensándolo bien, no es una buena idea – contestó pensativo

- ¿Qué hará entonces? –

- Llévame a su torre – suspiró – ahí podré curarla

- ¿Qué pasará con este idiota? – siseó Malfoy pateando en el transcurso la pierna de Blaise

- ¿Podrías encargarte de él? –

Draco frunció el ceño, dos cosas no se le daban bien en el último tiempo, una, dejar sola a Hermione, otra, estar a solas con alguien por el cual tenía sentimientos asesinos. Tal vez el viejo no sabía de lo que podría ser capaz, eso, era de lo más seguro.

- No sé qué hacer con él – optó por decirle

- Llévalo con tu señor – murmuró Remus para sorpresa del rubio

Apretó los puños, ahora más que nunca no quería dejar sola a la castaña, el hombre sabía más de lo que le gustaría, y no tenía idea de cuánto más. ¿Sería seguro dejarla con él? ¿Le confesaría a alguien lo que acababa de pasar? ¿Era una persona de fiar? Muchas interrogantes sin respuestas, no le gustaba sentirse así, fuera de control, sin poder manejar la situación a su manera.

Suspiró contrariado, así debía sentirse Hermione cada día, dividida entre el odio y la rutina, tener que verle las caras a esos "amigos" suyos, mientras que confabulaba a sus espaldas, toda una proeza lo de la chica, todo un logro y ellos sin enterarse.

- ¿Se da cuenta lo que me pide? – inquirió Draco

- Absolutamente – Remus subió a Hermione un tanto, para afirmarla mejor – no soy tu profesor y no tengo poder sobre ti, puedes hacer lo que sea, yo podría hacerle sufrir en este momento, pero no fue así como Dumbledore me enseñó

- ¡Pero es capaz de llevarlo directamente a la horca! – bufó el Sly, sin gracia

- No es mi responsabilidad, podría llevarlo directamente con Minerva, pero mi prioridad es Hermione, y creo que la tuya también –

- No sea iluso – mofó descaradamente – no tengo nada que ver con ella

- No besas a una sangre sucia por qué si Malfoy – sonrió – hay cosas que deseo averiguar

- No le diré nada –

- Tú no quizás, pero ella – miró a Hermione – tal vez este más dispuesta

Malfoy rió de su comentario, eso sí era gracioso, era mucho, mucho más fácil hacer hablar a Bellatrix que a Hermione, le deseo suerte mentalmente a Remus con eso, iba a necesitarla.

- Como desee – comentó Draco levitando a Blaise – la estúpida contraseña es Susurro al Viento

- Asegúrate de que no te vean –

El rubio le dirigió una indignada mirada al hombre, dándole a entender que eso ni siquiera se insinuaba, tras mirar a Hermione una última vez, Draco salió muy seguido por el cuerpo inconsciente de Blaise, que aun seguía en una incómoda e imposible atada postura.

Caminó por los pasillos y recordó que no era lo suficientemente tarde como para que los prefectos estuvieran en sus salas comunes, debía tener cuidado, pero algo de esa noche le decía que nadie se le acercaría, quizás el aura negra que lo rodeaba como si fuera una capa oscura le ayudaba a espantar a todo el mundo, quizás el mundo no confabulaba en su contra, solo en contra de Hermione.

Para divertirse en el trayecto, picaba con su varita fuertemente entre los omoplatos del moreno, sabía de sobra que el chico sufría de dolores en esos lugares, pero el rubio necesitaba descargarse de alguna manera y esa era la única que lo complacía…por el momento.

No lo mataría en la escuela, ni loco.

Después de unos tediosos veinte minutos, estuvo a las afueras de su Mansión, rogando que en el trayecto de la "Aparición" a Blaise se le desprendiera un brazo o el cerebro, luego el rubio recordó que lo más factible era que el moreno no poseyera lo último.

Su madre salió alarmada en cuanto los elfos le avisaron de su llegada, la abrazó con dulzura casi olvidándose de a quién estaba custodiando, su padre, no tardo en bajar a recibirle.

- ¿Qué se supone significa esto? – siseó Lucius indignado por el espectáculo

- Me alegra verte a ti también – le saludó Draco, sin decir el siempre respetuoso "padre"

- ¿Qué hace Blaise atado? – inquirió de nuevo el hombre

- Se ha portado mal, mi señor querrá saber que hizo –

- ¿Se puede saber qué es? –

- No creo que a mi Lord le agrade que otros se enteren primero que él – sonrió Draco

- Bien pensado hijo, yo le llevaré a este muchacho – felicitó

- Tú no sabes que pasó –

- He dicho…- comenzó Lucius

- Déjalo que lo lleve Lucius – intervino Narcissa – así podrá ganar respeto ante su señor

- Está bien – accedió el patriarca – pero te acompañaré

- Como gustes – miró a su madre – no podré quedarme por acá a la vuelta, pero prometo escribirte

Malfoy padre se extrañó de las palabras de su hijo, nunca en los años que llevaba en Hogwarts envió una carta ni señales de humo, las veces que enviaba tarjetas, él y Narcissa sabían que Pansy las enviaba en su nombre, claro que Malfoy padre no sabía que era solo una charada, para poder conversar por Red Flu, con ella.

Lucius guió a Draco hasta su mismo despacho, el cual el joven no podía pisar, lo tenía estrictamente prohibido, solo podía ingresar en caso de emergencia o cuando la situación lo beneficiara, como en este caso.

Lucius solo quería que Draco tomara su puesto en algunos años cuando él mismo, no le sirviera tanto a su señor. Aun poseía el suficiente poder y entusiasmo como para servir y luchar por años, pero no sería por siempre, y cuando reinara el señor tenebroso, un Malfoy debería estar al lado de su señor, por eso es que había concebido a Draco, ese era su único fin en este mundo.

Entraron a la espaciosa chimenea del despacho con los polvos ya en su mano, susurró bajo el lugar de destino y las llamas verdes los envolvieron a los tres, después del sentimiento de empuje y contracción, aparecieron en una estancia bastante amplia, con solo un sillón de cuero negro en el centro.

Bellatrix estaba sentada en el apoya brazos derecho del sillón, por la que fue la primera en verlos.

- Cuñadito – sonrió la mujer – sobrino, ¿Qué los trae por acá?

- Bellatrix – saludaron los dos, mientras se acercaban

- ¿A qué debo su visita? – susurró una voz silbante, sentado en el sillón

- Mi señor – empezó Draco, sin darle oportunidad a su padre para hablar – le traje a Blaise

El cuerpo inerte del moreno, cayó con un ruido estridente a un metro delante de Voldemort. El mismo, ladeo la cabeza y la confusión se hizo notar en ese gesto, pero sus tétricos labios inclinados en lo que debería ser una sonrisa, daban a entender que le entretenía el estado del joven.

- ¿En qué debería servirme tal regalo? – preguntó Voldemort, aun divertido

- Pensé que le gustaría saber, que se ha portado muy mal – sonrió el rubio

- ¿Qué hizo? – se interesó Bella

- Intentó violar a Granger – susurró con asco – de no haber llegado, la mata

Las palabras del rubio surtieron tres efectos diferentes en las tres personas allí.

Lucius, no sentía casi nada, solo aburrimiento, de hecho, el sacar del camino a la mocosa de Granger hubiese sido mucho mejor para él y para Draco.

Bellatrix saltó del su sitio indignada y sin poder creerlo, negaba con la cabeza y su varita echaba chispas rojas y negras, amenazantes y peligrosas.

Voldemort enderezó su cabeza y frunció el ceño, él necesitaba de Granger para sus planes, la mente de esta era la clave de su triunfo o derrota, no podía perderla, no debía.

- ¿Cómo está Hermione? – preguntó Bellatrix parándose frente a Draco y en el trayecto pisando a Blaise

- Aún no lo sé, se la dejé a el hombre lobo, le dije que la había encontrado así, él se encargará – Bella asintió – pero hizo algo muy increíble, cuando la encontré, los muebles flotaban y estaba como ida, cuando reaccionó, todo se cayó

- ¿Qué sentiste al verla así? – preguntó Voldemort, sin dejar de mirar a Blaise

- ¿A qué se refiere? – inquirió el rubio

- A su magia, ella desprendió su magia – explicó Bella – cuando eso pasa, un sentimiento predomina el ambiente, según eso, se sabe que tanto daño causa

- Sentí, algo poderoso y tenebroso, la primera impresión, me disuadió de largarme, de que no era seguro, pero la vista que tenía en frente no me agradó – sinceró Draco

- Creo que ella es lo suficientemente fuerte para defenderse sola hijo – aportó Lucius ganándose la mirada desdeñosa de Bella

- No sin su varita, tú mismo Lucius, no eres nada sin ella – siseó la mujer

- ¿Cómo lo sabes? – inquirió Malfoy padre

- Si Hermione hubiere usado su varita en este idiota – Bella miró al moreno – estaría muerto

- Querido Draco – se hiso notar Voldemort – gracias por traerlo conmigo, espero cuartees tu estancia en algún lugar, Zabinni no regresará a la escuela, así que harán preguntas, se creativo –

- Si mi señor – hizo una reverencia

- Buenas noches señor – se despidió Lucius luego de la correspondiente inclinación

- Draco – le paró Voldemort

- ¿Si? –

- Mantenme informado del estado de la Señorita Hermione –

- No creo que demore mucho en estar bien –

- Lamento no concordar con usted mi estimado joven – le miró a los ojos – pero ese desbordamiento de magia no es tan solo eso

- ¿Qué es? – quiso saber el rubio

- Muy pronto lo sabrá – hizo un ademán para que se marcharán – solo infórmenme

- Como sea su voluntad mi Lord –

Bellatrix volvió a ocupar su lugar en el apoyabrazos en cuanto sus familiares desaparecieron por la chimenea, y acarició el brazo de su amo, el cual tenía fuertemente aferrado a la varita.

- ¿Qué cree que le ocurra, mi señor? – preguntó

- Lo mismo que estas pensando mi querida Bella – suspiró

- ¿Algo que podamos hacer? –

- Solo ella tiene la decisión y me temo que tenemos la mitad a nuestro favor, así como es fuerte, también es decidida, si elige no volver…-

- La perderemos para siempre –

- Si, y si eso sucede, el señor Zabinni vivirá los próximos setenta años, creyendo que es una niña de cinco años –

- ¿Mi lord? –

- ¿Si, Bella? –

- ¿Puedo entretenerme con él? – apuntó a Blaise

- Claro – rió tétricamente – sabes que no te niego nada, pero déjale algo a Granger, si sale de esta, querrá darle un saludo

Bellatrix saltaba muy emocionada por todos lados, y su a veces, como en esta ocasión, armoniosa risa retumbaba por la estancia, dándole a la imagen una impresión de diversión pura, como de niños. Blaise, ahora consciente, deseaba nunca haber conocido a Granger.

* * *

No le pesaba nada.

Remus caminaba un tanto apurado a la que era la torre de Hermione, la acunaba en sus brazos preocupado por el semblante que había adquirido en tan solo minutos, su palidez casi traslucida le hacían dudar en llevarla a la torre o a la enfermería, pero el hombre era demasiado curioso como para hacerlo, si quería averiguar algo de lo que pasaba, no era bueno exponerla, primero, debía curarla y luego ganar su confianza.

Se paró en seco una vez estuvo frente al retrato de las hadas, una de ellas, muy bella, salió del árbol con una gran sonrisa en su rostro, la cual se desvaneció al ver a Hermione inconsciente.

- ¿Qué le pasa? – preguntó con su dulce voz

- Eso es lo que quisiera saber – suspiró Remus – pero se pondrá bien

- Eso espero – se lamentó el hada – la señorita Hermione es una buena niña

- "Susurro al viento" – dijo la contraseña – te avisaré cualquier cosa

- Gracias – y el retrato dio paso a la torre

Entró apresurado y se dirigió a las escaleras, miró las dos puertas y captó cual era la habitación de cada quien, la de Draco estaba entreabierta y el color verde daba a entender la indirecta.

Cuando hubo ingresado a la habitación de Hermione, se sorprendió de lo limpia y pulcra que se veía, aun más de lo que pensó que ella la tendría, de hecho, parecía que no era ocupada en mucho tiempo, pero lo dejo pasar, habían cosas más importantes de momento.

Acostó a la castaña sobre la cama, y la examinó superficialmente por encima, no se veía que tuviera ningún daño ni ninguna secuela de connotación, pero le preocupaba el hecho de que no reaccionara.

Con un movimiento de varita la dejo en ropa interior y buscó su pijama, lo encontró doblado perfectamente a los pies de la cama bajo una manta roja. Usando magia le colocó la camiseta de mangas largas y el pantalón de algodón, los dos de un color celeste casi blanco. Otro movimiento de varita y le sacó el sujetador.

Quería que Hermione estuviera lo más cómoda posible y muchas veces le escuchó quejarse a Nym, de que los sujetadores habían sido inventados por un hombre que odiaba a las chicas y querían que sufrieran, he ahí la incomodidad.

Cogió un par de mantas del armario de la castaña y la cubrió delicadamente, tomó su mano y comenzó a realizar hechizos para que mantuviera su calor corporal, el cual ya estaba en lo extremo de frio, luego, intentó reanimarla con todo lo que se le ocurrió, solo le faltaba echarle un vaso de agua en la cara cuando Malfoy hizo su aparición.

- ¿Novedades? – preguntó el rubio con las manos en los bolsillos

- Ningunas – contestó el profesor – Malfoy

- Diga –

- ¿Por qué la habitación de Hermione, parece no utilizada hace semanas? –

El rubio no contesto, no sabía si era porque no quería o porque no sabía que decir, de todas formas, su silencio fue como una respuesta de quince metros de pergamino para Lupin.

El hombre frunció el ceño, todas las suposiciones que alguna vez sacó se estaban yendo al drenaje excepto por una, la de que Hermione ya no les pertenecía del todo, las demás como que estaba en una etapa de rebeldía, de que de seguro mataría a Malfoy de un ataque y hasta que ella sería capaz de no participar en la guerra, le sonaban demasiado estúpidas cuando tenía la verdad en el mismo cuarto.

Solo necesitaba hurgar un poco en los pensamientos de alguien si accesible.

Tanto tiempo pensando en lo que Hermione estaría haciendo que no pensó nunca que su alrededor podría ser mejor para averiguar qué era lo que ocurría. En unos segundos estaba apuntando con su varita a un asustado Draco que no alcanzó a reaccionar.

- "Legeremens" – susurró y se internó en un mar de recuerdos

Y lo vio todo.

Y lo lamento.

Y su corazón dolió.

Vio como Malfoy y Hermione recibían un raro vociferador de parte de Bellatrix, vio como ella se presentaba y era marcada por Voldemort, el asesino de sus mejores amigos, vio como Hermione se desenvolvía con naturalidad y seguridad ante los muchos Mortífagos, vio como Voldemort y Bellatrix la escuchaban y cuidaban, vio como Hermione hería a su Nym, vio a la castaña dormir junto a Malfoy, la vio reír naturalmente solo con Luna y Theodore, la vio desafiar a Bellatrix y casi burlarse de ella, la vio alterada una noche en la playa, vio a Snape, y salió de la mente del muchacho en cuanto el recuerdo de año nuevo invadió la mente de Draco, pero vio lo suficiente como para saber que había pasado esa noche.

Lamentó haber juzgado mal a Hermione, lamento creer que a ella el mal no la tocaría, lamento el creer que era la estudiante modelo que cualquier escuela daría todo por tener, lamento haber jurado que su amistad con los demás era irrompible, lamento saber que ella no era diferente a muchos otros, lamento haberla comparado con Lily, eso por sobre todo, lamento haber creído que una parte de Lily vivía en la castaña.

Le dolió, que esa chica a la que tanto quería hubiera caído en las manos indebidas, le dolió que no hubiera compartido sus secretos con él aunque no hubiera razón alguna, le dolió el no darse cuenta antes de que ella no estaba bien, le dolió saber que tenía que lidiar con cosas que él en su vida, jamás tendría que pasar, pero más le dolió el saber que su cariño por ella, no fue el suficiente como para mantenerla de su lado.

Cerró los ojos fuertemente, y dejó que la rabia para con ella y consigo mismo lo consumiera hasta el ardor por unos segundos.

- ¿Qué ha hecho? – le siseó el rubio un tanto aturdido

- Lo he visto todo – comunicó abriendo los ojos

- No tiene derecho – vociferó - ¡¿Quién se cree que es?!

- Solo un hombre, que cometió el error de subestimar a una mujer –

- No venga con sus acertijos penosos – bufó - ¿Qué es lo que vio?

- Todo lo que tú también repetiste en tu memoria –

- ¿Y qué va a hacer? –

- Trae a tus amigos, Parkinson y Nott, Crabbe y Goyle no saben ni donde están parados, así que no los necesito –

- ¿Por qué habría de hacerlo? – inquirió el rubio con altivez

- Porque si no lo haces, te enviaré a Azkaban, pertenezco a la Orden, puedo hacerlo –

El rubio permaneció de piedra, en su sitio sin intención de moverse, pero con la clara convicción de que debía sacar su trasero de ese lugar, y hacer lo que el hombre le pedía.

- Y de paso, ve a buscar a McGonagall, le encantará saber que descubrí – ordenó Remus, masajeándose las sienes

- No – exclamó Draco, ahora atemorizado

- No pasará nada muchacho, solo que esta vez, el juego será doble –

- ¿A qué se refiere? –

- Solo haz lo que te pedí, y recoge la varita de Granger, se quedo en el aula –

Draco salió de la torre más confundido que nadie en el mundo, llegó por inercia su ex sala común y susurró la contraseña que Pansy se encargaba de pasarle cada vez que la cambiaban. Pansy era astuta, se necesitaba para cosas mínimas como estas.

Despertó bruscamente a Theo, que dormía con medio cuerpo fuera de la cama y para más locura, dormía al revés, todo un desastre.

- ¿Qué demonios? – le siseó cuando el rubio de un pie lo jaló al suelo

- Levántate, tenemos problemas – le informó saliendo en busca de Pansy

A Pansy nunca la despertaría así, y menos como la vio enseguida.

Se acercó hasta ella y antes de despertarla la observó con su pelo despeinado regado por el colchón en el lugar que debería de estar la almohada, la misma, yacía en los brazos de la morena, siendo, si tuviera vida, asfixiada impetuosamente y con mucho ahínco, el rostro de la chica estaba surcado por lagrimas secas y aunque sus ojos estaban cerrados alrededor de estos se notaban enrojecidos.

Se le arrugó la expresión, es que con tanta felicidad de tener en la cama y a su lado a Hermione se le había olvidado por completo el problema que aquejaba a la morena. Theo se había encargado de decirle que era lo que pasaba unos días después pero él nunca fue a ver como se encontraba su amiga, ahora el remordimiento de mal hermano crecía dentro de él, como una planta carnívora comiéndose sus órganos vitales.

Dudó en despertarla.

Frunció el ceño y se prometió que cuando todo esto terminara llevaría una semana completa a Pansy a ese lugar que tanto quería visitar, la isla de navidad o de pascua, como fuera, pero tendría una semana junto a ella para estar a solas, como en los viejos tiempos, le daría la atención que ella merecía.

Acarició lentamente su mejilla, miró al marco de la puerta y vio a Theo restregándose los ojos en silencio, esperando.

Pansy al minuto comenzó a abrir los ojos, y sonrió al verle a su lado.

- ¿Ya hay que ir a clases? – quiso saber pestañeando como una niña

- No princesa – le sonrió el rubio – creo que solo has dormido una media hora como mucho

- Solo me llamas princesa cuando quieres que no me enoje – le dijo Pansy preocupada - ¿Qué pasa?

Draco miró hacia la puerta de nuevo, Theo tenía sus manos en los bolsillos de sus Jeans, la morena levantó la vista y lo miró interrogante, el castaño negó con la cabeza dándole a entender de que estaba igual de confundido que ella.

- ¿Qué pasa? – repitió esta vez con un tono más agudo

- Vístete – le pidió levantándose y yendo hacia la salida – te esperamos abajo

En silencio esperaron que la morena bajara las escaleras, cuando lo hizo, esta traía en sus manos la almohada con la que dormía, ninguno de los dos le dijo algo, solo la comprendieron, por el momento, esa almohada hacia las de amigo, confidente, compañero y escudo.

- ¿Nos dirás que ocurre? – preguntó por primera vez Theo

- Estoy en un lio grande –

Solo los pasos de tres muchachos se escuchaban en la oscuridad, con uno que otro prefecto de turno, se cruzaron en el camino, para ser más exactos, dos, los cuales al no creer en serpientes, decidieron acompañarlos para verificar, Draco por su parte, no le dio mayor importancia.

Al llegar a la sala donde solo hace un momento ocurrió el ataque, Draco amenazó con matar a alguno de ellos si osaban entrar con él, incluidos sus amigos. Solo le tomó unos segundo entrar, recoger la varita y salir.

La siguiente parada, fue el despacho de la Directora.

- Deberían estar en sus camas – les acusó Minerva en cuanto abrió la puerta en su bata marrón

- Se los dije – comenzó uno de los prefectos – insistían en venir a verla

- ¿Qué ha pasado? – quiso saber la mujer, esta vez interesada

Malfoy se quedó en su lugar pero se dedicó a fulminar, pulverizar, carbonizar, con la mirada a los dos prefectos que captaban que debían irse pero no lo hacían por dos razones; una, no le darían en el gusto, dos; querían saber que tanto les urgían, eran de Hogwarts, eran curiosos por naturaleza.

Minerva fue más sutil que Malfoy a la hora de dar a conocer sus intenciones.

- Pueden seguir haciendo sus rondas Prefectos, ya yo me encargaré – les informó con voz firme

- Si profesora – respondieron los dos

Una vez que los dos se hubieren ido, Malfoy relajo su asesina mirada y se dirigió hacia la anciana mujer.

- El señor Lupin quiere verla – mencionó dudoso

- ¿En dónde se encuentra? – preguntó ella

- En mi torre –

- ¿Su torre? ¿Qué hace allí? – Miró a las otras dos serpientes – ustedes ya pueden retirarse

- De hecho profesora – intervino Draco – él me dijo que los fuera a buscar

- ¿Para qué? – inquirió

- Lo mismo quisiéramos saber – dijo Pansy, apretando su almohada con algo de nervios

- Estoy seguro de que si vamos, lo averiguaremos – susurró Theo

La anciana entró en su despacho dejando la puerta abierta como estaba, la vieron calzarse de sus habituales zapatos y cubrirse con un abrigo, en el cual introdujo su varita.

- Vamos – les instó saliendo presurosa de su despacho

Luego de cerrarlo mágicamente, caminaron por los pasillos, subieron escaleras y doblaron en muchas esquinas, les faltaba solo una mínima distancia para llegar cuando Minerva se atrevió a preguntar.

- ¿Supongo bien al decir que usted Malfoy sabe el quid de la situación? –

- Supone bien – susurró él

- ¿Y seria…? –

Malfoy tomó aire ruidosamente, no quería estar en esta situación incómoda, ya bastante tenía con que Hermione no reaccionara. Y justo ahí pudo darse cuenta de lo que en verdad pasaba, ese era su fin, Remus le diría a Minerva y ella decidiría que hacer con ellos, tal vez él ya no era su profesor, pero seguía siendo parte de la orden y sería leal a los suyos.

El susurro que salió de sus labios, fue como si le quitaran el aliento, como si fuera su último deseo, como si fuera lo que más quería proteger.

- Granger –

* * *

Hermione ahora sudaba, sudaba frío y su cuerpo ardía de una forma preocupante, Remus ya no sabía qué hacer, dudaba aun mas en llamar a Pomfrey, haría muchas preguntas, por eso prefirió llamar a Minerva, ella sabia más de curaciones que él.

La castaña se removía nerviosamente, como si algo no le agradará, tenía que estar sufriendo pesadillas, o tal vez solo la incomodaba el calor, pero no quería destaparla, para no agravar su de por si delicado estado.

Cuatro personas entraron en la habitación con un sigilo de funeral, Minerva encabezaba la marcha, su expresión contrariada daba a entender que todo le parecía demasiado confuso y que no había deducido nada, pero al ver a su estudiante estrella en la cama, casi delirando, se angustió y trastabillo hasta llegar al lado de Remus.

- ¿Qué tiene? – quiso saber la mujer

- Es lo que me pregunto Minerva –

- ¡Hay que llevarla con Pomfrey! – exclamó alterada, cuando tocó la frente de la joven

- Primero hay cosas que debo decirte –

Remus invocó cuatro sillas, todas cercas de la cama de la castaña y frente a él, los chicos se sentaron y Minerva lo hizo un poco mas ansiosa que los demás, no sabía para qué tanto misterio mientras una de sus mejores alumnas ardía en fiebre.

- ¿Qué sucede Remus? – preguntó y cruzó sus dedos para ocuparlos en algo

- Tienes a cuatro Mortífagos en este mismo cuarto – le anunció el hombre

Minerva ahogó un grito y estuvo a punto de levantarse de su asiento cuando comprendió que él dijo cuatro y ella solo veía a tres serpientes ¿Acaso Remus era de ellos? ¿Los había traicionado? ¿Qué era lo que estaba sucediendo? Ella no entendía absolutamente nada.

- No entiendo Remus –

- Yo tampoco al principio – suspiró mirando a los chicos, Pansy muy inquieta – solo sé, que el señor Blaise Zabinni trató de sobrepasarse con Hermione, gracias a Merlín llegué antes de que sucediera una desgracia, pero lo más impresionante Minerva es que Hermione hiso implosión

- ¿Qué? –

- Sacó su magia Minerva, lo vi con mis ojos –

La anciana profesora se llevó las manos a la boca, reprimiendo inútilmente esta vez un grito de asombro y miedo, también había escuchado de lo que pasaba cuando los magos poseían más magia de lo que ellos podían soportar, ese era el caso de la explosión, lo que Remus no sabía era que la mujer tenía más información en su poder, que la implosión, era más peligrosa que la explosión.

- Merlín santísimo – exclamó la mujer ahogadamente - ¿Cuánto ha pasado de eso?

- ¿Cómo? – inquirió Remus, no esperaba que preguntara esas cosas, pensó que le preocuparía lo de los Mortíos y esas cosas

- ¿Hace cuánto ocurrió? – repitió

- Una media hora –

La mujer pareció que se hundió en su silla, abatida y cansada, sobre todo cansada. Los alumnos y Remus la miraron confundidos, ellos no sabían que consecuencias tenía lo que la castaña había hecho, no sabían que podría acontecer a ese suceso, no sabían por eso que no se preocupaban.

- Hace cientos de años – comenzó la mujer sin expresión alguna para relatar – cuando los primeros magos descubrieron sus dones y comenzaron a utilizarlos, no existían canales por los cuales dirigir la energía suficiente y almacenar la adecuada. Pasaron años de entrenamientos en los que solo se dedicaban a hacer trucos que ahora nos parecen meras cosas Muggles, pero que en esos tiempos eran un gran avance. En lo que a canales digo, me refiero a las varitas, todos podemos hacer magia leve sin ella, pero el mejor riel por el que va la energía es por nuestras varitas.

Fitzpatrick, un geólogo de esa época, era un mago reconocido por su gentileza y amor a su trabajo, él de profesión era buscador, la palabra geólogo no existía en esos tiempos pero así se le llama hoy. El se dedicaba a encontrar vestigios de magia en lugares recónditos, y deseaba saber si los animales también la poseían, sus prácticas consistían en encontrar el fósil de un animal y luego matar al mismo de su tiempo, compararlos y averiguar si la magia interfería en el cuerpo de una forma notable.

El temple de ese mago y el aura de tranquilidad le jugaron una mala pasada ya cuando iba teniendo progresos en sus investigaciones, a un grupo de aldeanos no le agradaba que él matara a animales para sus investigaciones, sinceramente él habrá matado no más de siete especies en su vida, no daba tanto fruto en esa época. De todos modos, quisieron que dejara las andanzas y que poseyera un trabajo normal.

Fitzpatrick fue encontrado inconsciente, ardiendo en sudor frio y a los tres aldeanos que fueron a reclamarle muertos, un radio de quince metros a la redonda de bosque destruido, un círculo perfecto donde solo hubo tierra y en la cual ya ninguna planta volvió a crecer.

- ¿Qué tiene que ver esta historia con esto? – interrumpió Malfoy

- Fitzpatrick hizo implosión – se lamentó la mujer – el primer registro que ha quedado

- ¿Qué pasó con él? – inquirió Remus

- Despertó – dijo Minerva y Remus suspiró antes de tiempo – treinta años después

Draco se acomodó en la silla, sintiendo que su estomago se había ido justo de paseo en estos momentos, una corriente le recorría la espalda y un gusto desagradable se apoderó de su boca, solo el cálido tacto de la mano de Pansy aferrando la suya y la de Theo en su hombro, le confortaban.

- ¿Cómo pasó eso? – susurró Pansy

- Según el mismísimo Fitzpatrick cuando los aldeanos llegaron a obligarlo a desistir de su profesión, el sintió una ira descomunal en su cuerpo, discutieron por lo que fueron unos minutos y en un momento dado, cuando él no pudo controlar su rabia, sintió que un pequeño elástico se desprendió en su mente y lo jaló hacia afuera – comentó la mujer esta vez de pie – dice que se vio a sí mismo, y que cuando se percató de lo que había pasado, el elástico lo jaló hacia adentro de él, incluyéndolo en el proceso

- Eso quiere decir que…- comenzó Remus pero no fue capaz de terminar

- La ratona está atrapada en su propio cuerpo – concluyó Theo

- Correcto señor Nott –

- ¿Qué podemos hacer al respecto? – preguntó Draco levantándose precipitosamente

A la mujer le extrañó la reacción del rubio, no le contesto y miró a Remus quien le asintió para que prosiguiera y les dijera todo lo que sabía, aunque no fueran buenas noticias.

- Nada señor Malfoy, nada que podamos nosotros hacer – anunció y agregó al ver al joven apretar sus puños – solo ella puede sacarse a si misma, a Fitzpatrick le costó, como ya les dije, treinta años encontrar su salida, pero dijo que habían ocasiones en las que escuchaba a la gente afuera, al principio le agradó tener entre comillas compañía, pero luego dijo que se volvió tedioso

- ¿No hay como guiarla? – preguntó Remus

- No si no sabemos por qué su mente se selló – negó con la cabeza – tendría que llevar una vida paralela para que una persona como la señorita Granger se escudara en si misma

Todos, excepto la profesora, se miraron con complicidad, sabían que la carga que Hermione llevaba a cuestas era un duro y arduo trabajo de tiempo completo, y que si se había resguardado en si misma era como revelarse contra lo que había construido ella con su vida. También sabían, que era hora de decirle a su directora, todo lo que sabían.

- Minerva por favor, siéntate – pidió Remus levantándose, la mujer hiso lo que se le pidió – te traje aquí no solo por lo que el señor Zabinni le hizo a Hermione, sino también porque hurgue en los recuerdos del señor Malfoy – levantó una mano cuando la mujer quiso interrumpir, deteniéndola – descubrí así que estos muchachos ya son parte de las filas de Voldemort – se estremecieron – descubrí también que Hermione es una de ellos

- ¿Qué? – rió la directora confundida, es absurdo pensó

- ¡Absurdo! – exclamó Lupin leyéndole la mente – pero no lo es, puedes comprobarlo Minerva, puedes leerlo en sus memorias, en la de los tres, en las de Crabbe y Goyle, Hermione le sirve al señor oscuro

Minerva se levantó lentamente y observó a los muchachos, Draco parecía renuente en mirarla a los ojos, Pansy muy nerviosa apretaba su estúpida almohada y Theo, Theo solo la miraba como si quisiese ir a desayunar.

Así que lo escogió.

Miró todo lo que Remus le había dicho de Hermione en la mente del castaño, pero de otra perspectiva, algunos momentos con Luna la distrajeron pero nada con mayor énfasis, a cada imagen que pasaba, más rápido latía su corazón.

Bajó su varita en cuanto vio lo suficiente y su aspecto duro y exigente se apoderó de ella, fría como su profesora de antaño.

- Vi lo suficiente como para llevarlos a Azkaban muchachos – les dijo – pero no lo haré, ¿Remus?

- Pienso exactamente lo mismo Minerva –

- ¿Qué nos harán? – siseó Nott

- Trabajaran con nosotros – sentenció Minerva

Los tres adolescentes, palidecieron.

* * *

Eran las once de la noche y en el ala de mujeres de la torre de Revenclaw Luna despertó asustada en su cama, un grito de auxilio retumbaba en sus oídos, de una voz que no alcanzó a descifrar, pero sabía que le era familiar, tocó su frente y su nuca y las encontró bañadas en sudor, esperaba de todo corazón que no hubiera despertado a nadie.

Agitó su varita dos veces, una para silenciar su cama de dosel y la otra para llamar un objeto, aquella cajita de música que tanto le gustaba, el primer regalo que le dio Theo, su Theo. Luego puso su varita en su oreja izquierda.

Dejó que la música la calmara, la puso varias veces y murmuraba una canción al son de las sutiles notas, su melena rubia que al despertar estaba opaca, iba brillando mediante el tiempo pasaba. Corrió un poco las cortinas y vislumbró la luna que descansaba en el oscuro cielo.

Sintió de pronto la imperiosa gana de acostarse a dormir y de no preocuparse por nada, pero antes de poder hacer cualquier movimiento, el brillo de la luna la embelesó.

Sus ojos azules océano se opacaron quedando apagados y sin vida, se levantó de la cama y se sentó en el alfeizar de la ventana, aferró sus piernas llevándolas hacia su pecho, y espero, espero por algo que ni ella misma sabía.

La cajita de música, seguía sonando en la cama de Luna, mientras esta como un cadáver sin alma se mecía frente a la ventana, si cualquiera hubiera despertado y la hubiera visto, no encontraría raro que Lunática Lovegood estuviera en ese estado de trance, ya que no era la primera vez, que tenía una actitud como esta.

* * *

Kingsley y Alastor habían llegado diez minutos después de que fueron llamados por Minerva, muy buenos aurores y muy rápidos.

Habían escuchado en silencio por parte de Kingsley y bufidos por el lado de Alastor, la historia de los muchachos. Moody les hizo una pregunta que los dejó a todos inquietos.

- ¡¿Qué pretendían con unirse a los Mortífagos?! – les había gritado en la salita de estar, mientras dejaban a Hermione descansar

Theo había sido el primero en contestarle y la manera en que lo hizo, calmó un poco la cólera que sentía el viejo cazador de Mortíos.

- Eso era lo que mi padre esperaba de mí, lo hice para que dejara de fastidiar – dijo con toda la tranquilidad en sus venas, siendo completamente sincero

- Mi familia también esperaba eso de mí – susurró Pansy – me obligaron, decían que ninguna Parkinson seria la excepción a la regla

En el caso de Draco, fue más difícil sacarle la respuesta a esa pregunta, ya cuando Alastor estaba decidido a cruciarlo hasta que confesara, fue que el rubio decidió a regañadientes decir su situación.

- Mi padre y mi señor me amenazaron con matar a mi madre – les dijo con tedio, sin siquiera mirarlos a los ojos

A eso de las once y media y cuando Alastor dejó de gritarles su imprudencia, los cuatro adultos dieron su resolución, la única alternativa que tendrían para ayudarles, de lo contrario, tendrían que delatarlos.

- Serán nuestros espías – sentenció Minerva

- Nos descubrirán y si eso pasa nos matarán – chilló Pansy asustada

- Debiste pensarlo antes mocosa – gritó Moody

- ¡Alastor! – Reprendió la directora – no los descubrirán – le susurró a Pansy – les daremos clases de Oclumancia, algo rápido y nada difícil, solo a saber seleccionar la información que darás

- ¿Cómo es eso? – se interesó Nott

- Solo les enseñaré a guardar la información vital y enviar a su visitante – Moody tocó su sien con el dedo – a otros pasadizos con otra información, no requiere de mentes brillantes para aprenderlo

- ¿Cuándo nos enseñarán? – volvió a preguntar el castaño

- Ahora – comunicó Remus – no les tomará más de veinte minutos aprender, es fácil, la base de toda Oclumancia

- Seré su informante solo con una condición – aceptó Theo

- No estás en posición de negociar – le gritó Alastor

- Nadie dijo que lo hacía – le desafió

- ¿Qué quieres muchacho? – quiso saber Minerva

- Que protejan a Luna, que al momento de la batalla elle quede fuera, de una u otra manera – informó

- Luna Lovegood – susurró Kingsley - ¿Por qué quieres protegerla?

- Es mi novia – dijo como si le preguntaran la hora

Todos se sorprendieron de que el muchacho dijera ese tipo de cosas como si se tratase de lo más normal del mundo, Minerva suspiró cansinamente, si esos muchachos iban a jugárselas el todo por el todo, aunque fuera obligados, por lo menos la Orden tendría que recompensarles con algo y qué más lindo que salvar a las personas que amaban.

- Cuente con ello señor Nott – sentenció la directora – señorita Parkinson ¿Alguna petición?

- Jack, Jack Daniells directora – dijo la morena sin despegarse de su almohada

- De Revenclaw – asintió – por supuesto, ¿Señor Malfoy?

- Narcissa – siseó abrumado

Hermione no dejaría jamás que la protejan y él prefería mantenerla vigilada en el campo de batalla que tenerla en otro lugar donde pudiera hacer cualquier locura, eran tan típico de ella que no se arriesgaría a una cosas así.

Minerva asintió y miró a los demás, esa era la condición y si ella la aceptaba, entonces ellos tendrían que proteger exactamente a esas personas, quisieran o no.

- Practiquemos – anunció Alastor con entusiasmo, por lo menos así podría hacer algo

En las habitaciones, Hermione descansaba con su cuerpo cubierto de pequeñas perlas de sudor, se había destapado por el calor que emanaba su cuerpo y se removía un tanto incomoda o impaciente.

Mas dentro de ella, una lucha interna se llevaba a cabo.

La castaña sabía que se encontraba atrapada en su propio cuerpo, lo que no sabía era como salir, y esas imágenes que revivía su memoria no le ayudaban a concentrarse mucho.

"– Hermione linda, no hagas eso, te puedes caer – le gritaba su madre, con una sonrisa en la cara

Tenía unos cinco años y estaba en un parque con sus padres, media tarde y el atardecer estaba por venir, quería verlo desde lo alto y por eso es que había trepado un gran y antiguo árbol de ese parque, su madre la miraba orgullosa de que fuera buena trepadora, su padre estaba realmente asustado.

- Mia, baja nena, te puedes lastimar – le negociaba su padre, ella solo negaba con la cabeza

Cinco minutos después, uno de los milagros de la naturaleza más bello que pueda haber ocurría frente a sus inexpertos ojos, el sol se iba escondiendo y oscureciendo todo a su paso, lentamente, dejando que los mortales disfrutaran de sus últimos rayos de sol lo mas que pudieran.

Cuando ya estaba por oscurecer de verdad, Hermione saltaba a los brazos de su padre quien la agarraba y ponía en sus hombros, a pesar de lo grande que estaba.

- ¿Tienes hambre? – Preguntó su madre caminando en dirección a casa, la castaña asintió – hay una sorpresa de cena

Hermione sonreía complacida y tiraba del cabello de su padre para que fuera más deprisa, le encantaban las sorpresas."

Hermione seguía removiéndose en la cama, esos recuerdos le dolían en el alma, al saber y comprender que no se repetirían, sus padres ya no estaban, y ella no volvería a verlos.

"– Eso es – gritaba su padre desde la primera fila

Hermione enrojecía, a su corta edad, era lo suficientemente consciente, de que cualquiera se avergonzaría de que su padre estuviera gritado a todo pulmón "esa es mi niña, mi hija, mi Mia", pero a pesar del bochorno, sonrió complacida con que su padre estuviera tan alegre y orgulloso.

Con siete años ganaba su primer concurso escolar de deletreo, y su padre ya pensaba llevarla a las nacionales. Sus amigos reían encantados con el espectáculo del padre de la castaña, pero no decían nada ya que estaban acostumbrados.

- Felicidades Damita – le sonrió su director – primer lugar y bien merecido Señorita Granger

- Esa es mi hija – gritaba de nuevo su padre

- Mia también – le reprendía su mujer

- Si, si mi amor – le decía este y la señora solo negaba con la cabeza y sonreía imperceptiblemente

Hermione bajaba del escenario y era recibida por los imperiosos brazos de su padre y madre."

No quería ver más, ya le dolía lo suficiente, no soportaba tener que vivir esos recuerdos, por eso era que los había sepultado muy en el fondo de su mente.

"Era navidad, y sus regalos no podían ser más perfectos, todo lo que quería, pero que no era lo que una niña de nueve esperaría para esas fechas.

Libros, muchos de esos por parte de su Santa-padre, ropa muy preciosa por parte de su Santa-madre y un violín con unos papeles que le había entregado a su madre para que le explicara.

- Dios mío – había exclamado su madre después de repasar los papeles

- ¿Qué, qué? – preguntó su padre asustado, Hermione solo permanecía en silencio

- El tío Richard ¿Lo recuerdas? – la castaña asintió, de sus tíos, era el que más le gustaba – como no podía venir, te envió el regalo

- ¿Un violín? – inquirió su padre extrañado

- No solo eso amor – le sonrió a Hermione – también te pagó las clases

Hermione sonrió ampliamente y corrió al teléfono para llamar a su tío mientras su padre le gritaba algo de que aun no le daba permiso, para después soltar un quejido y escuchar decir a su madre que ella si se lo daba."

Su tío Richard había alcanzado a vivir lo suficiente para verla dar su primer concierto ocho meses después de eso. Cuando él murió, Hermione dejó de tocar, a pesar de que sabía que a él le gustaría que ella continuara, ella no lo podía soportar.

"La casa estaba más silenciosa que nunca y eso era extraño ya de por sí, Hermione tenía once años y había recibido una extraña carta dirigida a ella dándole las indicaciones completas de donde durmió la noche anterior.

"Ventana de la recamara lila" rezaba el sobre, ¿Cómo sabían que se había dormido allí?

Releyó la carta unas cinco veces y no podía creer lo que le decía, era una bruja, eso no se lo esperaba. Claro que a veces hacia cosas extrañas y sin explicación, pero como ella decía, cuando grande utilizaré la ciencia para explicar esos fenómenos.

Su madre venía bajando la escalera y la encontró como una piedra frente a la mesa del comedor, la veía recorrer el pergamino con ojos veloces y un tanto desencajados, trató de no darle importancia, tal vez era algo personal.

Su padre, menos sutil, cuando la miró le preguntó bruscamente que qué era lo que hacía, ella solo le entregó el sobre entero y su padre y madre comenzaron a leer.

- Tiene que ser una broma nena – le dijo su padre, asiendo que Hermione bajara la cabeza

- No decimos que no eres especial, pero es difícil de creer – acotó su madre

Hermione terca como ella sola, apuntó el sobre en la parte donde decía donde había dormido.

- ¿Allí fue donde dormiste? – preguntó su padre y Hermione asintió

Justo en ese momento, alguien tocaba al timbre, Hermione iba a abrir e ingresaba de nuevo en la sala junto a un señor de túnica rara y pelo blanco y largo por doquier.

- Señores Granger – saludaba efusivo y se sentaban a conversar – soy Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de magia y hechicería, vengo con el único fin de que esta señorita – miró a Hermione – acepte una plaza en nuestro establecimiento

- ¿Escuela de magia? – inquiría su padre con gracia en la voz, Hermione bufaba exasperada

- Si señor, de magia, su hija, es una hechicera –

Su madre sonreía complacida mientras que su padre miraba escéptico a todos lados en busca de alguna cámara indiscreta de la cual él era el inocente, pero nada daba indicios de ello, el anciano parecía ser serio.

- No tenemos el dinero para enviarla – concluyó su padre

- Aún no le digo cuánto cuesta el curso – rebatió Albus

- Querido, deja que vaya – le susurró su mujer – Mia, es especial

- Lkjdks – farfulló su padre derrotado

Hermione de la efusividad, abrazó al desconocido anciano."

La respiración se le hacía cada vez más difícil, su cabeza daba vuelta por el cambio brusco de recuerdos y solo quería que se terminaran, tenía que encontrar la salida lo más pronto posible.

Los recuerdos cambiaron de una manera poco sutil, de ser recuerdos agradables y a la vez dolorosos, ahora los que vinieron le recordaron lo que era su vida en estos últimos meses.

"- No – le chillaba – no puedo más

- No seas una nena ¿quieres? – gritaba Bellatrix obligándola a continuar

Llevaban más de dos horas de práctica y Hermione necesitaba un maldito descanso, no quería seguir así, ya antes había decaído frente a ella y se había burlado hasta el cansancio, solo necesitaba un respiro, un break y podría patearle el trasero.

Continuaban con el cansado entrenamiento, día a día era igual, esa mujer no se cansaba con nada y cada vez que quería desistir, veía la foto de Oliver que guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón, le daba fuerzas para rescatarlo, le daba fuerzas para continuar.

- Ya no le necesitamos – dijo Bella a Snape un día

Hermione estaba escondida tras una pared, de hecho solo pasaba por ahí y de casualidad escuchaba esa conversación.

- Entonces lo dejaré ir – decía el hombre

- Deja a Oliver en cualquier lado y encárgate de advertirle que le pasará si abre sus bellos labios – ordenó Bellatrix

- Lo sé Bellatrix, lo sé –

Al volver a la práctica, Hermione dejó inconsciente a su maestra de un solo movimiento de varita, iban a soltarlo y por alguna razón ella sintió que si lo hacían no tenia escusa para quedarse, así que pretendió no escuchar y seguir como si nada, esa fue la línea que dividió a la Hermione de antes, de la de ahora.

Cuando comprendió, que deseaba quedarse allí por gusto, más que por obligación."

No quería recordar a Oliver, le daba nauseas y unas ganas tremendas de patearle el trasero pero aun así, no podía mover su cuerpo, sentía que la negrura la envolvía poco a poco, centímetro a centímetro.

"Estaba llorando en la mansión que se suponía era de los Spencer, quedaba poco para entrar a la escuela y estaba ultimando detalles con su señor y Bellatrix.

Lloraba por qué no sabía lo que hacía, por que no entendía que sucedía con ella, estaba escondida en la bodega de los vinos, y dejó a su pena salir, mientras acariciaba esa cicatriz en la costilla izquierda que significaba tanto para ella, lloraba por sus padres y por ella misma, porque sabía que lo que hacía no era lo correcto pero estaba a gusto entre ellos, pronto comprendería el significado de lo correcto.

- ¿Qué te acongoja? – susurró esa voz silbante detrás de ella

Hermione volteó y miró a su señor sentado en un bajo barril donde supuso había vino, secó sus lágrimas con rapidez y se levantó para interpretar su papel.

- Lamento la escena mi Lord – se disculpó dándole una reverencia

- Deja las formalidades querida – le sugirió – sabes que no son necesarias en tu caso

- De acuerdo –

- Dime, ¿Qué te acongoja? –

- No sé…si lo que hago es correcto – confesó, tal vez si Voldemort creía que lo traicionaría, ella podría morir luego

- ¿Correcto? ¿No es eso algo relativo? –

- ¿Relativo? – preguntó la castaña confusa

- Claro – le estiró la pálida mano y Hermione la tomó con delicadeza – mi pequeña joven, lo correcto es algo ambiguo, algo que para ti puede estar bien, para los demás puede estar erróneo, nuestra causa según nosotros, es la correcta, según los demás, es una estupidez, solo cuenta, como tú lo sientas

Hermione asintió en silencio y Voldemort la arrojó al piso de rodillas, la acunó en sus piernas y ella se aferró a estas como si fueran el último espacio con aire y lloró, lloró para no volver a hacerlo, lloró mientras el vil y endemoniado Voldemort le relataba historias de la edad media."

Ese ultimo recuerdo la hizo relajarse un poco más, antes siempre se había preguntado por qué Bellatrix seguía a Voldemort como un perrito entrenado, era por qué ella pudo ver el lado humano de ese hombre, vio el poco Tom que aun quedaba en ese cuerpo, todo malo tiene su lado bueno, solo hay que saber buscarlo, saber donde ver.

Así como su señor, ella, tenía una lado oscuro, para la lastima de los demás, resultó ser mucho más grande que un pequeño círculo.

Tan pronto como ese pensamiento llegó a su mente, todo recuerdo desapareció y fue reemplazado por la oscuridad completa, se sentía como en una piscina, flotaba, pero no sabía si estaba de cabeza, no sabía dónde estaba arriba de abajo, se sentía en paz, completa y sin preocupaciones, el tema de buscar la salida, fue desechado de su mente inmediatamente.

Pronto una mano cálida tomó la suya, y miró a su lado para saber quién era, su padre, le sonreía mientras le acariciaba la mano, su madre pronto le abrazaba por la espalda y le besaba la mejilla.

Se sentía dichosa y más alegra que nunca, no eran sueños ni ilusiones, podía sentirlos, ahí junto a ella, podía olerlos y acariciarlos cuanto pudiera.

Los abrazó, besó y mimó como no lo hacía desde pequeña, les repitió que los amaba un sinfín de veces. El tiempo pasaba lentamente para su fortuna, pero cuando todo iba más que bien, sus padres de despidieron de ella.

- Debes volver – le susurró su madre y comenzó a alejarse junto a su padre

Hermione negaba con la cabeza, no quería que se fueran, quería quedarse con ellos y que permanecieran como familia por mucho más tiempo, no quería vivir si no era con ellos, no quería, no tenía nada más en la cabeza que a ellos, nadie más tenía cabida en su cerebro en ese momento.

Corrió gritándoles a sus padres y ahí fue donde comenzó todo.

Al comenzar a correr, su cuerpo se incorporó solo, con los ojos abiertos pero desenfocados y nebulosos, camino hasta su mesita de noche y tanteó por su varita, la encontró allí.

En su mente corría por pasadizos interminables persiguiendo a sus progenitores, en la vida real, ella bajaba las escaleras a la sala descalza.

- ¡Hermione! – exclamó Alastor acercándose

Una pared de la nada fue lo que se imaginó la castaña y la mando a volar para seguir con su camino. Alastor voló metros derribando a Malfoy y Nott, dejando a todo shockeados.

- Esta delirando – informó Remus alarmado

Hermione se acercó al retrato que en su imaginación era una puerta de roble inmensa, la abrió y la misma dio paso a un lindo laberinto en el cual corrían sus padres por la derecha.

Sintió algo atrás y volteó exasperada, muchas cartas gigantes y con manos horribles se lanzaban hacia ella cautelosamente, frunció el ceño y tras un racimo de hechizos, algunos dichos en latín, salió en busca de sus padres.

En el salón, todos sin excepción, terminaron estampados en las paredes más cercanas, adoloridos y aturdidos por la rapidez con la que los desarmó y hechizó.

- Iré tras ella – informó Draco y todos salieron tras él, varitas en mano

Hermione chocaba con alguna que otra esquina, destrozaba alguna armadura creyendo solo que eran las ramas descuidadas del inmenso laberinto, cada vez que doblaba una esquina, veía a sus padres doblar sin poder alcanzarlos.

- No vengas – le rogaba su padre – no es lugar para ti

- No vengas – pedía su madre – tienes alguien por quien vivir

Ella negaba y apretaba su paso un poco más rápido, tenía que alcanzarles, tenía que quedarse con ellos.

Subió lo que era para ella la raíz de un árbol gigante y caminó con los brazos extendidos para mantener el equilibrio. La escalera que subía daba a la torre más alta de Hogwarts.

Corrió la cortina de hojas con su varita y pasó a través del hueco que quedó disponible. Mientras caminaba por la liza, fría y dura superficie de la torre, sus pies eran lastimados por las astillas de la puerta que acababa de mandar a volar.

La noche estaba muy fría, aun había nieve pero para Hermione solo era una refrescante brisa matutina. Corrió tras sus padres que saltaron un gran tronco y luego no les volvió a ver. Se asomó por el tronco y los vio a bajo, solo unos pocos metros y si ellos salieron ilesos, ella podría saltar.

- Mia, no lo hagas – rogaba su padre – tienes que quedarte

- Es mi decisión – susurró en su sueño y en la realidad – ya nada es más importante

- Tienes gente que te ama – dijo su madre

- Mientes – acusó

Subió a la rama sin dejar de mirar a sus padres, se acercó al borde y los dedos de sus pies se quedaron sin un soporte, solo su planta tenia donde afirmarse.

- No vengas

- No es lugar para ti

- Tienes quienes te aman

- Debes quedarte

Sus padres le intentaban persuadir, pero esa la mente de Hermione la que controlaba esa visión, más no podían hacer, más no podían explicar, solo darle razones vagas de por qué se debía quedar.

- Quiero ir con ustedes – les susurró desde el borde de la torre

Su pelo se mecía con el viento helado y amenazaba con botarla si ella no lo hacía ya, Hermione comenzó a extender sus brazos, para recibir al vacio, para dar el gran salto.

- Tienes quien te ama – gritó su madre, abrazada a su padre

- Mientes – volvió a acusar, en su sueño como en realidad

- Busca dentro de ti, lo hallaras – acotó su padre

- No – se negó – quiero ir con ustedes

- Estamos bien princesa, estamos juntos y bien – susurró su madre

- Pero yo no, los necesito – y comenzó a llorar

- Pasará Mia, pasará y él te ayudará – le aseguró su padre

- ¿Quién? – quiso saber

- Tú lo sabes

Sus padres comenzaron a correr y pronto se perdieron de vista entre los árboles espesos, la castaña empezaba a dudar de si seguirlos o averiguar a qué se referían diciendo "él", ¿Quién era él? ¿Qué debía esperar ella de él? ¿Lo conocía hace mucho? ¿Era un hermano, novio o amigo? Las palabras novio y amigo le hicieron latir el corazón pero ninguna imagen llegó a ella, no había nada donde aferrarse, nada por lo que luchar, nada por lo cual vivir.

Seguía llorando y con sus brazos extendidos, dispuesta a lanzarse.

Adelanto un pie y se dio impulso, justo en ese momento escuchó su voz y la imagen llegó a su cabeza; rubio, ojos grises acero, pálido, altivo, arrogante, de labios fríos, e idiota. Draco Malfoy.

- ¡No Hermione! – gritó Draco antes de poder detenerla, de poder llegar a tiempo

Hermione volteó casi en el aire y centro su miraba en el recuerdo vivo de esa imagen que envolvió cada centímetro de su cuerpo, cada espacio disponible lo ocupo él.

Su mirada antes borrosa, se aclaró y le dio el toque brillante que caracterizaba a ese par de mieles que miraban impresionados, como si lo que veía era la primera vez.

Le sonrió, a pesar de que no tenía algo donde sostener sus pies y le susurró maravillada con lo que veía.

- Eres real – dijo dulcemente y cayó de espaldas al vacio

* * *

Luna reaccionó al escuchar un gritó proveniente de una de las torres cercanas a su dormitorio. Se extraño al encontrarse en la ventana con la mirada dirigida a una columna en especial.

- ¡No Hermione! – había escuchado

Y temió que algo le hubiera pasado, estaba decidida a salir en busca de su amiga cuando una silueta delgada encima de la torre más alta caía por el borde del mismo. Supo que era ella de inmediato.

Sacó su varita de la oreja y abriendo la ventana velozmente susurró un hechizo que hizo aparecer debajo de la torre donde Hermione caía una enorme burbuja blanca. A penas sintió que Hermione cayó en su escudo, salió rumbo a los jardines para ver como se encontraba.

Mientras corría, le rogaba a su madre que su amiga estuviera a salvo.


Está que arde, eso espero.

Besos.