Y sigo subiendo.


"Nunca, nunca te he pedido nada mamá. Nunca, nunca te he culpado por dejarnos a papá y a mí. Nunca, nunca me he rendido por el dolor, pero por eso, y por muchas cosas más, no me quites a Hermione, no permitas que la pierda también, la necesitamos…la amamos mamá."

A veces, las circunstancias de la vida nos ponen a prueba de diferente manera. Lo malo, es que lastima a los demás para hacernos entender, en vez de herirnos a nosotros. La prueba de Hermione, era el dolor del corazón puro de una amiga.

Luna Lovegood jamás preguntó el porqué de que su madre haya muerto, jamás lloró por algo que no había alcanzado a hacer con ella. Muy al contrario, lloraba cuando revivía esos pacíficos momentos, esos consejos de adulto a sus ocho años, esas ahora comprensibles charlas de sexo, que en su momento solo escuchó por que amaba ver hablar a su madre.

Luna, no era de esas que lloran porque la vida es cruel con ellas, de las que van por la vida, sintiendo lastima por sí misma, ni dando lastima a otros.

Luna se conformaba con lo poco que tenia, y que no perdería, aunque tuviera que luchar por eso.

De sus ojos oceánicos emergían muchas olas saladas, que recorrían sus pálidas mejillas e iban a parar a la cara inerte de Hermione, de su amiga, de su especial amiga.

Luna por dentro era una chica con prejuicios, pero fundados, y a pesar de que era bien reconocido que Hermione era una sabelotodo y mandona tempestuosa…Luna creía fervientemente que exactamente ese era su encanto, que si se relajara un poco, dejaría de ser Hermione y a pesar de que se repudiaron en un principio, por no conocerse, ahora podía con todo orgullo dar su vida por Hermione, aunque no se le retribuyera.

Por eso que le rogaba a su madre que intercediera por ella en el cielo para que le devolvieran a Hermione, a su amiga, a aquella que con su cabeza en las piernas de la rubia no despertaba, a aquella que por más que Luna intentaba no reaccionaba, a aquella que por más que movían no respiraba, a aquella, que por más que Luna gritará, no le respondía.

O no quería responder.

No más de unos cuarenta segundos habían pasado desde que Luna salió como un cometa en dirección a los jardines del colegio, aturdiendo en el camino a Flich que estaba por cerrar con cadenas las gran puertas de roble. No había pasado mucho tiempo pero en cuanto alcanzó a su amiga, notó que algo no andaba bien.

No respiraba.

Y Luna sabía tanto de sanación como Bellatrix de piedad.

- ¡Respira! – le gritó mientras le golpeaba la mejilla

Nada pasaba, tenía un peso muerto.

La abrazó con mucha dulzura y le susurró todas las cosas que pensaba de ella, las malas y las buenas.

Cuando Draco y los demás llegaron al lugar, no dijeron nada. Theo se acercó a Luna y arrodillándose la envolvió en un abrazo protector, la chica hundió su rostro en el cuello de su novio, sin soltar en lo más mínimo a Hermione.

Parecía una mentira, que tirada en el frío manto blanco de la nieve estuviera la otrora mejor alumna de Hogwarts, inerte, sin respirar, sin mandar, sin refunfuñar, sin vida.

Draco camino hasta Hermione y por algún motivo irracional, la miraba con odio y repudio, ya no era Hermione, ya no más, y él no se lo perdonaría jamás. Se agachó hasta tocar la mano de Luna, que sacó con delicadeza del pecho de la castaña, si estaba muerta, quería comprobarlo él mismo.

Su corazón no latía y al notarlo sintió como si algo lo abandonara, aunque supo que no vivía mucho antes de tocarla, el hecho de hacerlo, lo confirmo terriblemente más.

Luna sozollaba inconsolable a un lado de su castaña, a quien había jurado vigilar, proteger, cuidar. Era un inepto para todo, eso es lo que pensaba.

Minerva sin poder creerlo aún, y sin preguntarle a nadie más levito a Hermione poniéndola en una posición aun más escalofriante, como si la halaran de su torso, dejando a su cabeza y extremidades moverse al son del viaje.

Un viaje a la enfermería para que nadie notara lo que ahí pasaba.

A pesar de que caminaban en silencio por los pasillos hacia su destino, Luna no dejo de sostener una mano de Hermione, helada pero suave. Sus lamentos ahora no eran audibles, pero seguía preguntándose por qué en el cielo se la habían llevado…sus suplicas deberían enfocarse más abajo.

Más cuando llegaron a la enfermería, Pomfrey estuvo esperándoles afuera, y a pesar de todo el dolor que les embargaba, aun así se extrañaron.

- ¿Qué haces despierta Pomfrey? – le susurró Minerva en el nivel audible suficiente para ser escuchada

- Desperté asustada – miró a Hermione y por alguna razón no le extraño verla así

- ¿No preguntarás qué pasó? – inquirió Alastor

- No es necesario – bajó la cabeza y los encabezó hasta una de las camillas

- ¿Por qué no lo es? – se extrañó Remus

- Albus me dijo que vendrían –

Comenzó a examinar a Hermione ante la atónita mirada de algunos y el completo desinterés por parte de Draco, Luna y Theo, quienes solo tenían ojos para su amiga, ya con los labios morados por el frio.

La secó con un rápido hechizo e invocó muchas mantas para taparla. No debía descuidar su temperatura.

- Ella está…- comenzó a decir Minerva en un lamento

- Viva – le interrumpió Pomfrey

- ¿Cómo? – preguntó Draco, hablando por primera vez

- Albus me dijo que seguía viva –

- ¿Y cree eso posible? – Siseó el rubio venenosamente – Viniendo de alguien muerto

- Cree lo que quieras muchacho, pero no declararé a la señorita Granger muerta, hasta que lo esté –

Después de eso, la enfermera se marchó sin decir más nada, no había mucho que hacer, ni tampoco que decir.

Luna se enderezó de pronto, con la misma mirada ensoñadora de siempre, con sus sonrosadas mejillas y con una sonrisa adornándole la cara, dándole el aspecto habitual.

Theo la miró sin comprender y se extrañó un tanto más cuando la rubia besó la cabeza de Hermione y le susurró quedamente.

- Mamá te trajo después de todo, no vuelvas a hacerlo –

Luego de tomar la mano de Theo y de decirle a Minerva que por favor le mantuviera al tanto de la evolución de Hermione, los dos se retiraron, la escena cada vez era más escalofriante.

Pansy les siguió después de comprobar que Draco ya no oía, no hablaba y de ser posible no respiraría. Se fue con la cabeza gacha, sintiéndose más sola que nunca, se fue aferrándose a su fiel almohada.

Minerva no entendía las palabras de la rubia, pero tampoco tenía mucho para decir, cualquier mención de algo, hubiera sido una rotunda pérdida de tiempo y animo.

Tan silenciosa como la noche, se retiro del lugar con Alastor y Kingsley, dejando a Remus y Draco solo, junto con Hermione.

La nueva directora despidió a sus invitados por Red Flu, advirtiéndoles de no hablar de lo que acababa de suceder, por palabras propias de Kingsley, ellos no hablarían ya que no entendían mucho que pasó.

Nunca antes se había sentido tan perdida, tal vez podría ser cuando los Potter murieron, pero esto era diferente, era como un suicidio, algo que pudo controlarse y no se hizo.

Albus llegó a su mente de improvisto y decidida se encaminó hacia el despacho del director, para pedir explicaciones, además de que no entendía, no podía aceptarlo.

Cuando llegó frente al retrato del director, los antiguos directores no estaban en sus lienzos, y Albus con sus manos entrelazadas esperaba serenamente.

- Toma asiento querida Minerva – ofreció amablemente – hay cosas que debes saber

* * *

Cuando Luna se acostó en su cama, sacó de debajo de la misma, una caja mediana que tintineo al mecerla, la abrió cuidadosamente y observó sintiéndose culpable.

- ¿Qué es eso? – le susurró Theo acostado a su lado

Luna al salir de la enfermera, había llevado en un completo silencio y paz a Theo hasta su sala común, para luego subirlo a su cama, a pesar de que el castaño no lo creía prudente, lo hizo sin chistar.

Un par de hechizos y Theo podría estar con ella en la noche y por la mañana desaparecer como buena serpiente, no quería dejarla sola, no por esta noche, Luna estaba demasiado choqueada y desorientada.

Luna estaba tranquila. Era la escusa de Theo para no estar solo, no quería aceptar que la ratona estaba…se había ido, él no era tan positivo como su novia, él era un tanto más realista.

- Es el dinero por la casa de Hermione – informó la rubia

- ¿Vendió su casa? –

- Pensé que lo sabías – se extrañó Luna, Theo negó y luego ladeo la cabeza, tal vez lo sabia pero no recordaba – como estaba con tantos problemas, quise quitarle uno de encima. Me dejó todo para el traspaso de papeles y esas cosas, así que lo hice por ella

- Ya veo –

- Ayer recibí de mi padre una parte de dinero y el documento que dice que la casa ya no es de ella, pensaba darle la noticia hoy, pero ya no se pudo –

- Ella estaría agradecida de que le tomes tanta atención –

- No hables de ella en pasado Theodore –

- Luna ella está…-

La chica besó a Theo, acallando la última palabra, porque en cuanto la dijera, él podría arrepentirse después.

* * *

Nunca fue buena para pedir disculpas, pero si alguna vez lo hacía, ella imaginaba que sería así.

Fue a buscar a Jack hasta su sala común, había visto entrar a Theo y Luna un rato antes, y solo después de unos largos diez minutos decidió que lo necesitaba, que más sola no podría estar, y que debía hacer algo al respecto.

Por eso ahora es que estaba llorando a mares frente a él, sacando de su corazón todo el dolor que la envolvía, toda la confusión que sentía y todos los errores cometidos.

Jack la miraba desde la habitación, con una mano en la puerta lista para cerrársela en la cara, pero sin hacerlo.

Las serpientes lloran.

Las serpientes sufren.

- Te amo – susurró Pansy entre lágrimas

Las serpientes aman.

Jack salió de la habitación cerrando la puerta a su espalda, aferró la mano de la morena jalándola hacia otra puerta, el baño, la lanzó ahí con un tanto de brusquedad, y se metió con ella sin decir una sola palabra.

A Pansy Parkinson la catalogaban como la suelta y fácil de la escuela, también como una diosa en la cama, y gran parte de ese cartel se lo había dado Draco, por petición de ella.

Pansy nunca hizo el amor, nunca se lo hicieron, ella solo los utilizaba y de inmediato si uno de aquellos que tenia entre las piernas le gustaba, no volvía a verlo ni a hablarle, ella usaba no era usada.

Jack jamás hubiera elegido el baño para poseerla como nadie lo había hecho antes, pero tendría mucho tiempo para ser el romántico hombre que era, ahora solo quería marcarla como suya, quería escucharla decir su nombre, quería sentir como enterraba sus uñas en su espalda y quería decirle al llegar al clímax cuanto la amaba.

Y lo hizo. Cuando la sintió relajarse en sus brazos, se lo dijo.

- Te amo – le besó en la sien – demasiado, y voy a protegerte

Y Pansy fue feliz, porque no le importaba que el baño fuera donde le hicieron el amor por primera vez, solo le interesaba el con quién.

* * *

Remus no se movió ni un ápice de Hermione, miraba con los ojos entrecerrados como su cuerpo perdía color a cada rato y nadie hacia nada.

¿Pero que más hacer, cuando ella estaba muerta? ¿Cómo iba a explicarles eso a todos los demás? ¿A Harry, Ron y Ginny? ¿Qué haría? Se sentía tan perdido como cuando supo que Nym fue atacada.

Sin decirle nada más a Draco, se acostó unas camillas más allá, a esperar, aunque no sabia bien qué cosa. Cerró los ojos y lloró silenciosamente, por él y por Hermione, sobre todo por ella.

Había sentido un poco de ira al saber que ella había lastimado a su mujer, ¿Para qué mentía?, hubiera hecho sufrir a Hermione de no ser porque la quería, era como una hija para él, y más cuando siguió confiando en su persona más sabiendo que era un hombre lobo.

Tantas contradicciones en su cabeza lo mataban lentamente.

Hermione tenía que estar viva, por Harry, por Ron, por todos, por ella…por Malfoy. Pero el verla ahí, inmóvil, pálida no le daba ningún haz de luz, de esperanza para que sus anhelos se cumplieran, como deseaba estar en casa, abrazado a su mujer y desahogarse como solo con ella podía.

De reojo vio como Malfoy se acercaba a Hermione, era el primer movimiento que hacia desde que llegaron a la enfermería, realmente él no entendía esa clase de…relación por así decirlo, siempre se llevaron como el perro y el gato y de un tiempo a esta parte, se habían… ¿Enamorado?, no lo sabia a ciencia cierta, pero el muchacho lo parecía, por la manera de mirarla.

Lo vio tomarle la mano suavemente y llevarla hasta su frente, se sentó al lado de ella y Remus creía que esperaba que ella le diera algún motivo para quedarse, pero aunque la estancia estaba en penumbras, el color de la piel de la castaña revelaba una dura verdad que debían enfrentar: Hermione estaba muerta.

Alcanzando a terminar ese pensamiento, se levantó sobresaltado al ver caer el cuerpo del rubio sobre el de Hermione, cayó de forma incomoda, con sus brazos doblados, en las piernas de la chica, aun sosteniendo una con la propia.

Se acercó velozmente a Draco y empezó a moverlo, para ver que era lo que le pasaba. El muchacho no reacciono.

- ¡Malfoy! – lo llamó alarmado - ¡Malfoy!

Puso sus dedos en el cuello del joven, para sentir su pulsación.

No tenía.

Corrió asustado hacia donde la enfermera y una vez esta despierta, fue en busca de Minerva.

* * *

- ¿Dices que el muchacho la traerá de vuelta? – preguntó la directora a su antiguo colega

- Si querida Minerva – le contestó Albus, tranquilo y pasivo

- ¿Cómo puede ser eso? –

- Él, la ama – sonrió el anciano para sorpresa de la mujer - ¿Asombroso no?

- Esta vez, si te pasaste Albus – farfulló la mujer levantándose – es imposible…Hermione es lo mejor que le ha pasado a esta escuela después de Lily Evans, jamás se metería con alguien…como Malfoy

- No te estoy pidiendo que la juzgues Minerva – dijo con dulzura – digo que esperes

- ¿Esperar? Es que a todos les ha dado por que ella esta viva – acusó eufórica – la señorita Lovegood también, ¿Qué es eso de pedirme que le informe de la evolución de Hermione? ¡Esta muerta!

- ¡Vaya! – exclamó el anciano – la señorita Lovegood también lo sintió, sin tener la necesidad de verla – sonrió - ¿no es algo especial esa chica?

- ¿Especial? Albus por el amor a los alumnos, ¿no creerás que Granger revivirá de la nada? –

- La señorita Luna lo sintió –

- Esa chica es estrafalaria Albus por Merlín –

- Ella es especial, igual a su madre – alabó el ex director – tiene talento y esperanzas

- No los entiendo – bufó encolerizada, dejándose caer de nuevo en su silla

- Pertenezco a otra…vida, Minerva – explicó Dumbledore – tengo acceso a cosas que jamás imaginarias

- ¿Cómo a qué? – quiso saber, un poco más interesada esta vez

- Como a Hermione –

La mujer se escandalizó y quería gritarle miles de cosas a Albus, pero la mirada sincera de este, le bastó para darle a entender que no bromeaba con lo dicho y que probablemente si había tenido contacto con la castaña. Lo cual, a ella no le daba esperanzas.

- Pero Albus, mucho peor – se lamentó ella – si estuviste con ella, eso quiere decir, que no hay opciones, que ella no se salvará

- Ella no está muerta Minerva – le repitió el anciano

- ¿Cómo estas tan seguro? –

- Porque es de ella la decisión, si él la convence de volver, lo hará –

- ¿Cómo es que la hará volver según tú? – preguntó escéptica

- Debe estarlo haciendo ya, solo asegúrate de no separarlos –

- ¿Qué…? – comenzó pero fue interrumpida

La puerta se abrió estrepitosamente, dándole paso a la cara casi traslucida de Remus, las palabras que a continuación dijo, le helaron la sangre a Minerva, que sinceramente, a veces, deseaba que Albus no estuviera en lo correcto, que no tuviera la razón.

- Es Malfoy – masculló entrecortadamente por su respiración – no tiene pulso

* * *

Hermione abrió los ojos lentamente, y una luz intensa le segó por unos largos segundos, mientras pasaba el impacto de la blanca luz, se puso a pensar en qué le había pasado y a preguntarse en dónde estaba.

Después de ver a ese muchacho, no recordaba nada más, salvo por una grata sensación de paz y protección que la envolvió antes de… ¿Qué era lo que había pasado?

Hizo un esfuerzo por recordar, y a su mente acudieron las imágenes antes de caer por el tronco-torre, ¿Se había lanzado por que quería? No, estaba persiguiendo a sus padres, pero ¿Por qué? Claro, había muerto.

Todo el dolor que remitió en su interior, por meses, la golpeó dejándola sin aire, pero a pesar de que debería sentirse lastimada y deprimida, sintió una liberación inmensa, por lo visto, en donde fuera que se encontraba, podía dejarse llevar por las emociones.

Entonces había muerto. Sonrió al pensar en esa posibilidad, era demasiado cobarde como para querer estar viva, o tal vez, extremadamente valiente como para no querer hacer daño mientras respirara.

Abrazó su propio cuerpo y trato de vislumbrar más allá del intenso blanco que dejaba de lastimar sus ojos.

Y como si el lugar respondiera a sus suplicas, un hermoso panorama abrió paso a sus pupilas, que embelesadas, miraban el lugar.

Estaba rodeada, por miles de autos a sus pies, de diversos modelos, que tocaban sus bocinas, unos apurados otros estresados, se encontraba mirando al sur y la ventisca le hizo darse cuenta de que no llevaba su ropa habitual. Esos pantalones que tanto había querido, los que le regalaron los gemelos Weasley la vestían en ese preciso momento, resaltando con su negro, en el impresionante color rojo del la estructura.

Su cabello esta hecho una media cola, de la cual los mechones que escapaban, se mecían al son del viento. Traía una polera celeste, corte en V, y manga tres cuartos. Iba descalza.

Estaba en el puente de San Francisco, y no solo eso, sino que estaba en la torre de en medio, la más alta, y miraba la construcción en todo su esplendor.

Sintió que alguien le miraba, y tranquilamente ladeó su cuerpo, para ver a un metro de ella, a su antiguo director de la escuela, sonrió enternecida, ¿Quién mejor para ir a buscarla en su muerte que él? Tal vez sus padres, pero podría compartir con ellos en un tiempo más.

- Hola profesor Dumbledore – le dijo con dulzura, sin moverse

- Me encantaría decirle que es una alegría verla, Señorita Granger – comentó – pero me temo que no es la mejor de las condiciones

- La muerte no es una condición señor – sonrió – es el destino

- Lamento no concordar en algo con usted – se acercó a ella y la miró serio – ya que usted no está muerta

- Pero si estoy viéndolo aquí señor – rebatió – es lógico que morí

- También es lógico el decir, que posee una de las mentes más poderosas que he tenido el placer de compartir – narró como encantado, le agradaba alguna idea, la castaña no sabia qué – y que gracias a esa mente tan peculiar, usted se encuentra en la misma, protegida

- ¿En mi mente? –

- Así es señorita Granger, estamos en sus recuerdos y en sus anhelos –

Hermione abrió la boca para reclamar, pero es que si estuviera muerta, debería de estar en el purgatorio, esperando ser mandada al cielo o al infierno, si es que eso existía.

Y recordó cuanto deseaba estar ahí, en el puente, en ese lugar al que nadie podía llegar, no solo por lo imposible, sino también por la altura. ¡Altura!.

Le tenia miedo a las alturas, pero ahora que tenia algo tan bello para observar, se le hacía algo extraño tener pavor, sonrió y pensó en Harry, tal vez cuando él jugaba Quidditch, tenia un panorama igual de hermoso para él, y por eso es que jugaba tan bien.

- Algunos temores – susurró el anciano rompiendo el silencio – se van cuando los enfrentas

- Tal vez – sonrió ella, temía a las alturas, pero si debía subirse a una escoba para llegar a este puente, lo haría

- Su deseo era conocer este lugar que solo vio por fotos y en televisión – continuó él – su mente se lo brindó

- ¿Lo que sea? – preguntó la castaña mirándole a los ojos

- Lo que sea – repitió – pero no es lo vital ahora. Entiende que no está muerta ¿verdad?

- Si usted lo dice – se encogió de hombros, le había entrado la inmensa gana de quedarse allí, para siempre

- Hay gente que la espera – informó haciendo que ella tomara atención

- ¿Quién? – dijo fingiendo confusión, ella lo sabia claramente

- Sus amigos, y no solo me refiero a Nott y Lovegood – le tomó la mano – sino también a los Weasley y Potter

- No deseo verles, ahora que me libere de mis sentimientos, la vergüenza me embarga en demasía – susurró apenada

- Ellos no tienen que enterarse señorita Granger – sonrió el hombre – protéjalos

- No puedo – se angustió

- No veo el inconveniente –

- Voldemort – dijo ella con seguridad – por más que ahora quiera que no les suceda nada a ellos, no dejaré a Tom, el es importante en mi vida, Harry y los demás lo fueron en la otra

- Veo que hay una línea que separa tu vida Hermione – acarició su mejilla – ves lo que yo vi en Tom, pero que él se encarga de ocultar. Pero no es razón para que inocentes mueran ¿Llevarás esa carga contigo?

- No le gustara escuchar esto – suspiró – pero si, no dejaré a quienes me enseñaron lo que ahora soy, ni tampoco a aquellos que me ayudaron en un pasado, por que a pesar de ser diferente ahora, traje muchas cosas de antes a la actualidad, pero aun así, ¿Para qué vivir? Si no puedo traicionar Tom, ni tampoco quiero ver la muerte de Harry

- Das por sentado que Harry morirá –

- No entiende, y él tampoco, ¿Qué no ven, que Voldemort es como todos deberíamos ser? Insistentes y perseverantes, ¿Por qué ha de él estar equivocado? –

- Voldemort quiere matar a los de tu clase Hermione – le dijo duramente, levantando un poco la voz

- ¿Y qué? No tengo por que vivir, ni por quien, Voldemort me da una razón –

- Te equivocas –

- ¿En qué? –

- Voldemort te asesinará Hermione, serás la primera en caer –

Hermione retrocedió peligrosamente al borde de la alta columna, con el viento aun meciéndole el cabello. Ella no creía en la palabras de su antiguo director, ellos no le harían eso ¿Verdad? ¿Verdad?

- Dudas – cabeceó positivamente el anciano – ellos solo te utilizan querida, no sé como no lo has visto venir

- Aunque eso fuera cierto – tragó saliva – no tengo por qué proteger a Potter

- No te pido que lo protejas querida – dijo suavemente – te pido que te protejas a ti misma, y a los que amas

- ¿Amar? – musitó, pero sonó más a sarcasmo e ironía

- Lo haces, y solo date una oportunidad, alguien aquí, desea llevarte a otro lugar – se volteó camino hacia una columna – déjale que te muestre

- Creí que era mi mente, que solo yo podría controlar esto – acusó no muy convencida

- Verás, que le das acceso a las personas que amas – el anciano comenzó a desaparecer lentamente, como humo – si deseas volver, vivirás pero debes saber, que hay personas allá que saben de tu condición de Mortía y la de los demás también, ellos te ayudarán, si deseas quedarte, la muerte vendrá, pero no es tu momento, querida, no lo es

Desapareció por completo, y junto con ello, su paisaje maravilloso del puente también.

En su lugar, un hermoso lago le saludaba con un radiante sol, el pasto largo le rozaba hasta casi las rodillas y la humedad se sentía en sus pies descalzos, un panorama que a su madre le abría encantado.

El sonido de un balón rebotando le llamó la atención, de entre los árboles, un negro balón se acercaba a ella, y al acortar distancia, bajaba la velocidad.

La castaña se agachó para recoger la pelota una vez se detuvo a sus pies, y la risa de un niño le hizo levantar la vista.

Y ahí estaba, una versión miniatura de unos cuatro años del chico que ella recordaba, y que al hacerlo, su corazón latía más rápido, Draco Malfoy era su nombre y al repetirlo en su cabeza, rememoró todos lo momentos que pasó con él y sonrió como una boba. La risita melódica del niño la hizo volver a la realidad.

- Hola – saludó cautelosa - ¿Es tuya?

- Si – contestó y ella se sorprendió de lo tierna que era su voz

- Ten – ofreció y el pequeño se acercó sin pudor

Cuando el niño tomó sus manos, se dio cuenta de que el balón ya no estaba, y sonrió un tanto confundida, ¿Qué hacia allí Malfoy pequeño? ¿Para qué iba a necesitarle?

- Hermoni – susurró el pequeño reclamando atención

- ¿Si? – rió ella, al escuchar su…casi nombre

- Vem, vem – insistía jalándole las manos

- ¿A dónde? – preguntó ella mientras caminaba tomada de una de las manos del niño

- Onde yo – le sonrió

- Pero si estás aquí pequeño – le dijo mientras descubrían un camino de helechos y transitaban por él

- Oto yo, oto yo – decía rodando los ojos

Hermione rió ante esta característica, eran casi igualito al otro, solo que el nene era mucho más tierno.

- Ya voy, no apresures – susurró mientras el niño insistía en que fuera más rápido

El pequeño soltó la mano de Hermione, en cuanto estuvieron a los pies de un hermoso sauce, el único árbol en una enorme explanada de pasto, nada más se veía que aquello, salvo por el camino desgastado por el cual ella y el enano Draco llegaron hasta ahí y otro, conectado con el primero pero en dirección contraria, solo dividido por el tronco del gran árbol.

A pesar de que la castaña sabia quien era el niño, se hubo tentada en preguntarle el nombre y lo hizo.

- ¿Cómo te llamas pequeño? –

- Daco, Daco – dijo él, con una sonrisa y haciendo una reverencia que le recordó a Dobby

- ¿Y que hacemos aquí, Draco? – inquirió

- Espea, a ti y yo – sonrió y comenzó a jugar con el balón reaparecido

Hermione no supo a lo que se refería el pequeño, puesto que él pronto demandó que jugaran, y mientras esperaban algo, el niño reía gustoso con ella.

* * *

El rubio miraba a la castaña en la cama, estaba muerta y no sabía qué seguía haciendo allí, le había dicho en una ocasión que le pertenecía y que no se le ocurriera morir, ella no había cumplido, así que podía irse en cualquier momento. Pero algo se lo impedía.

La risa de una niña lo sorprendió en demasía, pero su cuerpo no mutó en ningún momento. Algo en su interior le instó a acercarse a la chica, mientras la risa se iba haciendo cada vez más baja e inaudible.

Tocó la mano de Hermione y la voz se le hizo más sonora y cercana, llevó a su frente la mano y se sentó a los pies de la camilla.

"Ven"

El susurro que escuchó, llamándolo, lo sintió como una urgencia, y por algún motivo desconocido, él quería ir.

"Iré"

Al responder mentalmente al llamado, sintió como su conciencia se perdía en alguna parte y cerró los ojos, las calidas manos de una niña en sus mejillas le hicieron abrirlos de nuevo.

Play

Con parsimonia, se vio en sus rodillas, en una amplia habitación blanca, una niña de unos cuatro años le sostenía el rostro, y con una gran sonrisa en su cara, le miraba dulcemente. Draco se vio tentado a devolverle el gesto, pero se abstuvo.

Solo un momento.

Al mirarla bien, descubrió lo más bello que había visto jamás, una Hermione pequeña, enfundada en un vestidito lila, con sus ondas perfectas redondeándole la cara y unas sonrosadas mejillas. Esta vez, sonrió involuntariamente.

- Daco – le susurró sin apartarse – Hoa

- Hola pequeña – le saludó él, tratando de reprimir una risa - ¿Quién eres?

- Papá me ise Mia, pero mi nombe es Hemoni – sonrió – Vamo, vem

El rubio se levantó y persiguió a trote a la niña que intentaba correr con sus pequeños zapatitos, se le hacia muy tierno ver a su castaña en miniatura, es que ya de por si encontraba hermosa a la chica, ni hablar de la pequeña, era una dulzura.

Llegaron a una puerta, también blanca y la niña instó al rubio a que la abriera.

Lo que vio fue aun más que asombroso.

La niña le tomó de la mano y atravesó lo que parecía ser un estudio, solo que éste no tenia suelo ni nada, la puerta se cerró tras ellos, dejándoles solo ver por la luminosidad de los recuerdos que supuso eran de Hermione.

Trecientos sesenta grados de recuerdos, estaban envueltos por los primeros pasos de la castaña, y el rubio miraba enternecido, solo se dejaba guiar por la pequeña, mientras disfrutaba del paisaje.

Otra puerta más adelante. Y el rubio volvió a abrirla, esa era su tarea.

Pataletas, las primeras palabras de ella, sus amigos en los cumpleaños, momentos con Cara rajada y compañía, adornaban las estancias mientras seguía abriendo puertas.

Una que otra le molestó, como los momentos a solas con Viktor-gorila-Krum, el beso con Theo, y por sobre todo, la casi intimidad que tuvo con Oliver, molestia cual se esfumó en cuanto vio lo que ella le hizo en el bosque de Brasil, sintió un poco de orgullo en ese momento, pero también vio el dolor de sus ojos.

A medida de que pasaban los desordenados recuerdos, el corazón de Draco latía más aprisa, ahora estaban rememorando cuando Hermione descubrió muertos, a sus padres.

Y eso por más que no fuera asunto suyo, le dolió. Ella no compartía tantas cosas con él.

Al notar el endurecimiento en el cuerpo de Draco, la niña le apretó su mano más fuerte, pero sin desconcentrarlo en las visiones.

La que fue la última puerta, fue también la más hermosa, y en ese momento, la pequeña le obligó a que la tomara en brazos, cosa que el rubio hizo a regañadientes y ella le señaló la próxima puerta, para luego taparse los oídos y esconder la cabeza en el cuello del muchacho.

El recuerdo era de ese día de año nuevo, cuando le hizo el amor por primera vez, ahora él entendía por qué la pequeña Hermione había decidido privarse de su vista y audición, la escena no era apta para menores. Draco sonrió y pasó rápidamente la estancia, a la nena le incomodaba y él podría volver a hacer miles de esos recuerdos y aún más escabrosos. O eso es lo que deseaba él.

Bajó a la niña en cuanto se hubieron acabado la puertas y al cerrarse la última tras ellos, el paisaje cambio de pronto, se vieron en un camino marcado, zigzagueante, que llevaba más allá de donde el rubio podía ver, todo era verde y la explanada se veía vacía, esta vez, hizo las preguntas que necesitaban ser respondidas.

- ¿Dónde estamos nena? – inquirió mientras la niña volvía a tomar su mano y emprendía camino por el sendero

- Aquí – susurró y apuntó su sien con su mano libre

- ¿En el cerebro? – se confundió

- Menteeeeeee – le dijo ella, como si fuera lo más obvio

- Que genio – bufó Draco, alzando un poco la voz

La nena se soltó del agarre de Draco y se detuvo, cuando Malfoy se volteó a verla, le impresionó lo que sus ojos presenciaban, era un idiota.

La niña apretaba entre sus manitas el borde de sus vestido, tenía la cabeza media gacha y su labio inferior era atacado por sus pequeños dientes, sus ojos…estaba casi inundados en lagrimas.

Draco no sabia que hacer. No es que fuera un idiota…bien si lo era, pero no era que había recibido mucho cariño como para saber que hacer en estas situaciones. Su madre le vino a la mente, y recordó un día en los que él de pequeño había botado la bandeja de las galletas queriendo coger una. Repetiría las palabras que su madre le dijo después de sermonearle duramente.

Se agachó a su altura y puso una mano en su cabecita, le sonrió dulcemente y las palabras que dijo, calmaron de inmediato la pena de la niña.

- Lo siento – murmuró con sinceridad

La mini Hermione, saltó a sus brazos como un conejo, y se apodero de su cuello mientras el rubio la cargaba y decidía que mejor él la llevaba, no quería hacer cansar a la pequeña.

Después de lo que le pareció un paseo interminable y después de miles de canciones Muggles que estuvo obligado a aprenderse, tales como: "Mi lindo globito" "Arroz con Leche" "Manzanita del Perú", los dos vislumbraron no muy lejos un sauce enorme.

Draco bajó a la pequeña que insistía en ser depositada en el suelo, y corrió tras ella, cuando la misma, emprendió corrida hacia el majestuoso árbol. Creyó ver siluetas a protección del sol en la sombra del árbol, pero lo encontró imposible ya que hasta el momento no se habían cruzado con nadie.

El sol, reflejo algo dorado dirigiéndose hacia la pequeña que de pronto le llevaba una ventaja considerable, a pesar de que el rubio corría con todas sus fuerzas. Temio por la nena.

Justo en el borde de la sombra, donde ésta terminaba, una silueta igual de enana estaba junto a la mini Hermione. Draco lo miro impresionado, era él, de niño, sonriéndole a la pequeña.

Sintió una mirada posada en él y la buscó con imperiosidad, por algún motivo, ya sabia de quien era.

La Hermione adulta, ahora corría hacia a él con una sonrisa igual de dulce que la de la pequeña, acortó el camino yendo a buscarla, quedando a resguardo de la sombra.

- ¿Cómo estas? – le preguntó ansioso una vez la tuvo en sus brazos

- Bien ¿tú? – dijo ella sin soltarle pero mirándole a los ojos

- Confundido – musitó él y Hermione rió

- Yo también al principio –

- Es tu mente un rompecabezas interesante Granger – sonrió de medio lado

- Como todo en mi, Draco –

El rubio solo sonrió, ya no había caso con llamarse por sus apellidos, si de vez en cuando, se les escapaba el nombre, era mejor, satisfacerse mutuamente al escuchar el nombre en los labios del otro.

- Si, Hermione –

Y la besó, el rubio sentía que este momento y lugar, eran los correctos y los adecuados para susurrar unas palabras que hace tiempo tenía en la garganta, pero que temía decir por la reacción a las mismas, se separó de ella bruscamente, al sentir las risas de los niños.

- Se quieden – le dijo Draco mini a Hermione mini

- ¿Van a casadse? – preguntó inocentemente la niña, haciendo sonrojar a los jóvenes

- No digas cosas así pequeña – susurró Hermione – son cosas de grandes

No se le ocurría qué más decir, le pidió ayuda a Draco con los ojos. Draco estaba en blanco, hasta que de pronto algo recordó.

- ¿Qué se supone que hacen aquí? – quiso saber soltando a Hermione del abrazo pero manteniendo su mano

- Solo juntalos – rió el pequeño Draco

- Yo sé que debe hacer – musitó la nena mirando a Hermione

Hermione asintió comprendiendo ahora las palabras de Dumbledore, "Dejas que las personas que aman entren a tu mente", hizo que Draco entrara, para que se fuera con él. Pero es que ella lo había decidido mucho antes.

Regresaría, no a apoyar a Potter, no a apoyar a Tom, volvería a proteger a lo que amaba, a él, a Luna, Theo y a muchos más, si ella era tan patética como para querer morir por haber perdido a sus padres, no quería que nadie más se sintiera así. Ella tenía a alguien por quien luchar y le sostenía la mano en este preciso momento.

- Es nuestra decisión – informó la niña aún mirando a Hermione

- Y nosotros debemos respetarlas – dijo Draco mini sonriendo a Draco grande mientras le tomaba la mano a la pequeña

- Nos vemos – susurraron los dos al mismo tiempo, y se desvanecían tal cual como Dumbledore

La castaña hundió su cara en el pecho del rubio una vez se hubieron ido los pequeños, seria uro volver y enfrentar las miradas de aquellos que supieran lo que era, en lo que se había convertido, solo tenia el alivio, de que Draco estaría con ella.

- Ya oíste a los mocosos – siseó el rubio acariciándole la espalda – es tu decisión, yo lo respeto

Hermione levantó la cabeza y le sonrió, le besó pausadamente y susurró contra sus labios.

- Nos vemos afuera –

La oscuridad los invadió a los dos.

* * *

Faltaba una hora para que los alumnos bajaran a desayunar y emprendieran sus clases del día. Alastor y Kingsley fueron llamados nuevamente y ahora recorrían la enfermería en busca de alguna solución.

Luna que había insistido en madrugar, estaba con una gran sonrisa en la cama contigua a la de Hermione, tarareando por lo bajo una canción, mientras Theo trataba de controlar las ganas de revivir a Malfoy a golpes.

Pansy estaba un poco más atrás, con un color de piel, más claro de lo normal, pero pasando desapercibida, no le gustó la noticia de que Draco…no reaccionaba, menos cuando horas antes, había recuperado a su hombre, y por alguna razón esta mañana, Pansy estaba casi tan tranquila como Luna, no confiaba en lo que los demás le decían, pero aquella rubia, tenia algo especial, quería creer que era así.

Minerva estaba de los nervios, ahora tenia dos alumnos muertos en su colegio, dos de los alumnos más influyentes, eso debía ser un mal augurio.

Ya cuando Minerva iba a explotar, Luna se levantó presurosa y se acercó a los muchachos a los que no movieron de su posición. Todos los miraron expectantes.

Y para la sorpresa de todo menos de Luna, los dos abrieron lentamente los ojos.

Pansy largo a llorar mientras que Kingsley y Alastor se dejaban caer en unas sillas cercanas, Theo abrazaba a Luna y la daba vueltas por los aires y Remus junto a Minerva, suspiraban más que aliviados.

El rubio, se levantó y sentó al lado de Hermione quien le dio un espacio, los miro a todos y cuando sintió la mano del Slytherin apretando la suya en señal de apoyo, se armó de valor.

- Hay mucho que contar – musitó con una voz madura – y cosas que planear, por favor, si la profesora Mcgonagall me lo permite, desearía hablar esto en el despacho del director

Los demás, solo miraron a la anciana mujer, esta asintió, dejándoles claro que de ahora en adelante, solo la verdad debiera ser dicha.


Por a por el último.

Besos.