Hola!!!

Les traigo aquí, el último capítulo que cree, como ya va a ser Navidad, pensé sería un buen regalito.

Espero que les guste.

A leer.

Go.


- Ron, ¡Ey Ron! –

Harry, ya entre aburrido y divertido, trataba ansiosamente de llamar la atención del pelirrojo, quien llevaba más de diez minutos, contemplando a Hermione hablar animadamente con Luna. Harry tenía una suave sonrisa en los labios, comprendía que su mejor amigo mirara así a la castaña, pero no entendía el por qué de su miedo a confesarle sus sentimientos, él mismo se había arriesgado, y ahora tenía una relación perfecta con Ginny.

- Es hermosa ¿No? – comentó metiéndose una galleta a la boca

- ¿Disculpa? – musitó Ron

- Es Hermosa – sonrió – Hermione

- ¿Por qué lo dices? – frunció la expresión

- Lo es – se encogió de hombros

- ¿Qué dices Harry? Tú estás con mi hermana y…-

- Oye, sólo dije que es hermosa, ella es como mi hermana amigo – le golpeó en el brazo

- Eso espero –

- No seas celoso – rió – y ¿Cuándo le dirás lo que sientes? – indagó el pelinegro

- ¿De qué rayos hablas? –

- Mira, deja de negarlo Ron – le acusó seriamente – gritaste a los cuatro vientos que estabas enamorado de ella, y de seguro, ella lo sabe, así que no veo el motivo para no decírselo a la cara

- Hermano, tú no sabes lo difícil que es –

- Ron, estoy con tu hermana, me enfrenté y ahora soy feliz, inténtalo –

- Harry, amigo, digamos que más que mal, Ginny es quién los mantiene unidos, no olvides que no deseas lastimarla y ella no permite que la dejes –

- El punto es que estamos juntos – rebatió

- No lo sé, es que…mírala, ¿crees que una mujer como Hermione, quiera estar con un idiota como yo? – se lamentó

- No lo sabrás, si no tratas – puso una mano en su cabeza – sé que ella siente lo mismo, de seguro que te corresponderá

Ron suspiró abatido y siguió en su afán de mirar a Hermione hasta gastarla, ella, ni siquiera se enteraba.

En otra mesa, un rubio de mirada penetrante, era fuertemente sujetado por un castaño al que una agradable sonrisa, le acompañaba en el rostro. Theo disfrutaba malignamente, de la situación.

- Ya hijo, no te pongas así – rió Nott

- No me llames hijo – siseó

- Como desees hijo – asintió con la cabeza

El rubio rodó los ojos, y siguió enviando dagas voladoras hacía el idiota de Weasley, odiaba que la mirara como si tuviera el derecho a hacerlo, pero lo que más le molestaba, era el hecho de que si lo hacía, nadie lo encontraría extraño, el zanahorio podía hacerlo con total libertad, él, apenas podría insultarla en público.

Theo continuó martirizándolo añadiendo comentarios mordaces de lo bella pareja que hacían esos dos, de cómo eran tal para cuál, y de cómo es que a todo el mundo, le gustaría que en un futuro, se casaran.

Un plato lleno de avena, en la cabeza del castaño, fue la respuesta del rubio para su amigo, Theo, en vez de molestarse, rió junto a toda la casa de Slytherin, mientras Pansy, como una madre y negando con la cabeza, trataba de arreglar el desastre de cabello de su amigo.

- Tienes razón Luna, tal vez existan – sonrió la castaña

- Iré con Theo, a las nubes, ya lo verás, y encontraré a esas criaturas maravillosas – dijo ella dulcemente, mirando hacia el cielo

- ¿Con quién? – indagó Ginny, tomando atención a la charla de sus amigas

- Con un amigo, de la infancia – se corrigió la rubia, nerviosa

- Si, tal vez con Marcelo – picó la castaña, solo por molestar

- Hermione…- musitó Luna apenada

- O tal vez Patrick – rió la pelirroja

- ¿Patrick? ¿Dé qué me perdí? – inquirió Hermione confundida

- ¿Patrick? – Repitió Luna - ¿qué hay de él?

- Por el amor a Dumbledore – exclamó Ginny – es que eres, demasiado despistada, en serio, ese chico está más que colgado de ti, y tú deberías de darle una oportunidad

Luna, como la persona inocente que era, dirigió la mirada hacía la mesa en dónde debería de estar sentada, y entre la multitud, divisó a su amigo Patrick, quién conversaba con Peter, su mejor amigo, éste, como si supiera que ella le buscaba, conectó su miraba con la oceánica de Luna, y sonrió con entusiasmo, levantó una mano para saludarla, la meció con fuerza y se sonrojó cuando Peter le daba codazos en las costillas.

- ¡Vaya! – Musitó Hermione – es cierto

- ¿Qué es cierto? – preguntó la rubia

Las chicas rieron ante tanta inocencia, a veces creían que Luna lo hacia adrede, pero luego descartaban completamente la idea, era imposible, que Luna supiera de esas cosas, como engañar, no era de Luna, no eran cosas de ella.

Ron se levantó, cuando ya debían asistir a clases, y ellas, lo imitaron en una sincronía sin intención, en un momento, el pelirrojo estaba al lado de la castaña, y Harry miraba un tanto preocupado a su amigo, no sabía que podría salir de ello, Ron, estaba rojo como tomate.

- Hermione – la llamó

- ¿Si? –

- Déjame – le dijo, y tomó su mochila – yo la llevo

- No te preo…- comenzó

- Quiero hacerlo – sonrió – vamos

La castaña le devolvió la sonrisa, un tanto nerviosa, y después de quedar con Luna a almorzar en su mesa, se encaminaron a la primera clase de ese día, día en el que lo compartirían completamente con las serpientes.

El trayecto, se realizó en completa armonía, Hannah Abbot, quién los escoltaba en silencio, solo hasta el aula, caminaba al lado de un avergonzado Neville, Harry y Ginny, tomados de la mano, eran la envidia de hombres y mujeres, y Ron con Hermione, hablando animadamente, completaban el panorama.

Una serpiente, y un león, los seguían en un estado totalmente eufórico, no sabiendo si matarlos por verse tan bien juntos, o matarse ellos mismos por el sentimiento venenoso.

Lavender rechinaba, sus dientes, a punto de sacarle cabello por cabello a Hermione, apretaba los puños con fuerza, para no tentar a la suerte de ese día.

Draco caminaba graciosamente, al lado de Lavender, en la misma dubitativa, pensando muchas formas de matar a la comadreja, y sintiéndose un inútil por no ser él quién le tomara de la mano, y le cargara la mochila.

Cuando iban a entrar, en el aula de pociones, los dos chocaron sus miradas asesinas y se contemplaron con confusión.

- ¿Qué? – le espetó Lavender, un tanto agresiva

- Deberías – siseó él – saber como atar a un hombre, eres realmente estúpida

La leona, abrió los labios impresionada, pero nada salió de ellos, se quedó estupefacta ante la poca cortesía y la enorme hostilidad del Slytherin.

Draco y Lavender, ocuparon sus asientos, completamente encolerizados, y pasaron las siguientes dos horas, rompiendo plumas, al ver cómo, Ron se sentaba más cerca de Hermione de lo habitual.

* * *

- Ay, ¿no sería genial? – preguntó Ginny, un sábado en los jardines de la escuela

- ¿Qué cosa? – indagó Harry

- Que estuvieran juntos, bobo – rodó los ojos

- ¿Quiénes? –

Ginny suspiró increíblemente abrumada y luego de tomar fuertemente la cara de su novio, la dirigió hacia la pareja que se acercaba a ellos entre sonrisas, entablando una buena conversación podían dilucidar, y disfrutando de ella.

- Ah, ellos – musitó

- Si, ellos, se ven tan bien, ¿crees que el idiota de mi hermano, le diga que sea su novia? –

- No, si le sigues diciendo idiota – rió Harry, tomándola de la mano - ¿Tú crees que ella acepte?

- Bromeas, sé que Hermione está prendada de mi hermanito desde hace años, y a pesar de las tonteras que ha cometido, estoy segura que lo perdonará – sonrió

- Pero…- dudó el pelinegro

- Pero ¿Qué? -

- Hermione es una mujer hermosa e independiente, no creerás, que Ron ha sido el único en fijarse en ella ¿cierto? – explicó – a lo mejor, y ya alguien le dijo que fuera su novia

- Tienes razón, en parte, Hermione es hermosa, pero si alguien ya la tuviera en sus brazos, que no te quepa duda gafitas que ella me lo habría dicho – Harry frunció el ceño – no seas delicado, gafitas es de cariño – dijo dándole un beso en la nariz – además, ella no se ha estado viendo con nadie

- Yo no diría exactamente nadie – susurró algo molesto

- ¿Con quién? – se alarmó Ginny

- Con el idiota de Malfoy –

- Harry, amor – le acarició la mejilla - ¿Tú crees que Hermione, nuestra Hermione, sería capaz de meterse con semejante pelmazo? ni hablar de él, que nunca se metería con una hija de Muggles

- Cierto, lo más probable, es que Hermione vaya directo a su habitación, para no toparse con ese hijo de…-

- Ey – le interrumpió Ginny – nada de palabras malsonantes Potter

Harry rió ante las ocurrencias de su novia, la besó fugazmente, para luego sonreír a Hermione y Ron, que se acercaban hablando animadamente.

- …irán con nosotros – finalizó Ron sentándose a un lado de sus amigos

- Ni les has preguntado – rodó los ojos ella, imitándolo

- ¿Qué deben preguntarnos? – inquirió Ginny

- Ron tiene la brillante, según él, idea de ir, en nuestra próxima salida a Hogsmeade, la cual es a principios de febrero, a ayudar a los gemelos en su tienda – explicó la castaña

- Excelente – apoyó Harry

- ¡Hombres! - exclamaron las chicas al unísono, para después estallar a carcajadas

- Bien, ¿les parece? – preguntó Ron, muy esperanzado

- De acuerdo – aceptó Ginny - ¿Hermione?

Los tres la miraron muy animados, con el furor destilando en sus ojos, extasiados y con muchas ganas de hacerlo. Hermione, suspiró y asintió con la cabeza, ya vería la manera de decirle a Draco que tenía que jugar a la familia feliz, solo por un tiempo más.

Se levantó y excusó de que debía hacer algunos deberes, Ron la acompaño cerca de su torre.

- Todo listo – sonrió Ginny

- Si, espero todo salga de maravillas – le besó Harry

- Saldrá bien, lo aseguro – susurró confiada – con la ayuda de mis hermanos, nada puede fallar

- Lo demás – el moreno ladeó la cabeza – queda en manos de Ron

* * *

- No, no y no – le gritó Draco a Hermione en la sala de su torre

- Entiende por favor – le rogó ella

- Tú entiende, no irás con ellos – se negó

- Draco, queda más de un mes para eso, no es nada del otro mundo – lo persiguió hasta la cocina – es lo que Hermione haría

- No Hermione, no te quiero al lado de esa comadreja –

- Estás celoso, no piensas razonablemente – se molestó

- Entiende, él puede estar a tu lado y yo ni siquiera mirarte – protestó colérico

- ¿No me estás insinuando que piensas que puedo irme a los brazos de Ronald? – preguntó indignada

Draco bajó la mirada y corrió a encerrarse en el baño, cerrándole la puerta en la cara a Hermione, que por más que ella le llamó, él no respondía, estaba como un niño taimado, al que no se le quiso comprar un helado, ya cuando la castaña se rendía, solo le limito a susurrarle.

- Iré, quieras o no – dijo a la puerta, con la frente pegada a ella – pero me ofende, en demasía, que confíes tan poco como para creer que pueda irme con él

- Confío en ti – escuchó desde adentro – no en él

- Pero estás conmigo, no con él, y deberías estar seguro de lo que siento por ti –

No oyó más respuestas, y se marchó muy dolida por su actitud, pero debía entender, que no es un cambio de un día para otro, estaba entre los leones y la serpiente, y eso, la dejaba sin muchas opciones.

Le daba crédito al desconfiar de Ron, estaba muy amable y atento con ella desde hace unos días, pero eso no significaba que se quedaría con él, no después de tener a Draco consigo, no después de que confesó acostarse con la rastrera de Lavender.

Todo lo bueno que creyó tener, se escurría de sus manos vertiginosamente, solo esperaba, que su racha de mala suerte, no continuara.

* * *

Enero pasó muy difuso para la mayoría del alumnado, todos conversaban y miraban a sus mismos compañeros en un estado de estrés máximo, a pesar de que faltaban unos meses para terminar el curso, los trabajos y deberes, se habían hecho una amplitud constante.

Hermione seguía trabajando con Nott en Aritmancia. Theo prácticamente hacía todo el trabajo pesado, y ya que él odiaba buscar información, ese era el trabajo de la castaña, algo rápido y sin complicaciones, así se sentía más descansada.

Habían ocasiones, en las que ella reía de la situación, siempre tan impetuosa en hacer los trabajos y de un momento a esta parte, dejaba el trabajo para su querido amigo, nadie, si lo supieran, podría creerlo, que la sabelotodo Granger, prefería el lado sencillo de la situación.

Pero ahora, ya más descansada y volviendo a la rutina normal de leona con sus "amigos", le preparó para lo que comenzó a acontecerle, cada noche que regresaba a su torre.

Las miradas de Draco, no eran las mismas de hace un mes, y a pesar de que seguían durmiendo juntos, de que la castaña tenia la mayor cantidad de su ropa en los cajones suyos y de que dormían abrazados como lo habitual, sentía que al mismo tiempo, todo era diferente.

Él ya no la esperaba en la entrada al regresar de clases, casi ni hablaban y más de una vez él se metió a la cama sin esperarla y a pesar de que en cuanto la sintió recostarse la abrazó posesivamente, no fue como hace un tiempo.

Por más que los días pasaban, Draco no le decía que pasaba con él. Desde hacía mucho tiempo, que estaba lejano y lo sentía más frío de lo normal, conversó con Theo, quien ahora siempre lo acompañaba, para preguntarle si sabía que lo aquejaba.

- Ratona, mi hermano, es un caso perdido – le había dicho en una ocasión

No obtuvo más respuesta que eso, y quedó aún más confundida que en un principio. Ella no entendía de hombres, menos si eran un novio de ella, con Oliver las cosas eran sencillas, un par de besos, significaban en ese tiempo para ella, aunque él quisiera algo más, por lo menos la respetaba en eso.

Krum, solo algo pasajero y sin importancia, en el sentido amoroso, era un excelente amigo y leía atentamente cada carta comprendiéndola perfectamente, sin juzgarla, sin decirle que lo lastimaba, pero algo duradero, nunca.

No sabía cómo abordar a Draco, no sabía si él quisiera conversar de lo que le afectaba, tal vez ella solo estuviera exagerando y lo podría echar a perder.

Pero de que algo pasaba con él, algo pasaba.

Decidida, a principios de Febrero, esperó a que Malfoy llegara de su habitual práctica de Quidditch, para pedir…explicaciones, si es que eso era lo que se merecía.

Draco no llegó esa noche a dormir.

La mañana del sábado, día en el que irían a su visita a Hogsmeade, días antes del 14 de febrero, Hermione se preparaba sin ningún ánimo de asistir, se vestía y calzaba sin pensar mucho en el día que le acontecería.

Ordenó la cama de Draco, y arregló su ropa con insistencia, debía mantenerse ocupada, o moriría de ansiedad.

Cinco minutos antes de que debiera salir para juntarse con sus amigos, Draco hizo aparición en la torre, con un aspecto demasiado cansado.

- Hola – la saludó, su voz sonaba rasposa

- ¿Hola? – repuso ella, impresionada - ¿solo eso?

- Estuve celebrando en la sala común de Slytherin, ya sabes, solo por placer – musitó desplomándose en el sillón de dos cuerpos

- ¿No…no pudiste…avisar? – inquirió suavemente, no quería hacer una escena de esto

- Pensé, que no importaría, ya que tú, sales hoy día – la fulminó con la mirada

- No tiene relación – protestó

- Si la tiene – defendió tercamente – solo, hago lo que hacía antes

Hermione asintió en silencio, comprendiendo el punto de vista no compartido de Draco, si ella debía retomar sus viejas andanzas, entonces, él también lo haría.

- Nos vemos – rugió la castaña – si es que aún estás aquí

Salió con la furia destilándole en cada poro de su piel, y sintiendo la imperiosa necesidad de llorar, cosa que no alcanzó a hacer, ya que Ron la esperaba solo un piso más abajo.

Draco suspiró y se sintió más estúpido que en toda su vida, después de la horrible práctica en el campo, lo menos que deseaba era celebrar por nada, a pesar de que Pansy había insistido en que podía quedarse con él, Draco pasó, toda la noche, fuera de la torre de los premios anuales, a un lado del lienzo de las hadas, pensando, y martirizándose cada dos minutos.

Era cierto que él nunca sería alguien digno para Hermione, pero podía vivir con ello, lo que no sabía, era si ella podría con aquello.

El último mes, escuchaba por donde iba, comentarios sobre como Ronald Weasley, trataba de conquistar a Hermione, siendo atento y comprensivo, estudiando por su cuenta, y demostrándole que él valía la pena.

De labios de Pansy, se enteró de cómo Lavender descueraba viva a su castaña en los baños de mujeres, diciendo que lo más seguro, era que, como lo arrastrada que Hermione era, al primer cambio de luces ella acudiría. Se llenaba la boca diciendo que se quedaban hasta muy tarde haciendo no sé qué cosas, y que se les veía muy acaramelados y hasta algunas veces, tomados de la mano. Obviamente agregando al final de cada chisme, que a ella bien poco le importaba.

Lo malo, era que Lavender era bien específica en cuanto a días en los que se quedaban solos hasta tarde, y esos días, eran exactamente los que ella llegaba después de la hora normal. No era que desconfiara de ella, Hermione nunca le engañaría con semejante espécimen, eso era lo que prefería creer.

Se duchó molesto condigo mismo y decidió asistir a la salida, podría raptar a Hermione unos minutos, y si tenía suerte, podría llevársela toda la tarde.

Más animado, fue en busca de sus amigos.

* * *

- Hola chicos – saludó Hermione entrando a la tienda de los gemelos

- Hola castañita – los dos la abrazaron - ¿Qué te trae por aquí?

- Nada en especial – bromeó

- OH, George, creo que nos está lastimando el corazón – dijo Fred dramáticamente

- Cierto hermano, y dime muñeca ¿Cuándo iremos al famoso puente? – indagó

- Tal vez, cuando salga de la escuela – ofreció

- Hecho – exclamaron los gemelos al unísono

La castaña rodó los ojos divertida, no se podría librar nunca de los Weasley, y a estas alturas del partido, realmente creía que era un tedio y pérdida de su valioso tiempo. Luego recordó a Draco, y se convenció de pasarla bien ese día, ya que él, pasó bien la noche.

No podía creer, que fuera tan fácil retomar esa costumbre de retarlos cada poco, de corregirlos y de ser tan mandona, no pasó mucho tiempo para que la antigua Hermione, se apoderara de ella, y por un solo instante, se sintió maravillosamente a gusto, pero mediante observaba el panorama que captaba sus ojos, se iba decepcionando de ella cada vez más.

A cualquier persona normal, le encantaría compartir con una familia tan especial, como lo eran ellos, hasta Harry era el condimento perfecto entre tanto naranja, pero ella se sentía diferente, extraña, fuera de lugar, y recordó exactamente como fue que conoció a ese par. Al principio no se llevaban bien, y era solo por que ella había decidido ser ella misma, pero el Troll lo había cambiado todo, había hecho de ella, una persona más relajada entre comillas, la salvaron y ella, les dio una oportunidad.

¿Qué hubiera pasado, si aquel Troll no hubiera irrumpido en el castillo? Ella sabía la respuesta, y era tan sencilla como decir, que sus padres, estarían vivos.

Sonrió imperceptiblemente, las cosas, no siempre son como uno quiere, la vida pone obstáculos, va en uno saltarlos o simplemente rodearlos.

Divisó a Draco, con Pansy y Theo, a través del vidrio de la tienda, el muchacho aún no la miraba, pero Hermione suponía, para qué estaba ahí. Su corazón empezó a latir, normalmente y de una forma muy rítmica, como un compás, solo hecho para él.

Bajó de la escalera en la que estaba surtiendo los estantes, y se quitó el feo delantal con el que protegía su ropa de la suciedad tan característica de los vagos de los gemelos, es que ellos tenían ojos para los negocios, pero no para descubrir la mugre.

- ¿A dónde vas? – la atajó Ron, con el mismo delantal feo

- Eh, creí ver a Luna – sonrió tratando de pasarlo, estaba al lado de la puerta

- Luna está acá adentro, llegó hace unos minutos – sonrió el pelirrojo divertido por su confusión

- Claro, claro – Hermione se ató el cabello en una cola

- ¿Qué pasa? Te ves nerviosa – acoto Ron

- No, claro que no – trató de sonreír – creo que es mucho polvo para mí

Ron solo asintió y bajó su mirada un tanto apenado, Hermione estaba demasiado ocupada como para preguntarle que le pasaba, si tan solo Draco la mirara, Theo podría ir a rescatarla.

- Hermione, la verdad, es que yo deseaba decirte algo – formuló el chico

- ¿Cómo? – indagó ella, volviendo en si y enfocándolo con la mirada

- Que deseo hablar contigo – dijo lentamente

- Si, claro – se extrañó la castaña, mirando de reojo a los tres, que hablaban animadamente y con los ceños fruncidos, tal vez decidiendo a donde ir

- Creo, que sabes lo que grité hace un tiempo, en pleno vestíbulo del castillo – Hermione tragó saliva y asintió débilmente – solo, quiero que lo escuches decir de mis labios, no que te lo cuenten

- Ron yo…-

- Te amo – soltó sin más, ante toda la clientela del local y las miradas envidiosas de los gemelos – siempre lo he hecho, eres lo más puro y autentico que he tenido la posibilidad de conocer, te amo por como eres, bella e inteligente, estoy locamente enamorado de ti

Hermione abrió la boca, y ningún sonido salió de ellos, más atrás, veía como Harry y Ginny se tomaban las manos emocionados, ni hablar, de los gritos de bésala y los aullidos por parte de sus compañeros de escuela.

- Te amo – susurró por última vez y se tiró a sus labios

Eran tibios, calidos y se movían con sincronía, una sincronía que solo los labios aprenden con la práctica, y Hermione tenía mucha de ella. De pronto, todos en la tienda se quedaron en silencio, para después chillar como si del último partido de Quidditch se tratase.

La muchacha abrió los ojos desconcertada, sin creer que él la estuviera besando enfrente de todos ellos, se pudo esperar esa confesión, pero nunca, y léase bien, nunca que la besara frente a esa cantidad de gente.

Solo pasaron unos segundos y ella empujó a Ron, haciéndolo chocar con una de las estanterías, y caer al piso, haciendo que el silencio reinara de nuevo, pero ésta vez, de una forma muy tétrica.

- ¿Por qué? – indagó el pelirrojo, levantándose

Ella se llevó las manos a la boca, impresionada y orgullosa de haber podido reaccionar a tiempo, cuando iba a responderle, sintió la mirada de alguien, esa mirada tan bien conocida.

Draco, la miraba con frialdad, en medio de la calle frente a la tienda de bromas, Pansy, sin expresión alguna, estaba un metro tras él, mientras que Theo, con su mirada dulce, le mantenía una mano en su hombro, mano que el rubio se sacudió bruscamente, para luego correr, rumbo al castillo.

- Si lo hubieras hecho, antes de meterte con la zorra de Lavender, quizás, te habría correspondido – respondió y se fue como alma que lleva el diablo, en busca de Draco

Pareciera, como si fuera su destino el perseguirlo.

- ¿Qué demonios pasa aquí? – musitó Ginny, más confundida que el mismo Ron

- Es solo, que los sentimientos de Hermione, se transformaron - susurró Luna yendo hacia la puerta – es un persona, las personan evolucionan – sonrió dulcemente y salió de la tienda

- Hermione no – terció Harry

- ¿Dices que no es persona? – indagó Fred

Harry, solo cerró la boca.

* * *

Por más que corría, sus pulmones no cooperaban mucho, ella era diestra en los combates, pero tampoco corría maratones, se quedaba sin aire a cada paso, a cada exhalación.

Llegó a Hogwarts, sin alma y sin color en el rostro, pero no se detuvo ni siquiera a meditar el asunto, tenía cosas que hacer y ya el sol se escondía en el horizonte.

Lo buscó por cielo, corredores y aulas, desde el primer piso, hasta que ya no quedara más colegio donde buscar.

Los alumnos, llegaban animados de sus días tranquilos en el pueblo y chocaban con ella, que imperiosa se desesperaba a cada segundo en que el castillo más se llenaba. Ya estaba perdiendo las esperanzas cuando dobló a un pasillo casi desierto.

Escuchaba la risa nerviosa de una niña cuando la sobrepasó de camino contrario y supo que algo andaba mal, sus piernas y corazón le decían que debía de devolverse, que debía esperar a Draco en la sala común y que arreglarían el maldito embrollo en el que Ron la metió.

Pero ella, Hermione es una Gryffindor por algo, y es que no solo su valentía les describe, sino también su manía por averiguar todo lo posible y ese don, Hermione lo tenia multiplicado en diez.

Se acercó al aula en cuestión, y escuchó movimiento dentro del aula, ya nadie quedaba en el pasillo, así que se decidió por abrir, era Premio Anual después de todo, y era su deber velar por…solo quería saber que pasaba allí dentro.

Abrió con lentitud, asomando la cabeza con el mismo ritmo, abriendo los ojos de igual forma, acompañada de sus rosados labios. Los ruidos que se escuchaban desde afuera, no eran nada más que gemidos, gemidos de placer, gemidos que taladraban sus oídos malignamente.

Su pecho comenzó a verse desprovisto de aire, pero trató de disimularlo de la mejor manera posible, sacó su varita de su suéter, y se aclaró la garganta.

- ¿Qué espectáculo creen que están dando? – musitó y su voz sonó un tanto forzada

Astoria Greengrass, rubia de ojos cafés, con cuerpo delgado y en una posición indecorosa sobre un pupitre, trató de arreglar sus vestimentas como podía, la sorpresa de ver a la Premio Anual, favorita de Minerva, le asustaba en demasía.

Draco, aun sobre ella, reaccionada de a poco, a la situación en la que estaba metido, Astoria lo empujó y recogió su ropa interior para ponérsela nerviosamente, y salió rauda y veloz casi estrellando a Hermione.

- Se te olvida algo – la detuvo

- ¿Qué? – preguntó Astoria, roja de vergüenza

- La dignidad – siseó venenosamente – dile a papi que te compre algo de eso

La muchacha, no aguantó las ganas, y se largó a llorar corriendo Merlín sabe a donde, Hermione sonrió maliciosamente, ese comentario si que había sido divertido, lastima que nadie estuviera para haberlo escuchado…un momento, aún había alguien.

Draco se vestía y buscaba su varita que estaba cerca de la pizarra, la recogía y miraba a Hermione, entendiendo su error.

Había dejado que el antiguo e hijo de puta Malfoy lo gobernara por la rabia, Theo le había dicho que ella no tenia la culpa, y él no escuchó, por eso es que cuando Astoria lo descubrió con los ojos llorosos en esa aula, no halló, nada más estúpido, que meterse entre sus piernas.

- Hermione…-

- La próxima vez – dijo fulminándolo con la mirada – consíguete un cuarto

Luego cerró la puerta en su cara, y desapareció del lugar.

Para cuando Draco llegará a su cuarto, encontraría su habitación desprovista de todo accesorio de Hermione, encontraría su camisa, con la que dormía ella, pulcramente doblada a mitad de la cama y sobre la misma, una pequeña caja, con un obsequio dentro, un perfume caro, y una tarjeta dorada adherida.

"Feliz día de San Valentín, te quiero

Disfrútalo,

Hermione."

Al reverso de la misma, y con letra temblorosa, rezaba;

"No hay razón para no entregártelo, ni para quedármelo, a ti te servirá, siempre me gustó tu olor."

Era un regalo, adelantado del día de los enamorados.


Ya vamos en la recta final, no queda mucho, máximo unos dos capítulos.

Besos y Felices fiestas =).