Quiero aclararles, que este final lo imaginé cuando aún no tenía mucha experiencia ni tampoco me comentaban mucho, creo y lo lamento, que no es el que todos quieren, pero sí es el que yo quiero.

El final de todo éste Fic, el epílogo vendrá después, pero para eso esperarán mucho, tengo mil cosas en las que pensar y más liada que una madeja de lana, así que paciencia. Advertencia: epílogo será una locura, ya me conocen, y no esperen un testamento como los capítulos, por que no me da para tanto.

Traigo banda sonora, dos canciones, que me fascinan, la primera, de mis años de escuela, la segunda, conocida hace poco.

Ya saben, cuando salga el signo, Play ¿?, denle a la canción.

*Play 1: The Scientist - Coldplay (http:// www. / watch?v=8XnkqZNg_Bk)

*Play 2: Trouble - Ray LaMontagne (http:// www. / watch?v=KrZkaj37kA0)

Ahora sin más, a leer.

Go.


Luna no soportaba ver, como uno a uno de sus amigos Aurores, y Mortífagos también, caían lentamente al piso, inconcientes los con suertes, muertos lo que no la poseían tanto. Aún así, no paró de blandir su varita con maestría.

Ya estaba espalda a espalda con Pansy y Theo, quienes por más que trataron de pasar desapercibidos, a los casi quince minutos de dura batalla, fueron descubiertos aturdiendo a sus pares. Sus máscaras yacían en el piso, cerca de sus pies, destruidas, brillando, a la luz de la noche.

Una serie de pedazos, le faltaban ya a la Casa de los Gritos, provenientes de los más hábiles Mortífagos a la hora de combatir, y muy a pesar de los Aurores, no sabían como detener esas explosiones.

Explosiones, pequeñas y de gran sonido, que no solo dañaba a quien más cerca se encontraba, sino que amenazaban con destruir sus tímpanos por el impacto sonoro. Los Aurores hacían lo que podían, pero los enemigos se multiplicaban, crecían como la hierba, se propagaban como mosquitos.

Parecía como la nueva moda del día, rayos de color púrpura saliendo de las varitas, que al hacer contacto con cualquier tipo de superficie, la mandaban a volar en segundo, todos ellos lo hacían, y a pesar, de que las explosiones no hacían daños a grandes escalas, podían fácilmente abrir hoyos en paredes del porte de una ventana normal.

Luna lloraba silenciosamente, sus ojos y cabello, que contrastaban con la negrura del ambiente, resaltaban haciéndola el blanco más fácil y accesible. Dos de los que estaban a cargo de su protección, fueron heridos por luces cegadoras, uno, muerto frente a sus ojos, el otro, sin una pierna, y apoyado en la pared más próxima a causa de ese misterioso nuevo hechizo.

Ni un Bombarda era capaz de arrancar una pierna con semejante atrocidad.

Harry, escondido tras todos ellos, se batallaba en el intento por salir a pelear. Estaba escondido bajo la capa de invisibilidad, y muy pocas veces pudo sacar su varita para aturdir a alguien, dejó de intentarlo cuando uno de los Mortífagos lo descubrió y casi lo mata, si no fuera por Ginny, estaría en el otro mundo.

Ginny protegía a Harry de la forma más efectiva que podía; con su propio cuerpo. Si Voldemort tenía escudos humanos para salvaguardarle, él no era el único.

Con forme la situación se volvía más intensa, Theo fue desplazando a las dos de las tres mujeres que más quería en el mundo. Sólo creía fervientemente, que Hermione estaría bien.

Retrocedió con ellas a los costados, llegando al límite de las escaleras, listo para subirlas; ya sea de espalda. Ginny y Ron, les miraron extrañados, percatándose finalmente, de a cuál bando estaban defendiendo, Theo, con sus sinceros ojos, transmitió el mensaje a los azules de Ginny, quien sin importarle si era una treta, confió en él y gritó a toda voz.

- ¡Es Harry Potter! – chilló apuntando con su otra mano, hacía la entrada en ruinas de la casa

Como supuso, todos, Aurores y Mortífagos, miraron un segundo en esa dirección, tiempo que la misma aprovecho, para que todos corrieran a las escaleras, aturdiendo de paso, a los más despistados.

- ¡Bien hecho Ginevra! – aduló Remus, con una sonrisa

- Era obvio – rió ella, subiendo de espaldas sin dejar de enviar hechizos – la mayoría son hombres e idiotas

Theo rió sonoramente ante tal aseveración, ya en una ocasión, le había dicho a Hermione que esa chica era especial, por más decir que divertida también. Pansy rodó los ojos, y con su mano desocupada, golpeó al chico en la cabeza y le retó severamente.

- ¡¿Crees es buen momento, para compartir las bromas?! – siseó

- No seas aburrida Pan, es mi naturaleza –

- Tú y tu naturalidad de ser… Desmaius – gritó – pueden irse a la mierda

- No sin ti querida, no sin ti –

Los demás sólo escuchaban las palabras malsonantes que siguieron en la boca de Pansy, Mcgonagall y Remus, miraban sorprendidos cada poco, de que una muchacha de semejante estatus social, supiera ese tipo de vocabulario.

- Como si ustedes no dijeran palabrotas – bufó ella, después de recibir una mirada asustada de Neville

Nadie dijo más nada, y cuando todos hubieran subido las escaleras, corrieron por el pasillo desocupado de la izquierda.

Se sentían perdidos, no hallaban salida y todo parecía un horrible laberinto. Theo dejó de correr después de unos minutos, e hizo que Harry, aun debajo de su escondite, chocara dolorosamente con su costado.

- ¡Cuidado! – le siseó con más agresividad de la que quería

- Lo siento – le dijo Harry quitándose la capa, pero sin rastro de sentirlo en lo más mínimo – pero no deberías detenerte, hay que encontrar a esa serpiente

- No sé si te habías fijado Potter – sonrió Theo – pero estamos dando vueltas

El castaño apuntó a un pasillo desde el cuál, se escuchaban los gritos de la batalla que supuestamente habían dejado atrás. Todos se miraron confundidos. George, Fred, Ginny, Ron, Remus, Minerva, Pansy, Harry y Theo, suspiraron contrariados, algún hechizo debieron poner, y ellos habían caído como abejas a la miel.

- Tengo una muñeca vestida de azul… - comenzó a cantar Luna, suavemente, con los ojos cerrados – con su camisita y su canesú

- ¡¿Qué hace lunática?! – exclamó Fred

- Vuelve a llamarla así – Theo se puso a su altura – y no volverás a tener la oportunidad de hacerlo una tercera vez

- ¿Qué te dio? – rugió George, defendiendo a su hermano

- …la saqué a paseo y se me constipó – seguía Luna – la tengo en la cama con mucho dolor…

Theo los miró con odio impregnado y también destilando de sus poros, se volteó y abrazó a Luna por la espalda, de frente a ellos, sin decir nada.

- Sólo…- sonrió Pansy, recordando a Jack - …defiende lo suyo

- ¿Lo suyo? – Gimoteó Ginny – Si ellos estuvieran juntos, Luna me lo diría

- …ésta mañanita me dijo el doctor… -

- Hay tantas cosas que no sabes y te sorprenderían – escupió Pansy, quitándose la capa y arrojándola al suelo – espero tengas un buen trasero…para amortiguar la caída digo yo

Remus tosió, fingidamente, para disipar el tenso ambiente y para desviar la atención también. Según él, no creía necesario, que se enteraran de lo de Hermione, Minerva, apoyaba la moción.

- Si no podemos salir de ésta especie de trampa, atraigamos a Nagini – sentenció seguro

- ¿Cómo? – indagó Minerva

- Harry habla pársel ¿no? – Levantó las cejas - ¿Para que ir a su territorio, si podemos traerla al nuestro?

- …que le de jarabe con un tenedor… -

- Aún así, necesitamos encontrar a Voldemort – musitó Fred

- Un paso a la vez comadreja – siseó Pansy, cerca de Theo y Luna – usa el cerebro

- Escucha maldita… - se enfureció el gemelo

- Tiene razón – cortó Harry – hemos hecho mal al tratar de abarcar todo a la vez, necesitamos ir paso a paso, y nada más de insultos Parkinson

- Si, claro – chilló la chica – señor elegido imán de problemas

- Señorita Parkinson – intervino Remus – sé que no está aquí para salvar la vida de los mismos que nosotros queremos, pero una vida valiosa le queda en el castillo, si desea volver a verlo, coopere

Pansy taladró a Remus con la mirada, también a Harry y a la mayoría de los presentes, pero luego suavizó la misma, los necesitaba para volver, tanto como ellos a ella, aunque no lo supieran.

- De acuerdo – aceptó – ahora mueve esos labios cararajad… Potter

Y mientras Harry, intentaba persuadir a Nagini de acudir a él, Luna, seguía con sus ojos cerrados y cantando con pacifica voz, esa canción Muggle de niños.

- …dos y dos son cuatro…cuatro y dos son seis…seis y dos son ocho y…-

* * *

Era un caos.

Tonks se movía rápidamente entre los muchos atacantes y defensores, no tenían opción, los Mortífagos caerían sin dudar.

Muy a pesar del mar de enemigos que tenían a su alrededor, Tonks no se daba por vencida, muchos de ellos eran tan hábiles, que ni con un Crucio retrocederían. Pero aún así, ella no se detendría.

Muchos de los alumnos, la mayoría de clases superiores, salieron al combate en cuanto la primera explosión, la misma que despertó a Luna, hizo un estruendo terrible en todo Hogwarts. Enlistados para salvar el día.

Tonks daba órdenes por doquier, mientras hechizos no verbales salían despedidos desde su varita. Veía la manera más fácil de sacar a los pequeños y una idea increíble le vino a la mente. Las cocinas de Hogwarts, no era que fuese necesaria una evacuación de emergencia, estaba segura que la mayoría de los Mortífagos allí en la escuela eran incompetentes, pero no estaba de más un extra de seguridad.

Como un rayo pasó la información a los alumnos mayores, a algunos prefectos que batallaban, y comenzó la operación "Salvemos a los niños". Por pasadizos que más de alguna vez le oyó decir a Remus, hacía correr a los niños, para llevarlos hasta esa estancia, Dobby, con sus ojos tan abiertos como siempre, les recibió muy nervioso.

- Dobby, sólo no dejes a nadie entrar, a menos que sea de la escuela – sentenció ella mientras los niños se sentaban en las mesas o en el suelo – los conoces a todos, será fácil

- Si señorita – hizo una reverencia el elfo

- Muy bien, iré a patear unos cuantos traseros –

Salió rauda en busca de algún idiota al cual noquear, se topó con alguno que otro colega, ya sean profesores o los mismo Aurores, les ayudo a los que más estaban en problemas, y siguió de largo en otras ocasiones.

Ya cuando llegaba al Lobby, donde la lucha era más insistente y no se daban por vencidos, suspiró y entró en guardia.

Lentamente, y como si saliera de un shock, iba admirando el paisaje que se mostraba ante ella, pedazos de paredes faltaban, los relojes contadores de puntos, estaban destrozados dando una vista increíble, las cuatro casas en cero, las cuatro casa iguales.

Millicent Bulstrode, la chica robusta y de apariencia agresiva, se batía en duelo con su propio padre, mientras gruesas lágrimas salían de sus negros ojos, gritaba de vez en cuando y más de alguna vez casi se ahoga en su propio llanto.

- Expelliarmus – gritó Tonks y la varita del padre de Millicent, fue a parar metros más allá

- Gra…gracias – musitó la muchacha casi sin respiración

- ¡Escoria inmunda! ¡Traidora! – Siseó su padre colérico - ¡Vergüenza de la familia!

- ¿Vergüenza? – dijo Millicent acercándose a él peligrosamente – la única vergüenza, es la que me haces pasar día a día con tus cosas de la sangre, somos mestizos, ni siquiera nuestras venas están completamente hechas de sangre limpia

- Somos poderosos ¡Una maldita familia poderosa! – chillaba el hombre ya rojo de la ira

El hombre se abalanzó sobre su hija, aprisionando su cuello entre sus manos, quitándole el aire vital y dejándola completamente roja, a causa del asfixiamiento. Millicent gimoteaba, buscando aire, buscando liberarse de su prisionero, le palmeaba el rostro, sus manos, intentando liberarse y conseguir seguir viviendo.

Tonks, presurosa trató de intervenir, golpeaba al hombre o trataba de soltar a la niña, pero nada funcionaba, no podía usar magia, por si ella salía lastimada.

Un rayo verde que se aproximaba la obligó a retroceder, el rayo golpeó la espalda del hombre, matándolo y haciéndolo caer al suelo, casi sobre su hija.

Millicent, miraba sin creer lo que veía, su padre, yacía ante sus pies, sin vida. Su madre, corría hasta abrazarla, con la varita tiritándole en la nerviosa mano derecha.

- ¿Ma…mamá? – Se escandalizó la chica - ¿Qué…hiciste?

- Tranquila nena, ya está todo bien – le decía la mujer, acariciándole el rostro

- ¿Se encargará usted? – preguntó Tonks impresionada

- Si, gracias –

Las dejó solas, ahora que la chica estaba con su madre, con su aprensiva madre, estaba segura que la señora podría protegerla, había matado a su esposo sólo por proteger a su hija, no aceptaba tal cosa, pero comprendía la desesperación.

Al llegar al pie de las escaleras que conducían al segundo piso, vio como Jack Daniells, bajaba un tanto aturdido, aún así, su varita era tan rápida como la de cualquier Auror entrenado. Llegó hasta él y le sostuvo el brazo.

- ¿Te hirieron? – inquirió preocupada

- No – musitó – por lo menos no los Mortífagos

- ¿Quién lo hizo? –

- Pansy –

- ¿Parkinson? – se extrañó

- Si, creo que quería, mantenerme fuera de la guerra – bufó tocándose la cabeza, aún le dolía

- ¿Por qué habría de hacer algo como eso? –

- Larga historia –

- Bien, quédate aquí, y trata de que no te maten – sonrió

- Me parece un buen plan –

Los dos voltearon en dirección a la lucha, y en ese preciso instante, vieron como Dolohov, desde la punta de su varita, concentraba el poder de su magia. Jack, abrió mucho los ojos, y tomando el brazo de Nymphadora, la arrojó al suelo en un segundo, con gran velocidad y la cubrió con su cuerpo.

Un rayo de luz púrpura los cegó a todos, para después ser seguida de un estruendo grandísimo. Los pedazos de muro, le golpeaban en la cabeza y extremidades a Jack, sólo estaba agradecido, de que su profesora de DCAO, fuera menuda y pudiera taparla completamente.

Poco a poco, levantaban su cabeza de las incomodas escaleras, y observaban el desastre que continuó a tal devastación. De sus pies, hasta la otra escalera de enfrente y el Lobby completo, había desaparecido.

Un gran hoyo ocupaba su lugar, lleno de escombros y cuerpos cubiertos de polvo, tosiendo por el ahora contaminado aire. Jack ayudó a Tonks a levantarse, mientras admiraban el lugar.

Dolohov, a la mitad del desastre, gimoteaba con dolor, y se afirmaba las costillas, por las cuales, a pesar del denso y gris aire, se vislumbraba salir mucha sangre.

Aurores lo rodearon inmediatamente, mientras otros Mortífagos, la mayoría heridos, dejaban caer sus varitas al suelo, rindiéndose a lo obvio. Tonks se aproximó al hombre y lo miró con mucha lastima.

- Idiota – farfulló con odio, limpiándose un hombro

- Si, cla…claro – rió el hombre, con los ojos desorientados

- ¿Algo que decir? – Tonks hizo una mueca de desagrado

- Muérete – le escupió a los pies

- Después de ti – musitó apuntándole con la varita

- ¿A dónde lo llevamos? – preguntó un recién graduado de la academia

- Déjenlos aquí, amarrados, comuníquese con el ministerio, pidan refuerzos para llevárselos a Azkaban – ordenó segura – nuestro trabajo, ha concluido

- Espere – intervino Jack - ¿Quién le enseñó tal hechizo?

- ¿Qué importa eso, señor Daniells? – inquirió la mujer

- Sólo dígame – instó al Mortífago

Antonin Dolohov, sonrió dificultosamente y rió en sus caras, para luego toser sangre sin quitar su asquerosa sonrisa de la maltratada cara. Comenzó a balancearse de atrás para adelante, sin querer contestar. Tonks, sin mucha paciencia ya, le golpeó las costillas haciéndolo gritar de dolor y haciendo temblar a los demás enemigos, a los que aún no querían dejar caer sus varitas al suelo. Cosa que logró después de ese grito.

- ¡Habla! – le gritó un Auror, dispuesto a continuar golpeando el lugar lastimado

- Mi…señor, se…lo…lo enseñó a Bellatrix – sonrió y una hilera de dientes ensangrentados se dieron paso – ella…amablemente…nos…nos lo enseñó a nosotros

- ¿Ella lo maneja? – indagó Jack, comenzando a desesperarse

- A…a…a la perfección –

La expresión de Jack, asustó a más de alguno en la habitación que trataba de ordenar a los nuevos prisioneros, lo miraron con una mezcla entre miedo e intriga, el chico aun no se decidía a abrir la boca.

- ¿Señor Daniells, qué pasa? – preguntó Tonks

- ¿Dónde están los demás, Pansy? –

- En… ¿Qué pasa? – ordenó ésta vez con firmeza

- Hay problemas –

- ¿De qué tipo? –

- ¿Dónde? En el camino le informo –

- Vamos –

Los dos salieron raudos hacía dónde Tonks creyó que ellos iban, estaba en lo correcto, con una vara larga, presiono al Sauce Boxeador, y entraron corriendo sin parar.

- ¿Me dirá, que pasa? –

- Ese hechizo profesora, es uno de los más peligrosos en las artes oscuras –

- ¿Qué tanto? –

- Tanto, que es más común un Crucio o un Imperio, éste hechizo, es destructor y para dominarlo, se debe tener mucha concentración y unos segundos, no como los demás que salen de inmediato – informaba al estilo Hermione, palabras sacadas de un libro – no sólo destruye lo que hay a tu alrededor, sino que, si no sabes como emplearlo…pues sucede lo que le pasó a ese Mortio, alguien con la suficiente habilidad, puede destruir…

- La Casa de lo Gritos – gimió Tonks

- Si –

- ¿Cómo es que sabes…? –

- Soy Prefecto, y leo en lugares que sólo algunos pueden –

Los dos llegaron a la trampilla que al atravesar los dejaría en el interior de la casa, después de regular sus respiraciones, entraron listos para buscar a Bellatrix.

* * *

Voldemort contorsionaba su varita, graciosamente entre sus dedos, mientras esperaba a ver si tenía suerte. Lamentaba en lo profundo de ese hueco que tenía por corazón el tener que matar a Hermione, pero era algo que tarde o temprano debía hacer. Más temprano pasó de lo que le hubiese gustado.

Suspiró cansinamente, cuando escuchó estallar la batalla en el cuarto contiguo, las dos mujeres, esas dos mujeres que le sirvieron fielmente, debían de estar intentando destrozarse para poder vivir.

Cerró los ojos fuertemente, y en Pársel, ordenó a Nagini que se escondiera entre los muros, la serpiente, obedientemente, se escabulló por un hueco en una de las paredes y se perdió entre los pisos.

Tom abrió lo ojos y sonrió, cuando un grito gutural escuchó salir de entre los labios de Bella.

Secretamente, deseaba con fervor, que Hermione ganara.

Más mientras, distraído en la escucha de la batalla de ellas, no se percato, del siseante llamado que alertó a su serpiente.

Nagini, tentada por la curiosidad, decidió acudir a ese llamado misterioso, se contorsionó de formas solo posibles para ella, hasta llegar al piso segundo, donde con su lengua bípeda, pudo olfatear a muchas personas, una de las cuales, olía muy bien.

Salió al pasillo, sorprendiendo al grupo de Harry y haciendo que éste callara de inmediato. Miraron a la serpiente, atenta y un tanto erguida, como buscando algo.

Rápidamente, todos se pusieron en acción, y Theo, quien lamentablemente tuvo que dejar de abrazar a Luna, para atacar, con una agilidad digna de su casa, saltó hacía el agujero por el cual había salido la serpiente, y con un Accio, un pequeño velador que vio cuando se perdieron, acudió a él.

Lo cubrió pobremente y le dejó sin escapatoria, aunque sabía que era algo momentáneo, prefirió hacerlo a quedarse de brazos cruzados.

La gran serpiente, seguía sin prestarles mucha atención a todos, aun no se percataba del peligro en el que sola que había metido, en el error que había cometido. Sólo miraba a Luna, que con los ojos cerrados, seguía tarareando.

Le atraía, algo de esa chica atraía a la serpiente, ella no comía gente y nunca mató a una persona después de que Voldemort, su señor, incluyera una parte de su alma en su escamoso cuerpo. Pero el aura pura de esa niña, le incitaba a clavar sus dientes en su pálido cuello, a retorcerse alrededor de su frágil cuerpo y disfrutar de la sensación de sus huesos al romperse.

Abrió la boca amenazante, en dirección a Luna, y fue ahí donde Theo casi quiso morir.

La serpiente, esquivando los alumnos y profesores, se lanzó en picada contra la rubia, intentando clavarle los colmillos, intentando sentir su piel que destilaba calor, enfriarse por su causa. La quería muerta.

Pansy, la más cerca de la rubia, se interpuso valientemente en el camino de la asquerosa y viscosa serpiente negra, impidiéndole el paso, pero eso no detuvo a Nagini, ella conseguiría lo que quería, a como de lugar. Pansy levantó su varita, y mentalmente, recitó el conjuro, mientras la serpiente, se venía sobre ella y Luna, la última, no dejaba de susurrar sin abrir los ojos, y antes de las dos caer al suelo, Pansy sintió el tibio cuerpo de alguien interponerse en su camino, luego, ella soltó el hechizo.

Todo había pasado tan rápido, que les daba vueltas la cabeza, se sentían mareados y algunos como Neville, tenían ganas de vomitar. Ginny, sin poder creer lo que vio luego de ese haz de luz verde, se acercó a la serpiente y pateándola, ésta se contorsionó, peligrosamente pero sin querer atacar.

George, con la ayuda de un palo de madera largo, apaleó a la serpiente sin piedad, y sin querer ver el cuerpo agonizante de él. Nagini, producto del Avada que le dejó gravemente herida y por los golpes que el pelirrojo le propinó, terminó en el suelo muerta, partida en dos.

Pansy, con sus ojos llorosos le entregaba a Luna a Theo, el cual le acariciaba las mejillas tratando de hacerla reaccionar, Luna no abrió sus ojos, pero se encargo de hacerle saber que todo marchaba bien.

- Tranquilo – le susurró sonriente, volviendo a su labor de tararear

La morena, dio vuelta el cuerpo de Fred, sosteniendo su cabeza entre sus piernas, y llorando por que de no ser por él, ella tendría esa fea marca de colmillos en su cuello.

- Una…una serpiente…llorar – musitó el chico, forzándose a hablar – nunca…creí ver eso

- Gracias – decía la morena entre lágrimas – Gracias, gracias, gracias, gracias

- Hermano – se hincó Ginny a un lado de su hermano – estarás bien

- Herma…hermanita – gimió – no llores…te ves…horrible

- Fred, tranquilo, te llevaremos a San Mungo, te pondrás bien, ya verás – le dijo Harry un tanto desesperado

- Cuídala – ordenó Fred a Harry, seriamente – Hermano

George, se acercó con las manos en los bolsillos. Lo miró sin interés, y levantó las cejas, exigiendo que hablara.

- Lo…lamento – sonrió Fred dificultosamente

- Y dices que Harry tiene complejo de héroe – escupió su gemelo

- Eso…creía yo –

George se arrodilló junto a él, suavizando su expresión y le tomó la mano a su hermano, como en los viejos tiempos. Sonrió y le besó la frente.

Ninguno de los demás, dijo algo, sólo miraban con lastima. ¿A cuántos más habrían de perder? ¿Qué otras familias quedarían destruidas? ¿Hasta qué punto Tom era capaz de llegar? Todas esas preguntas navegaban de mente en mente por los presentes.

Luna, con sus ojos oceánicos ojos ahora abiertos, dio un mensaje a Fred, que conmocionó a los presentes.

- ¿Puedes decirle a mamá, que le amo? – preguntó con su cabeza tiernamente ladeada

- Cla…ro – rió Fred - ¿Alguien…más…tie…tiene mensajes? – Levantó las cejas, a ninguno le hizo gracia ese mal chiste – George…hazte rico…por los dos…y com…cómprale una ca…cada a mamá

El pelirrojo asintió, y el susurro de Luna, continuó luego de su raro momento, pero lo que todos a continuación escucharon, les sorprendió hasta al mismo Fred.

- …y ocho dieciséis…- se escuchó como eco –…y ocho veinticuatro y ocho treinta y dosanimas benditas me arrodillo yo…

- Tengo una muñeca vestida de azul – continuó Luna, mientra buscaba el origen del otro sonido – zapatitos blancos y gorro de tul…

- …la llevé a pasear y se me constipó – se seguía escuchando – la tengo en la cama con un gran dolor

Luna llegó hasta una pared, en donde un metro de unos dos metros de ancho y de piso a techo, el color era más claro, cantando, estiró una mano y la misma, desapareció al atravesar el supuesto muro.

- …dos y dos son cuatro – cantaron las dos voces – cuatro y dos son seisseis y dos son ocho y ocho dieciséis

Luna les miró y todos entendieron de inmediato, muy a pesar, de que Ginny deseaba quedarse con el moribundo Fred, éste la instó para que fuera a patear traseros, la que no se movió, fue Pansy.

Los vio desaparecer por esa especie de portal, y escuchaba sus pasos subir una escalera, creía hasta el tercer piso. Pansy, siguió acariciando maternal y agradecidamente el cabello de Fred, hasta mucho después que éste exhalara su último aliento.

* * *

Respiraba de forma irregular, la batalla le estaba tomando más tiempo del necesario y por eso había tomado la drástica decisión, de utilizar los mismos hechizos que le había enseñado en contra de ella. Por eso era que ahora, Bellatrix Lestrange, gritaba dolorosamente y se afirmaba una pierna.

Un corte demasiado profundo para ser verdad, sangraba a borbotones en su sucia piel, ella no podía hacer más que sostenérsela por el dolor, mientras que Hermione le veía con lastima.

- ¡No me mires así! – le chilló eufórica

- No quiero matarte Bella, no a ti – gimió con pena – vete

- ¿Y traicionar a mi señor? – Rió - ¡Nunca!

- Eres tan fiel Bella… - musitó Hermione negando con la cabeza –…pero tan estúpida

- Cállate mocosa insolente – Bella se sostuvo en pie, a pesar del dolor – te enseñé a ser quien eres, malagradecida

- Lo agradezco Bella, aunque no se note – le apuntó con la varita – pero es tu vida o…

- O la tuya –

- Nadie nos extrañará Bella – informó – ni siquiera Tom

- No le llames así –

- Es su nombre cariño – se encogió de hombros – no le molestará cuando esté muerto

- No morirá pequeña perra – tiró su cabello hacia su espalda – es inmortal

- Con la ayuda de los Horrocruxes – asintió Hermione

- ¿Cómo lo…? – se interrumpió a si misma – estás jugando doble

- ¿Te gusta el ajedrez Bella? – inquirió Hermione

- Mocosa…-

- Moví mi alfil, mientras mi caballo recorría sin ser notado – le sonrió - ¿Buenísimo no?

- ¡Traidora! – gritó, por alguna razón, Bella se sentía herida

- Gracias – Hermione hizo una pequeña inclinación, junto con una sonrisa – pero no significa mucho viniendo de una persona, supuesta maestra y casi amiga, que ahora desea matarme

- Yo no traicioné a mi Lord – le acusó

- Pero si a mi –

- Eres insignificante comparada con el poder de Voldemort – graznó

- Tu también, no te las des de súper mujer, que eres igual que yo –

- Soy la reina –

- No aún Bella, y no esperes serlo –

Un rayo rojo salió disparado de la varita de Hermione, dándole en el pecho a Bellatrix, la misma que al contacto fuerte, se arrojó al piso chillando de dolor. Sentía millones de cuchillas atravesarle el cuerpo, un dolor increíble que no la dejaba respirar.

Hermione siguió Cruciándola, sin detenerse a escuchar sus ruegos, y si, lamentaba estarle haciendo tal cosa a ella, pero aún tenía la imagen de sus padres muertos grabada en la mente. Bellatrix era la asesina de sus padres, y era, aunque no quiso vengarse antes, lo haría ahora.

- Nos veremos en el infierno, Bellatrix – sonrió con dulzura y se preparó para el golpe final

- …ésta mañanita me dijo el doctor…que le dé jarabe con un tenedor…-

El canto proveniente, desde algún lado, la paralizó de inmediato, la respiración de Bella, se iba acompasando, mediante Hermione seguía oyendo la canción.

Esa voz, esa voz le era completamente familiar, Luna, era ella que cantaba esa canción que tanto le gustaba cuando niña, cerró los ojos inocentemente, e inspiró con profundidad.

Bella se levantó, ahogando sus quejidos, y antes de que la castaña pudiera reaccionar, blandió su varita con maestría y la estampó contra la pared más próxima.

Se acercó a ella tambaleante, Hermione se tomaba la cabeza, por su distracción el golpe fue demasiado duro, se sentía mareada, fue todo demasiado repentino.

Bellatrix se agachó a su altura, y con un movimiento de mano, le abrió la oscura capa que llevaba, sonrió con el odio impregnado en cada uno de sus gestos y expresiones, ladeó la cabeza tétricamente y aprovechó que ella estaba aun desorientada, para presionar su varita, en la costilla izquierda de Hermione.

- ¿Recuerdas…- dijo suavemente - …cuando te entrené? – preguntó, Hermione sólo le mirada – siempre, que te enseñaba algo nuevo, habían algunas veces, que te acariciabas éste lado en especial…ahora sé por qué. Mi primera visita a tu casa ¿No es así? Fue ahí donde te heriste, pero siempre y tan obstinada, crees que fui yo quien te lastimó

- Si no hubieras…estado allí – le espetó con rudeza – no tendría ésta cicatriz, saca cuentas

- Llevas razón, me gusta la idea de adjudicarme tu dolor – lamió sus labios – se siente bien

Era el turno de Hermione para gritar ésta vez, la presión que Bellatrix ejercía sobre su costilla, no dolía externamente, sólo era molesto. Lo realmente doloroso, e increíble por demás, era que por dentro, sentía como se rasgaban los músculos y la piel, como si nunca esa herida hubiera sanado, como si nunca se sellara por fin.

Tomó el cuello de Letrange en su mano desocupada, y comenzó a ejercer presión, la mujer, solo le miraba mientras que se ponía roja, por la falta de aire, y no sacaba esa desagradable sonrisa de su rostro.

- Muere –

Y tras pronunciar esa palabra, Bella logró traspasar la barrera de la piel y su varita, brutalmente, ingresó al cuerpo de Hermione. Mucha sangre comenzó a salir, sangre que se mezclaba perfectamente con la de Bella, sangre desperdiciada con la cual Hermione iba perdiendo su color de piel, y debía de luchar por mantener sus ojos abiertos. Su mano, la que aprisionaba el cuello de su otrota maestra, cedía con la continua presión que ejercía Bellatrix, que ahora, giraba su varita dentro de ella, con todo el afán de verla desangrar.

Hermione perdía el conocimiento poco a poco, y Bella también, por la falta de aire y sangre, tosió y eso le causo un dolor increíble, pero pudo soportarlo. Ya iba cerrando los ojos, cuanto el canto de nuevo la invadió.

-…dos y dos con cuatro…-

Hermione, con fuerza sacada de sus ganas de vivir, soltó definitivamente el cuello de Bella y su mano, fue a parar a la pierna herida de la mujer, sus dedos, aprisionaron la piel abierta y se enterraron en cuanto tuvo la oportunidad. Bella contuvo el grito por un tiempo, pero de nada le sirvió, la varita de Hermione se posesionó en el pecho de ella, y un Depulso, le envió al otro lado de la habitación, justo a un lado del enorme ventanal frontal.

- …cuatro y dos son seis…seis y dos son ocho…-

La castaña se miró su mano ensangrentada y sin darle la mayor importancia, se sostuvo su costado, aún adolorido.

- …Y ocho dieciséis…y ocho veinticuatro…y ocho treinta y dos – cantó – animas benditas me arrodillo yo…

- ¿Qué haces? – gimió Bella

- …tengo una muñeca vestida de azul…- seguía Luna - …zapatitos blancos y gorro de tul…

- Canto, ¿Qué no oyes? – Se burló –…la saqué a paseo y se me constipó…la tengo en la cama con un gran dolor

- Estúpida loca – chilló Bella, sosteniéndose la pierna

- "Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis – continuaron las dos – seis y dos son ocho…y ocho dieciséis"

Hermione se calló, y comenzó a reír, Luna si que era imaginativa, la verdad, es que ella nunca pensó en tener que verla en la batalla, ese hechizo camuflado, era exactamente para prohibir que se acercaran a Voldemort, pero sólo engañaba a la vista, no al oído. Muy inteligente Luna, por algo era de Ravenclaw.

- Moriremos – musitó entre risas

- Estás loca niña – escupió Bella - ¿Dime qué has hecho?

- Ya vienen –

- ¿Los trajiste hasta aquí? – Bufó – eres una tonta, no pasarán de aquí y descubrirán tu secretito

- No me importa – sonrió mientras de sus ojos salían lágrimas – ya…no importa

* * *

Luna se topó cara a cara con Lucius Malfoy e hijo, estaban en el ancho pasillo que daba a la antesala de la habitación de Voldemort, Draco, estaba bien cerca de las puertas de madera y su ceño estaba totalmente fruncido.

Los dos Malfoy, habían escuchado esa extraña transmisión de la canción de niños, entre Hermione y Luna, muy a pesar para Draco, éste no podía moverse de su lugar y tuvo que contener sus ganas de entrar a la habitación y ver con sus propios ojos, que Hermione estaba bien. Temblaba de ira cada vez que la escuchaba gritar, pero después de la canción, no había seguido escuchando su voz.

Lucius se interpuso en el camino del grupo, desafiante y dándoles a entender que no pasarían de ese punto.

Remus, como buen defensor, se puso a la cabeza de los demás, como escudo, y levantó su varita, listo para defender.

- Veo que lograron llegar – siseó Lucius, sacando su varita del bastón

- ¿Qué le hace pensar eso? – Se burló Ginny - ¿El hecho de que estamos aquí?

- Te crees graciosa – dijo él sin inmutarse – morirás divertida

- Eso ya lo veremos – rugió y todos enlistaron sus varitas

Entre tanto hechizo que siguió Lucius se dio cuenta, de que su hijo no estaba cooperando, sólo estaba parado cerca de él, con la varita levantada pero sin enviar ningún hechizo.

- ¡¿Qué rayos crees que haces?!– demandó furioso

- Ahora juegas solo, padre –

El hombre gritó colérico, pero no dejó de enviar hechizos, era más que obvio que Lucius no estaba nada oxidado y era un obstáculo para todos. Luna, trató de pasar entre sus amigos, y rebasar a Lucius, éste, al ver las intenciones de la rubia, se abalanzó sobre ella y trató de impedirle el paso.

Draco, lo tumbó contra la pared y se posesionó delante de Lovegood, protegiéndola, él, sentía que si no podía hacer nada para cuidar de Hermione, por lo menos tenia la posibilidad de hacer algo por salvar a quienes ella amaba, y sabía muy bien el aprecio que le tenía a la muchacha.

- Gracias – musitó Luna distraídamente y mirando hacía las puertas del fondo - ¿Allí está?

- Si –

Luna corrió en esa dirección, mientras que los demás le seguían, Lucius se levantó de un salto, y aturdió al pobre de Neville.

- Vayan por Hermione y Voldemort – dijo Remus – me quedaré

- Pero…- protestó Harry

- ¡Harry! – Le gritó duramente – no es momento, esto debe terminar ya

El moreno sólo asintió y en cuanto alcanzó a Luna, ésta, ya abría la habitación.

Adentro, Bellatrix se arrastraba hasta estar muy cerca de Hermione, la miraba con la misma lástima que le era recibida, Hermione se afirmaba las costillas, penosamente media tirada en el piso, medio a levantar.

Se sonrieron mutuamente, cada una igual de loca que la otra.

- ¿Nos matamos mutuamente? – preguntó Bella

- La verdad, es que tengo otros planes – rió Hermione

- ¿Vivir? – graznó

- Exacto, ¿te gusta el nombre Evangeline? Me lo pondré en cuanto todo esto termine –

- Es nombre de perra – aceptó la morena – pero te queda

- Gracias, es lo más dulce que me han dicho –

- Lastima que no lo usarás – la tomó por un pie, sorprendiéndola – morirás mucho antes que eso

La puerta, se abrió de golpe, dejando entrar al grupo de Harry. Se detuvieron en cuanto vieron a Hermione, casi moribunda a merced de Lestrange, respirando dificultosamente. Draco, que se unía al grupo, palideció al ver a la castaña en ese estado, e intentó acercársele, pero se detuvo al instante.

- Yo que tú – dijo Bella – no lo intentaría sobrinito

- ¡Suéltala, maldita loca! – gritó Ginny

- Que amigazos que tienes, querida – sonrió la morena – me pregunto si saben lo que escondes, detrás de esa carita de sabelotodo

- Sabes la respuesta a eso querida Bella –

Las palabras de Hermione, cayeron como un balde de agua fría a todos los que estaban allí, se sumieron en un silencio, que sólo era interrumpido por la lucha de Remus y Lucius, allá afuera.

- ¿Qué cosas dices? – indagó Ron, avanzando con valor algunos pasos

- Eh, eh, eh – advirtió – no te acerques comadreja – siseó la mujer – otro idiota más, que quiere probar de lo que escondes en tus pantaletas Hermione, estás arrasando

- Cierra la boca – le espetó ella con un cierto grado de aburrimiento

- Déjala ir – ordenó Potter – o si no…

- ¿O si no qué? – Provocó Bella - ¿Me matarás? Que miedo, atrévete, y moriré junto con Hermione

- ¡No pronuncie su nombre, vieja loca! – rugieron Ron y George al mismo tiempo

- Yo que ustedes – susurró Hermione – no le diría vieja, es algo susceptible con respecto a eso

- ¿Por qué…por qué hablas…como si la conocieras, Hermione? – preguntó Ginny, temerosa de la respuesta

- Hemos compartido muchos meses, ya casi iba ser un año ¿No querida? – sonrió Bella

Hermione sólo rodó los ojos, y Ginny, se llevó las manos a la boca. Minerva, al comprender que la pelirroja fue la primera en entender de qué trataba la cosa, intentó acelerar el proceso, necesitaban salir ya de ahí, después de matar a Voldemort claro está.

- Ven para acá Hermione – le pidió adelantando al grupo

- Quisiera hacerlo, profesora – sonrió – pero creo que ésta estúpida casi me perfora el pulmón, y he perdido mucha sangre

- ¡Divino! – exclamó Lestrange

Draco, intentó acercarse nuevamente, pero Bellatrix, sacando habilidad, de ese periodo de seudo descanso, tiró del pie que tenía preso de Hermione, y la jaló, dejándola frente a ella, y pasándole un brazo por el cuello, la otra mano, la de la varita, tenía la misma, apuntándole directo al corazón.

Sonrió malignamente, mientras Hermione trataba infructuosamente de zafarse, hizo contacto con los ojos azules de Luna y le susurró con dulzura.

- Vete –

- No – negó la rubia – no sin ti

- No te estoy preguntando Luna, dijiste que siempre harías todo por ayudarme, sin cuestionar, sin preguntas, es hora de que sigas cumpliendo, confía en mi – musitaba mientras lagrimas salían de sus ojos chocolate – vete

- Hermione…-

- Theo – interrumpió la castaña – llévatela

- No lo ha…-

- ¡HAZLO! – Gritó furiosa – no me hagas cruciarte

Theo se pasó una mano por su cabello, revolviéndolo más de lo habitual, estaba en una encrucijada, no deseaba dejar a Hermione, pero temía que a Luna le pasara algo con lo despistada que era. Suspiró sonoramente, tomando una decisión, se llevaría a Luna, y una vez ella segura, volvería si era necesario.

- Vamos – informó tomando el brazo de su novia – pero Hermione, escúchame bien, no puedes morir ¿entendido? Si lo haces, iré al infierno, y te reviviré sólo para matarte de nuevo

- Hecho –

Theo se llevó a la rubia, después de que ésta le dedicó una hermosa sonrisa, Bellatrix, mientras que todo ese show pasaba, movía su pierna buena, muy aburrida, y cuando el silencio se hizo latente, lo rompió adjudicándose otra locura.

- ¿Ah? ¿Ya terminó la cursilería? – Fingió sorpresa – pues sigamos ¿En qué íbamos? Cierto, decía yo, que nos conocemos mucho las dos, tenemos varias cosas en común

- Suéltala – insistió Harry apuntándola

- Si, de inmediato – rió Bella - ¿acaso no deseas saber por qué?

- Sólo deseo que tus asquerosas manos, dejen de tocarla –

- Había una vez – comenzó Bella, sin hacerle caso – una inteligente muchacha, que quería ser tomada en cuenta, y para lograrlo, se unió a la elite de elite, a los Mortífagos

- ¿Qué estupideces dices? – preguntó George

- Ésta estupidez –

Bella, sacó de la tunica de Hermione, su máscara plateada, esa que no tenía necesidad de ponerse, ya que pensó que ellos no llegarían tan lejos, su plan siempre había sido, despejar el lugar, matar a Bella, y seguir con Tom, que egoísta y tonta había sido, tratando de abarcarlo todo.

La arrojó a lo pies de los presentes, que miraban con los ojos muy abiertos, a excepción de Minerva, Draco, sólo los tenía abiertos de miedo, no quería que su Hermione tuviera problemas.

Harry se acercó a la máscara y la levantó del suelo entre sus manos, la examinó meticulosamente, como descubriendo algo fascinante en ella, sus ojos, sin demostrara emoción alguna, y sin levantarlos, preguntó.

- ¿Es tuya? –

- Si – respondió Bella

- No te pregunto a ti – ésta vez la fulminó con la mirada y luego la posó en Hermione – responde

- Si – dijo la castaña

- ¡No! – exclamó Ron

- ¡Que bien! – Se emocionó Bella – esto promete

Y para agregarle un condimento más a su ya desabrida ensalada, Bellatrix rasgó la tunica de Hermione, quien al estar tan debilitada, sólo se lo permitió. La mujer, levantó la manga de su brazo de derecho y todos al ver, que nada había en el, respiraron aliviados.

- OH no, por Salazar, aquí viene lo mejor – acotó la Mortífaga

Con la varita en su mismo antebrazo, aprisionó con fuerza su marca tenebrosa, la misma, que en el brazo de Hermione, comenzaba a aparecer. Como tinta de pronto arrojada a su brazo, era como si la piel la absorbiera en lugares estratégicos, tinta de diversos colores, que después de lo que les pareció una eternidad, dio forma a la marca.

George, se dio media vuelta y caminó hacía la puerta, con las manos en los bolsillos, se quedó en esa posición, no quería verla, no quería, simplemente no. Ginny corroboró sus sospechas y la miró con odio y lástima, mientra negaba con la cabeza. Ron, se ponía cada vez más rojo, tal vez era por que había olvidado cómo volver a respirar.

Harry, el más impactado y con el corazón hecho trizas, fue el único que reaccionó ante tal descubrimiento, y lo que hizo, le sorprendió hasta a él mismo.

Un hechizo no verbal, salió de su varita y le dio de lleno en la cara a Bella, arrojándola por segunda vez, al otro lado, pero en ésta ocasión en sentido contrario al de antes, de la pared. Hermione, que estaba demasiado cerca, recibió un poco de impactó del hechizo y rebotó contra el lado derecho del lugar, quedando en una posición bastante anormal.

- ¿Qué rayos? – siseó Malfoy avanzando hasta ella y en el trayecto, golpeando con su hombro el de Harry

- ¿Ahora qué? – Gritó Ginny llorando, histérica - ¿Me dirás que te eres su novio y protector, mientras duermes con ella?

Touché

Draco, que ya había llegado al lado de Hermione, la miró con dureza, y sin responderle, le dejó todo más que claro.

- ¿Sabes Harry? – gimoteó ella, caminando hacía la puerta que daría paso a Voldemort – creo que la Hermione por la que vinimos acá, no está, sigamos

Todos la siguieron, sin siquiera mirarla, sólo Minerva, se acercó a ella, y la descubrió siendo sostenida por Malfoy y con una tierna sonrisa en los labios.

- ¿Se encuentra bien señorita Granger? – preguntó un tanto alterada

- He…tenido mejores…días –

- No se preocupe, la llevaremos a San Mungo de inmediato –

- No lo creo –

El increíble siseo de Bellatrix, se volvió a escuchar, la mujer, parecía gato de tantas vidas que tenía, por eso era que Voldemort, la quería a su lado. Minerva, se enderezó y la encontró, apoyada precariamente en la pared, con la varita ya encendida con una luz verde, se interpuso en el camino de ella y su alumna, y atacó lo más rápido que pudo.

Tonks y Remus, entraron en el cuarto, la primera, un tanto más agitada que su hombre, por la carrera interminable que tuvo que hacer. En cuanto había logrado subir con Jack, se encontraron con la imagen terrible de Pansy y Fred en sus piernas, Jack, se había quedado con ella para ayudarle a llevarlo a San Mungo o dónde fuera. Lo más seguro, era que ya no estuvieran en la casa de los gritos.

Y en cuanto subió por esa especie de portal, el cual Pansy le dijo que atravesara, se había topado con la espalda de Lucius y para no perder más tiempo, sólo lo había noqueado sorprendiendo de paso, a Remus.

Remus, abrió los ojos impresionado, el cuerpo de la directora de Hogwarts caía inerte en los impresionados brazos de Draco, mientras que Bella, era sepultada bajo los escombros que ocasionó el hechizo de Mcgonagall, Hermione, que empezaba a entrar en razón, tomó a su profesora de la mano y agachó su cabeza hasta su pecho, escuchando sólo un infinito vacío, luego, su llanto se hacía demasiado desgarrador, al tener las costillas lastimadas, sus lamentos, salían también acompañados de quejidos.

Play 1

Harry golpeó la puerta de madera frente a él, con su puño y continuó repitiéndose las palabras de Remus en la cabeza, "No era momento, debía acabar ya con esto". Abrió la puerta, ante la mirada inquisidora de Hermione y entró, junto con los demás, listos para saludar a Lord Voldemort.

Hermione escuchaba a Tonks acercársele, la escuchaba gemir, y tratar de abalanzarse sobre ella en cuanto vio la marca en su brazo, la vio ser detenida por Remus, mientras él movía sus labios, todo, en un completo estupor.

Se había sentido tan aliviada cuando todos supieron lo que era, cuando se había sacado su máscara, que no pensó en las repercusiones de sus actos, si Minerva no se hubiera acercado a ella, la muerta sería otra persona.

La casa de los gritos, tambaleaba con la pelea en la otra habitación, no sabía cuándo había empezado, pero la luminosidad que llegaba entre hechizos, le daban a entender eso, aún era de madrugada, pronto vendría el alba.

La conversación comenzaba a volver a ser clara para ella, vio como Draco, levantaba a Minerva con un hechizo y le decía que volvería pronto a por ella, Hermione sólo asintió. Lo vio perderse por donde vinieron junto con Tonks, seguramente ella iba para sacar a Neville y Lucius que estaban inconcientes.

- ¿Estarás bien? – Preguntó Remus – quédate aquí ¿de acuerdo?

- No tengo dónde ir – gimió y le otorgó una media sonrisa

- Siempre hay un lugar, debes buscarlo –

Remus le besó la frente, dejándola apoyada en el muro, como una muñeca de trapo.

Comenzó a mecerse, cantando en su mente, la canción de niños que compartió con Luna, se sentía vacía por alguna razón, tenía un mal gusto en la boca, y no era sólo por la sangre de su labio partido, sino que presentía una tragedia.

No supo cuánto tiempo pasó, pero trató de incorporarse, y lo logró. Con mucha dificultad, se acercó a la habitación, para ver de qué iba la cosa, y no hubo mejor momento para llegar.

La mayoría, estaban lastimados y afirmando alguna parte de su cuerpo, sosteniéndose entre si, incluyendo a Remus, Harry seguía de pie, con una mirada de lástima, viendo a Tom, arrodillado a unos metros de él. Hermione le sonrió, cuando Voldemort conectó su mirada con la de ella, y se encogió de hombros.

Dos rayos de luz verde, impactaron el cuerpo de Tom Riddle, Harry, miró hacia la entrada, y allí, con la varita alzada y las mejillas húmedas por el llanto, estaba Hermione, que no despegaba sus ojos de Voldemort.

Y por fin todo terminó.

Y muy a pesar de que le dolía el haber ayudado a matarlo, ahora ella podría conseguir su sueño de llamarse Evangeline. Hermione se acercó al cuerpo de Tom, seguramente, ya a estas alturas, todas las marcas tenebrosas les estarían ardiendo por la perdida de su señor, la de ella, sólo se contorsionaba furiosamente. Se agachó y cerró sus ojos con la mano, despidiendo a quien fue por un momento, su pilar y mentor, pero para ser sincera con ella misma, también le odió, por querer eliminarla del mapa.

Rápidamente, Remus, sacó a todos del lugar, era una casa inestable ahora, que había soportado tanta lucha por demasiado tiempo, la casa crujía y se agrietaba en todas partes, dándoles la sensación de muchos monstruos rugiendo por comida. Pero tan rápidamente salió, que no se percató, de que Hermione no les seguía.

Se toparon con Draco, a la salida de la casa, afuera en el jardín, una centena de personas andaban de un lado a otro, conteniendo a los Mortífagos que no deseaban ir a Azkaban, otros desapareciendo con heridos y creando trasladores para llevarlos a San Mungo. Kingsley, daba órdenes por doquier, sin importarle en lo más mínimo, que no tuviera la autoridad del ministro.

- ¿Dónde está Hermione? – inquirió al no verla con ellos

- Está…- dijo Remus volviendo a mirar a todos – OH por Merlín

Draco entró raudo en la casa, Remus, queriendo seguirle, fue interceptado por unos cuantos Aurores, que le decían que la casa en cualquier momento se derrumbaría, tuvo que quedarse afuera a esperar, y se arrojó de rodillas al suelo, culpándose por ser tan idiota.

Hermione había logrado, nada, estaba en el gran ventanal, que daba hacía el frente, veía a Harry se atendido, a Ron, a Ginny, a todos, los veía despreocupados, y entre la multitud, vislumbró a Tonks, abrazando a un Remus abatido y tirado en la hierba.

La casa crujió, y ésta vez, las murallas se agrietaron más, y el techo comenzó a caer peligrosamente cerca suyo, se apretó más a la ventana, sosteniendo fuertemente esa varita que le daba un poco de confianza, por lo menos moriría, con una fiel amiga.

- Hermione – escuchó y volteó vertiginosamente su rostro

Ahí, Draco, estaba en el umbral de la puerta, con la respiración agitada y con cara de preocupación, un estruendo más, les hizo volver a aferrarse de algo sólido, y el piso cerca de los pies de Hermione, cedió.

Un gran agujero, ahora les separaba y éste, se agrandaba mientras la casona tiritaba, Draco, intentó acercarse a ella, rodeando la abertura, pero sus pasos, a medida que avanzaba, iban dejando un gran hoyo también, pero atrás de él.

Draco le sonrió a Hermione, y sacó su varita de la tunica que llevaba, la apuntó y Hermione negó con la cabeza, él no haría eso ¿verdad?, ¿verdad?

- ¿Draco, qué haces? –

- Dile a mi madre…-

- No, no, no –

- Que la amo y…-

- Espera, encontraremos la solución para salir, escucha, no seas estúpido –

- Yo…te amo Hermione – sonrió, mientras ella abría los ojos – esto dolerá…Depulso

Remus, abajo aún, escuchó como los vidrios se rompían, y como el cuerpo de Hermione, salía despedido violentamente del lugar, corrió hacía ella, mientras la veía descender y llegar al piso, pudo detenerla para que dejara de rodar y la abrazó con mucha firmeza.

La casa, se derrumbó a sus ojos, y un "Draco" escapando de los labios de Hermione fue lo último que se escuchó esa noche.

* * *

Play 2

Hermione no deseaba abrir los ojos, a pesar, de que estaba conciente todo el día, escuchando las últimas de Rita, y los chismorreos de muchas de las enfermeras.

Supo, que pronto sería el funeral de Minerva, de Snape, Fred, Colin, de Padma Patil, de Ojo loco, de la abuela de Neville, del padre de Nott, del de Millicent y los papás de Parkinson. Muchos más habían muerto, se realizaría un funeral masivo, con el permiso del nuevo ministro; Kingsley.

Él, la iba a visitar, cada mañana y noche, de esos dos días que llevaba en el hospital, pero ella, tan testadura, no quiso hablarle, no hablaba con nadie, ni con sus amigos.

Recordó cuando Ginny y los demás fueron a visitarla. Un completo desastre. Todos ellos, bueno, la mayoría, estaban enojados con ella, por ocultarle tal información. Esa, fue la única vez que abrió los ojos.

"- Sé que estás despierta, abre los ojos – ordenó Ginny

- Déjala ya Ginny – escuchó decir a Luna

- No – chilló - ¿Qué no ves, que nos debe explicaciones? Mi hermano murió, la mayoría de nosotros estamos heridos y ella ahí, tan campal, sin inmutarse

Ahí fue cuando Hermione abrió los ojos.

- Hola, bella durmiente traidora – ironizó la pelirroja

- Si quisiera sarcasmo, lo pediría – dijo la castaña

- ¿Dime, te divertiste viéndonos ser heridos? – espetó ella

- No –

- ¿Y te pareció una buena idea, traicionarnos de esa manera? –

- Era la única que se me ocurrió – Hermione se sentó en la cama, sintiendo cada herida punzarle de dolor

- Eres una…una…-

- Escúpelo ya Ginevra – le instó la castaña

- ¡Una maldita escoria! –

Ginny se acercó a Hermione, y de una bofetada, le volteó la cara. Hermione no hizo nada, sólo la dejó desahogarse como más le complaciera.

Luna, no lo soportó más. Soltó la mano de Theo, y posesionándose frente a Ginny, le devolvió el golpe, sorprendiéndolos a todos, no sólo por la acción, sino también por las lágrimas que emanaban de sus ojos.

- Basta ya – rogó – basta de lastimarse mutuamente

- Tu no entiendes Luna – interfirió Ron – perdimos a nuestro hermano

- Hermione perdió a sus padres – informó la rubia, mirando a Hermione – lo sé, siempre lo supe, cuando me dijiste que vendiera tu casa, lo intuí, y lo corroboré después

Ella no dijo nada, no abrió la boca, a pesar de lo impactada que estaba, Luna esa demasiado especial en ese momento y su cerebro no pudo procesar la información, o tal vez no quiso.

Ginevra, miraba a Hermione, acostarse de nuevo y cerrar los ojos, se veía muy pacifica, pero el aura de tristeza que emanaba, la golpeaba dolorosamente, y no la dejaba estar tranquila. La pelirroja estaba destruida por dentro, no sólo habían perdido a un hermano y gran parte de su familia esta herida, sino que también, ahora sabía que su mejor amiga, había formado parte de la oposición.

Todos se fueron de la habitación, Luna los siguió después de acariciarle la mano a la castaña. Hermione, poco a poco se iba entrando en la inconsciencia, pero salió de el, cuando sintió a alguien cerca de ella.

Un cuerpo tibio, se ciñó sobre ella, abrazándola, sin abrir los ojos, distinguió el aroma dulce de Harry, ese aroma a hermano menor, que necesita de consuelo.

- Lo lamento – le susurró al oído y le besó la frene para luego dejarla descansar

Las pocas lágrimas que derramó Hermione ese día, fueron las únicas que se pudo permitir."

Más personas habían ido a visitarla, Narcissa una de ellas, pero no le habló, su perfume caro la delató, y a pesar de que sentía que debía darle explicaciones, no quiso abrir los ojos. No sólo la luz del día la lastimaba, sino también ver todo tan blanco.

No recibió alimento en esos casi dos días, necesitaba despejarse y no podía hacerlo de ninguna manera. Un plan para desaparecer, tomaba forma en su cerebro, se iría, no terminaría la escuela, no ahora que Minerva no estaba para dirigirla.

Se iría a Miami, a Marruecos, a algún lado muy lejano o tal vez iría a vivir con pingüinos, no era mala idea. Se volteó en la cama y se dispuso a dormir, dormía cada pocas horas y unos minutos, tenía el sueño completamente alterado.

Por lo menos, le quedaba la linda habilidad de soñar y siempre que lo hacía, era con Draco.

La noche, cayó sobre ella, en esa habitación tan vacía, muchos pacientes, habían pasado por aquel lugar, pero ninguno con nada notablemente grave, así que prácticamente, estaba sola. Remus, había ido a verla junto con Tonks, unas horas antes, pero como siempre, no les habló. Escuchó decirle a Tonks, que después no alegara por que nadie se lo dijo.

Ella no entendía que era eso, pero Remus se encargó de decirle, que deseaban llevarla a juicio, y poco le importó, tal vez Azkaban era mejor idea que Marruecos. También le susurró, que Kingsley había intercedido por ella, que técnicamente, había amenazado con quitarles autoridad a todos si se negaban, dando por conclusión, el perdón.

Pansy y Theo, también fueron perdonados, y Blaise, esperaba por su juicio, algunos de los Mortífagos, como Lucius, fueron inmediatamente presos, sin oportunidad de apelar.

Draco, él también había sido perdonado. Remus y Kingsley se habían encargado de ello. De limpiar su nombre.

- ¿Estás dormida? – preguntaron cerca de su cama

- Debería – musitó ella, hablando por alguna razón

- Me dijeron que no querías hablar, pero veo que no tienes problemas –

- Yo también creí no querer hablar –

- ¿No te lo dijeron, verdad? –

- Decirme qué –

- Que estoy vivo –

Hermione se sentó en la cama, y con el corazón latiéndole furioso, vio a Draco, sentado en una silla de ruedas, con vendajes en la cabeza y una bata horrible, blanca.

- Hola – musitó ella, tratando de levantarse

- No – le atajó yendo hacía ella – estas con las costillas fracturados, ni sé como puedes levantarte

- Soy fuerte –

- Si lo fueras, no te negarías a comer – levantó una ceja - ¿Qué es eso de no querer comer?

- Te creí muerto – le regañó

- ¿Aún te importo, cierto? –

La castaña sonrió, y apoyó su espalda en el respaldo de la camilla, suspiró y cerró los ojos. Sintió como él le tomaba la muñeca y le abrochaba algo en ella. Abrió los ojos, y levantó la mano, para verse el objeto, sonrió complacida al leer los Dijes, eran hermosos.

- Es extraño ¿sabes? – dijo ella, mirando al techo – creí que cuando te viera, si es que vivías, me lanzaría a ti, y te comería a besos

- ¿A qué esperas? – rió Draco

- No lo sé – suspiró – no me parece real

- Lo es – se puso serio – creo que siempre lo supiste, sabías que no moriría

- Tal vez –

- ¿Y? –

- Draco…si, me gustas, pero lo que pasó con Astoria…-

- Empecemos de nuevo ¿quieres? – Interrumpió él – perdí años de mi vida tratándote mal, no quiero seguir haciéndolo

- De acuerdo –

- Hola – sonrió Draco – mi nombre es Draco Malfoy, estoy internado y con una pierna rota

- Hola, Hermione Granger, costillas fracturadas –

Los dos, rieron y ya cuando el sol comenzaba a salir, eran buscados por todos las enfermeras del hospital, ellos, estaban en la cafetería, Hermione, tomaba un café.

* * *

¡The End!


Cualquier duda, cualquier insulto, pulla, tomates, crucios, enviarlos por vociferador, en caso de Avadas, envíenlos a la casa de Bam.

Disculpen la demora.

Besos.

Aniia, la chica loca, en busca de la verdad.