¡Regresé!, ya terminé el epílogo, obvio, por eso es que colgué el capítulo. En fin, saben como soy, desvarío algunas veces y espero que les guste como lo dejé. No es largo como algunos otros que creé, pero quedo bastante satisfecha con lo que hice, espero no me asesinen.

Viene con banda sonora. Ya saben qué hacer.

*Play 1 - Ryan Adams - Desire (http:// www. youtube. com/ watch?v=9XcJpzQuB80)

*Play 2 - Edwina Hayes - Feels Like Home (http:// www. youtube. com/ watch?v=cSlrZI84n6s&feature=related) No la escucharán completa, ya que sólo está para un pequeño fragmento, pero escúchenla entera, es muy bella.

Besos y espero, no decepcionarles, ahora, a leer.


- ¿Divertido no? –

El viento mecía su cabello, ya más largo, de una manera pausada e intermitente, cada uno de esos roces de sus cabellos en su desnudo cuello, le mandaban miles de ínfimas descargas que deseaban hacerla reír, sólo una pequeña sonrisa adornaba su pálido rostro, sin gracia, sin vida.

Poco a poco, fue descansando su cabeza en el helado césped, el sol se abría paso, sin que se enterara y los pájaros cantaban, tentándola a dormir.

Alzó su mano, hacía esas bellas flores blancas, cortesía de Narcissa, las acarició con parsimonia, con sutileza y dulzura. Una lágrima, una más, brotó de sus ojos, y cayó sobre la hermosa flor, perlándola y haciéndola brillar a la luz del sol.

- Fue un desastre, pero ya no – susurró al viento

Siguió sonriendo, de manera muy ficticia, y sin sentirlo realmente. Creía fervientemente, que cuando estuviera en ese lugar, nunca podría hacerlo con sinceridad, y eso le lastimaba el corazón, pero comprendía el por qué.

No era quien se suponía que fuera, había cambiado en tan poco tiempo, que ya sólo le quedaba sentirse bien con lo que había conseguido. Pero no era tan malo como sonaba, claro que no.

Hermione se levantó del césped, lanzó dos besos a las lapidas de sus padres y giró, para no volver, no por lo menos en un buen tiempo. Durante el transcurso de la mañana, les había relatado, todo lo que le aconteció en los últimos años, y a pesar de intuir que ellos la estarían viendo, quiso que se enteraran de sus propios labios.

Esos cuatro años que pasaron, fueron tan vertiginosos como irreales, cuatro años en los que su vida, fue tan cuento de hadas, que ni siquiera podía creérselo.

Hogwarts no cerró, Minerva se encargó, de que así fuera, antes de morir, dejó a cargo a Remus, en una especie de testamento, bien poco legal. Nadie tuvo el valor suficiente, de negarle el poder de acceder a mantener abierta la escuela, con la ayuda de Tonks y el nuevo electo ministro Kingsley, nadie se interpuso.

La castaña volvió allí, a pesar de las miles de miradas y de los constantes comentarios ácidos de Lavender, que pararon cuando Theo gentilmente le tiñó el pelo de azul, "Del color de tus ojos, Luna" le había dicho a la misma, cuando ésta la retó.

Terminó la escuela, bajo la dirección de Remus, y el excelente trabajo que hacia su profesor William Doyle, un hombre sin límite de energía, que acopló su horario, para también dar Transformaciones. La primera de su clase y año, salió con honores, y con un cupo directo, a la escuela de Aurores.

No deseaba tomarlo, no creía en eso de la redención cuando Molly se lo hizo notar, no tenía de que arrepentirse, se lo hizo saber de inmediato, de la forma mas amable que consiguió.

Por alguna razón, lo tomó de todas formas, junto con Theo y Draco, y lo terminó, no como de las mejores, pero lo hizo. Theo, fue el mejor en sigilo y acecho, un experto en escabullirse y pasar desapercibido. Hermione, en negociar y planear ataques desde la base, un gran ingenio. Draco, a él le fue bien en todo, en cada una de las materias, era un Auror en potencia, y si Alastor siguiera vivo, tendría que comerse la lengua y admitir que en años, Draco surgió como la mejor adquisición.

Cuatro años que para ella, parecieron esfumársele de las manos.

Harry acudió junto con ella a la escuela, Ron también, pero al ser una carrera tan difícil, se atrasaron los dos, el mismo semestre, sólo les faltaba medio año para recibirse, y a pesar de ello, ninguno estaba decepcionado.

El pelinegro le hablaba de vez en cuando, sobre todo, cuando iba sin la albina compañía de Draco, no tenía problemas con Nott, pero prefería conversarle a solas. Tomaban un café algunas tardes o almorzaban cuando se encontraban en los típicos Restaurantes cerca de la escuela, pero no era lo de antes, Hermione no lo permitía.

Si, sabía que el muchacho le había perdonado todo, si es que había algo que perdonar, lo veía en sus ojos, en la manera de mirarla, la antigua manera, y en como a veces, le decía Herms sin darse cuenta. Los cumpleaños de George, fue el único festejo que permaneció entre ellos, sin miradas extrañas, olvidando las catástrofes y demás diluvios.

En ese específico día, Hermione se sentía como ella hace años, sin la obligación de serlo, lo hacía por gusto, por que le nacía del corazón, tan sólo ese día. George había expandido su negocio con la ayuda de Lee Jordan, su fiel amigo, y una que otra amiga, como Angelina y Katie, más Angelina.

Rió cuando la nueva ley mágica, cambiada hace muy poco, le obligó volver a la escuela, pero lo haría sin chistar, una nueva forma de promover sus productos decía él, pero el mundo entero sabía que a Hogwarts fue lo peor que le pudo pasar, no más paz, sin contar a Pevees, claro.

Pansy, era la nueva gestora de aquello, trabajando a la par del señor ministro, vistiendo unos hermosos trajes Chanel, Dior y demás, elaboraba nuevas leyes, reajustaba las viejas, viajaba por todo el país, y que decir del extranjero, hablaba cinco idiomas, sin contar su lengua materna, y a pesar de que con magia podía lograrlo, el ingles, Italiano, Portugués y Ruso, le interesaron lo suficiente para aprenderlos por su cuenta, el Francés, lo sabía de pequeña.

Jack, no cabía de la felicidad por ella y él mismo, en un trabajo de oficina, del que Pansy se reía, había surgido en menos de tres meses, y para suerte de ambos, Kingsley lo llevaba en muchas de sus visitas a embajadas vecinas. Jack era el encargado del traslado de Aurores de un lugar a otro y a pesar de que viajaba a muchos países, sólo se quedaba unas horas en ellos y si era mucho el papeleo, máximo dos días, de eso, es que se reía Pansy.

La madre del pelinegro, la señora Daniells, no estaba de acuerdo con aquella relación, afortunadamente para ellos, el padre de Jack, los apoyaba en esa locura, pero no podía impedir que cada vez que podía, le llenara la cabeza con cosas malas de la pelinegra, "Que ella no te conviene" "Que otra es mejor" "Que…Bla…Bla…Bla". Ahora vivían en un modesto departamento cerca del trabajo, Jack insistía en ir a pie al mismo, ella se había acostumbrado, sólo era temporal, hasta que ascendieran de nuevo a Jack y le dieran un trabajo más "estable" a ella.

Hermione se desapareció del cementerio en cuanto consiguió un lugar vacío de Muggles, reapareció afuera del negocio de George, y entró con el estomago revuelto.

- ¿Qué pasa preciosa? – le dijo George corriendo a abrazarla

- No lo sé – sonrió ésta, abrazándolo también

- Ejem…- carraspeó una voz, desde arriba de una escalera

- ¿Celosa Angelina? – bromeó él

- Es horario de trabajo – lo miró feo y sonrió a la castaña - ¿Cómo vas?

- Bien y veo que tu igual – dijo con un tono pícaro y una cara llena de significado

- No digas tonterías – bajó las escaleras – ¿George y yo? ¡Imposible!

- Yo lo decía por el trabajo esporádico – rió

- Bueno…yo…iré a la bodega – se retiró Angelina, muy ruborizada

La vieron irse en silencio, Hermione mordiéndose el labio para no reír, y George un tanto confundido, él pensaba que Angelina siempre tenía algo inteligente que decir, y ésta vez, nada salió de sus labios. Hubiera tenido una salida triunfal, si no fuera por que al último momento, se enredó con la puerta al cerrar.

- Ya sabes a lo que vengo – le susurró a George

- ¡Rayos! – Exclamó – si el hurón no te complace, no deseo ser tu última opción – teatralizó fingiendo sentirse herido

- ¡George! – Le golpeó el brazo – sabes a lo que me refiero

- Lo sé, tranquila – rió y luego, una seriedad invadió su rostro - ¿No puedes esperar un poco más? – rogó

- He esperado cuatro años – exhaló la castaña – es suficiente ¿no crees?

- Yo creo, que deberías…- levantó una mano para que ella no hablara – sólo escucha, te necesitamos, o por lo menos yo te necesito, al fin de cuentas, nunca pudimos ir a conocer el famoso puente ese

- Créeme, ya lo he visto – sonrió – pero no sería lo mismo, no sin Fred

- Tal vez, tal vez tengas razón – aceptó – pero… ¿Un poco más?

- No – se lamentó – es algo que quiero hacer, en serio que lo anhelo mucho, me entristece, pero me llena de emoción

- Está bien, está bien – se rindió – sólo, escríbeme cuando puedas

- Cada día –

- Oye, no quiero que me atosigues –

- ¿Cada mes? – sugirió

- Mmm…-

- ¿Dos veces al mes? –

- Dos veces…- fingió pensarlo con la mano en la barbilla – acepto

- Cuídate ¿quieres? – Le besó la mejilla – por cierto, ¿no deberías de estar en la escuela?, es día de semana y…

- Hice unos arreglos, tengo un emporio que manejar – infló el pecho – me dan la posibilidad de salir unos días al mes, cuatro para ser exactos, informados con anterioridad, estudio lo que falta aquí o los fines de semana

- Bien hecho – halagó

- Cuídate castaña – la abrazó – y si te hace algo…

- No me hará nada, además sé defenderme –

Se fue del negocio, acumulando su tristeza, pero a medida que pasaba el tiempo y se acercaba la hora, su excitación por el porvenir que había planeado, crecía más, aplacando el dolor.

Llegó a Hogwarts, entrando por la puerta de siempre, y haciendo el mismo recorrido por los jardines, sintiendo esa hospitalidad, con tan sólo ver las piedras unidas de tan maravilloso castillo.

Algunos alumnos descansaban en el césped, sin preocupaciones, muchos otros, leían bajo la protección de los árboles y los más inocentes, de seguro de primer año, se acercaban al lago donde el Calamar Gigante, amenazaba con salir a saludar.

Algunas miradas se posaban en ella, sobre todo la de las que seguían los pasos de Lavender Brown, la nueva Rita de El Profeta, ya que ésta escribió un reportaje de Hermione, a penas le dieron el trabajo, "Estudiante estrella o sólo un espejismo" había rezado ese ejemplar, que vendió como pan caliente, solamente para que al día siguiente, millones de llamadas indignadas, de sus aún buenos compañeros, instaran al El Profeta de dejar a Hermione en paz.

No la había tenido mucho, pero por lo menos, lo que se decía ya, no era malo y dejaron su pasado bien atrás. Si no fuera por que la creían embarazada, estaría todo bien.

Un muchacho, de hermosos ojos celestes, corrió hasta ella como aún un pequeño y la abrazó con todas sus fuerzas, casi asfixiándola.

- Javier, está bien, tranquilo – le susurró acariciándole la espalda

- ¿Cómo estaré bien, si no podré verte? – Le regañó como un bebé haciendo reír a la castaña - ¡No te rías!

- Lo lamento – se tranquilizó – pero nadie diría que tienes quince años si te comportas así

Javier se impuso frente a ella, llegándole hasta los ojos. Los últimos años, y cuando Hermione visitaba a Remus, Tonks y a los demás profesores, también había entablado una linda amistad con aquel muchacho de primer año que cayó a los pies de Luna.

El Ravenclaw, además de inteligente, era muy divertido y pasaban algunos días de vacaciones juntos, después de unas dos visitas, Draco había decidido integrarse y Hermione descubrió maravillosamente, que se llevaban muy bien, juntos, que se divertía con ellos, a excepción de cuando hablaban de Quidditch.

- ¿No puedes…? – comenzó él

- Te escribiré ¿De acuerdo? – le interrumpió

- Hermione…-

- No lo hagas más difícil de lo que ya es – suplicó, aguantando las ganas de llorar

La castaña alisaba el cabello del muchacho, tratando de ponerlo en su lugar, era tan parecido en eso a Harry, que no intentaba lidiar mucho con él, sólo que ahora, lo hacía de nerviosa.

- Tu novia te espera – le informó sacudiendo los hombros de su tunica

- Eres como mi madre, pésima para las despedidas – se mofó el chico, tratando de serenarla

- Lo sé, no se me da bien – sonrió – pero en serio que te espera

Una muchacha normal, sin ningún atributo físico más allá de su delgada silueta, que no destacaba entre tanto sobre desarrollo hormonal femenino, le esperaba pacientemente en una banca, meciendo los pies. Hermione, la primera vez que la divisó de lejos, pensó que no era la gran cosa, pero sólo le bastó ver en sus ojos, que era especial y muy dedicada, para comprender el por qué de que Javier tenía interés en ella.

Play 1

Se despidieron rápido, prometiéndose al igual que con George, escribirse a menudo.

Remus, Neville, Tonks y algunos profesores más, se reunieron con ella, para darle palabras de aliento y buena suerte. Tonks, con su bella barriga, y trabajando hasta las últimas.

Recorrió el colegio, con mucha tranquilidad, a esa hora, el colegio entero debía de estar almorzando, y le daba la facilidad de ver los escondites de los que muy pocos sabían.

Visitó la sala de los menesteres, y pidió que se pareciera a la habitación de Draco cuando compartían Torre, idéntica y un detalle especial no le pasó por desapercibido, el reloj de la pieza, marcaba las doce, no era la hora real y lo sabía, era la hora, de ese increíble año nuevo.

Hagrid fue su última parada, no sabía cómo detener el llanto del semi-gigante, pero de a poco, el mismo se fue calmando, el que la castaña le recalcara que era un sueño, un deseo enorme para ella, lo dejó más tranquilo, sin tanta tristeza.

Llegó a Malfoy Manor, con las manos dentro de sus vaqueros, con los ojos un tanto hinchados, y con hambre, con mucha hambre.

Narcissa le abrió la puerta, con una gran sonrisa que se desvaneció al ver en ese estado a su "nuera", y le abrazó momentáneamente, transmitiéndole calor.

- Años viviendo aquí cariño, y no te despegas de la costumbre de tocar la puerta – reprendió con dulzura

- Es su casa señora Malfoy –

- Y tampoco del hábito de llamarme señora – rodó los ojos, con una sutil sonrisa – Draco está en el despacho

La chica asintió y se dirigió a donde debía, mientras que Narcissa, bajaba a las cocinas, en busca de helado para relajarse, manía adquirida de Hermione.

Llamó a la puerta del despacho, del antiguo despacho de Lucius, despacho remodelado, para placer y comodidad de Draco. Era como su escondite, donde se permitía cuestionar y dudar, pero al salir de allí, todo lo dejaba encerrado bajo llave.

Nadie abrió, por más insistente que fue. Decidió entrar, a pesar de que él odiaba que lo hiciera.

Lo encontró en el negro asiento tras el escritorio, dándole la espalda, mirando hacía el jardín precioso que Narcissa mantenía en perfecto estado, con las manos fuertemente agarradas en los posa brazos, y en una posición que la castaña definiría como muy incomoda y rígida.

Se paró frente a él, y recién allí, se percató de su presencia. El rubio la miró de mala gana, y se dispuso a hacerle notar, que era una inesperada y molesta intromisión.

- Te he dicho muchas…-

Lo calló.

Se sentó a horcajadas en sus piernas, y lo besó para no escucharlo, le quedaban unas horas, no deseaba pelear, y no es que no fuera algo rutinario en ellos, pero ese día, al parecer los dos no tenían ánimos.

- ¿Algunas vez, te he dicho que hablas mucho? – le preguntó ella al separarse de sus labios

- En la cama no te molesta – espetó él, levantando una ceja

- Es inevitable en esos momentos, no te quejes – rió – que a ti tampoco te gusta que me calle

- Es delicioso – mordió su mandíbula – escucharte desvariar

- Son los únicos momentos – inspiró – debo aprovecharlos

Draco, subió sus manos por dentro de la blusa de Hermione, tocando con sus frías manos, la tibia piel de ella, suave, delicada y completamente conocida.

Hermione comenzó a moverse en su regazo, friccionando las telas, haciendo que vibraciones, nuevas y antiguas, se esparcieran por sus cuerpos, incitándolos, provocándolos a los dos.

Dejó caer la cabeza, en el cuello del rubio, y un suspiro ahogado, salió de sus labios, cuando rompió la fricción. No era un momento idóneo, lo sabían, pero les era casi imposible el resistirse a esa conexión especial, tantas formas de amar, y a ellos les tocaba la más difícil, el ser imposible, estar mucho tiempo sin sentirse, es que con sólo tomarse de la mano por la calle, les era tremendamente pacificador.

Salieron del despacho, la castaña arriba de la espalda de él, como un Koala que quiere Eucalipto, y no haya nada mejor, que insistir para conseguirlo.

Narcissa rió cuando los vio llegar discutiendo a la cocina, de que Hermione estaba "más pesadita", ella sabía que su hijo sólo lo hacía por fastidiarla, decir que Hermione estaba subidita en kilos, le alegraría hasta al mismo Draco, de ser posible, seguía pesando sus cincuenta y tres kilos de los dieciocho, teniendo veintidós años.

Muchos sanadores, le habían recomendado reposo, el cual obviamente no aceptó. No era ninguna enfermedad incurable, ni un desorden alimenticio, sólo era el hecho, de que quemaba más calorías diarias, de las que consumía.

Hermione, se sentó al lado de Narcissa, mientras ésta conversaba con su hijo, cuchara en mano, se dedicó a robarle la mayoría del helado a su suegra. Luego de unos diez minutos, Narcissa movió su silla, para poder abrazar a la castaña, con el brazo desocupado.

Draco sonrió maravillosamente a gusto.

No le había costado nada, que Narcissa aceptara a Hermione como su nuera, lo hizo encantada, lo que había costado, era hacerle entender a la castaña, que su madre, no podía estar más contenta con eso. Le tomó los meses faltantes de la escuela, y sólo algunos vociferadores amenazantes de Narcissa, para que Hermione accediera a vivir con ellos.

Sintió que ese panorama, no podía ser mas perfecto, las dos mujeres que más amaba, se llevaban bien y muchas veces hasta confabulaban en su contra, sólo para reírse a costillas de él.

El pequeño llanto, que escuchó provenir de su madre, le borró la sonrisa, e hizo que bajara la cabeza, apenado y comprensivo, él tampoco quería dejarla, pero deseaba salir de allí, tanto como Hermione.

La castaña se separó de Narcissa, con sutileza, nunca le había gustado verla llorar, y se retiró a su alcoba, nuevamente con las manos en los bolsillos.

Quince minutos más tarde, la puerta se abría, y la abrazaban por la espalda, frente al ventanal.

- ¿De nuevo, trató de sobornarte? – preguntó ella con una media sonrisa

- Dice que se va de la casa, a vivir bajo un puente, darnos privacidad con tal de que nos quedemos –

- ¿Qué le dijiste? –

- Que deseábamos mucho esto, que lo necesitábamos –

- ¿Qué te dijo? –

- Me llamó "Idiota insensible" – rió – luego sólo me abrazó

- Lamento siempre acarrearte problemas – se cuestionó la castaña, comenzando a mecerse – en serio

- Yo deseo esto, tanto como tú – rebatió – no te adjudiques ésta decisión

- Lo lamento –

- Deja de disculparte –

- Lo lamento – dijo y se rió enseguida – no lo haré más

- Es hora de ir, las cosas ya deben estar allá, y la verdad, para ser sincero – la regañó dándole la vuelta – no se por qué debemos viajar en esa cosa, ¿y si se cae? ¿Si es inestable?

- Esa cosa – sonrió la castaña – se llama avión, y no se caerá, y de ser así, somos magos ¿recuerdas?

Draco hizo una mueca con su rostro, a la cual Hermione respondió con su lengua afuera, parecían dos niños peleando, hasta que Narcissa irrumpió en la casi vacía habitación.

- Lamento interrumpir – siseó, con los ojos enrojecidos – pero si se van, lárguense rápido, se les irá la cosa esa

Hermione rodó los ojos, igual madre, igual hijo. Se soltó de Draco y al pasar por al lado de Narcissa, le dio un sonoro beso en la mejilla, que sólo hizo que la mujer, se mordiera el labio para no continuar su llanto.

Llegaron al aeropuerto, con la hora ideal de abordaje, tal vez un poco antes, la castaña, tenía un café en la mano, y bebía de sorbos pequeños, bajo la ceñuda mirada de su suegra.

- Arruinarás el esmalte de tus dientes –

- Menos mal que no me has visto fumar entonces – bromeó – ahí si que me matas

- ¿Fumas? – se escandalizó

- Mamá – advirtió Draco – ella puede hacer lo que quiera, y no, no fuma

- Mm – musitó Narcissa, aguantándose las ganas de replicar

Hermione iba a ir, por su segundo café, cuando un grito de una voz, completamente familiar, la detuvo en su intento de seguir molestando a Narcissa; - ¡Hermione!

Luna, Pansy, Theo y Harry, un poco más atrás Ron, corrían esquivando a algunos turistas que los veían y sonreían, obviamente, no entendiendo a los chicos locos. Luna, la del grito, llegó primero y la abrazó fuertemente, casi quitándole el precioso aire.

- No quiero morir – articuló la castaña – no tan joven

- OH, lo siento – se sonrojó la rubia soltándola

- Tranquila – sonrió – pensé que no llegarían

- Nosotros pensamos lo mismo – informó Theo – no nos querían dejar salir del trabajo, bueno, a Luna, a pesar de que informó con anterioridad

- ¿Cómo lo hicieron? – inquirió Hermione

- Pansy puede ser, muy persuasiva – dijo el muchacho, como si con eso, quedara todo claro

- Ya veo –

De a uno, se fueron despidiendo de ellos, Harry, sutilmente le pasó unas cartas a Hermione, de parte de Molly, Arthur y los demás Weasley.

- Ginny te desea éxito, dice que la suerte, es para los perdedores – le susurró en el oído

Ginny no le había vuelto a hablar, y aunque estaba en la ciudad, no quería despedirse de ella, pero esas pocas palabras que le mandó con Harry, su esposo, le bastaron para saber, que por lo menos le deseaba bien. Ron sólo asintió con su cabeza, sin acercarse.

Abordaron el avión, prometiéndole a Narcissa, que ella se encargaría, del evento que en unos meses debían realizar. Ya la mujer, mas animada, los dejó partir.

* * *

Play 2

En su asiento de primera clase, Hermione se dedicó a recordar todos los momento buenos que tuvo bajo esa nube negra que fue su último año en Hogwarts, el más notable, apretaba nerviosamente su mano sentado a su lado, Draco estaba muy nervioso.

Le agradaba saber, que a pesar de todas las muertes y de que ya se podía respirar algo de paz, todos sus queridos amigos y allegados, tenían un porvenir, próspero y con mucha esperanza.

Luna empezaba su labor como enfermera, en un hospital Muggle, en emergencias, tenía poder para manejar a los niños y en el trabajo la adoraban con los pocos meses de interna. Theo, él era un caso aparte, se dedicaba a hacer inversiones, apostar y jugar en la bolsa, dejaba su titulo de auror, sólo para las pocas horas que tenía en el ministerio, el tiempo restante, lo ocupaba en aumentar su ya inflada cuenta corriente. Excelente olfato.

Ron y Harry, aun debían terminar la escuela. Ginny jugaba como profesional, en un equipo antes desconocido de Quidditch, el cual sólo en seis meses, había logrado surgir.

Suspiró mas tranquila, ver las nubes desde tan alto, sentir como si pudiera caminar sobre ellas, le hacía relajarse, cada vez que viajaba con sus padres, adoraba ir en la ventana.

Aterrizar, fue lo mejor que le pasó a Draco, es esas increíbles y larguísimas horas de vuelos, con escalas en dos lugares, nunca fue más feliz, que en tierra firme, algo divertido, si se hace mención a su fanatismo por las escobas.

Un Mazda 3, aparcado con anterioridad en el estacionamiento del aeropuerto, fue conducido por Hermione, hasta su nuevo hogar, su padre, siempre quiso tener ese auto, y ella se dio el lujo de comprarlo, para ésta nueva experiencia. Draco seguía asustado, cada poco le decía que manejaba como loca, y sólo iban a unos ciento veinte por hora.

Un barrio residencial, les dio la bienvenida. Casas enormes, separadas por varias cuadras, con tremendos jardines y autos lujosos en sus ostentosas cocheras. Al final de lo que parecía un camino interminable, estaba la casa, su casa.

Igual de grande que las demás, pero con un aspecto más hogareño era la que habían elegido, pintada de blanco, un lienzo blanco que podrían pintar a su gusto.

Hermione detuvo el auto en la entrada a la cochera, y se bajó con rapidez, estaba entusiasmada.

- Ecuador es increíble – le dijo a Draco

- Si – musitó el muchacho, maravillado por el verdoso paisaje

Entraron a la casa y todas sus pertenencias, embaladas, yacían en el Lobby, frente a una enorme escalera.

- Como la de mi casa – exclamó Draco

- ¿Te gusta? – preguntó la castaña

- ¿Qué si me gusta? – Ironizó – me encanta

Pasearon por la casa, deteniéndose en lugares estratégicos, como su cuarto, la biblioteca y una habitación un poco más pequeña, en la que Draco se quedó más tiempo. Pensaba en pintarla de rosa, para cuando Hermione se decidiera a convertirlo en padre, ella decía que era demasiado pronto.

Draco buscó a Hermione, y la encontró en el patio trasero, con las manos en el pecho, y los ojos llorosos.

El paisaje era hermoso, tanto verde y árboles enormes daban un aire de paz, que la conmovían hasta el llanto.

La abrazó y hundió su rostro en el hueco de su cuello, aspirando su olor.

- Es perfecto – susurró ella, con lágrimas corriendo por sus mejillas

- Es tu casa –

- Nuestra casa – le corrigió

El rubio, tomó la mano izquierda de Hermione, y acarició el anillo de compromiso que yacía en su dedo anular, lo besó y afirmó su mano, con dulzura.

- Me gusta como suena eso – suspiró – futura señora Malfoy

- Me gusta como suena eso –

- ¿Sabes a lo que te atienes, dejando a mi madre a cargo de la celebración? –

- Lo sé – frunció los labios – pero también sé, que le hará muy feliz

- Así es ella –

- ¿Sabes, Draco? –

- Dime –

- Me siento como en casa – inspiró la castaña

- Estamos en casa –

Se besaron, con intensidad, estando seguros que un futuro maravilloso estaba por venir. Serian aurores en ese país, un país desconocido para ambos, uno en donde cumplirían esa promesa de comenzar desde cero.

La noche les llegó, en medio de caricias y suspiros, y justo a las doce de la madrugada, se quedaron completamente dormidos.


Comenten si, háganme feliz, esto es lo último de la historia, así que si nunca has comentado, hazlo que seré feliz, si ya has comentado, hazlo de nuevo y seré doblemente feliz.

Besotes.

PD: Si algo se me olvida o tienen dudas, sólo avisen.