¡Hola mortales!
Sé que algunos ya esperaban ésta, tardía, sorpresa, pero ven que siempre tengo un truco bajo la manga. Espero que no caigan de la silla ni mucho menos se atraganten con un pedazo de pollo (Aunque nadie come pollo mientras está en el computador, en fin), este es un pequeño regalo de mí para ustedes por ser tan amables de regalarme unos minutos de su tiempo en leerme, créanme, los agradezco mucho.
No celebro Navidad, pero Santa me trajo un Notebook (¡Todos gritan de alegría con Aniia!), así que ahora dispongo de un tiempo más libre para poder escribir. ¡Al fin!
Los invito a todos, sin excepción – Aniia los observa con detenimiento y algo de hostilidad, algo – a que sigan leyéndome en mis otras historias, que prometo actualizaré más seguido, algo.
Como me es costumbre y no podía faltar en este mini capítulo - Banda Sonora
Al ver el signo Play ¿? Dale a esto - http:/ www. youtube .com/ watch?v=-tSYN0Hzd4s (Sin espacios.)
Espero que les guste, no es mucho, pero va con cariño.
A leer,
Go.
Querido George:
Lamento no poder ir a visitarte más seguido de lo que quisiera, las cosas no van tan bien como lo suponía, no negaré que sabía a lo que me atenía si dejaba que la adorable Narcissa se ocupara de mi boda, sólo pensé que al ella conocerme se calmaría un poco diciendo "Hermione no es de cosas ostentosas, habrá que racionar" pero no fue así, siento con el pasar de los días, que organiza la boda de alguna princesa o soberana de un país.
No puedo más que decir que me alegro de tu compromiso con Angelina, ¡Por merlín, ya era hora!, estaba ansiosa por saber la noticia, sí, lo supe antes de que me enviaras aquella carta. Soy una bruja, recuérdalo.
Estando en Malfoy Manor encontré algo curioso George, en mis cuatros años pasados aquí, nunca escuché tanto movimiento como el que se siente mientras te escribo, la voz de Draco se oye a lo lejos y la de Narcissa es como si estuviera en el mismo cuarto. Tengo menos paz de la que requiero, más atención de la que necesito y ahora, de noche, faltando horas para ser un miembro de esta familia es cuando me aterro.
No puedo hacer que mis manos dejen de temblar, escribo con la poca consciencia que me queda, sé que me dirás que si estoy indecisa que no me case, pero quiero hacerlo, mi temor es otro, mi temor soy yo.
Draco me consiente con demasiada frecuencia, creo que me malacostumbro a sus mañas y delirios, estoy convirtiéndome en una Malfoy.
Querido George, no puedo parar de reírme, el temor hacia a mi aumenta, temo salir de este cuarto a pesar de la restricción de mi suegra para acercarme a mi novio, y decirle a él que nos casemos de inmediato, estoy ansiosa, tanto que tengo miedo, terror.
Hace un días que no puedo verlo, que sólo escucho su voz a través de la gruesa puerta, los hechizos que Narcissa ha puesto en toda la casa con tal de que no nos juntemos son impresionantes, dice que el no vernos, besarnos ni tener…ya sabes, aumenta el amor y la expectación, pero creo que se le pasó la mano.
Han peleado en innumerables ocasiones, todas perdidas por mi empeñoso prometido, no se rinde ni con el miedo que su madre le causa, sigue intentando acercarse a mí, aunque sólo hemos conseguido poder mirarnos a la distancia. Algo es algo.
Sé que te divertirá en demasía mi carta, es un lugar de locos y me siento extremadamente cómoda aquí, espero que Angelina esté de lo mejor viviendo con un hombre poco serio como tú. Envíale mis enhorabuena.
Con cariño y esperando tu necesaria asistencia mañana,
Hermione, G.
Dobló la carta con mucha parsimonia, estaba de lo más ansiosa y no sabía qué más hacer, selló el sobre pensando que faltaban solo horas para la boda, que no había necesidad de enviarle una carta a alguien a quien vería en poco tiempo, pero era así, Hermione es así.
Llamó a una de las aves de la familia desde el balcón de su recamara, la Lechuza con agilidad se posó en la baranda y esperó que la castaña le envolviera la carta. Hermione sonrió al ave con cariño, a pesar de que todas las aves estaban adiestradas para obedecer sus órdenes, aquella fue la única que no lo necesitó, desde el primer día hizo lo que ella comandara y por eso ahora, era como su ave personal.
Le acarició las plumas a Nate y en unos segundos el ave plegó sus alas alejándose a cumplir con su deber.
Hermione suspiró, tenía mucho sueño a pesar de lo despierta que estaba, el reloj del cuarto marcaba las 12:48 A.M. La luna gobernaba sobre el cielo de pocas nubes, tan despejado y tan claras estrellas la hicieron bostezar de cansancio. Se vistió el pijama con parsimonia, intentó cepillar su cabello, desistió cepillar su cabello, lavó sus dientes y luego de no tener nada más para alargar su hora de ir a la cama, lo hizo, se acostó, apagando la luz de su mesita de noche.
No llevaba mucho tiempo en la oscuridad cuando un sonido horrible retumbó por las paredes, Hermione se levantó asustada acercándose a la puerta, estaba cerrada, volvió a prender la luz y cogió su varita, intentó abrirla por todos los medios sanos pero nada lo lograba y justo cuando iba intentar el Bombarda, la voz de Draco la tranquilizó a lo lejos. Él estaba bien.
- ¿Qué clase de mujer eres? – gritaba su prometido, Hermione pegó la oreja a la puerta.
- ¡No me hables en ese tono, Draco! – Respondía su madre – si no querías esto, pues no hubieras venido a quedarte estos días en esta casa.
- ¡No quise venir! – Chilló de vuelta - ¡Tú nos obligaste!
- ¡Cómo sea! – Se desentendió Narcissa – No puedes verte con Hermione.
- ¡Es mi prometida! – se defendió.
- ¿Y crees que no lo sé? – Siseó - ¿Por qué demonios crees que he estado sacrificándome todo este tiempo?
- ¿Tú? ¿Tú sacrificándote? – Bramó colérico – ¡No puedo siquiera estar a dos metros de Hermione, por tú culpa!
- Ya me lo agradecerás –
- Dime cuándo, porque no veo cómo podría hacerlo –
Hermione tuvo que esforzarse un poco más para escuchar ya que habían dejado de gritarse, y por el sonido, juzgaba que estaban en la esquina más alejada por fuera de su habitación.
- Hay una tradición, cariño – comenzó ella – no puedes acercarte a la novia tres días antes del matrimonio, ni besos, ni abrazos, menos eso, de hecho, no deberían ni verse, pero sé que es algo duro y difícil.
- ¿Duro y difícil? – Ironizó - ¡Para nada!
- Ha sido parte de nuestra tradición por muchas generaciones, por favor, haz caso Draco –
- Yo nunca he sido parte de esta familia madre – recalcó – si lo soporté todos estos años fue por ti.
- Lo sé mi vida, lo sé – dijo con la voz algo apagada.
- No seré parte de esta estúpida tradición de los Malfoy´s…-
- Ninguno de los anteriores pudo cumplir esta tradición, es una de nombre, más al hecho sólo nuestros antepasados que crearon la regla la cumplieron –
- ¿Entonces? – dijo Draco confundido.
- ¡¿Que no entiendes? – Preguntó mientras Hermione la imaginaba alisándole la camisa por los nervios – Desde los creadores de la regla, ningún matrimonio ha sido feliz, porque nadie se resistió hasta el matrimonio, porque quisieron jugar a esconder la varita…
- ¡Madre! – se escandalizó, Hermione ahogó una risa.
- Eres un adulto, entiendes – suspiró – en fin, ve lo que nos pasó a tu padre y a mí, por no resistirnos, el amor se terminó antes de lo pensado y ni siquiera intentamos revivirlo, así que por favor, aléjate de Hermione hasta mañana.
- De acuerdo – aceptó resignándose, su madre le besó la frente y se fue confiando en la palabra de su hijo - ¿Sabes que a Hermione y a mí no nos pasará lo mismo que a ustedes, verdad?
- Eso espero, Hermione es una espléndida mujer –
- ¿Y yo? –
- Tú…la sangre de Lucius corre por tus venas, te amo hijo, pero perdóname por ser anticuada. Sé que jamás le harías daño, eso es obvio, pero aprendí a ser cautelosa con tu padre – sonrió con sinceridad y desapareció de la vista de Draco.
- Brillante, se me quitaron las ganas – ladró su novio hasta que Hermione no pudo escucharlo más.
Volvió a acostarse sin aquella ansiedad que la carcomía por dentro, ahora entendía a Narcissa un poco más, ella quería que estuvieran tranquilos, que vivieran felices y que no les pasara lo que ella padeció.
Durmió de corrido hasta que alguien abrió de par en par las cortinas de su habitación, deseó que hubiera sido Draco pero era mucho pedir. La mano pálida de Narcissa corrió su colcha y la dejó expuesta al frió, intentó recuperar el objeto sustraído pero pronto se percató de que ninguna manta descansaba en su cama, se las había llevado todas. Inteligente estrategia.
Hermione se levantó a regañadientes, después de ver el reloj le agradeció mentalmente a Narcissa a pesar de la brusca forma de despertarla, eran las doce del día, faltaban cinco horas para el evento, y ella se daba el lujo de dormir hasta tarde. Agudizó el oído cuando tomó una nota de Narcissa que decía "El baño está listo", escuchó el revuelo escaleras abajo, las peticiones de Narcissa para arreglar algo, el sonar de la vajilla al ser trasladada, los muchos de zapatos sonando en las caras baldosas y otros amortiguados por las lujosas alfombras.
La castaña se asomó por la ventana y ahí, en la noche donde antes no había nada, estaba el mayor desfile de personas desconocidas que ella hubiera visto. Se cuestionó el por qué no usaban magia y la respuesta le llegó tan rápido como formuló la pregunta, su suegra quería hacerla sentir cómoda y según Hermione, habían cosas que no necesitaban de magia.
Entró al baño sin dejar de sorprenderse, la de por sí gran bañera había sido ampliada mediante un hechizo y el agua estaba cubierta de olorosamente deliciosa espuma, un par de velas iluminaban el espacioso lugar, una pequeña radio tocaba canciones Muggles que ella conocía a la perfección y en el techo, el cielo estrellado daba la ilusión perfecta de paz.
Estuvo en la bañera por más de 40 minutos, reía cada poco por las ideas descabelladas de su suegra, miraba sus dedos que no se arrugaban a pesar del tiempo transcurrido en el agua, la temperatura de la misma estaba siempre perfecta y el olor natural de su cuerpo se intensificaba.
- Hermione querida, es hora de que salgas de ahí – le avisó Narcissa tocando a la puerta.
- Voy – avisó.
Con una pena terrible al dejar tan placentero lugar se levantó y cubrió su mojado cuerpo con la bata, salió a la habitación y ahí, la mujer más importante después de su madre la esperaba.
- Luna – sonrió abrazándola.
- ¿Ansiosa? –
- Tranquila –
- Claro – rió ella – es un hermoso día, espero que ninguna criatura lo estropee.
- Te tengo aquí para que me protejas –
- El vestido está ahí – dijo Narcissa apuntándolo – los zapatos, el maquillaje, las cosas para el peinado, la lencería – sonrió – Las dejaré para que te alistes.
- Puedes quedarte Narcissa – dijo Hermione, llamándola como nunca por su nombre.
- Gracias cariño, pero creo que mi deber está con mi hijo, tu madre no está para ayudarte a poner el vestido, pero la señorita Lovegood hará un excelente trabajo, de seguro que tu madre lo aprobaría –
- Gracias –
- No hay porqué – dijo saliendo de la habitación.
- Vi a Malfoy antes de subir – dijo Luna sentándose al lado del vestido blanco.
- ¿Cómo está? – preguntó Hermione tratando de mantener la calma, se había alterado de pronto.
- Igual que tú, calmado por fuera, ansioso por dentro – puntualizó – lo dejé con Theo, aunque creo que sólo terminarán discutiendo.
- Tienes razón –
- ¿En qué? ¿Sobre las ansias o la discusión? –
Hermione quiso decir algo, pero nada se le ocurrió, era obvio que se estaba poniendo algo ansiosa, estaba calmada dentro de todo, pero saber que la próxima vez que vería a Draco sería en el altar, la ponía como loca.
- Comencemos – dijo Luna, tomando el suave vestido del maniquí.
"Play"
La decoración del lugar le pareció a Hermione lo más hermoso que alguna vez hubiera visto, quiso llorar pero se lo impidió al ver a Luna negar con la cabeza, le sonrió con toda la dulzura posible e inspiró para mantenerse calmada.
- La próxima vez que nos veamos Hermione, serás la señora Malfoy – dijo Luna con un brillo demasiado especial en el rostro.
- Eso suena tétrico – rió ella con nerviosismo.
- Pero hermoso –
- Sí, lo es –
- Estás bellísima –
- Gracias –
- No te caigas –
Hermione sonrió por última vez con algo de tranquilidad, vio como Luna desaparecía tras una puerta lateral para llegar al jardín a ocupar su lugar como dama de honor, juntó sus pies como comúnmente lo hacía ante un nuevo año escolar, pero esto era obviamente mucho más diferente.
Su sencillo traje blanco cubría sus zapatos de tacón, su cabello en una media cola estaba demasiado elaborado y podía sentir cada pinza utilizada para dejarlo en su lugar, Hermione se miró en el espejo a su derecha y recordó a su madre, tan iguales, tan parecidas en ese momento, tan naturales usando esa ropa que solo lucirían una noche y ya.
Vio como a pesar de su peinado complicado este se veía de lo más normal y sencillo, sonrió acordándose del vestido que Draco le había regalado para año nuevo y cómo Narcissa se volvió loca cuando le comentó, en tono de broma, que era lo que quería usar en su boda.
Una lágrima recorrió su mejilla sin que se diera cuenta, siendo seguida por muchas otras, de pronto, se vio agachada en medio del Lobby, con el vestido algo arrugado a sus pies, se sentó en el frío mármol, tratando de respirar con tranquilidad, pero cada vez que inspiraba, una ola de desesperante llanto la volvía a embargar.
Los tacones de la conocida organizadora de bodas se escuchaban cada vez más cerca, quiso levantarse, quiso hacer algo para que no la viera en ese estado deplorable, de seguro que pensaba que la obligaban a casarse al saber de la personalidad de Draco y su suegra.
Pero no pudo, de solo saber que debía levantarse para fingir que se sentía perfecta le costaba una enormidad.
- ¿Estás bien? – escuchó su voz serena a sus espaldas.
- Abrió su boca, para decirle que sí, pero un lastimero no se escapó de sus labios haciendo que el llanto reanudara de forma peor si era posible.
- Levántate – ordenó sin sonar autoritaria – arruinarás el hermoso vestido.
- L-lo siento – tartamudeó siendo arrastrada por la mujer a una silla próxima – no, no sé qué m-me pasa.
- Claro que sabes – dijo al levantarle el rostro – estás satisfecha.
- ¿Co-cómo? –
- ¿Acaso pensaste que creería que te obligaban a casarte? – preguntó sorprendiendo a Hermione – soy organizadora de bodas, veo a parejas casarse todo el tiempo, en lo que llevo organizando tu boda ya he realizado otras dos más, una fue de Muggles – sonrió – he lidiado con miles de novias dominantes, con suegras realmente exasperantes y Narcissa ha sido la peor de todas – Hermione se rió – Pero se nota que amas al Joven Malfoy, y por tu personalidad jamás harías algo obligadamente.
- Ya –
- Sé que sientes ansiedad por lo que vendrá, pero sólo tengo veintinueve años, no puedo darte muchos consejos ya que me rehúso a casarme – sacó un pañuelo y comenzó a arreglarle el maquillaje – Me toca al ser organizadora, inmiscuirme en la vida del novio y por supuesto de la novia, para saber sus gustos, qué hacer o qué no hacer. Sé que lo que sientes en estos momentos es un deseo por ver a tu madre a tu lado y a tu padre llevándote del brazo, pero deberás caminar sola hacia ese lugar, porque el sitio vacío que ocuparía tu padre se llenará con la presencia del Joven Malfoy.
Hermione sonrió y cerró los ojos para que aquella muchacha terminara de arreglar el desastre que se había hecho con su maquillaje, al cerrarlos la imagen de Draco fue lo que ocupó su mente, él y sólo él. El nudo en su garganta no se desató pero fue tolerable, ya podía respirar con normalidad, sus manos no sudaban y notó como con imperiosidad la organizadora trataba de alisarle el vestido.
- Lista otra vez – anunció.
- Sí – dijo Hermione, como si le hubieran preguntado algo.
- ¿Comenzamos? –
- Por supuesto –
- Genial – exclamó ella – estamos en hora y odio ser impuntual.
- Tenemos algo en común –
Tomó el ramo entre las manos y se posicionó frente a las puertas dobles que detenían su paso para unirse a su prometido, inhaló una vez más y escuchó la música de fondo, una bella melodía que no era la marcha nupcial pero le ganaba mil veces.
Caminó con una seguridad enorme al compás de la música, no se percató de la asistencia de nadie, sólo miraba al frente, allá donde un muchacho rubio de veintitrés años la esperaba más pálido que nunca. El destello del cabello de Luna la hizo desviar la mirada por unos segundos para descubrirla mirar a Draco también, ella sonreía conmovida ante los claros ojos del mejor amigo de su esposo. Theo, estaba muy aburrido atrás de Draco, miraba al cielo pensando en quién sabe qué cosas, tal vez pensando que su matrimonio con Luna fue mucho mejor.
Pansy, atrás de Theo, estaba muy emocionada, vestía un traje negro demasiado hermoso que casi, y solo casi podría opacar a la novia.
Llegó al altar más pronto de lo que pensó, Draco tomó su mano con delicadeza y los dos subieron al estrado. Él le sonrió nervioso, ella se la devolvió.
- ¿Estás bien? – preguntó él al ver sus húmedas pestañas.
- Ahora sí –
La ceremonia precedida por el ministro fue muy rápida y ligera, él hombre ya mayor capturó la atención con sus, aunque rebuscadas, sinceras palabras que emocionaron a más de uno. El proceso finalizó con el lazo uniéndose entre sus manos y el digno "Puede besar a la novia" típico de películas rosa.
Hermione volteó hacia el público por primera vez, viendo a la gente que había asistido para ver su pomposa unión con uno de los hombres más sencillo, en sentidos de boda, del planeta.
La primera en abrazarla fue como siempre Luna, le acarició la espalda con una sentimiento tan consolador que volvió a llorar otra vez, el olor que la rubia desprendía le traía demasiados recuerdos agradables que su cuerpo creía no poder soportarlos.
- No llores Hermione – le dijo la muchacha, ahora más cuerda.
- El embarazo te sienta bien cariño –
- Gracias – sonrió la rubia, tocándose plana barriga – son sólo tres meses.
- Pero te ves maravillosa –
- Tú te ves maravillosa –
Siguió siendo abrazada por la gente en el lugar, veía a Draco a lo lejos ser felicitado con la misma efusividad con la que la felicitaban a ella, estuvo con Harry más tiempo del que estuvo con cualquier persona, sonrió mientras lo veía hablar de Ginny y sus logros en su carrera profesional, todo un orgullo para él. Ginny le había dado la mano de manera demasiado formal y después de eso, sólo supo que se encerró en el baño a llorar para salir después con la cabeza en alto a conversar con los demás invitados.
Tuvo que soportar por horribles minutos las, nada sutiles, amenazas de Pansy y su empeño por proteger a los hombres más importantes de su vida. Luna sonreía mirando la puesta de sol, ella ya había escuchado el relato hace unos meses.
Cuando por fin logró llegar a Draco, se lanzó a sus brazos mientras él la abrazaba con todas sus fuerzas, se besaron frente a la multitud de gente y como una especia de magia, todos tomaron sus asientos para no molestar. Algo que debieron hacer hace muchos minutos.
La música comenzó a sonar y Narcissa, con ojos llorosos pero con la barbilla altiva, les anunció de era hora del primer baile, Draco y Hermione se dejaron guiar por ella sin prestarle atención alguna, estaban consumidos por el relajo y la paz que sentían al estar el uno con el otro.
Supusieron que bailaron por algún tiempo, ya que cuando se percataron de la situación muchas parejas le acompañaban meciéndose lentamente y con mucha sincronización.
Tuvieron que cortar el pastel, recibir algunos regalos, rieron con el maravilloso desastre que hizo George como regalo para ellos, rieron más cuando Narcissa casi lo asesina al convertir la pileta en una fuente Whiskey, Hermione bailó con Harry, con Ron sólo un minuto, con Neville, Theo, Javier, George, sus antiguos profesores y el honorable primer ministro, Draco lo hizo con Narcissa y después con Luna y Pansy, la última no dejó que ninguna más se acercara.
El sol ya se había escondido y la fiesta prometía seguir hasta la mañana, Narcissa se veía tan feliz con lo que pasaba que Draco se tomó la molestia de despedirse de ella, claramente obligado.
- Pero Hermione – alegó – si lo sabe nos detendrá.
- Comprobamos que no hay hechizo que nos impida Aparecernos, así que ve y bésala – sonrió – se lo debes.
- No – se negó – Está bien – dijo al ver la cara de su esposa.
Draco se acercó a Narcissa, la música paró mientras la banda tomaba un poco de agua para seguir tocando hasta que el último cayera, la tomó entre sus brazos y le besó sonoramente la mejilla haciendo que se sonrojara por la demostración pública, todos en la celebración los miraban enternecidos y aplaudieron uniéndose a la inesperada situación.
- Gracias mamá, estuvo todo como eres, perfecto – sonrió y volvió a donde Hermione – Gracias a todos por venir – anunció tomándole la mano – sigan disfrutando de la fiesta.
- ¿Cómo que sigan, a dónde crees que vas? – siseó ella, manos en las caderas.
- Vamos – dijo con misterio – a nuestra luna de miel.
- Pero aún falta fiesta por continuar – alegó.
- Lo sé, pero nuestra fiesta aquí terminó, seguiremos nosotros en otro lado, discúlpennos por no invitarlos – Theo, que acariciaba el vientre de Luna rió estridentemente, llamando la atención.
Hermione se aprovechó de la situación y con gran fuerza, lanzó el ramo que dio a parar justo donde quería.
- Disfrútalo Pansy – sonrió Hermione cuando el ramo cayó justo entre sus dos manos.
Y desaparecieron.
Y horas después mientras Narcissa despotricaba en contra de aquellos dos fugitivos que al regresar, según sus palabras, mataría de la forma más dolorosa del mundo y Jack, que miraba ansioso a una horrorizada Pansy, Draco y Hermione estaban muy dejos de ahí en una hermosa colina rodeada de la más pura naturaleza.
La castaña reía desnuda frente a la chimenea, solo abrigada por la sábana blanca de la cama, mirando como Draco, su esposo, intentaba hacerle un chocolate caliente al estilo Muggle, por supuesto, sin mucho resultado.
Fin…de nuevo.
Espero no haberlos decepcionado, les dije que no era mucho, pero va con enorme cariño.
Aniia, la chica lenta que aún no se inscribe para repetir su curso fallido de camuflaje.
