Paper Love


Summary: Edward es un chico tímido que sufre de tartamudez, su gemela Rosalie le defiende ante los matones del Instituto. Él es sorprendido ante la llegada de una chica que rompe las expectativas del resto y decide hablarle, superando el miedo al exilio social.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capitulo XV.

Otra prueba más.


Edward una vez más sintió que había hecho lo correcto, pues los ojos de su amada le demostraban que así había sido y la dicha lo volvía a hacer sentir completo, se mantuvo abrazado a ella por un par de minutos y luego de aquello le propuso volver al instituto para reintegrarse en la siguiente clase.

De camino hacía el instituto Bella se armó de valor para enfrentar una vez más a Edward. Inspiró intentado llamar la atención de su novio y reunió fuerzas esperando que este comprendiese su preocupación.

—Edward —susurró.

El chico que iba pendiente de la carretera sonrió al oír la voz de Bella, suficiente señal para que esta continuase.

—Sé que ha sido todo esto muy difícil para ti, sé también que probablemente no sea adecuado volverte a recordar por lo que has pasado, pero quiero que sepas que estoy preocupada por ti y que quiero que todo lo que viviste sea superado con creces y para esto debes visitar a Jasper —dijo con voz decidida, aunque atropelló varias veces ciertas palabras.

El joven de cabello cobrizo continúo mirando la carretera e intentó no tensarse, debía acostumbrarse a la idea de que Bella estaría preocupado por él y que todo esto era una nueva parte de lo que estaba descubriendo con su novia, había vuelto a confiar poco a poco y era necesario recordar que ella tendría acceso a ciertas escenas intimas de su vida y tenía derecho pues solo aquello la hacía formar parte preciada de su existencia.

—B-Bella —susurró —. N-No p-pretendía v-volver a ver a n-ningún m-médico d-después d-de t-todo l-lo que p-pasé, p-pero a-aún a-así sé q-que es n-necesario y p-probablemente u-útil, p-pero n-necesito t-tiempo, d-dentro d-de l-la o-otra s-semana v-visitaré a J-Jasper —le sonrió a la castaña que le miraba con los ojos muy abiertos al oír la respuesta favorable.

Al estacionar el volvo en el instituto, Edward notó que todo el mundo volvía a centrar su atención en él, y le parecía extraño que así fuese, después de todo, desde que Bella y Emmett habían llegado a Forks las agresiones en contra él habían disminuido notoriamente hasta quedar en la nada, incluso Mike y su tropa había dejado de molestarle.

Edward y Bella caminaron de la mano hacía la siguiente clase que les correspondía en el aula de música.

Para nadie en el instituto de Forks era desconocido que Isabella y Emmett Swan eran los hijos del encargado de la seguridad del mismísimo Presidente de USA, así como tampoco era un secreto que ellos habían tenido una infancia muy distinta al resto viviendo en la Casa Blanca, pero para Lauren Mallory esto había superado todas sus expectativas y realmente se sentía frustrada al ver que una vez más Isabella Swan se robaba toda la atención aquella mañana.

Mientras que Bella y Edward se habían ausentado del Instituto, Emmett no perdió su tiempo y a penas le fue posible tener un momento a solas con su novia se lo hizo notar pidiéndole ir al patio del Instituto.

—¿Qué ocurre? —dijo un poco asustada Rose.

Ella bien sabía que los hombres jamás decían "tenemos que hablar" porque si, realmente esa era la frase maldita que nadie quería oír, pero la chica no sabía lo que realmente disfrazaba aquella inocente y supervalorada frase.

—De aquí a dos semanas iré a Washington —dijo Emmett serio.

—¿Regresas? —dijo sorprendida Rose.

Una extraña incomodidad se apoderó de su pecho, una opresión que jamás antes había sentido le hacía estremecer mientras se mantenía sentada y observando a su novio que se encontraba de pie.

—Si —sentenció secamente —. Pero quiero que vengas conmigo.

Los pensamientos de Rose viajaban a la velocidad de la luz, realmente no comprendía aquello que quería decir Emmett o quizá aquello que decía carecía completamente de cordura y por eso era incomprensible para ella.

—Em…—susurró mientras suspiraba para ordenar sus pensamientos —. Yo… realmente no…

—Quiero que vengas conmigo para que vivamos un momento realmente especial, ya sabes que quiero presentarte a mí papá, pero no es sólo eso, te tengo una gran sorpresa, un regalo que nos ha hecho y que…

—Detente ahí, Emmett —dijo Rose sin comprender absolutamente nada.

El hermano de Isabella estaba ansioso de contarle a su novia el regalo que su padre le había hecho, pero Rose no le permitió continuar.

—¿Cómo es eso que te regresas a Washington? —dijo molesta Rose.

Ante el alzado tono de voz de la rubia un grupo de estudiantes se había acercado a escuchar lo que allí ocurría, para todos era de gran utilidad estar al tanto de los últimos sucesos entre las parejas del instituto, pues era divertido tener algo que comentar cada mañana, pero Rose lo sabía bien y lo había notado, por lo mismo se sintió aún más furiosa.

—¡Ustedes par de mirones! —dijo gritando hacía un grupo que estaba a espaldas de Emmett —. ¿No tienen nada mejor que hacer que husmear donde nadie los necesita? —dijo realmente irritada.

El grupo que allí estaba se dispersó rápidamente, pero aún así se mantuvieron lo suficientemente cerca para ver en qué terminaba todo el asunto.

—Antes que continúes —le interrumpió Emmett —. Quiero que abras esto —le tendió el sobre.

La nerviosa rubia que no entendía lo que ocurría, cogió el sobre y le miró directamente a los ojos.

Mientras Rose desenvolvía el contenido, Emmett no pudo evitar explicarle el susto que le había querido hacer pasar, pero entonces Rose soltó un chillido realmente ensordecedor al ver que en sus manos tenía dos entradas para ir a ver a Muse en Washington y más se sorprendió al ver que las entradas eran de Platinium lo que señalaba que estaría en la mismísima primera fila para oír a Matt Bellamy y la banda que tanto le había robado el sueño.

Abrazó a Emmett sin contenerse, presionándolo tan fuerte que todas las ansias que este tenía de explicarle todo se esfumaron al instante.

—¡Eres cruel! —rió Rose luego de haberse calmado un poco más —. Me hiciste creer que te irías.

—Tú nunca me dejaste terminar —rió Emmett —. Entonces ¿Irás conmigo?

Rose le reprobó con la mirada al ver que la pregunta estaba de más.

—¡Por supuesto! Gracias amor —le besó en la comisura de los hermosos labios de Emmett.

Los curiosos que aún permanecían al pendiente de lo que ocurría se esfumaron de inmediato al ver que la pareja ingresaba feliz al edificio y no tardaron en propagar la noticia, hasta que esta llegó a oídos de Mike y Lauren.

Ante los ojos de Mallory volvía a aparecer triunfante Rosalie Cullen del brazo de su novio y por la otra puerta hacían ingreso, para ella la gota que rebalsaba el vaso, Isabella Swan y el tartamudo, todos con sus respectivas entradas Platinum para ir a ver a Muse.

—Deja de verles —dijo Mike intentando bajar la atención de Lauren.

—¿Qué? Pero míralos con su cara de idiotas como si nada caminando por la escuela ¡Si no me hubiesen castigado también tendría esas entradas! Lo que más odio es que simulen que nada ocurriese cuando si fuese yo quien las tuviese no estaría como si nada… —dijo entrecruzando sus brazos mientras un calor interno la envolvía.

—A mi me dan igual —dijo Mike.

Newton había aprendido la lección, más si su padre y su madre le había advertido que si continuaba molestando a Cullen terminaría castigado y en vez de ir a la universidad le dejarían en un reformatorio de las fuerzas armadas, luego de eso no le quedó más a Mike que bajar el perfil del asunto y evitar sus ansias de vengarse de Edward.

—¿No que se suponía que te ibas a vengar por la paliza que te dio Cullen? —dijo Lauren.

—Fue Swan —susurró avergonzado Mike.

—¿Emmett?

—No, Isabella —respondió incomodo.

—¿Y no harás nada? —intentó contener su risa.

—No lo sé, creo que ya ni me importan —dijo recordando la vez en que Emmett se encaró con él, semejante hombre sin dudas le infundía respeto.

Emmett y Rose se acercaron a Edward y Bella que no comprendía por qué todos los miraban con ganas de lanzarse sobre ellos.

—¿Qué han hecho? —susurró Bella a Rose.

Esta la apartó un poco de los chicos suponiendo que Edward aún no sabía nada.

—La mitad del Instituto, que digo, a estas horas todo el Instituto está enterado que tenemos entradas Platinum para ir a ver a Muse —susurró sonriente.

Bella había olvidado completo ese detalle. Las entradas que le había regalado su padre estaban en su billetera esperando ser aceptadas por Edward, entonces se acercó a su novio, le tomó la mano y caminó junto a él separándolo de la muchedumbre.

—¿Q-Qué p-pasa? —dijo Edward sin comprender.

—Como tú me tenías un obsequio tan hermoso y yo no soy buena en el área musical te tengo un pequeño regalo que espero que aceptes —sonrió tendiéndole el sobre.

Edward frunció el ceño confuso, pero recibió lo que su novia le tendía, entonces allí estaban las relucientes entradas del concierto de Muse que era en dos semanas.

Realmente todo esto le pilló desprevenido y simplemente sin palabras, apegó a Bella a su cuerpo y la miró fijamente.

—G-Gracias —susurró antes de estamparle un beso a mitad de pasillo sin importarle que el resto estuviese observándoles.

Los brazos de Edward la aprisionaban contra su calor y una sensación de inestabilidad y placer la inundó impidiéndole hacer más que responder aquel exquisito beso que la hacía perderse del espacio y tiempo, pues ni siquiera era capaz de sentir sus pies en el suelo.

—Pero, debes prometerme que irás a ver a Jasper cuanto antes —susurró una vez que Edward se alejó de ella.

—P-Por s-supuesto —sonrió su novio tomándola de la cintura nuevamente para besarla con suavidad.

Jasper había decidido que lo mejor sería que Edward tuviese un break en sus citaciones por lo que le pidió que viniese a verle luego de su viaje a Washington, para que tuviesen más de qué hablar y así también evitar más tensiones entre ellos.

Edward se lo agradeció encarecidamente y le pidió disculpas por su último comportamiento, pues la última vez que había estado allí no había sido un caballero.

—Espero entonces tenerte pronto de vuelta para que comencemos con las regresiones —sonrió Jasper mientras le tendía la mano a Edward.

—G-Gustoso e-esta v-vez v-volveré —sonrió Edward estrechando la mano de su médico.

Jasper le había ofrecido al joven Cullen un tratamiento menos invasivo y que le permitiría ir asumiendo poco a poco sus traumas y dándole la confianza para ir hablando del tema sin resentimientos, algo que para Carlisle era estupendo y Edward lo comprendía muy bien por lo que aceptó casi al instante.

La familia de Edward estaba enormemente agradecida por la invitación extendida a sus hijos, para nadie era sorpresivo que obtuviesen ese tipo de invitaciones gratuitas, después de todo el padre de los hermanos Swan era un personaje importante en la Casa Blanca y siempre le tenían en consideración, aún así estar en primera fila era para alucinar por un buen par de semanas.

Emmett y Bella ya le habían avisado a su padre que le visitarían con dos días de anticipación al concierto, ya que sería un momento especial para presentar a sus respectivos novios a Charlie.

Cada día de la semana que se presentaban en el instituto parecía que el disgusto del resto se acrecentaba, en vez de olvidarlo, como lo había planteado Alice, el mundo parecía recordarlo aún más y la envidia parecía dominar el aire.

Bella y Rose tuvieron que lidiar con las muchachas molestas en los baños, gritos y burlas en las prácticas de deporte y todo parecía empeorar cada vez que Lauren Mallory se atrevía a acercárseles.

—Vámonos Rose —dijo Bella al ver que Lauren entraba al camarín de chicas.

Rosalie no tenía ánimos de darle en el gusto a la morena, después de todo era ella la que había comenzado con la molestia de arruinarle el entrenamiento de las animadoras y ella no seguiría fingiendo que aquello no le importaba.

—Aún tengo que peinarme —fingió Rose.

Lauren y Jessica entraron en uno de los casilleros, mientras que la primera chisporroteaba ira por todo el lugar, aún así Bella no tenía ánimos de discutir con una de ellas.

—¿Por qué nos quedamos? —susurró Bella a Rose.

—Uno nunca sabe cuando le cambian el Shampoo por decolorante ¿No te parece? —sonrió Rosalie complacida.

—¿Qué? Estas loca, sería caer en su nivel —volvió a hablar en voz baja Bella.

—Esto no es por todo lo que han hecho ahora, si no por lo que le hicieron a mi hermano y no había tenido la oportunidad de vengarme —explicó Rose, mientras tomaba el shampoo que estaba a la vista y le agregaba un buen poco de decolorante que su madre usaba para tinturarse el pelo, claro que esta vez la cantidad era mucho mayor.

Lauren que estaba en la ducha no sintió en lo más mínimo el ruido de la tapa de shampoo y confiada busco tanteando en el suelo el contenedor de su aseador personal.

Confiada la morena presionó la botella de shampoo y masajeo su oscura cabellera, olvidándose de los malos ratos que había pasado por culpa de Swan y Cullen, ya que esta última la había quitado del equipo de animadoras por no ceñirse a la rutina impuesta por la Couch y eso no era todo, su reemplazo había sido Isabella Swan, una novata en el asunto.

Rose y Bella salieron rápidamente de allí, pues hoy sería el último día de clases antes de su viaje.

La rubia salió riendo a todo pulmón una vez que se alejó del camarín.

—¿Qué crees que pasará? —dijo Bella intentando contenerse y no estallar en risas.

—No lo sé supongo que lo sabremos cuando se mire al espejo —dijo Rose limpiando una lágrima que se le escapaba de tanto reír —. Cuando Emmett se entere de esto seguro estará riendo como yo.

—Seguro, si es que Mallory no toma represalias en tu contra —dijo Bella.

—Créeme, no tendrá pruebas en nuestra contra —sonrió triunfante.

—¿Por qué?

—Jessica le dijo que su tintura había quedado dispareja antes del entrenamiento y Lauren se enfureció demasiado por aquello, se sintió tan ofendida que de seguro creerá que fue Jessica —dijo Rose mientras guardaba el espejo en su bolso.

Edward y Emmett habían tenido una larga jornada de entrenamiento, ya cansado se habían aburrido de esperar a sus novias por lo que decidieron adelantárseles e ir a sus casilleros a dejar el peso de sus bolsos allí.

—¿Nervioso? —dijo Emmett una vez solos.

—¿P-Por q-qué? —respondió Edward mientras dejaba ordenado su casillero.

—Conocerás a mi padre y bueno ya sabes… es más difícil para nosotros —le explicó Emmett.

—N-No, n-no e-estoy n-nervioso, p-pero s-si a-ansioso —añadió Edward.

Rosalie sorprendió a Emmett y se colgó de su cuello, suavemente lo volteó para darle un beso.

Bella hizo lo propio con Edward, pero fue mucho más suave y cariñoso.

Mientras dejaban todo en su casillero se escucho un grito ensordecedor, un grito que Rose y Bella estaban esperando, las chicas comenzaron a reír, mientras que Edward y Emmett no comprendían nada.

—¡Zorra! —gritó Lauren mientras salía envuelta en una toalla en su cuerpo y otra en la cabeza —¡Maldita zorra! ¡Te arrancaré cada pelo de tu cabeza! —gritaba histérica.

La escena en el gimnasio era bastante graciosa, incluso al entrenador le causaba gracia y se quedó admirando por un momento lo gracioso.

Jessica arrancaba sujetando sus pantalones y su toalla envuelta en su pecho, mientras que Lauren la perseguía solamente en toalla. En un intento que no se le cayese la toalla que la envolvía, dejó caer la que sostenía su cabello dejando a vista y paciencia de todo el público su albina cabellera producto del decolorante.

El equipo masculino y las chicas que quedaban allí no pudieron contenerse la risa y estalló fuertemente, en todo el gimnasio, un conjunto de carcajadas.

—¿Qué pasó? —dijo Emmett.

Rose puso su mejor rostro de inocencia, mientras que Bella le explicaba a Edward todo lo que había ocurrido.

Cada pareja caminó a su respectivo coche y se fueron comentando lo agradable de la tarde que habían vivido.

Para ellos mañana sería el gran día. Estarían en Washington, y en pocas horas escucharían a su banda favorita tocar vivo.

Aunque para Bella todo aquello tenía un significado más especial que ir a escuchar a Muse, pues deseaba sinceramente formalizar todo al presentar a Edward a su padre.

Esme y Carlisle estaban esperando a sus hijos ya que sería la primera vez que se van solos a Washington y ambos se sentían muy incómodos con aquello, más si viajarían con sus novios y aún más por Rosalie.

—Nos llamarán cuando lleguen —dijo Carlisle mientras acompañaba a su mujer a la cocina.

Edward y Rose se sonrieron al verlos así de tensos.

—Si papá —respondieron al unísono.

—Y no olviden que van a la casa del padre de Bella y Emmett, por favor compórtense —les aconsejó Esme.

—Si, mamá —volvieron a repetir.

—Si pasa cualquier cosa, nos llaman y los vamos a buscar o simplemente se vienen —dijo Carlisle.

—Si, papá —repitieron mientras rodeaban los ojos.

—Cuida a tu hermana Edward —inquirió Esme.

—Si, m-mamá, l-lo haré —respondió Edward mientras aceptaba su cena.

—¡Mamá! —criticó Rose —. Esto debería ser mañana, hoy ni siquiera nos marchamos —reclamó.

—Soy tu madre, Rosalie, será mejor que te acostumbres y te comportes por allá —dijo cariñosamente Esme.

Aquella noche Edward y Rose no pudieron dormir, la ansiedad y los nervios le habían provocado un insomnio considerable por lo que se vieron sentados a las cuatro de la madrugada en la cocina, ambos con una taza de leche.

—No tengo sueño —dijo Rose haciendo pucheros —. Lo peor será mi rostro mañana y el papá de Emmett me verá así y…

—N-No e-exageres —rió Edward —. C-conoces b-bien e-el t-truco d-del m-maquillaje.

Los hermanos se quedaron profundamente dormidos en el sillón, lamentablemente para ellos había amanecido. Esme y Carlisle los despertaron tempranísimo para que alcanzaran a llegar a la hora ya que Emmett y Bella los estarían esperando para irse todos juntos al aeropuerto.

Una vez que se aseguraron por quinta vez que llevaban todo, Rosalie dejó la casa para unirse a su familia en el coche de su padre.

Ambos volvieron a repetirle que se cuidara y todo el sermón correspondiente y los hermanos volvieron a repetir con monotonía que así lo harían.

Pasaron por casa de los Swan y se unieron en el coche de los Cullen.

La carretera camino al aeropuerto de Port Ángeles estaba bastante despejada por ser día jueves, por lo que su viaje fue bastante expedito.

Esme abrazó reiteradamente a Edward y a Rose y no se olvidó de advertirle a Emmett que cuidase mucho a su hija. Este se sonrojó al ver lo que creía la madre de su novia y le aseguró que la traería sana y salva.

Alice llamó a Rose para darle sus felicitaciones y desearle un feliz viaje.

Así entonces los chicos se subieron al avión y se sentaron con tranquilidad en sus respectivos asientos esperando que despegara pronto el avión que los llevaría a aquel inolvidable momento que estarían por vivir.

Los cuatro chicos reían y conversaban muy animados y ansiosos, mientras que Edward no dejaba de pensar en que diría el padre de Bella al ver que su hija estaba con alguien como él.

¿Le discriminaría por su condición?

Sin duda era la pregunta que se mantenía en la mente de Edward, no cabía la menor duda que él era muy poco para Bella y eso era una verdad bien sabida, que sus amigos no quisiesen reconocerlo era otro asunto.

Bella notó la incomodidad de Edward e intentó saber a que se debía, pero este le dijo que era el cansancio de la noche anterior.

La azafata les avisó que estaban por llegar y no tardaron en hacerlo. Buscaron sus maletas y se acercaron a la salida del desembarque.

Allí Bella vio a Charlie, su padre, que estaba esperándolos con sus acompañantes de siempre, Alec y Dimitri.

—¡Bella! —dijo Charlie abrazándola con cariño —. Te he extrañado.

—También yo, papá —rió algo apenada intentando soltarse del apretado abrazo de su padre.

—¡Emmett! —repitió el gesto Charlie, pero ahora con su hijo —. ¿Cómo está mi campeón?

—Bien, papá —sonrió.

Una vez de haberles saludado con tanta efusividad se dedicó a observar a los acompañantes de sus hijos. La chica rubia era realmente hermosa y muy adecuada para Emmett y no podía dejar de pensar que su hijo había tenido la fortuna de tenerla por novia.

Guió su mirada hasta donde estaba el chico que acompañaba a Bella, un muchacho alto, de cabello cobrizo, algo despeinado, quizá demasiado para su gusto, con una postura poco agraciada como si se avergonzara de algo, debía reconocer que sus facciones eran las correctas y muy similares a las de la novia de Emmett, era bien parecido pero sin dudas estaba muy tímido por la situación.

—Papá —dijo Emmett —. Esta es Rosalie Cullen, mi novia —sonrió de par en par Emmett.

Rose le saludó segura y le dedicó una de sus mejores sonrisas, sin intentar ser demasiado efusiva.

—Es un gusto, Rosalie, eres muy guapa —le sonrió.

—Muchas gracias —respondió Rose sin sentirse intimidada ante el halago, ya que estaba acostumbrada a recibirlos.

—Y te presento a Edward Cullen —interrumpió Bella —. Mi novio y hermano de Rosalie.

Edward sentía como sus manos temblaban y su voz volvía a escaparse de sus labios, no sabía que decir o que hacer, de no ser porque Bella le sostenía fuertemente la mano, quizá habría arrancado de tanta presión, pero aún así intentó mantenerse firme.

Charlie volvió a mirarle una vez más, parecía mucho más tímido y tenso, algo que no le molestaba pues recordó la primera vez que se presentó ante el padre de Renée, había actuado con la misma timidez.

—Hola, Edward —dijo intentando darle un poco más de confianza para conocerle.

El novio de su hija no pronunció palabra. Se podía sentir la tensión del ambiente, Rose y Emmett la percibían, mas no podían hacer nada pues todo dependía de Edward.

El chico intentó sacar la voz y tan sólo logró un tímido "Hola" entrecortado.

Fue entonces cuando Edward se dio cuenta que por más que lo intentase no calzaría para Bella, pero que su amor por ella era más fuerte que su rechazo a la sociedad, por lo que se mantuvo allí de pie intentando no pensar en escapar.

Bella se abrazó a él un poco más e intentó que las miradas se alejasen de Edward, narrándole a su padre su nueva vida en Forks.

Rose notó la mirada triste de su hermano, para ella no era indiferente todo lo que le ocurría y no pudo evitar sentirse apenada por él.

—Edward no se siente cómodo —susurró Rose a su novio.

—Lo sé lo he notado —respondió Emmett —. Aunque es normal, tampoco estaba cómodo con tu padre.

—Pero es distinto, él se siente imposibilitado de decir palabra y sé que tu padre esta muy interesado en hacerle hablar —volvió a hablarle en voz baja.

—Habrá que evitarlo, entonces —se apuntó a ayudar.

—No, si hacemos eso tu padre creerá que Edward oculta algo o quizá que es muy poca cosa para Bella —analizó Rose.

—¿Entonces?

—No podremos hacer nada, esta será la prueba de Edward, sólo él podrá demostrar que detrás de esa tartamudez existe un gran hombre —susurró aún apenada Rose.


Hola chicas.

Ni me lo digan, he tardado demasiado.

Es que la universidad me tiene colapsada, no tengo tiempo más que estudiar y al ramo que más le dedico tiempo, es el que me esta matando y debo luchar para no tener que repetirlo.

Asi que no he tenido tiempo de escribir, menos de subir algo...

Así que este capitulo es un regalito para decirles: No sé cuando pueda subir porque las siguientes semanas se me vienen mucho peores y el tiempo para escribir se acorta.

Las chicas que leen Mr. Misterious.

debo decirles que muero por escribir esa historia, pero no tengo tiempo, así que sólo esperenme ¿Si?

QUIERO ACLARAR QUE ES INNECESARIO QUE ME DIGAN: ¡ACTUALIZA PRONTO! O ¡SIGUELO!

Porque JAMAS dejo mis historias a medio terminar, puedo tardar pero las finalizo.

y el ACTUALIZA Pronto es innecesario ya que lo hago apenas puedo.

Gracias a todas las que me dejan review en cada capitulo.

SE NOS ACERCA EL CONCIERTO DE MUSE y habrá mucha magia en él... mucha mucha magia.

Así que me encantará saber que opinan de todo esto.

Besitos

Manne.

P/D: Pasen por mi nuevo fic (que no se cuando pueda actualizarlo) se llama: Im waiting for you in eternity :) LAS ESPERO ALLI