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Disclaimer: Lo personajes no me pertenecen, ni nunca lo harán.

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La caja de Pandora.

3.- Cumplir.

Hacía ya trescientos cuarenta días desde que el grupo partió en la búsqueda de los 'clones', y tan solo una semana desde que el grupo llegó a un país… de lo más especial, o mortal.

Por suerte, no era una dimensión que se encontraba en guerra, por que de las últimas, los guerreros salieron mal parados.

Pero en ese mundo, pudieron encontrar alojamiento, y descanso; pero claro, ¿cómo se iban a olvidar de la pluma?

Después de unos días de reposo, decidieron salir en búsqueda de información.

Era un día de esplendoroso, el Sol lucía como una gran bombilla, en medio de un agraciado cielo azul.

Los niños jugaban por la calle, las mujeres y sus hombres vivían tranquilamente. La ciudad estaba viva, la gente era feliz.

— ¿Por qué demonios habrá tanta gente? —se preguntó irritado Kurogane.

La gente caminaba por la, que parecía ser, calle más concurrida.

Entre los murmullos de la gente, las risas de las mujeres, los gritos de los tendederos, los juegos de los niños, los eventuales empujones que sufrían… era un total sin vivir, al menos para Kurogane.

—Oh, vamos Kurorín… ¡Este sitio parece de lo más divertido!

—Oh, sí —murmuró el guerrero imitando la voz de Fye—, este sitio es muy divertido.

—Pero, Kurogane, Fye —intervino Xiaolang—, ¿no creéis que el ambiente está muy diferente al de cuando llegamos?

Era cierto, el día en que llegaron, la ciudad estaba desierta, no había ni un alma en la calle; por suerte en las afueras, había una casa abandonada y sin que nadie se diera cuenta, la ocuparon.

—Mmm… qué extraño… —murmuró pensativo Fye, entonces una señora de mediana edad pasó por su lado—, ¡buenos días, señora! —saludó alegremente, pero la señora le miró con cara de pocos amigos.

—No soy una señora.

—E-entonces… ¡Buenos días, señorita!

—Mucho mejor —sonrío la mujer—, entonces, ¿qué querías?

— ¿Hoy ocurre algo de especial, en esta ciudad? —cuestionó el mago; la mujer le volvió a mirar mal, pero ahora más bien confusa que enfadada.

— ¿Qué si ocurre algo especial? ¿Cómo podéis cuestionar eso? —graznó la señora—. Hoy es el día en que el Tsar viene a la ciudad de Ymir Qhul a bendecir los campos, el ganado, y el tiempo.

—Muchas gracias, señora —agradeció Xiaolang—.

— ¿Cuántas veces tengo que decir qué no soy una señora? —gritó al grupo mientras estos corrían calle abajo—.

.

—Uf… Uf… ¡Pero a quién se le ocurre volverle a llamar señora!

—Lo siento, Kurogane… —se disculpó Xiaolang—.

—Bueno, al final no ha pasado nada, así que no te disculpes —respondió tajante Kurogane—.

—Ooh… ¡Qué papá tan responsable! —canturrearon Fye y Mokona al unísono mientras corrían alrededor del guerrero—.

Pero, cuando estuvo a punto de estallar, una voz se escuchó en la lejanía.

— ¡Escuchad, escuchad! ¡Vuestra majestad el Tsar está aquí presente!

Como muñecos mecanizados, todo el mundo se inclinó hacia delante, corroborando una reverencia en conjunto; eso también lo tuvieron que hacer los 'extranjeros', para pasar desapercibidos.

Entre la multitud, una carroza adornada con tonos amatistas y trazados de oro, se abría paso entre la muchedumbre; hasta que se paró casi delante del grupo y, lentamente, sus puertas de madera se abrieron.

Un hombre de estatura media, ataviado en una túnica azul, bajó del carro, y comenzó a saludar a todos.

— ¡Bendecida sea la ciudad de Ymir Qhul! —anunció el Tsar, seguido de un estruendoso aplauso general—.

Xiaolang, Fye y Mokona hicieron lo propio, pero Kurogane tenía la ligera sensación de que ese 'rey' ya le era conocido por alguna razón…

Entonces, el Tsar se quitó la capucha de su túnica y en ese momento el guerrero pudo verificar que sus sospechas fueron ciertas.

Bajo la capucha, se 'escondía' un hombre de facciones fuertes, de sonrisa sarcástica; con ojos oscuros bajo un monóculo. También tenía un característico peinado que desafiaba las leyes de la gravedad, y su cabello de color negro aun destacaba más por las canas que había acumulado con su avanzada edad.

Mokona, y los dos otros hombres, miraban horrorizados la figura del Tsar. —C-cómo puede ser… —se preguntaba la criatura aun sin creérselo—.

Kurogane no podía caber en sí de ira, que le iba corrompiendo el alma poco a poco; ¿cómo podía ese capullo estar vivo?

El guerrero iba avanzando entre la multitud, intentando alcanzar al 'Tsar', pero antes de que pudiera cometer ninguna locura, una mano le detuvo, cogiendo la suya.

—K-Kuro… —el guerrero abrió los ojos como platos al oír la suave voz; sabía de sobras quién era—. Sé que te frustra saber que el Tsar es él… Pero por favor —le suplicó—, no hagas ninguna tontería, podrías salir herido…

Kurogane, que ya se sentía frustrado, ahora se sentía más mal por hacer sufrir al mago.

¿Cuántas noches y días habían dejado pasar hasta que reconocieron lo qué sentían el uno por el otro?

La mayoría de problemas los había creado ese maldito… ese maldito de Fei Wang Reed; y claro, la sed de venganza no podía evitar despertar.

—Mmm… de acuerdo, no me moveré—dijo el guerrero cogiendo la mano del mago entre las suyas—. Pero… juro que volveré a matarte si hace falta… ¡FEI WANG REED!

Cuando todo el mundo cesó lo que estaba haciendo y miró hacia Kurogane, él mismo supo que la había cagado. Definitivamente.

—Quién… quién ha sido —susurró el Tsar, iracundo—.

—Ese hombre que tiene los ojos rojos—le contestó uno de sus sirvientes—.

Fei estaba furioso, habían desvelado su auténtica identidad, pero… quería pasárselo bien un rato.

—Bah, se lo dejaremos pasar por esta vez, pero en cuanto pillemos desprevenidos a ese grupo…

—Les pararás una trampa, ¿verdad? —acabó el sirviente—.

Los dos se rieron, oh, que dulce era la venganza; y sin hacer caso del guerrero ni de la gente que le aclamaba, los dos entraron en la carroza y volvieron al palacio.

.

Esa noche mientras el grupo cenaba —aunque no les apeteciera mucho—, no eran capaces de decir nada, no después de lo que había pasado; pero el que estaba más preocupado era Fye, por que el Ninja se había ido a su habitación —la de los dos— y no aún no había salido, ni para la cena.

—Aah… —suspiró Fye—; ¿por qué no saldrá?

—Fye, creo que todos sabemos el porqué —respondió tristemente Mokona, todos asintieron con la cabeza—.

—Yo creo que todos lo hemos pasado mal gracias a él—comenzó Xiaolang—, pero Kurogane ha estado más feliz desde que acabamos con su 'sueño'.

Fye se mordió el labio. ¿Qué si Kurogane había estado más feliz desde entonces? Pues claro que sí. Por fin pudo vengarse de la persona que había matado a su gente más apreciada; ¿solo eso? No.

El Ninja tuvo más libertad para expresar lo que sentía, por que no ya no había rencores, ni nada que lo atara a estar siempre enfadado.

Y también comprendió que tenía una razón para sonreír como lo hacía. Encontró el amor; uno de suave, pero a la vez desesperante. Uno que le hacía perderse en sus pensamientos, y que también que quisiera tener más recuerdos.

El mago se sonrojó ante tales pensamientos, por que la verdad, se sentía bastante aludido con eso. Él también había encontrado a alguien con quien amar y confiar.

—Mmm… Voy a verle —dijo Fye, levantándose de su silla y subiendo las escaleras hacia la habitación del guerrero.

.

La vida del Tsar era tranquila. Muy eventualmente tenía que intervenir una guerra o pelea. Una vida digna de tener, se diría. Pero detrás de todas esas paredes de oro, o todas las joyas que pudiera poseer, Fei Wang siempre tendría algo que le corrompiera. Su otro yo había muerto.

No podía permitírselo. Toda la gentuza de ese pueblo creía que era como un Dios, y no les defraudaría —aunque pareciese imposible—. Pero mediante un sueño se enteró de que su 'alter ego' fue derrotado por un grupo, pero que quién acabó con su vida fue un tipo alto, con cabello negro y ojos rojos; como ese hombre que se había atrevido a encararse a él esa mañana.

¿Coincidencia? Él no creía en esas cosas.

Knock, knock.

En ese instante alguien llamó a la puerta.

— ¿Quién es? —preguntó Reed—.

—Kyle, mi señor.

—… Pasa.

El hombre que se asomó por la puerta era alto, sus facciones eran suaves, sus ojos, bajo unas gafas, eran más profundos que el propio espacio, y su larguísimo cabello estaba recogido con una coleta.

Kyle se acercó al Tsar y se arrodilló a sus pies.

—Mi señor, he oído que ellos han llegado.

—Sí, Kyle, y me gustaría pedirte un favor.

—Lo que sea.

—Encárgate de ellos; usa a los Tvaryuka si es necesario —sentenció Fei. Kyle le miró sorprendido—.

— ¿E-enserio es necesario?

—Sí. Cuando antes acabemos, mejor—aclaró—.

—Claro —asintió el sirviente—. Entonces, me retiro para proveerme de los preparativos.

— ¡Espera! —le llamó Fei Wang—, eh… ten cuidado y eso.

Kyle esbozó su primera sonrisa en mucho tiempo.

.

Fye abrió lentamente la puerta de su habitación. Para su sorpresa, se encontró al guerrero durmiendo en su cama —la de los dos—.

El rubio se sentó a un lado del colchón, y apartó los pelos del flequillo de Kurogane y sonrió con tristeza.

—Entiendo que estés tan triste… Kurotán… Perdóname… Yo no puedo hacer nada por ti —besó su frente—.

Siguió acariciando su cabello, después su mano se desvió por el cuello y luego avanzó por su pecho, marcando sus músculos lentamente…

Kurogane se sacudió violentamente.

— ¿Eh?

Maldito… para de una vez… —susurraba el guerrero en sueños—, para… —de repente comenzó a híper ventilar, y cada vez le costaba más respirar.

Mientras, el mago cada vez sentía sus párpados más pesados por cada segundo que pasaba.

Cuando notó que su consciencia se le iba por completo, el rubio pareció oír una suave voz que le decía:

—Dulces sueños…

.

Fye abrió lentamente sus ojos; miró hacia la izquierda, luego a su derecha, solo pudo ver una oscuridad infinita.

— ¿D-dónde estoy? —se preguntó para sí mismo. Era obvio, pero nadie le respondió—.

Con miedo, comenzó a avanzar sin rumbo en medio de aquella nada, en busca de una salida; pero después de caminar un buen rato decidió que hacer eso no valía la pena.

—Mmm… tendré que concentrarme un poco —sentenció Fye—.

Cerró los ojos, tan fuerte que podía ver chispas de colores. Se concentró en el silencio que reinaba, en ese 'lugar', intentando detectar algún aura, sonido o ruido; pero todo era una tranquilidad absoluta, pero de repente, escuchó unos quejidos, casi inaudibles.

Ngh, p-para…

¿Eh? Esa voz no será… ¡Kurogane!

Sin poder controlar su cuerpo, comenzó a caminar hacia de donde venía la débil voz.

Avanzando entre esa oscuridad, Fye solo podía ver como sus pies avanzaban, y los quejidos se hacían más sonoros.

No hay duda… es él.

Mientras sus piernas se movían solas, Fye miró lo que le rodeaba, pero en realidad, era difícil describir la mismísima nada. No era ni blanca ni negra, era un vacío, un agujero pero sin límites. Pronto, comenzó a sentir que le faltaba aire y que una claustrofobia que no era normal, amenazaba con hacerle perder el conocimiento.

El único motivo por el cual aún no se había mareado era, por que la, cada vez más fuerte, voz de Kurogane entraba por sus oídos y le mantenía despierto.

De repente, una luz morada le sacó de su ensimismamiento. ¿Había llegado ya a la salida?

La hermosa luz le atraía, sus pies se movían cada vez más rápido; y su cabeza, cada vez le daba más vueltas.

Sus ojos estaban desenfocados, pero haciendo un esfuerzo sobrehumano, los entrecerró y entre todo ese resplandor, pudo distinguir una figura humana.

Se acercó lentamente hacia el cuerpo que yacía en el 'suelo' y entonces pudo escuchar otra vez la voz, que ahora era seguro de que venía del hombre inconsciente.

F-Fye, no te acerques… es peligroso…

El mago cayó de rodillas sobre la nada. Ya no le quedaban fuerzas en el cuerpo. El mago se arrastró tanto como pudo hacia el cuerpo que descansaba, y le abrazó.

—K-Kuro… gane…

.

Xiaolang y Mokona, decidieron subir a la habitación del guerrero y del mago. Había pasado ya una hora, y estaban comenzando a preocuparse.

Subieron de puntillas las escaleras, y avanzaron lentamente por el pasillo que conducía hacia todas las habitaciones de la casa. La tercera, era la correcta.

Con un poco de miedo, el muchacho cogió el paño de la puerta y lo giró, abriéndola.

Poco a poco entraron a la habitación y cerraron la puerta tras ellos. Había un silencio absoluto.

Kurogane y Fye estaban dormidos. El muchacho los miró más tranquilo,los dos estaban descansando apaciblemente; bajo la luz de la Luna, esa escena era hermosa.

Pero de repente, los dos cuerpos comenzaron a brillar. No por la luz de la Luna, si no por una luz morada que los iba engullendo poco a poco.

— ¡Oh, no! Kurogane y Fye están… ¿Mokona, no puedes hacer nada?

La criatura bajó del hombro del pequeño y se acercó a los cuerpos en reposo, hasta que llegó a tocarlos.

— Puedo detectarlo —susurró Mokona—.

— ¿El qué? —preguntó Xiaolang—.

—Hay mucha tristeza… es… un pozo lleno… de tristeza —cuando terminó la frase, se desmayó, al igual que el mago había hecho antes—.

— ¡Mokona! Moko- —la luz también engulló al muchacho, llevándolo a la 'nada' de los sueños—. Moko-chan…

.

Fye seguía abrazando al guerrero, mientras lloraba, tanto de tristeza, de ira, de amor y de sus ganas de saber respuestas.

Kurogane seguía en un estado ausente; sus ojos miraban a un horizonte que ni siquiera existía. Parecía que estuviera en otro mundo.

Mierda… Kurogane, ¡tienes que despertar! —gritó el rubio. Pero de repente, sintió que en aquel 'lugar' no estaban solos—. ¡Seas quién seas, sal de una vez!

Una estruendosa risa se expandió, haciéndose cada vez más fuerte. Una luz roja hizo su presencia, y de ella, se pudo ver una alta figura, que lentamente comenzó a avanzar en dirección al rubio. Cuando caminó lo suficiente, se pudo ver que aquella figura pertenecía a un hombre, y en un momento, Fye le reconoció.

—Oh, no…

—Oh sí —dijo el hombre—, creo que ya me conoces de antes, ¿no? —sonrió maliciosamente—, pero por si acaso me presentaré. Me llamo Kyle Rondart y… —chasqueó los dedos— creo que voy a ser la última persona que veas.

El mago miró horrorizado a Kyle, que estaba a apenas dos pasos de él, pero su cuerpo se paralizó cuando vio que de la luz morada que envolvía al guerrero, salían extrañas criaturas, que también se le acercaban.

Kyle cogió a Fye por el cuello y lo elevó unos palmos del suelo.

—Bien, parece que los Tvaryuka han acudido ha hacernos compañía… ya se habrán encargado de los recuerdos del guerrero —siseó el hombre—.

— ¿C-cómo? —exclamó Fye—.

—Tengo órdenes del Tsar de acabar con vosotros; así que primero, he tenido que encargarme del más fuerte. ¿Y qué mejor que con los Tvaryuka? Se hacen más fuertes a medida que absorben los recuerdos de los demás, y sin recuerdos, una persona es como un cuenco vacío. Dos pájaros de un tiro, ya ves.

Kyle hizo más fuerza con su mano izquierda. Fye no aguantaría más la presión que ejercía su enemigo. La cabeza le daba vueltas, tenía los pulmones como un ovillo, y sentía unas grandes ganas de vomitar. Notaba como su vida se iba al traste, de cómo sus esfuerzos acababan en blade, y, que encima, iba a morir en manos del siervo de aquí que le hizo pensar que había matado a su hermano.

Pero a pesar de todo, lo que más le dolía, era que no había cumplido su promesa hacia Kurogane. Hacía mucho tiempo de ello, pero ese momento, siempre quedaría grabado.

Kurogane, yo siempre te causo problemas y…

Shh… Tú no me causas problemas… Se podría decir que me los causo yo.

Fye sonrió de verdad y besó la mejilla enrojecida del guerrero.

Entonces, a partir de ahora nunca dejaré que nadie te cause problemas. Te lo prometo.

Kurogane le miró sorprendido. Bueno, tú ya verás… Aunque si por casualidad algún día me metiera en problemas, no necesitaría tu ayuda.

¡Pues me volveré más fuerte, ya verás!

—… Jé. Fye, no es bueno prometer demasiadas cosas a la vez…

La vista se le nublaba, y ni siquiera podía respirar. Pero de repente, su cuerpo se golpeó con el 'suelo', junto al cuerpo de Kurogane.

¡Ven a mí, Dios del trueno!

El mago abrió un poco los ojos, Kyle también estaba en el suelo, retorciéndose de dolor. Delante de sus ojos, apareció un par de zapatos, y una voz le atravesó los tímpanos:

— ¡Fye, Fye! ¿Estás bien? —el niño ayudó al mago a incorporarse—. ¿Pero qué te ha pasado? ¡Tienes muy mala cara!

El mago rió amargamente. —No creo que debas preocuparte por mí —Fye miró el cuerpo desfallecido—, él necesita más ayuda que yo.

Mokona salió de entres las ropas de Xiaolang y saltó, para aterrizar sobre el cuerpo de Kurogane.

— ¿Q-qué le ha pasado a Kurorín? —exclamó la criatura—, está… frío.

— ¿Frío? —susurró Fye— ¿De qué me suena…?

Al comienzo de ese viaje, Sakura les acompañaba, y tambiñen había perdido sus recuerdos, su cuerpo era frío como el mármol. Pero a medida que fue recuperando sus recuerdos, su corazón volvió a retomar su calidez.

Pero si los Tvaryuka habían robado sus recuerdos, y Kurogane estaba frío cual muerto…

— ¡Ya lo tengo! ¡Acabemos con esos monstruos!

—Pero si acabamos con ellos, ¡los recuerdos también desaparecerán!

—Xiaolang, deberías confiar más en Mokona —dijo el mago—.

—… ¿Eh?

— ¡Pues claro que sí! —dijo la criatura—, tengo la habilidad de almacenar recuerdos, ¿os es que no lo recordáis? —acabó ligeramente irritada—.

Xiaolang sonrió, ni se le había ocurrido.

—Pues entonces —comenzó Fye— vosotros dos encargaos de esos monstruos. Yo me haré a cargo de Kurorín.

Xiaolang y Mokona avanzaron hacia los Tvaryuka, y con unas ganas tremendas de salvarlos a todos, el guerrero dio la primera estocada.

Las misteriosas criaturas se le echaron encima, Xiaolang con destreza, los podía esquivar. Los 'monstruos' no paraban de dar zarpazos y aplacar contra el guerrero, y a pesar de que no se defendían, eran rapidísimos.

—Arf, arf… son demasiado rápidos ¡Por más que lo intente, nunca les doy!

Mokona sabía que, a parte de superarlo en número, juntos, eran mucho más fuertes.

—Jo… Nunca hago nada para ayudar… —la criatura se sorprendió un momento— ¿Y para qué tengo yo 108 habilidades? Algo podré hacer para vencerles, supongo…

El guerrero estaba cada vez más cansado, y no faltaría mucho para que los Tvaryuka se tiraran encima y le aplastasen. Uno de ellos, le dio un zarpazo letal en su costilla, haciéndole caer sobre el suelo, y siguiendo sus instintos, los otros hicieron lo mismo, hiriendo gravemente al pobre muchacho.

La vista se le volvía negra, casi al borde de la inconsciencia. Pero de repente, una luz blanca le cegó la vista.

— ¡Habilidad 77, Mokona: modo combate!

¿Esa voz era la de un ángel? Eso pensó Xiaolang, pero cuando abrió más los ojos, pude ver a la pequeña 'bola de arroz' saltando y arremetiendo contra las criaturas, venciéndolas, si las criaturas eran muy rápidas, ella lo era más. Después de eso, se disolvían en pequeñas lucecitas lilas que hacían un recorrido hasta el pendiente de Mokona.

La pequeña criatura no tardó demasiado en vencerlos a todos, y en cuanto lo consiguió su pendiente emanaba la misma luz que la de las criaturas.

Mokona se acercó lentamente a Xiaolang. — ¿Xiao-kun, estás bien? —preguntó preocupada—.

El pequeño guerrero aún la miraba sorprendido. Tenía la boca abierta de par en par y los ojos abiertos como platos.

—E-eso ha sido… —balbuceó Xiaolang—, eso ha sido… ¡GENIAL!

—… ¿Enserio?

— ¡Los has vencido en un periquete! —abrazó a la pequeña—, ¡eres la mejor!

—B-bueno… ¡Pues claro que sí! ¡A parte de ser mona, soy muy fuerte! —dijo sonriendo—.

Kyle abrió lentamente los ojos, le dolía tremendamente la cabeza.

¿Qué había pasado? Esa era una buena pregunta, por que los Tvaryuka habían desaparecido. Las criaturas aparentemente 'invencibles', habían sido derrotados por, según él, una panda de incompetentes.

Giró su cabeza hacia la izquierda. Ese grupo estaba reunido, seguramente, devolviéndole los recuerdos al guerrero.

Dirigió su mirada hacia el 'techo', ¿por qué había tenido que ir a esa estupida misión? Obviamente por que se lo había pedido el Tsar. En realidad, todo lo que él hací era por el bien de Fei Wang Reed. Él le había dado la vida, o bueno, le creó. Le dio un pasado, le dio un hogar y le dio 'felicidad'. Pero a veces, dudaba el por qué de ser creado.

¿Su existencia se había reducido a todo eso?

Para su Rey, él era solo una creación. Y nada más. Pero para Kyle, el Tsar lo era todo, por que él nunca había tenido nada.

Haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban, Kyle su puso derecho, y volvió a mirar su alrededor. El grupo todavía estaba junto. Ojala él también formara parte. Pero un ser creado a partir de sombras, nunca era aceptado entre la gente.

Comenzó a caminar. No en dirección hacia una salida, si no hacia la profundidad de las sombras. Si volvía a ellas, a lo mejor comprendería su razón de existir.

Aunque eso significara que dejara a su persona más importante atrás.

.

La luz del pendiente cada vez se hacía más pálida según los recuerdos llenaban el corazón de Kurogane.

Fye solo podía mirar asombrado el espectáculo de recuerdos que desfilaba ante sus ojos. Algún momento bueno, otros de amargos, y también de…

— ¡Uaaaaah, no miréis, no miréis! —exclamó el rubio avergonzado, tapando los ojos de la criatura y del muchacho—.

— ¿…Eh, qué pasa, Fye? —preguntó Xiaolang, curioso—.

—Huy, 'mamá', ¿qué está haciendo papá? —preguntó picaronamente la criatura—, o mejor dicho ¿qué están haciendo la parejita?

— ¡Nada! —replicó—.

Pero de repente, los recuerdos dejaron de desfilar, y el cuerpo de Kurogane dejó de brillar con la luz morada.

Lentamente, el guerrero abrió los ojos y se rascó el cogote, soñoliento.

— ¿Mmmmh, dónde estoy?... ¿Y por qué miráis así, vosotros?

Todos, excepto él mismo, estaban sonriendo alegremente hacia él.

— ¡Kurorín, por fin has despertado! —gritó Fye mientras le abrazaba—.

— ¿Despertado? ¿De qué? —preguntó confuso, mientras, disimuladamente, le devolvía el abrazo—.

— ¡Las preguntas ya se harán después! —dijo animadamente Mokona—, ahora, ¡nos vamos a otra dimensión! —saltó sobre el hombro de Xiaolang—, además, en este mundo parece ser que no hay pluma…

Xiaolang miró sorprendido a la criatura.

—Mokona. No me digas que en todo este rato…

—Sí, hemos podido volver a casa.

— ¿Y por qué no lo has dicho antes? —exclamaron Fye y Xiaolang a la vez—.

—Quería comprobar… si un 'viejo amigo' decidía hacer lo correcto.

— ¿Qué 'viejo amigo'?

Mokona sonrió mientras miraba la oscuridad. Ya nadie.

Kurogane aún estaba muy confuso, ¿qué había pasado durante todo ese rato?

Tenía muchas preguntas por hacer, pero lo primero era irse lejos de ese mundo… Lejos de Fei Wang Reed…

— ¡¿Eh, y ese maldito de Fei Wang Reed? —vociferó el guerrero—.

—Kurorín tranquilízate, lo mejor ahora es irnos —le sonrió el rubio—, Así que… ¡Mokona, vamos allá! —manifestó alegremente—.

¡Mokona Modoki no puede esperar más!

Una luces de colores envolvieron al grupo. Esa oscuridad absoluta cada vez se hacía más borrosa.

Aún en medio de un abrazo, Fye se puso de puntillas y le dijo con un susurro a Kurogane:

Siento no haber cumplido mi promesa…

— ¿Por qué lo dices?

Fye se apartó de su oreja y se acercó a sus labios, rozándolos levemente.

Después te lo explico.

.

Había pasado ya una semana, desde que Kyle no hubiese retornado de su misión. El Tsar, cada vez salía menos de su camarote, y eso era fatal, por que contribuía a que hubiera más enfrentamientos y peleas.

A la segunda semana, los sirvientes del Rey decidieron irrumpir en su camarote, y se llevaron una desagradable sorpresa. Fei Wang estaba sentado en una silla, inmóvil y con los ojos fijos en el infinito.

—N-no puede ser… —dijo uno de los criados—.

—Se ha encerrado en su corazón, no está muerto, pero solo vivirá su realidad 'virtual'.

Y dejándolo junto las sombras de la habitación, los sirvientes dejaron al Tsar 'encargándose de sus asuntos'.

FIN-

N/a: Si habéis aguantado toda la lectura… ¡Os quiero!

Bueno, la verdad es que esto es el fic más largo que he escrito nunca… Que bien, supongo.

Bueno para aclarar, Tsar significa Rey, y Tvaryuka, criaturas (en este caso malas, malísimas D:)

Y quien haya leído 'x/1999' supongo que habrá notado que el final está basado en una de las situacuiones… Jé.

Bueno, nos vemos en el próximo capítulo "Labios".

Besazos,

Aritzee.