Hola :) Muchas gracias por todos sus lindos comentarios, espero que el fic les siga gustando tanto como a mí. Por ahí alguien entendió el significado de los títulos, tiene que ver con una historia de la biblia. Los que han hablado conmigo saben que detesto a la religión católica (aunque haya sido bautizada por ella) pero siempre me ha gustado mucho la comparación que se le hace con la tentación.
Cuando el final de la historia de la biblia haya llegado, les explicaré el por qué de los títulos.
Muchos besos a todos y por favor dejen un lindo REVIEW! :)
La serpiente
Era casi medianoche y House seguía concentrado mirando el pizarrón de síntomas, sin alguna posible explicación. Su estómago rugió y le hizo recordar lo que detestaba ser doctor en ocasiones como ésta. Moría de hambre, de sueño y de sexo con Cuddy, y gracias al estúpido que agonizaba, no tenía ninguna de las 3.
Luego estaba Addison Montgomery ¿Por qué diablos le intrigaba tanto? Había conocido mujeres bellas e inteligentes antes, la misma Cuddy cumplía de sobra con todas esas características. Pero desde que llegó la ginecóloga que no se la ha quitado de la cabeza.
Cerró los ojos y por un momento le pareció verla entrar. Tenía su rojo cabello revuelto, usaba un vestido negro con un generoso escote y una sonrisa muy característica de ella, apostaría que todos los hombres que habían caído a sus pies se habían rendido ante esa sonrisa. Parecía como si de verdad se acercara, se sentaba en sus piernas y sus pequeños y finos labios rozaban su barbilla, su aliento olía a menta, la mejor menta del mundo sin duda. Sus ojos celestes lo miraban como perdidos en los suyos, sus largas manos acariciaban su rostro mientras su lengua recorría el camino hacia sus labios muy lentamente, como saboreando al nefrólogo. Quizás porque estaba convencido de que era un sueño es que se dio el lujo de bajar la cremallera del vestido negro de la pelirroja, acariciando su delgada y larga espalda sintiendo escalofríos. Addison cerró sus ojos y muy lentamente bajó su cabeza lo suficiente para rozar los labios de House. Lo tomó de la nuca, estaba metiendo su lengua y…
-Greg…
House despertó de golpe. Los ojos azules de Cuddy lo trajeron de regreso a la realidad.
-Te quedaste dormido ¿Aún no puedes resolver el caso?
House se quedó sin habla. La mismísima Cuddy, vistiendo unos jeans y un polerón ancho con la palabra MICHIGAN bordado, sonreía bebiendo agua mineral. Miró la hora y eran pasadas las 12 de la noche.
-¿Qué haces aquí? ¿Y Rachel?
-La dejé con Wilson –Sacó de una bolsa comida china y se la pasó- Pensé que tendrías hambre.
-Por eso estoy contigo –Abrió los envases y olió con gusto la deliciosa comida. Comenzó a comer muy rápidamente- ¿Y por qué viniste?
-Ya te lo dije, pensé que tenías hambre.
-La semana pasada me dejaste sin cena porque dije que te quedaban pésimas las lentejas.
-Bueno, eso fue algo infantil de mi parte.
-Lisa…
-¡Vale, me siento culpable!
-¿Y de qué?
-No te hagas el tonto, probablemente Wilson ya te lo dijo.
-Algo me comentó.
-Llegué a casa, comí con Rachel y luego de hacerla dormir comencé a aburrirme un poco.
-¿Te pusiste a ver porno?
-Eh… ¿NO? –Rodó los ojos- Me puse a ver fotografías en el portátil.
-Siempre terminas llorando cuando haces eso.
-No terminé llorando… bueno quizás un poco.
-¿Y te diste cuenta de los maravillosos años juntos, entendiste que mi amor por ti es infinito y que es absurdo pensar que te engañaría?
-Eh… ¿Hay algo en todo eso que sea verdad?
-Que no te engañaría.
-Me parece bien –Sonrió y lo besó- El caso es que vi las fotos de mi cumpleaños…
-¡Cuddy, estaba ebrio!
-Yo no estaba en mis cinco sentidos tampoco –Sacó de su bolsillo una foto y se la mostró- La imprimí ¿No es hermosa?
House puso cara de fingida vergüenza y Cuddy rió. En la foto, se encontraban en una amplia sala mucho más grande que la de la casa de Cuddy, los dos solos llenos de serpentina y globos en el piso, alumbrados por la chimenea y una pequeña luz de mesa, parados en el centro, abrazados como si hubieran estado bailando. Lo más inusual de la fotografía eran sus rostros: Cuddy sonreía y miraba a la cara, algo muy típico, pero House estaba muy concentrado besándole la mejilla, tenía los ojos cerrados y la tomaba de la nuca.
-Bota esta vergüenza –Se quejó. Y era que cualquiera que viera la foto diría sin ninguna duda que el House de la foto, era un House completamente ENAMORADO- Enserio, no quiero que ningún ser vivo lo vea alguna vez –Hizo ademán de romperlo pero Cuddy se lo quitó- Rompe eso ¡Ya!
-No –Río y mantuvo la foto en los aires. House se iba a parar del asiento pero entonces Cuddy se sentó en sus piernas aún con los brazos arriba y lo besó apasionadamente, luego lo miró con dulzura- Cuando sienta deseos de matarte, esta foto te salvará el culo cariño.
-Pero qué romántica –Sonrieron y se volvieron a besar, aumentando la intensidad. El nefrólogo aprovechó de que la endocrina tenía los brazos arriba y le subió el polerón, dándose cuenta que estaba completamente desnuda por arriba- ¿Me lees el pensamiento o qué?
-Eres muy predecible –Dejó el polerón y la foto en el suelo y por fin se dedicó de lleno al acto, envolviendo el cuello del nefrólogo con sus brazos mientras devoraba su boca, al tiempo que su pelvis se movía de arriba a abajo produciendo una exquisita fricción entre sus miembros.
-No puedo decir lo mismo, hace meses que no lo hacemos en la oficina.
-Nuestra cama me aburría un poco y… ¿Quién demonios te visitaría a medianoche?
House sonrió al tiempo que Cuddy comenzaba a lamerle el cuello. Acarició su tersa espalda desnuda y abrió los ojos, quedando más que sorprendido al ver como Addison cerraba silenciosamente la puerta y se iba a paso veloz por el pasillo. Cuddy estaba tan afanada en dejarle el mejor chupón de su vida que no se percató, por lo que decidió pensar en eso después y tomar ahora él el control de la situación.
Varios minutos atrás…
-Déjenme pasar –Ordenó con autoridad Addison cuando casi se cumplía medianoche en el hospital, vistiendo ropa de noche y sólo cubierta por su delantal blanco. Llegó hasta el lugar donde se encontraba la enfermera de turno y muy seria le dijo- Necesito que localice al doctor de turno y lo envíe a pabellón, hay una paciente en estado crítico que necesita ayuda.
-¿Qué le ocurrió al paciente doctora? –Preguntó la enfermera al mismo tiempo que marcaba por el teléfono.
-No tengo la menor idea –Confesó algo frustrada- Se le ha parado el corazón, ya lo reanimé pero parece aún estar algo crítico. Necesito que lo mantenga estable hasta que esté lista para atenderlo –La enfermera le transmitió al doctor lo dicho por Addison, quien se movía impaciente- Y dígale que estaré ahí cuánto antes.
-Dra. Montgomery ¿Es su especialidad? Porque de no ser así debería dejar que ER se encargué…
-Vengo de ER, acaba de haber un choque y están colapsados, haga lo que le digo, sé lo que hago.
-No sabe lo que tiene.
-¡Pero lo descubriré!
-¿Es su familiar?
-No, estábamos en el mismo bar.
-¿Está ebria?
-¡Por Dios Santo! ¿¡Cree que me atrevería a tratar a alguien ebria!?
-Lo siento doctora –La enfermera agachó la cabeza avergonzada, pocos doctores hablaban con tanta determinación como lo hacía ella- El paciente está en el pabellón 4.
-Gracias –Iba a irse pero se detuvo con la cara iluminada- De casualidad ¿Seguirá el Dr. House en el hospital? Porque él es el jefe del departamento de diagnóstico ¿No es así?
-Sí, él sigue aquí ¿Quiere que lo localice?
-No se preocupe, iré yo misma.
Addison corrió al ascensor y apretó varias veces el botón de subir, sintiendo una ansiedad sobre lo normal ¿Era por House? ¿Moría por ver a su mente maestra en acción?
Salió del ascensor a paso rápido, sonriendo. Pasó por alto la sala de diferencial y siguió hasta la puerta de la oficina pequeña, pero no vio a nadie a través del cristal. Sintió risas no muy lejos de ahí y se percató de que había alguien en la sala contigua. Caminó con un paso más tímido pero con la misma ansiedad y entreabrió lentamente la puerta, deteniéndose al ver como su jefa besaba apasionadamente al nefrólogo, medio desnuda y evidentemente a punto de hacerle el amor.
Fue una imagen que la descolocó totalmente. Cerró la puerta muy silenciosamente y hecha un mar de emociones se encaminó hacia su propia oficina a paso veloz, casi desesperado, sintiendo como si su corazón luchara por salirse del cuerpo, bombardeándola de algo que ella conocía muy bien: decepción. Refugiada en su oficina se apoyó en la pared y suspiró, decidida a olvidar por un momento lo que vio y concentrarse de lleno en su trabajo, lo único a lo que estaba segura que era buena.
Oficina de House
-Puedo quedarme si quieres –Repitió Cuddy por enésima vez mientras dejaba los envases de comida china dentro de una bolsa.
-¿Eres mi madre? ¡Ve y encárgate de tu hija, yo sé mear solo!
-Ella también sabe –Se defendió, con una sonrisa- ¿No quieres que te ayude? Puedo lanzar ideas y tú…
-No podré concentrarme, estaré toda la noche viéndote las tetas. Además que te pones odiosa cuando no duermes bien.
-De todas formas no dormiré mucho –Tomó su cartera y le dio un suave beso en los labios al despedirse- Te veo en unas horas…
-Con un generoso escote, espero.
La endocrina sonrió y salió de la oficina. House miró la pizarra con los síntomas una vez más. Tocó el sector del cuello donde seguramente ya tenía un gran chupón y sonrió para sus adentros. Pero entonces la imagen de Addison Montgomery besándolo en aquel sueño volvió a ocupar su cabeza.
¿Qué diablos significaba? Y entonces estaba Addison que los había visto. No le importó su presencia, no le importó que lo viera con Cuddy, pero aún así ¿Significaría algo? ¿Se estaba metiendo en un juego del que luego no podría salir?
Por fin la epifanía llegó. Tomó su bastón y rápidamente se dirigió a la sala del paciente.
Ahí, resumió lo que tenía, comenzó a tratarlo y se encaminó de regreso a la oficina. Pero paró en la estación de enfermeras:
-Disculpe ¿Qué hacía Addison Montgomery en el hospital a estas horas? Creí haberla visto.
-Sí doctor, ella llegó con un paciente ¿No habló con usted? Le pediría ayuda, al parecer no sabía lo que tenía.
-Eh, no ¿Sigue aquí?
-Al parecer sí porque no la he visto salir.
Oficina de Addison
House entró a la oficina en forma pasiva. Vio a Addison sentada en uno de los sillones con un expediente en la mano, alumbrada por una pequeña luz de noche. La pelirroja sólo le dedicó una fría mirada y luego volvió a mirar la hoja, frunciendo el ceño.
-¿Quieres que te eche una mano?
-¿Has acabado ya con nuestra jefa? –Enarcó la ceja en forma irónica, evidentemente molesta. House hizo caso omiso, le quitó el expediente y le echó una hojeada- Lo reanimamos pero su corazón vuelve a parar, no es precisamente mi área de especialidad.
-¿Lo han contenido bien hasta ahora?
-Sí, al parecer sí.
-No te metas en lo que no te incumbe, si no es tu especialidad, deja que otro haga el trabajo.
-Estaba bebiendo junto a mí en el bar, me compró un mojito.
-¿Y eso lo hace un ser querido?
-Es difícil ceder terreno cuando llegas a un lugar que no conoces y sientes que todos son unos idiotas. No es un ser querido, sólo me estaba coqueteando, me compró un mojito y me sonrió, probablemente me hubiera acostado con él de haber sabido su nombre.
-¿Así de fácil? Wow.
-¿Qué sabes de mí?
House la miró por sobre el expediente.
-¿A qué te refieres?
-El día que nos conocimos insinuaste algo.
-Sólo bromeaba.
-No te creo.
-Creíste que lo de coquetearte era enserio.
-Lo era –Se levantó y lo miró seriamente- Sé cómo funciona, sé cómo son los hombres.
-¿Sabes cómo somos pero no sabes darte cuenta cuando un hombre sólo juega un poco contigo?
-En flirtear no está el pecado –Sonrió- Ahora, si insistes tanto en negarlo, significa que es más que un juego para ti.
-Te coqueteé en la mañana ¿Qué complicado hay en eso?
-Vas a un bar y conoces a una chica linda, soltera y que te coquetea ¿Cuánto te tardas en llevártela a la cama? –House no respondió nada, sólo la miró fijamente a los ojos- Apuesto que menos tiempo del que te has llevado cortejándome.
-Me has visto tirando con Cuddy y te has molestado porque te sentiste usada, vale ¿Algo más?
-¿Sabes por qué decidí irme de LA?
-No.
-Sí lo sabes.
-Quizás tenga una idea.
-Me enamoré del ex esposo de mi mejor amiga y tuve una relación con el ex novio de otra amiga.
-¿Por qué me lo dices?
-Sé que lo sabes, por eso me coqueteabas tanto.
-Si lo supiera o no, a mí no me interesa, tengo otros problemas en la cabeza.
-Querías saber si yo era demasiado puta o esos hombres demasiado imbéciles como para enamorarse de mí. Si ellos me llevaron a la cama o yo a ellos.
-¿Y coqueteándote un poco lo averiguaría?
-Si yo era demasiado puta te resultaría menos interesante y probablemente tu interés en mí acabaría. Si esos hombres eran demasiado imbéciles… quizás algo tenía de especial ¿O no?
-Veo que me equivoqué en las dos teorías: ahora me pareces tan puta como esos hombres tan imbéciles.
-Se enamoraron de mí –El nefrólogo por fin dejó el expediente de lado y la miró: pudo ver melancolía en el bello rostro de la ginecóloga- y yo de ellos.
-Pero tus amigas van antes ¿O no? Y por eso decidiste venir aquí y huir del deseo de estar con ellos. Muy dramático –Se dio media vuelta camino a su oficina- Si me disculpas, intentaré salvar a este hombre.
-Yo me acosté con ellos de todas maneras –Las palabras de la pelirroja detuvieron su andar. Se volteó a mirar y ésta estaba apoyada en la puerta de su oficina con la mirada baja- Yo sabía lo que ocurriría y aún así no pude evitar caer en la tentación –Comenzó a caminar en su misma dirección, pero cuando yo lo tuvo al frente lo miró- Es cierto… soy tan puta como ellos tan imbéciles. Se acabó la novedad de Addison Montgomery para ti.
House se quedó en silencio contemplando el bello rostro de la pelirroja. Era como si después de todo, ella se hubiera salido con la suya. Sintió todo aquello como una derrota, a pesar de que para cualquiera hubiese sido una victoria más que obvia. Pero había algo en lo que Addison Montgomery se equivocaba: aquella novedad aún no había desaparecido. Sonrió otra vez y le dijo:
-Tal vez no.
Addison no esperó ni un minuto más y lo besó. No fue largo ni profundo, pero sí fue apasionado. No fueron ni 5 segundos, todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Addison se alejó más de un metro y mirándolo con frialdad le dijo:
-Ahora sí se ha acabado.
Y a paso veloz salió en dirección a las escaleras, asegurándose así que el nefrólogo no pudiera seguirla. House se quedó varios minutos parado ahí, en la mitad del pasillo. En voz baja se dijo a sí mismo:
-Te has vuelto a equivocar, Montgomery.
Continuará.
