Hola, ya estoy aki con un nuevo capitulo, espero q os guste y x supuesto espero vuestros reviews con sugerencias para los capítulos siguientes a este vale?

Este fic es creación de Lunnaris y su amiga Karuka.

Aclaraciones

Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombres pero cuando los sepa los pongo)

- diálogos

-(intervenciones mías)

-"pensamientos"

-[cambios de escena]

- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -

Capítulo5: Sentimientos al descubierto

Tras lo sucedido, Mustang se encargó de llevar a Riku hasta una de las habitaciones tumbándola en una cama esperando la llegada de Riza y los demás.

--Teniente, acompaña a Havoc al sótano y esperad allí a los agentes del Tribunal de Investigación. En cuanto puedan quiero un informe completo sobre mi mesa. –ordenó el hombre- Acompáñeme Mayor. –añadió avanzando por el pasillo en dirección a la habitación que ahora ocupaba la joven Harada.

Al llegar a la puerta la visión de su sobrina hizo que a Louis se le partiera el corazón sin poder remediarlo.

--¿Qué… qué le ha ocurrido? –preguntó acercándose al borde de la cama sin poder apartar los ojos de la joven.

--La intentaron violar; un joven de pelo casi platino es el agresor. –informó Roy desde la puerta.

--Hiwatari… -susurró a la vez que trataba de hacerla reaccionar.

--Es inútil Mayor, lleva en estado de shock casi 15 minutos. –explicó Mustang viendo las acciones de Armstrong.

--Hay que llevarla al hospital…

--¡RIKU! –gritó una voz por el pasillo.

Los dos hombres se giraron esperando que llegara el autor de aquel grito a la par que Riku trataba de articular palabra.

--No, él no… -susurró con una mueca de terror.

--Riku, ¿qué te ocurre cielo? –preguntó su tío fijando su mirada en ella.

--No dejes que se me acerque tío, él no –dijo de nuevo rompiendo a llorar- no quiero engaños ni tener que sufrir más por su culpa. –confesando al final la joven.

--¿De qué hablar cariño? Es Daisuke. –añadió el hombre sin llegar a comprender lo que ocurría.

--Me engaña con mi propia hermana. –susurró de nuevo al oído de Armstrong sin evitar que Roy también lo oyera a la vez que Daisuke aparecía en el umbral de la puerta.

--Riku… -dijo el muchacho sin aliento.

--Tú, bastardo; ¡qué le has hecho a mi sobrina! –exclamó furioso Alex Louis Armstrong.

--Armstrong-san, acabo de llegar y no sé de que me está hablando. –contestó temeroso Daisuke mientras Risa hacía aparición detrás del chico también jadeante.

--Risa, no me esperaba eso de ti. –dijo en un suspiro su tío a la par que cogía a Riku en brazos- A partir de mañana ella ya no vivirá con vosotros dos. –sentenció saliendo de la habitación seguido de Roy.

--Señor, ¿por qué dice eso? –siguió preguntando Daisuke tras mirar a Risa.

--Es cierto tío, ¿por qué quieres que no viva más aquí? –añadió extrañada la joven.

--Riku no merece estar con dos personas a las que ama sabiendo que esas personas le engañan. –dijo simplemente sin mirarles- Mañana vendré a por sus cosas. –añadió antes de salir de la casa.

Ambos jóvenes se detuvieron de golpe al escuchar semejantes palabras y se miraron llenos de culpa viendo como varias personas ya se marchaban. Con calma subieron a Riku al coche que ya había salido del estado de shock y se encontraba algo más tranquila pese a estar temblando del miedo que todavía sentía.

Al notar esto Armstrong le puso su abrigo por los hombros a la vez que la muchacha lo aceptaba apoyando su cabeza en la ventanilla del coche y subía las piernas al asiento encerrándose en ellas.

Tras esto Riza se metió en el coche sentándose atrás junto a la muchacha a la par que el auto arrancaba.

--Riku. –le decía la mujer acariciando su cabello.

--Riza, me siento… -trató de decir la joven sin poder acabar echándose a los brazos de su acompañante.

--Tranquila, ya pasó todo. –añadió la mencionada tratando de calmarla.

Mientras esto ocurría en el asiento trasero, desde el del conductor unos ojos oscuros miraban por el espejo retrovisor a la joven pelirroja con preocupación. Si no hubiera sido por él y sus investigaciones sobre el pasado de la joven durante los últimos meses, ahora mismo podría estar llevando a una joven muy frágil en todos los sentidos en su coche. Pero por suerte, él estuvo allí y pudo evitar la desgracia siendo ahora el nuevo anfitrión de la joven Riku Harada.

En apenas 10 minutos recorrieron la distancia que separaba la casa a la que nunca volvería de la que ahora sería su hogar. Una vez estacionado el coche, Roy abrió la puerta del mismo esperando a que Riza ayudara a bajar a Riku. Tras esto se encaminaron hacia la pureta que el mismo hombre abrió sacando una llave de su bolsillo.

--Adelante señoritas; bienvenidas a su nuevo hogar. –dijo Mustang cediendo el paso a la joven pelirroja y a la mujer rubia.

--Vamos Riku. Te ayudaré a instalarte. –propuso Riza conduciendo a la muchacha al interior del inmueble.

--Muchas gracias a los dos; os estoy causando tantos problemas… -agradeció la joven pelirroja esbozando una sonrisa.

--Para nada; eres una compañera y entre nosotros nos ayudamos. –explicó Riza mientras Roy cerraba la puerta y les indicaba donde estaban sus respectivos cuartos en el piso de arriba.

Riku se alojaría en el mismo cuarto que había usado la vez anterior que estuvo en esa casa mientras que Riza ocuparía el contiguo. Ambos cuartos eran pequeños pero acogedores; además el de la mujer tenía una chimenea que aumentaba su acogedor aspecto.

Pasado un rato, una vez que la muchacha se había instalado perfectamente en la habitación; llegó una joven doctora que la exploró con calma y curó sus heridas de manera exhaustiva.

--Muy bien señorita Harada. Puede ir a trabajar mañana mismo pero le recomiendo que no realice ninguna actividad que requiera esfuerzo durante el próximo mes; para entonces volveré a examinarla y determinaré si debe seguir evitando el esfuerzo. –explicó la mujer mientras se levantaba y se dirigía a la puerta acompañada por Riku.

--Entiendo y muchas gracias por todo. Siento que haya tenido que venir a estas horas. –dijo la muchacha sintiéndose algo culpable por molestar a alguien tan tarde.

--Para nada. Mustang-san me pidió que viniera para hacerle un favor y estos momentos se agradecen. –contestó ella soñando despierta al pensar en el hombre de cabello oscuro.

"Parece que el General es realmente famoso entre las mujeres." Pensó Riku con una gota en la nuca.

--Bueno; si ocurre algo sea lo que sea ya sabe señor Mustang que puede llamarme sin ningún problema. –añadió mirando al caballero que sujetaba la puerta de salida de la casa según salía del edificio.

--Lo tendré en cuenta y gracias por todo. –contestó a la vez que la mujer se alejaba del lugar con una sonrisa en los labios.

--Algo rarita sí que es; ¿no piensa usted lo mismo? –preguntó Riku al hombre con una sonrisa a la vez que éste cerraba la puerta.

--Prefiero no hacer comentarios… -respondió mientras se encaminaba hacia el salón.

La muchacha suspiró ante tal respuesta y girando sobre sus talones, se dirigió nuevamente a su cuarto. Una vez dentro, se sentó como la última vez en el alfeizar de la ventana abriendo los cristales y dejando que la brisa de la noche acariciara su rostro.

"¿Por qué con él no me siento incómoda" Se preguntaba mirando el cielo nocturno.

"Me resulta extraño pero creo que se debe a lo ocurrido hoy" Añadió mentalmente antes de abandonar su posición cerrando las ventanas para luego avanzar hasta la cama e internarse entre las sábanas. Sabiendo que a la mañana siguiente tendría que ir a trabajar, cerró los ojos y respiró profundamente tratando de dormir.

Poco a poco Riku fue cayendo en los brazos de Morpheo mientras desde la puerta aprovechando que se había quedado entreabierta, unos ojos oscuros velaron un instante por su sueño antes de cerrarla con suavidad. Desde el otro lado de la puerta unos pasos de hombre se alejaban en dirección a su cuarto.

"No entiendo porqué me preocupa tanto esa joven." Se decía abriendo la puerta de su recámara adentrándose en ella para luego cerrarla.

"Se tratará de otro capricho más." Pensó de nuevo a la vez que se deshacía de sus ropas para acostarse y descansar tras un día agotador como ese.

Lentamente el silencio y la oscuridad se adueñaron de la casa mostrando que cada uno de sus habitantes reposaban ya en sus lechos durmiendo tranquilamente; todos menos unos. En una habitación del primer piso una muchacha estaba teniendo una horrible pesadilla. En su cama Riku no cesaba de susurrar palabras apenas audibles mientras se movía tratando de librarse de algo o de alguien.

--No, suéltame por favor. –pedía a la vez que por sus mejillas comenzaban a discurrir lágrimas.

--Déjame... –rogaba una y otra vez.

En la mente de Riku la imagen de tan sólo unas horas antes siendo atacada por aquel muchacho llamado Hiwatari la estaba torturando hasta el punto de no dejarla libre no siquiera en sueños. Cuando ya no pudo más se despertó en la oscuridad de su habitación empapada en sudor y temblando de miedo. Su cuerpo apenas reaccionaba a la vez que su respiración se normalizaba. Tras varios minutos consiguió calmarse y con algo de temor todavía en el cuerpo, se atrevió a ir hasta la cocina a por un vaso de leche.

Con paso suave llegó a la puerta de su habitación y la abrió mirando al pasillo antes de salir y comenzar a atravesarlo camino de las escaleras.

La cocina se encontraba en la planta baja por lo que con calma descendió cada escalón siempre pendiente de no hacer ruido para no despertar a nadie. Con este pensamiento llegó hasta la estancia requerida y se adentró en ella encendiendo la luz tras cerrar la puerta.

--Vaya, ¿qué haces despierta a estas horas de la noche? –preguntó una voz tras ella provocando que diera un bote del susto antes de girarse para ver quien era.

--General, menudo susto me ha dado. –dijo la joven llevándose la mano al pecho.

--Lo lamento; no era mi intención hacerlo. Por cierto, ¿qué estás haciendo aquí en vez de estar durmiendo? –preguntó de nuevo el caballero tras haberse disculpado tomando entre sus manos una vaso con algo de licor para beber un pequeño trago.

--Tuve un mal sueño y vine a por un vaso de leche. –informó mientras buscaba los vasos abriendo varios armarios.

--Siéntate; yo te lo preparo. –se ofreció Roy levantándose y cogiendo lo necesario.

--¿Puedo preguntar por qué tú también estabas levantado? –pidió la joven apoyando sus codos en la mesa.

--Los recuerdos atormentan mis sueños. –confesó a la vez que le servía la leche y dejaba después el vaso frente a ella.

--Gracias por todo y siento haber preguntado. –respondió la joven algo apurada.

--Tranquila no importa. Además quería preguntarte algo que me contó tu tío. –dijo sentándose frente a ella.

--Claro; ¿de qué se trata? –preguntó Riku con el vaso entre sus manos sin dejar de mirar a Roy.

--Me comentó que puedes usar la alquimia sin utilizar un círculo de transmutación. –dijo él seriamente.

--He de reconocer que es cierto. –contestó ella antes de continuar- Es como si tuviera el círculo en mi cuerpo pero no sé donde exactamente.

--Eso resulta extraño, ¿has intentado buscarlo?

--Sí pero no tuve éxito. –afirmó suspirando.

El hombre la miraba con curiosidad mientras Riku bebía un poco de leche sin apartar sus ojos de los de él.

--¿Me mostrarías el poder que posees? –preguntó tras meditarlo unos segundos.

--No estoy muy segura, mi tío y yo hicimos una promesa.-respondió ella dudosa.

--Entiendo. Supongo que ya te veré en acción en otra ocasión. –comentó Roy a la vez que se levantaba y guardaba lo que él estaba bebiendo.

--Muchas gracias por la leche; será mejor guardarla o se pondrá mala. –sugirió la joven tras lo cual el hombre cogía lo mencionado y lo guardaba.

--Será mejor que vayamos a dormir que mañana tenemos que trabajar. –informó Roy permaneciendo de pie enfrente de la joven.

--Tienes razón; me llevaré el vaso a mi cuarto y así no me quedaré sola. –comentó ella mientras se levanta.

Con tranquilidad, Riku se acercó a la puerta para marcharse cuando tropezó notando que el vaso resbalaba de sus manos a la ve que ella caía. De improviso Roy la sostuvo impidiendo que ella también cayera.

--¡Para! –exclamó alzando las manos consiguiendo que el vaso se posara suavemente en el suelo sin derramar ni una gota.

--Impresionante… -murmuró el hombre sorprendido.

La joven suspiró aliviada antes de notar unos brazos que rodeaban su cintura. Al girar la cara se encontró con la de su superior sonrojándose violentamente para apartarle algo asustada en un acto reflejo. Bajó su mirada para luego recoger el vaso del suelo y bebérselo de un trago. Tras esto y sin mirar en ningún momento a Roy, lavó el vaso y lo dejó escurriendo para luego apoyarse en el borde del fregadero con la cabeza gacha a la par que su cabello le cubre el rostro.

--Siento mi comportamiento señor. –se disculpó sin moverse de donde estaba mientras se preguntaba que le estaba pasando con respecto al General de Brigada.

--Tranquila pero por favor no me llames de esa manera que aparte de hacerme sentir mayor, no estamos en el cuartel; así que llámame por mi nombre o por mi apellido como gustes. –dijo con un aspecto tranquilo.

--Está bien Mustang-san. Ahora será mejor que me vaya a acostar; buenas noches. –dijo algo más relajada mientras se acercaba a la puerta pasando junto al hombre para luego salir de la estancia.

Roy observó cada uno de sus pasos dándole las buenas noches también. Cuando la joven desapareció por el pasillo suspiró y se quedó apoyado en la pared de la cocina con la mirada perdida en la oscuridad del lugar.

--¿Qué está haciendo esta mujer conmigo? –se preguntó en un susurro a la vez que se lleva una de sus manos a la frente rememorando cada acción de Riku y todas sus palabras.

Tras esto abandona la estancia para dirigirse a su habitación tratando de no pensar en todo lo ocurrido más de lo necesario y poder por fin descansar aunque solo fueran unas horas.