Aclaraciones
Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombres pero cuando los sepa les pongo)
- diálogos
-(intervenciones mías)
-"pensamientos"
-[cambios de escena]
- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -
Capítulo 6: Descubrimientos y aceptaciones
A la mañana siguiente Riku se despertó algo agitada. Durante la noche había tenido un segundo sueño que no fue tranquilo por lo que al intentar recordarlo, las imágenes se mostraban borrosas. Al girar la cabeza hacia la mesilla pudo ver la hora. Todavía quedaba más de una hora para ir al cuartel general pero aún así se levantó con relativa prisa; su destino era el servicio para darse una ducha que le despejara la mente.
Una vez duchada, la joven se vistió con una camisa y un pantalón que encontró en el armario de la habitación ya que todavía nos disponía de sus pertenencias. Tras esto bajó a la cocina donde recordó lo sucedido la noche anterior. Un suspiro escapó de sus labios a la vez que se decidía a preparar el desayuno. Sacó la leche y un vaso colocándolos en la encimera para luego buscar el café; en ese momento llamaron a la puerta. Riku optó por ir a abrir dejando las cosas como estaban para encontrarse al otro lado de la puerta a…
--Buenos días Havoc-san. –saludó la muchacha con una sonrisa.
--Buenos días. –contestó cortésmente el hombre- ¿Se encuentra el General de Brigada?
--Aún está durmiendo… o eso creo. –murmuró al final la chica mientras permitía el paso al soldado.
--¿Ha desayunado? –preguntó entonces Riku a la vez que avanzaba hacia la cocina.
--La verdad es que no he podido y un buen café no vendría mal –comenzó a explicar Havoc- Tanto la teniente Ross como yo nos hemos pasado toda la noche haciendo el informe de lo ocurrido anoche e interrogando al culpable.
Mientras el hombre hablaba la muchacha preparaba dos cafés. Al terminar le ofreció uno a su acompañante a la par que hablaba.
--Entonces debe estar agotado. ¿Quiere azúcar?
--Gracias. –respondió Havoc sosteniendo la taza de café recién hecho- El armarito de la derecha segundo estante. –indicó el hombre ante la duda de la muchacha buscando el edulcorante.
--Conoce bastante bien esta casa. –comentó Riku riendo levemente tendiéndole el azucarero y sentándose en una silla enfrente con su propio café.
El soldado sólo se encogió de hombros ante las palabras de la chica antes de servirse un poco del polvo blanco y dejarlo en el lugar de donde lo habían tomado. Tras eso simplemente comenzó a remover el contenido de la taza ara bebérselo.
[En el cuarto de Roy]
La noche había transcurrido al principio serena pero en un momento dado en mitad de la oscuridad, algo perturbó al hombre haciéndole recordar a su viejo amigo fallecido: Maes Hughes. Tras esto el sueño había dado un cambio radical apareciendo en éste el rostro de Riku Harada llorando al igual que había ocurrido cuando estuvieron a punto de abusar de ella. Fue en ese instante cuando el sonido de fondo del timbre del inmueble le despertó súbitamente.
El hombre se encontraba incorporado en la cama con la frente sudorosa y la respiración entrecortada. Se notaba la agitación que el sueño y su repentino cambio le había ocasionado. En ese momento lo último que le apetecía era salir de su habitación y tener que bajar las escaleras para abrir la puerta. Mientras esto pasaba por su mente, pudo escuchar la voz inconfundible del teniente Havoc junto con la de la joven Harada. Escuchando como ambos sonidos se alejaban y disminuían su volumen, además del hecho de estar ya despierto; se levantó de la cama para darse una buena ducha fría que le espabilara y le borrara los extraños sueños.
Pasados unos 10 minutos y portando únicamente una toalla en la cintura y otra al cuello para secarse el pelo. Con estas pintas abrió su armario sacando del mismo el uniforme militar para cambiarse todavía a un ritmo lento pues podía sentir el cansancio en su cuerpo. Apenas estuvo vestido, revolvió su cabello con la toalla dejándolo algo alborotado sabiendo que eso volvía locas a las mujeres; y salió de su habitación para llegar a la cocina.
A cada escalón que bajaba, podía escuchar las risas y voces de los dos ocupantes de la estancia. Nada más entrar halló a Riku y a Jean tomando un café y hablando animadamente.
--Buenos días jefe. –dijo Havoc girando su cabeza para saludar al recién llegado.
--Buenos días Mustang-san; ¿quiere un café? –preguntó la joven manteniendo una sonrisa en sus labios.
--Buenas. –contestó escuetamente- Sí por favor. –añadió a la pregunta de la pelirroja a lo que ella se levantó de la silla para prepararlo.
Fue entonces cuando Roy se percató de que la muchacha vestía ropa de cuando él era más joven y su complexión era menor. Mientras observaba este detalle, Jean le tendió una carpeta.
--Aquí tiene el informe. No hemos podido recopilar mucho puesto que el interrogatorio no ha salido como pensábamos; el muchacho se ha negado a hablar en todo momento. –informó el hombre con semblante serio.
El moreno examinó el informe por encima tomando nota de los detalles más relevantes chasqueando la lengua ante los mismos. Tras varios minutos de pie, decidió sentarse a la espera del café. Riku por su parte había escuchado con cierta tensión la conversación de ambos hombres esperando que su actitud hubiera pasado desapercibida.
Pasados unos minutos terminó de preparar la bebida para el moreno dejándosela a su lado junto a una cuchara y el azucarero. Después se sentó donde estaba antes terminando su desayuno con expresión triste a lo que agradeció la longitud de su cabello que le tapaba el rostro.
En pocos minutos el timbre volvió a sonar. La muchacha se adelantó a sus acompañantes y tras dejar la taza en la pila, fue a abrir.
--Creo que no debí comentar nada sobre el informe. –se excusó Havoc que había visto el rostro de Riku.
--Si no lo hubieras comentado, seguramente lo habría oído en el cuartel; así que… -le replicó Roy con calma para después escuchar la voz del Mayor Armstrong.
--Buenos días compañeros. –dijo el recién llegado con su sobrina cogida como si fuera un saco de patatas pidiendo ser bajada.
--Buenos días Mayor. –respondieron a la par Roy y Jean contemplando la escena con una gota en la nuca.
--Con vuestro permiso llevaré las pertenencias de Riku y a ella misma a su habitación para que se cambie.
Dicho y hecho; el hombre se giró sobre sus talones y salió de la cocina para luego subir las escaleras rumbo al cuarto de la muchacha. Ambos hombres se quedaron en silencio y solos donde comenzaron de nuevo a hablar del informe sin que la joven afectada estuviera delante.
El Mayor Armstrong llegó a la habitación sin problemas dejando a su sobrina sentada en la cama tras lo cual la única maleta que portaba quedó en el suelo.
--¿Cómo te encuentras pequeña? –preguntó su tío sentándose a su lado con expresión de preocupación en su rostro.
--Prefiero no contestar. –dijo la joven con una triste sonrisa mientras se levantaba y abría la maleta encontrando en su interior el uniforme junto con sus pertenencias arma incluida.
El hombre no comentó nada al respecto y dejó hacer a Riku pendiente de sus acciones. Tras varios minutos recogiendo sus cosas, la muchacha se internó en el servicio portando su ropa de trabajo para así cambiarse rápidamente. En poco tiempo por no decir escaso, la muchacha salió del aseo ya preparada dejando las prendas que antes portaba en la cama para luego colocarse la pistola en la pierna firme como siempre para que no se viera y no le molestara.
--Estoy lista. –informó a su tío.
--Entonces bajemos que la hora de irnos se acerca. –respondió el Mayor levantándose y acercándose a la puerta para abrirla.
Ambas personas bajaron las escaleras con semblante serio y sin mediar palabra alguna. Armstrong sabía lo que pensaba hacer su sobrina y pese a ello la siguió sin dilación. Quienes estaban en la cocina escucharon sus pasos y se giraron para ver a la joven pelirroja con su uniforme seria como en un funeral y con la vista al frente, dirigiéndose a la puerta seguida de su tío que no mencionó palabra alguna despidiéndose con una gesto de cabeza.
--¿Y ahora que ocurrirá señor? –preguntó Havoc en voz alta.
--No lo sé pero puedo imaginármelo por el semblante serio de ambos. –dijo mientras se levantaba con el informe en las manos para dirigirse a la puerta seguido de Jean- Vaya con la niña.
Ante el último comentario de Roy, su subordinado salió con rapidez al porche para no encontrarse el coche en el que había venido.
--¡¿Dónde demonios está el coche? –exclamó Havoc al ver el panorama.
--¿Seguro que quieres saberlo? –le preguntó entonces el moreno suspirando cansadamente.
--¡Pues claro!, ¿quién es tan cínico como para robar un coche del ejército? –dijo el rubio tirando su cigarro.
Mustang simplemente se mantuvo en silencio a la vez que señalaba hacia arriba. Ante este gesto su subordinado miró hacia donde indicaba y se encontró el coche en la azotea sin ningún rasguño. En aquel preciso instante, Jean Havoc puso el grito en el cielo a lo que el General de Brigada tuvo que taparse los oídos.
[En el cuartel general]
--Riku… ¿Crees que ha estado bien lo que has hecho? –preguntó el Mayor entrando en el edificio junto a su sobrina.
--Tranquilo, no pasará nada. –dijo calmando el nerviosismo del hombre antes de continuar hablando seriamente- Esto tengo que hacerlo yo sola y sé perfectamente que uno de los dos sabía lo que pensaba hacer. No quiero que me interrumpan.
Nada más terminar estas palabras y después de haber recorrido algunos pasillos del lugar, se encontraron con la Teniente Hawkeye.
--Buenos días señor. –saludó la mujer formalmente al Mayor Armstrong tras lo cual se dirigió a la muchacha- Buenos días Harada.
--Buenos días Teniente. –respondieron tío y sobrina a la vez.
--¿Cómo se encuentran tus heridas Riku? –preguntó la mujer algo menos formal.
--La de la mano molesta bastante porque me incomoda el movimiento y la del brazo igual; además tengo tan mala suerte que las dos heridas son en el mismo brazo. –informó la menor para luego suspirar- Bueno, con su permiso Teniente tengo cosas que hacer; nos vemos más tarde.
Ambos adultos observaron como la joven de diecinueve años se alejaba del lugar con paso firme rumbo a la sala de interrogatorios de aquel mismo edificio a unos cuantos pasillos y muchas puertas de distancia de donde estaba antes.
--Deberíamos detenerla señor. –comentó Riza mirando al hombre con preocupación.
--No podemos Teniente; es algo que ella debe hacer. –respondió triste sin apartar la mirada del lugar en el que antes se encontraba la pelirroja.
La mujer simplemente suspiró e hizo un ademán de seguirla y acompañarla pero Louis la detuvo sosteniéndola de un brazo a la vez que negaba con la cabeza. Ante esto, la rubia entrecerró los ojos comprendiendo para echar una última visual al camino que había recorrido la joven y luego dirigirse en sentido contrario junto al Mayor.
Pasada media hora llegaron a ese mismo lugar Roy Mustang y Jean Havoc notablemente molestos después de haber tenido que dejar el coche en la azotea de la casa del primero, y arreglárselas para llegar lo antes posible al cuartel.
--Maldita niña. –murmuraba el moreno con paso firme buscando con la mirada a la responsable de lo sucedido.
--Valla General Mustang; no imaginaba que llegaran tan rápido. –dijo Louis con su típica sonrisa.
--Mayor Armstrong, ¿por qué no hizo algo para detenerla y evitar lo ocurrido? –preguntó el mencionado mirándole seriamente.
--Usted sabe mejor que nadie la razón. –explicó el hombre cerrando los ojos un instante- Es algo que ella debe hacer y usted no se lo hubiera permitido. –añadió claramente el Mayor.
Roy no dijo nada al respecto y con un humor de perros, se encaminó hacia la sala de interrogatorios.
[En la sala de interrogatorios]
Hacía ya media hora que Riku había entrado en aquella estancia de tamaño medio, pintura grisácea e iluminación precaria presidida por un espejo. Durante ese tiempo había permanecido sentada frente a Satoshi, el cual esposado no intentó hacer nada. Ambos se quedaron mirando en cuanto sus ojos se cruzaron sin decir palabra.
--¿Por qué Hiwatari? –preguntó al final la joven.
--¡¿Y preguntas el porqué? –exclamó el peliazul inclinando levemente hacia delante su cabeza.
-- Tú mejor que nadie sabe lo que es tener que guardar un secreto que puede perjudicar a los demás, aunque para ello haya que hacer que otra persona caiga en la mentira. –dijo la joven seriamente tratando de hacer razonar al muchacho.
--No compares lo tuyo con lo mío teniendo a Krad en mi interior porque es completamente distinto. –replicó el joven fríamente.
--Es verdad. Krad sólo deseaba la muerte y el poder controlándote, y yo únicamente ayudo a la gente. –dijo entonces la muchacha con sarcasmo pero mostrando verdad es sus palabras.
El joven apretó los dientes mientras que, en la cabina al otro lado del espejo desde donde se podía observar la sala y escuchar lo que en ella se decía; Roy estaba apoyado en la pared frente al espejo con los brazos cruzados por delante del pecho sin perder detalle de lo que ocurría.
--Cuida tus palabras Riku Harada, porque puede que la próxima vez no venga tu superior a salvarte. –dijo con una sonrisa arrastrando las palabras.
--Puede que tengas razón pero, hasta ese momento me valdré por mí misma para defenderme de gente sin escrúpulos como tú que no saben cuando aceptar la realidad y salir de su fantasía. –respondió la muchacha a lo que un rápido, sonoro y doloroso tortazo impactó contra su mejilla.
Riku se quedó de piedra apretando sus puños con una mirada llena de odio sobre el joven. Ella sabía que al no estar esposado a la silla sino sólo sus manos entre sí, Satoshi podría realizar movimientos de manera más o menos normal. Pese a esto, la pelirroja se había atrevido a estar allí con él.
Por su parte Roy que había permanecido con la mirada baja durante toda la conversación, había levantado de improviso la cabeza al escuchar el golpe. Nada más ver lo ocurrido, había salido de la cabina con intención de hacerle pagar al chico su acción pero cuando iba a abrir la puerta de la sala de interrogatorios se detuvo a observar la reacción de Riku.
--No vuelvas a tocarme. –dijo fríamente la pelirroja viendo como Hiwatari se estampaba contra la pared sin que nadie lo tocara. Obviamente nadie no quería decir que algo no lo tocara.
--Maldita bruja. Si siguieran los protocolos de la Edad Media, te quemarían en la hoguera por tu asquerosa brujería. –exclamó mientras escupía sangre.
--Yo no lo llamaría brujería sino más bien un maravilloso don. –replicó a la vez que se levantaba de la silla en la que se había sentado tras el tortazo- He intentado hacerlo por las buenas pero no me dejas más solución que hacerlo por las malas: te encerrarán hasta el juicio.
Tras estas palabras, la muchacha abrió la puerta a lo que hábilmente Roy se colocó tras la misma para evitar ser visto. Apenas la joven había dado unos pasos cuando el hombre se adentró en la sala recién abandonada con la mirada fría y el rostro inexpresivo. Que ese mocoso hubiera golpeado a uno de sus subordinados no se lo perdonaría.
--Hola… Satoshi, ¿verdad? –dijo después de cerrar la puerta con llave y haberse asegurado que nadie le veía desde el otro lado del espejo. –Mis subordinados me han dicho que te has negado a cooperar y eso sólo empeora tu situación.
--¿Y qué? –dijo cortantemente el muchacho sin tener la más mínima idea de lo que aquel hombre uniformado había visto tan sólo unos segundos antes de entrar por la puerta.
--¿Y qué? –repitió con un tono de burla a la vez que caminaba hacia el joven y esposaba sus manos a la silla- Verás chaval, yo no soy como mis subordinados que usan sólo la palabra para sacar información; yo soy algo más exigente y tú vas a comprobar el aguante del cuerpo humano al calor.
Todas y cada una de las palabras que Roy estaba diciendo eran pensadas al milímetro para atormentar al chico que tenía ante él. Una vez lo tuvo bien sujeto procedió a quitarse la chaqueta de su uniforme dejando sobre la mesa todo lo que llevaba en los bolsillos del pantalón.
--Nadie ataca a mis subordinados y sale impune. –añadió el hombre terminado remangarse hasta el codo la camisa y ponerse sus guantes.
Una macabra sonrisa se posó en el rostro de Roy cuando la primera chispa salió de sus guantes y la débil llama quemó las puntas del flequillo del muchacho. El moreno estaba dejándose llevar y con el segundo chasquido, una llama de mayor tamaño hizo un agujero en la camisa del peliazul rozando levemente su piel.
--Te permito gritar pues nadie te oirá.
Después de esto otra ráfaga de fuego iluminó la estancia a la vez que Hiwatari apretaba los dientes para no darle el placer de escucharle quejarse al moreno. El lugar comenzaba a caldearse mientras Mustang se sentaba en la silla sin dejar de mirar fijamente al sujeto que tenía delante.
--Comencemos con las preguntas. ¿Por qué intentaste violar a Riku Harada? –preguntó con voz serena.
--Como si a usted le importara vejestorio. –respondió el chico con desprecio.
--Respuesta errónea. –replicó Roy haciendo que la parte que ahora estaba al aire libre de su pecho se quemara ligeramente.
Hiwatari apretó los dientes de nuevo ante el dolor que le producía el fuego quemando su piel. Con la frente llena de sudor y mirada de odio, contempló al adulto estirarse como si lo que le estaba haciendo le supusiese un gran esfuerzo.
--Sigamos con otra pregunta.
--¡Usted sólo quiere una excusa para poder atacarme! –gritó antes de que le formularan otra cuestión.
--¿Y qué si es así niñato? –replicó Roy algo molesto- Pienso hacerte pagar con muchos intereses lo que le has hecho a Riku y no creas que alguien va a salvarte porque nadie lo hará.
El moreno se había acercado a su víctima mientras hablaba con la mirada fija en él y la mano derecha por delante mostrándole el guante de tela ignífuga con el círculo de transmutación inscrito en la prenda. Una sólo chasquido y una llamarada terminó de quemar la camisa que el chico llevaba abrasando la piel como su fuera papel de fumar lo que esta vez hizo gritar a Hiwatari de dolor sin poder contenerse.
--No podrás huir de la justicia. Yo como alquimista te daré mi parte y si hay un ser superior, él te dará la definitiva. –añadió con seguridad tomando la chico del cuello y apretando levemente- Nunca volverás a tocarla o no vivirás para contarlo.
Roy soltó el cuello del chico cuando dejó de hablar y volvió a la silla para sentarse. Aquel ambiente estaba demasiado caldeado y ya comenzaba a sudar. Con astucia y puntería, terminó de marcar el cuerpo de Hiwatari con su fuego dejando todo el pecho del menor quemado. Éste sólo podía gritar de dolor y derramar lágrimas por el mismo.
-Nunca será tuya militar de pacotilla. Ella jamás amará a alguien sin escrúpulos. –dijo por última vez Satoshi a la vez que el moreno recogía sus cosas para salir de aquella sala.
Únicamente le dedicó una fría mirada al joven antes de abrir la puerta y dejarle solo. Quizá tuviera razón en sus palabras finales pero ahora mismo ni Roy sabía que quería.
"Si Maes estuviera aquí… Ya da igual; realmente soy alguien sin escrúpulos." Se dijo el hombre a la vez que avanzaba por el pasillo con las manos en los bolsillos y la cabeza ligeramente agachada.
Mientras esas palabras cruzaban la mente del General de Brigada, Riku por su parte se encontraba recogiendo varios informes que debían llegar a manos de su superior; éste seguramente le daría una buena reprimenda por lo que había hecho con el coche. La joven mantenía una expresión de molestia y la marca roja del bofetón todavía perduraba en su rostro dolorido.
--Maldito… Duele bastante. –murmuraba la pelirroja andando por los pasillos acariciando su rostro con una mano mientras sostenía todos los documentos con la otra.
--¡Riku! –la llamó una voz masculina tras ella.
Al girarse, la muchacha pudo ver a Havoc yendo hacia ella con una sonrisa algo falsa y cierta molestia en sus ojos azules.
--Hola Havoc-san. ¿Qué se le ofrece? –preguntó la joven tapando la marca del golpe con su propio cabello.
--Me preguntaba cómo ha sido capaz de elevar un coche hasta la azotea de la casa del General. –comentó el hombre cambiando su sonrisa de teatro por un semblante más serio.
--Sólo hablaré en presencia de mi abogado. –respondió la joven con una inocente sonrisa.
--Y sólo con la autorización de su superior. –añadió a la farsa una voz detrás del rubio.
En aquel preciso instante Roy Mustang había alcanzando a sus subordinados y escuchado la parte final de la conversación. Aquel hombre con una mirada fría llena de secretos observaba a sus acompañantes esperando que alguno dijera o hiciera algo.
--General, verá es que yo también quería saber la razón señor. –se apresuró a explicar Jean gesticulando en exceso sin dejar de mirar a ambos lados.
--Teniente, vuelva a sus obligaciones… inmediatamente. –ordenó el moreno con seriedad a lo que el rubio hizo un leve saludo y desapareció dejando a Riku sola ante el peligro.
--Señor yo…
--Vayamos a mi despacho Harada. Usted y yo tenemos que tratar un asunto urgente. –interrumpió el hombre comenzando a alejarse en dirección al mencionado lugar.
Roy avanzaba por el pasillo en silencio seguido de cerca por la joven pelirroja que llevaba en sus brazos una cuantía de documentos quizá menor de la esperada pero… ¿qué se podía hacer en el cuartel cuando la mayor prioridad era averiguar los motivos de aquel chico para atacar a un militar?
Desde luego el General de Brigada no iba dejar las cosas como quedaron en la sala de interrogatorios pero ahora era el momento de tratar otro tema tan peliagudo como el primero.
[En el despacho de Roy]
--Deja los informes sobre la mesa y siéntate Harada. –dijo con voz seria a la par que cerraba la puerta y camina hacia su mesa.
--General, si es por lo de esta mañana…
--Entiendo tus motivos pues yo habría hecho algo parecido en tu lugar pero, no puedo permitir semejante insubordinación en estos momentos. –explicó Roy- Además debo decir que si quieres usar la alquimia tendrás que demostrar que mereces ese privilegio, y yo no quiero tener a otro alquimista nacional que no sepa acatar las órdenes a la primera.
La muchacha se quedó en silencio sin saber que decir tapando en todo momento la marca de de aquel golpe propinado por Hiwatari. Las palabras de su superior eran serias y concisas, después de lo que ella había hecho era normal que la hablara así pero… ¿tenía que ser tan frío?
--Si quieres el título te apoyaré pero si no confías en mí y en mi forma de hacer las cosas prefiero obviar tu habilidad. –añadió levantándose de su silla para quedarse de espaldas a la joven mirando por la ventana.
--Nunca he querido ese título ni sus privilegios señor. La verdad es que no quiero ser alquimista si es para fines militares; se supone que los alquimistas protegen a la gente pero el ejército usa eso para dañarles. –comenzó a decir la joven- ¿Por qué me ofrece algo así señor? ¿Por qué no dice claramente que no quiere que haga uso de lo que tengo para no superarle?
--Repite eso y volverás a tu pueblo con un guantazo por atrevida. –replicó el hombre que se había girado cuando escuchó a Riku y ahora la miraba con frialdad- Sal de mi despacho y no vuelvas hasta que hayas meditado lo que has hecho. Fuera de aquí.
La joven simplemente asintió y abandonó la estancia cabizbaja. Sabía que se había pasado al decir algo así pero, ¿qué podía hacer ella si el miedo a lo que sentía le hacía alejarse de él aunque fuera por las malas?
Por su parte, Roy no dejaba de mirar por la ventana pensando en lo ocurrido minutos antes. ¿No era Riku injusta con él sólo por comentarle algo sobre el cargo de alquimista nacional? En aquellos momentos era cuando más extrañaba a su fallecido amigo. Sin apenas meditarlo tomó su abrigo y gorra, y salió de despacho con cierta prisa caminando hacia la salida del cuartel sin hablar con nadie. Algunos miembros del ejército que le vieron se sorprendieron pues el General de Brigada no solía abandonar su trabajo tan temprano ni siquiera para comer.
[En el cementerio de Ciudad Central]
Tras caminar un largo rato por calles desiertas y cruzar plazas abarrotadas de gente, Roy llegó a su destino: el cementerio. Hacía demasiado tiempo que el hombre no pisaba aquel lugar y ahora, en un momento en el que necesitaba apoyo sólo podía recurrir a una conversación de uno.
Con calma avanzó entre las tumbas mirando de vez en cuando los nombres inscritos en las mismas siempre con la mirada algo baja y las manos en los bolsillos. Sus pasos le llevaron ante una lápida conocida pero apenas visitada.
--Hola Maes. Sé que no he venido desde hace tiempo pero… Lo sé, las excusas no sirven si se trata de un amigo. –comenzó a decir el hombre sin quitarse la gorra ni cambiar su semblante.
--Necesito tus sabios consejos amigo, ahora más que nunca te echo en falta; ahora que tengo una duda que cambiaría mi vida. –continuó diciendo con voz serena pero débil.
--Tú siempre dijiste que debía encontrar una persona que me comprendiera y apoyara, y mejor que fuera una mujer. –añadió riendo levemente- Creo que la he encontrado Maes, quizá demasiado tarde pero ahora ni siquiera confía en mí.
El silencio se hizo en aquel respetado lugar a la par que el militar se arrodillaba ante la lápida pasando una de sus manos enguantadas por la misma.
--¿Mustang, Roy Mustang? –preguntó una voz femenina tras el hombre.
Cuando el mencionado se dio la vuelta, se encontró con la viuda de su mejor amigo. La mujer le miraba con una expresión entre sorpresa y alegría. Ella no recordaba haber visto al hombre ir a ver a su marido desde el funeral.
--Hola Gracia. Me alegro de ver que estás bien. –dijo el moreno a la par que se levantaba del suelo limpiándose el abrigo y levemente los pantalones- Espero que la pequeña Elisia también lo esté.
--Ya no es tan pequeña Roy pero te agradezco la preocupación. –respondió siempre con una cálida sonrisa.
--Verás sólo estaba…
--Tranquilo; no quería interrumpir tu conversación con Maes así que te dejaré solo.
La mujer apenas terminó sus palabras y tras una despedida breve, dejó al hombre a solas de nuevo frente a la tumba del militar caído. Aquella imagen pocas veces la vería y desde el día del entierro no había ocurrido hasta ese mismo día. Roy Mustang era un hombre sumamente complicado de entender que no mostraba sus sentimientos ni siquiera con su mejor amigo; bueno, eso era lo que Maes le contaba pese a que la mujer sabía que no era cierto. Gracia sabía que el moreno confiaba plenamente él hasta el punto de confiarle su vida y futuro.
[En los pasillos del cuartel general]
Mientras Roy Mustang seguía frente a la tumba de su mejor amigo, Riku recorría los pasillos del cuartel central con la mirada perdida. A cada paso que daba rememoraba las palabras que le había dedicado a su superior a la par que miraba por las ventanas del edificio hacia el exterior. Realmente ella no quería el título de alquimista nacional, ni siquiera quería que le reconocieran como alquimista.
Sin darse cuenta, había salido del edificio y estaba caminando por los alrededores del mismo. La muchacha miró al cielo emitiendo un leve suspiro antes de seguir caminando.
--Riku. –dijo una tímida voz tras ella.
--Daisuke… -murmuró ella cuando se giró para ver a su locutor algo sorprendida retrocediendo un par de pasos- ¿Qué… qué quieres? –añadió más seria y autoritaria.
--Sólo quiero hablar contigo. Risa y yo estamos muy preocupados por ti. –respondió acercándose a la joven- ¿Dónde te estás alojando?
--Yo no quiero hablar contigo. –dijo ella alejándose del muchacho para hacer espacio entre ambos- Además, yo no estoy preocupada por vosotros. Lo que haga con mi vida ya no os incumbe par de traidores. No volveré a esa casa donde me traicionó mi hermana y mi ex novio.
--Riku, por favor... –pidió el pelirrojo alzando su mano para tomar la de la chica.
--¡No me toques! –exclamó la joven apartando su mano para impedir el agarre.
En aquel preciso instante la voz de María Ross alertó a la joven que suspiró aliviada. La verdad es que no quería tener que darle explicaciones a Daisuke.
--Riku, te estaba buscando. Acompáñame por favor. –dijo la mujer tomando a la chica del brazo con delicadeza alejándola del lugar.
Mientras caminaban se mantuvo un silencio poco habitual pero necesario. Tras varios minutos aparecieron en la puerta de enfermería y antes de que Riku pudiera decir nada ya estaban en el interior de la estancia. Allí, sentado en la camilla con las manos esposadas a la misma se encontraba Satoshi Hiwatari.
--El guardia alertó sobre el comportamiento del preso y lo hemos traído aquí para ser tratado. –explicó la mujer a la par que avanzaba hasta el joven- No nos quiere decir quien le hizo esto.
Con calma las manos de la militar retiraron la camisa dejando a la vista una serie de quemaduras que ocupaban todo el torso llegando al cuello. Riku sólo pudo abrir los ojos como platos y taparse la boca de la impresión.
--Tiene que declarar en media hora pero no puede entrar en la sala sin que se le haya tratado. Si lo permitiéramos la opinión pública se ensañaría con el ejército y bastante hemos tenido ya según el General de Brigada Mustang. –añadió Ross alejándose de nuevo del muchacho.
--Yo le vigilaré mientras llega el médico. –explicó Riku con seriedad- Ross, vaya a la sala y avise de la situación a quien sea pertinente.
Todos los militares presentes aceptaron las órdenes y los dejaron solos a la vez que el muchacho miraba fijamente a la joven.
--¿Quién ha sido? –preguntó temerosa de conocer la respuesta.
--A ti que más te da. –respondió el preso con descortesía.
--No seas orgulloso Satoshi. No se utilizan estos métodos de tortura y el agresor debería ser castigado.
--¿Vas a dejar que castiguen a tu salvador? ¿A ese hombre que crea fuego, Roy Mustang?
Aquella revelación llena de malicia impactó a la muchacha que solo pudo volver a mirar las quemaduras para darse cuenta de que no mentía. Aquello era alquimia y muy bien controlada; pero pensar que él hubiera sido capaz de hacer algo así… Riku se negaba a creer que las palabras del peliazul fueran ciertas.
Tras varios segundos en silencio, la muchacha cogió una silla y se colocó frente al joven quitándose la chaqueta y dejándola en el respaldo de la silla.
--Puede que te duela, -le informó Riku a la vez que se ponía unos guantes y tomaba una gasa con alcohol- pero te la desinfectaré hasta que venga el médico.
Satoshi cerró fuertemente los ojos mientras la joven intentaba hacerle el menor daño posible teniendo que repetir la acción varias veces.
--Siento que esto haya ocurrido Hiwatari. –comentó la chica sin apartar la vista de su tarea- No pensé que algo así sucediera.
--No tienes que disculparte. Puede que me lo mereciera pero no me he quejado porque soy demasiado orgulloso. –respondió a la vez que su acompañante se quitaba los guantes y tiraba el material utilizado- Sin embargo, la próxima tu jefe no tendrá tanta suerte.
Riku le miró sorprendida por sus palabras viendo en el rostro del joven una sonrisa de satisfacción. Ella no quería que nada le pasara a su superior pero a la vez sabía que aquello debía ser castigado.
--¿Qué quieres decir? –se atrevió a preguntar pasados unos segundos.
--Tengo que declarar por lo que te hice pero esta vez no comentaré nada en relación a lo pasado. –respondió sin dejar de sonreír.
Antes de que Riku pudiera si quiera formular una réplica, el médico había llegado a la enfermería y observaba el estado del paciente desde detrás de la mujer. Ella por su parte cogió su chaqueta y abandonó el lugar con las palabras de su agresor en mente. Ahora sólo quedaba esperar a que el proceso judicial fuera adelante.
