Aclaraciones
Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombres pero cuando los sepa les pongo)
- diálogos
-(intervenciones mías)
-"pensamientos"
-[cambios de escena]
- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -
Capítulo 7: El deber ante el derecho
Sin duda Satoshi sabía muy bien de qué manera afectaría al ejército y en concreto a su 'querida' Riku, que lo ocurrido saliese de sus labios. Él más que nadie, deseaba vengarse por aquello pero tiempo al tiempo. El médico realizaba las curas pertinentes sin hacer preguntas o comentarios al respecto; como buen profesional dejaba su opinión a un lado.
--Ya sé que no son quemaduras normales. –comentó entonces el joven evitando las muecas de dolor que le sacaba el hombre con sus acciones.
--Yo no estoy aquí para juzgar a nadie. –respondió el médico terminando su trabajo y recogiendo el material.
Aquel hombre de mediana edad no dudó ni un segundo en salir de la enfermería y avisar a un soldado del estado del paciente. El militar entró a buscar al preso con la mirada seria acompañando su expresión con la misma.
--Andando. –exigió señalando la salida de la estancia sin dejar de vigilar al muchacho.
Éste por su parte se mantuvo en silencio a la vez que abandonaban el lugar.
[En el tribunal militar]
Mientras ideas de dudosa bondad cruzaban la mente de Hiwatari, en los pasillos adyacentes al tribunal militar un hombre uniformado con rango de General de Brigada secundado por un par de subordinados caminaba con paso firme hacia la puerta de sala del juicio. El muchacho de pelo azulado sería juzgado por la ley militar y como tal recibiría su condena. Lo que nadie esperaba era que uno de los subordinados estuviera incluso más nervioso que el propio General.
Riku Harada no dejaba de pensar en lo que Satoshi le había confesado y miraba de reojo a su superior Roy Mustang que no dejaba de repasar el informe de la acusación junto a uno de los mejores abogados del ejército. El moreno no permitiría que aquel muchacho que se atrevió a poner en peligro la integridad de uno de sus hombres, mujer en este caso, quedara libre de cargos.
--Confíe en mí Mustang. Le garantizo que ese joven no volverá a pisar la calle en una buena temporada. –comentó el abogado.
--Eso espero. –respondió con calma Roy sin perder de vista los papeles que tenía entre manos.
Fue en aquel instante cuando la Teniente Hawkeye apareció por la puerta de la sala indicando a los presentes que el proceso iba a comenzar. Mustang no dudó en avanzar siguiendo a la mujer mientras que el abogado pasaba tras ellos dejando a Harada en último lugar. La joven se sentaría en la primera fila del público mientras que el hombre estaría junto al letrado en la mesa de la acusación.
Apenas unos minutos después Satoshi Hiwatari entró en la sala custodiado por dos soldados que saludaron al General de Brigada para quedarse junto al preso a la espera de la aparición del juez. Éste no tardó en aparecer.
Durante más de dos horas el juicio se desarrolló con la normalidad esperada. El abogado de oficio que defendía a Hiwatari estaba al borde de un ataque de nervios pues veía como el letrado que Roy Mustang había elegido para representar su parte, hacía un trabajo impecable.
--Vistas las pruebas y escuchados los diferentes testimonios, autorizo un receso de diez minutos mientras decido el futuro de este joven. –dijo el juez con serenidad.
--Un momento señoría.
Un hombre de unos treinta años trajeado y con una serie de carpetas entre sus manos acababa de hacer aparición. Todos los presentes incluidos los letrados se sorprendieron y ante la mirada permisiva del juez, el hombre continuó hasta acercarse al preso dejando las carpetas delante del mismo.
--Señoría, letrados; soy el abogado del señor Hiwatari y como tal estoy en mi derecho de pedir la anulación del juicio.
Aquellas palabras hicieron que toda la sala se llenara de comentarios y que el abogado de la acusación mirara a Roy Mustang pidiendo algo parecido a una aprobación. El militar simplemente agachó la cabeza gesto que no pasó desapercibido para el letrado recién llegado.
--Me gustaría dejar claro que tengo alguna otra petición que hacerle. –añadió con una carpeta marrón en mano que abría lentamente.
Antes de poder terminar de hacerlo, el juez indició a ambos abogados que le acompañaran a su despacho a lo cual no se negaron. Su señoría era uno de los más respetados en el tribunal militar y por ello quiso evitar el problema se le venía encima y no precisamente algo sencillo.
--Le escucho letrado pero sea breve.
--Verá señoría; se han cometido un par de irregularidades en este proceso que no es en nada beneficioso para el esclarecimiento de los hechos.
--Dirá para su cliente. –replicó el abogado Joseph Breims.
--Señor Breims dejemos que se explique.
--Primero, mi cliente está siendo juzgado por la vía militar cuando en todo caso debería ser por la civil pues la presunta víctima no estaba de servicio y tampoco se encontraba en instalaciones militares. –detalló aquel extraño caballero- Además, la denuncia no fue interpuesta por la presunta víctima sino por su superior, el… General de Brigada Roy Mustang, lo cual me hace pensar que este proceso es un claro favorecimiento al ejército.
--Señor…
--Clains señoría.
--Señor Clains, acusar de favoritismos a este tribunal es algo que no toleraré. Por otra parte debo reconocer que me sorprendió que Roy Mustang fuera el demandante contra ese joven. –dijo el juez mirando a ambos letrados.
--Señoría, no se puede interrumpir y proclamar nulo el juicio a estas alturas del mismo. Usted iba a dictar sentencia.
Sin duda el joven abogado Joseph Breims temía que la petición del letrado de la defensa se tomara en cuenta y el juicio pasara a la vía civil. En un proceso como ese, cualquier actuación militar para detener al agresor no sería bien recibida entre el jurado pese a salvarle la vida a la víctima.
--Señores letrados, vayan con sus clientes y esperen mi veredicto.
--Sí señoría. –respondieron ambos a la par saliendo del despacho Clains con una grata sonrisa en el rostro en contra punto con Breims que no sabía cómo explicar lo ocurrido al hombre que le esperaba de pie junto a la mesa.
--Señores letrados y demás presentes. -dijo con fuerza el juez que acababa de salir del despacho interrumpiendo las charlas que se daban en la sala- Ante los nuevos indicios que se me han presentado tengo del deber de declarar este juicio nulo.
Esas palabras sacaron de Roy Mustang la peor de las miradas y por el contrario una sonrisa de satisfacción al letrado Clains.
--Este proceso será reiniciado por la vía civil en el tribunal de la ciudad de Central. Así mismo aconsejo a los letrados que no tomen esto como ningún tipo de favoritismo y se centren en hacer su trabajo. Se cierra la sesión y el proceso queda anulado.
Aquellas palabras habían dejado un notable ambiente de incertidumbre que se reflejaba en el rostro de Joseph Breims. El joven abogado se temía una reprimenda por no defender los intereses de su cliente pero el General de Brigada sólo dio la vuelta y abandonó la sala con las manos en los bolsillos y la gorra puesta. Tanto Riza Hawkeye como Riku Harada observaron como su superior se marchaba mirándose entre sí con un aire de confusión.
--Por favor, díganle al General que haré todo lo posible por ganar el juicio aunque tenga que ser por la vía civil.
--Tranquilo, él sabe que te esforzarás. –respondió la Teniente antes de tomar del brazo a la muchacho de pelo rojizo y sacarla de la sala despidiéndose del hombre.
Mientras que el joven abogado militar recogía sus últimas pertenencias, Clains no había perdido detalle de la reacción de Mustang nada más enterarse del cambio y de su aparentemente calmado abandono de la sala. Él le haría mostrar cómo se sentía realmente cuando le subiera al estrado como testigo; nadie pensaría que haber interpuesto la demanda en lugar de su subordinada iba a traerle tantas complicaciones. Con esta idea en su mente y una ligera sonrisa de triunfo en el rostro, se despidió de su cliente y abandonó el lugar.
Dos días; ese había sido el tiempo que había pasado desde que el juicio quedara anulado y en ese tiempo se les había comunicado a los letrados la nueva fecha para el juicio así como su nueva ubicación. La sala número tres del tribunal civil de la cuidad sería el nuevo campo de combate para los militares que con la representación del joven abogado Joseph Breims, lograrían encerrar durante una temporada a Satoshi Hiwatari entre rejas. El General de Brigada vestido de paisano acompañado por el letrado se encaminaba hacia el tribunal repasando las declaraciones de los testigos. Ambos sabían aunque ninguno lo decía, que aquel proceso sería totalmente distinto a cualquiera que hubiera vivido antes. En la puerta las dos mujeres, Riza y Riku, les esperaban para entrar.
--Señoritas. Esta vez todo irá como la seda. –se atrevió a profecitar el abogado.
--Eso esperamos, ¿verdad General? –comentó Riza antes de ver como el interpelado estaba girado con la vista fija en los recién llegados.
Hiwatari y su abogado estaban subiendo las escaleras en las que el cuarteto estaba hablando. Los dos hombres miraron fríamente a Roy el cual le devolvió un gesto muy identificativo; si no fuera porque no llevaba sus guantes ambos habrían acaba chamuscados.
Un somero buenos días de labios del abogado y desaparecieron por la puerta. Tras ellos la multitud se agolpaba en la entrada obligando a Breims y a sus acompañantes a sortearlos.
La sala estaba a rebosar a la vez que el abogado de la defensa sacaba carpetas de un cuidado maletín de cuero. Clains parecía demasiado serio mientras releía los papeles en sus manos. Aquello iba a ser un proceso muy interesante…
De improviso el juez había hecho aparición precipitando que Riku se sentara junto al abogado y que Roy y Riza permanecieran tras ellos. Hiwatari y su abogado ya estaban colocados para entonces. Aquel hombre de escaso pelo y expresión poco agradable, sería el encargado de mediar entre las partes y un jurado formado por 12 personas decidiría el destino de Sathosi.
Minutos le faltaron a Breims para empezar su alegato siempre poniendo en el punto de vista de la inocencia a Riku a la par que calificaba a su agresor de ser alguien sin escrúpulos. Por su parte Clains no dudó en insistir en la inocencia de su cliente insinuando que el ejército había buscado un chivo expiatorio para cubrir uno de sus errores. Con esto como trasfondo, Breims llamó a Riku al estrado para que contara su versión de los hechos, la cual conmocionó al jurado que había dejado de tener compasión por el joven de pelo azulado. Clains por su parte se negó de momento a preguntarla para llamar a otra persona que tendría muchas cuentas que saldar con la justicia tras sus preguntas.
--Señoría llamo a declarar a Roy Mustang, General de Brigada del ejército de Amestris. –dijo con voz clara.
El mencionado caminó con decisión a través de la sala llegando hasta el estrado donde se sentó con seguridad tanto es sus acciones como en su mirada. "Ahora comienza el verdadero juicio." Pensaba Clains que ya tenía lista su primera pregunta.
--Señor Mustang. Según los informes usted es el superior directo de la señorita Harada, ¿correcto?
--Así es.
--Además es el conocido alquimista de la llama, ¿me equivoco?
--Ese es mi título de alquimista nacional.
--Señoría, el abogado no está preguntando nada coherente al testigo. –interrumpió Breims que no estaba conforme con el hecho de que Roy fuera preguntado.
--Señoría, sólo estoy situando al testigo ante el jurado. –aclaró Clains que recibió la aprobación del juez para continuar.
--Como iba diciendo; usted según ha declarado anteriormente, fue el encargado de reducir al agresor de la señorita Harada a quien ella identificó como mi cliente. Obviamente usted posee los conocimientos para ello pero, ¿era necesario que usara la alquimia?
--En aquella situación era lo único que funcionaría. Debía ser un ataque sorpresa o Riku Harada hubiera sufrido las consecuencias de mi error.
--Yo no dudo de las tácticas militares General de Brigada, pero teniendo en cuenta su historial; ¿no hubiera sido mejor evitar la alquimia?
--¿Acaso insinúa que usé la alquimia por placer para dañar al agresor? Yo sólo quería salvar a uno de mis hombres, a una mujer inocente.
En ningún momento Roy había perdido la compostura pero aquellas preguntas empezaban a cansarle. Él no podía imaginar que el señor Clains aún no había terminado con el interrogatorio.
--Usted fue condecorado como héroe de Ishbal y todo por arrasar una ciudad con su fuego. ¿De verdad espera que nos creamos que actuó para defender a esa mujer en vez de para castigar en exceso al agresor? Además, nadie asegura que el verdadero agresor fuera mi cliente.
--¡Protesto señoría! ¡El abogado está atacando al testigo! –exclamó Breims con furia.
--Denegada. Continúe señor Clains.
--Roy Mustang, siempre que las cosas no salen como deberían usted usa su alquimia para solucionarlo y como prueba de ello quiero que el jurado vea estas imágenes de ayer mismo. Pertenecen al torso de mi cliente.
Las caras de los miembros del jurado se quedaron blancas según las fotos llegaban a sus manos y cuando Breims las tuvo entre las suyas no pudo ocultar el temor de que ese proceso se saliera de sus expectativas. Riku por su parte no llegaba a creer que Satoshi hubiera vuelto a mentir y le hubiera contado aquello a su abogado.
--Roy Mustang usó el fuego que tanto domina para torturar a un hombre inocente y sólo porque en el pasado mi cliente había tenido relación con la joven Riku Harada. Señores del jurado, este hombre que ostenta el rango de General de Brigada y de alquimista nacional no ha hecho otra cosa que aprovecharse de la debilidad de Satoshi Hiwatari para limpiar su conciencia por no haber protegido a sus subordinados cuando éstos lo necesitaron. Este hombre es el verdadero agresor en este proceso y no un muchacho inocente.
La sala se quedó más muda de lo que ya lo estaba tras la revelación de las fotos y su contenido. Riza Hawkeye no sabía qué hacer y Joseph Breims temía decir algo que empeorara la situación de Mustang; por su parte Riku había agachado la mirada sabiendo que Clains no mentía sobre el autor de las quemaduras de su cliente.
--Todo lo que hice fue por proteger a mis subordinados y hacer pagar a aquellos que se atrevieron a dañarles. Yo tengo el deber de cuidar de ellos y los derechos de sus agresores no tienen validez ante eso.
Roy estaba en pie con la mirada firme y serena. Sus manos en el borde del estrado se apoyaban con calma y cada una de sus palabras salían desde el fondo de su corazón. Él debía protegerles en compensación a lo que no pudo hacer con su mejor amigo. Maes también era su subordinado y entonces le falló como nunca volvería a hacer.
--Señor Mustang, ante este jurado y en esta sala ha reconocido un crimen de agresión con arma militar. Yo como juez de la vía civil no puedo juzgarle pero tenga por seguro que su crimen será llevado a un tribunal militar. –dijo el juez con calma y voz grave- Ahora baje del estrado y siéntese donde pueda verle.
El único que no parecía sorprendido ante esas palabras era el mismo Roy Mustang que hizo exactamente lo que se le había dicho sin mirar a Riku en ningún momento. Si alguna vez la joven había pensando en la posible inocencia de su superior, ahora estaba claro que jamás sería inocente.
Por su parte Clains sonreía lleno de orgullo sabiendo que ahora el único testigo de la culpabilidad de su cliente era la propia víctima.
--Señores, se hará un receso de diez minutos mientras pongo al corriente de lo ocurrido al mando militar.
Aquellas palabras eran el comienzo de un nuevo proceso judicial ahora de índole militar contra Roy Mustang; un proceso que sería el segundo de su carrera y del que esta vez no saldría tan bien parado.
--General de Brigada, si quiere puedo ser su abogado. –se ofreció Breims que sólo recibió una escueta negativa de aquel hombre que esperó sentado a que la sala se vaciara por el receso.
--Roy… -murmuró Riza que viendo el estado de su superior prefirió esperar fuera llevando al letrado con ella.
Riku permaneció sentada con la mirada fija en el suelo sin querer moverse y sin decir nada. Satoshi le aseguró que no diría nada sobre sus quemaduras pero había quebrantado su palabra y ahora su superior… Roy se enfrentaba a un proceso militar.
--Señor, -dijo al levantarse sin mirarle siquiera- nadie le pidió que se excediera con Hiwatari.
--Ya lo dije antes Harada, nadie…
--Lo sé pero, ¡yo no te lo pedí! –gritó saliendo de la sala a medio correr decepcionada ante la atónita mirada de Riza que dejó de hablar con Breims para seguir a su compañera.
[En la calle]
La joven pelirroja se sentó en las escaleras ocultando su rostro de todos. Estaba decepcionada con el hombre, decepcionada por no haber sido capaz de cuidar de sí misma y sobretodo, odiaba que ahora él se expusiera a un consejo de guerra por protegerla. ¿Para qué Roy Mustang había aparecido en su vida? ¿Acaso sólo para mostrarle que no podía protegerse sola de los peligros?
--¿Riku estás bien? –le preguntó Riza sentándose a su lado- Si necesitas algo ya sabes que puedes contar conmigo.
--¿Por qué lo ha admitido? ¿Por qué tuvo que actuar por su cuenta?
--Mustang es así. –respondió la mujer abrazando tiernamente a la más joven- Él siempre piensa en los demás y les protege porque son su responsabilidad.
--Ese hombre es idiota. –dijo la muchacha con frialdad- No soporto que…
--¿Qué se preocupe por ti? ¿Qué haya arriesgado su carrera militar por defenderte?
La mujer estaba dando en el clavo y Riku no quería reconocerlo. Ella se había negado a darle la información sobre Hiwatari cuando lo preguntó y ahora mucho tiempo después, él había estado para socorrerla.
--Será mejor que volvamos. –comentó Harada levantándose y caminando hacia la sala de nuevo.
En aquel preciso instante varios hombres uniformados entraron en el tribunal con pasos firmes y totalmente serios. Ninguno de los presentes podía imaginar que esos tipos serían los encargados de custodiar al General de Brigada Roy Mustang mientras el juicio que tenía lugar y el susodicho permanecía en la sala.
[En el tribunal militar]
Todo en calma y los abogados ocultando sus logros en aquella sala a través de la fría seriedad. Roy Mustang franqueado por varios hombres y el acusado Satoshi Hiwatari sabiendo que al menos aquel hombre que hirió su orgullo sería castigado por ello.
--Señores, tras varios minutos de deliberación; espero su veredicto. –el juez había marcado las pautas de un proceso realmente breve y accidentado lleno de revelaciones.
--Señoría, este jurado ha encontrado al acusado culpable del cargo que se le imputa.
Aquellas palabras sacaron del alquimista de fuego una sonrisa que no duró mucho pues el juez se mostraba receloso. ¿Acaso no iba a dar por bueno el proceso? Lo que le faltaba a Roy era otra anulación de juicio para perder la paciencia.
--Satoshi Hiwatari, ha sido declarado culpable por este tribunal y como pena le condeno a 6 meses en la prisión de Cuidad Central. Se cierra la sesión y el caso.
Joseph Breims miró a Riku que permanecía seria y luego a Riza para ver que la mujer le sonreía con gratitud. Mustang por su parte no se movía sabiendo que en cuanto lo hiciera sería conducido hasta las dependencias militares para ser interrogado y posteriormente juzgado.
La joven pelirroja seguía en su asiento con las manos juntas y con la mirada gacha; no se atrevía a moverse puesto que sentía muchas miradas sobre ella en especial la de Satoshi Hiwatari. Sin poder soportar más esa situación se levantó y se retiró del lugar con el rostro ensombrecido y tapado por su flequillo; sentía que si no se marchaba de aquel lugar se derrumbaría delante de toda esa gente.
[En la calle]
Una vez fuera de la sala, cerró la puerta con discreción para luego comenzar a andar sin rumbo fijo por aquellos pasillos hasta dar con la salida. No supo cuando comenzó a correr, pero se dio cuenta que ya estaba fuera del edificio en el momento en el que chocó con alguien, lo que produjo que se cayera al suelo.
--Ey, cuidado. No puedes ir corriendo así por estos lugares. –dijo una voz mientras miraba a la pelirroja.
--Lo siento…, no fue mi intención. –se disculpó la joven sin mirar a la persona que tenia delante mientras se levantaba y se espoleaba la ropa manchada.
--…
Un silencio se produjo a lo que el hombre se llevo una mano a la barbilla y comenzó a chequear a la joven de arriba a abajo.
--Valla, ya decía yo que me eras familiar. –comentó por fin el hombre a la par que con una de sus manos levantaba el rostro de la joven el cual estaba húmedo a causa de las lagrimas que surcaban el mismo.
--Suéltame. –dijo la muchacha apartando su rostro rudamente para luego limpiarse las lágrimas.
--Perdón, perdón. –se disculpó el moreno de pelo largo recogido con una sonrisa divertida.
Fue entonces cuando la joven se dio cuenta del atuendo del hombre y el reloj que portaba, para luego volver a mirarle.
--¿Usted es… alquimista nacional? –preguntó algo más tranquila.
--Zolf J. Kimbley, alquimista carmesí. Kimbley para ti alquimista del viento Riku Harada. –dijo el hombre alzando su mano mirando fijamente a la joven.
La muchacha se sorprendió cuando dijo su posición como alquimista nacional, puesto que nadie lo sabía y tampoco mostraba nunca su reloj, pero aun así estrecho la mano del hombre un tanto desconfiada. El apodo de aquel alquimista le resultaba familiar sin embargo no llegaba a entender el alcance de la fama de ese hombre. Por su parte Kimbley no esperaba impacientemente aquel momento que siempre, desde que Roy Mustang había ascendido tan rápido tras su paso por Ishbal, había deseado. Al igual que el militar, una multitud de periodistas aguardaban la salida del hombre que ocuparía las portadas de todos los periódicos del país en las siguientes semanas.
La sala estaba vacía a excepción del alquimista nacional y los dos escoltas que el alto mando había enviado para detenerle.
--Caballeros, salgamos de aquí para que pueda juzgarme la opinión pública. –dijo Mustang poniéndose en pie con ambos hombres a los lados.
Éstos se miraron extrañados sin comprender qué buscaba el moreno con aquella actitud. Pensando esto le acompañaron hacia la salida viendo como los fotógrafos y periodistas se agolpaban a su alrededor haciendo un sinfín de cuestiones a las que Roy simplemente contestaba con escasas palabras que nada tenían que ver con lo preguntado. Kimbley estaba sonriendo cuando sus miradas se cruzaron y en aquel instante se tomó la libertad de atraer a Riku hasta quedar pegado a ella. El moreno se quedó clavado tan sólo unos segundos sin apartar sus ojos negros de la escena para luego continuar con su camino y llegar al coche en el que le trasladarían a las dependencias militares.
La joven pelirroja por su parte fue incapaz de reaccionar ante el contacto con Kimbley y posteriormente la mirada de su superior que la dejó helada. Únicamente cuando el automóvil se alejó y la multitud comenzó a dispersarse, la joven fue capaz de separarse del alquimista carmesí. Ese hombre y su enigmática sonrisa la confundían lo cual no le beneficiaba si quería seguir manteniendo su propio título de alquimista nacional oculto.
En todo momento la Teniente Hawkeye y el letrado Joseph Breims habían estaba observando al General de Brigada Mustang y mientras que la primera comprendía la actitud del hombre en su mayor parte. El segundo estaba perplejo ante aquello.
--No creo que vaya a tener problemas, señor Breims, en salir de ésta. –dijo la mujer sonriendo amablemente.
--Teniente, es la segunda vez que se enfrenta a un proceso militar y no tengo tantas esperanzas como usted.
Aquel hombre decía lo mismo que Roy Mustang estaba pensando mientras era trasladado. Joseph Breims tenía en su haber una condena y un escándalo en el mismo proceso aunque eso ya no importaba; el futuro del alquimista de fuego se decidiría en cuestión de días y el mismo acusado había rechazado su ayuda.
Riza no quería creer las palabras del abogado aún sabiendo que su superior se jugaba demasiado. Para evitar pensar en ello buscó a Harada con la mirada encontrándola junto a un hombre que se le hacía familiar. Cabello largo y oscuro recogido someramente vestido con el uniforme militar… La mujer no necesitó fijarse más para reconocer al individuo como Zolf J. Kimbley, el alquimista carmesí.
--Señor Breims, nos veremos en otra ocasión. Si ahora me disculpa…
El caballero inclinó ligeramente la cabeza en señal de aprobación y ella pudo encaminarse hacia su compañera y amiga Riku Harada.
Mientras tanto Kimbley había notado perfectamente como la muchacha se apartaba de él a lo que no hizo comentario alguno. Durante los siguientes instantes, ambos se sumieron en un profundo silencio hasta que el alquimista sintió la fría mirada de una rubia mujer sobre él; sin duda Mustang había entrenado bien a sus subordinados.
--Teniente, es una placer volver a verla. –comentó el hombre con una falsa sonrisa adornando su rostro.
--Mayor Kimbley, usted debería estar en el cuartel archivando informes sino me equivoco. –replicó ella con un tono sarcástico que arrancó de Riku una carcajada contenida.
--Lo siento Teniente, pero por mucho que me apetezca pasar tiempo con usted debo atender mis obligaciones.
Dicho esto miró de nuevo a la menor y tras sonreírle se alejó a paso calmado sin mirar atrás. Riza observó la marcha del hombre para acto seguido posar su mirada azul en su compañera y amiga.
--No sabía que conocieras a ese tipo. –comentó algo seria.
--Bueno… Me le encontré a la salida y él mismo se presentó. –respondió la pelirroja ocultando los detalles de la conversación.
Riza la miró recelosa antes de cambiar de nuevo a un semblante más amable y poner una de sus manos en el hombro de la muchacha.
--Deberíamos irnos al cuartel. –sugirió dirigiendo disimuladamente a su compañera por el camino mencionado- Si el General de Brigada nos necesita, tendremos que estar ahí parar atender sus peticiones.
La pelirroja dudó un instante e incluso pensó en negarse pero temió la reacción de la rubia por lo que asintió ligeramente y comenzó a caminar. Por su mente la imagen de las quemaduras de Hiwatari y la posterior aceptación de la culpa que había hecho Roy, la torturaban aunque no lo demostrara. A nadie le importaba lo que ella sintiera ya fuera alegría o dolor y decepción.
