Aclaraciones

Declaimer: Ni los personajes de Full Metal Alchemist ni los de D. no me pertenecen sino a sus creadores (no me acuerdo de sus nombres pero cuando los sepa los pongo)

- diálogos

-(intervenciones mías)

-"pensamientos"

-[cambios de escena]

- - - - - - - - - - - - Flash Back - - - - - - - -

Capítulo 13: Recorriendo nuestros caminos sin ti

[En la fortaleza de Briggs]

Aquella mañana era diferente a todas las que se habían vivido durante años. En aquel amanecer de lunes todo era bonito menos el hecho de seguir con vida. Él ya no estaba ni para bien ni para mal. Les había dejado por el único motivo que no había previsto: la muerte. Los soldados que investigaban el accidente no habían encontrado su cuerpo y sin embargo era un secreto a voces que había muerto. Todos rumoreaban sobre el hecho de que les hubiera engañado. Algunos soldados se ponían colorados cada vez que les recordaran que les habían timado y Kimbley fingía dolor por el compañero caído aún sabiendo que lo que sentían era odio mutuo. Para Riku las cosas se estaban poniendo cuesta arriba por momentos; antes creía que al algún momento volvería a verle y ahora sabía que nunca volverían a mirarle sus ojos oscuros ni sus labios repetirían su nombre una vez más.

-Deberías comer algo. –le dijo Milles que pasaba por la puerta de su habitación encontrándola tumbada en su cama- Te hará mal que sigas así.

-Milles, quiero verle. –dijo con voz suave y sin fuerza.

-No digas tonterías. –le replicó el ishbalí entrando en la estancia.

-No son tonterías. ¡Tengo derecho a verle! ¡Exijo verle Teniente, se lo exijo!

El hombre se quedó en silencio y se sentó en la silla junto a la cama. Si decir nada miraba a la joven pelirroja respirar agitadamente sentada de medio lado sobre la cama.

-Sabes que si pudieras habríamos hecho lo imposible para que lo vieras, pero es que no le hemos encontrado Riku. ¿Me entiendes? No le hemos encontrado.

-Entiendo Milles, entiendo pero cuando se sepa algo…

-Cuando se sepa algo lo sabrás; y ahora bájate a comer conmigo.

La joven le miro sin saber muy bien si debía resistirse o no. Al final cedió al hambre y tras arreglarse un poco el uniforme y lavarse la cara, bajó con el Teniente Milles al comedor de la fortaleza.

[En el comedor de la fortaleza]

Cuando ambos oficiales cruzaron las puertas se dieron cuenta de que el lugar se encontraba medio vacío y no era de extrañar; la mayoría de los soldados se encontraban ya en sus puestos y los que no, estaban participando en la búsqueda por la zona del accidente del militar desaparecido que ya no se podía ocultar que se trataba de Roy Mustang en vez de Jean Havoc. La pelirroja miró a su acompañante con curiosidad mientras que el hombre se acercaba a una mesa donde varios suboficiales comían charlando animadamente.

-Teniente Milles, Comandante Harada. –dijo uno de ellos al verles llegar- Chicos haced sitio. –añadió haciendo que los integrantes de ese grupo se movieran dejando suficiente espacio a los recién llegados.

-Gracias muchachos. –respondió Riku sentándose junto al que había organizado la movilización mientras que el ishbalí se fue a por la comida para ambos.

-He escuchado que estaba en una misión secreta. –comentó uno tratando de volver a la conversación en la que estaban.

-No seas memo, ¿cómo iba a estar en una misión secreta aquí? La General lo sabría y nos lo habría contado, ¿verdad Comandante?

-No sé… La General no siempre cuenta todo… -respondió la joven sin saber muy bien que responder porque no sabían de qué hablaban.

-Yo conocí a Jean hace tiempo y me pareció raro que ni me reconociera pero con eso de estar en Central… Y ahora resulta que no era él, menos mal que no le encaré o habría salido mal parado. –comentó un tercero que se calló en cuanto el primero de ellos le miró con frialdad y señaló disimuladamente a Riku que tenía la cabeza agachada.

-Mira que eres bruto Ian. Piensa antes de hablar. –añadió otro que hasta entonces había estado comiendo.

-No os preocupéis chicos, estoy bien. –dijo ella al ver a Milles acercarse con una bandeja.

-La comida ya está aquí. –digo sonriendo amablemente.

-¿Y tú? –preguntó la pelirroja al ver sólo sus platos.

-Yo ya he comido. –respondió él con toda la naturalidad del mundo.

-Creía que comerías conmigo.

-Y como contigo, de hecho estoy contigo mientras comes.

Riku le miró sin saber por donde seguir. Sabía que quejarse a esas alturas no era la solución así que simplemente miró la bandeja y comenzó con la sopa humeante sorbo a sorbo. El resto de comensales hizo lo propio con sus respectivos platos y el silencio se hizo en la mesa. Milles imponía con su sola presencia pero no se trataba de eso sino de las posibles reacciones del ishablí al saber que estaban murmurando sobre lo ocurrido el día anterior y provocando que la Comandante Harada estuviera triste. El mismo ishbalí se percató de inmediato de ese forzado silencio que cuando él había ido a por la comida de la pelirroja no se había formado; de hecho, todos los integrantes de la mesa estaban hablando. Mientras pensaba esto se dedicó a mirar a los soldados que sin duda se forzaban por mantener la concentración en su comida y en nada más. Pese a la extrañeza prefirió centrarse en su superior que seguía comiendo lentamente, en silencio y con la mirada perdida en el contenido del plato.

Tras varios minutos de silencio sepulcral, Riku terminó de comer tomando en sus manos la bandeja para llevarla al carro de recogida haciendo que el Teniente Milles se levantara para acompañarla sin embargo la mujer fue rápida y cuando el ishbalí ya estaba de pie ella había regresado.

-Gracias por la comida. –dijo haciendo una pequeña reverencia y posteriomente despidiéndose son un breve saludo militar a todos los presentes.

-La acompaño Comandante. –informó entonces Milles acercándose a al joven.

-No hace falta. Sólo iré a dar una vuelta por la fortaleza antes de irme a descansar en mi cuarto. –replicó la pelirroja deteniendo el avance del hombre- Hasta luego. –añadió dejando a todos atrás para abandonar el comedor.

[En la terraza de la fortaleza]

La pelirroja había dejado atrás los cálidos pasillos y las cómodas instalaciones para subir a la parte más alta de la fortaleza y mirar al horizonte. El viento frío le golpeaba en la cara mientras que sus ojos se perdían en ese infinito mar blanco.

-Flash Back-
-¿Se encuentra bien señorita? –preguntó una voz masculina por encima de sus cabezas.

Fue en ese momento en el que Riku levantó su mirada encontrándose con la oscura de un hombre quién poseía una sonrisa demasiado feliz para su gusto.

-¿Le ayudo a levantarse? –preguntó inocentemente el caballero.

-Sí, se encuentra bien; y no, no necesita su ayuda. –fue lo que contestó ella en ese momento cuando todavía no le conocía -Disculpe señor pero quite esa cara de pervertido que posee. –continuó algo enfadada sin darse la vuelta para mirarle.

-Fin del Flash Back-

Ante ese recuerdo Riku no pudo evitar el reír nostálgica. Mientras estaba allí se sentó en el borde sin dejar de mirar el paisaje pasando a recordar otro momento importante para ella.

-Flash Back -

Riku llevaba una semana trabajando en Cuidad Central bajo las órdenes del General de Brigada Roy Mustang. Éste le había mandado a la biblioteca de la cuidad con un permiso especial para poder buscar la información que necesitara a la hora de cumplimentar un informe impuesto por el propio militar.

Al principio el hombre y ella no se llevaban bien al igual que le pasaba con Riza pero como siempre decía, "hablando" se va conociendo a la gente y así le pasó con la mujer ya que poco a poco se hicieron más amigas. Sin embargo con su superior todo se realizaba en un ambiente de respeto sin tomarse confianzas y sin considerarse amigos.

Cuando por fin terminó el informe, Riku volvió a Central y entregó su trabajo a Roy. Ambos trabajaban mucho pero ella nunca se excedía salvo una vez.

Habían pasado 5 semanas desde que la joven hubiera entrado a formar parte del ejército y aquel día los dos se dedicaron a realizar un informe antiquísimo que Riku no conocía pero al cumplir órdenes no comentó nada. A la hora estipulada para marcharse, la joven no lo hizo como era su costumbre; simplemente llamó a su casa diciendo que esa noche estaría en el cuartel y que dormiría en alguna de las habitaciones del lugar. Tras esto continuaron trabajando durante algún tiempo hasta que la joven salió a buscar algo de comer y beber para ambos.

Al volver se encontró con Roy dormido sobre los papeles del informe que tenía en la mesa. Miró el reloj y al ver que eran las 2:47 de la madrugada tomó el abrigo del hombre y se lo puso por encima de sus hombros para que no pasara frío a la vez que ella sonreía tiernamente. Después volvió a su trabajo sentándose en el sofá dejando la bandeja en la mesa central del despacho. Durante las horas siguientes, Riku se dedicó a terminar el informe con la información que tanto Roy como ella habían recopilado.

Debían ser alrededor de las 5:45 de la mañana cuando el hombre se despertó al sentir los primeros rayos de sol sobre su cara. Nada más abrir los ojos trató de acostumbrarse a la luz para luego visualizar la estancia y a la joven dormida en el sofá observando en la mesa central el informe y la bandeja con los alimentos.

-Fin del Flash Back-

Nuevamente sonrió al recordar los momentos tan extraños que pasó cuando Satoshi le agredió el día que fue con Elisia-chan a conocer a su padre.

-Flash Back-

La cocina se encontraba en la planta baja por lo que con calma descendió cada escalón siempre pendiente de no hacer ruido para no despertar a nadie. Con este pensamiento llegó hasta la estancia requerida y se adentró en ella encendiendo la luz tras cerrar la puerta.

-Vaya, ¿qué haces despierta a estas horas de la noche? –preguntó una voz tras ella provocando que diera un bote del susto antes de girarse para ver quién era.
-General, menudo susto me ha dado. –dijo la joven llevándose la mano al pecho.
-Lo lamento; no era mi intención hacerlo. Por cierto, ¿qué estás haciendo aquí en vez de estar durmiendo? –preguntó de nuevo el caballero tras haberse disculpado tomando entre sus manos una vaso con algo de licor para beber un pequeño trago.
-Tuve un mal sueño y vine a por un vaso de leche. –informó mientras buscaba los vasos abriendo varios armarios.
-Siéntate; yo te lo preparo. –se ofreció Roy levantándose y cogiendo lo necesario.
-¿Puedo preguntar por qué tú también estabas levantado? –pidió la joven apoyando sus codos en la mesa.
-Los recuerdos atormentan mis sueños. –confesó a la vez que le servía la leche y dejaba después el vaso frente a ella.
-Gracias por todo y siento haber preguntado. –respondió la joven algo apurada.
-Tranquila no importa. Además quería preguntarte algo que me contó tu tío. –dijo sentándose frente a ella.
-Claro; ¿de qué se trata? –preguntó Riku con el vaso entre sus manos sin dejar de mirar a Roy.
-Me comentó que puedes usar la alquimia sin utilizar un círculo de transmutación. –dijo él seriamente.
-He de reconocer que es cierto. –contestó ella antes de continuar- Es como si tuviera el círculo en mi cuerpo pero no sé donde exactamente.
-Eso resulta extraño, ¿has intentado buscarlo?
-Sí pero no tuve éxito. –afirmó suspirando.

El hombre la miraba con curiosidad mientras Riku bebía un poco de leche sin apartar sus ojos de los de él.
-¿Me mostrarías el poder que posees? –preguntó tras meditarlo unos segundos.
-No estoy muy segura, mi tío y yo hicimos una promesa. -respondió ella dudosa.
-Entiendo. Supongo que ya te veré en acción en otra ocasión. –comentó Roy a la vez que se levantaba y guardaba lo que él estaba bebiendo.
-Muchas gracias por la leche; será mejor guardarla o se pondrá mala. –sugirió la joven tras lo cual el hombre cogía lo mencionado y lo guardaba.
-Será mejor que vayamos a dormir que mañana tenemos que trabajar. –informó Roy permaneciendo de pie enfrente de la joven.
-Tienes razón; me llevaré el vaso a mi cuarto y así no me quedaré sola. –comentó ella mientras se levanta.

Con tranquilidad, Riku se acercó a la puerta para marcharse cuando tropezó notando que el vaso resbalaba de sus manos a la vez que ella caía. De improviso Roy la sostuvo impidiendo que ella también cayera.
-¡Para! –exclamó alzando las manos consiguiendo que el vaso se posara suavemente en el suelo sin derramar ni una gota.
-Impresionante… -murmuró el hombre sorprendido.
La joven suspiró aliviada antes de notar unos brazos que rodeaban su cintura. Al girar la cara se encontró con la de su superior sonrojándose violentamente para apartarle algo asustada en un acto reflejo. Bajó su mirada para luego recoger el vaso del suelo y bebérselo de un trago. Tras esto y sin mirar en ningún momento a Roy, lavó el vaso y lo dejó escurriendo para luego apoyarse en el borde del fregadero con la cabeza gacha a la par que su cabello le cubría el rostro.
-Siento mi comportamiento señor. –se disculpó sin moverse de donde estaba mientras se preguntaba que le estaba pasando con respecto al General de Brigada.
-Tranquila pero por favor no me llames de esa manera que aparte de hacerme sentir mayor, no estamos en el cuartel; así que llámame por mi nombre o por mi apellido como gustes. –dijo con un aspecto tranquilo.
-Está bien Mustang-san. Ahora será mejor que me vaya a acostar; buenas noches. –dijo algo más relajada mientras se acercaba a la puerta pasando junto al hombre para luego salir de la estancia.

-Fin del Flash Back-

Apretó sus manos que estaban juntas para luego sentir como las lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas sin contemplación alguna. A la par ahogaba los sollozos de dolor encogiéndose llevando sus manos juntas a la frente.
-Roy… -le llamó entre sus llantos.

- Flash Back-
-General, me gustaría… -ahí acabaron sus palabras antes de que volviera a cerrar la puerta sorprendiendo a las dos personas que estaban en el despacho en ese instante, aunque volvió a abrirla en cuestión de segundos para cerrarla una segunda vez con ella ya dentro.
-Riku esto tiene una explicación. –dijo un hombre moreno de ojos oscuros y sonrisa encantadora con una peluca rubia en su mano izquierda.
La joven no le dejó tiempo para decir más y se lanzó sobre él haciendo que el hombre tuviera que dar un par de pasos hacia atrás.
-Te he echado de menos. –fue lo único que dijo antes de corresponder al abrazo olvidándose de la mujer rubia que estaba en la misma estancia.

-Fin del Flash Back-

Su llanto comenzó a ser más presente al igual que audible; ahora sus manos estaban separadas y abrazaban su cuerpo por los costados habiéndose encorvado ocasionando que las lágrimas mojaran sus ropas inferiores pero poco le importó.
-Roy… Roy… -le volvió a llamar de forma angustiada- ¿Por qué? ¿Por qué él? –preguntó al viento el cual se llevó sus palabras con su brisa helada.

-Flash Back-
-Roy yo…
-Shhh. No digas nada que estropee el momento.
-Pero hay tanto que…
Lo siguiente que se oyó fue el silencio creado por un beso tierno y suave. El hombre había aprovechado el intento de explicación de la joven para atraparla entre sus brazos y capturar sus labios.
-Guárdalo en tu corazón hasta que nos volvamos a ver. –dijo el moreno separándose lentamente de ella para ponerse la peluca y las lentillas.
-No quiero que te alejes de nuevo.

-Fin del Flash Back-

Un grito desgarrador lleno de desesperanza se escuchó por todo el valle. Riku había dejado salir todos sus sentimientos en ese sonido que escapó de su garganta al recordar el último instante en el que le vió como Roy Mustang, el mismo día que por primera vez sus labios se juntaron y que nunca más se probarían.

-Vuelve… por favor vuelve… -pidió en un ahogado grito levantando su rostro lleno de lágrimas mientras sus cabellos se mecían con el fuerte viento del Norte ondeándose hacía el lado que regía aquella fuerza de la naturaleza.

-No deberías llorar pidiendo que los muertos vuelvan a la vida; ¿o vas a traerle tú misma? –dijo de improviso una voz masculina tras la joven.

-Déjame sola. –replicó ella con frialdad sin siquiera mirarle.

-No pensarías que él aparecería de la nada para sacarte de aquí, ¿verdad? –cuestionó mostrando su más que conocida sonrisa maliciosa la cual Riku no podía ver, y se acercó más a la joven para poder susurrarle al oído- Nunca volverá por más que grites su estúpido nombre.

-Déjame sola. –repitió tratando de ignorar al hombre.

-¿Vas a atacarme? –cuestionó él poniendo una de sus manos en el hombro de la joven- Porque te podrían encerrar por eso.

-Kimbley…

-Dime preciosa.

-¡Déjame sola! –gritó a la vez que una ráfaga de viento le cortaba en la mejilla a la vez que era empujado lejos de la joven.

-¡Escúchame bien Riku Harada! ¡Ese perro no volverá porque está pudriéndose en el infierno! ¡Así que recuérdale y llora a un hombre que nunca debió existir! –le espetó con rabia y desprecio antes de desaparecer del lugar aún con el corte sangrando.

Cuando por fin se quedó sola rompió a llorar con todas sus fuerzas. Por mucho que fingiera ser fuerte, las palabras de Kimbley le afectaban mucho más que antes; ahora sabía que él nunca volvería y que si se le pasaba la loca idea de intentar traerle de vuelta muchos le patearían el trasero por sólo pensarlo. Quizá esa imagen de su tío echándole una bronca por semejante acto y ver a Olivie más que seria castigándola por ello, era la única que podía sacarle una sonrisa ahora; y es que cada vez que cerraba los ojos le veía repetidamente con cada una de sus expresiones, y recordaba el sonido de su voz y el toque de su piel. Le había amado tanto y a la vez se había visto correspondida en cada una de sus actuaciones que ahora no quería quedarse sola, no cuando lo había tenido todo en un instante.

-Roy… Vuelve por favor… Vuelve a mi lado… -pidió al viento dejando que las lágrimas continuaran discurriendo por sus mejillas mientras ella miraba al cielo en busca de un consuelo que no llegaría.

[En el despacho de la General Armstrong]

-Señora, hemos buscado en toda la zona sin encontrar nada más que jirones del uniforme y algunos de los efectos personales de su equipaje. –decía Bucanner a su superior mientras le enseñaba algunas imágenes de la zona del siniestro.

-Al parecer su cuerpo ha desaparecido y eso es algo que no consiento; ¿ha quedado claro? –dijo la mujer con voz firme poniendo amabas manos en la mesa- Sabes tan bien como yo que es de vital importancia no sólo frente a los mandos de Central sino por Riku, así que quiero que registren el recorrido del tren y extiendan el área de búsqueda.

-Sí señora. Me encargaré personalmente de…

-¡Señora! ¡Capitán! –decía un joven soldado entrando de golpe en la estancia ante el asombro del dúo presente.

-¿Ocurre algo chaval? –preguntó la mujer en cuanto el muchacho había asomado su nariz por la puerta.

-Hemos… Hemos encontrado algo. –explicó torpemente.

-¿Algo? –cuestionó Bucanner levantando la ceja interrogante.

-Sí Capitán. Hemos encontrado la chaqueta del Teniente Havoc y algo en ella. –trataba de decir sin saber muy bien como abordar el tema.

Ante las miradas que le lanzaban sus superiores no tuvo más remedio que entrar del todo con la bolsa que traía escondida tras su cuerpo.

-Es esto. –dijo dejando el paquete en la mesa.

La General no tardó ni un segundo en averiguar el contenido de aquello y cuando lo hizo agachó la mirada. Bucanner se acercó a su superior y repitió la operación de la mujer reaccionando igual. El joven soldado tenía la cabeza agachada y sollozaba ligeramente al ver las reacciones de ambos superiores y sin embargo se tragó las lágrimas para ir a coger el paquete.

-Déjalo ahí. –ordenó la mujer con severidad haciendo que el joven diera un respingo y saltara hacia atrás- Capitán Bucanner, sigan la búsqueda del Teniente Havoc.

-Pero señora, todos saben que se trataba de…

-He dicho que sigan la búsqueda del Teniente Havoc, ¿le ha quedado claro? –dijo con fuerza en la voz y una mirada llena de firmeza.

-Sí señora. –respondió el hombre saludando antes de abandonar la sala.

-Y tú, -añadió refiriéndose al joven soldado- no le cuentes nada de esto a nadie ¿entendido?

El muchacho se sonrojó hasta las orejas antes de asentir repetidamente y marcharse tras el correspondiente saludo a la vez que su superior se sentaba en su silla. Olivie no sabía qué hacer ahora, si le contaba algo a Riku la joven no lo pasaría bien pero si se callaba el golpe sería peor si venía de Kimbley.

[En la terraza de la fortaleza]

Riku seguía allí quieta sentada en el borde mirando el horizonte. Aún podía notar las lágrimas terminando de recorrer sus mejillas pese a haber dejado de llorar. Ya no tenía sentido pues como bien le había recordado Kimbley, los muertos no volvían a la vida y Roy no iba a volver a por ella por mucho que lo deseara. Se sentía sola y con el corazón hecho añicos cuando el sonido de unas botas le sacó de sus pensamientos y le hizo girarse con una ligera sonrisa en el rostro por la ilusión de que el alquimista carmesí se hubiera equivocado.

-Hola Riku. –dijo la voz de la General Armstrong cuando estuvo lo suficientemente cerca para ser escuchada.

-Hola… -murmuró la pelirroja viendo su ilusión frustrada.

-Preguntar si te encuentras bien será una tontería, ¿verdad? –dijo entonces al ver su rostro yendo a sentarse a su lado- Debes tratar de superarlo.

-No puedo… Él era… era el único… -trató en vano de seguir cuando las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

-Shhh. Deja salir el dolor hasta que se calme. –la consoló con un tierno abrazo sin saber muy bien cómo abordar el tema que la había llevado hasta allí.

Pasados unos minutos en los que la joven siguió llorando, Olivie permaneció a su lado quieta y en silencio dejando que se apoyara en su hombro y sacara todo lo que todavía se encontraba en su interior. Cuando por fin parecía más tranquila, la mujer se dispuso a hablar.

-Verás Riku, mis chicos han encontrado algo en el tren. –comenzó a decir con calma y sin mirarla.

-¿Algo? –preguntó de respuesta la pelirroja comenzando a temblar.

-No es su cuerpo. –sentenció la de mayor rango no muy segura.

-¿No… lo… es…?

-No exactamente. –y con esas palabras Riku volvió a mirarla sin saber a qué se refería realmente.

-Respira hondo y escucha con atención. –le pidió antes de seguir hablando- Me han traído su chaqueta manchada de sangre y… y... al parecer una viga del tren se partió. Eso debió de…

-Por favor dímelo, sea lo que sea, por favor. –pidió casi entre lágrimas de nuevo viendo como la mujer tomaba aire antes de disponerse a decirlo todo de una vez.

-La chaqueta tenía un corte en la manga derecha de unos veinte centímetros provocados por la viga y al parecer se llevó por delante su brazo derecho. –dijo como pudo sosteniendo a Riku cuando ésta al escuchar aquello, gritó el nombre de Roy incesantemente llevándose a la vez las manos a la cabeza dejando que sus lágrimas cayeran por su rostro una vez más.

La mujer no supo que más hacer por lo que simplemente permaneció allí sentada a su lado mientras su sobrina negaba una y otra vez que eso significara la prueba que necesitaban de que estaba muerto. Ella no quería creer que ese brazo pudiera equivaler a encontrar el cuerpo completo; se negaba a creerlo pero recordaba entonces las palabras de Kimbley "Nunca volverá por más que grites su estúpido nombre" "Ese perro no volverá porque está pudriéndose en el infierno".

[En la oficina de Roy Mustang]

Aquella mañana había amanecido en Ciudad Central nublada pero sin amenazar tormenta al menos de momento. Eso era lo que más esperaba Havoc cuando vistiendo su propio uniforme y dejando atrás el teatro, cruzó el umbral de la oficina de su superior desaparecido encontrándose en la misma a la Teniente Hawkeye.

-Buenos días Jean. –saludó la mujer nada más verle esperándole al lado de la mesa del Coronel.

-Buenos días. –respondió él caminando hacia el mismo sitio con calma.

Cuando estuvieron los dos posicionados, se miraron y suspiraron sin saber qué hacer realmente. Allí estaban esperando un milagro o la muerte, pero lo que ninguno de ellos se imaginaba es que nada más recuperar el aire es que el Sargento Rish apareciera unos minutos después dispuesto a llevarles a la oficina de su superior. En cuanto eso pasó, ambos compañeros se miraron sabiendo que esa llamada era el fin de sus carreras.

[En la oficina del General Hakuro]

Nada más entrar y tras seguir al suboficial por medio cuartel, se encontraron en una estancia completamente vacía. Aquello sumado a los nervios de ambos militares les hizo sentir atrapados. Rish por su parte sólo les dijo que esperaran al General y se marchó.

-¿Qué hacemos Teniente? –preguntó Havoc mirando a todos lados notablemente nervioso.

-No lo sé. Supongo que aunque le echemos las culpas al Coronel no nos creerían.

-No vamos a hacer eso, por lo menos yo. –replicó el rubio mostrándose dispuesto a morir por su superior.

-Jean ya lo sé; sólo era una suposición.

-Me encantan esas muestras de lealtad. –dijo de improviso una voz tras ellos.

El General Hakuro acababa de entrar en la estancia junto con otros Generales, el Coronel Douglas y el Sargento Rish. Todos les miraban como si fueran la atracción de circo mientras que el de menos graduación de los presentes iba a su mesa a sentarse para tomar nota. Jean miró desafiante a Hakuro colocándose delante de Riza a la vez que ésta se sentía algo desplazada pese a sus intentos de sobrepasar a su compañero.

-Si alguien aquí es culpable, soy yo. –dijo el rubio con seguridad dejando a los presentes sorprendidos por tan rápida confesión.

-Jean no digas tonterías.

-Es la verdad Riza, todo fue idea mía. El Coronel no estaba de acuerdo hasta el último momento. –añadió sin perder la seguridad aunque por dentro estuviera temblando como un flan.

Sin embargo su arranque de heroísmo no pareció convencer a los Generales que murmuraban sobre lo dicho. De hecho fue el propio Hakuro quien comenzó a reir ante las palabras del rubio. Estaba claro que ni auto inculpándose conseguirían dejar fuera de aquella acción a su Coronel que ya no podía defenderse.

-Teniendo en cuenta lo que conllevaba para el difunto Coronel Mustang hacer su pequeña excursión, tendremos que degradarle antes de enterrarle.

-¡No! –gritó Riza de improviso mientras Havoc la sujetaba- No pueden hacer eso.

-Sería mejor que mantuviera la boca cerrada Teniente Hawkeye, por su seguridad y la de su compañero. –le dijo a la mujer antes de seguir con su discurso- Como iba diciendo…

Pero el General no pudo continuar pues un joven soldado había entrado de golpe agitando un sobre en su mano y sin ningún miramiento ni saludo alguno se adentró en la sala. Fueron instantes de tensión en los que tanto Jean como Riza miraba aquello con nerviosismo sin entender las prisas.

-¡¿Qué demonios? –exclamó sin razón Hakuro al abrir el sobre y leer las primeras líneas de lo que estaba en su interior.

-¿Qué pasa? –preguntó uno de los Generales que se encontraban allí.

-Lo leeré en alto para que quede constancia. –sentenció Hakuro desganado viendo a todos interesados.

Al General Hakuro de Ciudad Central:

Cuando lea esta carta yo ya habré dejado la fortaleza de Briggs y puede que me encuentre de regreso en Central; sin embargo, si ha llegado a sus manos es que al final he completado mi propio plan y mis subordinados estarán creyendo mil y una locuras sobre mi actuación. En vista de las posibles consecuencias dejo bien claro lo siguiente:

Yo, Roy Mustang, Coronel del ejército de Amestris y poseedor del título de alquimista nacional con el sobrenombre del alquimista de fuego; reconozco que coaccioné al Teniente Jean Havoc para que fingiera ser yo y obligué a todo mi equipo a seguir ese plan.

Así mismo reconozco que mi auténtica idea al viajar al Norte era única y exclusivamente volver a ver a la Comandante Riku Harada sin que ella lo supiera y que al día en que se reciba esta carta no lo sabrá.

Sin embargo, y sabiendo cuales son las represalias contra mi actuación, permito libremente al alto mando militar tomar las medidas oportunas contra mi persona por lo ocurrido.

Atte. Roy Mustang

Cuando el General terminó de leer la carta todos los presentes estaban sorprendidos; Riza y Jean se miraban sin entender nada de lo que estaba pasando y el resto no eran capaces de articular palabra alguna ante aquello. La carta había dejado a todos con sensaciones contrariadas; ese documento era la viva prueba de que los subordinados de Mustang eran inocentes y como tales tenían que dejarles marchar.

-Habéis tenido suerte. Sino llega a ser por esto ahora os formaríamos un tribunal militar. –dijo fastidiado agitando el sobre al aire- Podéis marcharos.

-Sí señor. –contestaron los dos a la vez haciendo el reglamentario saludo militar antes de salir de la sala sin dudarlo ni un minuto.

-Ese Mustang lo había dejado todo preparado, ¿no te parece Douglas? –cuestionó Hakuro cuando se quedaron solos tras la marcha del resto de presentes.

-Sí General; debemos reconocer que es listo y previsor. –respondió el de menor rango mientras Rish se acercaba a ellos.

-Sargento, haga un informe sobre lo ocurrido en esta sala y pásemelo cuando esté listo. Por mucho que nos fastidie, el Coronel Mustang ha exculpado a sus subordinados y este acto quedará sin castigo.

-Sí General; lo tendrá esta tarde. –respondió el suboficial con voz tranquila para luego volver a su mesa y empezar a trabajar.

-¿Debemos presionar a la General Armstrong para que acelera la investigación sobre el accidente? –preguntó entonces Douglas- Si por ella fuera nuestros esfuerzos de demostrar su muerte serían en vano.

-No debes preocuparte por eso. Kimbley se encarga de supervisar esa zona y él más que nadie quiere que Mustang esté muerto.

-¿Entonces seguimos con el plan?

-Por supuesto. Nadie podrá impedirlo. –aseguró con una amplia sonrisa en el rostro el General mientras miraba por la ventana de su despacho hacia el horizonte- Nadie tendrá motivos para impedirlo.

[En la oficina de la General Armstrong]

La General estaba sentada frente a su mesa en la que aún reposaban los restos hallados del Coronel Mustang. Ella había acompañado personalmente a Riku a la enfermería para que descansara y a al vez estuviera vigilada. Había querido estar con ella pero sus deberes la reclamaban y la joven lo había entendido a la perfección. Pese a ello no tenía ningún interés en comunicar al mando de Central lo que tenía sobre su mesa.

-Buenas tardes General Armstrong. –saludó un excesivamente amable Zolf J. Kimbley a la vez que entraba en la oficina.

-¿Qué quieres Kimbley? –preguntó la mujer sin mucho entusiasmo.

-Sólo saber cómo se encontraba la Comandante. Debe haber sido un duro golpe para su joven corazón. –respondió mientras aprovechaba para sentarse y ponerse cómodo.

-Riku está bien aunque eso no sea asunto tuyo. –respondió Olivie marcando claramente que el hombre no tenía que meter sus narices en eso.

Sin embargo el alquimista no estaba por la labor de dejar el tema y continuó hablando con su amplia y desagradable sonrisa posada constantemente en su cara.

-La joven Harada se repondrá, más cuando se trataba de un tipo con tan mala reputación. Debería saber claramente que Roy Mustang era un vividor y mujeriego que no se tomaba en serio a ninguna mujer, y que posiblemente sólo se hubiera fijado en su sobrina para ascender más rápidamente.

-Coronel, si ha venido a difamar a un muerto le exijo que se marche de mi despacho inmediatamente. –sentenció la mujer al escuchar tales palabras que ella ya sabía pero que Mustang le había hecho tragarse al demostrar con creces que realmente estaba interesado en su sobrina.

-Dígame que se sabe del cadáver y me marcharé para no molestar en un rato. –replicó el hombre poniéndose en pie.

-Nada que le interese a alguien como tú. –añadió la mujer mirando fríamente al hombre.

-No podrá ocultarlo eternamente; los restos huelen en pocas horas si han sufrido algunos accidentes. –comentó Kimbley señalando descaradamente al paquete ovalado de cierto tamaño que había en la mesa de la mujer.

-Sólo hemos encontrado un brazo, ¿ya estás contento? –replicó Olivie deseando atravesar al alquimista con su espada.

-Ahora sí. –dijo él sin perder la sonrisa- Ya me marcho. –añadió dejando la estancia tras una reverencia con su sombrero.

Cuando el alquimista abandonó la estancia, la rubia se sentó en su sillón suspirando cansadamente. No podía soportar por más tiempo los desplantes de ese hombre, no era capaz de mantener la calma cuando sabía que ese tipo había hecho lo imposible por hundir a Mustang llegando a llevarse por delante a gente inocente como Riku. Por su estúpida venganza había hecho daño a una de las personas más importantes para ella y eso no se olvidaba fácilmente.

Además ahora que Kimbley sabía que habían encontrado una parte del cuerpo del hombre tendría a todos los altos mandos de Central sobre su cabeza hasta hallar algún indicio de que eso era lo único que encontrarían del cadáver de Roy Mustang.

[En la enfermería de la fortaleza de Briggs]

Riku se encontraba tumbada en una camilla mientras que la enfermera terminaba de recoger el inventario sin perder a su paciente de vista. La joven pelirroja había recuperado la calma después de dos infusiones y una pequeña siesta, sin embargo ahora no dejaba de pensar en Roy. Le extrañaba a cada segundo con la estúpida ilusión de volver a verle incluso sabiendo que eso no sería posible.

-Riku, es para ti. –dijo de repente la enfermera señalando el teléfono que tenía en la mano.

-Gracias. ¿Diga?

-Hola Riku. –saludó una voz femenina al otro lado de la línea.

-¡Riza! ¿Estás bien? ¿Havoc lo está? –comenzó a preguntar tras la sorpresa inicial.

-Tranquila, ambos estamos bien y libres de toda sospecha.

-¿Ha ocurrido el milagro? –cuestionó luchando por no ilusionarse.

-Un milagro sí, pero no el que esperas. –la rectificó la mujer provocando un notable silencio por parte de la pelirroja- Pero sabemos que el Coronel nos cubrió las espaldas antes de irse.

-¿Qué quieres decir?

-Será mejor que te lo lea. –le dijo Riza antes de empezar a leer la misma carta que antes les había leído el General Hakuro a Jean y a ella.

Durante los minutos que tardó en recitar cada una de esas palabras escritas que justificaban los actos de Roy, la pelirroja no se despegó del teléfono imaginando al hombre que las escribió recitarlas con su tono de voz lleno de vida.

-¿Riku? ¿Estás ahí? –preguntó Riza al no escuchar nada más que silencio.

-Si, sigo aquí. –aclaró con rapidez.

-Me habías asustado. –replicó aliviada.

-¿De verdad se ha inculpado todo así, tan fríamente? –preguntó aún asimilando lo que había escuchado.

-Riku, hizo lo mejor para todos incluida tú. –justificó la mujer.

La pelirroja se volvió a quedar en silencio y unas palabras de Kimbley le vinieron a al mente de golpe "No deberías llorar pidiendo que los muertos vuelvan a la vida; ¿o vas a traerle tú misma?" Riza esperó unos segundo a que volviera a hablar pero el tiempo pasaba y la joven seguía en silencio.

-Tengo que colgar pequeña, pero te prometo que haré que Jean sea el que llame mañana. Seguro que entonces te quedas más tranquila. –dijo Riza esperando un tenue adiós para luego colgar.

Riku tenía todavía el teléfono pegado al oído cuando la enfermera volvió. Sin dar más explicaciones, la recién llegada se vio sorprendida por la rapidez con la que la menor soltó el aparato y salió corriendo del lugar pese a las llamadas de la mujer.

[En la habitación de Riku Harada]

Todos los muebles estaban apartados pegados a las paredes y en el centro se encontraba la pelirroja leyendo un libro bastante gordo. Junto a ella un saco del que asomaban unos dedos y bajo sus pies un dibujo altamente elaborado. La joven sostenía el libro mientras meditaba si había hecho lo correcto al colarse en la oficina de la General Armstrong y haber robado aquello. Sin embargo cada vez que pensaba en sí estaba haciendo lo correcto las palabras de Kimbley volvían a su mente con más fuerza "Nunca volverá por más que grites su estúpido nombre".

-Eso ya lo veremos alquimista carmesí. –replicó ella con firmeza en voz alta lanzando el libro al suelo fuera de su vista.

Dio unos pasos para tomar el saco y dejar caer su contenido en el gran recipiente que estaba en el centro justo del dibujo. Sabía que se arriesgaba al intentarlo pero lo prefería a seguir sola el resto de su vida, y pese a lo que dirían todas las personas que la habían cuidado en ese tiempo, estaba preparada para asumir las consecuencias. La chaqueta rasgada y ensangrentada con el brazo amputado de Roy, todo sobre aquel recipiente, y el círculo repasado una y otra vez eran lo único que necesitaba para volver a estar con él. Respiró profundamente y se agachó.

-¡Riku no! –gritó de improviso la voz de una mujer, la General Armstrong, que había entrado a la carrera a la vez que la luz dorada iluminaba toda la habitación.