¡Hola!

Bienvenidos al segundo capítulo. Espero que os guste.

Los reviews anónimos los contesto al final.

¡A leer!


Los minutos se le estaban haciendo eternos. ¡Por Dios, el hospital no estaba tan lejos! Gabriella se retorció las manos con nerviosismo. Se sentía como en un sueño. Como si la que estuviera viviendo esa situación no fuera ella, sino alguien completamente distinto. Pero el horror que había en su interior era real. Oh, si, mucho más real de lo que cualquier pesadilla pudiera ser.

Porque, unido a la angustia y la incertidumbre de la noticia, había un dolor, un profundo dolor que apenas si la dejaba respirar. Y Gabriella entendió. Entendió que había sido una ilusa, una tonta, una inconsciente. Entendió que no podía perder a Troy. Porque Troy era ella misma. Porque los dos eran una misma entidad. Porque no podían vivir el uno sin el otro.

Ahora, cuando quizás fuera demasiado tarde, entendía que estaba completa y absolutamente enamorada de Troy Bolton, y que lo estaría siempre. Que Troy era el amor de su vida, y que quería crecer, envejecer, vivir todo lo que tuviera que vivir a su lado. Solo a su lado.

Ante ese pensamiento, Gabriella empalideció aún más, y se llevó las manos al pecho, intentando calmar el gran dolor que estaba sufriendo.

Sentía la mirada escrutadora de Sharpey, que no se apartaba de su rostro, e incluso sentía la mirada de Ryan de vez en cuando desde el espejo retrovisor. Sus sentidos estaban al rojo vivo.

Cuando Ryan anunció que habían llegado, Gabriella sintió un gran vuelco en el estómago, y las lágrimas silenciosas volvieron a caer mientras ella salía corriendo del coche seguida por Sharpay. Ryan siguió en el coche, anunciando que buscaría aparcamiento. Gabriella corrió hasta la puerta principal, y descubrió que Taylor la estaba esperando. Enseguida, su amiga, quien también tenía lágrimas en los ojos, la envolvió en un gran abrazo. Sharpay llegó hasta ellas y se removió incómoda, quitando la mirada del despliegue emotivo que tenía lugar ante ella.

- Taylor… - murmuró Gabriella, y su voz salió como un graznido angustiado.

- Lo se, Gabriella. – contestó su amiga, con un gran suspiro. – Vamos adentro.

Con el brazo sobre el hombro de su amiga, Taylor guió a Gabriella hacia el interior. Sharpay las siguió unos pasos por detrás, mirándose las uñas como si la situación no fuera con ella. En realidad, en su interior se encontraba tan mal que le costaba incluso dar dos pasos seguidos. Troy también era muy importante para ella. Quizás no tanto como lo era para Gabriella… Pero él era el que le había hecho entender tantas cosas sobre sí misma y sobre los demás...

Troy, el buen, atrevido, alegre, valiente Troy, no podía…

Una fugaz sombra de dolor pasó por los ojos habitualmente inexpresivos de Sharpay Evans. Troy era el alma de su generación del East High. Él era el que mantenía unidos a todos sus amigos, el que reconciliaba a los que peleaban, el que animaba a los deprimidos. Él, que siempre usaba la cabeza ante las situaciones difíciles, era el ejemplo a seguir para todos los demás. El mundo no sería igual sin Troy Bolton.

Llegaron a las salas de espera de la zona quirúrgica del hospital. Nada más entrar, Chad se echó encima de Gabriella y la envolvió en un largo abrazo. Cuando se separaron, Gabriella se asustó al ver la palidez y la angustia en el rostro de su amigo. Después se dio cuenta de que, seguramente, ella tuviera más o menos el mismo aspecto.

Gabriella miró a su alrededor y vio que en la pequeña sala de espera se encontraban también los señores Bolton y otros dos Wildcats, Jason y Zeke.

Chad y Taylor guiaron a Gabriella hasta uno de los asientos, al lado de los señores Bolton. La señora Bolton, que lloraba silenciosamente, levantó la vista hacia ella y la tomó de la mano. El corazón de Gabriella se encogió al vislumbrar el profundo miedo y dolor que los ojos de la madre de Troy irradiaban. El señor Bolton, con el brazo alrededor de los hombros de su esposa, miraba al infinito, con expresión desencajada.

Gabriella se volvió hacia Chad, sus ojos implorando una explicación.

Chad suspiró, y en voz baja, le contó que un camión se había saltado un semáforo en rojo y había arrollado el coche que conducía Troy.

- No sabemos qué tiene. – explicó. – Solo que su estado es de extrema gravedad.

Gabriella soltó un breve sollozo, y Chad, tras oprimirle suavemente la mano, siguió contándole la situación.

- Ahora mismo está en el quirófano. – dijo. – Los médicos dicen que harán todo lo posible por que salga de ésta… pero no prometen nada.

Los ojos de Gabriella le escocían de tanto llorar, pero no podía parar. Las lágrimas salían solas y le enturbiaban la visión. Pero vislumbró a Zeke y a Jason con la mirada perdida, a Taylor al lado de Chad abrazándose a sí misma con los brazos, y a Sharpey en la puerta, sin decidirse a entrar y unirse a los que había allí.

Tuvo que hacerlo, sin embargo, cuando llegó Ryan, quien, cogiendo a su hermana del brazo, la arrastró hasta una silla al lado de Zeke. Después, Ryan se acercó a Gabriella, y Chad le cedió su sitio.

Nada más sentarse, Ryan puso el brazo alrededor de los hombros de Gabriella y la atrajo hacia sí. En cuanto hubo hecho eso, Gabriella comenzó a emitir pequeños sollozos sobre la camisa de su amigo, quien simplemente la dejó desahogarse, acariciando sus negros cabellos.

Pasaron varias horas en la misma posición. Algunas enfermeras iban y venían, pero ninguna sabía nada de Troy, solamente que seguía en la mesa de operaciones. Taylor se ofreció a traer unos cafés, y se marchó hacia la cafetería. Gabriella, entonces, se separó de Ryan y suspiró.

- Oh, Ryan… - murmuró. – He sido tan estúpida…

Ryan se enderezó en el asiento. Sabía que al final Gabriella diría algo así.

- No es culpa tuya, Gabi… - susurró, mirando a los ojos de la castaña. – Tú solo hiciste lo que en ese momento pensabas que era lo correcto. Nada más.

Gabriella cerró fuertemente los ojos.

- Pero le hice daño, y me lo hice a mí misma también. – susurró ella a su vez. – Y quizás ahora ya no pueda remediarlo… ¿Y si ya nunca puedo decirle que… que me equivoqué?

Sorprendentemente, fue el padre de Troy el que respondió, todavía abrazando a su mujer.

- Vamos, Gabriella… - dijo, y su voz sonó ronca, como si no la hubiera usado en mucho tiempo. – Conozco a mi hijo, y es todo un Wildcat. Se que no se irá sin poner una gran lucha. No pierdas la esperanza.

Gabriella solo asintió, aunque sabía que esa frase estaba echa para consuelo de todos, que no era del todo realista. Ser o no ser Wildcat se ceñía solo al baloncesto, no a la vida real. Ser un Wildcat no iba a ser lo que salvara a Troy, si es que algo lo salvaba. Sí que era cierto que Troy era un luchador nato, que no se rendía ante nada. Pero había cosas más fuertes que él… ¿Y si ésta era una de ellas?

Taylor volvió en ese momento con una bolsa de plástico llena de cafés para llevar y tabletas energéticas de cereales y chocolate. En silencio, entregó dos cafés y varias tabletas a los señores Bolton. El padre de Troy dio las gracias, e instó a su mujer a que se tomara el café y algunos bocados de una tableta. Después, Taylor entregó cafés a los demás, y el resto de las tabletas.

Gabriella sentía el estómago de piedra, no creía que pudiera comer algo. Pero, al igual que el señor Bolton, Ryan consiguió que la muchacha tomara algunos sorbos de café y unos bocados de la tableta. Con eso, se dio por satisfecho.

Pasó una hora más, y una enfermera entró en la sala de espera diciendo que necesitaban urgentemente sangre del tipo A+. El padre de Troy, Ryan y, sorprendentemente, Sharpay, se levantaron rápidamente y salieron de la sala con ella. Gabriella se acercó entonces a la señora Bolton, que estaba temblando, y la tomó de la mano. La mujer se volvió hacia ella.

- Troy es A+… - susurró.

- Lo se, señora Bolton. – contestó Gabriella, conteniendo las lágrimas. – Lo se.

Al cabo de media hora, regresó Sharpay, temblorosa y pálida. Zeke la ayudó a sentarse, y Taylor, que, siempre previsora, había hecho otro viaje a la cafetería previendo que los donantes volverían necesitando ingesta urgente de nutrientes, le dio un gran trozo de pastel de chocolate, galletas y un refresco.

- Tómalo todo, Sharpey. – le dijo.

- Gracias, McKessie. – contestó ella, pegándole un pequeño bocado al pastel.

- Es Taylor. – corrigió ella, con una pequeña sonrisa.

Sharpay solo asintió. Con éste pequeño acto de solidaridad se había ganado el respeto de todos ellos… Pues sí que necesitaban poco. También Gabriella le había mandado una mirada de profundo agradecimiento.

Media hora más tarde, los otros dos donantes estaban de vuelta, extenuados y pálidos. La enfermera les dijo que, gracias a Dios, ya tenían sangre suficiente, porque no podían sacarle más a ninguno de los tres si no querían matarlos.

De nuevo, se quedaron solos, esperando. Taylor tomó como trabajo hacer que los tres donantes se atiborraran de comida para que recuperaran pronto lo que habían perdido. Cuando lo hubieron hecho, se sentó y se abrazó a Chad.

Todos quedaron en silencio unos instantes.

- Necesitaban muchísima sangre… - susurró Coach Bolton rompiendo el silencio, y ésta vez no pudo aguantar las lágrimas. Pronto, la señora Bolton se abrazó a él, sollozando.

- Mi niño... - decía entre sollozos. - Mi hijo...

Gabriella cada vez estaba peor. Su estómago pesaba como si fuera de plomo, y un sudor frío se extendía por sus manos y su frente, haciéndola estremecer.

Ryan, dándose cuenta, la tomó de la mano y comenzó a acariciarla, intentando calmarla.

Justo en ese momento, un extenuado cirujano entró en la sala de espera.

- ¿Son la familia de Troy Bolton?

Todos se levantaron de un salto, y por un momento, el corazón de Gabriella dejó de latir.


¡Bueno! Ya se que éste capítulo es un tanto aburrido, pero de todas formas lo he hecho lo mejor que he podido. He querido plasmar las horas de espera y la angustia de todos, no se si lo habré hecho bien…

Si acaso, me decís qué opináis y para la próxima vez intentaré mejorarlo.

¡Un beso, y hasta la próxima!

PD: Ese botoncito de ahí abajo, el que pone "Go", es muy importante para que la historia continúe. ¡No olvides pulsarlo!

;-)

Danii: Me alegra que te guste, y gracias por el review.
Espero que sigas leyendo, y que te siga gustando.
En cuanto a si mataré o no a Troy, no te lo puedo decir, jajaja... ya lo verás.
¡Hasta la próxima!

Mafercita: Aquí tienes el siguiente capítulo, espero que te guste. Gracias por el review.
Ciao!