Bueno, aquí me tenéis de nuevo.

Se que hace una semana que no actualizo, pero para compensaros he escrito el capítulo más largo que he escrito en toda mi vida. ¡12 páginas de word! Os juro que nunca en la vida había escrito tanto para fanfiction.

Pero es que os lo merecíais. ¿10 reviews en un solo capítulo? Wow, jamás nadie me había escrito tantos reviews en un solo capítulo. Y me decís cosas para morirse de bonitas.

Gracias, de verdad. Muchísimas gracias. Espero que os siga gustando la historia, y que no os decepcione en ningún momento.

Y ahora, a leer. ¡Espero que os guste!


Gabriella despertó sobresaltada, y miró a su alrededor. Se había quedado dormida apoyada en la cama de Troy, con la mano del muchacho entre las suyas. La muchacha miró la hora: las tres de la madrugada. Se preguntó qué la habría despertado, y enseguida lo comprendió. Fuertes truenos, los peores que había escuchado nunca, sacudían la ciudad sin tregua. Incluso las paredes del hospital temblaban.

Gabriella miró a su alrededor, y vio a Chad dormido sentado en su silla. Los señores Bolton seguían sentados en los sillones. Él estaba dormido, con la cabeza apoyada sobre el respaldo, pero la señora Bolton miraba a Gabriella, y cuando la chica le devolvió la mirada le hizo un gesto de saludo, que la morena respondió.

Gabriella se levantó y echó una ojeada hacia la pantalla de la máquina que media la actividad cerebral de Troy. Nada. Las líneas seguían horizontales. Gabriella suspiró y se acercó a la ventana, descorriendo las cortinas.

Sus ojos recibieron una imagen infernal: viento, rayos, truenos, lluvia. No envidiaba a quien tuviera que dormir en la calle esa noche.

Súbitamente, el ruido de un potente rayo hizo temblar al hospital entero, y las luces parpadearon y se apagaron, al igual que todas las máquinas de Troy. Un segundo después, las luces volvieron, y las máquinas comenzaron a pitar alocadas.

- ¿Qué ocurre? – preguntó el señor Bolton, despertando sobresaltado.

La señora Bolton se acercó a su hijo, igual que Gabriella, y Chad se levantó y salió por la puerta pidiendo ayuda a gritos.

La señora Bolton y Gabriella se miraron espantadas cuando la máquina que mostraba la actividad del corazón de Troy mostró una línea completamente plana.

- ¡No! – gritó Gabriella, súbitamente histérica. - ¡¡Ayuda¡¡¡Qué alguien lo ayude!!!

Súbitamente, un montón de médicos seguidos de la doctora Darrell entraron en la habitación rápidamente. Varias enfermeras sacaron a Gabriella y a la señora Bolton, que gritaban y lloraban sin parar, y al señor Bolton, que miraba la escena horrorizado.

Chad, a quien habían ordenado que se quedara fuera, abrazó rápidamente a Gabriella cuando la vio aparecer.

- Chad… su corazón… - sollozó ella.

Chad apretó más fuerte el menudo cuerpo de la chica, mientras el señor Bolton hacía lo mismo con el de su mujer.

No eran los únicos en su posición en todo el pasillo. Varias habitaciones más se habían visto afectadas por la pérdida de electricidad, y varios pacientes estaban en la misma situación de Troy. Pero ninguno de los cuatro se fijó en los demás familiares del pasillo. Solo tenían ojos y oídos para el muchacho que podía estar muriendo en ese mismo instante en la habitación de la que los acababan de echar.

Pasaron un par de minutos, los más largos en toda la vida de las cuatro personas que esperaban afuera de la habitación, completamente aterrorizados. Aterrorizados de perder al muchacho al que, dentro de la habitación, un montón de médicos y enfermeras intentaban salvar.

Gabriella se sentía morir a cada segundo. Sus pulmones apenas le respondían, y su cuerpo hormigueaba como si la sangre no pudiera fluir adecuadamente. Los oídos le zumbaban, y observaba horrorizada la puerta cerrada de la habitación, con la vista congelada en el picaporte.

Dios, no podía, no podía perder a Troy. Troy significaba todo para ella, la vida sin su presencia no tendría sentido, no merecería la pena. No, no podía perder a Troy.

Entonces, la doctora Darrell salió exhausta de la habitación, seguida del resto de los médicos, que se alejaron de vuelta a sus puestos. Pronto, todos rodearon a la joven doctora, gritando y exigiendo saber lo que había ocurrido.

- Tranquilícense. – dijo la doctora Darrell. – Troy está bien, hemos vuelto a estabilizar sus constantes vitales y su respiración.

Un profundo sentimiento de alivio los recorrió a todos, y la señora Bolton se deshizo en lágrimas.

- Pero¿qué ha ocurrido? – preguntó el señor Bolton, enfadado. - ¿Por qué se fueron las luces?

- La tormenta. – contestó la doctora Darrell. – Por desgracia, los generadores del hospital tardaron un segundo en responder cuando debieran haber saltado inmediatamente. No me pregunten por qué, pero ha ocurrido así. Siento muchísimo que haya ocurrido esto. El hospital se encargará de que no vuelva a pasar algo así, ya están trabajando con los ingenieros.

- Podían haber matado a mi hijo. – casi gritó el señor Bolton, fuera de sí.

- Lo se, y lo siento mucho. – contestó la doctora, bajando la vista al suelo. – No se qué pudo pasar, jamás había ocurrido esto.

La señora Bolton puso una mano tranquilizadora en el brazo de su marido.

- Déjalo, cariño. – susurró. – Troy está bien, y eso es lo que importa. No es culpa de la doctora que los generadores no hayan funcionado bien.

El señor Bolton cerró sus manos en sendos puños, pero asintió.

- ¿Podemos volver a entrar? – preguntó Gabriella.

- Por supuesto. – dijo la doctora. – Aunque habrá un par de enfermeras ajustando los parámetros de las máquinas en este momento.

Gabriella asintió, y los cuatro volvieron a entrar. Dos enfermeras, como había dicho la doctora, revisaban todas las máquinas. Gabriella esperó hasta que se fueron para retomar su sitio junto a la cama de Troy, justo donde había estado antes, con la mano del muchacho entre las suyas.

La máquina de actividad cerebral seguía mostrando líneas completamente horizontales.

- Oh, Troy… susurró Gabriella, ahogando un sollozo. – Por favor, haz un esfuerzo, cariño. Vuelve con nosotros. Vuelve conmigo. No soportaría vivir sin ti. Por favor… por favor… vuelve.

La noche pasó lentamente, con Gabriella susurrando palabras a Troy mientras acariciaba la mano del muchacho, con Chad uniéndose de vez en cuando a la charla, al igual que los señores Bolton, y con truenos y rayos que, por fin, se iban alejando.

Y ahora, solo quedaban 24 horas más.


A las nueve de la mañana, la doctora Darrell entró en la habitación.

- Buenos días. – saludó. - ¿Cómo va todo?

- Igual… - contestó Gabriella, mirando decepcionada las líneas horizontales que mostraban que seguía sin haber actividad cerebral.

Los ojos de la mujer reflejaron por un momento una expresión de tristeza y resignación que fue escondida rápidamente, pero que no pasó desapercibida para Gabriella.

Ese gesto no auguraba nada bueno.

- Pues esperaremos 24 horas más. – dijo con voz neutra, y dándose la vuelta para marcharse.

- Doctora. – la paró Gabriella. – Díganos¿sigue habiendo posibilidades de que Troy salga de ésta? Y, por favor, no nos mienta.

- De acuerdo, no voy a mentirles. Nunca lo he hecho. – suspiró la doctora, acercándose a la muchacha y mirando a los otros tres, que la observaban asustados por lo que pudiera decirles. – Al no haber reaccionado en las primeras 24 horas, siento decirles que lo más probable es que no vuelva a despertar.

Gabriella bajó la mirada. De pronto no sentía nada. Nada de nada. Era como si estuviera vacía. Escuchaba a la señora Bolton sollozar, y a Chad respirar entrecortadamente, y al señor Bolton rogar a la doctora que buscara algún modo de mejorar la situación. Pero ella no sentía nada. Solo vacío.

De pronto, la doctora Darrell cogió gentilmente a Gabriella de la barbilla, y le lanzó una mirada profunda.

- Pero no olviden lo que les dije ayer nada más conocernos. – dijo, con voz clara y enérgica. – Siempre hay esperanza. Hasta el final.

Y de pronto, todo el dolor volvió, y Gabriella se encontró a sí misma siendo abrazada por la doctora Darrell mientras lloraba desconsolada.

- N-no p-puedo p-p-perderle, doctora. – sollozaba. – N-no p-podría v-vivir s-sin él.

De pronto, alguien apartó a la doctora Darrell y la abrazó fuertemente. Un aroma conocido penetró en los pulmones de Gabriella, que sollozó más fuerte aún.

- M-mamá… - pudo articular.

- Tranquila, cielo. – decía la señora Montez con voz tranquilizadora. – Vamos, necesitas calmarte. Todo va a salir bien. Ya lo verás.

Eventualmente, Gabriella se calmó, y la señora Montez se separó de ella para ir a abrazar a la señora Bolton y a su marido. Chad se ofreció para ir a la cafetería a por algo de comer, y todos le dieron las gracias. Mientras su madre hablaba con los señores Bolton, Gabriella se acercó a la cama de Troy y tomó su mano, que, aunque no estaba tan helada como las demás veces, seguía fría. Y sin vida.

Más tarde, también llegaron los padres de Chad, muy tristes por lo ocurrido, y Gabriella y su madre presenciaron unos momentos muy emotivos entre los cuatro adultos y Chad, hablando sobre Troy y contando anécdotas.

Las visitas se fueron sucediendo. Ryan, Kelsie, Jason, Zeke, Sharpay. Ésta última, tras lanzar una mirada triste a Troy, se volvió hacia Gabriella y la fulminó con una mirada acusadora. Después, se marchó con un quedo: "Estoy en la sala de espera".

Gabriella, muy sorprendida, se quedó mirando la puerta por la que había salido la rubia.

"Me culpa a mí…" pensó Gabriella sobresaltada.

Pero¿por qué la culpaba a ella? Ella no había hecho nada, ella no hizo que el camionero se saltara ese semáforo, ni provocó que Troy quedara así. Aunque si la muchacha rubia lo pensaba, sus razones tendría.

Gabriella se decidió. Si Sharpay la culpaba, tenía que saber por qué. Aunque supiera que le iba a doler, que, si la rubia tenía razón, la culpa iba a resultar un infierno para ella.

Pero, si Troy estaba así por ella, tenía que saberlo.

La morena se levantó de la silla, diciéndole a los Bolton y a su madre que iba a tomar un poco el aire. Dándole un beso a Troy en la mano, salió por la puerta de la habitación y encaminó sus pasos hacia la sala de espera.

Al llegar allí, Gabriella visualizó a Sharpay sentada en una de las esquinas, mirándose las uñas con expresión furibunda. La morena se acercó silenciosa.

- ¿Sharpay? – dijo tímidamente, nada más llegar hasta ella.

La rubia levantó la vista y la miró con enfado.

- ¿Si, Montez? – contestó, con desdén.

- Me gustaría saber qué te pasa conmigo, Sharpay. – dijo Gabriella suavemente. – Dime¿qué he hecho para merecer este trato por tu parte?

Sharpay la miró, y Gabriella pudo ver la rabia y el enfado acumulándose por segundos en los ojos castaños de la rubia. Súbitamente, y en un arranque de rabia, Sharpay se levantó del asiento y tomó bruscamente a Gabriella por los hombros, dejando su cara a un centímetro de la de la morena.

- ¿¡TE ATREVES A PREGUNTÁRMELO!? – gritó.

Gabriella, aturdida, le devolvió una mirada confusa, y Sharpay, de un empujón, la tiró al suelo.

- ¡¡¡ES TU CULPA QUE TROY ESTÉ ASÍ!!! – siguió gritando la rubia, mientras la otra chica la miraba sorprendida desde el suelo.

- Pero… - quiso articular.

- ¿¿¿NO VISTE CÓMO ESTABA DESDE QUE LE DEJASTE??? – interrumpió Sharpay, empujando a Gabriella, que aún seguía en el suelo, con un pie. - ¡¡¡POR DIOS, NECESITABA QUE ALGUIEN ESTUVIERA VIGILÁNDOLE EN TODO MOMENTO!!! MÁS DE UNA VEZ CHAD Y YO TUVIMOS QUE COGERLE LA MOCHILA PORQUE SE LA DEJABA OLVIDADA EN CLASE. MÁS DE UNA VEZ TUVIMOS QUE CERRARLE LA TAQUILLA PORQUE SE LA DEJABA ABIERTA. MÁS DE UNA VEZ LE CHIVAMOS UNA PREGUNTA PORQUE NI TAN SIQUIERA HABÍA ESCUCHADO A LA PROFESORA LLAMÁNDOLE.

Gabriella, que con cada frase de la rubia deseaba fundirse más y más con el suelo, vio de reojo cómo la sala de espera al completo las observaba con la boca abierta. Y Sharpay seguía gritando.

- TÚ HAS VISTO LOS REFLEJOS QUE TIENE TROY. – decía. - ¡¡¡LO HAS VISTO JUGAR AL BALONCESTO¿¿¿DE VERDAD CREES QUE TROY NO HUBIERA AL MENOS INTENTADO ESQUIVAR EL CAMIÓN¡¡¡TUVO EL ACCIDENTE EN EL CRUCE CON MÁS VISIBILIDAD DE ALBURQUERQUE¡¡¡LO TUVO QUE HABER VISTO VENIR!!! CLARO, SI SU ESTADO MENTAL HUBIERA SIDO EL NORMAL.

Con una risa sarcástica, Sharpay volvió a avanzar hacia Gabriella buscando darle otra patada, y la morena ni tan siquiera intentó cubrirse. Pero antes de que Sharpay alcanzara a llegar hasta ella, alguien la sujetó por detrás.

- ¡Sharpay! – exclamó Ryan, horrorizado ante las palabras que había escuchado a su hermana decir. - ¿Qué crees que estás haciendo?

Chad, que también había entrado corriendo al oír el alboroto, se acercó a Gabriella.

- ¿Estás bien? – preguntó a la chica, que seguía en el suelo, sentada, sin moverse.

La morena no respondió, y Chad la zarandeó suavemente.

- ¿Gabriella? – llamó. - ¿Estás bien¿Te ha hecho daño?

Sin responder, la chica se levantó lentamente, rechazando la ayuda del moreno, y sin decir una sola palabra salió corriendo de la sala de espera.

- ¡¡¡GABRIELLA!!! – llamó Chad, y, sorprendido, se volvió hacia Sharpay. - ¿Qué es lo que has hecho?

Y tras lanzarle una mirada de puro odio, el moreno salió en busca de Gabriella.

Ryan, por su parte, todavía sujetando a su hermana del brazo, la miró exasperado.

- Sharpay¿qué has hecho, por el amor de Dios? – murmuró.

- He hecho lo que todos deberías haber hecho. – contestó ella, desdeñosa. - He dicho lo que todos estabais pensando.

Ryan miró sorprendido la expresión segura y enfadada de su hermana melliza.

- ¿Lo que todos estábamos pensando? – repitió. – Sharpay¿estás loca? Jamás se nos hubiera ocurrido culpar a Gabriella. ¡Fue un accidente!

- No hubiera ocurrido si ella no le hubiese dejado, Ryan, y lo sabes. – contestó la rubia, señalándole con un dedo acusador.

- Sharpay… - Ryan suspiró. – Vete a casa.

- ¿Qué? – rió ella. – No puedes echarme.

- Vete a casa, Sharpay. – repitió el muchacho. – Y vuelve cuando te des cuenta de lo que has hecho.

- No pienso irme. – afirmó Sharpay, cruzándose de brazos.

- ¡¡¡HE DICHO QUE TE VAYAS A CASA!!! – gritó Ryan, perdiendo la paciencia.

Sharpay lo miró, sobresaltada y sorprendida. Ryan nunca le había gritado. Nunca. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y la muchacha dio media vuelta y se marchó.

Ryan suspiró, frotándose los ojos con las manos. No tenía que haberle gritado. Todos estaban muy nerviosos, y cada cual se deshacía de los nervios a su manera. Sharpay lo hacía, como siempre, buscando un sujeto de culpa. Ella era así…

Pero lo cierto es que ahora mismo se había pasado. Las consecuencias de haberle dicho esas cosas a Gabriella podían ser devastadoras en la morena.

Tenía que encontrarla. Tenía que encontrar a Gabriella y hacerle saber que lo que Sharpay había dicho no era verdad, ni por asomo.

Tenía que encontrarla.


Gabriella se encontraba en una pequeña terraza del último piso del hospital, sentada en el suelo cerca de la puerta.

Llovía fuertemente, y la morena estaba empapada de pies a cabeza, pero no le importaba. Su cuerpo temblaba fuertemente, pero no le importaba. Sus dientes castañeteaban de frío y sus manos estaban entumecidas, pero no le importaba.

Y es que nada le importaba ya.

Lágrimas ardientes empaparon las mejillas de la muchacha. Lloraba por Troy. Lloraba por Sharpay. Por Ryan y Chad. Por los señores Bolton. Por su madre. Por ella misma.
Lloraba porque toda esa situación, todo ese embrollo, era culpa suya.
Lloraba porque Troy estaba entre la vida y la muerte…

…por su culpa.


- No puedo encontrar a Gabriella. – dijo un asustado y preocupado Ryan irrumpiendo en la habitación de Troy. – No la encuentro.

- Dijo que iba a tomar el aire, Ryan. – explicó la señora Montez tranquilamente. - Ya volverá.

- N-no… - negó Ryan frenéticamente. – No lo entiende, señora Montez. Sharpay, mi hermana, le dijo algo que… y ahora ella no está, y… me preocupa que haga algo que…

Ante la súbita desesperación del normalmente calmado muchacho, la señora Montez se levantó de su asiento, preocupada.

- Ryan¿de qué estás hablando? – preguntó.

Ryan tomó aire e intentó tranquilizarse. Al fin, pudo poner en orden sus ideas.

- Sharpay le dijo a Gabriella que el accidente de Troy había sido culpa suya, y Gabriella salió corriendo. – explicó Ryan. – Ahora no la encontramos por ninguna parte.

- ¿Qué Sharpay dijo qué? – preguntó incrédula la señora Bolton.

- Oh, Dios mío… - susurró la señora Montez, corriendo hacia la puerta. – Voy a buscarla.

El señor Bolton también se levantó, preocupado.

- Yo también voy a buscarla. – dijo a su mujer. – Quien sabe lo que debe estar pensando ahora mismo esa niña. Ryan, vamos.

Ryan salió rápidamente con el señor Bolton, y la señora Bolton se sentó al lado de su hijo.

- Oh, Troy… - suspiró. – Esto cada vez se pone peor…


Gabriella estaba dormida. Se había dormido bajo la lluvia, por increíble que pudiera parecer. A ella misma le parecía increíble, pues normalmente solo podía dormir con todas las luces apagadas y sin ningún ruido alrededor. Y le parecía increíble, porque precisamente sabía que estaba dormida. Y lo sabía porque no estaba en el hospital, sino en un lugar completamente distinto, y con alguien muy especial.

Gabriella estaba reviviendo en sueños uno de sus mejores momentos con Troy. Aquel día en el lago…

- ¡Gabby! – dijo Troy, con los ojos brillantes de alegría. – Vamos, el agua no está tan fría.

Gabriella observó al muchacho, metido en el agua, con su pelo rubio oscuro echado hacia atrás. Dios, cómo quería a ese chico…

A veces Gabriella se asustaba de la intensidad de sus sentimientos. Puede que hubiera sido ese miedo el que le provocara tal confusión que acabó creyendo que ya no lo quería. Puede que fuera eso…

- ¡Vamos, Gabs! – volvió a decir Troy desde el agua, mientras nadaba un poco. – Ven conmigo, es divertido.

Gabriella simplemente se sentó en el suelo y se puso a llorar desconsoladamente. Era un llanto entre alegre por poder estar con Troy aunque fuese solo en sueños, y triste por saber precisamente que solo era un hermoso sueño, que Troy no estaba con ella de verdad.

Escuchó al muchacho salir rápidamente del agua y acercarse a ella, rodeado por su toalla de los Wildcats. Troy se agachó frente a ella, su pelo rubio lanzando pequeñas gotitas sobre su rostro, y la tomó por los hombros. Y Gabriella las sintió. Sintió esas manos sobre sus hombros, el calor que desprendían, la suavidad con la que la tocaban. Algo se calmó en su interior, y Gabriella dejó súbitamente de sollozar, aunque suaves lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. Levantó la vista, y se encontró con unos profundos ojos azules que la miraban risueños y brillantes.

Y Troy la abrazó, con fuerza, sus fuertes brazos emanando cariño y protección. Gabriella lo abrazó también, y se sintió completa por primera vez en una semana. Se sintió bien, feliz, tranquila, protegida. Con la cabeza enterrada en su pecho, Gabriella aspiró fuertemente el aroma del muchacho. Ese aroma que tanto echaba de menos, que ella había aprendido a identificar como suyo, que la hacía sentirse en casa.

- Gabriella… - susurró Troy, repentinamente serio, con la barbilla sobre la cabeza de la muchacha. – No llores…

- Oh, Troy… - murmuró ella sobre su pecho, parpadeando para contener las lágrimas que pugnaban por volver a salir. – Estoy soñando.

Troy se separó de ella y la miró a los ojos, sin perder la seriedad.

- Puede que si, puede que no. – respondió Troy ambiguamente. – Pero, sea lo que sea, quiero disfrutarlo. Te he echado de menos, Gabriella Montez.

Y entonces Gabriella entendió. No estaba soñando con aquél día en el lago, esto era algo distinto. Eran acontecimientos totalmente nuevos, que ellos no habían vivido aquel día. Era como si él supiera todo lo que había pasado.

Gabriella sonrió dulcemente, la primera sonrisa verdadera en días, y volvió a abrazar al muchacho, que la acomodó sobre su regazo como si fuera un bebé.

- Tienes razón. – susurró Gabriella, alzando su mano para tocar el rostro de Troy. – Yo también te he echado de menos, Wildcat.

Troy sonrió al escuchar el mote, y frotó su nariz contra la de la muchacha.

- Te quiero, Gabs. – susurró, y Gabriella sintió el cálido aliento del muchacho sobre sus labios. – No lo olvides nunca. Pase lo que pase ahí afuera, pase lo que pase conmigo, no lo olvides.

- Yo también te quiero, Troy. – susurró Gabriella, y cerró la distancia que los separaba juntando sus labios en un beso dulce y sosegado, que disfrutó con los cinco sentidos.

Nada más importaba. Estaba con Troy, y eso era lo único que valía la pena pensar ahora.

Momentos más tarde, los dos muchachos se hallaban tumbados en la hierba, bajo el cálido sol. Gabriella tenía la cabeza apoyada sobre el pecho de Troy, y su mano recorría los pectorales del muchacho, maravillándose, como siempre hacía, ante la suavidad de su piel y la firmeza de sus músculos. Sentía las manos del muchacho recorrer sus cabellos y su espalda, y sus labios cuando la besaba de vez en cuando en la cabeza o en la frente. No podía existir mayor felicidad que la que estaba experimentando ahora mismo. Y a la vez, sentía cómo cada vez se acercaba más el final de ese maravilloso sueño, de esa maravillosa experiencia. Y sentía miedo. Miedo de no volver a sentir ese cuerpo cálido que tanto amaba junto al suyo.

- Troy… - susurró Gabriella, rompiendo el cómodo silencio en el que se hallaban sumergidos. - ¿Qué va a ocurrir… cuando despierte?

Troy guardó silencio unos segundos más, y suspiró antes de contestar.

- No lo se, Gabs. – susurró a su vez. – Pero siento que se está acabando… te están buscando, y están preocupados… tienes que volver pronto.

- No quiero volver. – dijo ella, agarrándose más fuerte al muchacho. – No quiero volver a separarme de ti.

El muchacho sonrió, y se incorporó, ayudándola a ella a incorporarse también. Volvió a tomarla por los hombros, y la besó suavemente en los labios.

- Pero Gabby… - susurró contra sus labios. – Yo no voy a separarme de ti… yo sigo ahí, en esa habitación. Aunque no pueda despertar, aunque no sepa lo que me va a pasar, sigo estando dentro de ese cuerpo.

De nuevo, los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas.

- Vuelve conmigo, Troy… - murmuró. – Vuelve conmigo. Graduémonos, vayamos a la universidad, pasemos el resto de nuestra vida juntos.

Troy sonrió.

- Lo intento, Gabs. – contestó. – A cada momento. No me he rendido.

Gabriella abrazó al muchacho con fuerza, y sollozó contra su pecho. Se quedaron en esa postura unos segundos más.

- Gabriella… - susurró Troy. - ¿Por qué te fuiste de aquella habitación¿Por qué me dejaste, por qué no estás a mi lado?

Gabriella lo abrazó con más fuerza aún.

- Porque es mi culpa que estés en esa habitación. – contestó suavemente, y cálidas lágrimas surcaron sus mejillas.

Troy la separó de él y la miró a los ojos, seriamente.

- Yo no te culpo. – afirmó, tajante. – Los accidentes pasan, Gabby. Y me tocó a mí.

- Pero… - susurró ella.

- He dicho que no te culpo. – interrumpió Troy. – No se de dónde habrás sacado esa idea, pero debes sacártela de la cabeza.

Gabriella asintió, no muy convencida. No quería discutir. Quería estar con él. Volvió a abrazarle, fuerte, y él le devolvió el abrazo.

Súbitamente, todo el paisaje a su alrededor comenzó a difuminarse. El lago, la hierba, el sol, los árboles, las montañas. Troy y ella quedaron abrazados en medio de la oscuridad, sin nada alrededor.

- Tienes que volver. – susurró Troy, dándole un último beso en la mejilla.

Gabriella sollozó y negó frenéticamente con la cabeza. Pero, aun en contra de su voluntad, comenzó a alejarse de Troy. Algo la empujaba lejos, la empujaba de vuelta.

- Vuelve conmigo, Gabriella.

Fue lo último que oyó susurrar a Troy antes de que las tinieblas la engulleran por completo.


Gabriella despertó, y miró a su alrededor, desorientada. Se incorporó, y todo le vino a la cabeza. El accidente, el coma, Sharpay, el sueño.

El sueño… ¿de veras había sido un sueño? Parecía tan real…

Lo más lógico era pensar que su subconsciente le había echo soñar eso para mantenerla tranquila, para mantenerla cuerda. Y viva.

"No te culpo", le había dicho Troy.

Eso era precisamente lo que Gabriella necesitaba oír. Y su subconsciente lo sabía.

Pero Gabriella quería pensar que algo de real había tenido. Había sentido sus manos, su aroma, sus brazos, su pelo, su voz. Y le había dado fuerzas para seguir adelante, hasta el final.

"Vuelve conmigo, Gabriella".

Y Gabriella se levantó, decidida, y volvió a entrar en el edificio. Tenía que volver con él. Hacerle sentir que estaba ahí, con él, y que jamás le iba a dejar.

Tenía que volver.


Bueno, hasta aquí hemos llegado. No se si estoy muy contenta con el resultado final del capítulo, pero bueno, vosotros juzgaréis. Sentíos libres para criticarme también¿eh? A veces una buena crítica constructiva ayuda muchísimo.

Y ahora, contesto los reviews anónimos.

Mina: Ésta vez he tardado más, pero bueno, tampoco tanto¿no? Muchas gracias por decirme que seguirías el fic hasta el final. Me ha hecho mucha ilusión. Espero que te haya gustado éste capítulo, y nada, que nos veremos pronto, seguro. ¡Un beso!

Gelen: Muchas gracias por tus palabras, no sabes cuánto me animan. Espero que te siga gustando, y nada, nos vemos en el siguiente capítulo. ¡Un beso, y hasta pronto!

Danii: ¡Hola! Jeje… Yo también he tenido últimamente problemas con internet, y cada vez que me pasa me siento como si me faltara un brazo. xD
En cuanto a si Troy muere o no… ya veremos. ;-) ¡Hasta pronto, y gracias por escribir!

Can!!: Gracias por tus palabras, y por tus lágrimas. Que me digan que algo que escribo hace llorar me emociona sobremanera. Te digo lo mismo que a Danii… ya veremos si Troy muere o no. ;-P
¡Gracias por escribir! Un beso, y hasta pronto.

LaPamzhazul: ¡Hola¿La fan número uno? Vaya, muchas gracias. xD
Tengo fotolog, blog y livejournal, pero no escribo fanfics en ninguno de ellos. Me gusta más usar las páginas como ésta.
Bueno, espero que te siga gustando la historia. ¡Un beso y hasta pronto!

Gabriella!: ¡Hola¡Gracias por escribir! Espero que te siga gustando, y no llores tanto, a ver si te vas a deshidratar, jeje… no quiero ser culpable de ninguna enfermedad. xD
Gracias por el review, de verdad. Un beso, y hasta pronto.

Ammy: ¡Hola! Gracias por mandar review. Aquí tienes la continuación, espero que te guste. ¡Un beso, y hasta la próxima! ;-P

Bueno, ya están todos. Nos vemos en el siguiente capítulo.

¡Besos! Ciao! xDDD