¡Hola, chicos y chicas¿Qué tal? Bueno, esta vez no he tardado tanto¿verdad? Aquí me tenéis otra vez con un nuevo capítulo. ¡Espero que no me riñáis mucho cuando terminéis de leerlo:-S

Bueno, basta de rollos y a leer se ha dicho. ¡Espero que os guste!

¡Besossss!


- ¿Dónde se habrá metido? – decía la señora Montez, frustrada, mientras recorría la habitación como un animal enjaulado. – No puede haber ido tan lejos…

Chad, Ryan y los señores Bolton la observaban caminar. Todos estaban preocupados por Gabriella, ya que la habían buscado por el hospital y alrededores y no habían podido encontrarla.

Ryan, además de preocupado, se sentía fatal. Al fin y al cabo, había sido culpa de su hermana que Gabriella saliera corriendo así.

Un guarda de seguridad entró en la habitación, guiado por una enfermera.

- ¿Me mandaron llamar, señores? – dijo el hombre, con amabilidad.

- Mi hija se ha perdido. – dijo la señora Montez caminando rápidamente hacia él. – No sabemos dónde está.

- ¿Cuántos años tiene? – preguntó el guarda, apuntando en un bloc.

- Tiene 17, va a cumplir 18. – respondió la señora Montez. – Su nombre es Gabriella.

- ¿Hace mucho que la vieron por última vez? – preguntó el hombre frunciendo el entrecejo.

- Un par de horas. – respondió Chad rápidamente. – Más o menos.

El guarda negó lentamente con la cabeza.

- Dos horas no son nada. – dijo, levemente. – No deberían estar preocupados. Ya aparecerá. Habrá ido a dar un paseo o algo.

- No, usted no lo entiende. – explotó la señora Montez. – A mi hija le han dicho que el accidente de su novio fue culpa suya. Y salió corriendo, sin más.

El guarda miró el cuerpo de Troy, yaciendo en la cama rodeado de máquinas, y frunció el ceño con preocupación.

- Ya veo dónde está el problema. – dijo. – Está bien, la mandaré buscar de inmediato. Y no se preocupen, la encontraremos.

Nada más decir eso, la puerta se volvió a abrir, y todos en la sala ahogaron una exclamación.

Gabriella estaba plantada en la puerta, completamente empapada, con una mirada de determinación en los ojos y tiritando fuertemente.

- ¡Gabriella! – exclamó su madre, y corrió a abrazarla.

- Bueno… - dijo el guarda, con una pequeña sonrisa. – Supongo que ya no soy necesario…

El guarda hizo un pequeño gesto hacia Troy.

- Que se mejore el muchacho. – dijo, y con un gesto de saludo salió de la habitación.

En cuanto el guarda se fue, todos se volvieron hacia Gabriella.

- ¿Dónde estabas? – preguntó la señora Montez, zarandeando a la muchacha. – Nos has tenido muy preocupados. ¡Te hemos buscado por todas partes!

- Lo se, mamá. – dijo Gabriella, sin dejar de tiritar. – Pero ya he vuelto¿no? Os dije que iba a tomar el aire.

- Gabriella, saliste corriendo sin decir una mísera palabra de la sala de espera después de lo de Sharpay. – comentó Chad, frunciendo el entrecejo. – Obviamente, nos íbamos a preocupar.

Gabriella se deshizo del abrazo de su madre y caminó hacia Troy. Su electroencefalograma seguía plano, y Gabriella gruñó decepcionada. Pero él le había dicho que seguía luchando… y Gabriella tenía que creerlo. Tenía que creer que eso había sido real.

La señora Bolton se acercó a Gabriella lentamente, y le puso una manta por encima.

- Gabriella… - susurró. – En cuanto a lo de Sharpay...

- No quiero hablar de eso, señora Bolton. – cortó Gabriella. – Ahora solo debemos preocuparnos por Troy.

Todos observaron cómo Gabriella tomaba la mano de Troy entre las suyas y la besaba con cariño.

- Creo que voy a ir a casa a por ropas secas para ella. – murmuró la madre de Gabriella, un poco reticente a dejar a su hija allí después de lo que había pasado esa tarde.

Los Bolton asintieron, diciéndole con gestos que no se preocupara, que ellos vigilarían a Gabriella. Así que, la señora Bolton, tras un beso en el empapado pelo de su hija, salió de la habitación cerrando suavemente la puerta tras de sí.

Gabriella, sin mirar a nadie, se inclinó hasta la oreja de Troy.

- Ya estoy aquí, cariño. – susurró dulcemente. – No voy a volver a marcharme. Lucha, cariño. Lucha. Hazlo por mí. Vuelve conmigo, Wildcat.

Y Gabriella apoyó su frente en la almohada de Troy, y comenzó a cantar suavemente.

"When I hear my favourite song

I know that we belong

Oh, you are the music in me

Yeah, it's living in all of us

And it's brought us here because

You are the music in me".

Cuando hubo terminado el párrafo, Gabriella besó la magullada mejilla de Troy, y de pronto, retrocedió sobresaltada.

- ¿Gabriella? – llamó Chad, observando la cara sorprendida de la chica, que miraba alternativamente a Troy y al electroencefalograma. - ¿Ocurre algo?

Gabriella lentamente pasó de sorprendida a confundida, y miró una última vez el electro, que seguía plano, antes de volverse hacia Chad.

- N-no… - contestó suavemente, y con un leve mohín de decepción. – Nada. Solo yo y mi imaginación.

Y es que Gabriella había sentido una leve presión en su mano al besar a Troy. Pero no era tonta, y sabía, pues algo había leído sobre fisiología humana, que sin actividad cerebral Troy no podía oprimir su mano.

Su subconsciente no paraba de jugarle malas pasadas.

El resto de la tarde pasó sin cambios, salpicada por algunas visitas más.

La señora Montez trajo ropa seca y cómoda para Gabriella, sabiendo que su hija volvería a pasar la noche ahí. En todo momento, mantuvieron todos una amena conversación en la que incluían a Troy, como si el muchacho les estuviera oyendo y pudiera participar.

A última hora recibieron visitas de los profesores de Troy en East High, todos horrorizados al ver al risueño Troy, el líder, el rey del instituto, en ese estado. Incluso la señora Darbus se pasó por el hospital, y soltó unas lágrimas mientras se sentaba al lado de Troy y comenzaba a reñirle por haberse perdido los castings para el nuevo musical.

Antes de irse, oprimió la mano del muchacho, y se acercó a él.

- Pero por ser usted, Troy Bolton… - susurró. – Si para cuando salga usted de aquí todavía quiere apuntarse, le estaré esperando. A usted y a la señorita Montez. Pero para eso tendrá que ponerse bien... así que hágalo. Además, no podemos dejar que su grupo deportivo pierda éste campeonato¿verdad?

La señora Darbus suspiró, y la señora Bolton sonrió débilmente ante la obvia preocupación de la profesora. Ella nunca se había llevado bien con su hijo, todos lo sabían, pero obviamente le tenía cariño. Igual que a todos sus alumnos.

- Suerte, Troy. – susurró la señora Darbus, antes de volverse hacia los demás en la habitación con un gesto de saludo y marcharse.

Pronto, también la señora Montez tuvo que marcharse, al igual que Ryan, que seguía por allí. Taylor se había ido antes del lío de Sharpay, al igual que Kelsie, Jason y Zeke, pues se sentían muy cansados y desanimados.

De nuevo, los Bolton, Chad y Gabriella se quedaron solos para pasar la noche.

La doctora Darrell se pasó por ahí antes de que la noche cayera del todo. Entró en la habitación luciendo completamente extenuada, con grandes ojeras y ojos cansados.

- ¿Mucho trabajo? – preguntó amablemente la señora Bolton cuando la vio entrar.

La señora Darrell les ofreció una débil sonrisa.

- Si, la verdad. – contestó. – Más que nunca, debo decir. Estamos un poco sobrepasados hoy… siento no haberme pasado antes, pero me ha sido totalmente imposible.

Todos asintieron, aceptando su disculpa, y la señora Darrell se enfrascó en la observación de las máquinas de Troy. Frunció el ceño y negó con la cabeza al ver el electroencefalograma plano, y su expresión cambió a una de ligero desconcierto al observar las demás máquinas.

Gabriella quiso preguntar el por qué de esa expresión, pero no tuvo tiempo. El busca de la doctora pitó, y ella, con un gruñido cansado y un gesto de disculpa, salió corriendo.

La noche pasó, ésta vez, sin sobresaltos. Pero el tiempo apremiaba, y el electroencefalograma seguía absolutamente plano. Cuando llegó la mañana, los cuatro acompañantes tenían los ojos llenos de lágrimas. El tiempo se había terminado.

Troy estaba muerto.


Ryan se levantó esa mañana pensando en Troy. Había llamado al hospital, y le habían dicho que todo seguía igual. Y las 48 horas se habían terminado, así que iban a tener que desconectar a Troy.

Ryan no lo podía creer. Simplemente no podía. Troy no podía irse. ¡Era imposible¡Inconcebible! El chico con más vida del East High. El chico alrededor del cual giraba la felicidad y la diversión de los demás. El más enérgico, el más divertido, el más sensible, el más fuerte. ¡Troy no podía irse!

Con lágrimas en los ojos, Ryan bajó a la cocina a tomar algo para desayunar. Quería acercarse al hospital, y estar con Gabriella. Iba a ser una mañana difícil. Para todos, pero especialmente para ella, para Chad y para los padres de Troy. Tenía que estar ahí, con todos ellos, apoyándolos.

Y apoyando a Troy hasta el final.

Cuando entró a la cocina, descubrió a su hermana, sentada en un taburete con una taza de humeante café entre las manos. Al oírle entrar, Sharpay se volvió hacia él, y Ryan vio lágrimas en los rojos e hinchados ojos de ella. Parecía como si se hubiera pasado toda la noche llorando.

- Sharpay… - saludó Ryan, mientras se servía él también una taza de café. Iba a necesitar toda la cafeína posible ese día.

Sharpay no contestó, pero Ryan tampoco esperaba que lo hiciera, así que no le dio importancia. Probablemente estuviera enfadada con él por haberle gritado la tarde anterior.

Sin embargo, al escuchar un leve sollozo, Ryan se volvió bruscamente hacia ella, y descubrió a su hermana melliza sollozando con la cara entre las manos.

El muchacho se acercó a su hermana, dejando su taza de café encima de la mesa. La abrazó por detrás, y comenzó a frotar los brazos de ella en movimientos calmados y relajantes. Tras unos minutos, Sharpay levantó la vista, pero Ryan no soltó el abrazo.

- Lo van a desconectar¿verdad? – preguntó Sharpay en un susurro.

Su hermano asintió levemente sobre la espalda de ella.

- Si… - susurró a su vez.

Sharpay se deshizo del abrazo de su hermano y se levantó.

- Tenemos que ir. – dijo ella suavemente. – Tengo que ir. Tengo que disculparme con Gabby… y con Troy, antes de que se vaya. Ayer me porté como una imbécil.

Ryan sonrió entre lágrimas y avanzó hacia ella. Cogiéndola del brazo, la hizo volverse hacia él, y la abrazó fuertemente.

- Siento haberte gritado ayer, hermanita. – murmuró en el oído de ella. – No era mi intención hacerlo.

- Pero tenías razón. – dijo ella, sonriendo tristemente también. – Y me hiciste darme cuenta de ello.

Tras unos segundos, los dos hermanos se separaron. Ambos bebieron rápidamente sus cafés, y salieron de la casa, Ryan con el brazo sobre los hombros de su hermana, camino hacia el descapotable de Sharpay.

Por el camino, recogieron a Zeke y a Taylor. Jason y Kelsie iban a ir por su cuenta en el coche del primero.

Ninguno de ellos habló. Ninguno de ellos dijo una sola palabra en el camino hacia el hospital.

Porque Troy se iba a ir, y no había palabras posibles ante eso.


Gabriella seguía junto a la cama de Troy, acariciando su mano, sus mejillas, su pelo, sus labios. La desesperación se adueñaba de ella poco a poco. ¡En cualquier momento vendrían a verle! Tenía que reaccionar, y tenía que hacerlo ya.

Los señores Bolton lloraban en silencio, abrazados el uno al otro, y Chad se paseaba por la habitación mirando fijamente el electroencefalograma, esperando un milagro.

Gabriella se acercó de nuevo a la oreja de Troy.

- Troy… - susurró, conteniendo un sollozo. – Me dijiste que no te habías rendido, Troy. Que tratarías de volver conmigo. Vamos, cariño, no me falles. No me falles ahora, por favor… vamos, Wildcat… por favor… reacciona…

Nada ocurría. Nada cambiaba. Y Gabriella se echó hacia atrás y se cogió el pelo con ambas manos.

- ¡¡¡Reacciona!!! – exclamó, completamente desesperada, sobresaltando a sus tres acompañantes.

Chad se acercó a ella, y tomó sus manos. Y ella se inclinó hacia él, escondió la cabeza en el pecho del muchacho y lloró. Lloró como nunca había llorado. Sollozos angustiados y desgarrados, repletos de dolor, desesperación, pérdida. Los señores Bolton se acercaron también y se unieron al abrazo, intentando reconfortar a la muchacha, a Chad y a ellos mismos.

Así los encontró la doctora Darrell, diez minutos después.


Ryan, Sharpay, Zeke y Taylor llegaron al hospital. Al salir del parking, se encontraron con Jason y Kelsie, muy serios, y con el resto de los Wildcats, que también habían querido acercarse a decir adiós a su capitán y a apoyar a su entrenador.

Todos se miraron sin hablar unos segundos, hasta que Jason rompió el silencio.

- Vamos, chicos. – dijo. – Troy querría vernos a todos fuertes esta última vez. Al menos hasta que se vaya, tenemos que estar bien.

Zeke asintió, con una sonrisa.

- Tienes razón. – dijo, y se volvió hacia los demás. - ¿¡QUÉ SOMOS!?

- ¡¡¡WILDCATS!!!

- ¿¿¿QUÉ SOMOS??? – ésta vez fue Jason el que gritó.

- ¡¡¡¡WILDCATS!!!! – contestaron todos.

- ¿¿¿¿QUÉ SOMOS???? – fue Ryan esta vez.

- ¡¡¡¡¡ WILDCATS!!!!! – gritaron una última vez, con toda la potencia que pudieron conseguir.

Todos sonrieron con lágrimas en los ojos, sintiéndose más unidos que nunca. Una vez más, Troy se las había apañado para reunirlos a todos en una gran piña. Él era único para eso.

- Vamos, Wildcats. – dijo Zeke. – Vamos a ver a nuestro capitán.

Y tras esas palabras, todos entraron en el edificio.


La doctora Darrell sacudió la cabeza, triste, ante la vista del encefalograma plano. Con una mirada de reojo a Troy, se volvió hacia sus acompañantes, con gesto serio y adusto.

- Lo siento mucho. – murmuró.

Y ante esas palabras, todos se desmoronaron, y los sollozos llenaron la habitación. La doctora Darrell salió, dejándoles intimidad, y entró diez minutos después con unos papeles en la mano.

Los señores Bolton se abrazaban, sentados cerca de su hijo. Gabriella apoyaba la cabeza en la cama de Troy, con sus labios en la mano del muchacho. Chad estaba parado cerca de Gabriella, con una mano sobre el hombro de ésta y la otra sobre el cuerpo de su amigo, su mejor amigo, su hermano.

Al escuchar a alguien entrar, todos se volvieron.

- He traído… - la doctora Darrell se aclaró la garganta, viéndose incapaz de continuar. El caso de Troy Bolton estaba siendo especialmente difícil para ella, pues le recordaba al de su propio hermano, que murió tras un accidente de moto cuatro años atrás. – He traído los papeles para proceder a la desconexión de las máquinas.

Se los ofreció al señor Bolton, quien los recogió lentamente, como un autómata, y los observó horrorizado.

- Tienen que firmarlos. – dijo suavemente la doctora. – Les dejaré solos.

La joven doctora salió de la habitación, sin poder contener las lágrimas. La gente moría diariamente, y eso ella lo sabía perfectamente debido a su profesión. Pero ese saber no le impedía pensar que a veces había muertes injustas, muertes que no deberían pasar.

La de Troy Bolton era una de ellas.

El silencio se había adueñado de la habitación. Todos miraban al señor Bolton, con los papeles en la mano, sintiéndose perdidos. Ninguna esperanza tenían ya.

Tras un par de minutos, el señor Bolton se volvió hacia su mujer y contuvo un sollozo.

- Supongo… - susurró. – Supongo que tenemos que… dejarle ir…

La señora Bolton se volvió hacia su hijo y sollozó, con una mano en el pecho. De nuevo se volvió hacia su marido, y asintió lentamente.

Gabriella observó el intercambio de palabras y gestos, y se sintió como si nada de eso estuviera pasando de verdad. Como si solo fuera una realidad paralela, algo al margen de ella, y de su vida. Se sentía completamente en shock.

El señor Bolton leyó lentamente los papeles y tomó el bolígrafo que le había dejado preparado la doctora Darrell.

La mano le temblaba suavemente cuando, con un trazo limpio, los firmó.

Ya era oficial. Troy Bolton iba a ser desconectado.


Sniff, sniff… ¡qué tristeza¡Pobre Troy!

En fin, no me mandéis reviews bomba¿vale? Si me mandáis reviews bomba no podré escribir más, y os quedaréis sin ver lo demás,, sea bueno o malo. ;-P

Contesto los anónimos (he echado de menos a algunas personas, pero¡wow! 6 reviews, no está nada mal para lo que suelo tener…):

Mina: ¡Hola otra vez, y gracias de nuevo por reviewarme! (Por Dios, la palabreja que me ha salido…). xD
Dices que te gustó el detalle de la tormenta. ¿Puedo preguntar por qué? Simple curiosidad… ;-)
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

LaPamzha: ¡Gracias! Me encanta que te guste mi fic. ¡Espero que te siga gustando! Un abrazo, y gracias por escribir. ¡Nos vemos!

Can!!: Aquí tienes la actualización. ¡Gracias por escribir! Me hace muchísima ilusión, de verdad. Sobretodo vosotros, los anónimos, porque no podéis recibir los avisos de cuando actualizamos, y eso significa que miráis regularmente para ver quien ha subido capítulo. Es de agradecer que estéis tan atentos. Muchas gracias.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo¡Besos!

¡Esto es todo, amigos! Nos vemos en el siguiente capítulo, que subiré o el domingo o el lunes. ¡Besossss!