¡Hola, gente!

Siento muchísimo no haber podido actualizar antes, pero se me estropeó Internet y no me lo arreglaron hasta ayer por la noche, y como ésta mañana he tenido universidad (horario español, jeje), pues no he podido actualizar. Y eso que lo tenía escrito desde la noche que puse el anterior... Lo siento mucho, de verdad, sobretodo por Gelen, que se ha llegado incluso a preocupar por mi salud. ¡Muchas gracias!

Y, wow, 16 reviews… no me lo puedo creer. Muchas gracias, de verdad. Espero que no dejéis de leer la historia, aunque en este capítulo se desvele la mayor parte del misterio.

Muchas gracias, de verdad¡os quiero! Y ya sabéis, los anónimos al final.

Dedico el capítulo a Gelen para compensar la desesperación, y también a mi hermana pequeña, a la que le encanta la historia.

¡Un beso!


Cuando la doctora Darrell volvió a entrar, los encontró reunidos de nuevo en la misma posición que la última vez, alrededor de la cama de Troy. El señor Bolton le tendió lentamente los papeles, firmados, y la doctora Darrell asintió levemente.

- Hay mucha gente en la sala de espera. – dijo, suavemente. - ¿Quieren que les haga pasar antes de… antes de proceder?

El señor Bolton asintió, sin quitar los ojos de su hijo, y la doctora Darrell salió en silencio de la habitación.


Todos esperaban en la sala de espera. Los Wildcats, Sharpay, Kelsie, Ryan, la señora Montez, los señores Danforth. Todos los más cercanos, y los más importantes en la vida de Troy. Su equipo, sus amigos, sus segundos padres y la madre de su novia, a la que había llegado a querer muchísimo (y viceversa).

Todos esperaban que les dieran noticias sobre lo que estaba ocurriendo en la habitación de Troy, por lo que todos rodearon a la doctora Darrell cuando acudió a la sala de espera buscándolos.

- Podéis entrar a despedíos. – dijo suavemente. – En media hora procederé a desconectar a Troy.

Se lanzaron miradas unos a otros tratando de animarse mutuamente para poder cumplir con lo que habían acordado en la puerta del hospital, y caminaron rápidamente hasta la habitación de Troy.

Dentro los esperaban los Bolton, Chad y Gabriella, los cuatro con la mirada apagada y los ojos rojos por el llanto. Zeke y Jason se pusieron a los lados de Chad, y Ryan se colocó al lado de Gabriella, la cual ya reposaba la cabeza en el hombro de su madre. Kelsie se colocó junto a la señora Bolton, y Sharpay y los Wildcats se quedaron en un discreto segundo plano.

Nadie se dio cuenta, pero la doctora Darrell también entró, y se quedó apoyada en la pared cerca de la puerta.

De nuevo, fue Jason quien rompió el hielo.

- ¡Eh, capitán! – saludó, son una sonrisa añorante y un tono de voz animado. - ¿Ves? Hemos venido todos a verte. Todos juntos. Como un gran equipo.

- Si. – siguió Zeke, palmeando la pierna de Troy con suavidad. – Seguro que estás orgulloso de nosotros¿verdad? Siempre te gustó que nos reuniéramos, aunque esta reunión, como seguro comprenderás, no sea muy feliz para nosotros.

Chad sonrió, la primera sonrisa real desde el accidente de Troy.

- Si. – dijo. – Seguro que estás orgulloso, hermano.

- ¿Sabes, Troy? – habló Sharpay, por primera vez. – Tú eres la razón por la que ahora estamos juntos. Es algo que tengo que agradecerte. Sin ti, no me hubiera mezclado con estas increíbles personas, por ser "increíblemente inferiores a mí". Gracias. De verdad.

Fue el turno de Kelsie.

- ¿Sabes, capitán? – dijo, suavemente. – Hasta que me hablaste por primera vez, aquel día en las pruebas para el musical "Ciudad de Destellos", yo pensaba que tú eras el típico chico popular, arrogante y presuntuoso, orgulloso de ser el centro de atención. Desde aquél día, te convertiste en uno de mis mejores amigos. Y eso es algo que nunca voy a olvidar.

- Si, amigo. – dijo Jason, poniendo un brazo sobre los hombros de Kelsie. – Y gracias a ese musical, y por lo tanto, a ti, conocí a mi preciosa chica.

- Nunca olvidaré… - habló Gabriella, con voz temblorosa, aunque intentando sonar normal. – Nunca olvidaré aquel día en Año Nuevo, cuando nos conocimos por primera vez. Fue increíble. Gracias a ti cumplí mi sueño: cantar en un escenario. Pero mi mayor sueño fuiste, eres y siempre serás tú. Te quiero, Troy.

Gabriella miró al suelo, pero levantó la vista bruscamente al creer haber visto de reojo un leve movimiento proveniente de la cama de Troy. Cuando miró, todo estaba igual que antes. Y también el electroencefalograma. Y nadie más había advertido nada, por lo que había sido solo su imaginación. Con los ojos llenos de lágrimas, Gabriella volvió su atención a la conversación. Él ya no iba a despertar. Tenía que acostumbrarse a ese pensamiento.

- Si… me quitasteis el puesto en el musical del instituto… - dijo Sharpay. – Y gracias a vosotros dos aprendí una gran lección ese año. Aunque no me sirvió de mucho…

Todos rieron ante esa afirmación, aunque los nudos en todas sus gargantas se hacían también más y más gruesos conforme iban recordando los buenos momentos.

- Y no olvidaremos nunca, al igual que nadie en East High, el día que ganamos el campeonato. – dijo Zeke. – Gracias, de nuevo, a tu canasta de última hora…

- Y fuiste elegido el mejor jugador del campeonato. – dijo Chad. – No sabes lo orgulloso que me sentí cuando me enteré.

- Lo orgullosos que nos sentimos todos. – aclaró Zeke.

Los señores Bolton sonreían, con lágrimas en los ojos, siguiendo la conversación de los amigos de su hijo.

- ¿Os acordáis del verano en Lava Spring? – rió Ryan, limpiándose las lágrimas. – Fue increíble.

- Si… - dijo Sharpay. – Otra buena lección para mí.

- Para todos. – corrigió Gabriella.

- Y un grandísimo recuerdo también. – siguió Sharpay. – Jamás olvidaré nuestros ensayos. Me sentía tan importante por estar cantando con el famoso y asombroso Troy Bolton…

- ¿Más importante aún de lo que ya te creías? – bromeó Ryan, y de nuevo todos rieron, incluso la misma Sharpay.

- Gracias a todos esos momentos hemos llegado a ser lo que ahora somos, Troy. – dijo Zeke. – Nuestras vidas sin ti no hubieran sido las mismas, y desde luego, la vida a partir de ahora jamás será lo mismo. No sin ti.

- Si, te vamos a echar mucho de menos, capitán. – dijo Chad, con voz temblorosa. – Y ya sabes que, para mí, eres más que mi mejor amigo. Eres mi hermano, Troy. Y no se que va a ser de mi vida sin ti, sin que estés ahí guiándome. Tú siempre has sido el cerebro de los dos.

- Pero¿sabes? – dijo Jason. – Siempre serás nuestro capitán. Para nosotros no habrá nunca jamás otro como tú, amigo.

- Eres el base¿recuerdas? – dijo Kelsie, limpiándose las lágrimas. – Pero no solo en el equipo, Troy. Eres el base de todos nosotros.

- Tú nos has ayudado a ser como ahora somos. – dijo Sharpay. – Tú nos has hecho un gran equipo.

- ¿QUÉ SOMOS? – gritó Zeke.

- ¡¡¡WILDCATS!!! – gritaron todos de vuelta.

- ¿¿¿QUÉ SOMOS??? – gritó Jason, volviéndose hacia los demás.

- ¡¡¡¡WILDCATS!!!! – gritaron todos.

- ¿¿¿¿QUÉ SOMOS???? – gritó Chad, con toda la fuerza de sus pulmones, intentando que la voz no se le quebrara por la presión del llanto que se agolpaba en su garganta.

- ¡¡¡¡¡WILDCATS¡¡¡¡¡WILDCATS¡¡¡¡¡WILDCATS!!!!! – gritaron, todos juntos, unidos en ese último grito, liberando toda la tensión y todo el acumulo de sentimientos que les embargaban.

Por la etapa de sus vidas que terminaba ese mismo día…

Por los momentos vividos, que les habían hecho llegar a donde estaban ahora…

Por todo lo que habían pasado juntos…

… por Troy.


La doctora Darrell los observó mientras gritaban la consigna. La famosa consigna de los famosos Wildcats del East High School. Así que el chico al que ella iba a desconectar en breve era el famoso capitán de los Wildcats, de quien todos en Alburquerque decían que acabaría jugando en la NBA.

Otro brillante futuro disuelto en la nada. Y, por lo que estaba oyendo, otra grandísima persona forzada a abandonar el mundo cuando aún no era su momento de marchar.

"Oh, Troy…" pensó la doctora Darrell. "Tenías tanto que vivir todavía… justo como mi hermano…".

Suspirando imperceptiblemente, la doctora Darrell avanzó hacia ellos y puso una mano en el hombro de la señora Bolton para llamar su atención.

La señora Bolton se volvió hacia ella y la miró. Y el cuerpo de la joven doctora sufrió un escalofrío ante esa mirada. Una mirada vacía, rota, suplicante, desesperanzada. La mirada de una mujer que estaba a punto de perder a su hijo. A su único hijo.

- No… - susurró la señora Bolton, tan bajito que apenas se pudo oír.

- Lo siento. – dijo suavemente la doctora Darrell. – Lo siento muchísimo, créame.

Todos se sorprendieron al detectar lágrimas en los verdes ojos de la joven doctora. La señora Bolton, reticente, la dejó pasar hasta Troy, y la doctora Darrell acarició brevemente la mano del chico, antes de avanzar hacia el interruptor que controlaba el acceso de electricidad de todas las máquinas conectadas a Troy.

- Cuando estén listos. – susurró la mujer, echando hacia atrás sus rojos cabellos.

Un denso silencio, roto solo por los zumbidos y los pitidos de las máquinas de Troy, y los sollozos de todos los presentes, asoló la sala.

Gabriella avanzó hasta Troy.

- Te quiero, Wildcat. – dijo, con voz temblorosa. – Nunca olvides eso, allá adonde vayas ahora. No te voy a olvidar nunca.

- Hijo… - dijo el señor Bolton, besando la mejilla de Troy. – Te quiero, hijo. Te quiero muchísimo. Y estoy tan orgulloso de ti… creo que nunca te lo dije lo suficiente, y no sabes cómo me arrepiento de eso…

Incapaz de continuar, Jack Bolton enterró la cara entre sus manos, sollozando amargamente.

- Mi niño…- susurró la señora Bolton. – Mi pequeño… mi vida, no te mereces esto… ¿qué voy a hacer sin ti? Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, hijo. Por favor… por favor… no puedes marcharte… ¡Esto no puede estar pasando…!

El señor Bolton abrazó a su mujer, que enterró la cara en su pecho y sollozó incontrolablemente. El hombre se volvió hacia la doctora y le lanzó una mirada atormentada.

- Hágalo ya. – pidió. – No creo poder soportarlo más. Por favor… si va a hacerlo, hágalo ya.

La señora Bolton sollozó más fuerte aún y desenterró la cara del pecho de su marido para mirar fijamente a su hijo. Todos se apretujaron alrededor de la cama de Troy, cada uno de ellos tocando la parte de su cuerpo que más a mano tenían. Querían que Troy sintiera, en esos últimos momentos, que todos le apoyaban, que estaban allí, y que le querían muchísimo.

La doctora Darrell acercó la mano al gran interruptor rojo que enviaría a Troy lejos de ellos. Su brazo temblaba de un modo incontrolable, y la doctora respiró hondo antes de posar la mano sobre el interruptor…

Y entonces, súbitamente, un movimiento captó la atención de todos los presentes. La cabeza de Troy se había movido. De un lado a otro.

Entre ellos se hizo un silencio absoluto. Todos los sollozos pararon de golpe, y de nuevo solo se pudo escuchar los pitidos de las máquinas.

La doctora apartó la mano del interruptor rápidamente, como si le quemara, y volvió la cabeza hacia el electroencefalograma. ¡Seguía plano¿Cómo podía ser?

Todos, desconcertados, levantaron la vista de Troy hacia la doctora, y sus miradas se volvieron aún más confusas al ver que la doctora tenía exactamente la misma mirada que ellos.

- ¿Doctora? – preguntó Sharpay con un hilo de voz. – S-se ha movido…

La joven mujer salió de su estupefacción rápidamente, y se volvió hacia las máquinas. Lo cierto es que todas marcaban ligeras mejorías en las funciones vitales del muchacho, pero el electroencefalograma seguía plano. ¡Era imposible!

Sus ojos vagaron desde Troy hasta el electroencefalograma, y de vuelta a las demás máquinas.

Sacando una lámpara de reflejos de su bolsillo (NDA: Una especie de linterna pequeña), se acercó al muchacho, y levantó sus párpados, uno a uno, mientras movía la lámpara de un lado a otro.

Con una leve exclamación de sorpresa e incredulidad, la doctora revisó rápidamente los demás reflejos del joven capitán.

- ¿Doctora? – preguntó el señor Bolton. - ¿Qué ocurre?

Gabriella observaba, confusa, los movimientos de la doctora. Su mente estaba en blanco, era incapaz de pensar nada.

Sin contestar, la doctora, imaginándose ya lo que pasaba, se volvió hacia el electroencefalograma y lo apagó.

- ¡¿Qué hace?! – preguntó el señor Bolton, comenzando a desesperarse. - ¿¿¿Va a decirnos qué ocurre???

Pero la doctora ya había salido rápidamente de la habitación con un apresurado "Vuelvo enseguida" brotando torpemente de sus labios.

Todos se miraron los unos a los otros, confusos y muy desconcertados, sin saber lo que estaba pasando, y demasiado sorprendidos como para hablar.

Troy se había movido.

Con el electroencefalograma plano.

Y la doctora simplemente había apagado la dichosa máquina y había salido corriendo.

Pasaron unos minutos hasta que la doctora volvió, con otra máquina de medición de la actividad cerebral bajo su brazo. Se abrió camino hacia la cama de Troy, bajó la otra máquina desde su soporte al suelo y la desenchufó. Rápidamente enchufó la nueva, la colocó en su sitio, le colocó los electrodos a Troy y la encendió.

Tras unos segundos, se volvió sonriente hacia todos sus acompañantes, que pasaron sus ojos desde la joven mujer hasta la máquina.

Todos a una, lanzaron una exclamación de sorpresa.

Las líneas ya no eran planas.

Había actividad cerebral.

¡Troy estaba vivo!

Todos sollozaron y se abrazaron los unos a los otros, incapaces de decir nada, y tras unos segundos escucharon un fuerte golpe. La señora Bolton había caído al suelo, desmayada. Su marido, con lágrimas de felicidad en los ojos, se agachó junto a ella, al igual que la doctora Darrell, y entre los dos la tumbaron en uno de los sofás.

Gabriella, simplemente, miraba las danzarinas líneas que, traviesas, cruzaban el electroencefalograma de Troy. Y súbitamente se echó a llorar. Esta vez de alegría, de pura alegría, pues, esta vez sí, Troy tenía todo a su favor para salir adelante.

Porque él no había dejado de luchar.


¡Bueno¿Qué os ha parecido? No lo he matado (hay que ver lo blandengue que soy… xD). En fin, en el siguiente capítulo explicaré lo de la máquina, así que estad atentos.

Contesto reviews:

Danii¡Muchas gracias! Te entiendo, yo en la universidad estoy que no paro, esta semana he estado llegando a casa a las 9 de la noche, desde las 8 de la mañana que me iba. ¡Uff! Y sin poder meterme a Internet para resarcirme… En fin, espero que este capítulo no te haya hecho sufrir. ¡Un beso!

Mafercita¡Gracias por el review! Aquí tienes la continuación, espero que te guste. ¡Un beso!

Mina¡Hola! El próximo capítulo te comento sobre la tormenta, porque es más importante de lo que crees, simbolismos a parte. En el próximo capítulo lo verás. ¡Un beso!

Gelen: No me dejaste review en el capítulo anterior, pero en éste me has dejado 4, así que lo has compensado con creces, jejeje… En fin, espero que no te haya decepcionado el capítulo. ¡Nos vemos pronto¡Un besazo!

Lucia: Muchas gracias, me haces sonrojarme, jeje… Espero que te haya gustado el capítulo. ¡Un beso!

Can!!¿Quieres seguir llorando? Jajaja… ¿eso no es un poco masoquista? Si quieres hago un final alternativo en plan tragedia, así lloras ya del todo. xD En fin, bromas aparte, espero que te haya gustado, y muchas gracias por seguir aquí leyéndome. ¡Un beso!

LaPamzhazul¡Hola! Muchas gracias, guapa. Por cierto, el signo de interrogación que has puesto después de la frase en inglés¿qué significa¿No sabes si está bien escrito? Si es eso, te informo: I LOVE YOUR FIC! xDD
Muchas gracias, de verdad. Espero que no te decepcionen el resto de capítulos. ¡Un besazo muy grande!

Vanesa¡Muchas gracias! Espero que te siga gustando, y al final os voy a tener que pagar los pañuelos, os voy a arruinar, jeje… ¡Un beso!

Ammy¡¡¡Gracias!!! Espero que te siga gustando, de verdad. Y bienvenida de nuevo, por cierto, jeje. ¡Un besazo muy grande!

¡¡¡Y esto es to- esto es to- esto es todo, amigos!!!

¡Hasta la próxima!