¡Hola, chicos! Ufff, ahora sí he tardado en actualizar¿eh? Ya lo siento, es que he tenido algunos exámenes importantes, unidos a un breve episodio de "bloqueo de escritor". Un bloqueo extraño, ya que se perfectamente cómo continua la historia y lo que voy a escribir en cada capítulo… pero bloqueo al fin y al cabo. xD
Sin embargo, ya estoy de vuelta, y con muchas ganas de continuar. Tanto, que estoy dispuesta a prometer un capítulo para el próximo miércoles como máximo.
Y, por una vez, no os voy a dar más la tabarra. Aquí tenéis el capítulo, espero que lo disfrutéis. Y mandadme algún review contándome qué os parece¿de acuerdo?
Y ya sabéis, los anónimos, los contesto al final.
¡Os quiero, chicos!
¡¡¡A leer!!!
Había pasado una semana desde la "casi" desconexión de Troy.
Gabriella apenas recordaba nada de ese día, solo mucho alivio y mucha confusión. La señora Bolton estuvo bastante tiempo inconsciente, y cuando reaccionó, al igual que Gabriella, no pudo parar de llorar. Todos sus amigos montaron un gran alboroto, hasta que la doctora les ordenó que esperaran en la sala de espera porque estaban molestando a los demás pacientes. Apenas se habían movido de allí desde entonces, solo se iban por la noche. En el instituto les habían dado carta blanca tras darse cuenta de que hasta que Troy no despertara los muchachos no iban a ir a clase. Lo que sí hacían era mandar a un profesor cada día para que les diera los deberes y tareas que tenían que ir haciendo.
Por otra parte, Jack Bolton había vuelto al trabajo, a pesar de que le daban la baja. Más que nada, porque su mujer casi lo obligó, alegando que no era bueno para él pasar todo el día en el hospital. El señor Bolton era un poco hipocondríaco…
Hubo una investigación en toda regla en torno a la máquina de actividad cerebral y al por qué no había funcionado bien incluso habiendo sido probada por la misma doctora Darrell antes de conectarla a Troy.
Resultó que, el día de la tormenta, durante el lapsus en que no hubo electricidad y debido al rayo que había caído cerca, la máquina de actividad cerebral se estropeó. La doctora Darrell, que había ordenado a las enfermeras expresamente que probaran la máquina en un simulador para ver si funcionaba bien, se enfadó muchísimo…
FLASH BACK:
- ¿¿¿SOIS IDIOTAS O QUÉ??? – gritó la doctora Darrell a las dos jóvenes enfermeras que, en ese momento, miraban al suelo con las mejillas enrojecidas. – ¡POR VUESTRA CULPA, CASI MUERE UN PACIENTE HOY¿¿EN QUÉ ESTÁBAIS PENSANDO¿¿¿NO OS DIJE CLARAMENTE LO QUE TENÍAIS QUE HACER CON ESA MÁQUINA???
- S-si, doctora. – musitó una de las enfermeras. – P-pero n-nos olvidamos, y…
- ¿¿¿OS OLVIDASTEIS, EMILY??? – gritó la doctora, encendida de furia. - ¿¿Y CÓMO, POR EL AMOR DE DIOS¡¡¡¡CONOCÍAIS LA IMPORTANCIA DE ESA COMPROBACIÓN¡¡¡OS REPETÍ CINCO VECES QUE ERA MUY IMPORTANTE QUE LO HICIÉRAIS!!!
Los señores Bolton y Gabriella observaban la discusión sintiéndose muy incómodos. La verdad era que la doctora daba miedo, con sus cabellos rojos como el fuego erizados y los grandes ojos verdes lanzando mortíferos rayos hacia las dos muchachas…
- L-lo sentimos… - susurró la otra enfermera, con lágrimas en los ojos.
La doctora respiró hondo para controlar su enfado.
- Más lo vais a sentir cuando de parte al director del hospital, Kim. – dijo, con voz severa. – Y además, no es a mí a quien tenéis que pedir perdón.
La doctora señaló a los Bolton y a Gabriella con un gesto de la mano, y las enfermeras se volvieron hacia ellos sin levantar la vista del suelo.
- L-lo sentimos mucho. – dijo la tal Emily, con voz temblorosa. – Muchísimo.
- No saben cuando lamentamos lo ocurrido. – dijo Kim, entre lágrimas.
- Bueno, no se preocupen. – dijo la señora Bolton amablemente. – No hay nada que reprochar. Gracias a Dios, todo ha salido bien, y eso es lo que importa. Todos cometemos errores.
- En esta profesión… - dijo la doctora. – Igual que hay errores que no se pueden evitar, también hay errores que no se pueden cometer.
Y, sin añadir nada más, tomó a las enfermeras del brazo y salió de la habitación.
FIN DEL FLASH BACK.
A las dos enfermeras les abrieron un expediente. Y no las echaron porque los Bolton y Gabriella, al ver las caras desoladas de las dos muchachas, se compadecieron de ellas y pidieron que les dieran otra oportunidad. Lo que si hicieron fue relegarlas a tareas, según la doctora Darrell, más acordes con su capacidad intelectual. Las dos muchachas habían asumido su nueva situación sin una queja. Sabían que se habían equivocado, y que tenían que asumir esa responsabilidad.
Durante los días siguientes al incidente con la máquina de actividad cerebral, Troy había ido mejorando, pero seguía sin despertar y todavía no respiraba por sí mismo. La doctora se mostraba optimista, y les decía que no se preocuparan, pues el golpe había sido muy fuerte y Troy necesitaba su tiempo. De hecho, se estaba recuperando más rápido de lo esperado. Al fin y al cabo, era todo un Wildcat, y su complexión de deportista ayudaba a su recuperación.
Además, los cortes, golpes y cardenales de su cuerpo se iban curando poco a poco, y cada vez se iba pareciendo más al Troy de siempre. También su cara iba recuperando el color, y los pequeños movimientos de su cuerpo se hacían cada vez más frecuentes, hasta que se convirtieron en los movimientos típicos de una persona dormida.
La doctora Darrell les había explicado que era probable que el fuerte golpe en la cabeza le provocara algunos síntomas, que solo serían visibles cuando el muchacho despertara. Puede que tuviera que reaprender algunas cosas, como andar, comer, o incluso ir al baño. O puede que, durante un tiempo, tuviera falta de concentración, cambios de humor o dificultad en el habla o en la comunicación. O una leve amnesia transitoria. No podrían estar seguros hasta que el muchacho recuperara la conciencia.
Y Gabriella no se había separado ni un momento de él. No paraba de hablarle, de contarle cosas sobre sus amigos, que tenían tomada la sala de espera con un ambiente festivo constante (siendo el terror de todos los médicos y enfermeras), o sobre los deberes que les mandaban en el colegio. A veces le hablaba de ella, de cuanto deseaba que abriera los ojos, de todo lo que lo estaba echando de menos.
Chad también le hablaba mucho, aunque ahora también pasaba mucho tiempo con los demás para así poder contarle a su amigo las anécdotas que "los ocupas de la sala de espera" (como los llamaban las enfermeras) llevaban a cabo.
Esa mañana, Gabriella hacía unos ejercicios de química despreocupadamente, sin parar de charlar con Troy en el proceso.
- ¿Sabes? – decía. – Estos ejercicios no son tan difíciles como parecen, no se por qué todo el mundo tiene tantos problemas con ellos. Su resolución es cuestión de lógica…
Su lápiz se movía rápidamente por el cuaderno, y sus dedos manejaban con pericia y rapidez la calculadora científica que descansaba sobre la cama de Troy.
- Ocurre como en las matemáticas. – siguió diciendo la muchacha. – No son tan difíciles de entender si prestas atención a los detalles. Las matemáticas describen la vida misma, solo que en vez de con palabras lo hace con números. Es cuestión de acostumbrarse a su lenguaje.
La morena paró de escribir unos momentos para sonreír a la señora Bolton, que acababa de entrar en la habitación. Rápidamente, volvió al trabajo.
- Pero claro¿qué te voy a contar a ti, chico del baloncesto? – bromeó sonriente. – Ya casi está… ya estoy terminando, y dejaré de darte la lata con cosas que seguro no compartes. A ver…
Gabriella tecleó por última vez en su calculadora y apuntó el resultado.
- Ya está.
Justo en ese momento, la doctora Darrell entró para su revisión rutinaria.
- Buenos días. – dijo sonriente. - ¿Cómo ha pasado la noche nuestro bello durmiente?
Gabriella sonrió cerrando su cuaderno.
- Bastante bien, Susana. – contestó alegremente. – Aunque no ha parado de agitarse, pero supongo que eso no es malo…
- Deberías dejar de vigilarle toda la noche, Gabriella. – la regañó la doctora. – Tú también necesitas descansar.
En aquella semana, la doctora y Gabriella se habían hecho buenas amigas. Durante su tiempo libre, la pelirroja siempre se acercaba a la habitación de Troy y se sentaba con Gabriella. La joven doctora le contaba a la morena anécdotas de su época de carrera y del hospital, y Gabriella le hablaba de su vida, de Troy, de sus amigos, y de sus planes de futuro.
Pues Gabriella, hablando con la doctora, había descubierto que le encantaba todo lo que le explicaba acerca de su profesión, y se había planteado seriamente el hacer Medicina en la universidad. Muy seriamente.
- Veamos cómo se encuentra el príncipe azul… - bromeó la doctora acercándose a la cama de Troy y comenzando a reconocerle y a observar los parámetros de las máquinas que le rodeaban.
Al terminar, la doctora adquirió una actitud pensativa.
- ¿Ocurre algo, doctora? – preguntó la madre de Troy, preocupada al ver la expresión de la pelirroja.
Gabriella levantó la vista de sus libros hacia ellas, súbitamente preocupada, y la doctora esbozó una sonrisa tranquilizadora hacia sus dos acompañantes.
- Nada malo. – contestó. – Estaba pensando que ya es hora de que Troy comience a respirar por sí mismo.
Tanto Gabriella como Lucille Bolton lanzaron una exclamación de alegría, pero Gabriella volvió a poner automáticamente una expresión preocupada.
- ¿Y qué ocurre si luego resulta que todavía no puede? – preguntó, dubitativa.
- Pues que lo volvemos a entubar. – dijo la doctora, haciendo un ademán despreocupado. – Pero no creo que ocurra eso, Gabriella. Está preparado. Además, voy a hacerlo muy lento, para que tenga tiempo de acostumbrarse a cada paso. ¿De acuerdo?
Gabriella asintió levemente con la cabeza, y lo mismo hizo Lucille Bolton. Ésta última avanzó hacia Gabriella, que se encontraba, como siempre, al lado de Troy, y la tomó de la mano.
- Bueno… - dijo la doctora, acariciando la mejilla del muchacho. – Pues vamos a intentarlo, Troy.
La joven se volvió hacia las dos preocupadas mujeres.
- Me temo que tendréis que salir de la habitación. – dijo suavemente. – Esto puede resultar desagradable…
Tanto Gabriella como Lucille negaron con la cabeza, lanzando una mirada de aprehensión hacia Troy.
La doctora sonrió.
- Está bien, como queráis. – suspiró. – Pero eso sí, echaos hacia atrás, necesitaré libertad de movimientos.
Gabriella y la señora Bolton dieron un paso hacia atrás, y la doctora se puso manos a la obra.
Primero, apagó la máquina que ayudaba a Troy a respirar y la desconectó del tubo que bajaba por la tráquea de Troy. Rápidamente, conectó una bolsa autoinflable (eso que sale en las series de médicos que es como una burbuja que la aprietas e insuflas aire por el tubo, no se si sabéis a qué me refiero) y comenzó a practicar insuflaciones poco a poco.
- Si… - murmuró la doctora para sí misma. – Esto va muy bien.
Al cabo de unos segundos, desconectó también la bolsa, y rápidamente sacó el fino tubo de la tráquea de Troy. Gabriella y Lucille sintieron ambas arcadas, y apartaron la vista. Cuando la doctora hubo terminado, volvieron a mirar, preocupadas.
La doctora Darrell auscultaba en ese momento a Troy con un fonendoscopio, esgrimiendo una gran sonrisa.
- Bien hecho, chico. – dijo, oprimiendo levemente el hombro de Troy. – Muy bien hecho.
Gabriella y Lucille, con lágrimas en los ojos, observaron el lento subir y bajar del pecho de Troy.
Y, esta vez, ninguna máquina lo ayudaba a hacerlo.
Mientras tanto, en la sala de espera, Ryan tenía una tensa conversación con su hermana.
- Shar, dijiste que le ibas a pedir perdón. – susurraba Ryan, tratando de que nadie más escuchara sus palabras. – Y ya ha pasado una semana. ¿No piensas hacerlo nunca?
- No lo se, Ryan. – contestó ella, molesta, con el mismo tono de voz. - ¿Vas a dejarme en paz o no?
- Sharpay, te pasaste siete pueblos. – susurró él. – Le debes una disculpa.
- Ella no parece muy afectada, de todas formas. – dijo ella, quitándole hierro al asunto.
- Sharpay Evans, sabes que eso no es verdad. – murmuró Ryan. – ¿No viste su gesto horrorizado cuando salió corriendo? Estoy seguro de que aún la reconcome el pensamiento de haber sido ella la causante de todo esto, cosa que, encima, no es verdad.
- ¿Cómo sabes que no es verdad? – contraatacó Sharpay. – Ninguno de nosotros estaba con Troy en ese momento¿no? Pudo haber ocurrido que Troy perdiera la concentración, como le pasó durante toda esa semana.
Ryan suspiró, dándose por vencido.
- Como quieras, Shar. – murmuró. – Yo ya no te voy a decir nada. Pero prepárate, porque seguro que Troy, cuando despierte, no es tan benévolo como yo en este tema.
- Ya veremos, hermanito. – susurró ella, levantándose y sentándose con Zeke, que le pasó sonriente el brazo por los hombros.
Kelsie, que había observado a los mellizos discutir en susurros, se levantó saliendo del abrazo de Jason para sentarse junto a Ryan.
- Pareces preocupado. – murmuró la chica, con una sonrisa tímida.
- Un poco. – sonrió Ryan. – Es que estoy preocupado por Gabriella. Todo esto ha sido duro para todos, pero especialmente para ella. Solo quiero que todo vuelva a ser como antes.
Kelsie adquirió una expresión pensativa, y se repantigó en el asiento.
- ¿Sabes, Ry? – susurró. – Hay cosas que están destinadas a ser de una forma u otra. Y Troyella es una de esas cosas.
- ¿Troyella? – rió Ryan.
- Si. – Kelsie se sonrojó. No había querido decir en voz alta la forma en que se refería a la pareja cuando pensaba en ella. – Troy y Gabriella, son Troyella. Y ellos, aunque suene a tópico, están destinados a estar juntos, así que todo va a ir bien.
Ryan sonrió dulcemente.
- ¿Sabes? Es una buena forma de llamarlos. – dijo. – Troyella… es muy ingenioso, Kel. Y¿sabes qué? Tienes razón. Todo va a ir bien.
En ese momento, Gabriella entró a la sala de espera, sonriendo ampliamente.
- Chicos… - llamó, casi sin resuello.
Todos le prestaron atención inmediatamente, parando las charlas de golpe.
- ¡Troy ya respira por sí mismo! –exclamó la morena, sin poder contener la alegría y la emoción.
Todos lanzaron una exclamación de regocijo, y se lanzaron a abrazar a Gabriella, formando un apretado círculo repleto de alegría, jolgorio y gritos entusiasmados ante la mirada reprobadora y horrorizada de las ocasionales enfermeras que pasaban ante la puerta de la sala de espera.
Ryan, en medio del círculo, rodeado por los demás y al lado de Gabriella, sonrió a la muchacha.
Si, Kelsie tenía razón. Todo iba a ir bien.
¡Hasta aquí hemos llegado por hoy!
Contesto los anónimos:
Gelen: ¡Hola! Siento haber tardado tanto. :-S Espero que este capítulo también te merezca la pena, y que te siga dejando con las mismas ganas de más que antes. ;-)
¡Un beso muy grande, y muchísimas gracias por tu apoyo!
Vanessa: ¡Gracias! Espero que este capítulo también te haya gustado. ¡Un beso muy grande, y nos vemos en el siguiente!
Yo: ¡Jajaja! No, todavía no ha terminado. ¡A Troy aún le queda un largo camino hasta la completa recuperación¿No crees? Bueno, ya nos veremos. ¡Hasta otra!
StEpHy: ¡Gracias! Espero seguir viéndote por aquí aunque haya pasado tanto tiempo desde el último capítulo. ¡Nos vemos pronto!
Mafercita: ¡Hola, guapa! Supongo que te habré causado un daño irreparable… ups… ¡lo siento mucho! Para la próxima vez no tardaré tanto¿vale¡Un beso muy grande! Ciao!!!
Mina: Sniff… creo que no he compensado el retraso¿verdad? Pero os prometo que el miércoles a más tardar tendréis un nuevo capítulo. Os lo prometo. No voy a poder ponerlo antes porque tengo el martes, prácticas, y el lunes, preparación de un trabajo. Pero el miércoles aquí estaré. ¡Un beso!
PD¿Se ha cumplido tu teoría sobre la máquina?
Lucia: Eh, pues yo he leído un montón de historias en las que Troy muere. Algunas realmente tristes. Podría recomendarte unas cuantas, pero están todas en inglés. Si te apetece, me lo dices. ¡Un beso!
LaPamzhazUl: Intenté que fueran tiernas y que fuera un momento emotivo. La verdad es que no se si lo conseguí, jeje… pero bueno. ¡Nos vemos en el próximo capítulo¡Besos!
Danii: Eres la primera persona que me dice que ponga un capítulo cuando pueda, jaja… en vez de: ponlo ya.
Pues sí, el fin de año siempre es agitado. ¡Nos vemos en el próximo capítulo! Ciao!
Can!!: Bueno, aquí tienes la explicación de lo que pasó con la máquina, jeje. ¡Espero que te siga gustando¡¡¡Hasta la próxima!!!
Ammy: Bueno, aún queda un poco para el desenlace, pero espero que mientras tanto la historia se mantenga interesante para vosotros. ¡Un besazo, y gracias por leer!
Y hasta aquí. He de decir que me habéis enviado 16 reviews... sois increíbles, de verdad. ¡Muchas gracias!
Ya sabéis, el miércoles nuevo capítulo. Esta vez no voy a tardar, os lo prometo.
¡Besos¡Hasta la próxima!
