¡Hola a todos! Uff, he estado toda la tarde intentando conectarme a fanfiction, y no me dejaba. Me decía no se qué sobre que los trabajadores estaban haciendo no se qué cosa, y que probara más tarde. Por esa razón he tardado más en actualizar de lo que prometí, pero que sepáis que tenía ésto escrito desde el Domingo por la tarde.
Otra cosa… me han comunicado que no se puede contestar reviews en los capítulos, que está prohibido. Pero no tengo otra forma de contestaros a los que no tenéis cuenta en fanfiction, así que, si no queréis haceros una cuenta (al fin y al cabo es gratis, chicos, y no es obligatorio escribir), dejadme vuestro correo electrónico y yo os contestaré por mail. Pero lo ideal sería que os pudierais hacer una cuenta, porque con un botoncito os contestaría desde la página directamente a vuestra bandeja de entrada, sin necesidad de saber vuestros mails ni de tener que mandar a distintas direcciones, que es un poco rollo. Pero de verdad, quiero contestaros, es lo mínimo que puedo hacer ante el maravilloso apoyo que me estáis dando. Os quiero, de verdad. Muchas gracias.
Así que, por última vez, los anónimos los contesto al final.
¡A leer!
Jack Bolton se encontraba esa mañana en su despacho en la zona de gimnasios del East High School, recogiendo sus cosas para marcharse al hospital a ver a su hijo.
Su hijo…
Jack todavía estaba un poco en shock respecto a lo que había pasado con Troy. Desde que le comunicaron, en ese mismo despacho, que su hijo había tenido un grave accidente de coche, Jack había pensado que se encontraba en una horrible pesadilla de la que no podía despertar.
FLASH BACK:
Jack Bolton se encontraba en su despacho, sentado, como siempre, repantigado en la silla y con los pies sobre la mesa. Revisaba la información sobre los próximos rivales de los Wildcats, los cuales llevaban un expediente repleto de victorias y premios. Serían unos rivales difíciles…
Pero Jack, el Coach del East High, tenía muchísima fe en su equipo.
Y en su hijo.
Jack sonrió ante el pensamiento sobre su hijo. Su pequeño… ¡Qué orgulloso estaba de él! Había cumplido todas sus expectativas como padre, jamás hubiera podido pedir más de él.
Troy era un gran chico. Era buena persona (lo cual, siendo, como era, una celebridad en el instituto, tenía su mérito); era estudioso e incluso sacaba buenas notas; se esforzaba siempre en dar lo mejor de sí mismo, tanto hacia su familia y sus amigos como hacia los que no lo eran; era bastante maduro para su edad; era divertido, amable, cariñoso, atento, competitivo, con un gran sentido del deber y de la responsabilidad. ¡Todo el mundo lo quería! Aunque algunos, como la señora Darbus, no lo manifestaran.
Y era un verdadero as del baloncesto.
Jack Bolton simplemente sabía que su hijo iba a llegar muy, muy, muy lejos en ese campo. Troy no estaba hecho para entrenar un equipo en cualquier instituto de pacotilla. No. Troy llegaría a estar en lo más alto. Llegaría a jugar en la NBA.
Si. Jack Bolton estaba muy orgulloso de su hijo, de lo que había llegado a ser, y de lo que llegaría a ser.
En ese momento, tocaron a la puerta de su despacho.
- Adelante. – contestó.
Oyó como se abría la puerta, y levantó la vista. Sorprendido, observó como dos policías cerraban la puerta al entrar y se volvían hacia él.
- ¿Puedo ayudarles, agentes? – preguntó Jack, extrañado, bajando los pies de la mesa y enderezando su espalda.
Uno de los policías se adelantó.
- ¿Es usted Jack Bolton, el padre de Troy Bolton? – preguntó el hombre.
- Si, señor. – respondió Jack, levantándose de la silla, ahora visiblemente preocupado y desconcertado. No alcanzaba a imaginar que Troy hubiera hecho algo en contra de la ley. - ¿Por qué¿Ocurre algo con Troy?
- Tiene usted que acompañarnos, señor. – dijo el otro agente. – Su hijo ha sufrido un accidente de coche.
Y el mundo de Jack, durante un instante, se volvió negro, y tuvo que agarrarse a la mesa para no caer. Uno de los policías lo sujetó del brazo y lo ayudó a sentarse.
- ¿Se encuentra bien, señor? – preguntó suavemente.
- M-mi hijo… - susurró Jack, con ojos desorbitados y luchando por recobrar la respiración. - ¿D-dónde está¿Cómo está¿Cómo ha ocurrido? Él siempre conduce con mucho cuidado…
- Tranquilícese, señor. – intervino el policía. – Su hijo está en el hospital, y nosotros no conocemos su estado, aunque sí podemos decirle que el accidente ha sido bastante grave. En cuanto a lo sucedido, tengo entendido que fue culpa de un camionero que se saltó un semáforo, no de su hijo. Pero tiene que acompañarnos.
- S-si… claro… - murmuró Jack, medio ausente, levantándose del sitio. Sus piernas se le antojaban de gelatina, y las manos le temblaban tanto que para cerrar la puerta del despacho con llave necesitó la ayuda de uno de los policías.
"El accidente ha sido bastante grave"…
Dios mío, si le pasaba algo a su hijo…
Jack no podía soportar ni el pensarlo. Esto tenía que ser un mal sueño, una pesadilla…
Mientras se apresuraban por los pasillos del instituto bajo la mirada sorprendida y extrañada de alumnos y profesores, Jack comenzó a recobrar el control de sí mismo.
- ¿Han avisado a mi mujer? – preguntó.
- Si, señor. – contestó el policía. – Ella también está en camino.
Al girar una esquina, los tres hombres se encontraron cara a cara con el director del instituto, que tomó a Jack del brazo y lo frenó.
- ¿Jack? – preguntó éste, asombrado. - ¿Qué ocurre?
- M-mi hijo, director. – dijo Jack, y no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas. – Ha tenido un accidente…
El director se llevó la mano al pecho.
- ¡Dios mío! – pudo articular. - ¿Está bien?
- N-no lo sabemos. Pero parece ser que es grave. – contestó Jack. – Si me disculpa…
- Claro, claro… - murmuró el director, apartándose de su camino, de forma que los tres hombres volvieron a apresurarse hacia la salida.
Pero antes de que pudieran salir, hubo otra interrupción.
- ¡ENTRENADOR! – la voz de Chad llegó hasta los oídos de Jack, que se volvió hacia atrás a tiempo para ver al muchacho correr hacia él.
- Chad… - murmuró Jack, observando la carrera del muchacho, borrosa a causa de las lágrimas.
- E-entrenador… - dijo el muchacho en cuanto llegó hasta él, tratando de recuperar la respiración. – M-me encontré con el director… ¿Qué ha ocurrido¿Dónde está Troy? Por favor, dígame que está bien, el director dijo que era grave…
- No es tiempo para preguntas, chico. – dijo uno de los policías autoritariamente, poniendo una mano en el hombro de Jack. – Tenemos prisa.
- N-no, está bien. – dijo Jack. – Es el mejor amigo de mi hijo. ¿Puede venir con nosotros?
- Si así lo desea usted, sí. – contestó el policía con un encogimiento de hombros, y Jack tomó a Chad por los hombros, siguiendo a los policías hacia el coche.
Sentada en un árbol cercano al coche de policía, Jack vislumbró a Taylor, otra de las mejores amigas de Troy, y novia de Chad. Ésta levantó la vista con curiosidad hacia los policías, y sus ojos se abrieron como platos al ver a su novio y al Coach con ellos. Rápidamente cerró el libro y corrió hacia ellos.
- ¿Chad? – preguntó, asustada. - ¿Qué ocurre?
Chad la miró, y Taylor se sorprendió al ver lágrimas en los ojos del chico. Nunca lo había visto llorar.
- ¿¡Chad!? – preguntó, ahora medio histérica.
- T-Troy… - pudo articular Chad. – Es Troy, Taylor.
- ¿¿¿Troy??? – dijo Taylor. - ¿Qué ocurre con él?
Chad miró a los policías y a Jack, que lo esperaban impacientes en el coche, y volvió a mirar a su novia.
- ¡¿Qué ha ocurrido, Chad?! – dijo ella, tomándolo por los hombros y sacudiéndolo fuertemente. - ¡¡¡DÍMELO!!!
- Ven con nosotros, Tay. – dijo Chad, y la tomó del brazo antes de empezar a correr hacia el coche de policía.
Los agentes torcieron el gesto al ver que tenían otro pasajero más, pero no dijeron nada. Pusieron el coche en marcha y se apresuraron hacia el hospital.
Tras unos minutos sentados en el asiento de atrás, Chad se volvió hacia Taylor.
- Troy… ha tenido un accidente. – susurró. Ya no había lágrimas en sus ojos, pero cada palabra sobre el tema le costaba horrores. – Parece ser que ha sido grave…
Esta vez, las lágrimas brotaron de los ojos de Taylor.
- Gabriella… - pudo susurrar. – Hay que avisar a Gabriella…
Chad asintió con la cabeza, y cogió su móvil.
- Llamaré primero a Ryan para que vaya a por ella. – dijo, marcando el número del mellizo Evans.
Jack escuchaba ausente las conversaciones a su alrededor, pero era incapaz de prestarles atención. Lo único que quería era llegar al hospital, abrazar a su mujer y asegurarse de que su hijo estaba bien.
Porque tenía que estar bien. Tenía que estarlo. Su hijo no se merecía que le pasaran estas cosas¡era un buen chico, por el amor de Dios! No podía pasarle nada.
No soportaría que le pasara nada.
FIN DEL FLASHBACK.
Jack suspiró ante el recuerdo. El dolor que había sentido, la pesadilla que había vivido hasta el día en que descubrieron que Troy tenía actividad cerebral… Era algo que iba a tener grabado a fuego en su memoria y en su alma para toda su vida.
Tenía unas ganas de que su hijo abriera los ojos… esos maravillosos ojos azules que tocaban su corazón cada vez que lo miraban. Porque Jack quería a su hijo más que a nada en el mundo. Para Jack, su familia era su vida.
Jack terminó de recoger, y cogió las llaves del despacho y del coche, apresurándose a salir hacia el hospital.
A medio camino, su móvil sonó estridentemente. Era su mujer. Jack sintió una punzada de preocupación mientras activaba el manos libres. ¿Le habría ocurrido algo a Troy?
- ¿Si? – contestó rápidamente.
- ¿Jack? – era la voz de su mujer, y sonaba muy entusiasmada. - ¡Tengo buenas noticias, cariño!
- ¿De qué se trata, Lucille? – preguntó Jack, aliviado. Durante un breve momento se preguntó si Troy había despertado, pero no se esperanzó demasiado. La doctora había dicho que aún no estaba cerca de despertar…
- ¡¡¡¡Troy ya respira solo!!!! – exclamó ella, con una leve carcajada.
Jack sintió una punzada de orgullo, y una gran sonrisa de alegría se instaló en su cara. ¡Eso era maravilloso!
- ¿De verdad? – preguntó, riendo. - ¡Es genial¿Cuándo ha ocurrido?
- La doctora decidió que estaba preparado, y resultó ser verdad. – hubo una pequeña pausa. - ¿Estás conduciendo?
- Si, estoy de camino para allá. – contestó Jack. – Llegaré enseguida. Dale un beso a Troy de mi parte.
- Claro. – contestó Lucille. – Te quiero, Jack.
- Yo también. – sonrió Jack. – Hasta ahora.
Para cuando Jack llegó al hospital, la sonrisa todavía no había desaparecido de su rostro.
Gabriella regresaba a la habitación de Troy después de haber dado la gran noticia en la sala de espera. Una sonrisa dulce surcaba su rostro al recordar la felicidad y la alegría de "los ocupas" al contarles que Troy respiraba solo. La misma felicidad y alegría que había sentido ella al observar el pecho de Troy subir y bajar sin ayuda de ninguna horrible máquina.
Al entrar a la habitación, descubrió que Troy estaba solo.
"Lucille debe de haber salido" pensó, mientras se sentaba al lado de Troy.
- Ya estoy de vuelta. – susurró en la oreja del muchacho. – No sabes lo contentos que están todos, se volvieron medio locos cuando les conté que ya respirabas solo.
Gabriella tomó la mano de Troy y la besó cariñosamente mientras observaba el rostro del muchacho. La mayoría de rasguños y arañazos habían cicatrizado, y eso unido a que el tubo de su garganta había sido retirado le daba al muchacho un aspecto más sano, mucho más normal. Más Troy.
Gabriella se encontró de pronto observando los labios del muchacho. Esos labios que habían estado tanto tiempo escondidos tras el tubo que lo ayudaba a respirar. Esos labios suaves y cálidos que la muchacha conocía tan bien, que tantas veces había besado en el pasado.
Que tantas veces había besado…
- ¿Sabes, Troy? – susurró Gabriella. – Hay una cosa que echo muchísimo de menos y que hace mucho tiempo que no hago…
La morena se inclinó lentamente sobre el rostro de Troy, frotando su nariz contra la mejilla del muchacho, aspirando su aroma característico. Ese aroma que Troy había ido recuperando durante esa semana, desterrando de su cuerpo el olor a medicamentos y a hospital. Tras depositar un suave beso en la mejilla del muchacho, Gabriella acercó sus labios a los de él y los besó suavemente, de una forma muy tierna, apenas rozándolos, deleitándose con su forma, su suavidad, su calidez, disfrutando de ese sentimiento dentro de ella que solo el muchacho podía despertar.
Gabriella, tras unos largos segundos, se separó de él, con los ojos cerrados, no queriendo dejar ir la ternura que se había despertado en su corazón, sintiendo como si la calidez que la embargaba fundiera todos sus miedos, todas sus preocupaciones. Ese era el efecto que besar a Troy tenía siempre en ella.
¿Cómo pudo pensar alguna vez que ya no lo amaba?
Con un suspiro, al fin, abrió los ojos, fijando su mirada en Troy. Y la muchacha dio un respingo.
Porque las comisuras de los labios del muchacho se habían curvado en un amago de sonrisa, dulcificando sus rasgos, haciendo que aparecieran esos hoyuelos que a Gabriella tanto le gustaban.
Troy había sonreído.
- ¿T-Troy? – llamó Gabriella, insegura. - ¿Estás… despierto?
No hubo respuesta alguna, ni hubo algún movimiento que indicara que el muchacho estaba despertando. Poco a poco, la tierna sonrisa fue desapareciendo, dejando la expresión calmada y serena que Troy llevaba teniendo durante toda la semana.
Gabriella siguió mirándolo, todavía sorprendida, hasta que la doctora Darrell irrumpió ruidosamente en la habitación, sobresaltándola.
- Eh, Gabriella... – dijo la mujer, con una sonrisa. – He traído un poco de café, pensé que podíamos tomárnoslo juntas ahora que tengo un poco de tiempo…
La doctora se interrumpió, preocupada al ver la expresión de shock de Gabriella, y dejó los dos vasos de plástico encima de la mesita, acercándose a la muchacha.
- ¿Gabriella? – preguntó, tomando a la muchacha de la barbilla para obligarla a mirarla a los ojos. - ¿Qué ocurre?
Gabriella encontró su mirada con los grandes ojos verdes de la doctora, y tomó una gran bocanada de aire. Había olvidado respirar…
- S-Susana… - susurró Gabriella. – T-Troy ha… ha… me ha sonreído…
Instantáneamente, la doctora se volvió hacia el muchacho, sacó su lámpara de reflejos del bolsillo de la bata, levantó los párpados del muchacho y alumbró sus ojos.
- ¿Cómo ha ocurrido, Gabriella? – preguntó la doctora, volviéndose hacia las máquinas.
- ¿Qué? – preguntó la muchacha. – Pues… de pronto él ha… sonreído… así, sin más.
- Me refiero… - comenzó la doctora, observando los parámetros de las máquinas. – Me refiero a que si ha sonreído por algo que le has dicho o si ha sido como si estuviera soñando.
- Oh… - dijo Gabriella, y se sonrojó. – Bueno… sonrió cuando le… le besé.
La doctora ocultó una sonrisa mientras seguía revisando los parámetros de las máquinas, apuntando algunas cosas en su libreta.
- ¿Qué significa? – preguntó Gabriella tras unos momentos de silencio.
En ese momento, Lucille Bolton regresó a la habitación, y lanzó una mirada inquisitiva a Gabriella cuando vio a la doctora haciendo una revisión antes de lo previsto.
- Significa… - comenzó la doctora, volviéndose hacia las dos mujeres. – Significa una gran mejoría. Ha reaccionado ante un estímulo externo.
- ¿Qué ha ocurrido? – intervino Lucille, algo desconcertada.
- Troy ha sonreído. – explicó la doctora Darrell con una sonrisa.
- ¿Mi hijo ha sonreído? – preguntó la mujer, y una gran sonrisa se extendió por su rostro, dándole brillo a sus ojos. - ¿C-cómo¿Cuándo?
- Parece ser que cuando la joven Gabriella le besó. – rió la doctora, lanzando una mirada pícara hacia la muchacha morena, que sonrió.
- ¿Que le besó? – preguntó la señora Bolton, también mirando a la muchacha pícaramente.
Gabriella afirmó con la cabeza, tomando las manos de Troy entre las suyas.
- Bueno… - dijo la doctora. – Parece ser que el bello durmiente tiene ganas de despertar. En un par de días como máximo le tendremos de vuelta.
Gabriella y Lucille lanzaron exclamaciones de alegría y se abrazaron fuertemente. En ese momento, entraron Jack y Chad, que se habían encontrado en el pasillo, y se las quedaron mirando, desconcertados.
La doctora se apiadó de ellos y decidió explicárselo.
- Troy ha sonreído. – dijo, con los ojos brillantes. – Lo que significa que en un par de días, quizás antes, lo tendremos de vuelta.
Jack y Chad también lanzaron una exclamación de alegría ante las esperanzadoras palabras. El muchacho se acercó y abrazó a Gabriella, y el Coach hizo lo mismo con su mujer.
Y mientras Jack abrazaba a su esposa pensó, orgulloso, que tenía la mejor familia del mundo.
No podía ser más feliz.
Hasta aquí hemos llegado. No estoy muy contenta con este capítulo, pero ya me contaréis vosotros lo que os ha parecido¿vale?
Contesto reviews anónimos:
Yo: ¡Hola! No te preocupes, habrá más Sharpay, jeje… ¡Nos vemos pronto¡Un beso! Y muchas gracias por escribir, no sabes lo que agradezco vuestro apoyo. Siempre. ¡Ciao!
Mina: ¡Hola! Pues si te digo la verdad no tengo ni idea de cuanto va a durar. Se cómo va a ser, lo que va a pasar, y tal. Pero como voy añadiendo cosas sobre la marcha, me es difícil. En cuanto me haga una idea te lo digo. Gracias por seguir leyendo.
¡Un beso!
Gelen: Bueno, como ves aún no ha despertado. xD Pero es que tengo que llevar un ritmo más o menos realista, no puedo hacer que se despierte y ya, tiene que tener su proceso. Ya has visto en el capítulo que despertará pronto, así que no te preocupes, que ya llega. ;-) ¡Un beso! Ciao!
Danii: ¡Hola! Entre tú y yo, no creo que Troy tenga amnesia. No se, me parece muy obvio, todo el mundo usa ese tipo de cosas en sus historias. Yo prefiero algo más, aunque si te digo la verdad todavía no he decidido nada. A lo mejor ni le hago tener nada, jeje… ya veremos, dependerá del cómo evolucione la historia, como voy cambiando cosas sobre la marcha…
Gracias por desearme suerte en mis exámenes, suerte a ti también.
¡Un beso!
Mafercita: Tengo a la Sharpay de mi historia muy pensada, y sus acciones ya están decididas y determinadas. Pero no te preocupes, Troyella es Troyella, y así se quedará.
¡Besos!
Y hasta aquí por hoy. No olvidéis dejarme un mail para contactar con vosotros o haceros una cuenta en fanfiction para la próxima vez. Pero por favor, no quiero perder el contacto con ninguno de vosotros. ¡Gracias a todos, de verdad¡Un beso¡Os quiero!
