¡Bueno, chicos! Aquí estoy otra vez. Este capítulo me ha costado muchísimo escribirlo, ya que para mí Sharpay es un personaje complejo y difícil de plasmar en un papel. Y de las 12 páginas de Word de hoy, casi 8 se centran en ella.

Por favor, mandadme un review y contadme lo que os parece. Esta vez es muy importante para mí, porque, como ya he dicho, me ha costado horrores escribirlo.

Mención especial para Gelen y Lucía, que no me dejaron su mail. Lucia, tu mail no me llegó, no se por qué. Supongo que si la pusiste en el cuerpo del review no llegó porque no pusiste espacios entre medio. Algo así: ejemplo arroba ejemplo . es
Aunque sigo pensando que es más fácil hacerse una cuenta en fanfiction... xDDD

Gracias a ambas por los reviews.

Y gracias a todos los demás, claro.

¡Espero que os guste! A leer:


Estaba todo tan silencioso…

Se podía oír hasta el sonido de los ratones en el jardín, o el susurro de las hojas movidas por la brisa.

Sus padres y su hermano estaban dormidos, pero Sharpay permanecía despierta, sin poder abandonarse al dulce placer del sueño. Porque había demasiado silencio, y así no podía evitar oír las voces en su cabeza.

Sí, tenía demasiadas cosas en la cabeza, y no paraba de pensar, cosa que Sharpay jamás hacía. Ella solo actuaba, y después de eso no se molestaba en pensar en lo que había hecho, pues ya no se podía remediar.

Pero esa vez era distinto. Por segunda vez en su vida (la primera había sido durante el verano en Lava Spring), Sharpay realmente se arrepentía de alguna de sus acciones. Porque, si hubiera pensado antes de actuar, jamás le habría dicho esas cosas a Gabriella. Y, aunque ya estaba hecho, no conseguía quitárselo de la cabeza. Porque la morena no se merecía lo que le había dicho.

Sharpay se preguntó por qué no podía simplemente olvidarlo y seguir adelante. Bueno, tal vez fuera porque por primera vez en su vida podía decir que tenía amigos a parte de su hermano. Verdaderos amigos, que la aceptaban como realmente era (o al menos lo intentaban), que la querían cada uno a su manera. Y ella los quería a ellos. Realmente los quería, aunque no lo demostrara.

Gabriella era una de esas amigas. Quizás la mejor, aunque ella no se diera cuenta. Porque su dulzura natural hacia que Sharpay se encontrara en todo momento a gusto entre los Wildcats. Porque paraba los pies a todos cada vez que se reían de ella en vez de con ella. Porque siempre la trataba con respeto y amabilidad.

Y por eso, por ese respeto que Gabriella le profesaba, Sharpay también la respetaba a ella. La respetaba, y había aprendido a quererla.

Esa era la razón por la que Sharpay no podía olvidar lo que le había dicho. Porque haciéndole daño a ella se había hecho daño a sí misma.

¿Y cual era la razón entonces de que le hubiera dicho esas cosas? Si la quería, si realmente la quería¿hubiera sido capaz de culparla del accidente de Troy? Si la quisiera¿no se habría retractado ya de sus palabras?

Las respuestas a esas preguntas no eran tan difíciles de contestar. Sharpay, en su interior, las sabía. El problema era que no podía pensar en esas respuestas, porque la hacían sentirse aún peor. Tan egoísta, tan envidiosa, tan…

"De hecho creo que ahora me gustas por encima de mí".

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de la muchacha, que se levantó de su gran cama rosa y se asomó por el gran ventanal que recorría una pared de su habitación de un extremo al otro.

Esa frase, que le había salido en aquel momento casi sin darse cuenta, era completamente cierta. Durante el verano en Lava Spring, Sharpay había conocido al verdadero Troy Bolton. Ese chico dulce, en apariencia tan seguro de sí mismo pero en el fondo tan increíblemente inseguro, con esos ojazos azules de infarto y esa sonrisa de los diez millones; ese chico divertido, cariñoso, entusiasta, impulsivo, sincero, tan preocupado por los demás.

Preocupado incluso por ella, que pocas veces se lo merecía.

Durante ese proceso de reconocimiento del yo verdadero de Troy, Sharpay no lo había podido evitar. Poco a poco, casi sin darse cuenta, se había enamorado de él. Aun sabiendo que Troy tenía novia, que estaba con Gabriella, Sharpay no se había dado por vencida.

Solo cuando cortaron, solo cuando Gabriella se marchó, Sharpay comenzó a darse cuenta de lo que había hecho.

FLASH BACK:

Sharpay llevaba toda la mañana buscando a Troy. Lo había visto de lejos en los campos de Golf con los niños, pero para cuando había llegado, el muchacho había desaparecido. Y ninguno de los Wildcats le decía donde estaba.

"Ni lo se, ni me importa. Y aunque lo supiera, no te lo diría" le había dicho Zeke.

En el fondo, a Sharpay le había dolido el desplante del ayudante de repostería, pues él había sido siempre el único que la había tratado bien de todos los Wildcats. El único que se había molestado en querer hablar con ella, en adularla, en hacerle compañía. Aunque claro, ella siempre lo trataba mal a él…

Y a todo el mundo… le dijo una vocecita en su cabeza, vocecita que Sharpay normalmente no se molestaba en escuchar, por lo que hizo lo de siempre: ignorarla.

También le había preguntado a Ryan, que le había lanzado una mirada reprobadora y no se había molestado en contestarle. Aunque después de la discusión de la noche anterior, no le parecía raro… Ryan y ella se habían gritado tanto que incluso su despistada madre había tenido que intervenir. Él le había dicho que estaba loca, que Troy y Gabriella se querían de verdad y que ella lo había estropeado todo, que no tenía derecho a hacerlo, y que Troy jamás la miraría a ella de esa forma. Tras gritarle unos cuantos insultos, y cuando su madre intervino por fin, Sharpay le siseó de forma venenosa antes de emprender una ruidosa estampida hacia su cuarto:

"Ya lo veremos, Ryan. Ya lo veremos".

Harta de caminar sin rumbo por las instalaciones de Lava Spring buscando a Troy, Sharpay se obligó a parar y a intentar pensar donde podría estar. Había buscado en la cancha de baloncesto, en las cocinas, en el escenario, en el campo de Golf, en los vestuarios, en el SPA, en la piscina y por todos y cada uno de los pasillos de los empleados de Lava Spring.

Y de pronto se hizo la luz en la mente de Sharpay. ¡Claro¡La sala de ensayo¡La del piano! Tenía que estar ahí, si no estaba ya no sabría donde buscar…

Súbitamente emocionada, Sharpay comenzó a caminar rápidamente hacia allí. Nada más llegar, la rubia se detuvo en la puerta. Una suave y triste melodía de piano se escapaba por entre los goznes de la puerta.

Vaya… se dijo Sharpay, decepcionada. Está Kelsie... aunque quizás ella sí me diga dónde está, es más fácil de sonsacar que los otros Wildcats.

Decidida, Sharpay abrió la puerta y entró rápidamente. Y entonces, sorprendida, se detuvo. Pues no era Kelsie la que se hallaba al piano. Era Troy, la mirada perdida más allá de las teclas, el semblante entristecido, con grandes ojeras.

Sus ojos sin brillo no se volvieron hacia ella en ningún momento.

En ese momento, Sharpay sintió la primera punzada de arrepentimiento, pero la hizo desaparecer rápidamente. En cuanto Troy se diera cuenta de que ella era la chica perfecta para él, todo eso se le pasaría. Estaba segura.

La triste música llenó sus oídos, suave, dulce, y no fue hasta que Sharpay carraspeó sonoramente que Troy se volvió hacia ella.

- Sharpay… - dijo suavemente. - ¿Qué haces aquí?

Ella puso su mejor sonrisa y se acercó hacia él.

- Te buscaba. – dijo con voz animada, sentándose junto a él frente al piano. – No sabía que supieras tocar…

- Mis padres me hicieron tomar clases cuando era pequeño. – explicó él, su voz apenas llegando a los oídos de la muchacha. – En cuanto pude imponerme lo dejé, pero algunas veces, cuando me siento como para ello, toco un poco.

- ¡Vaya! – exclamó ella efusivamente. – Pues tocas muy bien. ¿Lo sabe Kelsie?

El muchacho no contestó. Había vuelto a perder la mirada entre las teclas, ausentándose del mundo a su alrededor. Con otra punzada de culpa, Sharpay se dio cuenta de lo rojos e hinchados que estaban sus ojos. De nuevo, reprimió la culpabilidad, y volvió a llamar su atención.

- T-r-o-y… - dijo musicalmente, rozando su hombro con el suyo.

- ¿Hum? – contestó Troy ausentemente, volviendo a posar la mirada sobre ella.

- Te preguntaba que si lo sabe Kelsie… - cuando él la miró sin comprender, Sharpay hizo un sonido de impaciencia con la lengua. - ¡Que si Kelsie sabe que tocas!

- Oh… - murmuró Troy, volviéndose hacia el piano. – No, ninguno de mis amigos lo sabe… bueno, G-Gabs… Gabby… Gabriella. – Le costaba pronunciar su nombre. - Ella lo sabía.

La mirada del muchacho se humedeció cuando la nombró, y su semblante se ensombreció tanto que sus ojos parecieron casi negros. De nuevo, otra punzada de arrepentimiento golpeó el corazón de Sharpay, tanto tiempo dormido. Aquél chico que había delante de ella no se parecía al Troy que ella conocía, en absoluto.

- Troy… - dijo ella, poniendo un tono compasivo. – Me he enterado de lo de ayer… ya sabes que yo estoy aquí para lo que necesites¿vale?

- Gracias, Sharpay. – susurró él ausentemente, sin levantar la mirada.

Un incómodo silencio se adueñó de la habitación, y la muchacha rubia se removió en la silla.

- ¿Cuándo tienes el próximo turno con los críos? – preguntó la chica, ansiosa por romperlo.

- Hum… le he dicho a Fulton que no me encuentro bien. – contestó Troy, abrazándose a sí mismo con sus propios brazos. – Me ha relegado de mis turnos de hoy.

Sharpay abrió los ojos asombrada. Fulton no era de la clase de personas que aceptaba una excusa así.

- D-de hecho… - susurró el muchacho. – Creo que me voy a ir a casa. ¿Puedes encargarte de decírselo a Fulton… por favor?

- Oh… - dijo Sharpay, dubitativa, observándolo con atención. – De acuerdo…

Y sin decir nada más, Troy se levantó y salió lentamente de la habitación. Preocupada, Sharpay salió cinco minutos más tarde, buscando a Fulton. Lo encontró en su despacho.

- Fulton. – dijo, irrumpiendo en su despacho, sin llamar siquiera. – Troy se ha ido a casa, no se encontraba bien.

Para su sorpresa, el hombre asintió comprensivamente con la cabeza.

- Tenía muy mala cara ésta mañana. – dijo suavemente, apuntando en su agenda. – Si conozco algo a este chico, se encuentra realmente mal. Me alegro de que haya decidido marcharse a casa.

Y de pronto, una oleada de culpa y arrepentimiento golpeó a Sharpay, tan fuerte que sus ojos se llenaron de lágrimas. Salió rápidamente del despacho de Fulton y se encerró en su habitación, su corazón latiendo rápidamente.

¿Tanto daño le había hecho a Troy la ruptura con Gabriella¿Tanto como para cambiarle así¿Acaso Ryan tenía razón¿De verdad estaba Troy enamorado de Gabriella¿Y qué tenía esa ridícula chiquilla que no tuviera ella?

Lágrimas de decepción y de rechazo cayeron por las mejillas de Sharpay. ¡Por sus mejillas! Si ella jamás había llorado por nadie… jamás. Había tenido que llegar esa Montez a su vida para desbaratar sus planes con Troy y agitar su ordenado mundo interior.

Lo que Sharpay llevaba años intentando, esa chica lo había conseguido en un semestre. ¿Cómo había podido ganarse a Troy tan rápido¿Cómo?

"Deberías dejar de mirarte en el espejo para darte cuenta del daño que estás haciendo a los demás".

¿Sería verdad? Con su ridículo plan Sharpay había perdido a su hermano, a Troy, e incluso a Zeke, que jamás la había ignorado así. ¿Qué es lo que había hecho mal?

"Deberías dejar de mirarte en el espejo…".

Ella solo quería que todo volviera a ser como antes, como antes de que Gabriella llegara.

"Eres muy buena en un juego que no me gusta."

Por Troy valía la pena arriesgarse. Valía la pena jugárselo todo. ¿O no?

"¡¿Cuál es el premio¿¿¿Troy¿¿¿El premio Estrella Deslumbrante???".

Troy no estaba hecho para andar con geniecillos como esa chica Montez. ¡Él era una superestrella¡¡Tenía que estar con ella, que también lo era¿Qué por qué¡Porque era lo correcto, lo que siempre se había hecho¿Cómo era posible que él no lo viera de ese modo, que prefiriera a esa empollona?

"Tu hermano ha trabajado mucho para ésto".

¿Y por qué su hermano no conseguía ver las cosas a su modo¿Acaso no deseaba que ella, su propia hermana, consiguiera lo que la haría feliz?

¿Por qué Ryan no era feliz si ella lo era¡Era su hermano¿No se suponía que tenía que estar con ella pasara lo que pasara¿No tenía que apoyarla¿Y ella¿Había apoyado a Ryan alguna vez¿Acaso no lo había despreciado en cuanto se dio cuenta de que se llevaba bien con los Wildcats?

"¡Me marcho!"

¿Y los demás¿Estaba bien dejarlos sufrir para conseguir sus metas? Y Troy… ¿estaba bien hacerlo sufrir solo para que ella fuera feliz¿Por qué sufría Troy, en primer lugar¿Estaría de verdad enamorado de ella?

"Deberías dejar de mirarte…"

"… un juego que no me gusta."

"¡Me marcho!"

"… el espejo…"

"¡¿Cuál es el premio?!"

- ¡¡¡YA BASTA!!! – gritó Sharpay con toda la fuerza de sus pulmones, poniendo las manos alrededor de sus oídos.

Un sollozo desgarrado se escapó de su garganta, y la muchacha encerró su cabeza debajo de la almohada. Fue por eso por lo que no se dio cuenta de que su hermano había abierto la puerta y se había asomado a su habitación. Cuando la vio llorar, sonrió tristemente, negó con la cabeza y volvió a salir, cerrando suavemente la puerta.

Le dolía dejarla así, pero tenía que dejar que se diera cuenta ella sola. Él ya no podía hacer nada más…

Sharpay, ajena a los pensamientos de su hermano, siguió llorando, la injusticia de la situación revoloteando por su mente. ¡¿Por qué no podía conseguir a Troy¿¿¿Acaso ella no era tan buena como la chica Montez¿Por qué había elegido él a la morena?

Y entonces, súbitamente, Sharpay lo comprendió.

Ella no había conseguido a Troy en tantos años porque ellos dos no estaban destinados a estar juntos. Troy jamás la miraría de esa forma. Troy jamás tendría para ella más que su amistad. Una amistad que ella había mancillado con sus jugarretas.

Le dolía… ¿Por qué le dolía tanto esa afirmación? No es que estuviera enamorada de él. ¿O sí? No, no podía ser. Sharpay Evans NO se enamoraba. De nadie. Ni siquiera de Troy Bolton.

De Troy Bolton…

De Troy…

Sharpay sollozó más fuerte, sollozos de arrepentimiento, de dolor, de desesperación, de culpabilidad, de decepción, de soledad.

Y también de alivio. Alivio por haber comprendido la verdadera situación.

Poco a poco, Sharpay dejó de llorar, y miró al techo, con ojos enrojecidos.

Cantaría con Troy en el concurso, y después dejaría de meterse en la vida del muchacho. Dejaría que las cosas siguieran su curso. Si alguna vez Troy dejaba de amar a Gabriella, ella estaría allí. Pero no tenía derecho… no tenía derecho a meterse en la vida de ninguno de los dos.

Pero tampoco los ayudaría a juntarse de nuevo, eso si que estaba del todo fuera de sus principios. Ayudar a Gabriella Montez era demasiado para ella.

La muchacha rubia se sorprendió a sí misma sonriendo dulcemente, pero no le importó.

Es extraño… pensó Sharpay. Jamás hubiera pensado que yo podría hacer algo así. Darme por vencida, admitir que no tengo razón. Quizás… quizás nunca la he tenido. Quizás siempre he llevado mal mi vida.

Y así, dolorida, aunque aliviada, Sharpay se hundió en un sueño tranquilo. Y soñó que todo estaba bien.

FIN DEL FLASH BACK.

Y ahora, Sharpay había vuelto a inmiscuirse en la vida de los dos muchachos. Pero es que había estado tan asustada de perder a Troy, tan preocupada por él, que no había podido evitar culpar a alguien de la situación. A Gabriella, ni más ni menos, que estaba enamorada de él hasta la médula.

¿Tan egoísta era¿Tanto, que no era capaz de pedir perdón, de reconocer que lo que había dicho no era verdad? Había pensado que esa parte de ella había desaparecido… pero ya veía que no. ¿Tan mala era¿Tanto, que prefería hacer daño a los demás antes que quedarse sus propios fantasmas?

Sabía que tenía que pedirle perdón a Gabriella… era solo que no podía. Sinceramente, no podía. No era capaz. No era capaz de evitar hacerle daño a Gabriella como venganza por haber conseguido a Troy. ¡Dios Santo¿Cómo podía ser tan sumamente mala¿Tan cruel¿Por qué no podía renunciar del todo a él?

El cuerpo de Sharpay se agitó en desgarrados sollozos, y la muchacha supo que necesitaba hablar. Necesitaba hablar con la persona que mejor la comprendía, con la persona que mejor la conocía, con la persona que menos la juzgaba.

Saliendo silenciosamente de su habitación, Sharpay cruzó el pasillo y abrió la puerta del cuarto de Ryan. Nada más entrar, escuchó las suaves respiraciones de su hermano…

Estaba dormido, pero Sharpay necesitaba estar con él. Necesitaba sentirlo, saber que siempre podría contar con él. Rápidamente, la muchacha subió a la cama y se acurrucó bajo la colcha, contra el pecho de su hermano.

Ryan, ante el movimiento, despertó y posó sus soñolientos ojos sobre ella.

- ¿Shar? – murmuró medio dormido. - ¿Qué ocurre?

- Ryan… - susurró ella entre sollozos. – Ryan…

El muchacho se incorporó un poco, algo descolocado, y se frotó los ojos.

- Sharpay¿estás… llorando¿Qué ocurre?

- Ry… ¿tú crees que yo…? – se interrumpió para dejar escapar un sollozo ahogado, y solo después de unos segundos pudo continuar. - ¿Tú crees que yo soy mala?

Ryan sonrió levemente, y tomó a su hermana entre sus brazos, acurrucándola en su regazo como si fuera un bebé.

- No, Shar. – contestó, besando su frente. – No creo que seas mala.

En silencio, Ryan dejó que su hermana llorara, que se desahogara, que desatara toda la tormenta que llevaba en su interior. La mecía suavemente, le susurraba palabras tranquilizadoras, la besaba de vez en cuando en el pelo.

Hasta que, al fin, un último sollozo sacudió el pecho de la muchacha, y pudo tranquilizarse. Ryan la cogió de los brazos y la apartó suavemente de él para mirarla a los ojos. Esos ojos, tan fríos para los demás, y tan cálidos para Ryan. No había mucha gente que pudiera bucear en los ojos de su hermana como él lo estaba haciendo ahora, sin que ella levantara barreras, sin que escondiera sus sentimientos bajo esa permanente mirada de frialdad que solía poner.

- Cuando estés lista. – le susurró, limpiándole suavemente las lágrimas con los pulgares de ambas manos. – Cuando estés lista para dejarle ir, para renunciar por completo a él en beneficio de Gabriella, entonces estarás preparada para pedir perdón. No te preocupes porque no puedas hacerlo ahora. ¿De acuerdo, hermanita?

Exhausta, Sharpay asintió con la cabeza. Ryan la tumbó suavemente en la cama y la dejó acurrucarse de nuevo contra él. No había pasado ni un minuto hasta que la chica se quedó dormida. A Ryan le costó un poco más. Le dolía que su hermana sufriera así. Pero lo que le había dicho era cierto… cuando estuviera lista, entonces todo volvería a estar bien.

La mañana sorprendió a los dos mellizos abrazados, sumidos en un dulce sueño plagado de apoyo y consuelo mutuos. Como debía ser.


La mañana llegó también al hospital, y los rayos de sol que se colaban por la ventana hicieron cosquillas a Gabriella en la nariz. De nuevo, se había quedado dormida apoyando la cabeza sobre la cama de Troy.

La muchacha se desperezó suavemente, volviéndose hacia Troy y comprobando que estaba bien. Todo seguía igual. Entonces miró a su alrededor, y vio que estaba sola.

Vaya… pensó. Lucille debe de haber bajado a desayunar.

- Hey, Gabby… - saludó una voz detrás de ella, sobresaltándola.

La muchacha se dio la vuelta rápidamente y observó a Chad, que la miraba divertido con una ceja alzada.

- ¿Te has asustado de mí? – preguntó, fingiendo haberse ofendido.

- Oh, sí. – sonrió la chica. – Ese pelo tuyo me ha aterrorizado, Chad. Me había parecido una colmena de abejas dispuestas a picarme por todas partes.

- Muy graciosa. – contestó Chad irónicamente. - ¿Te acabas de despertar?

Gabriella asintió, volviéndose de nuevo hacia Troy y apretándole la mano.

- Buenos días… - susurró. - ¿Cómo está mi bello durmiente?

Chad lanzó una risita por lo bajo.

- ¿Sabes lo que me estaría riendo de él si estuviéramos en otra situación y tú lo llamaras así, Gabriella? – comentó.

- Lo que ocurre es que tú no eres nada romántico, Chaddy. – contestó Gabriella, lanzándole al muchacho una sonrisita pícara.

- ¡No me llames así! – se quejó Chad. – O tendré que reírme de mí mismo…

Gabriella soltó una pequeña carcajada. La primera carcajada espontánea desde que había ocurrido el accidente de Troy. Y entonces el "bello durmiente" movió la cabeza lentamente hacia ellos, sin despertar.

Gabriella y Chad se lo quedaron mirando, dudando si habría que llamar a alguien o no.

- ¿Troy? – llamó Chad.

Ninguna contestación. Ningún movimiento.

- Nada. – suspiró Gabriella.

- Bueno. – dijo Chad, agarrando una silla y sentándose al lado de Gabriella con el respaldo sobre el pecho. – Al menos reacciona, y se mueve, y esas cosas.

- Sí. – sonrió Gabriella.

- Se ha movido cuando te has reído. – hizo notar Chad. - ¿Sabes? Troy siempre me decía que tenías una risa maravillosa, que cuando la escuchaba era como si el mundo se iluminara de pronto, como si pudiera llegar a conseguirlo todo.

Los ojos de Gabriella se humedecieron con lágrimas, pero su sonrisa no decayó.

- ¿Sabes, Chad? – dijo. – A mí me pasa lo mismo. Y no puedo esperar, necesito oír de nuevo su risa, saber que va a estar bien, que todo va a volver a la normalidad.

De pronto, Gabriella se puso seria.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Chad suavemente, inclinándose hacia la chica con una mirada preocupada.

- Chad… - susurró Gabriella. - ¿T-tú crees que… cuando despierte… querrá verme aquí?

Chad abrió los ojos, sorprendido.

- ¿¡Qué!? – exclamó. – Pero¿por qué no iba a querer?

Gabriella se removió incómoda y lanzó una tímida mirada hacia Troy.

- ¿Crees que él me… culpará? – preguntó con la mirada fija en su regazo, todavía entre susurros.

Durante unos largos segundos, Chad se quedó en silencio, pensando en la forma de sacarle esos pensamientos de la cabeza. Él no era tan bueno como Taylor o como Troy en ese tipo de cosas.

Maldita Sharpay Evans y sus ideas de bombero…

- Gabriella Montez. – dijo Chad, cogiéndola suavemente por los hombros para obligarla a mirarle a los ojos. – Conociendo a Troy¿crees que él haría algo así?

Gabriella volvió la vista hacia Troy y suspiró.

- No. – contestó la chica, comenzando a sollozar. – No Troy tal y como lo conocemos, Chad, pero… ¿y si cuando despierte no es el mismo¿Y si ha cambiado¿Y si ya no me quiere a su lado¿Y si…?

Chad observó a la muchacha desmoronarse y comenzó a sentir pánico. ¡Él no estaba hecho para esas cosas, por Dios! Las lágrimas y los temas del corazón no eran lo suyo. Cuando él tenía un problema de esos con Tay, normalmente era Troy el que le decía lo que debía hacer. Y cuando era con algún amigo, entonces era ella la que le daba los consejos. Pero él… él nunca los había dado.

- Gabriella… por favor… - pidió, sin saber que decir. – No llores.

- Va a odiarme, Chad. – sollozó ella. – Va a odiarme, y voy a perderle para siempre, y no puedo perderle, no puedo vivir sin él, no puedo…

Y Chad hizo entonces lo que su instinto le dijo. Se levantó y abrazó a Gabriella, dejando que ella llorara en su hombro. Cuando se le acabaron las lágrimas, la muchacha musitó un breve "gracias" y se apartó de él, dedicándole una dulce sonrisa.

- Gabriella… - llamó Chad, acomodándose de nuevo en la silla. – Créeme, Troy está completamente colado por ti, jamás te dejaría ir.

- Ya lo hizo. – susurró Gabriella.

Oh-oh… mal asunto…

Y entonces, la respuesta apareció como por arte de magia. Chad cogió a Gabriella de las manos y puso sus ojos a la altura de los de ella.

- Troy te dejó marchar porque pensó que tú ya no le querías, Gabby. – dijo muy serio, vocalizando con deliberada lentitud cada palabra. – Pero nunca lo ha hecho, ni lo hará, si tú sigues sintiendo esto que sientes por él. Te dejó ir porque no quería que, quedándote con él, fueras infeliz.

Gabriella lo miró, con los ojos muy abiertos, y entonces le sonrió, para gran alivio de Chad.

- Gracias, Chad. – susurró, sinceramente. – No se que haría sin ti.

Chad sonrió.

- Probablemente morirte de aburrimiento. – contestó. – Debes reconocer que yo pongo sal a tu vida…

- Ooooh, Chaddy… - dijo Gabriella poniendo la voz como si le estuviera hablando a un bebé y abrazándolo fuertemente. - ¡Qué tierno eres!

- No me llames así… - rió Chad, murmurando entre dientes y disfrutando del abrazo de quien era como una hermana para él.

Tras unos segundos, un carraspeo divertido cortó la escena. Lucille Bolton acababa de entrar por la puerta, portando un termo de café y varios vasos de plástico.

- Vaya, vaya, chicos… - sonrió. – ¿Debería estar preocupada? Si Troy hubiera despertado se habría puesto muy celoso…

- Anda ya, Lucy. – protestó Chad. – Troy nunca ha protestado las veces que he dado a Gabriella un abrazo.

- Chad, está bromeando. – explicó Gabriella entre risas. A veces su amigo podía ser un poco denso… Lucille Bolton comenzó a reír también, y pronto la habitación se llenó de incontrolables y alegres risas.

- Buenos días, chicos. – saludó entonces la doctora Darrell, entrando en la habitación y sonriendo ampliamente. – Veo que estáis de buen humor hoy¿eh?

- Buenos días, doctora. – dijo la señora Bolton, entre carcajadas.

- Hola, Sussy. – dijo Gabriella, aún sonriendo. - ¿Mucho trabajo?

- Pues no mucho, la verdad. – contestó la doctora, avanzando hacia Troy. – De hecho, pensaba quedarme un rato aquí. ¿Ha tenido nuestro capitán alguna reacción más?

Antes de que Gabriella o Lucille pudieran contestar, Chad se adelantó.

- Movió la cabeza hacia nosotros cuando Gabriella se rió. – dijo rápidamente.

- Bueno, eso es un buen presagio. – contestó la doctora lanzando una sonrisa a Gabriella. – Tendréis que estar atentos. En cuanto despierte, quiero verlo. Y creo que lo hará pronto.

Lucille asintió, y en ese momento entró Jack Bolton.

- ¡Hola, familia! – saludó sonriente, caminando hacia su mujer y besándola suavemente en los labios. - ¿Algún cambio en el principito?

- Buenos días, señor Bolton. – dijeron Gabriella y la doctora, sonriendo.

- ¿Qué hay, Coach? – saludó Chad.

- Troy sigue igual. – explicó Lucille. – Pero la doctora dice que despertará pronto.

- ¡Genial! – sonrió Jack. – Estoy deseando tener una buena conversación de baloncesto con el mejor capitán de los Wildcats de la historia del East High.

Lucille rodó los ojos.

- Por supuesto, baloncesto. – rió. – ¡Si no existe otra cosa¿Verdad que no?

Todos volvieron a reír, sin dejar de gastar bromas, mientras la doctora los observaba divertida. Gabriella se sorprendió a sí misma riendo como hacía mucho que no reía. Le dolía incluso el abdomen, y los ojos le lloraban. Se apoyó en la cabecera de Troy, intentando recuperar la respiración.

Iba a soltar otro comentario gracioso, pero un gemido ahogado proveniente de su lado provocó que lo que iba a decir se atascara en su garganta. Se volvió hacia Troy rápidamente. El muchacho tenía los ojos cerrados, pero había fruncido el ceño en un leve gesto de dolor, y respiraba irregularmente.

Nadie más se había dado cuenta.

- ¿¿¡TROY!?? – exclamó Gabriella con los ojos muy abiertos, tomando la mano del chico. - ¡¡¡TROY!!!

Al escuchar la exclamación, todos se pusieron alrededor de la cama de Troy, la doctora abriéndose paso hasta la cabecera para examinarlo. Intentó levantarle los párpados, pero en cuanto tocó su cara Troy la apartó hacia el otro lado.

La doctora sonrió.

- Está despertando.


Jejeje… venga, matadme, decidme: "¿Cómo lo dejas así?".

En fin… simplemente avisaros de que tengo el lunes y el martes exámenes, pero el miércoles no, así que probablemente pueda actualizar el jueves o el viernes. Siento ir de semana en semana, pero es que no me da la vida, tengo el primer examen fuerte en un mes. ¡¡¡¡!!!!

Bueno, chicos. ¡Hasta la próxima!