¡Uf! Si, ya se que he tardado mucho… pero es que mi abuela ha estado de hospitales (aunque ya está bien), hemos tenido algo de lío, y no he podido terminar el capítulo hasta hoy.
Por cierto¡Feliz Navidad a todos!
Os deseo que estéis pasando un tiempo muy a gusto con vuestros seres queridos.
Un saludo para Mafercita, Elizabeth Winchester, Kuky y Gelen, que no me han dejado un mail. Gelen, tú dijiste que me lo habías dejado, pero si vas a la página de reviews verás que no aparece. Déjalo la próxima vez con espacios, de la siguiente forma:
Blablabla blablabla . com
Si lo dejas sin espacios, fanfiction lo borrará.
Por cierto, chicos, gracias por esos 95 reviews que me habéis mandado. Dios, nunca pensé que a mí me pudieran mandar alguna vez tantos reviews en una historia... me alegro tanto de que os esté gustando... ¡Muchas gracias!
Y ahora¡a leer!
Gabriella sintió de pronto que sus piernas no la podían sostener. Estaba despertando. ¡Estaba despertando! Después de más de una semana, al fin Troy estaba despertando. ¡Dios santo¿Qué iba a decirle?
"Hola, Troy, buenos días. ¿Que qué hago aquí? Si, ya se que corté contigo, pero he decidido que me equivoqué. ¿Me perdonas?"
Le sonaba totalmente ridículo.
¿Y si…¿Y si le ocurría algo¿Y si despertaba y descubrían que había algo malo con él? Al fin y al cabo, el golpe había sido muy fuerte. ¿Y si tenía amnesia y la había olvidado¿Y si no podía hablar¿Y si…?
Un pequeño apretón en los hombros interrumpió sus pensamientos. Tras ella se había puesto Chad, notando el tambaleo de su amiga, y había posado sus manos en los hombros de ella intentando darle apoyo. Sabía que esa situación estaba siendo tremendamente difícil para la morena.
Gabriella aferró la mano de su amigo y suspiró, intentando calmarse y escuchar lo que estaba diciendo la doctora.
- … y Troy se sentirá muy desorientado. – decía ella, hablando muy rápido. – Estará asustado, desconcertado y muy dolorido, y os necesitará a todos a su alrededor. Quiero que lo mantengáis tranquilo, que no entre en pánico. ¿De acuerdo?
Todos asintieron rápidamente, y se acercaron más a la cama del muchacho, que, con la cara contraída en un rictus de dolor, emitía débiles y roncos quejidos de vez en cuando. En su frente había pequeñas gotas de sudor.
Su madre tenía una de sus manos entre las suyas propias, y la acariciaba tiernamente.
- Gabriella. – llamó la doctora.
La morena la miró rápidamente.
- Ya que ha mostrado una capacidad de reacción más potente hacia ti me gustaría que lo llamaras.
- ¿Yo? – preguntó Gabriella débilmente.
La doctora sonrió y asintió.
- Tráelo de vuelta. – dijo.
Gabriella se inclinó hacia el muchacho y volvió a cogerle de la mano libre, sin dejar de sentir el apoyo moral de Chad tras ella.
- Troy… - llamó. La voz le temblaba tanto que apenas podía emitir sonido alguno, y de sus ojos no cesaban de caer lágrimas. – Eh, bello durmiente…
Troy se agitó un poco, pero no abrió los ojos.
- Vamos, Wildcat. – dijo Gabriella, acercando su mano temblorosa a la mejilla del muchacho para acariciarla suavemente. – Abre los ojos. Ábrelos, Troy, y vuelve con nosotros.
Bajo los párpados de Troy, sus ojos se movieron. Todos contuvieron la respiración, pero el muchacho siguió sin abrir los ojos. Gabriella, algo decepcionada, miró a la doctora, que la animó a seguir con un gesto.
- No es tan fácil salir de un coma. – explicó suavemente.
Gabriella, entonces, volvió los ojos hacia el muchacho, y una idea llameó en su mente.
- Eh, Wildcat. – llamó. - ¿Sabes? La gente suele cantar nanas para dormir a los niños. Tú ya estás durmiendo, y además no eres un niño, así que si te canto algo¿abrirás los ojos para mí?
Tras unos segundos en los que todos volvieron a contener la respiración, Gabriella comenzó a cantar, con voz temblorosa y luchando por sacar cada sonido de su seca garganta.
Everyday of our lives
Wanna find you there, wanna hold on tight
Gonna run while we're young
And keep the faith
Troy volvió a parpadear sin abrir los ojos, y cerró sus puños débilmente alrededor de las manos de Gabriella y su madre provocando que a ambas se les llenaran los ojos de una nueva oleada de lágrimas. La morena tuvo que parar unos segundos de cantar, pero al final volvió a conseguir el aplomo y la entereza suficientes para continuar.
Everyday from right now
Gonna use our voices and scream out loud
Take my hand
Together we will celebrate
Un nuevo gemido, algo más potente que los demás, salió de la garganta de Troy, que luchaba ahora visiblemente por abrir los ojos. Lentamente, sus párpados se movieron, y una pequeña franja de color azul pudo ser vista por los presentes durante un momento, antes de que los ojos del muchacho volvieran a cerrarse con fuerza en un acto reflejo hacia la cantidad de luz de la habitación. Gabriella sonrió dulcemente, y la señora Bolton sollozó suavemente. La doctora, rápidamente, bajó la luz de la habitación de forma que no molestara al muchacho en su batalla por abrir los ojos.
Oh, everyday…
En cuanto Gabriella terminó la frase, Troy volvió a intentarlo. De nuevo, una pequeña franja azul pudo ser atisbada.
- Eso es, Wildcat. – sollozó Gabriella débilmente. – Vuelve con nosotros.
Había oscuridad a mi alrededor. Escuchaba las voces, sabía que eran voces amigas, voces a las que tenía que contestar. Intentaba seguirlas… pero era como luchar contra una gran corriente que me empujaba de vuelta hacia esa cálida oscuridad.
No era una mala oscuridad, no era una de esas que da miedo, que esconde misterios capaces de dañarte. Si tenía que compararlo con algo, lo compararía con el vientre materno… aunque no me acuerde de cuando estuve allí. Pero tenía que ser algo parecido. Un lugar donde uno se siente seguro, bien, protegido.
Pero sabía que había algo más allá. Algo que había experimentado antes. La luz, el mundo, la vida, el cariño, el amor. Y las voces me llamaban.
"Vuelve con nosotros…"
Gabriella…
Un fogonazo de luz invadió mis sentidos, seguido por un fuerte dolor en cada parte de mi cuerpo. Volví atrás, a la oscuridad.
Si, volver al mundo me traería dolor. Pero las voces me llamaban. Gabriella me llamaba.
Estaba dispuesto. Por fin, estaba dispuesto a luchar hasta el final. Tenía que volver.
Y con un último empujón, la luz me cegó.
"Troy…"
Y al fin, todos los presentes en la habitación observaron esos bellos ojos azul hielo, que se abrieron y parpadearon un par de veces, para fijar después una mirada desorientada en las personas que lo rodeaban y que lo observaban con grandes sonrisas.
Después de removerse un poco con un gesto de dolor, pasó la vista por las máquinas, agujas y pequeños tubos que salían de todas partes de su cuerpo, y volvió a mirarlos a todos, esta vez con una mirada que, además de terriblemente desconcertada, rallaba el pánico. Una mirada que parecía gritar: "¡¿Qué está pasando?!"
Por suerte, la señora Bolton recordó a tiempo el consejo de la doctora, que se había retirado unos pasos para dejarles un poco de intimidad.
- ¡Troy! – le llamó, tomando suavemente al muchacho de las mejillas, y los ojos azules se fijaron en ella. – Troy, cariño, no te preocupes¿vale? Todo está bien. Ahora, todo está bien. No hay nada de que preocuparse. Confía en mí, cielo.
- Hijo. – llamó Jack, con la voz ronca, revolviéndole con cuidado el pelo. Los ojos del muchacho dejaron los de su madre para volverse lentamente hacia su padre. – Que bien que has despertado… te echábamos mucho de menos.
- Si, hermano. – afirmó Chad, y de nuevo, Troy se volvió hacia el origen de la voz que le hablaba. – No sabes lo duro que ha sido tener que valerme por mí mismo.
Todos rieron suavemente, y de forma lenta y muy dubitativa, Troy ofreció una débil sonrisa, aunque en su expresión todavía reinaba la desorientación y el desconcierto.
Eso fue demasiado para Gabriella, que se echó a llorar desconsoladamente. Esa sonrisa… esa sonrisa… Dios, cuanto había echado de menos esa sonrisa.
Los ojos de Troy viajaron entonces hacia ella, que, al tener la cara enterrada entre sus manos, no se percató. Y, sin abandonar su débil sonrisa, el muchacho estiró lentamente el brazo y tocó levemente la mano de Gabriella.
Todos en la habitación contuvieron la respiración mientras Gabriella levantaba la vista y sus ojos color chocolate conectaban con los azul hielo de Troy. Tras unos breves segundos, Troy sonrió más ampliamente y negó levemente con la cabeza, como queriendo decir: "No llores…"
Sin embargo, Gabriella comenzó a llorar más fuerte, y se lanzó contra el pecho del muchacho. Troy esbozó un breve quejido de dolor, pero la rodeó torpemente con un brazo, dejándola llorar y desahogarse, antes de apartarla un poco para volver a mirarla a los ojos.
- G-Gabs… - susurró, apenas con un hilo de voz.
Gabriella sonrió y besó su frente.
- Troy… - contestó. – Oh, Troy… no sabes lo asustada que me has tenido, Wildcat. No vuelvas a hacer algo así nunca¿de acuerdo?
Troy volvió a poner una mirada desconcertada, pero asintió lentamente, volviendo una mirada interrogante hacia su madre. En ese momento la doctora interrumpió.
- Bueno, Troy. – dijo animadamente, y el muchacho volvió la cabeza hacia ella. – Soy la doctora Darrell. He sido tu doctora durante estos días que has estado inconsciente.
- ¿D-días? - susurró Troy, algo incrédulo.
- Sí. – afirmó la doctora sacando la lámpara de reflejos. – Dime, Troy. ¿Recuerdas algo de lo que te pasó?
El muchacho negó con la cabeza mientras la doctora pasaba la linterna por sus ojos.
- Tuviste un accidente. – le explicó ella. – Un camión te arrolló mientras ibas en tu coche. Te diste un buen golpe.
- Un camión… - susurró el muchacho pensativamente.
- Ahá… - afirmó la doctora, mientras se volvía hacia los demás. – Chicos¿os importaría esperar en la sala de espera mientras lo reconozco a fondo y le explico la situación? Mandadme un par de enfermeras cuando salgáis.
- De acuerdo. – dijo Jack, y todos salieron de la habitación.
Lucille y Jack fueron a pedir las dos enfermeras mientras que Chad y Gabriella se dirigían hacia la sala de espera.
Mientras caminaban, Chad miró a su amiga. Una gran sonrisa surcaba su cara, y los ojos le brillaban casi como con el antiguo brillo. Ese brillo que tanto Troy como ella revelaban cada vez que estaban juntos.
Antes de entrar en la sala de espera, Chad paró a Gabriella y la atrajo hacia sí rodeándola con sus brazos.
La morena le devolvió el abrazo fuertemente, y al separarse ambos tenían lágrimas en los ojos.
- Ya está… - dijo Chad. – Ya ha terminado…
Gabriella, sin contestar, besó a su amigo en la mejilla, y abrió la puerta de la sala de espera. No podía esperar a ver la cara de sus amigos cuando supieran que Troy estaba despierto…
En la sala de espera, todos los Wildcats tenían montada la fiesta del siglo. Risas, música, incluso comida y bebida. Las pocas personas que se aventuraban en la sala de espera sin ser de la gran familia de los gatos salvajes se encontraban acurrucadas en un rinconcito mirando asombrados el despliegue de juventud, vitalidad, alegría y diversión.
Pero esa continua fiesta no fue nada, NADA, comparada con la que se montó cuando Gabriella y Chad irrumpieron en la sala anunciando que Troy ya estaba despierto. De los gritos que pegaron aparecieron varios médicos y enfermeras, que al ver la alegría, e incluso lágrimas de felicidad, daban media vuelta con una sonrisa dulce en los labios. Ese Troy Bolton tenía muchísima suerte de tener unos amigos que lo querían tanto.
Después de unos minutos, cuando entraron los padres de Troy, los ánimos se calmaron un poco. Y tras media hora sin que la doctora Darrell apareciera por ahí, cierta preocupación se había comenzado a instaurar en el ambiente.
Gabriella estaba sentada apoyada en Ryan, con las manos en el regazo y mordiéndose suavemente el labio. Lucille se había sentado al lado de Sharpay, en el único sitio libre, para gran incomodidad suya, ya que ella y Sharpay no se llevaban del todo bien desde que la rubia le había dicho a Gabriella las cosas que le dijo. Jack paseaba por la pequeña sala, sin dejar de mirar a la puerta. Chad estaba sentado con Taylor, y no paraba de mover la pierna. Kelsie, Jason, Zeke y el resto de los Wildcats simplemente charlaban los unos con los otros en voz baja.
De pronto, Chad se levantó.
- ¡¿Pero cuánto pueden tardar en hacerle un reconocimiento?! – exclamó, enfadado.
Y justo en ese momento, la doctora entró por la puerta y les ofreció una sonrisa. Todos se arremolinaron a su alrededor, queriendo saber cómo había ido todo. La doctora levantó las manos pidiendo silencio, y cuando todos se hubieron callado, ella comenzó a explicar.
- Bueno, parece que las cosas van bien. – comentó. – No he visto daños importantes en el cerebro, y todo está normal. Habla, se mueve, recuerda tanto la memoria lejana como la cercana, sus funciones sensitivas y neurológicas están bien… Aunque seguiremos observándolo por si acaso.
Todos sonrieron con alegría y se miraron los unos a los otros compartiendo la felicidad que les provocaban las buenas noticias. La doctora siguió hablando.
- No hemos podido mirar todavía las funciones motoras, pero no parece haber ningún problema en cuanto al poder hacerlo.
- ¿A qué se refiere con eso? – preguntó Jack, poniendo en palabras el desconcierto de todos.
- Bueno… - comenzó la doctora. – La psicóloga parece ser que ha encontrado un ligero desconcierto en el muchacho cuando han tocado ciertos temas que comprenden algunas actividades físicas, como el caminar, o… el jugar al baloncesto.
Todos guardaron silencio unos segundos tras esas frases, compartiendo, esta vez, miradas preocupadas.
- ¿Y eso quiere decir que…? – la animó a seguir Chad.
- Bueno, no podemos estar seguros hasta que no lo hagamos caminar, pero… puede ser que haya olvidado como hacerlo.
- ¿Y…? – comenzó Taylor, algo horrorizada. - ¿Y eso quiere decir que… tampoco recuerda… como jugar al baloncesto?
La doctora bajó un poco la mirada, pues sabía que era un tema delicado. Ya se había dado cuenta hablando con Troy de que el chico amaba su deporte. Y todos los que estaban ahí lo sabían.
- Es posible… - contestó. – Según la psicóloga, es bastante probable.
Todos jadearon, y Gabriella se llevó las manos a la boca. Jack, algo pálido, se sentó en una de las sillas.
- Eso lo va a matar… - susurró.
- Bueno… - siguió la doctora, intentando aligerar el ambiente. – No debéis preocuparos todavía hasta que no sepamos si la psicóloga tiene razón o no. Además, no es lo mismo aprender las cosas por primera vez que reaprenderlas¿verdad? Con algo de rehabilitación y algunas sesiones con la psicóloga, en un par de años volverá a ser el mismo. No es tan grave.
- Si, Sussy, pero tú no entiendes… - comenzó Gabriella con voz temblorosa. – En un par de años ya habrá perdido esa beca que tanto ha esperado. Si no juega este campeonato, si termina el instituto sin jugar… no se la darán. El futuro que siempre ha soñado se irá al traste…
Todos guardaron silencio, sabiendo que la muchacha tenía razón.
- Siempre podemos… - empezó Jack. – No se… intentar pagar la universidad entera por nuestros medios. Estoy seguro de que una vez dentro, en cuanto se recupere del todo, entrará en el equipo.
- Y morirnos de hambre, Jack… - ironizó Lucille. – Dios, esto va a ser un gran golpe para él.
- Lo está siendo para todos. – susurró Chad.
Un nuevo silencio reinó en la habitación. La doctora, de nuevo, lo rompió.
- Bueno, lo importante es que está vivo, bien y que ese tipo de cosas son perfectamente recuperables¿no os parece, chicos?
Todos sonrieron un poco. Si, la doctora tenía razón. Eso era lo más importante, después de todo.
- Además, él no se lo ha tomado tan mal. – siguió la doctora. – Es cierto que está un poco decepcionado, pero lo que le contestó a la psicóloga fue: "Soy muy afortunado simplemente con seguir vivo, después de todo lo que me habéis contado".
- ¡¿Se lo han dicho?! – exclamó Jack. – Así, de repente, nada más despertar… ¿están locos?
- Más bien lo adivinó él mismo. – corrigió la doctora. – En cuanto notó que no recordaba ciertas cosas, ató cabos. Y preguntó. La psicóloga solo se lo confirmó.
- Vaya… - dijo Chad.
- En algún momento se vendrá abajo. – advirtió Jack. – Lo se.
- Y cuando eso ocurra… - interrumpió la doctora. – Todos estaréis ahí para él.
- Por supuesto que sí. – dijo Chad. - ¿QUÉ SOMOS?
- ¡¡¡WILDCATS!!! – contestaron todos.
- ¿QUÉ SOMOS? – gritó Chad.
- ¡¡¡WILDCATS!!! – gritaron los demás de vuelta.
- ¿QUÉ SOMOS? – gritó Chad por última vez.
- ¡¡¡WILDCATS, WILDCATS, WILDCATS!!! – gritaron todos, con grandes sonrisas.
La doctora rió ante el famoso cántico de los Wildcats.
- Jack, Lucille… tenéis un muchacho estupendo. – afirmó. – Y vuestro muchacho tiene los mejores amigos del mundo.
Jack sonrió, al igual que todos los Wildcats.
- Gracias… - contestó Lucille, también con una sonrisa.
- Podéis entrar a ver a Troy. – dijo la doctora. – Pero no le apabulléis mucho. Necesita descansar.
Troy se encontraba solo por primera vez desde que había despertado. Solo con sus pensamientos. Y ahora que estaba solo, incorporado contra varios almohadones, con los ojos fijos en el cielo que se veía más allá de su ventana, tenía miedo.
Porque él era un muchacho de certidumbres. Siempre tenía su próximo movimiento muy decidido antes de hacerlo, siempre conocía lo que la vida le brindaba, y a partir de ahí actuaba. Pero ahora, ahora que no sabía lo que iba a haber en su futuro, tenía miedo. Ahora que en su vida puede que no estuviera el baloncesto, el futuro le asustaba.
"Es irracional, Troy" se dijo a sí mismo. "Te las apañarás, como siempre lo has hecho".
Continuó diciéndose esa frase a sí mismo hasta que sintió que el pensamiento se hacía más fuerte en su interior. Y, solo entonces, sonrió.
Quitando la vista de la ventana, cerró un par de veces los puños de sus manos. Le dolía cada mísero movimiento que hacía. Casi le dolía incluso pestañear. Pero la doctora le había dicho que era normal… al igual que ese cansancio tan potente que sentía, o esa debilidad en sus músculos. Y para colmo de males, tenía muchísima hambre. Pero la doctora no quería dejarle comer hasta más tarde, y ya le había advertido que apenas le darían nada. Por algo así como que su estómago había estado vacío durante demasiado tiempo, y no podían darle demasiado trabajo de una sola vez. Esas cosas las solía entender mejor Gabby…
Gabby…
Troy sonrió. Gabriella estaba allí. ¡Había estado allí todo ese tiempo¿Querría eso decir que… que ellos dos podrían volver a… a como estaban antes? El muchacho sacudió levemente la cabeza. No quería hacerse ilusiones. Aunque la doctora, con un guiño, le había dado a entender que sí.
En ese momento, la puerta se abrió, y Troy volvió tan bruscamente la cabeza que tuvo que esbozar una mueca de dolor. Pero pronto, esa mueca se vio reemplazada por una gran sonrisa al ver entrar a todos sus amigos en tropel y armando mucho ruido. La doctora iba detrás, exigiéndoles silencio, aún sabiendo que nadie le haría caso.
Pronto, todos lo rodearon. Gabriella se sentó en un lado de la cama y tomó la mano de Troy (provocando mariposas en el estómago del muchacho), mientras que Lucille se sentó al otro lado acariciando suavemente su pelo. Jack, por el contrario, se quedó de pie tras la cama de Troy, con una mano en su hombro.
El muchacho sonrió más ampliamente ante tanta demostración de afecto. Claramente, le habían echado de menos. Y se habían llevado un buen susto, pues algunos lo miraban como si se fuera a romper.
- Eh, hermano. – saludó Chad, ofreciendo su mano para que Troy le chocara los cinco, cosa que hizo, aunque débilmente. - ¿Cómo estás?
- Como si me hubiera pasado un camión por encima. – bromeó el muchacho, con un destello divertido en los ojos.
Todos rieron la broma.
- No tiene gracia. – dijo Lucille, aunque con un asomo de sonrisa en las comisuras de sus labios. – No sabes el susto que nos diste, cielo.
- Bueno, mamá, pero ya se ha pasado¿no? – dijo Troy, con voz animada, guiñándoles el ojo a sus amigos. – Y aquí estoy de nuevo, ya estoy bien, y no me voy a romper. No os ibais a librar de mí tan fácilmente.
- Por un momento lo pareció. – dijo Gabriella, con voz suave, conteniendo un escalofrío. - ¿Te ha contado la doctora que casi te desconectan?
Troy rió levemente.
- Algo me ha dicho, sí. – afirmó. – Pobres enfermeras…
- Casi te matan. – intervino la doctora, que aún se veía enfadada cuando le nombraban el tema.
- Pero lo importante es que no lo hicieron. – intervino a su vez Lucille. – Vamos a dejar ya el tema. ¿Cómo te encuentras, cariño?
Y antes de que Troy emitiera ningún sonido, su madre lo paró.
- Que no salga de tu boca la palabra "camión".
Troy cerró la boca de nuevo, y todos rieron.
- ¿Y bien? – insistió Lucille, besando la mejilla de su hijo con cariño.
- Bueno… - dijo Troy, intentando quitar hierro al asunto. – Algo dolorido. Y cansado. Y bastante debilucho… pero por lo demás estoy bien. Pero dejemos de hablar de mí. ¿Qué tal vosotros, chicos¿Ha pasado algo interesante en mi ausencia?
- ¿Aparte de que hemos vuelto locos a todo el hospital? – dijo Kelsie, y todos rieron.
- Algo recuerdo… ¿las enfermeras os llamaban algo así como "los ocupas de la sala de espera"? – preguntó Troy, pensativo.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntaron Jason y Ryan a la vez, desconcertados.
- Bueno… - sonrió Troy. – De vez en cuando podía oíros. Pero no sabría deciros si las cosas que recuerdo son sueños o pasaban de verdad.
En ese momento Troy miró de reojo a Gabriella, recordando un suave roce sobre sus labios, una canción, una caricia…
La mirada no pasó desapercibida para los demás, que sonrieron dulcemente sabiendo exactamente a qué se refería Troy.
- Por cierto. – siguió Troy. – La doctora me contó que no habéis ido al instituto durante todos estos días.
Todos negaron con la cabeza.
- Ejem… o sea que aprovecháis la excusa de que yo esté en coma para escaquearos¿eh? – sonrió Troy.
Jason, como siempre, ajeno a ciertas cosas y a ciertos tonos de voz, replicó.
- No es eso. – dijo. – No te íbamos a dejar mientras pasabas por todo esto.
Todos rieron, y Jason les lanzó una mirada desafiante.
- ¿Qué? – exclamó. - ¡No íbamos a dejar solo a nuestro capitán!
Para nadie pasó inadvertida la sombra de dolor que ensombreció los ojos de Troy, ni el rictus serio que tomó su expresión.
- Bueno… - dijo, suavemente. – Creo que voy a tener que pasar ese testigo a otra persona, Jase.
Todos se pusieron a hablar a la vez.
- … no adelantes acontecimientos…
- … tú eres el único capitán que vamos a tener…
- … no seas tonto…
- … ya vale, Troy…
- … no pienses eso…
- … ¿te crees que te vamos a dejar…?
- … lo vas a conseguir…
Troy comenzó a marearse un poco ante todo el ruido, y la doctora lo notó.
- Bueno, ya basta. – se hizo oír sobre el ruido que estaban armando. – Os he dicho que no lo apabulléis.
Se abrió paso hacia Troy.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó.
Troy sonrió y apoyó la cabeza en los almohadones.
- Si, no se preocupe. – contestó. – Solo estoy un poco cansado.
La doctora abrió la boca para echarlos a todos de ahí de forma que Troy pudiera descansar, pero Troy la frenó con un gesto.
- No… déjelos quedarse cinco minutos más. – pidió.
La doctora sonrió, y asintió.
- Bueno, Wildcat. – sonrió Gabriella, apretándole la mano. – ¿Sabes que tienes toneladas de deberes que hacer?
Troy gruñó.
- ¿No me los pueden perdonar o qué? – se quejó, aunque con una pequeña sonrisa en los labios.
- Entonces suspenderías el curso. – rió Gabriella.
- Bah… ya sabes que no. – contestó Troy guiñándole teatralmente el ojo.
Todos rieron ante el gesto. Típico gesto que Troy siempre hacía a Gabriella cuando exhibía su inteligencia ante ella. Inteligencia que pocas personas sabían que Troy tenía. En el instituto, todos asumían que el chico más popular pasaba los cursos muy justito, como todos los demás populares. Pero no era cierto. La verdad era que los pasaba bastante holgadamente. Y en algunas asignaturas, más que bastante. Y eso sin apenas estudiar.
Ante ese gesto tan natural, Gabriella sintió el impulso que siempre sentía cuando Troy le guiñaba el ojo. Y, cuando se trataba de Troy, normalmente seguía sus impulsos. Así que, con una sonrisa muy dulce, se inclinó hacia Troy y lo besó tiernamente.
Todos sonrieron ante la cara de completa felicidad que se le quedó a Troy tras el beso de la muchacha.
- ¡Troy¡Nos vas a ahogar con tu baba! – bromeó Zeke.
- ¡Si! – dijo Chad. – Ya os vale a vosotros dos, más os vale no empezar como siempre.
- ¡Tendré pesadillas! – dramatizó Taylor, rodando los ojos.
Troy y Gabriella rieron, junto con todos los demás.
- Una cosa. – dijo Troy súbitamente. – Mi coche nada¿verdad¿A la basura?
Jack asintió lentamente.
- Me llevaron a verlo. – explicó. – No tenía arreglo alguno, así que lo tiraron.
Troy asintió.
- Pobre coche… - suspiró. – Aún no me explico como no vi ese camión, ese cruce tiene una visibilidad del 100...
Todos guardaron silencio, observando como Gabriella se tensaba visiblemente. Ese era un tema peligroso…
Troy, ajeno a todo eso, se encogió de hombros.
- En fin… - dijo. – Quizás iba despistado, o un poco en las musarañas… ¡qué le vamos a hacer! Lo hecho, hecho está.
Súbitamente, Gabriella se levantó, con la mirada fija en el suelo. Troy la miró, sorprendido por el movimiento tan brusco.
- V-voy a… - dijo Gabriella, aclarándose la garganta. – A llamar a mi madre. Si, eso. Mi madre. Querrá saber que Troy ha despertado…
Rápidamente, y sin mirar a nadie a la cara, salió de la habitación, dejando un incómodo silencio a sus espaldas.
Troy lo rompió, volviéndose, herido y muy desconcertado, hacia Chad.
- ¿Qué he dicho ahora? – preguntó suavemente.
Por toda respuesta, todos miraron a Sharpay, que se encontraba algo apartada, junto a la ventana, con la mirada obstinadamente fija en el suelo. Después, comenzaron a pasar la vista entre ambos.
Troy, confundido, miró también a Sharpay.
- ¿Shar?
Y su tono no admitía algo que no fuera una explicación.
- ¿Alguien se molesta en explicarme de qué va esto? – preguntó Troy, algo molesto esta vez. - ¿Shar?
Sharpay, sin contestar, lo miró brevemente. Una mirada tan culpable, que Troy lanzó un respingo asustado. Algo malo había hecho la muchacha rubia.
- ¿Sharpay?
Y la muchacha, sin abrir la boca, salió corriendo de la habitación, dejando tras de sí unos muy interrogantes ojos azules.
Hasta aquí hoy, chicos. A ver si puedo poner el siguiente capítulo antes de irme de vacaciones (me voy el sábado). Si no, nos veremos cuando vuelva, a partir del día 7.
Que tengáis unas muy felices Navidades y que comencéis el año con muy buen pie.
¡Un beso, chicos!
