Preparaos algo de beber y un tentempié, porque aquí tenéis el capítulo más largo de todos los que tiene este fic por ahora. ¡18 páginas de Word!
Espero que os guste, jeje…
Al final del capítulo hay una NOTA DE AUTOR que me gustaría que leyerais, pues es importante para mí que lo hagáis.
Saludos para: La.pamzhazuL (¡muchas gracias por tus palabras!), CamiW (¡muchísimas gracias por todo lo que me dices! Me hace muy feliz), Gabriela (¡no llores tanto, que ya no es un fic triste! Jejeje…), Carril (¡gracias!), Mafercita (Troy te da las gracias por estar orgullosa de él, jaja…), Leey Hudgens de Efron (¡Bienvenida! Por cierto, curioso nombre artístico, jeje...).
A los que tenéis cuenta, os he respondido al mail.
Un saludo especial para ANÓNIMO, quien no se si por timidez o por cobardía no ha querido poner un nombre. Siento mucho que mi fic te parezca tan horroroso y tan cursi, pero si quieres un fic de tragedia deberías buscarlo por género y dejarme a mí en paz. Me gustan las críticas, siempre que sean constructivas y siempre que estén razonadas. La tuya ni era constructiva ni estaba razonada. Haz el favor de ser un poco más respetuoso/a, y por supuesto, madura, anda.
DISCLAIMER:High School Musical no me pertenece. Si me perteneciera, os puedo asegurar que ahora mismo estaría en Isle of Man junto con Zac Efron, pasándomelo bien en la compañía de tan increíble muchacho. ;-)
Sin más preámbulos, chicos¡a leer!
Espero que os guste.
Era la hora de la comida en East High. Gabriella, mochila al hombro, miró la fachada del edificio que no pisaba desde hacía casi dos semanas.
Troy había dormido el resto de la mañana, y lo habían despertado para comer. Al ver que Gabriella seguía allí, le había preguntado que por qué no se había ido ya al instituto.
Ante el recuerdo, Gabriella sonrió.
FLASHBACK
- Gabby, no quiero que pierdas más clases por mí. – dijo Troy, seriamente, taladrando a la joven muchacha con la mirada.
- Ya iré mañana, Troy. – suspiró Gabriella. – No es tan malo, sabes que me pondré al día en un minuto…
- No, Gabs. – la interrumpió Troy. – Yo estoy bien, no es necesario que estés aquí como un pasmarote.
- Pero… - intentó protestar Gabriella.
- Nada de peros. – volvió a interrumpir Troy. – Te quiero, y quiero que estés aquí conmigo, pero no voy a dejar que te echen del instituto por mí. Y además, nuestros amigos te echan de menos. Y lo sabes.
Gabriella suspiró lanzándole una mirada descontenta, y Troy sonrió, inclinándose hacia ella.
- Vamos, Gabs. – susurró, cariñosamente. – Hazlo por mí.
Esa mirada… no había forma en el mundo de que Gabriella no cediera ante esa mirada.
Simplemente no podía resistirse al increíble encanto de Troy Bolton.
FIN DEL FLASHBACK
Con un suspiro, Gabriella encaminó sus pasos hacia la puerta principal del instituto, preguntándose como reaccionarían sus amigos al verla allí. La muchacha se preguntó si estarían enfadados después de la forma en que los había tratado estos últimos días… Tras dejar sus libros en su taquilla, la muchacha se dirigió hacia la cafetería, algo insegura. No le gustaba que la gente le prestara atención, y seguro que al entrar todo el instituto se quedaba mirándola.
No se equivocaba. Nada más entrar a la cafetería, el ruido de las distintas conversaciones se aplacó poco a poco, conforme el resto de los alumnos se iban dando cuenta de quién estaba allí. Al final, todo quedó en silencio.
Sonrojándose, Gabriella miró alrededor tratando de vislumbrar a sus amigos.
- ¡Gabby! – se oyó la voz de Sharpay, y varias manos se alzaron entre la multitud. Con un suspiro de alivio, la muchacha se encaminó hacia ellas entre el silencio de la sala, sintiéndose observada, y comenzó a oír distintas cosas en susurros.
"Vaya, la empollona ha vuelto" decía una de las animadoras.
"Sí" respondió la capitana de las animadoras. "La estúpida que tanto daño le hizo a nuestro Troy. ¿Cómo se atreve a volver?".
Gabriella se encogió un poco y siguió avanzando.
"Creía que se había ido" decía una de las chicas del club de drama.
"Que bien que haya vuelto" dijo un chico del Decathlon.
"Pero que chica más horrible…" decía una animadora. "No me extraña que Troy la dejara".
Ante eso, Gabriella levantó una ceja, pues había sido al revés.
"Dicen que fue ella la que mandó a Troy al hospital en primer lugar" dijo otra animadora, sin molestarse en bajar la voz.
Gabriella se volvió hacia ella. Era Lorie, una chica rubia de ojos verdes que se había acostado con la mitad del instituto. Lo había intentado con Troy un par de veces, y siempre había estado muy resentida con Gabriella por haber podido conseguir lo que ella no había podido.
- ¿Qué estas mirando, imbécil? – espetó Lorie, al ver la mirada de Gabriella vuelta hacia ella.
- ¡Oh! – exclamó Gabriella en tono sarcástico, entrecerrando los ojos. – Simplemente me compadecía de ti, tanta envidia debe de pesar en tus hombros. Yo no podría aguantarlo.
- Serás… - Lorie avanzó hacia ella con rabia, pero pronto cinco personas se pusieron alrededor de Gabriella, que los miró asombrada. Chad, Jason, Zeke y Ryan. Lorie paró en seco.
- ¿Algún problema, Lorie? – preguntó Chad, poniendo un brazo sobre los hombros de Gabriella.
- Oh, ninguno, Chad. – contestó la muchacha, sonriendo seductivamente. – Solo iba a darle la bienvenida a Gabriella.
Gabriella hizo rodar los ojos. Por supuesto, Chad era el segundo en popularidad después de Troy. Lorie simplemente TENÍA que coquetear con él.
- De las bienvenidas… - comenzó Chad.
- …nos encargamos nosotros. – terminó Ryan, con una mirada dura hacia la animadora.
- Sus amigos. – dijeron Jason y Zeke, con entusiasmo.
Lorie dio un paso atrás con una mirada descontenta, pero pronto volvió a sonreír seductivamente, les guiñó el ojo a los chicos, lanzó una mirada despectiva a Gabriella y se volvió hacia sus amigas.
- ¿Estás bien, Gabby? – preguntó Chad, tomando a la muchacha de los hombros.
Gabriella afirmó con la cabeza y le lanzó una sonrisa agradecida.
- Gracias, chicos. – susurró.
Chad le revolvió el pelo.
- De nada, hermanita. – rió. – Mientras no esté Troy, nosotros nos encargamos de ti. Anda, ven a comer algo.
El muchacho se volvió hacia el resto del instituto, que seguía mirando a Gabriella y susurrando teorías, insultos y palabras de bienvenida.
- ¿Qué estáis mirando? – espetó. – Volved a vuestros propios asuntos.
Todos a una, los alumnos volvieron a lo que estaban haciendo antes de que Gabriella entrara. Las palabras del equipo de baloncesto eran ley para el resto del instituto. Sobretodo si eran palabras de Troy o de Chad.
- Vamos, Gabby. – dijo Ryan, tomándola por los hombros.
Los cinco muchachos se dirigieron hacia la mesa donde esperaban las chicas.
- Buena actuación, chicos. – rió Kelsie, besando la mejilla de Jason.
- Gabs también estuvo increíble. – rió Taylor. – Con tus palabras le enseñaste una buena lección a esa… a esa… - se detuvo, no sabiendo que insulto escoger.
- Las palabras de Gabriella siempre enseñan lecciones. – murmuró Sharpay, recordando el discurso que la morena le echó en Lava Springs.
Gabriella se sonrojó, y sonrió dulcemente.
- ¿Cómo está Troy? – preguntó Sharpay. Gabriella no pudo dejar de notar los ojos tristes de la muchacha al nombrar al chico.
- Está bien. – contestó Gabriella, sintiéndose ligeramente mal por la muchacha rubia. Entendía como lo debía de estar pasando. – De hecho, está muy bien. Nada que ver con como estaba anoche.
- Oímos muchos gritos. – dijo Chad. – Estábamos preocupados. Y luego, la señora Bolton nos mandó a casa, no sabíamos nada sobre vosotros. Y tu teléfono estaba desconectado, así que no podíamos preguntarte qué había pasado.
- Me lo dejé en casa. – dijo Gabriella, sonrojándose.
- Bueno¿y qué pasó? – preguntó Taylor, impacientándose.
- Pues… - comenzó Gabriella. – Me gritó un rato por no haber aparecido en dos semanas. Después hablamos, y arreglamos las cosas. – la muchacha se saltó a posta la parte del llanto de Troy, pues sabía que al muchacho no le gustaba mostrar esa parte de sí mismo. Hombres… - Hubo un momento en que se puso de pie por sí mismo, y…
- ¡¿De pie?! – exclamó Sharpay.
- ¡¿Por sí mismo?! – casi gritó Chad.
- ¿¿¿En serio??? – preguntaron Taylor y Zeke a la vez, mientras los demás tomaban aire ruidosamente, completamente sorprendidos.
Gabriella afirmó con la cabeza, sonriendo ampliamente, y todos se miraron los unos a los otros intercambiando alegres sonrisas.
- De hecho, Sussy dijo que lo mandarían a casa en tres semanas, y que Troy saldría del hospital andando por sí mismo. – comentó la morena, contenta.
Hubo un montón de exclamaciones de gozo que atrajeron las miradas del resto del instituto hacia ellos de nuevo. Una mirada amenazadora de Chad los devolvió a sus asuntos, y después el muchacho se volvió hacia Gabriella.
- Muchas gracias, hermanita. – dijo, sinceramente. – Gracias, porque se que, sin ti, Troy no hubiera logrado lo que logró anoche.
Gabriella se sonrojó de nuevo. Llevaba sonrojándose todo el día…
- No digas tonterías, Chad. – contestó. – Por supuesto que lo hubiera logrado.
- No. – esta vez fue Sharpay la que habló. – Créeme, estuve con él el día anterior. No lo hubiera logrado sin ti.
La muchacha rubia tenía de nuevo un deje triste en los ojos, y Gabriella bajó la mirada con expresión culpable.
- ¿Estáis otra vez juntos entonces? – preguntó Taylor, esperanzada.
Gabriella, con una mirada de soslayo a Sharpay, afirmó con la cabeza. La mesa estalló en gritos de júbilo, y las chicas excepto Sharpay se lanzaron a abrazar a Gabriella, mientras que los chicos le daban palmaditas en la espalda. Cuando volvieron a calmarse, Chad tuvo que gritar otra vez a la cafetería que metieran la nariz en sus propios asuntos y dejaran de mirarlos.
Fue entonces cuando Sharpay se levantó y se acercó a Gabriella. La morena la miró, un poco asustada, pero el alivio sacudió su menudo cuerpo cuando Sharpay le sonrió. No fue una sonrisa de las que Sharpay solía dar, que era más una mueca que una sonrisa. Fue una verdadera sonrisa la que envió a Gabriella. Y la morena lo supo en ese mismo instante. Supo que, aunque le doliera, Sharpay estaba dispuesta a seguir adelante con su vida, dejando a Troy atrás.
La rubia, entonces, abrazó a Gabriella fuertemente.
- Me alegro mucho por vosotros. – le susurró en el oído, mientras Gabriella le devolvía el abrazo. – Es un gran chico. Es el mejor chico que vas a encontrar en tu vida. Cuídalo bien y no lo dejes marchar¿vale?
- Lo haré. – sonrió Gabriella, con lágrimas en los ojos, notando las propias lágrimas de Sharpay en su cuello. – Dalo por seguro.
Jack Bolton entró a la habitación de su hijo, silenciosamente. El muchacho se encontraba concentrado en uno de sus libros de física, con un cuaderno al lado, haciendo unos ejercicios.
Jack se acercó y carraspeó sonoramente.
Troy levantó la mirada hacia él y le sonrió fugazmente, para volver de nuevo al libro.
Jack se sentó al lado de su hijo y lo observó un rato hacer sus ejercicios, pues no quería interrumpirlo. A Jack le maravillaba la facilidad con la que Troy manejaba las fórmulas físicas a su antojo, convirtiendo un problema de dimensiones épicas en una sencilla solución. Casi nunca se equivocaba.
Eso era otra de las cosas por las que Jack se enorgullecía de su hijo. Su inteligencia. La gente reconocía su talento con el baloncesto, pero había más, mucho más tras su apariencia de chico popular. El muchacho tenía una mente brillante. No tan brillante como la de Gabriella, que no tenía problema alguno en ninguna asignatura o tema, pero lo bastante como para poder entrar a la universidad con una beca académica en vez de con una beca de baloncesto. Aunque eso era algo que Troy no creía de sí mismo, su padre lo sabía. Lo sabía, porque el director Matsui le había dicho hacía unos días que un par de universidades se habían interesado por el expediente de Troy como posible candidato para una beca académica. Y eso era algo que casi había hecho explotar de orgullo a Jack Bolton.
Por fin, Troy cerró el libro y el cuaderno y los dejó a un lado para después recostarse contra los almohadones con un suspiro de cansancio.
- ¿Cómo va todo? – preguntó Jack entonces, señalando el montón de libros que Troy tenía acumulados a su alrededor.
- Bueno… - dijo Troy, vagamente. – No se acaban…
Jack rió. Su hijo sería brillante, pero también era bastante vago a la hora de hacer los deberes del colegio. Siempre lo había sido. Troy siempre había preferido estar afuera, en la calle, trepando a los árboles (Jack tenía muchos recuerdos de cuando Troy era más pequeño), corriendo alrededor de la manzana o jugando al baloncesto con sus amigos.
De pronto, Jack recordó el motivo por el que estaba allí, el motivo por el que había pedido a su mujer que lo dejara a solas con Troy.
- Troy, hijo, yo quería hablar contigo sobre algo. – comentó, poniéndose serio.
Troy levantó la vista hacia él, desconcertado.
- Bueno, pues… dime. – lo animó.
- Ayer… - comenzó Jack, preguntándose como se tomaría su hijo el que lo hubiera "espiado" con Gabriella el día anterior. – Ayer os escuché hablar a ti y a Gabriella sobre… bueno, sobre mí.
Troy pareció sorprendido durante un instante, y después bajo la vista de forma que su padre no podía ver su expresión.
- ¿Oíste… eso? – preguntó en voz baja, con un deje de incertidumbre y vergüenza en la voz.
- Sí, Troy. – confirmó Jack. – Y me gustaría hablar contigo sobre el tema. Quería preguntarte algo.
Jack guardó silencio un instante, y ante el silencio Troy levantó lentamente la mirada hacia su padre. Jack se fijó en su gesto. Era un gesto muy vulnerable, entre sorprendido, asustado, preocupado y avergonzado.
- ¿Cómo pudiste pensar…? – comenzó Jack, pero no pudo terminar, así que lo volvió a intentar. - ¿De verdad creías que me habías decepcionado, hijo?
Troy bajó la mirada. No se le había escapado el brillo de dolor en los ojos de su padre, y supo que tenía que tratar el tema con muchísimo tacto.
- Papá, yo… - comenzó, buscando las palabras. – Papá, estos días han sido un verdadero infierno para mí. Con todo este asunto del accidente he sido puesto a prueba de mil maneras posibles. Ha sido muy duro, y he llegado a sentirme realmente perdido. La mitad de las veces no sabía que pensar sobre mí mismo, mucho menos sabía que pensar de los demás. Especialmente de ti. Tenía… TENGO tanto miedo de que algún día sientas que te he defraudado, que no he hecho suficiente, que…
Troy se interrumpió y cerró los ojos fuertemente.
- Papá, tú eres la figura central de mi vida, a quien miro, a quien tomo de ejemplo para guiar mis acciones. – dijo, suavemente. – Y has hecho tanto por mí, por darme lo mejor siempre, por encaminarme hacia el mejor futuro posible… Supongo que, de alguna forma, estos días sentía que todo ese esfuerzo tuyo lo había echado a perder, que había fracasado en esa relación padre-hijo en la que el padre pone los medios y el hijo la acción. Yo… joder, no se ni si lo que estoy diciendo tiene sentido.
- No digas palabrotas. – le reprendió su padre automáticamente, arrancando una sonrisa avergonzada de Troy.
Jack sonrió a su vez, y se levantó para sentarse más cerca de su hijo, en el borde de su cama.
- Troy. – dijo Jack, revolviéndole el pelo. – Ese razonamiento tiene mucho sentido, pero en tus percepciones faltó algo, lo más importante. Supongo que se te escapó porque aún no eres padre, pero se que en el fondo lo sabes, y que también en esos momentos de duda lo sabías.
Troy levantó la mirada hacia su padre, interrogante.
- Hijo, se te escapó precisamente que soy tu padre, no tu entrenador, tu profesor, o uno de tus fans del instituto, que se que los tienes. – bromeó Jack, arrancando un leve sonrojo de Troy un una sonrisa avergonzada. – Ante todo eres mi hijo, Troy. No el capitán de los Wildcats. Mi hijo. ¡Y te quiero! Más de lo que te puedas imaginar.
Troy fue a hablar, pero Jack lo paró con un gesto.
- Estoy orgulloso de ti, Troy. – explicó. – Estoy orgulloso del hombre en que te has convertido, de lo que eres en realidad. No de que juegues bien al baloncesto o de que saques buenas notas, que también, por supuesto. Pero más que nada mi orgullo eres tú mismo. El jugar al baloncesto, las notas, tu popularidad… todo eso no importa. Eres tú, Troy, de quien estoy orgulloso. No de tus aptitudes. ¿Entiendes?
Tras unos segundos, Troy asintió lentamente; y, acto seguido, sorprendió a su padre haciendo algo que no hacía desde que era pequeño: lanzarse a sus brazos. Jack sonrió y le devolvió el abrazo, sintiendo tal oleada de cariño hacia su hijo que sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Te quiero, papá. – susurró Troy, con la voz ahogada contra el pecho de su padre.
- Yo también te quiero, Troy. – susurró Jack a su vez con una sonrisa. – Más de lo que te puedas imaginar.
Tres semanas después…
- Troy¿estás listo? – preguntó Jack Bolton, entrando a la habitación con los papeles del alta en la mano.
El muchacho se encontraba sentado en la cama, vestido con unos vaqueros apretados, una camiseta negra de manga corta y unas zapatillas de deporte. Levantó la mirada hacia su padre y le lanzó una de sus sonrisas "made in Troy".
- Pues claro que sí. – respondió, apoyando los pies en el suelo y levantándose rápidamente para avanzar hacia su padre.
Jack le sonrió, infundiéndole ánimos. Su paso todavía era a veces un poco inseguro, pero ya había recuperado incluso los ademanes y gestos que solía hacer al andar antes del accidente. Poco a poco, todo estaba volviendo a la normalidad. Solo faltaba el baloncesto…
- Pues vamos, hijo. – dijo Jack, pasando un brazo por los hombros de Troy en un gesto de cariño y saliendo de la habitación.
Por el pasillo, se encontraron con la doctora Darrell.
- Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí. – sonrió la mujer.
- Hey, Sussy. – sonrió Troy a su vez. – Siempre me preguntaré qué haces trabajando los sábados. Aunque me alegro de que estés aquí, para despedirme de ti.
- Te vamos a echar de menos. – le dijo la mujer, con una mirada de cariño.
Troy rió.
- Por raro que parezca, yo también os voy a echar de menos. – dijo Troy. – Anda, dame un abrazo.
Riendo, la mujer se dejó atrapar por los brazos de Troy, y sintió que los ojos querían llenársele de lágrimas, aunque las aguantó valientemente. Troy le recordaba tanto a su hermano… era cierto que lo iba a echar mucho de menos.
- Vaya, gracias. – dijo cuando Troy la soltó, esbozando una gran sonrisa. – ¡Ya puedo decir que he abrazado al gran Troy Bolton! Cualquier chica mataría por estar en mi posición.
Troy rodó los ojos, sin dejar de sonreír.
- Vendré a veros todos los días. – dijo Troy solemnemente. – No os libraréis de mí tan fácilmente.
- Claro que sí, todavía tienes que venir a la rehabilitación. No finjas que es por nosotros, porque ambos sabemos que no es así. – rió la doctora. – Anda, vete ya, que seguro que estas deseando salir de aquí.
- ¿Me estás echando? – dijo Troy, fingiéndose ofendido.
La doctora volvió a reír.
- ¿Crees que sería capaz de echar a un chico tan guapo como tú? – dijo, guiñándole el ojo.
- ¿Estás intentando ligar conmigo, entonces? – bromeó Troy. – Porque, sabes, tengo novia.
- ¡Troy! – exclamó ella, poniéndose las manos en la cintura.
- Vale, vale, ya me voy. – rió él. – Hasta otra, Sussy.
- Adiós, Troy.
La mujer observó al muchacho y a su padre mientras caminaban pasillo abajo. Antes de torcer la esquina, Troy se volvió hacia ella una vez más.
- ¡Sussy! – la llamó.
La doctora le hizo un gesto con la mano para mostrarle que le escuchaba.
- Gracias por todo.
La doctora Darrell podía ver la mirada solemne y sincera de Troy en ese momento, y supo lo que le estaba diciendo realmente.
"Gracias por salvarme la vida".
La mujer asintió con la cabeza, y Troy le sonrió una última vez antes de doblar la esquina y desparecer de su vista. La doctora se volvió, y esta vez no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas.
- Te vamos a echar de menos, Troy Bolton. – susurró para sí misma. – Realmente te vamos a echar de menos.
Troy se encontraba sentado en el asiento del copiloto del coche de su padre, mientras éste conducía de vuelta a casa. Conforme pasaban por las calles, Jack le iba preguntando a Troy cosas sobre la conducción, para asegurarse de que eso era algo que el muchacho sí recordaba. Tenía que hacer eso con todas las cosas que Troy solía hacer antes, no fuera que se encontraran con algo más que no recordaba.
- ¿Para cambiar de marcha? – preguntaba en ese momento Jack.
- Pisar el embrague, cambiar la marcha, ya sea a más o a menos, y después ir soltando el embrague poco a poco. – respondió Troy con voz monótona. – Papá, que me acuerdo de conducir¿vale? Si no me acordara te lo diría. ¿Crees que voy a conducir un coche sin saber hacerlo después de lo que me ha pasado? Ni hablar…
- Vale, vale, Troy. – contestó Jack. – Tenía que preguntar, por si acaso.
De hecho, Troy estaba sintiéndose un poco incómodo sentado en el asiento del coche. No había subido a un coche desde su accidente, y la verdad era que le había cogido un poco de respeto.
Jack notó el gesto tenso de su hijo, y lo miró de soslayo, preocupado.
- Estás tenso. – observó. - ¿Estás bien?
Troy asintió con la cabeza.
- No te preocupes. – dijo suavemente. – Solo estoy un poco incómodo. No había montado en coche desde…
No hubo necesidad de seguir. Jack asintió, comprensivo, y lo dejó estar.
Continuaron avanzando por las calles de Alburquerque, y Troy cada vez estaba más tenso. Jack lo observaba de reojo, un poco preocupado por la reacción que estaba teniendo el muchacho.
No fue hasta que torció la esquina que llevaba al West High que comprendió por qué. Irónicamente, se estaban dirigiendo en ese mismo instante derechos hacia el cruce donde Troy había tenido el accidente.
"Mierda…" pensó Jack, increpándose a sí mismo interiormente que no se hubiera dado cuenta antes. Ahora era demasiado tarde para dar marcha atrás.
Pronto, llegaron al semáforo del cruce, el mismo que Troy había tenido en verde el día del accidente, mientras que el otro semáforo de los coches que cruzaban del otro lado estaba en rojo, siendo ese el que el camión se había saltado aquel fatídico día.
Jack se dispuso a cruzar la calle, deseoso de pasar por eso lo más rápido posible.
Justo cuando estaban en medio del cruce, el sitio donde Troy había sido arrollado, un violento y vívido recuerdo asaltó la mente de Troy: un inmenso camión viniendo a toda velocidad hacia él, un fuerte golpe, un gran dolor…
Troy dio un violento respingo sobresaltando a su padre, y se tapo la cara con las manos, respirando entrecortadamente.
- ¿Troy? – lo llamó Jack, ahora inmensamente preocupado. - ¿Troy? No pasa nada, Troy. Troy¿me estas escuchando¡Troy!
El muchacho sollozó entre sus propias manos, sin dejar de temblar.
- Troy, por favor… - Jack aparcó en el primer sitio que vio y apagó el coche. – Troy, hijo…
El hombre se soltó el cinturón y soltó el de su hijo, para atraerlo hacia sí mismo.
- Troy… - susurró en el oído del muchacho, que seguía temblando y sollozando, inmerso en un tremendo ataque de nervios. – Ssshhh, tranquilo… no pasa nada. No pasa nada, hijo, estás bien, estás a salvo, no pasa nada…
Poco a poco, Troy se fue tranquilizando, fue tomando conciencia de donde estaba y de lo que había pasado, hasta que al final, y aún temblando, se separó de su padre. Sin levantar la vista, volvió a sentarse correctamente y abrochó su cinturón.
- ¿Podemos irnos de aquí? – preguntó en un susurro. - ¿Por favor?
Jack asintió con la cabeza rápidamente, e imitó a su hijo mientras arrancaba rápidamente el coche, ansioso por dejar atrás esa maldita calle. Pronto estuvieron lejos de allí.
Jack miró de reojo a su hijo, que había apoyado la cabeza en el respaldo y tenía los ojos fuertemente cerrados. Cuando quedaban dos calles para llegar a su casa, Jack reunió el valor para hablar.
- ¿Estás cansado? – preguntó, viendo a Troy frotarse los ojos.
- Un poco. – contestó el muchacho, lanzándole una leve sonrisa.
"Pues en casa te espera una buena…" pensó Jack, recordando la fiesta sorpresa que le tenían preparada sus amigos.
- Esto… papá… - dijo Troy, sonrojándose. – Siento lo de a…
- Ni lo menciones. – lo cortó su padre. – Es comprensible, y culpa mía por no haberme dado cuenta de hacia adónde nos dirigíamos.
Troy suspiró, y dejó el tema.
Pronto, Jack aparcó en el garaje de su casa, y Troy respiró aliviado.
Estaba de vuelta. ¡Estaba en casa!
Con una leve sonrisa, Troy bajó del coche y se estiró un poco. Su padre lo observó con una gran sonrisa.
- ¿Feliz de estar en casa? – preguntó.
- Mucho. – respondió Troy con un guiño. – Vamos adentro, mamá debe de estar esperándonos…
- Ssshhh… ¡que viene! – dijo una voz en la penumbra de la sala de estar de los Bolton.
- Ya sabéis lo que hay que hacer¿eh? – siseó otra voz.
- Ssshhh¡callad! – siseó otra más, al escucharse varias risitas tontas.
Todo se quedó en silencio, mientras los ocupantes de la sala de estar escuchaban a la madre de Troy saludar a su marido y a su hijo.
- ¡Bienvenido a casa, Troy! – decía en ese momento.
- ¡Gracias, mamá! – se escuchó la voz del muchacho. – Me alegro de estar de vuelta.
- Te he preparado algo de comer, está en la sala de estar. ¿Tienes hambre?
- ¿Comida de verdad? – rió Troy.
- Comida de verdad. – le aseguró su madre, riendo también.
- No puedo esperar. – siguió bromeando Troy.
- Pues venga, hijo. – dijo Jack. - ¡A cenar! Yo también tengo bastante hambre…
Se escucharon pasos hacia la sala de estar, y los ocupantes de la misma se agitaron excitados y se pusieron en tensión.
La puerta se abrió lentamente, y la suave risa de Troy se escuchó claramente en el interior de la sala de estar. Pronto, todos vieron la silueta del muchacho, vuelto hacia atrás mirando a sus padres, que venían justo por detrás de él.
El chico alargó la mano hacia la luz, y al mismo tiempo que ésta inundaba la sala…
- ¡¡¡¡¡¡SORPRESAAAAA!!!!!!
Del susto, Troy dio un salto hacia atrás tan fuerte que chocó con su padre y ambos cayeron al suelo. El muchacho quedó sentado sobre su padre, con la boca abierta de par en par en un gesto muy cómico, y pronto varios flashes de cámaras de fotos se reflejaron por la habitación, a la vez que toda la sala estallaba en risas.
Al ver los flashes, Troy reaccionó y se levantó rápidamente.
- ¡Eh! – exclamó. - ¡Esas cámaras las quiero ahora mismo en mi poder!
- ¡Ni lo sueñes, Bolton! – gritó uno de los chicos del club de golf, mientras más risas sonaban por doquier.
Troy miró a su alrededor. Casi todo el instituto estaba ahí, apretujado en su sala de estar. Animadoras, empollones, jugadores de fútbol, de golf, de baloncesto, skaters¡incluso profesores! Los muebles estaban todos contra las paredes, una gran pancarta con las palabras "BIENVENIDO, CAPITÁN" colgaba del techo, y había comida y bebida por todas partes. Pronto, varias manos lo agarraron y lo introdujeron en la multitud, mientras que alguien le daba un vaso vacío y se lo llenaba de Coca Cola.
Jack se levantó lentamente del suelo frotándose la espalda.
- Ya estoy viejo para estas cosas… - refunfuñó, volviéndose hacia su mujer. - ¿Qué hace aquí todo el instituto? Se supone que iban a ser solo sus amigos…
- Bueno… - comenzó Lucille. – Parece ser que se corrió la voz, y nadie quiso perdérselo.
- Ya se ve, ya… - suspiró Jack. – Luego nos va a tocar limpiar¿lo sabías?
- Probablemente… - rió Lucille. – Pero mírale.
Jack observó a Troy, que reía animadamente rodeado de un montón de gente. Sus ojos brillaban, sus mejillas estaban sonrosadas, y se le veía muy feliz.
- Sí. – concedió Jack, mirando a su hijo con cariño. – Merece la pena.
Troy buscó entre la multitud. ¿Dónde estaban sus amigos?
Al fin vislumbró el inconfundible pelo de Chad al otro lado de la sala, y se encaminó hacia allí, siendo parado cada segundo por diferentes personas dándole la bienvenida. Tardó un buen rato en conseguir hacerse visible para ellos, pues todo el mundo quería hablar con él.
Sus amigos lo vieron acercarse y lo saludaron con los brazos, pero cuando Troy, sonriendo al verlos, estaba a punto de alcanzarlos, una chica se le tiró al cuello, haciéndolo casi perder el equilibrio.
- Oh, Troooooy… - era Lorie, del equipo de animadoras. - ¡Te he echado taaaanto de menos…!
- Ehm… - balbuceó Troy, intentando soltarse del agarre de la muchacha. – Gracias, Lorie. Esto… discúlpame… ¿podrías soltarme?
La muchacha hizo un puchero.
- Pero Troooooy¿no me has echado de menos? – dijo con voz seductora.
- Esto… pues… - Troy se vio en una encrucijada, y levantó las cejas, inseguro. - ¿Si?
- Oooooh, pues claro que me has echado de menos. – siguió hablando la chica, y se puso de puntillas intentando alcanzar los labios del chico, que, horrorizado, volvió la cara dejándole la mejilla.
Lorie volvió a hacer un puchero, y Troy le lanzó una sonrisa insegura.
- Discúlpame. – dijo, desembarazándose al fin de la chica y acercándose rápidamente a sus amigos con una mirada desesperada.
- Gracias por ayudarme con eso. – soltó nada más llegar, y los Wildcats rieron.
- ¡Bienvenido, capitán! – exclamaron todos a la vez, arrancando una sonrisa de los labios de Troy, que se volvió hacia Gabriella y la abrazó dulcemente.
- Bienvenido, Wildcat. – le susurró ella al oído. – Bienvenido a casa.
Troy sonrió, y esta vez fue él el que se agachó buscando los labios de la chica. Ambos se unieron en un dulce beso, y la sala quedó momentáneamente en silencio. Troy y Gabriella se separaron, y, aún abrazados, miraron a su alrededor. Por supuesto, todo el instituto sabía que habían roto, pero no se habían enterado de su reconciliación.
Gabriella vislumbró a Lorie entre la multitud, con un gesto asesino en el rostro, y no pudo evitar sonreír.
Pronto, toda la sala excepto algunas animadoras rompió en un tremendo aplauso, y se oyeron muchos gritos de alegría.
- ¡La pareja de oro ha vuelto! - exclamó alguien del grupo de los skaters, haciendo que la mitad de la sala irrumpiera en risas.
Troy y Gabriella se miraron, y se echaron a reír, al igual que todos los demás. Un segundo más tarde, ambos se volvieron hacia el resto de sus amigos, que los miraban sonrientes. Taylor y Kelsie incluso tenían lágrimas en los ojos, mientras que Sharpay simplemente sonreía, contenta de verlos tan felices.
Chad se levantó del sillón donde estaba sentado, y se acercó a chocarle la mano a Troy. Acto seguido, le dio un fuerte abrazo.
- Bienvenido, hermano. – le dijo cuando se separaron, revolviéndole el pelo.
Troy le sonrió.
- Has invitado a todo el instituto a mi casa. – observó.
- ¡No fui yo! – se quejó Chad, y Taylor levantó la mano para pegarle un fuerte pescozón. - ¡Ouch¡Mujer, eso duele!
- Pues no mientas. – le riñó Taylor, y todos rieron.
- ¡Vale, vale! – exclamó Chad. – Puede que se me escapara que íbamos a prepararte una fiesta sorpresa, y… bueno… todo el mundo se apuntó.
- No pasa nada. – rió Troy. – Me alegro de verlos a todos.
- ¿Incluso a Lorie? – preguntó Gabriella con un deje de celos.
- De ella podría haber prescindido. – suspiró Troy, cogiendo a la morena de la cintura y acercándola a él.
La muchacha se dio por satisfecha con la respuesta.
Un par de horas más tarde, Jack comenzó a echar a la gente, a sabiendas de que su hijo necesitaba descansar. Pronto, solo quedaron Chad, Taylor, los hermanos Evans, Zeke, Jason, Kelsie y Gabriella.
Troy se recostó en el sillón en el que estaba sentado con un suspiro de alivio, y sus amigos rieron. Gabriella, que estaba sentada al lado de Troy, se acurrucó contra él.
- ¿Cansado, Wildcat? – preguntó dulcemente.
- Un poco. – reconoció Troy, con una sonrisa. – Pero ha merecido la pena. Me lo he pasado realmente bien.
- Y mejor me lo voy a pasar yo limpiando. – dijo la voz sarcástica de Lucille Bolton, asomando la cabeza y observando el lío de salón que le habían dejado los alumnos del East High. – Chad, la próxima vez que decidas montar una fiesta, o alquilas un local o no invitas a nadie más además de vosotros.
- Lo siento, señora Bolton. – dijo Chad, teniendo la decencia de mostrarse avergonzado.
- Al menos me ayudarás a limpiar¿verdad? – bromeó Lucille, riendo al ver la cara de susto que ponía Chad.
Gabriella se levantó.
- Todos podemos ayudar. – dijo, arremangándose. – Entre todos, esto estará listo en un santiamén.
Taylor también se levantó, junto con Kelsie, Ryan y, sorprendentemente, Sharpay.
- Sí, entre todos lo haremos más rápido. – dijo esta última, sorprendiendo a todos.
- ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi hermana? – rió Ryan.
- Oh, cállate, Ry. – le espetó Sharpay, mientras todos reían.
- Yo también quiero ayudar. – intervino Troy, levantándose rápidamente y arrancando un montón de exclamaciones de negación a su alrededor. - ¿Por qué no?
- Troy, acabas de salir del hospital. – dijo Gabriella. – Tienes que descansar.
- Debes tomártelo con calma, hijo. – dijo Lucille.
- Nosotros nos las apañaremos muy bien sin tu ayuda. – dijo Taylor.
- Sí, no te preocupes. – dijo Kelsie.
- ¡Pero…! – quiso protestar Troy.
- Pero nada. – dijeron Gabriella y Lucille, ambas con el mismo tono de voz, lo que les valió una mirada de burla por parte de Troy.
En ese momento, tocaron al timbre.
- ¡Jack! – llamó Lucille.
- ¡Ya abro yo! – se escuchó la contestación del entrenador.
- Mamá, Gabriella… - llamó Troy, algo molesto. – Estoy cansado, sí, pero no agotado. Puedo ayudar. Os prometo que si veo que no puedo más pararé.
- Troy… - comenzó su madre.
- No, mamá. – la cortó Troy, más serio que nunca. – No te atrevas a tratarme de forma diferente solo porque haya pasado todo esto. No te atrevas.
Lucille miró a su hijo y lo vio cambiado. Más mayor, más maduro, más serio, más responsable, más hombre… más fuerte. Con un suspiro, asintió.
- Vale, pero si te cansas… - comenzó.
- Si me canso pararé. Lo se. – la cortó Troy, rodando los ojos.
En ese mismo instante, la puerta del salón se abrió, dejando pasar a María Montez y a los señores Danforth.
- Hola, Lu. – saludó María. – Hola, chicos.
- Vaya, hola, chicos. – saludó Lucille a su vez, un poco sorprendida.
- ¿Mamá? – dijo Gabriella. - ¿Qué haces aquí?
- Bueno, cuando me contaste que ibais a celebrar una fiesta me figuré que el estropicio sería grande, así que he venido a ayudar. – explicó María. – Y he traído refuerzos. – dijo señalando a los señores Danforth.
- Cuando María nos llamó, enseguida accedimos. – explicó la señora Danforth. – Como conocemos a nuestro hijo, sabemos que si él da una fiesta, se arma un grandísimo lío. Así que aquí estamos…
- Vaya, gracias. – contestó Lucille. – Aunque no era necesario…
- Tonterías. – dijo María, arremangándose con el mismo gesto con el que lo había hecho su hija, arrancando una sonrisa de los labios de Troy. - ¿Por dónde empezamos?
Pronto, todos estaban trabajando. Los chicos recogían la basura, las chicas barrían, fregaban y pasaban la aspiradora por los sillones, las madres limpiaban los muebles y los padres los movían a su sitio original. En media hora, todo quedó completamente limpio.
- ¡Ya está! – dijo Jack, secándose el sudor de la frente y sonriéndole al señor Danforth con camaradería. – Ya está todo en su sitio.
- ¡Buen trabajo a todos! – sonrió Lucille, buscando a su hijo con la mirada para asegurarse de que estaba bien.
De hecho, Troy sonreía. Estaba extenuado, pero el movimiento y el esfuerzo le habían sentado muy bien.
Todos sonrieron cuando Troy se tiró contra el sillón, arrastrando a Gabriella con él hasta sentarla sobre sus rodillas.
- ¡Pero qué monos que son! – sonrió la señora Danforth, arrancando un ligero sonrojo de las mejillas de ambos chicos.
Chad intentaba ocultar la risa, y cuando Troy le miró, formó con los labios la palabra "monos", recibiendo de vuelta una mirada asesina por parte del muchacho.
- Bueno… - dijo Taylor. – Creo que deberíamos irnos ya, chicos.
- Sí. – coincidió María. – Estoy segura de que Troy necesita descansar.
Gabriella, obedientemente, se levantó, y Troy lanzó una exclamación de protesta.
- Mañana vendré a pasar el día contigo¿vale, Wildcat? – dijo la muchacha, besándolo en la mejilla.
- ¿Lo prometes? – le susurró Troy con una sonrisa.
- Lo prometo. – afirmó Gabriella.
Troy la tomó suavemente por la nuca para darle un dulce beso en los labios, y se escucharon varios carraspeos por parte de los adultos que hicieron sonreír a Troy y sonrojarse a Gabriella.
- Vamos, Gabby. – dijo María, tomando a su hija por los hombros. – Descansa, Troy.
- Lo haré. – respondió el muchacho.
Con un gesto de despido hacia los demás, las dos salieron de la sala de estar.
Los señores Danforth hicieron lo mismo con Chad, y el resto de los amigos los siguieron tras despedirse de los Bolton.
Solo quedaron Jack, Lucille y Troy.
Los tres se miraron, sonrientes, y pronto se unieron en un abrazo, Troy entre sus dos padres.
- Bienvenido a casa, hijo. – susurró Lucille. – Bienvenido a casa.
Una hora más tarde, Troy se tiró contra su cama, vestido solo con un ligero pantalón de pijama, y miró a su alrededor.
Por fin estaba de nuevo en su habitación. Su cama, su ropa, su baño, sus cosas. Sin médicos o enfermeras despertándolo en mitad de la noche para reconocerlo, sin desayunos horribles y comida acartonada de hospital, sin esas cuatro paredes blancas tan dolorosamente tristes.
Sí, se alegraba de estar de vuelta.
Pero, de alguna forma, algo lo estaba molestando.
Troy siguió observando su entorno, preguntándose que sería lo que le hacía sentir agobio y amargura. Al final, lo comprendió, y esa comprensión le trajo aún más amargura.
Lentamente, Troy se levantó, fue hacia el armario y cogió una manta. Más lentamente todavía, el muchacho se acercó hacia la estantería llena de sus trofeos de baloncesto, la cual estaba enfrente de su cama, y, tras una última mirada que le llenó de añoranza y tristeza, extendió la manta sobre ellos, tapándolos todos.
Observando su obra, Troy suspiró tristemente y volvió a su cama, acurrucándose entre las mantas. Unos segundos más tarde, apagó la luz y se sumió en un sueño agitado, repleto de pelotas de baloncesto, trofeos llenos de polvo y telarañas, y canastas inalcanzables.
Y hasta aquí el penúltimo capítulo. Ya solo queda el último capítulo y el epílogo para dar por finalizada esta historia.
Espero que pueda actualizar pronto, chicos, porque lo cierto es que estoy muy ocupada con la universidad.
AVISO IMPORTANTE: Cuando termine esta historia, voy a rescribirla por completo. Es que los primeros capítulos son horribles. Cuando los escribí, no pensaba que esta historia podía tener la repercusión que ha tenido, y por eso no me los trabajé demasiado. Si os dais cuenta, la historia ha ido subiendo en complejidad y en detalles conforme van pasando los capítulos. Por eso, voy a rescribir la historia. Para nivelarla, y para añadir complejidad al asunto, por ejemplo, de Gabriella y al por qué rompió con Troy.
Cuando la rescriba, la volveré a publicar en castellano, y después la traduciré al inglés para publicarla también en ese idioma.
Que me esté tomando tantas molestias por "Sentimiento De Pérdida" es gracias a vosotros, a vuestro apoyo y a vuestro cariño, sin los cuales esta historia no sería lo que es ahora.
¡Muchas gracias a todos!
¡Nos vemos pronto!
