Bueno, chicos… aquí estoy con el ultimísimo capítulo de esta historia... Increíble, ¿verdad? Pensaba que no iba a llegar nunca, pero aquí está el final. Me da pena y todo… Sniff…

En fin, dejando de lado las tonterías, contesto reviews por última vez:

Gelen: ¡Hola, guapísima! Muchas gracias por haber estado conmigo todo este tiempo, acompañándome en la dificultosa tarea de traer a la vida estos maravillosos personajes. Por fin hemos llegado al final, ¿verdad? Como ya dije en el capítulo anterior, voy a traducir un par de historias que me han encantado del inglés al español. Me gustaría que las leyeras, si no es mucha molestia. Espero verte en ellas, ¿vale? Un beso muy grande, y gracias de nuevo por todo el apoyo que me has dado.

CamiW: ¡Muchas gracias por todo! Y por tenerla en tus favoritos también. Me hace mucha ilusión. Gracias por acompañarme en esta aventura, y espero que sigas por ahí leyendo las demás. Sobretodo me gustaría pedirte, al igual que a Gelen, que leyeras las traducciones que voy a hacer del inglés al español de estos dos fics que me han gustado tanto. Espero verte por allí cuando empiece. ¡Besos, y gracias por todo!

Gabriela: ¿Te llamas así de verdad? Simple curiosidad, jeje… Si es así, te llamas igual que la protagonista, ¿eh? ¡Qué guay! En fin, que gracias por leer todo este tiempo, y pedirte, igual que a Gelen y CamiW, que te quedes conmigo mientras publico las traducciones que prometí publicar en el anterior capítulo. Me gustaría mucho verte por allí. ¡Gracias por todo, y muchos besos!

Mina: ¡Hola, y gracias por volver! Me alegro muchísimo de volver a verte, y de que te haya gustado. Si te apetece, puedes pasarte también por las traducciones que estoy a punto de publicar de dos fics que me han encantado en inglés. Como quieras. ;-) ¡Muchas gracias por todo el apoyo, y muchos besos!

Que os vaya genial a todos. ¡Os quiero! :-D


DISCLAIMER: Nada de lo que ha aparecido en este fic que corresponda al universo de High School Musical me corresponde. Todo es propiedad de Disney, y no pretendo adueñarme de nada de eso.

En cuanto a este capítulo, la universidad de UCLA no es mía, así como tampoco son míos Los Ángeles Lakers, ni Kobe Bryant, ni Pau Gasol. El Cedars-Sinai Medical Center tampoco me pertenece, al igual que tampoco me pertenece Zac Efron (que pena… lo que podría yo hacer con Zac Efron si me perteneciera… ;-P (Es broma)). Creo que no me olvido de nada, pero supongo que captáis lo que quiero decir.


AVISO: Hay una palabra malsonante en este epílogo. Espero que me perdonéis. ;-)


Dedico el fic completo a Juan, mi novio, que ha estado apoyándome y leyendo esta historia desde el principio, haciéndome el comentario crítico de cada capítulo para que, así, pudiera mejorar. ¡Muchas gracias por todo, cariño! Te quiero. Esta historia es para ti.

Y ahora, a leer…


SEIS AÑOS DESPUÉS

El sonido de un despertador irrumpió en la tranquilidad de la mañana otoñal de un pequeño piso en la ciudad de Los Ángeles. En la cama cercana a la pequeña mesita de noche donde el despertador estaba situado, dos figuras entrelazadas se estiraron un poco, y un brazo salió de debajo de las mantas y buscó a tientas el despertador para apagarlo de un pequeño golpe.

El mismo brazo agarró suavemente las mantas y las retiró un poco, dejando ver dos cabezas: una de bucles castaño oscuro, casi negros; otra de mechones castaño claro. En la suave luz que entraba por un par de rendijas en la persiana, dos pares de ojos, unos azul hielo, los otros color avellana, se encontraron.

- Buenos días. – susurró Troy, alzando suavemente su mano para acariciar la mejilla de Gabriella.

- Buenos días. – contestó ella, en el mismo tono de voz, mientras se acurrucaba contra el pecho de Troy.

El muchacho la acogió entre sus brazos y comenzó a acariciar suavemente su espalda desnuda, bajando con cada caricia cada vez más la mano, enviando escalofríos por todo el cuerpo de la muchacha.

- Hoy es el gran día. – comentó él, sin abandonar las caricias.

- Mmmhm… - afirmó Gabriella, concentrada en las expertas manos que acariciaban su piel.

- ¿No estás entusiasmada? – preguntó Troy, notando, con una sonrisa, como el cuerpo de Gabriella respondía ante sus caricias. – Hace años que no aparecemos por allí.

Gabriella simplemente asintió con la cabeza, y comenzó a devolver las suaves caricias al muchacho de una forma cada vez más apasionada.

Seis años habían pasado desde aquél último partido de Troy en East High, y ni Troy ni Gabriella habían cambiado demasiado. Seguían siendo la misma pareja enamorada, dulce y encantadora, que había recorrido las calles de Alburquerque seis años atrás.

Troy se había convertido en un muchacho aún más atractivo de lo que era en el instituto. Con sus 25 años, su pelo sedoso y brillante color canela, y su penetrante mirada de un azul impresionante, Troy levantaba pasiones entre las chicas. Aunque él solo tenía ojos para la muchacha a la que en ese momento besaba con toda la pasión que podía reunir.

Gabriella, por su parte, se había convertido en una bella mujer de esbelto cuerpo y suaves curvas. Su pelo oscuro, más largo de lo que lo había llevado en East High, caía en suaves bucles sobre su espalda, mientras que sus grandes y dulces ojos castaños, de esos en los que podías acabar perdido fácilmente, le daban un toque misterioso. Todo eso unido al color tan original de su piel hacía de Gabriella una muchacha muy atractiva. Pero, al igual que el muchacho al que en ese momento demostraba todo su amor, ella solo tenía ojos para Troy.

Ambos muchachos habían conseguido realizar todos sus sueños y a la vez seguir el uno junto al otro.

Habían ido juntos a la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), ella para licenciarse en Medicina, y él para licenciarse en Dirección de Empresas mientras jugaba con el equipo de baloncesto de la universidad, los Bruins. Y nada más salir, los mismísimos Lakers lo habían llamado para ficharlo en el equipo. Un año después de haber entrado en los Lakers, Troy jugaba de titular y era uno de los jugadores más prometedores de la NBA. Troy, junto a Kobe Bryant y Pau Gasol, había conseguido alcanzar un punto mágico en su carrera. De lo único de lo que no estaba contento, ni él ni Gabriella, era de los paparazzi que no paraban de seguirlo a todas partes.

Gabriella, por su parte, trabajaba de cirujana en el Cedars-Sinai Medical Center, un famoso hospital de Los Ángeles al que acudía mucha gente famosa. Por poner un ejemplo, Gabriella había operado de apendicitis, hacía unos meses, al mismísimo Zac Efron. Horas más tarde había jurado a Troy que ese chico era su vivísima imagen. Y un muchacho muy atractivo, simpático y agradable (a pesar del extremo dolor al que había estado sometido debido a su apendicitis). Casi tanto como el mismo Troy.

Con unas vidas tan ajetreadas, a ambos se les hacía difícil visitar Alburquerque, donde la mayoría de sus amigos todavía se encontraban, al igual que sus respectivos padres. María al final se había quedado en la ciudad, sin volver a ser traspasada debido a su trabajo a ningún otro lugar. Lucille y Jack seguían como siempre.

Jack seguía de entrenador de los Wildcats, con la ayuda del segundo entrenador (quien además heredaría el puesto de Jack cuando éste se retirara), Chad Danforth. Taylor y Chad todavía seguían juntos, siendo ella la profesora de matemáticas en el East High.

Zeke había abierto un restaurante en Alburquerque con la ayuda de Jason, con quien compartía las ganancias. Kelsie, quien todavía mantenía una relación con Jason, tocaba el piano en el restaurante mientras se preparaba para marcharse a Londres a hacer un importante curso de piano y composición.

Sharpay, por su parte, había heredado Lava Spring, y lo había convertido en el resort más exitoso de Nuevo México. Su hermano, Ryan, vivía en Nueva York teniendo éxito como estrella de Broadway. Esto había sorprendido a todos, pues se pensaba que sería Sharpay quien alcanzaría Broadway y Ryan quien se quedaría en Lava Spring. Pero había resultado ser al revés. Sharpay se alegraba por su hermano, por supuesto. Ya no era la chica celosa y manipuladora que había sido en sus años de adolescente. Y la muchacha seguía sin pareja. Aunque había tenido algún encuentro amoroso, ninguno había sido serio. No parecía encontrar a su chico ideal. Ryan sí estaba saliendo con una chica allá en Nueva York, aunque nadie sabía quien era. Esperaban conocerla pronto, ya que habían programado un encuentro en Alburquerque de todos los amigos ese fin de semana. Por eso era por lo que Troy y Gabriella estaban tan entusiasmados. Por fin iban a volver a Alburquerque, e iban a ver a sus amigos y familiares. Y es que todas las veces que los habían visto había sido porque ellos acudían a Los Ángeles de visita. Hacía como tres años que no iban a Alburquerque, y no podían esperar. Iba a ser genial.

Cuando ambos muchachos comenzaron a vestirse, recogiendo la habitación y ultimando detalles del equipaje mientras se lanzaban miradas cómplices, los dos sabían que era un buen momento para volver a Alburquerque y volver a enfrentarse con aquellos dos muchachos que habían sido en los años de instituto. Enfrentarse a los viejos fantasmas.

No podían esperar.


- ¡Troy!

- ¡Gabriella!

Los dos muchachos se volvieron hacia las voces que exclamaban sus nombres, y sonrieron. Allí estaban sus padres. Los tres. Lucille, Jack y María. Después de varios abrazos, exclamaciones de alegría, besos y admiraciones hacia ambos muchachos, los cinco se pusieron en marcha.

Troy y Gabriella estaban un poco sorprendidos. Habían salido de Los Ángeles con un montón de paparazzi gritándoles y sacándoles fotos en el aeropuerto. Y allí, en Alburquerque, excepto algunos autógrafos para quienes reconocían a Troy, nada. Definitivamente, tendrían que volver más a menudo si iban a estar tan tranquilos.

Y mientras volvían a recorrer las calles de Alburquerque, admirándose de lo que había cambiado y a la vez lo similar que seguía siendo, sonrieron con felicidad.

¡Qué bueno era estar en casa!


Troy y Gabriella, tomados de la mano, se detuvieron ante la puerta del restaurante de Zeke, donde habían quedado en reunirse con los amigos habiendo sido reservada para la ocasión una de las salas privadas del restaurante.

Ambos compartieron una sonrisa antes de adelantarse y entrar por la puerta. Rápidamente, se acercaron al mostrador, donde había una muchacha con uniforme de camarera observando el cuaderno de reservas.

- Esto… hola… - comenzó Troy. – Somos…

La muchacha alzó la vista y sonrió.

- Troy Bolton… - dijo, y volvió la vista hacia Gabriella. – Y Gabriella Montez. Me alegro de volver a veros.

Troy y Gabriella la miraron asombrados, y ella rodó los ojos.

- ¿No me recordáis? – preguntó, riendo. – Soy Lorie, animadora de los Wildcats en nuestros viejos tiempos.

Un destello de reconocimiento pasó por los ojos de ambos muchachos, que esbozaron una sonrisa vacilante. Todavía recordaban los insultos de Lorie hacia Gabriella, y los intentos de flirteo hacia Troy.

- No os preocupéis. – dijo ella, hablando y riendo con desparpajo, mientras extendía la mano hacia Troy para estrechársela firmemente. – Ya no soy la estúpida puta presumida que recordáis. He madurado.

Ambos muchachos rieron, algo más tranquilos, y Gabriella incluso dio dos besos a la muchacha.

- Supongo que venís a la reunión… - dijo ella, con alegría. – Mi jefe ya me había dicho que os esperaba. Acompañadme y os llevaré hasta la sala.

Mientras caminaban, recorriendo la sala principal del restaurante, Lorie no dejó de hablar en un tono amigable. Les contó que se iba a casar con Chester Wishloe. Gabriella alzó las cejas al oír el nombre, pues era un antiguo miembro del equipo de Decatlón académico del East High. ¡Quién iba a decir que Lorie acabaría casándose con uno de los empollones de los que tanto se burlaba!

- De vosotros he oído muchas cosas. – siguió Lorie, mientras los guiaba por un amplio pasillo. – Doctora y jugador de la NBA. No os ha salido nada mal, ¿eh? ¿No hay planes de boda a la vista para vosotros?

Troy y Gabriella se miraron. Por supuesto que había planes de boda. Desde hacía mucho tiempo. Pero no era el momento de divulgarlo, y menos a la muchacha. Por mucho que hubiera cambiado, el rumor podía fácilmente llegar hasta los paparazzi…

- Quien sabe. – respondió Troy ambiguamente.

Lorie le lanzó una mirada escrutadora, fijándose en la complicidad entre Troy y Gabriella, y en el objeto que brillaba en el dedo anular de la muchacha. Y sonrió.

- Veo que sí. – rió. - ¡Enhorabuena!

Troy y Gabriella se sonrojaron. Desde luego, eso de ser misteriosos no les pegaba nada. Enseguida los cazaban.

- Ya estamos. – dijo Lorie, señalándoles una bonita puerta de madera. – Me he alegrado de veros.

- Nosotros también. – dijo Gabriella, y se sorprendió al descubrir que lo decía honestamente. – Dale recuerdos a Chester de mi parte.

- ¡Por supuesto! – dijo Lorie. – Ya nos veremos.

Y con un ligero gesto de saludo, la chica se marchó de vuelta al mostrador.

- Vaya… - dijo Troy.

- Sí. – dijo Gabriella. – Quien lo hubiera dicho…

Sin cruzar una palabra más, Troy abrió la puerta, escuchándose el sonido de muchas voces y risas. Cuando los que esperaban dentro los vieron en la puerta, se hizo el silencio durante un segundo, para después…

- ¡AAAAAH!

Troy y Gabriella se echaron atrás asustados, mientras que un torbellino de pelo rubio corría hacia ellos y los envolvía en un abrazo de oso.

- ¿Sharpay? – gimió Gabriella, intentando respirar en el apretado abrazo. – No puedo… respirar…

- ¡Oh! – exclamó la muchacha, soltándolos. – Lo siento, me pudo la alegría. ¡Cuánto me alegro de que estéis aquí, chicos! Ha pasado mucho tiempo…

- Sí. – rió Troy. – Mucho.

Sharpay los tomó a ambos de la mano, y los acercó hacia los sillones alrededor de los cuales estaban todos sus amigos. Sus viejos amigos, que los miraban con grandes sonrisas y ojos brillantes.

Pronto, un pequeño tumulto se formó en la habitación.

Troy y Chad se envolvieron en un gran abrazo, al igual que Gabriella y Taylor. Mientras Troy chocaba las manos con Zeke y Jason, Ryan envolvió a Gabriella en un abrazo y la levantó del suelo para darle un par de vueltas, riendo. Kelsie abrazó a Gabriella en cuanto Ryan la soltó para estrecharle la mano a Troy, y acto seguido saludó a este efusivamente. Zeke y Jason dejaron a Troy para saludar a Gabriella con mucho entusiasmo.

- Chicos… - dijo Ryan, llamando la atención de Troy y Gabriella. – Os presento a mi novia, Lizzie Thomas.

Los dos miraron sonrientes a la pequeña muchacha a la que Ryan pasaba el brazo sobre los hombros. Ambos se adelantaron a estrecharle la mano.

Era una muchacha muy bonita, de ojos grises y pelo castaño claro y rizado. Pronto notaron que era algo tímida, pero conforme fue pasando el rato la chica se fue soltando, y todos descubrieron su personalidad divertida y bondadosa. A todos les causó muy buena impresión, y no podían estar más contentos por Ryan.

Mientras cenaban, Troy miró a su alrededor.

Observó a Chad, que no paraba de hacer el ganso (ganándose ocasionales pescozones de Taylor, que, por mucho que se escandalizara del comportamiento de su novio, no podía parar de reír).

Jason comía con la mirada perdida, tan despistado como cuando estaban en el instituto. De vez en cuando despertaba para echarle una mirada de adoración a Kelsie, a su lado. La muchacha estaba callada, como siempre, aunque reía tímidamente las gracias de Chad.

Zeke, al otro lado de Chad, participaba en las bromas, aunque de una forma menos gansa. Y, como Troy notó, de vez en cuando miraba de reojo a Sharpay con mirada soñadora. Después de todos estos años, Zeke seguía enamorado de Sharpay. Esta, por su parte y al lado de Zeke, observaba a Chad algo boquiabierta e incrédula, preguntándose cómo podía alguien ser tan idiota y a la vez levantar tanto amor a su alrededor.

Ryan, al lado de su hermana, reía sin parar, al igual que Lizzie. El muchacho, de vez en cuando, se volvía y la besaba en el pelo de forma cariñosa.

Gabriella estaba al lado de Kelsie, y miraba a todos con una gran sonrisa, participando de vez en cuando en las bromas y anécdotas y acariciando la pierna de Troy, a su lado, por debajo de la mesa.

El muchacho los miró a todos, sonriente, preguntándose qué había hecho para merecer una vida tan perfecta. Y qué había hecho para poder vivirla, para merecer esa segunda oportunidad que la vida le dio seis años atrás.

Con un suspiro de felicidad, se unió a Chad en su campaña a favor de las tonterías, haciendo reír a todos los demás.

Igual que seis años antes, cuando Chad y Troy estaban cerca solo podías escuchar risas.

Eso no había cambiado, como todos pudieron comprobar en esa pequeña reunión.


Después de cenar, todos los muchachos decidieron apartar los muebles y montar su propia fiesta. Rápidamente, Zeke puso música, y las chicas comenzaron a bailar sin parar.

Una hora después, Troy y Gabriella se lanzaron una mirada interrogante, y ambos asintieron a la vez. Troy se acercó a Zeke, le dijo algo al oído, y Zeke asintió y paró la música. Se oyeron algunas protestas, sobre todo de chicas, pero Troy alzó los brazos para que se callaran, y se hizo el silencio.

El muchacho se llevó la mano a la nuca, como hacía siempre que estaba nervioso, y pronto sintió la suave presencia de Gabriella a su espalda, apoyándolo. Con una sonrisa, Troy se aclaró la garganta para llamar la atención de todos y comenzó a hablar.

- Solo quería deciros que… bueno… - comenzó.

- ¡Suéltalo ya! – exclamó Chad, levantando risas a su alrededor, incluida la de Troy.

- Solo quería deciros un par de cosas. – dijo el muchacho, ruborizándose un poco. – La primera, y aún a riesgo de parecer cursi, es lo importantes que sois todos vosotros para mí.

Se oyeron algunos silbidos de los chicos y "ooohes" de las chicas, lo que añadió más color en las mejillas ya sonrojadas de Troy.

- Os conozco a casi todos casi desde que nacimos. – siguió el muchacho. – Todos jugamos juntos en la guardería, fuimos al colegio juntos, y en el instituto, bueno… digamos que cada uno siguió su propio camino. Hasta que Gabriella aquí presente… - todos sonrieron cuando Troy tomó suavemente a Gabriella del brazo y la colocó junto a él. - … nos unió de nuevo.

Esta vez fue el turno de Gabriella para sonrojarse.

- ¡Esa Gabriella! – volvió a exclamar Chad, levantando de nuevo las risas de todos los amigos y acentuando el sonrojo de la muchacha.

- No se como puedo agradeceros la amistad y el apoyo que, desde el penúltimo año de instituto, me habéis dado. – siguió Troy.- Ni se como agradeceros que estuvierais junto a mí y junto a mi familia en esos momentos horribles que viví en nuestro último año.

- Que vivimos. – corrigió Gabriella.

- Que vivimos. – asintió Troy, apretándole la mano a la muchacha.

Troy observó las amplias sonrisas y las lágrimas que corrían por las mejillas de algunos miembros del grupo, y sonrió a su vez.

- Solo quería decir… - continuó, en voz casi inaudible. - … gracias.

En un segundo, Troy se vio envuelto en un abrazo colectivo, rodeado de aplausos, exclamaciones de gozo y sollozos de emoción. Unos momentos más tarde, y en medio del barullo, se escuchó la voz de Ryan.

- Si esta es la primera cosa que nos tenías que decir, ni me imagino como nos pondremos cuando nos digas la segunda. – rió.

Gabriella lo miró, y Ryan le guiñó el ojo. El muchacho ya había adivinado, siendo tan atento y observador, lo que significaba el sencillo pero precioso anillo que Gabriella llevaba en el dedo anular de la mano derecha. La muchacha le devolvió el guiño, y todos se apartaron de Troy demandando saber esa segunda cosa que Troy les tenía que decir.

- La segunda cosa… - comenzó Troy, volviendo a atraer a Gabriella hacia sí. - … es que despejéis vuestras agendas para el día 15 de Junio. Ese día, no quiero que os pongáis ningún compromiso.

Los amigos se miraron unos a otros confundidos.

- ¿Por qué? – preguntó entonces Sharpay, algo perdida.

Troy sonrió y tomó la mano de Gabriella, mostrando el anillo que, orgulloso, brillaba bajo la suave luz de la sala.

- Porque celebramos una boda. – dijo, sencillamente.

La sala quedó en silencio, y Troy se preparó para la explosión.

No se equivocaba. Pronto, todas las chicas estallaron en gritos entusiasmados, corriendo para abrazar a Gabriella, mientras que los chicos se acercaron rápidamente a Troy para palmearle la espalda.

- ¡Qué calladito lo tenías, hermano! – rió Chad, y sorprendió a todos envolviendo a Troy en un gran abrazo y sacando de su garganta un pequeño sollozo emocionado. – No sabes lo feliz que estoy por ti.

- Vaya, Chad, eso si que ha sonado cursi. – se burló Troy cariñosamente, haciendo estallar varias risas a su alrededor, incluida la de Chad. – Muchas gracias, hermano. Por cierto…

Troy se separó de Chad y lo miró seriamente a los ojos.

- Tengo una propuesta para ti. – le dijo.

- Soy todo oídos. – contestó Chad, algo confuso.

- A Gabriella y a mí nos gustaría que… bueno… - dijo Troy, rascándose de nuevo la nuca. Chad lo miró todavía más confundido. – Eres como un hermano para mí. Prácticamente nos hemos criado como tales, y hemos estado siempre juntos, sobrepasando todos los problemas que iban surgiendo entre nosotros. Es por eso que a mí… a nosotros… nos gustaría que fueras el padrino en nuestra boda, Chad.

Chad abrió mucho los ojos, quedándose por un instante sin habla. Se hizo el silencio alrededor, y el muchacho luchó por recuperar el poder de la palabra, demasiado emocionado como para poder hablar. A su alrededor, todos los demás esperaban la respuesta, algunos sonrientes y otros, como Taylor, enjugándose las lágrimas.

Al final, pudo decir algo en voz temblorosa.

- Será un gran honor ser tu padrino, Troy. – dijo, de nuevo con los ojos brillantes. – Para eso están los hermanos, ¿no?

Troy volvió a abrazar al muchacho, con una gran sonrisa.

- Sí. – contestó. – Para eso estamos.

Cuando todo se calmó de nuevo, Zeke puso música otra vez. Esta vez, la música que sonó era lenta, y pronto todas las parejas se encontraron bailando en el centro de la habitación.

Sharpay, sentada en uno de los sillones, no paraba de observar a Troy y a Gabriella con una sonrisa melancólica. Estaba muy feliz por ellos, pero a la vez… a la vez también estaba un poco triste por sí misma. Troy había sido su primer amor. Volverlo a ver después de tanto tiempo había sido genial, aunque estuviera atado a Gabriella de una forma tan tangible y fuerte. Jamás podría olvidar del todo a Troy. Jamás podría calmar del todo los sentimientos que la abordaban cada vez que lo veía. Pero sabía que lo suyo no podía ser, pues Troy y Gabriella estaban destinados a estar juntos. Cualquiera podía ver todo lo que se querían el uno al otro. Cualquiera podía ver lo felices que eran cuando estaban juntos, y lo felices que iban a ser el resto de sus vidas.

Notando como el sillón se hundía bajo el peso de otro cuerpo, Sharpay miró a su lado. Zeke se había sentado junto a ella, mirando a las parejas con una sonrisa divertida.

- Se lo pasan bien, ¿eh? – preguntó a Sharpay, suavemente.

- Sí. – contestó Sharpay, lanzándole una débil sonrisa. – Muy bien.

- Me alegro de verte, Shar. – dijo Zeke, palmeando el brazo de la muchacha. – Hacía tiempo que no te pasabas por aquí.

Sharpay asintió.

- Debería pasarme más a menudo. – comentó ella, mirándolo a los ojos.

- Me encantaría que lo hicieras. – respondió el muchacho de forma sincera.

De pronto, Sharpay se encontró perdida en la mirada del otro muchacho, encontrando en ésta algo que había ansiado desde hacía mucho tiempo. Un sentimiento. De algún modo, su corazón perdió un latido, y pronto volvió a latir con más intensidad. De algún modo, su cuerpo sufrió un escalofrío que la llenó de dicha. De algún modo, Sharpay volvió a sonreír como hacía años que no sonreía. Una sonrisa sincera.

- ¿Bailamos? – preguntó Zeke, tendiéndole la mano.

Sharpay, todavía sonriendo, aceptó la mano dirigida hacia ella y se encaminó hacia el centro de la habitación, pensando que, tal vez, solo tal vez, podía volver a tomar las riendas de su vida y dejar atrás el pasado.

Hacia delante había muchas cosas buenas por llegar.


Sonriendo, Troy observó la incorporación de los dos muchachos al baile. Observó la sonrisa de Sharpay. Observó la adoración en los ojos de Zeke. Y asintió para sí mismo, contento y satisfecho. Al final, la vida lo ponía todo en su sitio.

Y, volviéndose hacia la mirada avellana de Gabriella, sonrió, volviendo a ser el muchacho de 17 años que había sido al salir del East High. Sin dejar de sonreír, se inclinó hacia su prometida y atrapó sus dulces labios en un tierno beso.

Sí. Todo en su sitio.


La mañana del domingo, Troy pidió prestado el coche a su padre. A Gabriella y a él les apetecía ir hasta el East High School antes de marcharse esa tarde en el avión de vuelta a Los Ángeles. Sintiéndose como dos adolescentes al comenzar el familiar recorrido hacia el instituto, Troy y Gabriella se sumieron en un cómodo silencio.

Pronto, llegaron hasta la calle en la que, los últimos meses de instituto, Troy siempre torcía a la derecha para evitar el fatídico cruce que casi se había llevado su vida. Esperando que Troy hiciera ese rodeo, Gabriella se sorprendió al descubrir que el muchacho seguía hacia adelante. Rápidamente, lanzó una mirada de reojo al muchacho, dándose cuenta de sus semblante serio y tenso, de los nudillos blancos por la fuerza con la que apretaba el volante. Preocupada, Gabriella no dejó de observarle de reojo.

Y por fin, llegaron al cruce. Lentamente, Troy lo cruzó, luchando contra su mente, que quería volver a mostrarle el flashback de aquél fatídico día. Tras cruzar, Troy aparcó en una de las aceras y, sudoroso, respiró profundamente.

Lo había hecho.

Había conseguido cruzar de nuevo por aquel lugar sin sufrir ningún percance nervioso.

¡Lo había hecho!

Con una sonrisa tranquilizadora a una preocupada Gabriella, Troy se desabrochó el cinturón y bajó del coche. La muchacha pensó en seguirlo, pero de alguna forma sentía que, por un momento, le convenía quedarse en el coche.

Troy simplemente caminó hacia la parte de atrás y se apoyó en la puerta del maletero, con los brazos cruzados y mirando hacia el cruce.

Seis años.

Seis años habían pasado desde la última vez que cruzó por allí.

Seis años habían pasado desde el accidente que casi le cuesta la vida.

Seis años habían pasado desde el accidente que casi le arrebata todo.

Todo.

Y, después de seis años, ya era hora de que Troy lo dejara atrás.

Tras un minuto con la mirada perdida en el punto exacto donde el camión había chocado contra su coche, Troy se enderezó y caminó hacia el asiento del conductor, sentándose y abrochándose de nuevo el cinturón.

Gabriella le lanzó una mirada inquisitiva, y Troy le sonrió. Y, por un momento, Gabriella vio en esa sonrisa al antiguo Troy, aquel que había sido antes del accidente.

Y lo supo.

Supo que Troy había conseguido vencer a sus fantasmas.

- ¿Hacia East High? – preguntó Troy, con voz animada.

- Hacia East High. – contestó Gabriella suavemente.

Por fin, después de seis años, todos estaban preparados para afrontar el futuro dejando atrás las cosas que ya habían pasado.

¡Y qué futuro más prometedor les esperaba!

FIN


Y ya está… el punto y final a esta historia. ¡Uf! De nuevo, muchas gracias a todos por haber estado conmigo todo este tiempo, por haber conseguido darme más de 150 reviews (cosa que nunca había conseguido, ni de lejos), por haberme hecho tan feliz al seguir esta pequeña aventura.

Gracias a todos.

De verdad.

Gracias.

Y ahora, pediros de nuevo que, a ser posible, no me abandonéis. Tengo todavía muchas ideas para escribir, por no hablar de los dos fics que voy a empezar a traducir en breve. Me gustaría que los leyerais, porque no tienen desperdicio.

De nuevo, un gran abrazo a todos.

Que seáis muy felices, y que estéis bien.

Un beso:

LilEvans.