No era justo
La ciudad entera se volvió un caos; cinco jóvenes habían desaparecido. De buenas familias, de buenos colegios. Sin dejar rastro. No había otra explicación más que secuestro, puesto que fuga masiva no podía ser posible ya que ellos n se llevaban. Ni siquiera estaban en el mismo colegio. Uno de ellos era huérfano, los demás tenían familia. La ciudad entera estaba afligida por tal desaparición…
En alguna parte del Pacífico, iban Riqi, Martina, Alex, Lorenzo y Marion. Dormidos, perdidos en sus sueños. Marion abrazada por Lorenzo; y él, sonriendo entre sueños, feliz de haberla traído con él a su nueva vida. Esos eran sus nombres de ahora en adelante. Tal vez, solo en privado, se atreverían a llamarse por su nombre de pila. Pero habían decidido marcharse para siempre de Inglaterra, y vivir en Canadá una nueva vida, un nuevo comienzo. Era cierto, Granger odiaba las mudanzas tanto como los lunes; pero esta vez era diferente… No llevaba consigo nada más que su blusa verde, sus jeans favoritos, y su ipod. Y con eso le bastaba. Eso y la promesa de amor eterno de su prometido, Malfoy. La boda fue maravillosa; una vez que hubieron establecido su vida, Granger y Malfoy se casaron; tiempo después lo hicieron Ginny y Cedric. Blaise dedicó buena parte de su vida a disfrutar del tiempo; el nunca se casó.
Jamás se volvió a saber de ellos, a excepción por una carta que mandaron solo para decir que estaban bien, y felices. No decían ni donde estaban, y el sobre no tenía remitente. Solo lo esencial.
No era justo que Granger tuviera que quedarse sola, por eso decidió vivir feliz. Y Malfoy se encargó de cumplir su deseo: hacerla feliz. No hace falta decirlo…
