Sognare

Sognare

Bueno, antes que nada debo agradecer a todas las personas que han leído mi pequeña historia hasta ahora (y a aquellas a las cuales no les han importado mucho todas las faltas ortográficas). Este es el 5to capitulo, y aunque esto comenzó como un oneshot, dije que serian 3 capítulos, luego 4 y en este digo que seran seis, porque aun me falta algo para que cuadre esta historia.

También quiero darle las gracias a todas las personas que me han dado su opinión sobre esta historia (y han sido pocas…aunque me parece que van en aumento…), Porque sus opiniones me dan impulso para continuar esta historia… ¡gracias!

5.-la oración de un corazón sangrante.

Flash back:

Ya eran las 9:30pm. El parque estaba tan callado como siempre, y en esa ocasión, no era tranquilizante para ella.

No sabía que debería hacer, o adonde ir. En una situación como esa, ¿a quien debería acudir?... se le ocurrían varias personas, pero sabía que cada una de ellas las regresaría al orfanato, y el servicio social solo las separaría… ¿Qué podría hacer? Ella era aun estudiante de secundaria, con un trabajo de medio tiempo y una hermana pequeña que aun no terminaba la primaria. Apenas tenía dinero para poder alquilar una habitación por unos meses… de ahora en adelante debería arreglárselas sola, después de todo solo le faltaban 2 años más para terminar la secundaria, y de ahí sería todo más fácil, recibiría la herencia de sus padres, y el dinero ahorrado por la venta de sus cosas.

Miro a su lado a su pequeña hermana, que se apoyaba en su cintura, dormida y aun con lágrimas resbalando por los ojos… esa niñita era ahora su única familia. Le acaricio la cabeza, y le murmuro en el oído que todo estaría bien, le prometió que pronto, todo regresaría a la normalidad; aunque sabia que le mentía.

Llevaba en su maleta todas las cosas que les pertenecían: todas muy valiosas, los papeles de sus padres, las fotos que comprobaban que antes tuvieron una vida muy feliz, un libro con tres flores entre sus páginas las cuales representaban su nombre, el nombre de su hermana, y el nombre de su mamá, entre otras cosas estaba la caja de joyas de su mamá, la colección de llaveros de su papá, un pequeño frasco de perfume casi terminado, y al fondo de la maleta, una billetera con todo lo que Kikyou había podido reunir esos últimos meses. Si bien era cierto que aun les quedaba dinero en el banco, y podían vender la propiedad de sus padres; ella quería usar esos ingresos para la universidad, y además no los podía usar hasta que cumpliera la mayoría de edad. Aquello que llevaba en las maletas era lo que utilizaría para vivir por los próximos 2 años

Decidió que por el momento se limitaría a buscar un motel para pasar la noche, y que al día siguiente, después de mandar a Kaede a la escuela, iría a cobrar un favor con cierta anciana.

Caminó fuera del parque donde había huido a rastras con su hermana, pues no se le ocurrió ningún otro lugar a donde ir, y se quedo ahí hasta elaborar un plan para no ser culpadas de los crímenes ocurridos en esa casa. Aun no sabía concretamente de que demonios huía, ella era inocente; pero en el fondo de su mente, sabia la verdadera razón: tenía miedo.

Despertó a su hermanita, que se había quedado dormida en la banca, le dijo que se pusiera una de las dos maletas a los hombros, y que caminara con ella para coger un taxi. Ella la siguió entre sueños, porque para ella, que le costaba entender todo lo que sucedía en esos momentos, prefirió permanecer en la ingenuidad, y pretender que todo aquello era solo un mal sueño. Kikyou envidiaba a su hermana por ello, al menos ella podía pretender que todo lo que pasaba era mentira.

Caminó a paso lento, alejándose del barrio que por un año fue lo más parecido a un hogar que tuvo…y ahora tendría que volver a empezar, pero esta vez estaba completamente sola, y no quería ayuda del gobierno, pues acababan de probarse ineficaces de protegerla a ella y a su hermana. Ciertamente sentía libertad, eso era algo que deseaba desde el día en que sus padres murieron; pero si de algo estaba segura, era que nada sería fácil desde aquel momento.

Un taxi paró frente a ella, y se ofreció a llevarla por un bajo precio hasta el motel que ella le pedía. Consideró eso como un buen augurio, y se propuso olvidar todas las cosas que le habían pasado esa noche y comenzar una nueva vida. Aún llevaba el uniforme del colegio, el típico uniforme de marinera, y recordó que pronto dejaría de usarlo; esa primavera sería estudiante de la secundaria superior. Miró a su hermanita, ya dormida y apoyada en su regazo, con un vestido rosa que ella misma le había hecho. Podía saber con solo verla, que ella no sabía exactamente en que se estaban metiendo. Y suspiró, porque ahora ella era completamente responsable de aquella niña y de si misma.

- perdone, señorita, se que no es mi asunto, ¿pero donde están sus padres?- el chofer del taxi la miró con el retrovisor. Ella solía estar siempre a la defensiva, pero sabía diferenciar las personas buenas de las malas… Aún así le respondió con mentiras, no podía darse el lujo de confiar en nadie, por más buena persona que fuese.

- nos esperan en el motel. Y creo que nos regañaran por llegar tan tarde – le respondió ella, poniendo una falsa sonrisa en el rostro. El chofer del taxi quedó convencido, una sonrisa tan honesta como esa no podía ser fingida, creyó.

- ya veo, por un momento pensé que huían de algo, ya que las veo muy agitadas…-

- je, je, je… es que se nos hacía tarde… ¡mi madre estará tan molesta! Por eso es que mi hermanita estaba llorando- pensó para si misma, con sarcasmo, que si salía de todo ese embrollo, quizás tendría aptitudes para ser actriz…

-¿sabe, señorita? Puede que las madres se enojen tanto porque se preocupan por nosotros, los hijos… yo recuerdo, que mientras crecía, ¡mi madre solía reprenderme tanto!, yo era un muchacho hiperactivo, pero si no fuera por ella, hubiera terminado en las calles, ¡haciendo quien sabe que!... en verdad me siento afortunado de tener una madre como ella…- ese hombre era agradable, o al menos eso le pareció, tenía buen aspecto, y parecía estar en sus 40… Tenía el pelo largo, cogido en una coleta y plateado. Se preguntó a si misma si era aún más viejo de lo que aparentaba. Y sin duda recordaría que aquel chofer de taxi sería el único hombre con ojos tan claros que parecían amarillos.

- señor, ¿Cómo se llama usted?-

-¿yo?, Mi nombre es Inu no Taisho, el dueño de esta compañía de transportes.- le respondió el, con una sonrisa honesta, que hizo que recordara a ese chico que conoció en el parque… pero se dijo a si misma que no era hora de pensar en esas cosas. En ese momento, su futuro y el de su hermana eran más importantes que cualquier otra cosa.

- pues, si usted es el dueño de la compañía, ¿Qué hace manejando, si tiene empleados que lo hacen por usted? – pregunto ella, con curiosidad, pues ese señor de sonrisa franca, le parecía un poco fuera de lo común, pero en el buen sentido.

- pues, antes de comenzar la compañía, y hacerme millonario, yo solía trabajar como taxista, y tengo buenos recuerdos de esa época de mi vida, así conocí a la mujer que ahora es mi esposa. Por eso, cuando tengo melancolía de esos tiempos, cojo el primer taxi de mi compañía que veo, y trabajo el tiempo que quiera. Aun ahora que estoy viejo, es un trabajo divertido; nunca sabes a quien vas a encontrar, o que lugares vas a ver con esa persona.

- ya veo… debe ser un trabajo muy interesante… - respondió ella, ya no muy interesada en la conversación con ese hombre…

- si, lo es, es mucho mejor que trabajar con los ejecutivos, y los trajes, y las oficina, es mas… libre… por eso me encanta mi trabajo… oh! Mira, ya llegamos…

- gracias por traernos. ¿Cuánto es?-

- no te preocupes por eso, me pareciste una señorita muy agradable, así que no te cobrare.- ella dudo por un momento, pues el gesto le pareció cordial pero inapropiado, al final decidió aceptarlo, pues no estaba en condiciones de gastar mucho dinero.

- muchas gracias señor Taisho.-

- no es nada, señorita. Adiós-

- adiós-

Por alguna razón, se quedo en la acera viendo como el taxi se alejaba, con su hermanita agarrada de su mano, y las maletas a su lado. Sintió que en ese mismo momento una parte de su vida terminaba… y una muy diferente estaba a punto de comenzar.

- hermana… tengo miedo…-

- no pasa nada Kaede, todo va a estar bien-

Ese día llovía

La segunda vez que vi a kikyou... fue en un hospital, justo en la habitación contigua a la de mi padre. Justamente en este mismo hospital… me parece que fue hace tan poco tiempo… Kikyou, como hemos cambiado tu y yo, pero aun así, existe ese gran amor en nosotros… justamente ese poder que te tiene atada de forma extraordinaria al mundo… es ese amor que compartimos tu y yo… te extraño, mi amada Kikyou… si solo tuviera otra oportunidad de oírte susurrar mi nombre al oído, de escuchar la dulce melodía de tu voz… por eso, y porque te amo, he decidido dar el todo por el todo, porque, Kikyou, para mi no hay nada mas importante que tu en este mundo… te lo ruego, despierta Kikyou, por favor…

El solía ser ateo. No creía en Dios. Un ser supremo que hacia sufrir a los demás, y hacerlos pasar por "pruebas" no era alguien que merecía ser llamado Dios.

Pero, por primera vez en mucho tiempo; quizás desde que era un pequeño niño; entro a la capilla del hospital.

El lugar era acogedor y oscuro. Con un vitral, muy hermoso, con la imagen de un hombre de cabello largo y barba frondosa, y, aunque el jamás había estudiado esa religión, supo que aquella persona era la que todos llamaban Dios.

Se arrodillo, frente a la gran cruz de manera en el medio de la sala. Pero no dijo nada. Se pregunto a si mismo que hacía ahí. Y la respuesta la descifro inmediatamente. Necesitaba algo en que creer en esos momentos de desesperación. De otra forma, perdería la cordura.

"Honestamente, no se que hago aquí. Supongo que esta una de mis ultimas alternativas, y no pienso mentirte, pues es inútil en este momento. Pienso ser franco contigo, como lo soy con el resto. ¿Cómo te atreves hacernos esto a mí y a Kikyou? ¿Como te atreves hacerla pasar por todo ese sufrimiento? ¿Acaso ya no ha sido suficiente con todo lo que sufrió a lo largo de su vida? ¿Por qué deseas hacerla sufrir aun más?... ¿no te importa que mi hija se quede sin madre, y se quede con un padre como yo? Ella necesita a su madre, yo necesito a Kikyou. Si hay algo que pudiera hacer, créeme que lo haría, si hubiera alguna forma de pasar por el dolor, yo la hallaría… si fuera posible intercambiaría mi lugar con el de Kikyou… ¿Cómo es posible, que no la quieras ayudar?… Kikyou es la persona más pura que he conocido en mi vida… incapaz de mentir, ni lastimar a nadie… con las grandes virtudes que solo son de ella… ¿es que acaso es tan buena para mí, que has decidido llevártela de nuestro lado?

Te ruego, no lo hagas."

Después de pasar dos horas dentro de esa capilla, decidió que era mejor irse. Iría a su casa, después de tanto tiempo seguramente estaría hecho un desastre… y sacaría a Asuka de la casa de su hermano.

Pensó en como las cosas cambiaron desde que Kikyou dormía. Dedujo que nunca terminaría la lista de las cosas que cambiaron, la vida ya no tenía color desde que Kikyou no estaba a su lado. En resumen, era así de simple. Perdió toda voluntad y sentido de sonreír.

Se dirigió a la habitación que ocupaba su esposa en el hospital. Recordó con gracia lo que le había costado que la pusieran en un cuarto privado a pesar de su condición, y cuantas palancas y favores tuvo que utilizar para que le dejaran atenderla personalmente… fue muy difícil al principio, y ahora que se acercaba el final, no sabía que sentir…

- ya estoy aquí Kikyou-

Ella estaba como siempre, al menos a primera vista. El dejo sus cosas sobre la mesita de noche y se acerco a su esposa. Le acaricio la cabeza y le dio un beso en la frente, desordenándole el cerquillo. Empezó entonces con el ritual de todas las noches… le lavó y cepillo su largo cabello negro, que por sus ordenes no había sido cortado. Le dio un baño de esponja, notando como su delgado cuerpo no había cambiado en nada, no le quedaba una sola cicatriz de ese accidente… lo único que la diferenciaba de las personas que duermen… eran esas sombras moradas alrededor de sus preciosos ojos.

Flash back:

5 meses después…

La vida parecía más simple, y feliz, ahora que todos sus problemas se habían alejado de ella. Las cosas no habían sido fáciles pero, gracias a su benefactora pudo conseguir un pequeño apartamento con suficiente espacio para ella y su hermana. Ese era su nuevo hogar. Y lo adoraba.

Se las había arreglado bien para poder entrar al colegio más cercano, con un nombre ficticio para ella y su hermanita. Ella trabajaba en una repostería a la que iba justo después de salir del colegio, y su hermanita pasaba por ahí al regresar al apartamento.

Su vecina, una anciana muy dulce y agradable sabía su historia, al parecer la noticia de la muerte de sus padres le sonaba familiar, y ella automáticamente simpatizo con las niñas. La señora era quien cuidaba por las tardes a kaede, cuando ella iba a trabajar a una florería que quedaba un poco lejos de ahí. Esa anciana era como la abuela que ellas nunca tuvieron. Poco a poco, ella olvidaba y empezaba a considerar a esa anciana y a su hermanita como su nueva familia. Y así volvió a vivir una vida relativamente normal y aparentemente feliz.

Hasta ese momento ningún servicio social se había enterado de su situación, gracias a la intervención de la benefactora, la discreción de las demás familias del edificio, y los ojos de viejo de Kikyou, que la hacían parecer más adulta de lo que era.

Sus días pasaban rápido, sin mucho interesante que contar. En la mañana al colegio, como siempre ella una de las mejores alumnas; en la tarde iba a trabajar medio tiempo en la repostería; por la noche hacia tareas y luego iban a tomar chocolate con la anciana a la cual kaede ahora llamaba abuela.

Era realmente una vida pacifica. Y lo único que a veces disturbaba a kikyou eran aquellos sueños con ese chico había conocido hace ya tanto tiempo en ese parque vació.

Lo que no sospechaba era que lo volvería a ver, pero no seria una ocasión feliz.

Continuara….

Bueno… mejor tarde que nunca no? (perdon!)