3-A todo el mundo le gusta el chocolate

Hermione estaba cabreada.

Ron estaba cabreado.

Fantástico día.

Hermione había pasado las dos últimas horas intentando explicarle a Ron porqué Draco Malfoy tenía seis años (de lo que no tenía ni la más remota idea) y, más importante aún para Ron, por qué ese "maldito enano repelente estaba en la cocina de Hermione y no en su puñetera mansión de 200 habitaciones y con 40 niñeras cuidando de él".

-Sus padres han muerto, Ron... muerto –había intentado explicarle ella –está solo en el mundo y ¡tiene seis años! ¿No te da pena, en serio? ¿Ni siquiera un poquito?

-¡¿Pena! ¿Draco Malfoy solo en el mundo, con seis años y sin protección de ninguna clase? ¡Eso no me da pena, Hermione, más bien me da risa! ¡Incluso podría decir que es uno de mis sueños hecho realidad! ¡Pero eso sigue sin explicar que demonios hace AQUÍ!

Hermione frunció el ceño, todavía más (si eso fuera posible) y cruzó los brazos sobre el pecho, desafiante.

-¡Oh, claro, hubiese sido mejor ignorar las peticiones (no, espera) las súplicas de McGonagall, hubiera sido mejor darle la espalda a la Orden en el momento en que precisan mi ayuda, hubiera sido mejor MANDARLO CON SU TITO SEVVIE!

Ron no pudo evitar una risita histérica.

-¡Eso hubiera sido todavía mejor para completar mi sueño! Aunque ¿sabes lo que tal vez sería mejor? ¡MANDARLO A AZKABAN CON SU QUERIDA TÍA ASESINA EN SERIE LOCA Y PELIGROSA!

-¡Es sólo un niño, Ron! ¡Él no sabe nada, nada de nada! ¡Ni siquiera ha hecho todavía todas esas cosas por las que lo odiamos! ¡Es sólo un niño solo y desamparado, huérfano y que necesita protección durante un par de semanas, nada más!

-¡No es un niño, Hermione! ¡Es DRACO MALFOY, por el amor de Merlín! ¡Y lo estás tratando como si, como si...!

-¡¿Cómo si qué! –preguntó ella, fuera de sí -¡¿Cómo si sólo fuera un pobre niño que necesita mi ayuda!

-¡Como si fuera TU MALDITO HIJO, POR MERLÍN! –gritó Ron, con un tono tan amargo que Hermione se quedó callada durante un par de segundos sin saber cómo reaccionar.

-Tú estás... oh, Merlín –susurró de pronto la joven, tapándose la boca con las manos –estás...

-¡Oh, allá va la sabelotodo a exponer su teoría sobre mi y mis sentimientos ocultos! ¿Verdad, Hermione? ¿Qué es lo que estoy, según tú? ¿Estoy enamorado de él secretamente y es por eso por lo que estoy tan cabreado, o es que tuve un trauma infantil? –gritó Ron con rencor.

-Estás celoso –susurró ella, tan débilmente que Ron casi ni la oyó. Durante unos segundos que parecieron interminables Ron y Hermione se miraron cara a cara sin pestañear. La expresión de burla que había en la cara del pecoso desapareció dejando paso a una sorpresa que trataba de disimular. Se pasó la mano por el pelo, nervioso.

-Eso es... es ridículo. Lo más ridículo que he oído en mi vida –murmuró Ron, dándole la espalda a su amiga. Durante un par de minutos, Ron esperó el estallido de Hermione. Esperó sus gritos, sus palabras irónicas escogidas especialmente para herirlo, sus lágrimas de impotencia al ver que él seguía siendo sólo un cabezota insensible. Esperó, casi impacientemente, una nueva pelea, una pelea como las de antes, como cuando estaban en el colegio.

Pero no llegó. Hermione estaba allí, tranquila, serena, sentada en el sillón.

Mirándolo. Fijamente.

-No voy a permitir –dijo, en un tono de voz suave pero cargado de fuerza –no voy a permitir que me hagas esto otra vez. No voy a permitir que tus celos obsesivos, tu manía sobreprotectora me haga daño otra vez, Ron. Esto es diferente, Ron. Ya no tengo catorce años, y Draco no es Víctor Krum.

-¿De que demonios...? –Ron estaba ahora realmente confuso, pero ella siguió hablando.

-Draco es sólo un niño. Un niño repelente, de ojos grises y cabello rubio que dentro de dos semanas puede volver a convertirse en el ser más odioso de mi infancia, pero que ahora es sólo un niño. Alguien que necesita mi ayuda, alguien que me necesita. Él me llamó, Ron, pidió mi ayuda. Y no voy a negársela.

Ron observó a su amiga, incrédulo. Ella hablaba en serio, por supuesto, completamente en serio. Tan en serio como cuando decidió ayudar a Hagrid para evitar que ejecutaran a Buckbeack, tan en serio como cuando creó el P. E. D. D. O., tan en serio como cuando impidió que Harry atacara a Dolohov en el Departamento de Misterios sólo porque su cabeza era la de un bebé calvo y fofo.

Y fue en ese preciso instante cuando Ron se dio cuenta de porqué McGonagall había elegido a Hermione para esta misión. No fue porque el niño dijera su nombre, no fue porque necesitaran a alguien de la Orden, no fue para proteger mejor el secreto. No señor.

McGongall había elegido a Hermione porque sabía que ella, y sólo ella, sería capaz de hacerlo.

Sólo Hermione era capaz de acoger a su viejo enemigo en su casa, protegerlo y cuidarlo como si fuera su propia familia, aún sabiendo que más tarde él volvería a convertirse en el estúpido arrogante que era.

Al fin y al cabo, Hermione había cuidado toda su vida de otro estúpido arrogante pelirrojo.

-Ron, te he contado todo esto y no debería haberlo hecho, pero me alegro –dijo ella de pronto, mirándolo, seria –Y ahora necesito que decidas lo que vas a hacer. Puedes coger tu chaqueta y marcharte tranquilamente por esa puerta, con la condición de que no vuelvas a molestarme al menos hasta que todo esto acabe.

Hermione hizo una pausa, y los ojos de Ron se posaron sobre su propia chaqueta, en el reposa cabezas del sofá. Pero no se movió ni un milímetro.

-O podría ayudarte con todo esto aunque no me haga ni la más mínima y puñetera gracia –murmuró él, mirando fijamente la pared pintada de azul. En el rostro de Hermione apareció una sonrisa cansada.

-Gracias –susurró ella, agradecida, y lo abrazó igual que en tercer año, fuertemente.

-¿No podríamos, al menos, tintarle el pelo?

-¡Ron!

-Era sólo una idea, Hermione ¡Seguro que a Tonks le haría ilusión ver a su primito con el pelo rosa chicle!

-¡RON!

oOo

Draco observó el cubo desde abajo, todavía encaramado a la silla.

Durante un segundo, una pizca de arrepentimiento se apoderó de él. Los tallarines no estaban tan malos, se dijo y Mirmione no me ha dado caramelos para comer, al fin y al cabo.

Entonces... ¿porqué estaba disfrutando con su venganza?

Porque los tallarines no estaban malos, pero Mirmione es una bruja cruel y despiadada que sólo piensa en estupideces muggles y que lo obliga a comerse todo el plato.

Y ni siquiera tenía bombones rellenos de crema de postre, Merlín.

Terminó de arreglar los últimos detalles de su malévolo plan mientras Mirmione y el pelirrojo gritón se insultaban allá afuera. Después se lavó las manos en el fregadero y observó su varita pensativo. Hubiera sido mejor hacer un hechizo, pero todavía no manejaba muy bien la varita y entonces tal vez su venganza no habría salido tan bien.

Por primera vez en su corta vida, Draco Malfoy se dio cuenta de la satisfacción del trabajo bien hecho por uno mismo.

oOo

Ron y Hermione venían hacia la cocina riéndose, como si estuviesen hablando de algo muy gracioso, y Draco no pudo menos que sonreír de oreja a oreja. Ya veréis, ya.

-Entonces... ¿Todavía te quedan algunos tallarines para mí, Hermione?

-¿Crees que no sé que necesitas más proteínas e hidratos de carbono que cualquier otro ser vivo, Ron? Sólo necesito que me des diez minutos para prepararte más salsa ¿vale?

-Claro. Si no te importa, mientras tanto me gustaría mandarle una lechuza a Harry.

-En el despacho hay tinta y pergamino –la voz de Ron se perdió por el pasillo. Hermione entró en la cocina y Draco carraspeó ligeramente. La chica miró al niño y se ruborizó ligeramente, como si hubiera estado pensando en otra cosa. –Oh vaya, ¿ya has acabado con los tallarines, no? ¿Te gustaría ayudarme a preparar un poco más de salsa? Es muy fácil, ven.

Draco suspiró, decepcionado. Su plan vengativo contra Mirmione no había funcionado como él había esperado porque la puerta no se había abierto lo suficiente, pero la siguió.

-Mira, esto es la nata ¿ves? –dijo Hermione pasándole un cuenco al niño –Necesito que le des vueltas despacito mientras yo corto la cebolla en tiras finitas ¿vale?

Draco asintió con la cabeza. Eso era facilísimo.

O al menos eso había parecido. La nata era más pesada de lo que creía, y la cuchara de madera se le escapó un par de veces de las manos, haciendo que varias gotas de nata cayeran sobre su cara y su pelo, y para cuando acabó de cogerle el tranquillo se dio cuenta de que tenía la camisa llena de salsa.

Hermione no se había dado cuenta de nada, concentrada como estaba en cortar la cebolla. Entonces se giró y vio al niño, cubierto de nata, con una expresión concentrada, la nariz arrugada y cubierta de nata y soplándose los mechones rubios de pelo y no pudo menos que sonreír.

-¿Has acabado? –preguntó, sin tratar de sonar demasiado divertida para no enfadar al niño. Éste dejo el cuenco encima de la mesa y miró a Hermione.

-Ha sido divertido –dijo, casi sorprendido. Hermione soltó una carcajada.

-Desde luego te lo habrás pasado de lo lindo, porque te has manchado de nata hasta en la nariz –dijo ella mientras trataba de limpiarle con un pañuelo, pero el niño soltó una risotada y se aparto de ella.

-¡Eh, que me haces cosquillas!

Hermione le sacó la lengua –Vuelve aquí, heredero de la noble casa de los Malfoy.

En ese momento se escuchó la voz de Ron por el pasillo.

-Ey, Hermione, Harry dice que... –pero Ron no acabó la frase, porque al entrar en la cocina había abierto completamente la puerta.

Y se escuchó el "chof".

Sin saber porqué, a Draco le produjo una enorme satisfacción que su maligna venganza hubiera caído sobre el pelirrojo, en vez de sobre Mirmione. Curioso.

Hermione tardó un par de segundos en reaccionar. De pronto Ron había entrado en la cocina y al segundo siguiente estaba cubierto con... ¿chocolate?

-¿R-Ron? –preguntó la chica, temerosa.

-¡¡ESTOY CUBIERTO DE CHOCOLATE, HERMIONE! ¡¡QUE ASCO! –gritó el pobre pelirrojo, a borde de las lágrimas.

Y entonces llegó. La risa.

Draco Malfoy estaba literalmente tirado en el suelo, riéndose tanto y tan fuerte que le saltaban las lágrimas y tenía que sujetarse el estómago.

Y lo peor es que era contagiosa.

Los labios de Hermione se curvaron en una sonrisa involuntaria que trató de esconder tras las manos. Pero pronto la sonrisa fue tan grande que ni siquiera podía taparla con las manos.

-¡Hermione! –le reprochó Ron, tan sorprendido que ni siquiera podía enfadarse.

-¡Es un... es un... –Draco trataba de terminar la frase, pero la risa se lo impedía –es un bombón relleno DE FRESA! –y rompió en carcajadas tan fuertes como las anteriores.

-¡¡TE VOY A...! –gritó Ron lanzándose hacia el niño.

-Oh vamos, Ron –dijo Hermione interponiéndose entre ellos (Draco todavía tirado en el suelo, incapaz de sostenerse a causa de las carcajadas) –Ha sido una broma. Evanesco –dijo, y el chocolate despareció. –Además –añadió, mientras Ron trataba de llegar hasta Malfoy para estrangularlo –a todo el mundo le gusta el chocolate ¿no?

oOo

Frotó la toalla sobre su cabeza mojada con energía.

Maldito Malfoy del demonio. Da igual la edad que tenga, sigue siendo el mismo imbécil.

El agua de la ducha había hecho que se calmara un poco. La verdad es que ni siquiera necesitaba una ducha, el hechizo de Hermione había sido perfecto, como siempre; pero había necesitado ponerse bajo el chorro de agua para calmar sus nervios.

Voy a colgarlo de los tobillos, si, eso haré... no, mejor aún, llamaré a Lupin y se lo llevaré en luna llena, a ver que pasa; o tal vez podría llamar a Fred y a George... oh Fred y George "cuidarían" muy bien de él, seguro...

Salió del baño de Hermione con el cabello todavía húmedo. La voz de Hermione llegaba lejana, de la habitación del fondo, y se acercó curioso.

-...y entonces los dos chicos se acordaron de la niña que estaba llorando en los lavabos y fueron corriendo a ayudarla...

-Que idiotas. Mirmione ¿cómo se llamaba la niña?

-Ehm... Jane. Bueno, pues los dos chicos fueron corriendo a los lavabos y se encontraron con la chica que estaba siendo atacada por el troll y muerta de miedo. Entonces el niño del pelo negro...

-¿Cómo se llamaba el niño?

-Pues, este, James y deja ya de interrumpirme ¿vale? Pues James se subió sobre el troll y le clavó la varita en la nariz...

-¿En la nariz? ¡Puaj, que ascoooooo! –Draco arrugó la nariz mientras imaginaba su propia varita en la nariz de un troll.

-Sí, bueno, pero el niño lo hizo para ayudar a la niña que estaba en peligro, y no sólo eso, sino que el otro niño realizó un hechizo complicadísimo para hacer que el bastón del troll cayera sobre sí mismo y lo dejara inconsciente...

-¿Dejaron inconsciente a un troll? –preguntó el niño con los ojos como platos -¿En su primer año? ¡Wow!

Por la rendija de la puerta Ron observó como los ojos de Hermione se dulcificaban al pensar en los viejos tiempos.

-Sí, eran unos niños muy valientes. Salvaron a la niña y después ella los libró de un castigo, con lo que se hicieron los mejores amigos.

-¿Amigos para siempre?

-Para toda la vida –durante unos segundos hubo un silencio cargado de recuerdos –Bueno, ya es hora de dormir, así que voy a apagarte la luz ¿de acuerdo? Si necesitas algo estoy en la habitación de al lado.

Draco se metió entre las mantas, con la única camiseta que Hermione había podido encontrar que pudiera servirle como pijama, que curiosamente era de Harry.

-Mañana iremos al callejón Diagon, así que tienes que dormir bien, porque será un día duro ¿vale? –Draco asintió con la cabeza y cerró los ojos, mientras Hermione apagaba la luz.

-Buenas noches, Draco.

-Buenas noches, Mirmione –murmuró el niño, ya medio dormido.

Hermione salió de la habitación y se dio de bruces con Ron.

-Me voy a casa, mañana tengo entrenamiento –susurró él –Pero si quieres que me quede esta noche...

-No, no, tranquilo –murmuró Hermione –Estaremos bien. ¿Nos vemos mañana en El Caldero Chorreante cuando acabes el entrenamiento? Draco y yo vamos a ir de compras y estaremos por allí.

-Claro.

Durante unos minutos Ron y Hermione se miraron, en la penumbra, en silencio.

-Buenas noches, Ron –dijo ella entonces, y se dirigió hacia su habitación. Antes de cerrar la puerta, le sonrió.

Ron se quedó allí un par de segundos más.

-Pones una cara de idiota cada vez que la miras... –la vocecita infantil surgió de la habitación a oscuras. Ron estaba empezando a odiar aquella voz más incluso que aquella otra que arrastraba las palabras. Tendría pesadillas esa noche, seguro.

-Cierra el pico -Ron no podía verlo, pero estaba completamente seguro de que se estaba riendo, la asquerosa cucaracha rastrera.

-Esta noche estoy muy cansado, pero mañana... no sé, si no puedo dormir igual le digo a Mirmione que me deje dormir con ella.

Piensa en cosas relajantes: en baños de espuma, en una práctica de quidditch un caluroso día de primavera, en patearle el estómago a Malfoy... No pienses en Draco Malfoy durmiendo con Hermione en la misma cama, no pienses en eso, no lo pienses.

No lo pienses.

Demasiado tarde. Mierda.

Cuando, diez minutos después, el frío aire de la calle le daba en la cara, Ron todavía tenía los puños apretados dentro de la chaqueta.

Y un solo pensamiento.

Estrangular a Draco Malfoy.

oOo

Y hasta aquí el tercer capitulo. Ya se que quizá voy un poco despacio, pero es que hay que ir despacito y con buena letra jejeje. Además ya tengo más o menos encauzada la historia (o eso espero) y espero que os vaya gustando.

Bueno, muchísimas gracias a todos los que me habéis dejado un rewiew, en serio, me hacéis tener más ganas de seguir escribiendo (sobre todo muchas gracias a kornaMenta, tus rewiews son maravillosos y me encantan jajaja) y espero que os haya gustado el capitulo y que me dejéis más!

Besos y REWIEWSSSSSS!