4- Compras, dependientes y baños con espuma

-Bueeeenos días –canturreó Hermione alegremente mientras descorría las cortinas. La pequeña mata de pelo rubio se revolvió, molesta, y se escondió bajo la almohada murmurando. –Oh vamos, tenemos que irnos, ¡levántate!

-Tengo sueño –protestó débilmente la voz del niño bajo la almohada, mientras intentaba hacerse un ovillo con las mantas. Hermione frunció el ceño mientras sonreía. Siete años de entrenamiento con Harry y Ron iban a servir para algo.

-De acuerdo, pero entonces las tortitas con sirope que tengo para el desayuno tendré que tirarlas –dijo con aire distraído mientras caminaba despacio hacia la puerta. El ovillo rubio dejó de moverse y se pudo escuchar el ronroneo que hizo su estómago al escuchar la palabra "tortitas".

-¿Tortitas? –repitió Draco mientras salía de debajo de la almohada con rapidez, completamente despeinado, con los ojos entrecerrados por el sueño. -¿Con... con sirope?

-Si, claro. Si tenemos que pasarnos todo el día de compras yendo de una tienda a otra sin parar y comprar montones de cosas, tenemos que desayunar algo consistente. Pero como prefieres quedarte aquí durmiendo... –Hermione posó su mano sobre el pomo de la puerta y contó hasta tres.

-¡Mirmione!

-¿Si? –Hermione intentó ocultar su sonrisa de triunfo antes de volverse hacia el niño.

-Me encanta el sirope de fresa –sonrió traviesamente Draco.

oOo

Tras una buena ración de tortitas con sirope y nata, Hermione y Draco se pusieron sus abrigos y salieron a la calle.

-Mirmione, ¿porqué no vamos al Callejón Diagon con polvos flu? O podríamos aprecernos, tardaríamos menos tiempo y no tendríamos que andar...

-No vamos a utilizar los polvos flu o a aparecernos porque no vamos al callejón Diagon, Draco –dijo Hermione calmadamente. El niño se paró en seco y entrecerró los ojos.

-¿Y adonde vamos entonces?

-A un sitio en el que no has estado nunca, lleno de jugueterías, heladerías y muchas cosas más –Hermione vio como los ojos de Draco se abrían llenos de asombro, y ambos continuaron caminando hasta que el pub polvoriento que escondía El Caldero Chorreante no fue más que un punto en la lejanía.

Caminaban rápidamente por las calles de Londres atestadas de gente y Draco lo observaba todo en silencio pero con un asombro tan grande que de vez en cuando Hermione le escuchaba exclamar un "oh" lleno de admiración. Los coches y, especialmente, los semáforos hacían que el niño se quedara embobado y más de una vez Hermione tuvo que tirar de él para que no se quedara pegado al cristal de un escaparate. Tras unos veinte minutos en los que Draco estuvo a punto de entrar en al menos unas diez jugueterías, llegaron a un edificio grande, con montones de gente entrando y saliendo. El cartel en la puerta el cartel rezaba "Harrod's".

-Vamos –dijo Hermione, entrando decidida al ver que Draco vacilaba. Y de pronto un escalofrío la recorrió porque sucedió algo completamente inesperado.

Draco alzó su manita y se apretó fuertemente a la de la joven, tratando de reunir el valor para entrar en el enorme edificio.

Hermione contempló al niño llena de asombro, con un nudo en la garganta y sentimientos contradictorios golpeando en su cabeza. Draco Malfoy, patrón de los sangre limpia, enemigo mortal y exmortífago era ahora un niño desvalido que se aferraba a su mano porque estaba asustado. Y ella sólo pudo sonreírle con afecto y apretar la manita suavemente, mientras trataba de alejar las lágrimas.

-No pienso ponerme eso –declaró Draco solemnemente mientras señalaba un maniquí de mujer con un mini vestido azul eléctrico. Hermione soltó una carcajada.

-No te preocupes, eso definitivamente no es para ti –dijo la joven mientras lo guiaba hasta la sección de niños.

Estuvieron casi media mañana eligiendo y probándose ropa. Tras hacer un alto para almorzar, Draco decidió que lo que mejor le quedaban eran las camisas con pantalones deportivos y chanclas de playa, y cuando Hermione sugirió que tal vez debería mirar los pantalones vaqueros, Draco entendió porqué durante casi 200 años esta había sido la prenda favorita de los muggles. Compraron camisetas con dibujos divertidos, pantalones vaqueros e incluso una camisa con corbata por que Draco decidió que estaba simplemente perfecto con ella. Y después que Draco eligiera toda su ropa decidió que también debía elegir la de Hermione porque ella tenía un gusto horrible.

-Mirmione, si yo voy a ir elegante, tu no puedes ir en vaqueros; tienes que buscarte un vestido bonito que haga juego con mi corbata –explicó Draco decidido mientras la arrastraba hacia la sección de señora. Estuvo un buen rato rebuscando y yendo de acá para allá y, cuando Hermione comenzaba a albergar la esperanza de que se hubiese cansado, emitió un triunfal "Ajá".

-¿Estás loco? –preguntó Hermione horrorizada al ver el vestido que el niño señalaba -¡No pienso ponerme eso ni en un millón de años, y si crees que voy a dejar que un niño de seis años me diga como tengo que vestir estás muy equiv...!

-Su hijo tiene un gusto excelente, señorita –exclamó una voz masculina tras ellos. Hermione se volvió para encontrarse con el dependiente más encantador y terriblemente guapo que había visto jamás. –Ese vestido haría que resaltara su piel dorada en perfecto contraste con su cabello y sus ojos.

-¿Usted cree...? –murmuró mientras el joven sonreía. Ni siquiera se molestó en protestar porque él pensara que Draco era su hijo.

-Absolutamente seguro –sonrió el joven de nuevo, mientras le guiñaba un ojo a Draco. Draco asintió con la cabeza como si fuera el "Lord del Buen Gusto".

Media hora después, Hermione y Draco caminaban llenos de bolsas hacia el Caldero Chorreante, para reponerse del cansancio que provocan las compras con una buena cena.

oOo

-¿Te ha gustado Harrod's, Draco? –preguntó Hermione mientras se sentaban en una mesa.

-Ha sido genial, pero me hubiera gustado poder entrar a todas esas enormes tiendas llenas de juguetes y en esas otras que tenían duendes en cajas –dijo el niño mientras observaba con apetito la carta.

-¿Du-duendes? –repitió Hermione.

-Sí, eran como gente pequeñita en cajas negras, se movían y hablaban y hacían música y de todo –explicó el niño. Hermione sonrió.

-Eso son televisiones y lo que tienen dentro no son duendes, son...

-Cosas para que los chalados como mi padre se vuelvan locos por los muggles –completó la frase una voz grave a sus espaldas. Ron se sentó a la mesa, tratando de imponer distancias entre Draco y Hermione. El niño le sacó la lengua mientras ella no estaba mirando. Ron repitió el gesto. -¿Ya habéis pedido?

-No, acabamos de llegar ¿Qué tal tu entrenamiento? –preguntó cortésmente Hermione.

-¿Entrenamiento? ¿De quidditch? –preguntó curioso el niño. Ron asintió con la cabeza. -¿En qué equipo juegas?

-En... en los... Chudley cannons –Hermione levantó la cabeza al escuchar el ruido curioso que había hecho Draco, como intentando reprimir una carcajada.

-¿En ESOS? ¡Pero si son malísimos! –exclamó Draco intentando contener la risa.

-¡No lo son! ¡Hemos mejorado mucho! –protestó Ron.

-¡Si lo son! ¡Son unos paquetes!

-¡No lo son!

-¡Si lo son!

-¡No lo son!

Ninguno de los dos se dio cuenta de que Hermione ya había pedido la comida hasta mucho después, pues estuvieron demasiado ocupados sacándose la lengua, poniéndose los ojos en blanco y murmurando "si" y "no" cada cinco segundos. Y cuando por fin llegó la comida, Hermione no supo qué era mejor, si escucharlos discutir con el estómago vacío, o escucharlos discutir por culpa de la comida.

-Te lo advierto, niño –amenazó Ron con los ojos entrecerrados mientras señalaba a Draco peligrosamente con el tenedor –con MI comida no se juega, así que vuelve a meter el tenedor en mi plato y conocerás lo que es el dolor.

-No es mi culpa que te hayas quedado con lo más bueno. Lo justo sería que me dieras la mitad de tu plato, pero como no quieres darme nada porque eres un tragón egoísta... –respondió el niño mientras alzaba su propio tenedor.

-¿Tragón egoísta, yo? ¿Que te dé la mitad de mi plato? ¿Estás loco?

-¡Mirmioneeee, mira lo que haceeee!

-¡¿Lo que Yo hago! ¡Mira lo que hace ÉL!

-¡CALLAOS DE UNA BUENA VEZ LOS DOS! –gritó Hermione -¡¿QUERÉIS DEJAR DE COMPORTAROS COMO IDIOTAS, POR FAVOR Y DEJARME Y DISFRUTAR DE MI CENA EN PAZ!

Durante un minuto no se escuchó nada en el restaurante. Después, varias madres se pusieron a aplaudir, y una de ellas exclamó un "así se habla" mientras observaba peligrosamente a su marido y a sus hijos.

Ron escondió la cabeza entre los hombros mientras Draco observaba muy interesado el techo del local.

oOo

Ron, Draco y Hermione entraron en el apartamento de la chica, y mientras ella se dedicaba a guardar y ordenar todas las compras, Ron se tumbó en el sofá a leer Quidditch ayer, hoy y mañana (N/A: esa es su idea de "ayudar"¬¬) y Draco se quitó los zapatos y decidió comprobar si los sillones de Mirmione se rompían si saltabas lo suficientemente fuerte sobre ellos.

Durante diez minutos se respiró paz y tranquilidad en el numero 7 de Flourish&Botts. Pero solo durante diez minutos.

-Draco –dijo Hermione apareciendo de pronto tras el marco de la puerta –vamos a bañarte.

¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ! Alarma. Ni-no-ni-no-ni-no. Emergencia. Luces de seguridad se encendieron en el cerebro de Draco.

-¿Ba-bañarme? –preguntó temeroso -¡¿Tú!

-Si claro –contestó ella distraídamente, mientras iba de un cuarto a otro.

-Pe-pero... ¡Yo puedo solo! ¡Ya soy mayor! ¡En serio!

-De eso nada. ¿Y si te resbalas y te das en la cabeza o algo? –la voz de Hermione provenía ahora de la cocina.

-Pues entonces, entonces... –Draco miró a su alrededor, desesperado, tratando de encontrar una solución, y su vista se paró sobre la cabeza pelirroja que asistía distraída al debate. Sonrió. Ajá. –Entonces Ron me bañará.

La revista se cayó al suelo. Ron se puso en pie como impulsado por un resorte.

-¡¿Te has vuelto definitivamente loco o qué! ¡NO pienso...!

-¡Baja la voz, idiota! ¿Acaso prefieres que me bañe ella? ¿Que me desnude y después me pase la esponja por todo el cuerpo y me frote con una toalla? –susurró el niño mientras lo observaba intensamente.

Ron se puso súbitamente rojo. Abrió y cerró la boca varias veces. Obviamente, no había pensado en eso.

-Por supuesto que no. Pero yo tampoco pienso hacerlo –susurró, repugnado. Draco alzó una ceja.

-Si crees que prefiero que me toques tú antes que ella, es que eres menos perspicaz de lo que pareces, Don...

-Ron.

-Eso. Tú te limitarás a sentarte y esperar a que yo termine de bañarme tras la cortina de la bañera, y después ella te lo agradecerá con un par de besitos de buenas noches... –ajá, ahí estaba, el golpe de gracia final. Por la forma en que se habían enrojecido las orejas del pelirrojo, estaba claro que no le importaría nada que Mirmione le diera un par de besitos.

-¿En serio, Ron? –llegó de pronto la voz de Hermione, mientras ella volvía a pararse en la puerta. -¿Me harías el favor de bañarle?

-Pues claro –asintió resuelto el chico. Ella le lanzó una mirada de agradecimiento.

-No sabes lo que te lo agradezco –murmuró con afecto antes de volver al millón de cosas que tenía que arreglar.

Durante quince minutos, Ron estuvo sentado en el vater, escuchando a Draco cantar ópera, asfixiándose por el vapor caliente del agua, curioseando entre los cajones de Hermione; oyendo como el niño probaba todos y cada uno de los champús, geles de baños, sales; y oyéndolo chapotear en la bañera.

-Ey, John, pásame el albornoz y un peine –dijo finalmente Draco, después de lo que a Ron le pareció una eternidad. Después de hacer lo que le habían ordenado, Ron observó al niño salir de la bañera: limpio y repeinado.

Maldito bastardo presumido, pensó con una media sonrisa. De pronto, un aroma le llegó hasta la nariz. Un aroma familiar. Olfateó como un perro y encontró la fuente del perfume: la cabeza de Malfoy.

-¿Qué demonios te has echado en el pelo, niño?

-No sé, algo que tenía Mirmione ahí –señaló distraídamente Draco mientras se admiraba en el espejo. Ron cogió el bote de crema para el pelo y de pronto, el recuerdo del aroma le llegó de años atrás, cuando todavía pasaban las tardes en la Sala Común de Gryffindor o paseando por el lago en los días de primavera. Sonrió al recordar aquellos años y se dio cuenta de que, ahora, Malfoy olía como Hermione.

Joder.

-¿Ya habéis terminado, chicos? –preguntó Hermione golpeando suavemente la puerta. Ron abrió, y Draco se escabulló entre sus piernas, directo a su habitación. -¿Eso que huelo es mi crema para el pelo? –preguntó incrédula.

-Ehm si, esto, el niño, ya sabes como es Malfoy –intentó excusarse él. Ella sacudió la cabeza.

-En fin –suspiró, mientras le tendía una carta – ha llegado esto para ti.

Ron alargó la mano para cogerla, pero su cuerpo tropezó con el marco de la puerta y estuvo a punto de perder el equilibrio, por lo que Hermione tuvo que sujetarlo, riendo y a punto de caer ella también. Ron se separó inmediatamente, murmurando una débil excusa y rojo como el tomate, mientras una pequeña figura de cabello rubio los observaba desde la penumbra.

-Es de mi madre –dijo Ron tras leer la carta –dice que te recuerde que mañana es la comida mensual Weasley y que estás obligada a venir –alzó los ojos preocupado. Hermione encontró su mirada, y ambos se volvieron hacia Draco.

-No puedo ir. No puedo –exclamó la joven con desesperación –No voy a dejarlo solo. Voy a... voy a llamar a tu madre, eso es. Le diré que tengo trabajo, o que tengo a un primo o algo y le diré que no puedo ir.

-Ese no es un gran plan Hermione, ya conoces a mi madre. Sabes que cuando se le mete algo en la cabeza es imposible sacárselo, y la comida mensual Weasley es sagrada.

La comida mensual Waesley era la forma que había encontrado Molly Weasley de reunir a todos sus hijos, nueras, nietos, yerno y Hermione y a algunos miembros de la Orden como Shackelbott, Lupin o Tonks. Y era prácticamente imposible, bajo amenaza de muerte dolorosa y terrible, que alguien se perdiera esa comida.

Hermione echó un par de puñados de polvos flu en la chimenea y exclamó en voz alta: "La Madriguera". Al instante su cabeza apareció a ras de suelo de la vieja y conocida cocina.

-¿Hola? –preguntó temerosa. Unos segundos después, la cabeza del señor Weasley apareció en la chimenea.

-¿Hola, hay alguien...? Ah, eres tú, Hermione, ¿qué tal, querida? –preguntó amablemente el hombre.

-Bien señor Weasley, gracias –contestó ella en el tono más cortes que tenía. Si podía hablar con Arthur y no con Molly, tal vez había una pequeña posibilidad de librarse –Verá señor Weasley, es que tengo un pequeño improvisto y no voy a poder ir mañana a la comida ¿podría decirselo a Molly de mi parte? Digale que intentaré compensárselo de algún modo pero que...

-¡¿Cómo que no puedes venir! –se escuchó una segunda voz tras el señor Weasley. Molly Weasley golpeaba el suelo con el pie peligrosamente.

-Molly, querida, Hermione dice que tiene un pequeño problema y que...

-¿Problema? –la expresión de la señora Weasley se suavizó -¿Qué ocurre, querida? ¿Algo grave?

-No, no, es sólo que... –intentó explicarse Hermione.

-¿Es por el trabajo? –preguntó Molly, apenada –Por que si quieres puedo ir yo misma a hablar con tus jefes y explicarles lo que es una comida familiar Weasley y... –alzó el rollo de cocina amenazadoramente.

-¡No, nada de eso! –exclamó Hermione horrorizada –Es... es mi... ¡primo! Eso es, verá mi primo D... Danny ha venido de Irlanda a visitarnos y, como mis padres mañana trabajan, pues tengo que quedarme yo con él ¿sabe? Es muy pequeño y...

-¿Pequeño? ¿Y sus padres?

-Esto... umh, en viaje de negocios –mintió Hermione rápidamente.

-Bueno querida, si ese es el problema... –durante una fracción de segundo Hermione respiró, aliviada de poder librarse de la comida familiar. Pero la alegría le duró poco, pues Molly continuó, sonriendo: -que se venga él también, por supuesto. ¡Donde caben 16, caben 17!

-Pero... pero...

-Nada de peros ¡Nos vemos mañana Hermione! –se despidió la señora Weasley con una sonrisa. A Hermione le dio tiempo de ver al señor Weasley despedirse tras ella antes de que las llamas se apagaran.

Hermione se volvió hacia Ron, que estaba tras ella, observándola con cara de "te lo dije" y Draco, que se había puesto el pijama y caminaba descalzo y repeinado.

-Y ahora... ¿qué hacemos?

OOo

Lo sé, lo sé y lo siento, pero los puñeteros examenes me tienen esclavizada y llevo casi medio mes estudiando con la cabecita metida entre libros y apuntes. Espero compensaros con este capitulo, largo y con contenidos variaditos, la espera que os he hecho sufrir ¿Me perdonais? (cara de perrito abandonado)

A todo/as los que me habéis dejado rww, no puedo contestaros uno por uno porq no tengo nada de tiempo, pero muchísimas gracias y por favor ¡¡dejadme más, que me motivan mucho! Ah y perdonadme por los errores que pueda haber, he tenido que escribir el cap muy deprisa e igual hay algo mal, lo siento!

Bueno nada más, besotes y por favor REWIEWS!