7 - Por fin
Draco Lucius Malfoy, heredero de la Noble y Ancestral casa de los Malfoy y los Black, observó como el zapato rojo de tacón de aguja pasaba al lado de su mejilla sin rozarla, y suspiró aliviado.
-¡Mirmione!
La aludida alzó la vista del montón de zapatos de su armario en el que rebuscaba desesperadamente.
-¡Has estado a punto de matarme con ese zapato¡O peor aún, a punto de desfigurar mis tersas y suaves mejillas como el terciopelo! –el niño se acarició la mejilla con suavidad mientras Hermione enarcaba una ceja.
-¡Oh, perdóname, pero es que estoy demasiado histérica porque no encuentro mis malditos zapatos negros! –Hermione se llevó las manos al rostro con desesperación, y después volvió a su búsqueda interminable.
Ahora fue el turno de Draco de enarcar una ceja.
-¿Los zapatos negros¿Te refieres a esos horribles zapatos sin tacón y sin forma que parecen de secretaria?
-Sí, esos mism... ¿Oye, desde cuando conoces tú mis zapatos negros? –preguntó Hermione sorprendida. Draco hizo un movimiento con la mano, como restándole importancia al hecho. Por supuesto, no iba a contarle a Mirmione que el primer día se dedicó a registrar todos sus cajones y a husmear dentro de su armario.
-¡Mirmione, no puedes ponerte esos zapatos con el vestido! –Draco se estremeció de pensar en la idea de su maravilloso vestido combinado con esos horrendos zapatos.
-No voy a ponerme esos zapatos con el vestido, Draco, porque no voy a ponerme el vestido –dijo ella, mientras fruncía el ceño.
-¿Qué¡¡Pero Mirmione...!
-¡No voy a vestirme como una muñeca, Draco¡Además, lo más probable es que Ron me lleve a... ver un partido de quidditch o algo así! –Hermione bufó, molesta consigo misma y se dejó caer ruidosamente sobre la cama. Parecía frustrada ante la idea de que Ron la llevara a ver quidditch.
-Bueno... la verdad es que no me extrañaría –Draco no pudo evitar poner los ojos en blanco, y de pronto Hermione se echó a reir. Draco la miró sorprendido.
-Empiezas a parecerte a mí –dijo la chica, todavía riendo. El niño se acercó a ella, y la joven le revolvió el cabello cariñosamente, y después lo sentó en su regazo –A una chiflada defiende-muggles, sabelotodo insoportable y mandona.
-¿Quién lo iba a decir? –dijo él, sonriendo traviesamente y encogiéndose de hombros. Hermione volvió a reirse y le dio un pellizco cariñoso en la mejilla. De pronto el niño le echó los brazos al cuello y la abrazó muy fuerte.
-No te vas a olvidar de mi¿verdad Mirmione? Aunque te vayas con el cabeza de zanahoria, no te olvidarás de mi ¿verdad que no?
-¡Claro que no! –repuso ella sorprendida, mirándolo fijamente.
-Es que todos se han olvidado de mí: mi papá, el tito Sevvie, mis amigos... –la voz de Draco era ahora apenas un susurro, y cuando pronunció la última frase, su voz era muy ronca –mi mamá...
Hermione abrazó a Draco y apoyó su cabeza en el pelo suave y liso del niño.
-Ellos no se han olvidado de ti, Draco, ellos te quieren. Pero a veces las cosas son más complicadas que eso –Hermione no sabía muy bien como explicarle a Draco que todas las personas que él quería eran diferentes a ella o estaban muertos. –Y yo nunca ¿me oyes bien? nunca voy a olvidarme de ti.
El niño sonrió ampliamente, y de pronto otra voz sonó en la puerta de la habitación.
-Claro que no, cariño. Y yo tampoco.
Draco observó a la señora Weasley sonriendo maternalmente.
-Hola Molly –la saludó con la mano.
-Hola, señora Weasley –saludó Hermione amablemente -¿qué hace usted por aquí?
La señora Weasley se arremangó las mangas de la túnica.
-Oh, he venido a enseñarle a Draco mi receta ultra-secreta de la tarta de arándanos mientras tú y mi Ronald salías por ahí juntos –los ojos de Draco brillaron ante la idea de otro trozo de tarta de arándanos.
-Es usted muy amable, gracias –sonrió Hermione. Después miró su reloj –Pero ¿no es un poco pronto? Ron dijo que pasaría por aquí a las cinco y media y son las cuatro todavía.
-Oh, bueno, pensé que tal vez querrías prepararte tranquilamente, vestirte y peinarte, ya sabes –la señora Weasley ladeó la cabeza, mirando a Hermione apreciativamente.
-¿Vestirme? Bu-bueno, ya... ya estoy vestida... –murmuró ella, apretándose nerviosa las manos. La señora Weasley abrió la boca en forma de o y emitió un ruidito de sorpresa. Draco la miró como diciendo "te lo dije".
-Oh, claro, bueno, es que como Ron se había vestido con traje, yo pensé que... Y como dijo que te iba a llevar a cenar a un restaurante yo pensé...
La cabeza de Hermione de pronto se llenó de pensamientos contradictorios. Ron + restaurante + traje. No Ron + quidditch + vaqueros.
-Ay Merlín... –murmuró desesperada –Ay Merlín –repitió, esta vez más alto. Entonces recorrió con los ojos la habitación entera, como si la respuesta a sus plegarias estuviese escrita en las paredes. Y cuando sus ojos se posaron en Draco Malfoy, y el niño desvió su mirada inteligentemente hacia el armario ropero, Hermione cogió aire, decidida.
-Necesito su ayuda, señora Weasley.
Molly sonrió encantada, y le guiño un ojo al niño.
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La sonrisa de Ronald Billius Weasley se hundió como el Titanic cuando abrieron la puerta.
-¿Ma... Mamá?
-Hola, cielo, que guapo estás, ven que te arregle el cuello de esa camisa ¿porqué no te has puesto corbata? Te dije que te la pusieras, pero como nunca me haces caso, claro así te va... –Ron miraba alucinado a su madre y pasaron varios minutos antes de que pudiera reaccionar.
-¿Qué... demonios haces tú aquí?
-Ronald, esa boca –lo reprendió su madre. Draco, que escuchaba desde la cocina con las manos inmersas en un bol de masa de tarta, sonrió. –He venido a cuidar del niño –escuchó Draco que le contestaba. Instantes después Molly abrió la puerta de la cocina y entró, seguida de su hijo.
-¿Cómo va esa masa, Draco? –preguntó la señora Weasley.
-Pegajosa –dijo el niño, que parecía estar disfrutando todavía más que con los espaguetis. Molly rió. –Hola, zanahoria –dijo Draco a modo de saludo. Ron se crujió los nudillos. El niño sacó la lengua.
-Ron, por favor –dijo su madre severamente.
-¡Pero mamá, esto es increíble, ha empezado él...!
-Si, claro, siempre es lo mismo... –suspiró la señora Weasley, mientras salía de la cocina –Voy a ver si Hermione está preparada.
-Eh zanahoria –dijo Draco mientras sacaba las manos del bol –quiero que me devuelvas a Mirmione antes de las once.
Ron bufó, incrédulo.
-¿Qué!
-Lo que oyes, tiene que bañarme, darme la cena y acostarme y me prometió que hoy veríamos la tilivesión.
-Oye enano bubotubérculo –dijo Ron apuntando con su dedo amenazadoramente al niño –Hermione volverá a casa cuando ella quiera, y desde luego no vamos a estar preocupándonos de que tu quieras ver la tilevesión o lo que sea.
-¿Ah, no? –dijo el niño entrecerrando los ojos peligrosamente.
-No –dijo Ron.
-¿Ah no? –repitió el niño, un poco más alto.
-¡No! –dijo Ron en voz fuerte.
-¿Ah no!
-¡NO!
-Ejem, ejem.
Los ojos de los dos se dirigieron a la puerta, donde Hermione los miraba ceñuda y la señora Weasley daba golpecitos en el suelo con el pie. Draco escondió los brazos tras las espalda y Ron se separó bruscamente del niño a quien estaba a punto de poner las manos en el cuello para estrangularlo.
-Hola –dijeron los dos a la vez, poniendo su mejor sonrisa. Durante unos segundo no hubo más que silencio mientras las dos mujeres los miraban.
-Ejem, esto... qué... qué guapa estás Hermione –dijo Ron poniéndose rojo.
-Sí, Mirmione, que bonito el vestido –disimuló Draco. Ambos se miraron.
-¡Ha sido él! –exclamaron a la vez, señalándose el uno al otro. La señora Weasley suspiró y Hermione puso los ojos en blanco, otra vez.
-Llévame a cenar antes de que me arrepienta de salir con un cabeza-hueca como tú –suspiró Hermione, aunque no pudo evitar sonreír mientras lo miraba.
Y entonces fue cuando Ron se quedó parado, con cara de idiota y la boca entreabierta. Cuando Hermione sonrió.
Porque ella estaba guapísima, con aquel vestido azul de tirantes pero con mangas de gasa, y aquellas sandalias plateadas sin tacón y anudadas a la pierna y el pelo sujeto con unas horquillas.
Pero fue en aquel momento, cuando sonrió y las mejillas se tiñeron de un rubor ligero, y sus labios brillaron, pintados de color melocotón, y sus ojos rieron alegres, color café cargado, cuando Ron se dio cuenta de que ella estaba simplemente preciosa.
Así que sólo pudo murmurar un "por supuesto", coger a Hermione de la mano, abrir la puerta y salir a la calle, mientras Hermione se despedía entre risas de la sra.Weasley, Draco gritaba cosas como "Si te aprovechas de ella te las verás conmigo!" y Molly los veía marcharse con una sonrisa en los labios.
La señora Weasley contuvo unas lágrimas de alegría cuando los vio desaparecer. En lugar de llorar, cerró la puerta y se volvió hacia Draco.
-Bueno, acabemos con esa tarta de arándanos.
El pequeño sonrió.
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Hermione se reía a carcajadas, tratando de ocultar sus labios detrás de la servilleta. Entre risas, trató de ponerse seria y suspiró un par de veces para recuperar la compostura.
-Ron, basta por favor –suplicó, antes de volver a echarse a reír, fallando estrepitosamente en el propósito de permanecer seria.
-Oh vamos, no te rías, esto es serio, por favor. Quiero decir ¡es una duda existencial¿Cómo demonios pudieron esos dos acabar el colegio y graduarse? Es decir... ¡Crabbe y Goyle¡Estoy seguro de que ni siquiera aprobaban Pociones!
Hermione se reía tanto que la bruja de la mesa de al lado se volvió a mirarla.
-¡Vamos, por favor! –continuó Ron haciéndose el falso ofendido -¡Seguro que no aprobaron ni un solo examen en los siete años que estuvieron¡¡Ni siquiera aprobaron Cuidado de Criaturas Mágicas y lo enseñaba Hagrid¿¿Qué dificultad tiene un escreguto de cola explosiva?
Hermione continuó riéndose un buen rato, hasta que el camarero trajo los postres (para ella fruta fresca y para Ron una enorme fuente con fruta, helado y sirope, cómo no) y ambos disfrutaron de una agradable velada charlando acerca de los tiempos de estudiantes. Terminaron de cenar, pagaron la cuenta y salieron a pasear cerca del Támesis.
-Recuerdo la cara que ponías cada vez que Harry y Ginny se cogían de la mano –dijo Hermione con una risita. Ninguno de los dos se había dado cuenta, pero ella tenía su mano posada en el brazo de él.
-Bueno, es que... era repugnante –contestó Ron mientras las orejas se le ponían rojas de indignación hacia Harry. Hermione sonrió.
-Creo que sólo te he visto más furioso que aquel día cuando... –pero de pronto ella se interrumpió, y la sonrisa se le congeló en la boca.
-¿Cuándo? –preguntó Ron en voz suave. Ella movió la cabeza.
-Olvídalo.
Ron se paró de pronto, y ella quedó a unos pasos de él. Ambos se dieron cuenta, de pronto, de que sus manos habían estado unidas todo el camino.
-Cuando –dijo él, casi susurrando –te vi cogida del brazo de Víctor Krum.
Durante unos minutos ninguno de ellos dijo nada, perdidos en los recuerdos y en la mirada del otro.
-Era un idiota.
Fue una afirmación hecha a media voz, pero la amargura que destilaba la voz de Ron era inconfundible. Ella abrió la boca para protestar, pero él se adelantó.
-No hablaba de Víctor.
Hermione no supo si reír o llorar. Aquello podía estropearlo todo, Ron iba a estropearlo todo otra vez. O tal vez sería ella.
-Sí, lo eras.
La mirada de ella era ahora desafiante. "Lavender Brown" parecían gritar sus dos ojos en la oscuridad. "Y todos estos malditos años esperándote, esperando una señal".
-Lo sigues siendo.
Ron abrió los ojos, como si le hubiesen abofeteado, pero, inesperadamente, sonrió. Se acercó a ella, reduciendo lentamente la mínima distancia que los separaba, inclinando la cabeza para poder verla mejor, mirándola únicamente a los ojos.
-¿Porqué siempre tienes razón? –susurró, tan cerca de Hermione que la joven no pudo pensar en otra cosa que en sus labios.
Ron alzó una mano, y colocó un mechón del cabello castaño detrás de la oreja.
-Porque soy una maldita sabelotodo devora-libros.
El perfume que emanaba de él, varonil y limpio como un atardecer en verano, la embriagaba y le hacía perder la facultad de razonar.
-Hoy estás preciosa.
A Hermione no le importó que sus mejillas se sonrojaran violentamente, ni que sus labios se abrieran en una especie de "oh" contenido. Le habían dicho cosas parecidas a esa en el Baile de Navidad, hacia ya tanto tiempo, pero nunca imaginó que Ron podría hacerlo. O tal vez sí lo había imaginado, millones de veces, en sueños perdidos en la noche y solitarias tardes frente a un libro.
La mano de Ron, grande, callosa, fuerte, seguía en su mentón, y sus dedos lo acariciaban, despacio.
-Pero para mí siempre eres preciosa.
En sus ojos, azules, inmensos, leyó tardes enteras, despeinada y ojerosa en Grimmauld Place; mañanas veraniegas y alegres y vestidos de algodón en la Madriguera; y días y tardes y noches en la biblioteca, en la sala común, junto a Harry, con aquel viejo y gastado uniforme del colegio.
Y un terrible peso, una necesidad acuciante le aplastó el pecho, le hizo quedarse sin aire en los pulmones. Y los labios de Ron, la boca de Ron, el tacto de Ron, eran su única salvación.
Así que alzó sus pies apoyándose en las puntas, deslizó sus manos entre el pelo rojo y justo antes de que sus labios se hundieran en aquellos otros, tan dulces, tan anhelados, sintió su aliento, tan cerca.
Despacio, suave primero, y después apareció la prisa, el ansia por saborear, por descubrir rincones nuevos de la felicidad en las bocas entrelazadas, en las manos que acariciaban, en los cuerpos que se rozan, temiendo que todo sea un sueño.
Y se quedaron allí mucho tiempo, nunca supieron cuánto, mientras la media luna se reflejaba en el agua y la oscuridad los envolvía, felices.
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Abrió la puerta, sonriendo, con la mano de Ron en su cintura, y todo el cuento de hadas se desmoronó de pronto.
Porque la señora Weasley estaba allí en su sofá, llorando, mientras Fred y George trataban de consolarla.
-¡Molly! –exclamó, preocupada, y corrió hacia ella.
-¡Mamá! –Ron miró a sus hermanos -¿Qué ha pasado¿Qué habéis hecho?
Fred se sintió ofendido.
-¡Nosotros no hemos hecho nada, por una vez!
La señora Weasley dejó de sollozar un momento y trató de explicarse.
-Fue sólo un momento, ni siquiera entiendo como pudo pasar... Yo estaba mirándolo, pero me di la vuelta un segundo ¡un solo segundo! –Molly hundió la cara en el pañuelo. George le dio una palmadita cariñosa a su madre.
Hermione estaba ahora de veras alarmada.
-Molly ¿de que estás hablando, por Merlín? –y de pronto algo en su cerebro se encendió, como una luz -¿Dónde está Draco? –preguntó, mirando alrededor.
Fred y George intercambiaron miradas.
-Mamá bajó a vernos cuando ya estábamos a punto de cerrar –explicó George mientras el rostro de Hermione se alarmaba más y más –Y dejamos al crío curioseando un rato por las estanterías, mientras le enseñábamos a mamá nuestros nuevos uniformes.
-Y entonces apareció esa mujer, vestida de negro. Cogió al niño de la mano y se desapareció, así de simple –concluyó Fred.
Hermione se dejó caer en el sofá, desesperada.
-¿Qué? –preguntó con un hilo de voz.
-Pero yo la vi, Hermione, la vi y estoy seguro de que era ella –dijo George. Hermione lo miró, con los ojos muy abiertos. –Murmuró algó así como "Calle la Hilandera"() y luego la vi mirarnos. Y juro sobre las barbas del Doctor Filibuster que era Pansy Parkinson.
()Nota: en inglés es Spinner End.
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Venga capítulo completito, con su dosis de humor, de romance y de intriga... Y además larguito y lleno de cosas interesantes... ¡No os quejaréis!
Así que apelo ahora a la carita de lobito malherido en noche de luna llena de nuestro querido Moony y os ruego, chicas ¿querréis dejarme un rewiew para hacerme feliz? Mejor aún ¿queréis uniros todas y hacerme inmensamente feliz haciendo que este fic llegue a los 150 rewiews¿sería posible?
¿Porfi porfi porfi?
Vengaaaaaa :)
