CAPÍTULO 5: Miel y Menta.

-¡QQQUUUUUEEEEEE!.- algunos alumnos que pasean a última hora de la tarde por el borde del lago se giran para ver quién ha lanzado tal chillido. La mirada helada de ojos castaños llena de furia q ven, les hace pensarse dos veces el quedarse allí a observar.- ¿PERO COMO SE TE OCURRE ,HARRY? TE LO TIENES BIEN MERECIDO!

-Hermione...no creo que Harry se merezca tal castigo...- Ron deja de hablar al darse cuenta de que la castaña va ha comenzar a echarle a él también la bronca.

-¡Cállate, Ron!.- pocas veces los chicos han visto a la prefecta tan enfadada. Su rostro le recuerda a Harry al que tenía la profesora McGonagall minutos atrás.- todavía no entiendo como fuiste capaz de entrar en su juego, Harry. Sabes como es Malfoy...¿por qué lo hiciste? Te podrían haber expulsado¿sabes?

La chica ha empezado a temblar a pesar de que todavía hace algo de calor; pese a los pocos rayos de sol que ahora se esconden por el horizonte dejando un delgada línea de tonos morados entre las montañas. Harry entiende, entonces, que el monumental cabreo de su amiga no es otra cosa que la preocupación y la tensión en la que se ha mantenido la joven durante las casi dos horas que estuvo con la jefa de su casa.

-Soy muy consciente de lo que me podía haber pasado, Mione.- el moreno la toma por los hombros y le da un ligero abrazo, como intentando calmar los pequeños espasmos que ahora sufre la joven debido al llanto.- Y también se que el castigo es poco en comparación con la expulsión. Además, entré en su juego porque no podía dejar que insultara a Ron.

El pelirrojo levanta la cabeza y con los ojos humedecidos le agradece en silencio a su amigo que lo haya defendido de esa manera, aunque se siente culpable por lo sucedido, ya que está convencido de que debería ser él, y no Harry, el que reciba el castigo.

-Se lo que piensas, compañero.- habla el moreno por encima de la cabeza de Hermione, la cual reposa sobre su pecho.- pero no me arrepiento de haberte ayudado, amigo.

-Gracias, Harry.- respira hondo el otro.- Deberíamos subir ya el castillo, está anocheciendo.

-Si, vamos.- dice Hermione separándose de Harry y limpiándose las lágrimas con la manga de su túnica.

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Al entrar en el Gran Comedor todas las miradas se fijaron en el moreno de ojos esmeralda. Todo el mundo quería ver al chico que se había cargado la fuente del patio y que había destrozado el hall.

Al llegar a la mesa de Griffindor, los tres amigos se sentaron en una esquina para intentar pasar desapercibidos, algo casi imposible para el Niño-Qué-Vivió.

La noticia de que los dos enemigos iban a vivir juntos el resto del año se había extendido como la pólvora.

Cenaron rápido y se dirigieron a su casa. El aire del Gran Comedor comenzaba a ser demasiado pesado para el Trío Dorado que no paraba de recibir intensas miradas de furia por parte de algunos.

Al llegar junto al retrato de la Señora Gorda vieron a Leah, que les estaba esperando. Nada más ver a Harry la chica salta a sus brazos colgándose de su cuello. Éste sonríe ante la actitud de la Rawenclaw, que nunca deja de sorprenderle.

-Siento lo del castigo, Harry.- el chico agradece las palabras de su amiga, aunque éstas han perdido todo su significado durante la cena. Casi una veintena de personas fueron a darle "el pésame".

-No pasa nada, Leah, de verdad que estoy bien.- le responde.- ¿quieres entrar con nosotros?

-Claro.- le sonríe la chica.

-"Campo de flores".- dice Ron al cuadro, que instantes después se retira para dejar paso a los cuatro amigos.

-Es gracioso.- se encoge de hombros la de ojos violetas.- la contraseña de Ravenclaw suele ser siempre el título de un libro.

-No se porqué no me extraña.- ríe Hermione.

La Sala Común está vacía, sólo unos pocos alumnos rezagados permanecen en ella ya que la mayoría continúa en el Gran Comedor. Éstos, no pueden evitar mirar a Harry como si estuvieran viendo a alguien que parte a la guerra a la mañana siguiente. Lo cierto, es que nadie en Hogwarts piensa que los castigados vayan a durar mucho viviendo bajo el mismo techo. Una cosa es tener que verse en las clases, pero de ahí a convivir juntos...

-Debería subir a la habitación a hacer mi baúl para mañana.- dice Harry mientras se dirige escaleras arriba.

-¡Espera, Harry! Te ayudamos a empacar.- dicen los tres amigos a la vez, mientras corren escaleras arriba para ver quien llega antes. Hermione es la primera en alcanzar la puerta, abriéndola rápidamente para ir a hacia el armario y empezar a sacar la ropa del moreno.

-¡Pero Mione, no le arrugues toda la ropa!.- bromea Leah, que también se ha abalanzado sobre el mueble de pino.- ¡Déjame algo a mí!

-Juro que jamás entenderé esa obsesión tan rara que tienen las mujeres con la ropa...¿está en sus genes o qué?.- pregunta Ron mientras se tumba en su cama a contemplar el espectáculo que están dando las dos chicas.

Una hora más tarde, Harry ya tiene listo su baúl. Sabe que no se olvida nada... "¡cómo voy a hacerlo con esas dos locas que tengo por amigas!" piensa.

-Creo que yo debería irme ya...no vaya a ser que Flintch me encuentre por los pasillos, ya es tarde.- dice la Ravenclaw, que estaba tumbada en el suelo descansando tras la aventura que ha sido preparar el equipaje. Lo cierto, es que se lo ha pasado genial.

Hermione abre la boca para ofrecerse a acompañarla, pero la mirada asesina de Ron la hace pararse en seco. La castaña sabe de la obsesión del pelirrojo por juntar a Leah y Harry, aunque no sabe porqué, ella está convencida de que no hay entre ellos dos lo que Ron cree ver.

-Harry te acompaña¿verdad compañero?.- más que una pregunta suena como una orden por parte de Ron, así que el moreno se dirige con la también morena hacia la casa de ella.

Los pasillos están iluminados por la tenue luz de las velas que cuelgan de unas lámparas de araña del techo. Los cuadros que decoran las paredes están durmiendo en los más extraños lugares: sillones, paja, hierba...incluso hay un pescador que está en una barquita.

-Siento que te tengas que dar el paseo para acompañarme.

-No importa.- le quita importancia el chico.- es lo menos que podía hacer después de lo del equipaje.

Leah suelta una carcajada al recordar el caos en el que han dejado la habitación de los Gryffindors. Entonces, Harry la mira: parece mentira que en una chica tan inocente haya oculto un carácter y personalidad tan fuertes, tanto, que fue capaz de pegar una bofetada al mismísimo príncipe de slytherin.

Ese pensamiento le hace recordar la mirada del rubio al salir de la tienda. A veces se sorprende a sí mismo pensando en ella, y en lo que "creyó" ver en los ojos tormenta, pero suele apartar la idea de su mente con rapidez ya que se siente bastante confuso desde ese día.

Leah se da cuenta de que su acompañante está sumido en sus propios pensamientos y decide no interrumpirlo. Así que la pareja continúa caminando en silencio hasta que llega a la estatua que da paso a la casa de Ravenclaw.

-"Los pilares de la tierra".- susurra la morena, al tiempo que la estatua se retira. Harry sólo alcanza a ver un largo pasillo decorado con enormes cuadros, que, como los del resto del castillo, también están durmiendo.

-¿Ese no es un libro muggle?.- le pregunta el de ojos esmeralda extrañado.

-Sí, lo es. Hay veces en los que la contraseña son libros mágicos, aunque la mayoría son muggles. Lo cierto es que es mejor literatura.- se encoge de hombros la chica como si intentara disculparse por ese hecho.- Buenas noches.

-Descansa bien.- le responde él. Cuando está a punto de girarse para irse hacia Griffindor, la morena se pone de puntillas y le da un ligero beso en la mejilla.

-Gracias, Harry.- a él no le da tiempo a contestar ya que la chica se ha perdido en el largo pasillo y la estatua se está cerrando.

Tras unos segundos de confusión, el chico extiende el mapa del merodeador que ha llevado consigo. No corre peligro: el conserje está en el tercer piso con su gata y Snape en las mazmorras. Inconscientemente dirige su mirada hacia unas huellas en una de las habitaciones de Slytherin. El nombre de Draco Malfoy, no se mueve por lo que el moreno da por echo que el rubio está durmiendo.

Tras reprenderse a sí mismo por interesarse por lo que en pocas horas será su compañero de habitación se dirige hacia su casa. Tiene ganas de llegar porque sabe que sus compañeros de cuarto le deben de haber preparado una buena despedida.

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La visión de unos ojos rojos le sacan precipitadamente de su sueño.

Agitado, tantea la mesilla que tiene al lado de la cabecera de la cama para encender una pequeña lámpara.

Se incorpora todavía con la respiración entrecortada. Sus rubios cabellos le caen pegados a la cara y unas gotitas de sudor perlan su frente.

Tras unos minutos logra relajarse. Abre, entonces, el primer cajón de la mesita buscando un coletero para recogerse el pelo. Se lo ha dejado bastante largo y ya no se lo engomina, lo que le hace parecer algo más mayor y como dice Blaise, "más atractivo".

Se frota los ojos para luego mirar el reloj: las seis y cuarto de la mañana.

-Tampoco es tan pronto.- su voz resuena en la habitación que hasta ese momento había permanecido en silencio.

Decide que no le vendría mal una ducha al notar como las sábanas de seda se le pegan al cuerpo sudoroso.

Esta vez la pesadilla ha sido fuerte. Desde el día en el que el Señor Oscuro le encomendó la misión no ha dormido bien ninguna noche. Además, el hecho de compartir habitación con el moreno que protagoniza también sus pesadillas no ayuda en absoluto.

Todavía no tiene idea de cómo hacer para llevar a Potter ante Voldemort, tampoco quiere pensarlo mucho, porque es algo que le duele demasiado.

Después de unos minutos se levanta y se dirige al baño.

Entra y enciende el grifo para dejar correr el agua mientras se quita le pijama. Cuando se mete bajo la ducha siente la humedad calarse por cada uno de los poros de su sensible piel. Se enjabona con suavidad, y se queda algo más bajo el agua tibia.

Apoya las manos contra la pared y respira hondo. Le encanta sentir las gotas recorriendo su espalda como si de una carrera se tratara. Cuando era pequeño escogía una de ellas y la seguía a través de su piel esperando que llegara al final antes que las demás.

Draco sonríe ante ese recuerdo.

Cuando sale, un ligero vapor de agua inunda la estancia y se puede distinguir el suave olor a menta que flota en el aire.

Coge la toalla que cuelga de la puerta y se la coloca alrededor de la cintura para salir a cambiarse.

-Nadie te ha dicho que así estás muy apetecible.- una voz sensual le susurra al oído. Draco, que no ha escuchado abrirse la puerta, se sobresalta y de un salto se aleja de la voz con el corazón palpitándole a mil por hora.

-¡Por Merlín! Que susto me has dado Zabini.- le replica mientras se dirige al armario para sacar la ropa del día.

-Eso pretendía, principito.- Blaise se ha vuelto a acercar a él, aunque se mantiene a una prudente distancia.

-¿Qué camisa te gusta más?.- el rubio le levanta dos camisas del mismo blanco pero distinto corte.

-Sinceramente...a mí me gustas más sin nada.- el moreno de largos cabellos se ha situado justo detrás de él posando sus manos en la cintura del otro. Su mentón reposa sobre los hombros del rubio que es algo más bajo.

Un escalofrío recorre la espalda del de ojos tormenta al sentir los finos labios sobre su piel. Suavemente se retira del contacto que acaba de comenzar el otro.

-No quiero llegar tarde, Blaise.- se excusa Draco con una sonrisa sincera; una de las pocas que le dedica a su compañero.

-¿A una clase con los Griffindor?.- se extraña el otro mientras se dirige al armario para coger unos pantalones de corte italiano y tendérselos al rubio que se ha situado al otro lado de la cama. Él lo interpreta como una manera de dejarle claro que esa mañana no "jugarán" juntos.

-En realidad es clase de pociones.- se encoge de hombros el aludido. Mientas se coloca la camisa el moreno no puede evitar observar como la tela roza la piel blanca. Inconscientemente mueve la cabeza para evitar no lanzarse encima del príncipe.

Mientras Malfoy entra de nuevo al baño para peinarse (no se pondrá gomina pero el chico no puede salir con un solo pelo fuera del sitio!) Zabini recorre con la vista la habitación. Le llaman la atención los tres baúles que hay al lado de la puerta y que no vio cuando entró minutos atrás.

-¿Así qué ya te has preparado para mudarte?.

-¡Que remedio!.- su voz se oye desde el baño. Blaise sabe que irá para largo por lo que se sienta en la cama. Sonríe al pensar que ni siquiera Pansy tarda tanto en arreglarse.- el demente del anciano piensa que nos irá bien...¡no sabe nada!

-Te equivocas, el loco lo sabe todo.¿Y como está eso de que te toca limpiar?

La cabeza del rubio asoma por el linde de la puerta y con una mirada asesina Draco responde al pique de su amigo.

-¡Calla que no se lo que más asco me da! Si vivir con Cara-rajada o limpiar las mazmorras.

-¿Pero tu sabes lo que significa limpiar, Príncipe?

La respuesta del rubio llega en forma de una toalla mojada que impacta directamente en el atractivo rostro del de ojos verde hierba.

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El timbre fue la señal de que la clase de pociones había finalizado.

-¡Jamás he visto una poción más difícil que está!.- Hermione está entusiasmada con la tarea que Snape les ha puesto para la semana siguiente. Ese sentimiento no es compartido por los dos amigos que la esperan en la puerta mientras recoge sus pergaminos.

-Mira que estar feliz porque Snape se ha vuelto aún más...

-¿Cabrón?.- acaba la frase Ron.- Lo peor es Hermione...me va a tocar aguantarla una semana entera hablando de la maldita poción.

-No sabía que aguantar a Mione fuera algo desagradable para ti...

-Sólo cuando se pone más "rara"...¡eh!.- Ron se da cuenta de la insinuación de su compañero y le da un empujón.

-Bueno no me dejo nada.- dice la castaña.- ¿Por qué estás rojo Ron?

-¿Rojo¿Yo¿Qué?

La confusión del pelirrojo hace que Harry no pueda aguantarse más la risa. Hermione los mira a ambos con cara de no comprender y abriéndose paso corre hacia Ginny a la que acaba de ver por el pasillo.

-¡Espera Hermione!.- el pelirrojo enfila detrás de ella.

-¿Dónde cree que va, señor Potter?.- Harry, que también iba a salir corriendo detrás de sus amigos es detenido por la voz del profesor de pociones que está sentado en su mesa, rodeado de una cantidad considerable de frascos que le acaban de dejar los alumnos para ser corregidos.- Creo que usted tiene un castigo por realizar¿no?

El profesor se levanta de su silla yendo hacia la puerta, al tiempo que con la cabeza le hace un gesto a su ahijado para que le siga. Malfoy, que había estado apoyado elegantemente contra la pared se incorpora siguiendo al hombre de ojos ónix.

Harry agacha la cabeza cuando Snape pasa a su lado, y se aparta para dejar paso al rubio.

-Síganme.- les ordena Severus. Los dos jóvenes caminan unos pasos por detrás de él, aunque es Harry el que cierra la marcha. Tras recorrer unos cuantos pasillos, el moreno tiene la impresión de que están varios pisos bajo tierra ya que han estado descendiendo. Después de pasar de largo decenas de puertas Snape se detiene ante una pequeña de madera de arce con extraños motivos en las jambas.

El hombre abre la puerta y una nube de polvo sale a darles la bienvenida. La habitación no es muy grande. Está llena de mesas y sillas, algunas bastante antiguas.No tiene modo de ventilación alguno, lo que preocupa a los chicos que.. no saben vivir sin respirar.

-Hemos decidido que empiecen por este aula. Es una de las últimas que se limpió.

-¡QUÉEEE!.- exclaman los jóvenes a un tiempo.

-Bueno no queríamos que os desanimarais.- ríe perversamente el moreno de nariz aguileña.

-¡Menos mal¡Que si lo hubieran intentado no se yo que sería de nuestra salud!...

-¿Qué dice, joven Malfoy?

-Nada, nada.- niega rápidamente el rubio. El comentario ha hecho gracia a Harry: el chico le ha leído el pensamiento.

-Bueno aquí les dejo sus útiles de limpieza.- dice Snape mientras realiza una floritura con la varita. Un cubo, una fregona y varios trapos se aparecen en el suelo.- Ah! No se si se lo han comentado pero no pueden realizar magia alguna. Así que denme sus varitas si son tan amables.- hace un gesto con la mano. Malfoy se la entrega, pero Harry duda por unos segundos.

-Pero...

-Pero nada, señor Potter. Las varitas deberán serme entregadas antes de cada castigo, aunque también podrán hacerlo a Minerva si lo prefieren.- Harry pareció tranquilizarse un poco. – Además, la puerta permanecerá cerrada mientras alguno de los dos conserve la suya.

Harry acaba cediendo y le tiende la varita al profesor que la acoge con gusto. Se las guarda ambas bajo su túnica. Antes de retirarse Snape les recuerda que deberán ir a buscarlas a su despacho cuando acaben de limpiar.

Cuando el hombre sale de su vista Harry se agacha a por el cubo y la fregona.

-Bueno...mientras antes empecemos, antes acabaremos...

-¿Qué dices, Potter?.- el rubio levanta una ceja con un gesto de incredulidad.- Yo soy un Malfoy, y por si no lo sabes, nosotros NUNCA limpiamos.- dice enfatizando la negación.

-Como si eres el mismísimo Merlín.- dice Harry al tiempo que le tira los trapos con la mano libre.- esto está muy sucio y yo no pienso hacerlo todo solo.

-¿A no? Pues si el papel de chacha te queda como anillo al dedo.- el slytherin sonríe internamente al ver como el otro está empezando a enfadarse.

-¿Sabes de algún sitio donde coger agua?.- pregunta el moreno intentando pasar por alto su incitación.

-¿Agua¿Para qué?

La cara de Harry en esos momentos es como un enorme interrogante... "¿Es posible que Malfoy no sepa limpiar? Esto va a ser todavía más difícil...¡Merlín dame fuerzas!"

-¿Quieres limpiar todo esto con saliva o qué?.- se burla el gryffindor.

Malfoy se acerca a él con paso amenazador pero contra todo pronóstico, en vez de arremeter contra Harry lo único que hace es quitarle el cubo de las manos.

-Se donde hay un pozo...y no te molestes que voy yo no sea que el leoncito vaya a perderse y me tenga que quedar aquí solo esperando.

-Aquí te espero.

Dicho esto el rubio sale disparado por el pasillo.

"Bueno...algo tendré que hacer hasta que venga con el cubo." El chico coge los trapos que han quedado en el suelo después de que Draco se fuera y entra en la habitación, no sin antes decir un par de oraciones para pedir al cielo no tener alergia al polvo.

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-Bueno...¿y qué tal el castigo?.- le pregunta Hermione a la hora de la cena.

-No ha ido tan mal, aunque confieso que al principio me daba miedo que Malfoy no me ayudara.

-¿Y lo ha hecho¿Te ayudó?.- pregunta incrédulo Ron mientras se mete una enorme alita de pollo entre pecho y espalda.

-Bueno...

- - - Flashback- - -

-Bueno Potter...aquí tienes tu agua.- Malfoy ha llegado tras unos minutos, que se le han hecho eternos al moreno pensando en las mil y una circunstancias que podían hacer que el rubio lo dejase tirado con todo el marrón. El recién llegado deja el cubo lleno del líquido transparente a un lado. Después, con un movimiento elegante, se quita la túnica con la insignia de slytherin y se afloja el nudo de la corbata, a imitación de Harry, que ya lo hizo hace rato.

-Ahora limpia el suelo.- le pide el moreno.

-Ya hice suficiente que me di un buen paseo porque el "señorito cara-rajada" quería agua.

-Mira Malfoy, no quiero discutir porque de ahora en adelante voy a tener que verte la cara muy a menudo así que coge la fregona y limpia el suelo que yo ya lo he barrido...¿o acaso no notas que hay menos polvo?

Draco mira a su alrededor y se da cuenta de que lo que dice el chico es cierto. El ambiente es respirable, cosa que no ocurría al principio. Entonces, cae en la cuenta de lo mal que lo debe de haber pasado Harry. Posa sus ojos tormenta en el moreno, el cual ofrece una imagen algo lamentable: los cabellos negros ahora están del color de la ceniza a causa del polvo, la camisa antes blanca está arrugada por fuera de los pantalones; lleva, también, la corbata aflojada y los primeros botones de la camisa desabrochados lo que deja entrever la piel morena.

Definitivamente, no está muy limpio pero es la imagen más sexy que Draco ha visto jamás.

Algo se revuelve en su interior, algo que no logra identificar. Sólo vuelve a la realidad cuando el Gryffindor le acerca la fregona. Malfoy la toma con decisión y comienza a "fregar".

- - - Fin del Flashback - - -

-¡El hurón limpiando!...siempre me pierdo lo mejor...¡maldita sea!.- se queja Ron. La perspectiva de ver a Malfoy con cubo y fregona se le antoja muy divertida.

-Bueno siempre hay una primera vez para todo...¿no?.- dice Hermione mientras ojea un libro que sacó esa misma tarde de la biblioteca.

-No me puedo creer que ya te hayas leído casi la mitad.- le dice el pelirrojo que cae en la cuenta de la tarea que ha tenido ocupada a la castaña por horas.-¿Y se puede saber para que querías a mi hermana?

-Ginny es una alumna aventajada en pociones.- dice la chica mientras continúa con su lectura.- Pensé que ella habría oído hablar de la poción, pero dice que no le suena...Además teníamos cosas de que hablar...

-¿Qué cosas?.- pregunta Harry. Lo cierto es que el chico se hace una ligera idea del tema de conversación pero quiere que sea su amigo el que se de cuenta de ello.

-Cosas nuestras, Harry.- la mirada asesina que le echa al moreno hace que éste pierda todo el interés en el tema, más que nada porque no quiere morir joven.

El Gran Comedor comienza a vaciarse. Los dos prefectos de Griffindor se despiden de su amigo , ya que tienen que llevar a los más pequeños hasta las habitaciones para evitar que se metan en líos.

Harry se queda, entonces, solo. Mira al techo de la enorme sala que en esos momentos muestra un cielo negro, cubierto por miles de estrellas que centellean a distintos tiempos y que le hacen recordar a las luces de navidad.

El momento que más ha temido ha llegado: debe ir a la torre de los premios anuales.

Se levanta pesadamente de la silla como si eso fuera a lograr que él no llegara a lo que iba a ser de ahora en adelante su nueva habitación.

Recorre los pasillos del colegio deteniéndose cada pocos metros a observar un cuadro, mirar por la ventana o simplemente a respirar hondo. Está nervioso, aunque no sabe muy bien porqué.

Al fin llega ante el cuadro que guarda la entrada a la pequeña torre. Éste muestra a una bella joven que está en una torre cepillando su largo cabello. Mira al horizonte como esperando a que se presente su príncipe azul.

Harry carraspea para que la doncella se de cuenta de su presencia. Lentamente la chica mueve su delicado rostro hacia él. Éste no puede evitar darse cuenta de la tristeza que inunda sus preciosos ojos azules.

-Yo...esto...

-Eres el primero en llegar. Ya creía que este año nadie me hacía compañía.- dice la chica de cabellos cobrizos.- ¿Vamos a estar solo tú y yo?

La pregunta pilla desprevenido a Harry, que tarda unos segundos en contestar.

-No.- responde al fin.- Hay otro chico.

La chica sonríe mirando de nuevo al horizonte. El moreno, que teme que la protagonista del cuadro vuelva a perderse en sus pensamientos le dice la contraseña.

-"Miel y Menta".-"Las contraseñas de este colegio son cada día más raras" piensa.

-Correcto.- el cuadro se retira.- Buenas noches, león.

Harry atraviesa el cuadro. Lo primero que ven sus ojos no le decepciona en absoluto. La habitación que hace las veces de sala de estar es bastante amplia. La decoración está bien escogida. Sobre la chimenea, ahora apagada, hay dos estandartes: uno de Griffindor y el otro de Slytherin. Ningún mueble más muestra los rasgos de alguna de las casas. Son todos de estilo antiguo pero elegantes.

Al final de la estancia hay unas escaleras. El chico se decide a subirlas. Los pocos escalones le llevan a un pequeño pasillo con tres puertas. Las dos de las esquinas tienen escritas el nombre de cada uno en la fina madera, junto a ellos dos figuras que llaman la atención del moreno: un dragón y un ciervo de gran cornamenta.

Presupone, entonces que la puerta de en medio es el baño..."Genial, encima nos toca compartir aseo...¿Qué más cosas se le habrán ocurrido a Dumbledore? Creo que el pobre comienza a chochear..."

Con ese pensamiento abre la puerta con su nombre y el ciervo tallados. No puede evitar soltar una exclamación al ver la estancia. Es enorme. La cama se halla en el centro de la habitación con su baúl a los pies. La mesa de estudio es también muy amplia y tiene una pequeña biblioteca personal. Un armario y una cómoda completan la decoración. Pero a pesar de ello lo que más gusta al Griffindor es la ventana. Una ventana enorme con vistas al lago y con un pequeño asiento a los pies lleno de cojines. Le encanta.

Se acerca al baúl y con un movimiento de varita saca toda su ropa y la mete en el armario. Se aproxima al mueble al ver el gran espejo que cuelga de él. La imagen descuidada y sucia que le devuelve su reflejo no le gusta en absoluto por lo que decide ir a ducharse.

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-Así que tú eres el otro chico que va a hacerme compañía este año.

Draco ha llegado ante el cuadro de la joven, la cual continúa cepillándose el pelo. Al rubio le llama la atención lo largo de sus cabellos cobrizos.

-Deduzco, entonces que Potter ya llegó.- dice más para si mismo que para el cuadro.

-¿Potter? Hacia tiempo que no oía ese apellido...sí, no se como no he caído antes en la cuenta...tiene los ojos de Lily aunque es igualito a James.- dice pensativa. El chico se está empezando a cansar de la joven y voltea los ojos exasperado.- Nunca olvido un nombre¿sabes? Recuerdo a cada una de las personas que han vivido conmigo.

-Tanto como contigo...

Desde lo alto de la torre la chica le dirige una mirada cargada de algo que el chico no logra identificar, aunque se da cuenta de que no es nada bueno.

-"Miel y Menta".- arto ya del cuadro decide acabar cuanto antes y entrar.

El rubio no se detiene a mirar la habitación como ha hecho Harry, sino que se dirige enseguida escaleras arriba.

Cuando pone los pies en el último escalón la imagen que ve ante sus ojos le deja sin respiración.

Potter acaba de salir del baño. Lleva, únicamente el pantalón rojo del pijama; los cabellos azabache, aún mojados le caen sobre la cara algo revueltos. Algunas gotas le recorren el abdomen musculado por los entrenamientos y los ojos esmeralda le brillan de un modo especial.

Draco se da cuenta de que el moreno se sonroja ligeramente al saberse estudiado por sus ojos tormenta.

-Vaya.- dice el rubio acercándose lentamente al moreno.- no sabía que había algo interesante en la torre.

El Slytherin se ha aproximado tanto que el otro puede notar su respiración. Turbado, Harry se retira hacia un lado alejándose del rubio que en un movimiento rápido lo acorrala contra la pared.

-¿Qué te crees que haces Malfoy?.- pregunta entre asustado e intrigado. No quiere aceptarlo, pero no le incomoda esa repentina proximidad, aunque le da mala espina.

-Me has tenido toda la tarde limpiando, Potter. ¿No opinas que me merezco una recompensa?.- el rubio pasa uno de sus finos dedos por el cuello bronceado siguiendo el camino ascendente de una gota. Nota el ligero escalofrío que sufre el moreno, y sonríe para sus adentros. Lo último que el esperaba es que Harry no se opusiera al contacto.Pero, entonces, oye una vocecita en su interior, una que le dice que no se haga ilusiones, que el Gryffindor no puede sentir ni de lejos lo que él siente.

Draco se aparta con brusquedad de Harry, dejándole a este como en estado de shock, sin saber si lo que acaba de ocurrir ha sido real o producto de un sueño, uno que lo invade muy a menudo...

-Más te vale que no ronques, Potter.- le dice amenazante antes de cerrar la puerta con brusquedad.

Draco se queda apoyado en la puerta, maldiciéndose por el momento de debilidad que acaba de tener. Sin ni siquiera cambiarse de ropa se tumba en la cama esperando a que Morfeo se lo lleve para intentar olvidar a los ojos esmeralda.

Esos mismos ojos continúan en el pasillo, intentando recuperarse. Si últimamente estaba confuso, lo que acaba de ocurrir no le ayuda en nada a aclararse, todo lo contrario.

Como movido por una figura invisible que determina sus movimientos entra en su habitación. Se mete entre las sábanas pensando en que con luz del día todo le será más fácil...o al menos eso espera.

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Fuera, en un cuadro a la entrada de la torre unos ojos azules atizan el horizonte. Una figura montada a caballo se adivina a lo lejos. La dueña de esos irises no puede evitar reír, su príncipe siempre aparece a la misma hora, pero ella teme continuamente que no lo haga.

Cuando un hermoso caballero de rubia melena y ojos verdes, con unas facciones afiladas, se planta a los pies de la torre ella le arroja sus cabellos ahora recogidos en una larga trenza.

Después del ansiado beso de los amantes, la joven lo dirige hacia la cama que preside la pequeña habitación. Tumbados y a oscuras se oye la voz dulce de ella.

-Este año son un león y una serpiente.

-Interesante, pues.- le contesta el hombre mientras acaricia los labios carmesí con la punta de los dedos.

-Si, es como...

-Miel y meta...- finaliza el rubio.

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Bueno hasta aquí el quinto capítulo, que por cierto me costó bastante de escribir.

¿un primer acercamiento?

Todo está por ver...

Dejen reviews, plis

Nos leemos.

LittleSweet.