CAPÍTULO 6: Consecuencias de una noticia

Los pequeños rayos de sol que se cuelan a través de las verdes cortinas iluminan sus rubios cabellos sobre la almohada. El chico se gira hacia el lado contrario para intentar seguir durmiendo unos minutos más, pero la luz se está haciendo cada vez más intensa, y él, que no está acostumbrado, no puede hacer otra cosa que abrir sus impresionantes irises mercurio. Se despereza en la cama estirándose en toda su estatura.

Mira a su alrededor y sólo tras unos segundos reconoce las paredes pintadas de un ligero color beige: está en la torre de los Premios Anuales. ¿Cómo ha podido olvidar ese "pequeño detalle"? Y sobre todo...¿cómo ha podido olvidar que Potter duerme a solo un par de metros de su habitación?.

Turbado ante esa idea se levanta y se mete a todo correr en el baño. Imagina que su nuevo compañero todavía duerme, pues es sabido por todos que los Gryffindor son bastante remolones en la cama. Se ducha y se viste en el baño. Abre la puerta apresurado, pero lo que no espera es encontrarse de bruces con el moreno.

-¿Por qué no miras por donde vas, Potter?.- le espeta Draco desde el suelo hasta donde ha ido a parar después del encontronazo.

-Lo siento, Malfoy. Pero, es que...es que...- Harry está de pie frente al rubio tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse. El chico lo mira desconfiado con sus ojos tormenta.

-¿Es qué que, Potter?.- le pregunta alzando una ceja al más puro estilo Malfoy.

-Es que llegamos tarde.- acaba el moreno en un susurro.

-¿QUÉ?.- grita Draco levantándose de golpe sin hacer caso de la mano que Harry le había tendido.

"Vale, que no cunda el pánico. En todos tus años aquí jamás has llegado tarde y este no va a ser el primer día. ¡Date prisa!"

El rubio sale disparado hacia su habitación se pone la túnica de Slytherin y a la misma velocidad corre atravesando el cuadro de la entrada para llegar a tiempo.

Tras unos segundos pensando en que ni siquiera Hermione podría correr tanto de saberse en la misma situación, Harry entra en el baño a asearse para salir hacia el Gran Comedor.

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-¿Así que se te han pegado las sábanas, eh príncipe?.- Blaise está sentado tranquilamente en su pupitre viendo como un acalorado Draco se sienta a su lado dejando los pergaminos encima de la mesa.

-No quiero un solo comentario, o mueres Zabini.- sisea el rubio sin tan siquiera mirar a su compañero.

-Si no desayunaste nada yo puedo arreglarlo.- el moreno de largos cabellos le susurra sugerente al oído de su amigo, imaginando un sin fin de posibilidades junto al rubio. Pero todas éstas se esfuman al ver la mirada de odio que le dirigen los ojos tormenta.

-Hoy no me he levantado con buen pie, Zabini, así que no me tientes.

En esas estaban los amigos cuando una cabellera pelirroja y otra azabache entran en el aula. Harry se encontró con sus amigos en el pasillo cuando ya se iban a clase así que tampoco ha desayunado, y tiene la cara algo pálida. Tras los chicos aparece Hermione, la cual va a sentarse junto a Lavander.

Sólo unos minutos después aparece la profesora McGonagall y da comienzo la clase.

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El lago está calmado a esas horas de la tarde. El clima es agradable, y muchos alumnos se han decidido por ir a aprovechar los últimos días del verano.

Dos leones y un águila están sentados debajo de una impresionante haya.

Hermione está leyendo un libro sobre criaturas mágicas acuáticas mientras que Leah hace sus deberes de Historia de la Magia. Ron, sin embargo, está tumbado al lado de las dos chicas con los brazos por detrás de la cabeza mirando fijamente al cielo que con los minutos se está tiñendo de tonos malva y morado.

-Juro que no se como aguanta tanto tiempo al hurón.- dice de repente el pelirrojo rompiendo el silencio que se había creado entre los tres.

-¿Qué?.- pregunta Hermione levantado la vista del libro.

-Lleva casi un mes de castigo, han limpiado no sé cuantas clases y encima lo tiene que ver por las noches.- explica el chico.

-Bueno...es mejor que cualquier otra cosa.- le responde la de ojos violeta encogiéndose de hombros.- Aunque he de decir que si fuera conmigo, Malfoy ya estaría molido. ¡Le tendría todo el rato limpiando sin parar!...¿Os lo imagináis lleno de polvo?

-Creo que eso nunca lo veremos...

-¿Qué es lo que no veréis?.- Harry acaba de llegar junto a sus amigos. Tras cuatro horas limpiando está agotado pero quiere ir a verlos. Le da la impresión de que últimamente pasa menos rato con ellos. El moreno se tumba al lado de Ron a mirar la puesta de sol.

-A Malfoy sucio y lleno de polvo.- le contesta Leah.

-No es nada del otro mundo, creerme.

La morena mira extrañada a su amigo. En lo que llevan de semana Harry se ha estado comportando de una manera algo diferente, ella lo ha atribuido al cansancio pero ahora que se fija bien, el chico parece tener la cabeza en otra parte...como si su cuerpo estuviera con ellos pero su mente volara lejos...muy lejos.

-¿Sabéis? La semana que viene es el partido Ravenclaw contra Gryffindor.- la chica saca el tema del quidittch sabiendo que eso distraerá un poco a Harry.

-¡Cómo olvidar la paliza que os vamos a dar!.- le contesta Ron con tono burlón. Su amigo ríe despreocupado mientras que la castaña prefiere no tomas parte en la conversación, no le gusta demasiado ese deporte.

-¿Perdona?.- la de ojos violeta deja los apuntes a un lado y se lanza sobre el pelirrojo.- ¿Sabes cuantos tantos te voy a meter, guardián?

-¡Ninguno!.- dice el moreno que ya está de mejor humor.

-Eso ya lo veremos.- Leah se separa de Ron y mira a Harry con una mirada intensa.- Puede que no tengamos la mejor buscadora.- Hermione ríe la ocurrencia disimuladamente. Le duele admitirlo, pero su amiga tiene razón. Cho Chag no es tan buena como Potter.- pero no tenéis nada que hacer contra nuestros cazadores. En eso os superamos.

-Pero eso no os va hacer ganar el partido.- le dice el moreno para picar un poco más al águila, la cual es bastante vulnerable cuando le hablan de quidittch. Harry sabe que Leah es una cazadora genial, pero le gusta chincharla.

-Cierto, cierto.

-Mira Ron, que sepas que estas manitas te van a meter más tantos de los que te esperas. Cuando acabe contigo no querrás ponerte delante de los aros nunca más.- le dice amenazadoramente moviendo los dedos de adelante hacia atrás con asombrosa rapidez.

-Bueno, chicos dejarlo ya.- interrumpe la prefecta de Gryffindor, que nota que la broma está empezando a cabrear a la morena.- Mirad mejor vamonos a cenar.

Leah es la primera en recoger sus cosas y salir hacia el castillo con el Trío Dorado tras ella. En realidad no está enfadada, pero quiere hacer sufrir un ratito a los chicos.

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Harry está tumbado en su cama, mirando las extrañas sombras del techo. Ni siquiera se ha quitado el uniforme, no tiene ganas de nada. Lo único que puede hacer es pensar; pensar en unos preciosos ojos del color de la tormenta que le han quitado el sueño. No hay momento del día en que no piense en el rubio, y eso le está empezando a preocupar seriamente. Lo peor es que el Slytherin parece no querer prestarle atención. Lo ignora, no le habla y ni siquiera le mira.

El moreno no lo entiende. Hace un mes, cuando se trasladaron a la torre...bueno él todavía puede sentir la piel de Malfoy sobre la suya mojada. Ese recuerdo le hace estremecerse. ¿Por qué, entonces, salió corriendo?¿Por qué le dejó allí plantado en mitad del corto pasillo que separa sus habitaciones?

Lleva una semana dándole vueltas al tema. Al principio, cuando pasó quiso ignorarlo, pero ahora simplemente no puede. Se maldice a sí mismo y se incorpora para ir al baño, lavarse la cara y despejarse. Posa su mano sobre el picaporte de la puerta y entonces lo oye...

Una voz femenina y sensual entre pequeñas risas. Pega el oído sintiendo la tibieza de la madera para escuchar mejor, pero no puede. Armándose de valor abre con cuidado la puerta.

Sus ojos esmeralda se topan con unos negros enmarcados por una cabellera rubia. La mirada traviesa de la chica le hace sentir pequeño, sin embargo, lo peor viene después, cuando ve a Malfoy detrás de ella. Su rostro no deja entrever nada y su mirada es fría cuando se cruza con la suya. Sin decir media palabra se da la vuelta, y se mete de nuevo en el cuarto a oscuras sintiendo como algo se rompe en su interior. Y el Niño-Que-Vivió no puede más que volverse a maldecir a sí mismo, porque no entiende nada de lo que le está pasando.

Apoyado en la puerta se desliza hacia el suelo y se queda con las rodillas tocándose la frente. Y así permanece, porque no sabe que hacer, como sentirse o como reaccionar ante lo que le ocurre.

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La puerta se cierra tras la pareja. El chico se acerca a la cama, levanta la almohada y coge su pijama. La chica, sin embargo se dirige a la pequeña butaca que hay bajo la ventana. Se queda contemplando la luna, que esa noche asoma tímida entre las nubes que pueblan el cielo.

-Le estás haciendo sufrir, Draquito.- le dice la chica sin apartar la vista de la ventana.- Ahora entiendo porqué no te importó tanto mudarte aquí.

-No sabes de lo que hablas, Panse.- le dice el rubio mientras se acaba de poner el pijama.

-A Blaise no le va a sentar muy bien.

-¿El qué?.- Draco se ha sentado en la cama con las piernas cruzadas sobre el edredón.

-Lo que sientes por ese Gryffindor en particular. Aunque nunca me lo ha dicho mi Blaise siente algo especial por ti. Algo que mal que me pese, no sentirá nunca por mí.- la chica gira su delicado rostro hacia el rubio y le sonríe con timidez.

A Draco le gusta su amiga. No es como todo el mundo piensa, una "puta". Vale, algo libertina si es, pero sus sentimientos son fieles hacia el moreno de largos cabellos. Adora a la chica desde que ésta dejó de estar obsesionada con él. Es cierto que la rubia le ha proporcionado buenas noches, eso no puede negarlo, pero lo que más aprecia de ella es su cerebro y la capacidad innata que tiene para leer sus pensamientos. No es tan estúpida como parece a simple vista. Draco sabe que es un papel, que ella ha escogido y que interpreta a la perfección fuera de las cuarto paredes de Slytherin.

-¿Qué ha pasado entre vosotros?.- le pregunta curiosa.

-Nada.- por la mirada que le echa desde la butaca se da cuenta de que no le cree.- No ha pasado nada porque simplemente no puedo permitírmelo.

-Así que es eso...-ahora es el chico el que la mira intrigado.- Te has enamorado, no es un simple juego.

Draco se levanta de la cama y se aproxima a la Pansy. Cuando llega a su altura le acaricia suavemente el mentón.

-¿Sabes? Odio que me conozcas tan bien.

Ella no puede evitar sonreír y coge su mano para apartarla con delicadeza. Tiene muy claros sus sentimientos pero como cualquiera no es inmune al príncipe de Slytherin.

-¿Es por la Marca?.- inconscientemente Malfoy se lleva la mano al brazo izquierdo.- ¿Va a condicionar eso tu vida? Pensé que una vez prometimos que tomarla no iba a cambiarnos, Draquito.

-Tú no lo entiendes, hay muchas cosas que no sabes Panse.- dice alejándose de ella para pararse frente a la ventana. La imagen del lago de noche le impresiona.

-Cierto, no sé, pero lo que sí se es que nunca te has dejado manipular por nadie, ni tan siquiera tu padre. En Hogwarts siempre has hecho lo que te ha dado la gana.

-Yo...yo...no puedo...arriesgarme...

-¿A qué Draco?¿A ser feliz, cariño?.- Pansy se ha levantado y se ha puesto a la altura del rubio, aunque lo cierto es que él le saca más de una cabeza.

-Él no siente lo mismo.- se encoge de hombros el muchacho como resignado.

-¿Y tú como lo sabes?¿Acaso se lo has dicho? Por lo que yo he podido ver le ignoras bastante.

Draco recuerda la escena del pasillo pocos minutos atrás y se culpa por ello. En el mes que lleva viviendo con Harry todo ha cambiado. No se siente con fuerzas para insultarle como hacia antaño sólo para llamar su atención, ni mostrarse seductor como haría en otras ocasiones, no puede hacer muchas cosas que le gustarían porque sabe lo que tiene que hacer...tiene que llevar al moreno ante el Lord, y no se siente con fuerzas para ello.

Sin darse cuenta echa una mirada furtiva al primer cajón de su escritorio. La carta que recibió ayer de su padre está dentro. Ni siquiera la ha abierto, porque sabe lo que dice, que debe darse prisa, que el Seño Oscuro se impacienta. ¿Pero que puede hacer? Su cabeza está hecha un tremendo lío que no sabe como deshacer.

-Yo sólo digo que mejor no lo vas a tener en la vida. Vivís pared con pared...¡Por Merlín, Draco, si fuera otra persona ya te lo habrías tirado!

-Tú lo has dicho, si fuera otra persona...

-Mira, tú dime lo que quieras que yo a quien hago caso es a tus ojos...y...¿Sabes lo que me dicen ahora?

-¿Qué?.- susurra el chico alzando la ceja.

-Que te mueres por besarlo.

Sin saber porqué el rubio toma a su amiga entre los brazos y la estruja con dulzura. Su calor le hace sentir bien y en paz durante unos segundos.

-Gracias, Panse.- le dice al oído.- la verdad, no se porque no me enamoré de ti. Todo sería más fácil.

-Sí sería más fácil,pero cariño, creo que yo no soy precisamente tu tipo.- sonríe la joven.- Prometeme que vas ha hacer algo por cambiar la situación, sino no me voy, jeje.

-Te lo prometo, sólo por no tenerte aquí toda la noche dándome la brasa.

-¡Ehh!.- la chica se aparta de los brazos del rubio fingiéndose ofendida.- ¡Que yo sepa no soy tan mala compañía, Draquito!.

Con esto Parkinson da la conversación por acabada,se alza para darle un ligero beso a Draco en la mejilla y se dirige hacia la puerta.

-Tranquilo, se salir. Buenas noches, amor.

-Buenas noches, Panse.- lo último que ve la rubia antes de cerrar la puerta, es la elegante figura del rubio bañada por la tenue luz de la luna.

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Harry, que todavía no se ha dormido escucha los ligeros pasos de la muchacha alejarse por las escaleras. Se siente celoso, aunque su intuición le dice que sólo han estado hablando.

Cansado se gira para mirar al cielo encapotado, y lentamente cierra las ojos, consciente de que su último pensamiento antes de caer rendido es para su enemigo, el joven que duerme a solo un par de metros de distancia.

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-Pensaba que me tocaba ir a desayunar sola, Ron.- Hermione, que lleva casi media hora esperando al pelirrojo está con los brazos cruzados al pie de las escaleras que dan a las habitaciones masculinas. Su expresión de pocos amigos, desanima algo al chico, el cual anda algo triste desde Harry ya no está en Gryffindor. Lo nota, sobre todo por las mañanas, cuando ahora siempre es el último en levantarse, y en que sobretodo ya no duerme pendiente de las pesadillas del moreno.

-Tranquila, que no pensaba llegar tarde. Vámonos.- sin decir más la coge de la mano y la arrastra hacia el Gran Comedor.

Cuando llegan, ven a Harry hablando amigablemente con Ginny en la mesa mientras desayunan. Parece estar muy contento, porque una sonrisa se dibuja en su rostro, y también ríe a cada minuto. Se alegran, no saben que habrá pasado, pero lo agradecen.

-Buenos días, chicos.- saluda el moreno cuando llegan hasta su altura.

-Buenos días...¿nos hemos levantado contentos?.- pregunta curiosa la castaña.

El aludido se encoge de hombros y se gira para continuar la conversación con la pelirroja. Los recién llegados se miran intrigados, pero se sientan también para desayunar, que luego tienen clase de Encantamientos.

De pronto un leve ulular se oye en todo la estancia. Los alumnos miran hacia el techo para ver como llegan las lechuzas con el correo de la mañana. Un ave parda se posa junto a los cereales de Hermione estirando la patita. La chica coge el periódico que le ofrece el animal. Inmediatamente, tras desplegarlo su semblante se vuelve oscuro y sus ojos miel se abren horrorizados.

-¡No me lo puedo creer!.- dice en con la voz apagada.- ¡Escuchad, chicos!

La castaña lee entonces entre susurros:

"Tres personas muertas y una veintena de heridos en un ataque mortífago.

El ataque tuvo lugar de madrugada en el londinense barrio del Soho. La zona, que a esas horas estaba repleta de muggle, fue atacada por tres encapuchados que según los testigos pertenecían a las filas del Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Los fallecidos son dos trabajadores muggles de uan tarberna cercana y un auror que acudió en ayuda de las personas que se hallaban allí. El Ministerio todavía no ha facilitado el nombre de dicho auror, ni tampoco de los magos y brujas que se vieron afectados en el atentado.

Se esperaba un ataque por parte de los mortífagos, porque desde que el Señor Oscuro regresó hace unos pocos meses sus secuaces se han hecho mucho más fuertes.

El Ministro de Magia ha dado un comunicado por el cual insta a la gente a continuar con su vida habitual, siempre tomando precauciones.

A continuación los hechos contados por algunos testigos..."

La noticia dada por "El Profeta" continúa pero Hermione no es capaz de seguir hablando. La tristeza invade los corazones de los que la han escuchado con atención. Todos sabían que los ataques comenzarían, aunque nadie que lo fueran a hacer tan pronto.

Entonces Harry se levanta de un salto y sale disparado hacia los pasillos. Ron quiere ir detrás de él pero su hermana se lo impide sosteniéndole por un brazo.

-Déjale solo, Ron. Tal vez sólo necesite unos minutos.- le dice tranquilizadoramente la pelirroja.

-Ginny tiene razón.- corrobora Hermione, al ver como el chico hace ademán por zafarse del brazo de su hermana.

-Esta bien.- suspira resignado.- pero después de clase pienso hablar con él.

-Los dos lo haremos, tranquilo.- le asegura la de ojos miel, al tiempo que le da un ligero abrazo para reconfortarle.

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Harry corre desesperado por los pasillos. No se da cuenta hacia donde va, lo único que sabe es que necesita pensar.

Se siente culpable. ¿Cómo es posible que haya estado pensando en Malfoy tanto tiempo y ni siquiera recuerde lo que pasa lejos de los dominios de Dumbledore? Se supone que él es el maldito Niño-Que-Vivió, al futuro salvador del mundo mágico, no puede olvidarse de la gente que lo necesita...

Hasta que ha escuchado la noticia el día parecía ir bien: ¡Malfoy le había mirado de una manera diferente esa mañana!. Pero ahora se da cuenta de lo importante, por eso se maldice.

Sin darse cuenta se detiene frente a una pequeña puerta, una de madera de arce con pequeños motivos en las jambas. Es la primera aula que limpiaron los chicos casi un mes atrás. Sabe que la puerta estará cerrada pero aún así lo intenta. Para su sorpresa la puerta se abre con asombrosa facilidad.

Con cuidado se adentra en la estancia. Ahora, limpia, parece otra cosa. Los muebles siguen estando a un lado, pero no hay rastro de polvo. Hicieron un buen trabajo.

Avanza hacia al centro de la habitación.

De pronto oye como la puerta vuelve a abrirse tras él. Se gira esperando ver a alguno de sus amigos, pero su sorpresa es mayúscula cuando lo que se encuentra son unos preciosos ojos mercurio.

-¿Te encuentras bien, Potter?.- la pregunta coge desprevenido al moreno, se imaginaba un insulto pero no eso.

-¿A ti que más te da, Malfoy?.- le contesta fríamente. Lo último que necesita ahora es la proximidad del rubio, justo cuando se ha dado cuenta de que le descentra.

-Te vi salir corriendo del Gan Comedor, y te he seguido, aunque tengo la ligera impresión que aunque no lo hubiera hecho habría venido aquí de todas formas.- mientras habla Draco se va acercando lentamente al chico.

-¿Y que quieres?.- le pregunta el Gryffinor sin moverse del sitio, viendo como el otro está cada vez más cerca.

-Saber cómo estás, simplemente. Supongo que estás así por la noticia del ataque.

-¿La has leído?.- pregunta el otro desconfiado. Draco asiente con la cabeza. Ya está tan próximo al moreno, que por segunda vez éste es capaz de sentir su respiración y ese dulce olor a menta que desprende.

-No sabes cuanto...

Pero el Slytherin no acaba la frase porque es empujado sin previo aviso por el león.

-¡Tú no sabes nada, Malfoy!. No sabes como me siento.- le grita Harry enfadado, golpeándole contra el pecho al tiempo que por sus irises esmeralda empiezan a salir tibias lágrimas que bajan por sus mejillas.

El rubio lo agarra por las muñecas y forcejean. Sin saber como caen al suelo. El moreno siente el frío suelo del aula en su espalda, pero no puede ni quiere moverse. Tiene al otro chico justo encima.

Draco le suelta las muñecas pero Harry no se da cuenta de ello. Está perdido totalmente en la mirada tormentosa, es como una prisión de la que nunca querría escapar, porque ahí se siente en paz.

-Odio no tener voluntad cuando se trata de ti, Potter.- la voz sensual del rubio, lo acaricia como una suave brisa de primavera, y él cierra los ojos.

Draco se queda mirándole unos segundos, y sin poder evitarlo acaba con el pequeño espacio que les separa. Cuando sus labios se encuentran una ligera corriente los recorre a ambos, pero no se separan, todo lo contrario. Draco nota como el moreno profundiza más el beso.

Es un beso tímido pero a la vez sensual y apasionado. Refleja lo que están sintiendo en ese momento. En un intento por sentir a Harry más próximo, le pide permiso con la lengua para entrar. Cuando éstas se encuentran un fluir de sensaciones recorre cada milímetro del cuerpo de ambos.

Cuando se separan para tomar aire, se miran a los ojos y lo saben. Se dan cuenta de que eso es lo que quieren hacer el resto de su vida, nada más que eso, y una sentimiento de felicidad les llena el corazón.

Lentamente Draco se levanta y le ofrece la mano al que acaba de besar para que se levante. Cuando lo hace el rubio, le retira un mechón que le cae sobre los irises esmeralda y le acaricia tiernamente la mejilla.

Harry baja la vista algo avergonzado, y el rubio tiene que alzarle suavemente el mentón con sus finos dedos.

-También odio verte sufrir.- le dice con un susurro. El moreno sonríe. Y es esa sonrisa la que hace que Draco no lo resista más y vuelva a besarle, está vez con algo más de pasión por parte de ambos.

Y así se quedan, besándose, mientras que a lo lejos, se oye una sirena que da paso a las clases. Pero las caricias que en ese momento se prodigan son mucho más interesantes que cualquier otra cosa.

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¡Hay madre! No se para nada como quedó. La verdad que está escrito en un momento bastante depre así que siento si hay algo que no encaja...

Mil perdones.

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Muchas gracias

Nos leemos

LittleSweet