Capitulo I: Una visita inesperada
Casa en venta por el propietario
Aturdido, Harry aminoró la camioneta hasta detenerse por completo. Hermione había estado evitándolo. Las charlas afables en el patio habían cesado, igual que las visitas espontáneas que solía hacer a los terrenos en construcción. Antes Hermione no era capaz de mantenerse alejada cuando veía a los obreros trabajar en otra casa de su calle. La encantaba el proceso de ver cómo se levantaba una casa, cómo se conjuntaban los elementos para formar un hogar, casi tanto como él.
Pero últimamente su orgullo y vergüenza habían levantado un muro contra él que estaba cansado de golpearse la cabeza.
¿Y en ese momento quería vender? Y un cuerno.
Maldiciéndose, aparcó y bajó. Miró con furia el cartel. Irrumpió en su jardín, lo arrancó y lo metió en la parte de atrás de la camioneta, luego se limpió las manos con satisfacción. ¿Quería venderla sin decirle nada a él, sin darle la oportunidad que había estado esperando¡Ja!
Había sido demasiado paciente, ese era el problema. Tenía un plan, y ya era hora de ponerlo en marcha. Deseaba a Hermione desde hacía mucho tiempo. Y a partir de ese mismo instante, la espera se había terminado.
Hermione estaba desnuda, mojada y frustrada.
También estaba sola.
El agua desbordó los costados del jacuzzi grande cuando abrió los ojos. La vívida fantasía que había invocado se desvaneció. Se dio cuenta de que eran los truenos lo que la había sobresaltado… y el hombre con el que había estado soñando.
Disgustada, meneó la cabeza. Había esquivado a Harry desde aquel día horrible. Tampoco debería soñar con él. Se hallaba cansada, eso era todo, el exceso de trabajo la había extenuado. Había contado con un placentero baño en el jacuzzi para relajarse. Pero como Harry había construido la casa e instalado la bañera, no le extrañaba que sus pensamientos hubieran vuelto a centrarse en él.
Con la llegada de la tormenta, y desvanecida la fantasía, supuso que ya era hora de ponerle fin al baño.
El agua chorreó sobre las baldosas de cerámica mientras se cubría el cuerpo con una toalla. Cielos, ni siquiera en su imaginación era capaz de entregarse a una aventura romántica satisfactoria. Quizá debería olvidarse de los hombres soñados, tal como había abandonado a los de verdad. Resultaba evidente que los romances, incluso los imaginarios, no estaban hechos para ella. Además, los animales eran más fiables. Por desgracia, igual que la casa, los perros requerían un cuidado. Y a pesar de lo mucho que deseaba tener uno, no estaba el tiempo suficiente en casa para hacerle compañía… o al revés.
Goteando, fue a cerrar las ventanas. Sin la brisa fresca, el interior no tardaría en volverse insoportable, pero tampoco podía permitirse el lujo del aire acondicionado.
El atardecer se había tornado muy oscuro, y recordó que la puerta de la entrada estaba abierta. Al ir a cerrarla, vio el cielo amenazador y sintió unas gotas a medida que la lluvia caía sobre el porche. Volvió a pensar en lo agradable que sería tener una mascota, otro ser vivo para hacerle compañía en una noche terrible como esa. Cierto que no le brindaría la misma presencia que un hombre, aunque requería menos atenciones. Y además era más leal y amistosa. Jamás hacían promesas que no podían cumplirse.
De pronto vio que no estaba el cartel de se vende. ¡Si lo había puesto el día anterior!
Distraída de sus ensoñaciones ante la posibilidad de un vandalismo, abrió la mosquitera y asomó la cabeza.
-¿Piensas bailar desnuda bajo la lluvia?-
Con un chillido, retrocedió y resbaló al oír esa voz conocida, profunda y masculina. Habría caído sobre el trasero de no haberla frenado la puerta abierta.
Tardó un momento en recuperar la dignidad… o lo que le quedaba de ella, antes de asomarse otra vez con cautela. Un estallido de luz blanca surcó la noche y vio a su único vecino, Harry Potter, de pie al lado de la mosquitera. Se hallaba sumido en las sombras, pero reconocería su cuerpo, su voz, su presencia, en cualquier parte. Tuvo un escalofrío ¡Vaya si podía reconocerlo!
Pero Harry siempre quedaría relegado a su papel de fantasía. No era posible nada más. No después de aquel incidente.
Parpadeó sorprendida cuando sus ojos se adaptaron. Bañado por la tormenta, Harry estaba con una camiseta y unos pantalones cortos empapados, y con una botella de vino en una mano.
¡Santo cielo! Era demasiado magnifico, grande, imponente y varonil. Asimismo, era la última persona a la que quería ver, aparte de en sus sueños.
Pero… allí estaba.
Sintió un vuelco en el estómago y un nudo en la garganta. Cerró los ojos con fuerza, pero al volver a abrirlos, él seguía allí, sin dejar de observarla.
-Una mascota. Está claro que necesito una mascota-jadeó y entró en la casa para protegerse detrás de la puerta. Tras un silencio prolongado, comenzó a darse cuenta de que él no pensaba irse, y de que una vez más había dado una impresión ridícula. Asomó la cabeza; él rió entre dientes.
-Me estoy empapando aquí, Hermione. ¿Vas a invitarme a pasar o qué?-
-Ah… no. No es una buena idea-supo que su tono carecía de convicción. Había deseado verlo, de verdad que lo había deseado, pero no en ese momento.
No vestida solo con una toalla.
Él bajó la vista a sus pies, como si meditara en la situación, luego abrió la mosquitera y entro.
-Hermione-reprendió-. Te he dado mucho tiempo. Esperaba que estuvieras dispuesta a hablar conmigo ahora.
Ella no pudo mirarlo a los ojos, de modo que centró la vista en la botella de vino que sostenía en las manos.
-¿Qué quieres, Harry?-
-A ti-
¡Cielos! Sintió que el calor la recorría en oleadas ondulantes y dio un paso rápido y nervioso hacia atrás, chocando contra la pared. No podía, no quería, mirarlo. Harry le tomó la mejilla con una palma áspera y le alzó la cara. Con una sonrisa gentil y voz baja, se confesó:
-Me gustas, Hermione. Siempre me has gustado. Desde el primer día que viste esta casa y me declaraste tu maestro constructor, supe que estábamos destinados a ser muy buenos… amigos.
Está bromeando pensó ella. Solo está bromeando. Pero sí era un constructor de talento que ponía algo especial en las casas que construía. Harry Potter era, con apenas veintiocho años, un hombre de mucho éxito.
Hermione aún no podía recordar la primera vez que lo vio. Él mismo le había mostrado la casa, porque se hallaba en el interior añadiendo unos retoques a la cocina. Se había mostrado entusiasmado, hablando de su trabajo con la intensidad de un artista. Su camiseta blanca había mostrado un sudor sano, y olía tan bien. La forma arrogante de su andar no paró de atraer su atención. Irradiaba seguridad en su capacidad, y no le faltaban motivos. Lo que hacía era excepcional; y esperaba lo mismo de los hombres que trabajaban para él. Le había mostrado todas las mejoras que había implantado en los planos y que hacían que sus creaciones resultaran especiales.
Y al instante se había enamorado… de la casa. Pero también había experimentado una atracción verdadera por el hombre. Harry poseía las manos sensibles de un artista y su mente fértil había imaginado esas manos por todas las partes en que no deberían estar.
Aunque entonces ambos tenían sus respectivas relaciones, no necesitó mucho tiempo para comprender que iba a casarse con el hombre equivocado.
Pero en cuanto quedó libre de Viktor ya fue tarde. Harry había presenciado lo peor de ella, y se sentía muy avergonzada para volver a verlo. Y era demasiado realista para buscar un futuro romántico que jamás alcanzaría.
Pero en ese momento tenía delante a Harry en carne y hueso
-Solías venir a charlar conmigo mientras trabajaba-se acercó sin quitarle la vista de encima-. Te he echado de menos, Hermione.
El tono sugestivo de su voz la conmocionó. Apoyó el peso en un pie descalzo y luego en el otro, y pegó las rodillas al recordar su relajada camaradería, el estímulo que sentía cada vez que estaban cerca.
Harry la observó y posó los ojos en sus hombros y en el nacimiento de sus pechos. Hermione supo que su rubor se había extendido y que resultaba visible incluso en esa luz tenue. Luego él pasó un dedo por sus labios. Ella contuvo el aliento y se sintió mareada.
-Nunca te has ruborizado tanto-
Hermione pensó que debería moverse, pero se quedó quieta. Tragó saliva y recalcó lo obvio.
-Nunca tuve motivos para ello-
-Ah-se volvió para mirar hacia el exterior –Supongo que estamos hablando del… ¿incidente?-
Fue un fiasco y el momento más humillante de su vida. No habría sido tan horrendo descubrir a Viktor con Cho si hubiera manejado la situación con cierta elegancia, cierta compostura. Pero no. Había tenido que dar la impresión de ser una jardinera enloquecida empuñando el arma más próxima, un rastrillo de plástico con el fin de perseguir a una mujer medio desnuda por la calle.
Se mordió el labio inferior y gimió. El recuerdo no le resultaba nada gracioso, y allí estaba, acurrucada detrás de una puerta, quedando otra vez como una tonta. Habría erguido los hombros si ello no hubiera hecho que se le cayera la toalla.
-¿Por qué estás aquí, Harry?-
Él la miró, observó cómo mordisqueaba el labio. Era tan alto… y su camiseta empapada se había vuelto transparente, pegándose a sus hombros anchos, incitándola con lo que escondía y revelaba. Podía ver el vello oscuro de su pecho.
Sabía que no quería fijarse en lo que lluvia le había hecho a sus pantalones cortos. Ya se sentía demasiado agitada sin eso.
-Han pasado seis semanas, Hermione- dijo él con amabilidad-. Supuse que sería tiempo más que suficiente para que superaras lo que te pudiera aquejar y que volviéramos a ser amigos. Has estado evitándome desde entonces-
-No te he evitado-frunció el ceño ante el mal entendido –Yo… no estaba segura, después del daño que causé, de que quisieras volver a hablarme- era una verdad a medias, ya que le había enviado una nota de disculpa preguntándole cuánto le debía por los destrozos. Había encontrado su nota pegada a la mosquitera con el mensaje "pagado". Lo que en ese momento la mantenía alejada era la vergüenza.
-¿Por qué no nos sentamos y charlamos?-suspiró él meneando la cabeza-. Voy a aclararte algunas cosas.
Sin aguardar su consentimiento, se quitó los zapatos mojados y se dirigió a la cocina, brindándole la oportunidad perfecta para ir al dormitorio. Lo hizo de espaldas, por si Harry se deba la vuelta. Y con cada paso que los separaba, pensó en las posibilidades que podrían haberlo llevado a su casa. En su interior se avivó un leve destello de excitación, pero con determinación implacable lo apagó.
Harry no era para ella, y jamás lo sería.
Notas.
A que no tarde demasiado. Bueno, publicación temprana porque la otra semana es de examenes. Pero si tengo chance el capítulo 2 estará por ahí del jueves. Un agradecimiento a sus reviews.
aris, ukria potty, Ana Ma., Eldanar, Monik y mi Sis limón y patas de flauta. Gracias.
