Capítulo II: Una platica en la cocina.

Cuando Hermione entró en la cocina unos minutos después, con un holgado vestido de algodón que le llegaba hasta las rodillas, encontró a Harry apoyado en la encimera. La recorrió lentamente con ojos intensos y una leve sonrisa en los labios. Luego se apartó la camiseta mojada de la piel y habló en voz baja.

-Esta tormenta me sorprendió. ¿Te importa que me la quite para que yo también pueda ponerme cómodo?-

A ella se le resecó la boca. Contuvo la inclinación natural de humedecerse los labios y meneó la cabeza. Solo el cielo sabía lo que podía llegar a hacer si se le presentaba semejante tentación.

-No estoy segura de que sea una buena idea. No tenemos mucho de qué hablar-

-Claro que sí- se quitó la camiseta sin prestar atención al embeleso de ella.

Hermione lo miró, ansiosa de captar cada detalle de su cuerpo. Juntó los dedos y se quedó quieta mientras él dejaba la prenda sobre el respaldo de una silla para que se secara. La miró y adoptó una expresión directa, una advertencia severa de que debía escuchar bien sus palabras. Estaba medio desnudo… sí que tenía su atención.

-No me importó la lámpara, Hermione, ni el cuadro. Ni siquiera me importó… -con una mueca, ella lo cortó.

-No sabía que hubiera roto algo más-

-No lo hiciste- se sentó en la silla con las piernas extendidas. Tenía músculos por todas partes, el esfuerzo físico de su trabajo lo mantenía en excelente forma. Además de jugar su deporte favorito: el fútbol.

Ella se quedó de pie, demasiado nerviosa para relajarse. Él siempre le había afectado de un modo u otro, pero desde el incidente, se había esforzado por reprimir sus sentimientos más emocionales. En ese momento regresaban con toda su fuerza. Harry carraspeó y aguardó hasta que ella lo miró de nuevo.

-Iba a decir que ni siquiera me importó que persiguieras a Cho –ella exhaló hondo y puso rígidos los hombros.

-¡Bueno, espero que no! Ella era… era… -buscó una palabra más delicada que las que se le ocurrían. No había demasiadas –Infiel.

-Lo era. Pero, a diferencia de ti, yo no estaba prometido. De hecho, si no recuerdas mal, Cho y yo habíamos roto meses atrás. No vino aquí por mi, Hermione, solo vino por Viktor.

Con una mueca, Hermione reconoció que lo que decía era verdad. No podía culparlo por la presencia de Cho, aunque tampoco lo hubiera hecho. La culpa no tenía nada que ver con que lo esquivara. Sí la humillación.

-Cho y Viktor fueron los únicos responsables. Lo sé-

-Bien- asintió-. Entonces no hay motivos para que no podamos seguir siendo… amigos. ¿Lo hay?-

-No- puesto de esa manera ¿Qué elección tenía?-Supongo que no.

-A propósito, ¿Qué le paso al gran amante? Supongo que te deshiciste de él, ¿no?-

-No fue necesario – con un sonido de disgusto meneó la cabeza-. Cuando regresó Viktor ya se había vestido, más o menos, y estaba ansioso por marcharse. -Lo encontré espiando por la puerta, imagino que para ver que hacías tú. Salió a rastras hasta su coche. Dejó marcas de las ruedas en su precipitación por irse. Creo que tenía miedo de que fueras tras el.

-Seguro que te temía a ti-le sonrió, aunque en esa ocasión con más ternura que humor –Tienes un buen golpe con el rastrillo.

Ella sintió otra oleada de calor por la nuca, pero se negó a apartar la vista de sus ojos verdes.

-Además –continuó Harry-, yo no estaba enfadado con Viktor. Hace tiempo que dejé de tener derechos con Cho y, en cierto sentido, él me hizo un favor. Si no hubiera salido a toda velocidad, es posible que le hubiera dado las gracias.

-Bromeas ¿verdad?-Hermione le miró fijamente.

-No-con expresión divertida, se adelantó y le tomó la mano-. Viktor se ahorcó el mismo. Se cercioró de que nunca serías capaz de perdonarlo, de volver a aceptarlo. Yo quería que se fuera, Hermione, porque sabía que no era bueno para ti. Nunca habría sido capaz de hacerte feliz.

Sabía que él tenía razón. Viktor no era el tipo de hombre con el que quería estar unida de por vida, y, en cierto sentido, también ella se sentía agradecida, ya que su falta de moral la había liberado antes de que fuera demasiado tarde.

-¿No te molestó, ni siquiera un poco, que tuviera una aventura con Cho?-preguntó con titubeo.

-Me enfureció que te hirieran. Pero, ¿por mí? No. Cho es libre de hacer lo que le plazca, aunque jamás sintió ninguna restricción.

Harry no amaba a cho, pensó con alivio y deprimida al mismo tiempo. Si la alta, hermosa y abierta Cho no había sido capaz de ganarse su afecto, una mujer como ella no tenía ninguna posibilidad.

-Pero eso lo había sabido desde siempre. Retiró la mano y trató de llenar el silencio.

-Aplaudo tu control. Me temo que yo me mostré algo más sensible sobre todo el asunto.

-Lo sé-la miró divertido –Lo recuerdo.

Hermione se dejó caer en una silla, apoyo los codos en la mesa y se tapó la cara con las manos. En ese momento todo parecía ridículo, pero en su momento…

-Aún no me puedo creer que irrumpiera en tu casa blandiendo un rastrillo y gritando como una lunática. Yo no soy así. Jamás me dejé dominar por un ataque de ira, sin importar cuál fuera la provocación- oyó un sonido ahogado y entreabrió los dedos para ver a Harry tratar de ocultar su humor.- ¿Qué?

-Pensaba en la tensión a la que debías estar sometida- repuso entre risitas-, manteniendo embotellada toda esa emoción explosiva,

-¡Yo no soy una persona emocional!-exclamó.

Él no fue capaz de contenerse más y soltó una carcajada. Hermione bajó las manos y lo miró con el ceño fruncido, pero eso solo sirvió para que riera con más ganas. De ella. Sintió la humillación renovada y se puso de pie.

-¡Largo de mi casa, Potter!-

La tomó de la muñeca y la aproximó a pesar de la resistencia que opuso; intentó desterrar la sonrisa, pero fracasó.

-Ah, Hermione. ¡Si hubieras podido ver la cara que pusiste aquel día! Fue impresionante. Ira e indignación, sumado a una buena dosis de malignidad… Diablos, durante un segundo me asustaste, ¡Pensé en buscar un escondite con Cho! Pero con las acusaciones y amenazas que proferiste no tarde en comprender lo que había pasado, y…

-Y te la pasaste en grande-

-No- se puso serio y le apretó los dedos-. Me sentía aliviado. Eras demasiado buena para ese imbécil y me alegré de que te dieras cuenta antes de casarte y arruinarlo todo.

Sintiéndose perversa, en parte porque no lo entendía y en parte porque aún sonreía, dijo.

-Apenas y lo conocías-

-Te equivocas. Había hablado con él varias veces, aunque no tantas como hablábamos tú y yo. Era un gusano. Créeme, Hermione, estás mejor sin él.

Frunció el ceño, pensando en las promesas vacías de Viktor y en su casa vacía. En su propia ingenuidad. Anhelaba tanto ser querida, que había estado a punto de dejarse engañar por ese idiota. Y en ese momento se sentía como una tonta.

-Se esforzó mucho para convencerme de que me casará con él-

-Fuera lo que fuere lo que te dijo, probablemente eran mentiras –manifestó Harry con una mirada intensa.

Hermione ya lo había descubierto. No le importaba Viktor.

-Dijo que hacíamos una bonita pareja, que éramos perfectos y que el amor era algo que surgía con el tiempo. Que ya no éramos lo suficiente chicos para soñar con los romances de las películas ni de los libros. Así que enfocamos el matrimonio a algo lógico y pragmático. Habíamos programado todo el futuro.

Harry estaba atento, mirándola al parecer fascinado. Ella intentó no pensar en la mano en su muñeca, en el calor de su palma y en el modo en que su aroma le aflojaba las rodillas.

-Rompió todas las promesas que hizo. Todavía me preguntó por qué quería casarse conmigo-

-¿Qué promesas?-

-¿Te refieres a las demás promesas aparte de ser fiel, comportarse con honorabilidad y estar en las buenas y en las malas?-preguntó con indiferencia.

Harry la observó con compasión, y Hermione odió eso. Sabía que sonaba como una mujer despechada, pero una parte de ella aún se sentía traicionada, no por Viktor, porque él ya no importaba, sino por sus propias y necias esperanzas de cosas que o bien no existían o bien no eran para ella.

-Parte del trato era que yo compraría la casa y que él la amueblaría-alzó la mano libre para indicar la cocina casi vacía. Una mesa pequeña y vieja de formica y dos sillas. Eran feas y totalmente fuera de lugar en la cocina exquisita que Harry había construido. El resto de la casa estaba igual, vacía o "amueblada" con cosas sueltas. –Como puedes ver, se marchó sin amueblar nada. Hasta el patio trasero está vacío. Yo quería una hamaca, una mascota y una mesa de picnic-suspiró-Pensé que este podría ser un hogar de verdad. Y solo es un caparazón vacío.

-A ver si lo he entendido- se reclinó en la silla-. ¿Estabas dispuesta a engancharte de por vida con un imbécil como Viktor por unos muebles de jardín?-

Hermione parpadeó. Expuesto de esa manera, sonaba bastante tonto. No era que él lo entendiera del todo. Había planeado ser una buena esposa, hacer lo que fuera necesario para que el matrimonio funcionara. Había querido hijos, presupuestos familiares y hasta un coche. Incluso había deseado las luchas para mantener la unidad de una familia.

No había conseguido nada salvo una grieta importante en su orgullo. No amaba a Viktor, pero le había caído bien, y había estado dispuesta a esforzarse al máximo para lograr un matrimonio sólido.

Sin embargo, ¿Cómo podía explicarle todo eso a Harry? Era un hombre que jamás había buscado una compañera, ya que tenía mujeres de donde elegir. Era apuesto con ese cabello negro y revuelto, y esa atractiva cicatriz que estaba en su rostro, además de unos impresionantes ojos verdes. Jamás pensaría en aceptar a una que realmente lo deseara por algo tan mezquino como compañía.

-No todo era perfecto-concedió Hermione-, pero pensé que podría sobrellevarlo. Con el tiempo nos habríamos aproximado. Habríamos hecho que funcionara-respiró hondo- Aún creo que lo mínimo que podría haber hecho Viktor era amueblar una o dos habitaciones antes de estropearlo todo.

-Ya podrás conseguir lo que necesitas más adelante, sin su ayuda –Harry meneó la cabeza –Alégrate de no haberte casado con él. Habría sido un desastre.

-No lo entiendes, Harry. Tú nunca has tenido deseos de casarte-

-¿Por qué dices eso?

Hermione deseó haber mantenido la boca cerrada, pero en ese momento él esperaba una explicación. Se soltó la manó y se sentó.

Bajo ningún concepto deseó que él supiera lo mucho que la fascinaba ni la extensión de sus emociones. Había sufrido tanta culpabilidad cuando los sentimientos que le inspiraba Harry se habían vuelto tan… lujuriosos. Jamás en su vida había sufrido frustración sexual, pero cuando esta atacaba, atacaba de verdad.

Resultaba el doble de difícil porque los sentimientos hacia Harry habían comenzado como respeto y amistad. Más que cualquier otra persona, incluso más que sus padres, él la hacía sentir aceptada. Se sentía cómoda a su lado. Supuso que era natural que su imaginación fértil hubiera empezado a demorarse en temas prohibidos. Por eso se había sentido culpable.

Hasta el momento en que llegó a casa y se encontró con Viktor en la cama con la novia de Harry. Ennovia, se recordó. Y entonces se había desatado el infierno. O, para ser más precisa, ella se había desbocado, reaccionando como una loca.

Harry la observaba; tenía que decirle algo.

-Al trasladarme aquí, en una ocasión Cho me contó que tú no eras de los que se casaban. Afirmó que te gustaba mucho la… -carraspeó –… variedad. Supongo que era un alarde, porque al parecer ella te importaba lo suficiente como para pedirle que se viniera a vivir contigo. Dijo que solo querías lo mejor.

El no reacción tal como había esperado, ante esa invasión de su intimidad. Pareció intrigado.

-¿Hablaste de mí con Cho?- al ver su gestó, apoyó los codos en la mesa, juntó los dedos y se adelantó- ¿Qué mas te dijo?

-Oh, esto y aquello-en realidad, gracias a Cho conocía cosas sobre Harry que no tendría que haber sabido, detalles íntimos que dificultaban que estuviera cerca de él, y más aún que controlara su imaginación.

Al menos ya no tenía que preocuparse por la culpabilidad, ya que en ese momento era libre. Y estaba sola. Ni siquiera extrañaba a Viktor, lo cual casi era triste, ya que habían estado prometidos. Pero mucho antes de que lo descubriera con Cho, había albergado dudas acerca de casarse con él. No tenía el mismo respeto que ella por el matrimonio, ni el mismo compromiso. Para ella, el matrimonio significaba para toda la vida, no hasta que se agotara la conveniencia. Pocas personas parecían capaces de soportar esa pequeña condición. Sus padres no lo habían entendido. Tampoco Viktor. De manera que al deshacerse de él se había deshecho de la idea del matrimonio.

Era evidente que había ago en ella que imposibilitaba un compromiso a largo plazo. Había llegado a la conclusión de que necesitaba algo más efímero. Como una aventura encendida y apasionada.

Miró a Harry, temerosa de que fuera capaz de leerle la mente. No, lo notó pensativo. Suspiró. Un hombre tan magnífico, tan orgulloso y seguro, a veces arrogante, siempre justo. Pero Harry estaba más cerca del hombre de sus fantasías, del varón perfecto que se manifestaba en un sueño, con la realidad a millones de kilómetros.

Sin embargo… ambos estaban solos en ese momento, y lo tenía sentado justo delante de ella en la cocina, sin más ropa que unos pantalones cortos mojados y una gran dosis de carisma masculino, que le insistía en que fueran amigos, lo cual podía significar… ¿Qué? Parpadeó, dándose cuenta de que llevaba largo rato contemplando unos planes eróticos y abrasadores a corto plazo.

-De modo que hablaste de esto y aquello… -la sonrisa se había tornado coqueta.

La mejor defensa era un buen ataque, y Hermione ya estaba cansada de actuar como una tonta.

-Harry, ¿estás buscando cumplidos?-

-¿Me darías alguno?-

-No- sonrió ante su expresión herida, y notó que recuperaban parte de la vieja camaradería-. No necesitas para potenciar más tu ego. Sin duda sabes lo atractivo que eres.

-¿De verdad lo crees?- preguntó con voz ronca.

-No soy ciega, Potter. Y tú no das un centavo de humildad.

-Nunca te mostraste interesada. Siempre que hablábamos era sobre la casa o lo que pensabas hacer en el patio-frunció el ceño sobre sus ojos verdes-. O sobre tu inminente boda –añadió con todo disgustado, como si la idea le revolviera el estomago.

-¡Estaba comprometida! ¿Esperabas que te coqueteara?-

Además, incluso antes de despedir a Viktor, Hermione sabía que no formaba parte de la lista de Harry. Donde él era alto, moreno y espléndido, básicamente perfecto, ella era básicamente normal. Siempre tenía el cabello revuelto o peor crispado, sus ojos eran castaños. No había nada notable en ella, era una mujer muy corriente, y él extraordinario.

Entonces, ¿qué hacía allí?

Harry se puso de pie y comenzó a caminar por la cocina. Daba la impresión de estar inquieto y Hermione no supo qué esperar. Entonces se detuvo delante de ella. Cruzó los brazos sobre su pecho desnudo y la miró.

-Y ahora los dos estamos disponibles, ¿Verdad?-

-Hmm… -

-Y tú has reconocido que yo te gustaba-

¿De verdad había dicho eso? No lo creía. No resultaba probable que corriera un nuevo riesgo de rechazo.

-Siempre me has caído bien, Harry. Eres un hombre agradable, y tienes un talento increíble… -

-¿Lo ves?-asintió, más que satisfecho con su comentario.

-Pero…

-Nada de peros –aferró ambos extremos de su silla y se inclinó hasta que sus narices casi se rozaron. Su voz salió como un susurró suave-. Tú también me gustas, Hermione. Y quiero verte.

Paralizada, ella solo fue capaz de mirarlo. Lo que decía, cómo lo decía, parecía increíblemente seductor. Pensó que no debía ser tan tonta, que no debía malinterpretarlo, pero sintió un nudo en el estomago. Durante un momento, creyó que podría desmayarse por la excitación. O quizá vomitar por los nervios.

El posó la vista sobre su boca, demorándose largo rato, pero, para decepción de Hermione, se apartó.

-Hoy he venido a celebrar. Y para convencerte de que dejaras de esconderte de mí-

-Hmm, ¿celebrar qué?-logró preguntar sin que su voz saliera como un graznido.

-Tu libertad. Podemos empezar con un brindis. Serviré el vino-antes de que ella pudiera detenerlo, extrajo un sacacorchos de uno de los cajones.

Hermione, gimió, sabiendo lo que iba a encontrar: se resignó a lo inevitable. Ya empezaba a acostumbrarse a eso.

Reinó un momento de silencio aturdido antes de que Harry se volviera para mirarla, con un par de braguitas íntimas colgando de un dedo largo. Exhibía una expresión de sofoco e incredulidad.

-¿Guardas siempre la ropa interior en los cajones de la cocina?

No había ningún sitio adecuado donde Hermione pudiera esconderse, aunque pensó en meterse bajo la mesa. Apoyó la cara en la mesa y se cubrió la cabeza con los brazos.

-Te dije que no tengo muchos muebles-sonó como una acusación-. Los únicos cajones de la casa están en la cocina- dijo con voz apagada, pero las risitas de Harry le indicaron que la había entendido.

Al oírlo abrir y cerrar los cajones, se levantó de un salto para detenerlo. Tenía una enagua de seda en una mano y un ligero en la otra, al tiempo que mostraba una expresión de profundo interés masculino. La ropa femenina parecía muy frágil y suave en sus manos grandes. Se la arrebató y lo miró furiosa a pesar de su bochorno.

-¡Cielos, me alegro de haber venido hoy. Estoy descubriendo muchas cosas de ti- alargó la mano y acarició el ligero con los nudillos y bajó la voz a un susurro íntimo- No tenía idea de que usaras una ropa interior tan seductora.

-No te atrevas a reírte otra vez de mí, pedazo de… -le ardía el rostro y la visión se le tornó borrosa.

El cielo estalló con una grieta de luz y la casa tembló con un trueno que siguió. Los dos se sobresaltaron y al siguiente instante quedaron sumidos en una oscuridad completa. Hermione contuvo el aliento.

Harry alargó la mano para buscarla; los dedos aterrizaron primero en su cuello, luego se deslizaron por su clavícula hasta detenerse en el hombro.

-¿Hermione?-

-El rayo debió caer sobre un cable eléctrico-musitó en voz baja.

-Probablemente.

Permanecieron allí en la oscuridad y Hermione pudo oír su respiración, pudo sentir el calor de su cuerpo mientras lenta e implacablemente la acercaba a él. Percibió su maravilloso y embriagador olor. El corazón le palpitó con fuerza y se aclaró la garganta.

-Bueno. Hay que olvidar el vino. ¿Qué hacemos ahora?-

Era una pregunta cargada, aunque no de forma intencionada, desde luego.

-Se me acaba de ocurrir-murmuró él-, que sí toda tu ropa interior esta aquí, y antes te cambiaste en el dormitorio, ¿Qué llevas bajo el vestido?-

Ella logró soltar un jadeo horrorizado justo antes de que Harry inclinara la cabeza. Supo que iba a besarla y no manifestó ni una sola queja.

Era posible que incluso saliera a su encuentro.

Continue…

Notas:

Bueno haber que tal le va al capítulo II. D Espero sus reviews. Y perdonen la demora, pero los exámenes estaban a la vuelta de la esquina. Así que gracias a todos los que me leen y les dejo al final un poco de spoilers.

Contestaciones:

Aris: Bueno, aunque no fue pronto, aquí lo traigo de nuevo. El capítulo IV esta en proceso, pero D se les traigo sin falta para unos 3 días más. ¡Espero te guste! xD este capítulo si que es cómico y muy HOT. Espero ) te guste. Ana Maria: Un gustazo guapa de tenerte como mi lectora D. Gracias por tus reviews. Y la verdad que sí, pobre Hermione, cuando comencé a imaginarla xD me dio una risa, porque nunca puedes llegar a pensar que Hermione salga persiguiendo a Cho. D pero me gusto, es el asunto cómico de la historia. Espero te guste este capítulo. Ukria Potty: Muchas gracias. Bueno pues espero te guste este capítulo. xD La verdad que imaginar a Harry todo empapado ¬ es una imagen muy pero muy Sexsy xD. Haber que te parece la escena de la cocina. Gracias por tu review. Monik: Niña! Gracias por tu review. Tus palabras me sonrojan y te agradezco que me sigas. ) Un besazo y de nuevo muchas gracias. Elizabethsach: Si, bueno Hermione D como que ahora con lo que le pasó deja de pensar que es bonita y que alguien tan lendo como Harry se fije en ella. D pero jeje este fic es de ellos dos y pues bueno, ambos se corresponden mutuamente. Gracias D por tu review. Al. Max Potter Granger: Para mí un honor de que te hayas tomado el tiempo para leerla D y aun más que me dejes un review. Espero te siga gustando este capítulo.

Spoilers Cap III:

-Olvidé traer algo para poner la vela. Vuelvo enseguida-

-Oh, no, no te muevas-cerró la mano en torno a su cintura estrecha y volvió a sentarla-. Podemos usar una de las copas y compartir la otra.

-Pero sería igual de fácil… -

-Ya te he besado, Hermione, y de forma intensa-comentó con voz suave-. Tuve tu lengua en mi boca. Seguro que compartir una copa no puede molestarte tanto.

-Imposible. Ya experimenté eso y distó mucho de ser un nirvana matrimonial. He abandonado la idea de casarme, para siempre. Además, no es más que un fraude. Prefiero tener una mascota en vez de un hombre problemático.

-¿Perdón?-a Harry se le paralizó el corazón y la respiración.

-Ya sabes. Un animalito pequeño y peludo que me haga compañía-

-Ah... no sé por qué creo que no son la misma cosa.-

Bueno… dejen comentarios. D