Capítulo III: La decisión "incorrecta" de Hermione.

Lo estaba precipitando.

Harry sabía que debería parar, darle tiempo para adaptarse a sus intenciones, pero no conseguía que su cuerpo coincidiera con su mente. La sentía tan suave y dulce. Y le parecía como si la hubiera deseado desde siempre. Demonios, era desde siempre.

Ella respiraba entrecortadamente. Acalló los sonidos excitados con un beso suave. Necesitó todo su control para mantener ligero el contacto. La sensación de sus pechos plenos contra su torso desnudo puso a prueba su resolución.

Tantas veces en el pasado la había rozado, o estrechado su mano o palmeado su hombro. Contactos casuales que lo dejaban anhelando mucho más. Sonrió al pensar en el reto que significaba Hermione, en lo compleja y complicada que podía ser su personalidad. Lo había sorprendido más veces de las que podía contar.

Cuando de pronto ella abrió la boca bajo la suya, apoyó las manos en los costados de su cabeza y lo besó con una intensidad que él no había esperado, no solo quedó sorprendido, sino aturdido. Y excitado.

Le rodeó la cintura estrecha y se maravilló de lo femenina que era, de la sensación de perfección que era tenerla entre sus brazos. Su boca ardiente y húmeda se aferró a la suya. En el instante en que Harry introdujo su lengua. Hermione gimió. El sonido hizo que él temblara. Podría haberla besado una eternidad.

Pero la idea de su ropa interior siguió acosándolo, y sin que fuera su intención, dejó que sus manos descendieran hasta coronar su exuberante trasero y descubrir con certeza que estaba desnuda bajo el vestido.

Volvió a temblar y su cuerpo reaccionó. La apretó contra su entrepierna mientras sus dedos se fundían en sus caderas. Perdió el control, aunque a ella no pareció importarle. Las cosas sucedían deprisa, pero eso agradaba a Harry. Darle tiempo, esperar que superara el bochorno, casi había consumido toda su paciencia.

Solo recordar las noches solitarias, frustradas y llenas de lujuria que había pasado últimamente lo llenó de un objetivo renovado; ladeó la boca hasta que ella aceptó por completo su lengua. La exploró con lenta minuciosidad, fascinado por su sabor y entonces…

Hermione lo apartó. Harry intento reorientarse, pero el cuarto estaba a oscuras y lo único que pudo ver fue la silueta y el brillo de sus ojos al mirarlo. La oyó respirar trabajosamente, como él, y supo, incluso sin el beneficio de la luz, que había vuelto a ruborizarse.

-Te deseo, Hermione.

Ella retrocedió, pero Harry alargó la mano y la detuvo. Los dedos primero se posaron en un pecho lleno, pero de inmediato alteró el curso y se cerraron en su brazo. Los dos respiraban ruidosamente.

Hermione temblaba, e incluso eso lo excitó. Jamás había conocido a una mujer como ella, con sus reacciones honestas y emociones sinceras. No era capaz de ocultar sus sentimientos, ni siquiera cuando lo intentaba. En su ser no albergaba ni un gramo de engaño. Eso solo hacia que fuera única.

-¿Por qué?-

Su tono irradió suspicacia. Gracias a la oscuridad, cedió al impulso de sonreír. Diablos, se sentía feliz. Después de darle seis semanas para recuperase, de cualquier sentimiento que aún pudiera despertarle su libertino novio, al fin estaba con ella.

La había deseado desde aquel día que entró en su casa y proclamó un genio. Era la primera mujer que había notado algo en él aparte de sus atributos físicos. Harry estaba orgulloso de las casas que construía, y también su familia. Pero ninguna otra mujer se había tomado el tiempo para analizar hasta dónde llegaba su talento natural cuando se trataba de su trabajo.

Pero no fue el cumplido lo que lo cautivó. Había sido su exuberancia, su naturaleza expresiva. Era consciente de la vida y del mundo que lo rodeaba de un modo que él nunca antes había tomado en cuenta. Obtenía placer de cosas muy sencillas, de la casa que él había construido, de su trabajo en el jardín. Y había sido testigo de los planes que había hecho Hermione para convertir esa casa en un hogar con una familia… para otro hombre.

Dios, eso lo había carcomido, lo había mantenido despierto por las noches y, por lo general, lo había llenado de desesperación. Sabía que Hermione estaba destinada a él. Era el tipo de mujer en la que los niños confiaban de manera instintiva. Los hombres gravitaban hacia ella porque irradiaba seguridad. Lo atraía con su honestidad, su optimismo, su generosidad… y ese pequeño y exuberante cuerpo que era una tentación constante para tocarlo. No podía descartar su cuerpo.

La miró y pensó en un hogar y una chimenea, en las navidades y… en sábanas arrugadas en una noche lluviosa. Hermione, desnuda y cálida. Gimió. Despertaba en él una mezcla ecléctica de emociones, volátil en su poder. Pero sabía que aún no podía abrumarla con sus sentimientos.

-Eres hermosa-fue lo único que dijo. No hubo respuesta, solo un silencio revelador. Suspiró, porque sabía que ella no le creía-. Es verdad, es probable que Viktor no te lo dijera a menudo, ya que era un estupido, pero eres muy bella- ella carraspeó, y espero ansioso lo que tenía que comentar.

-Soy algo baja-

Hizo caso omiso de su resistencia y la abrazó, mientras la risa apagada resonaba en el silencio de la cocina. Con la cabeza de Hermione bajo la barbilla y los brazos enlazados en su cintura, fingió compararla con él.

-Eres perfecta.-

-Harry… -

Cerró la mano en su cabello rizado y tiró hasta que ella alzó la cara. Entre besos breves que Hermione aceptó con ansia, dijo.

-También eres muy inteligente, dulce y sexy. Ha sido un infierno mantenerme alejado de ti-

-No tenía ni idea…

Sin dejar de terminar, la besó otra vez hasta que ella subió las manos por su torso desnudo y le acarició la piel. Su contacto fue tímido y curioso y Harry supo que volvería a perder el control si Hermione no establecía alguna distancia entre los dos. Maldición, temblaba como un chico virgen en su primera vez.

Hermione había salido herida de Viktor y no pretendía que fuera a él por un rebote. No deseaba que hiciera nada que más tarde pudiera lamentar. Y no la quería solo para una aventura.

Cuando hicieran el amor, tendría que ser porque lo deseara tanto como él o ella, que era mucho. En ese momento su confianza estaba un poco baja y era obvio que se sentía reacia a involucrarse con otro hombre. Pero podía ser paciente. Estar con ella valdría la pena el esfuerzo adicional.

-¿Dónde guardas las velas y los cerillos?-susurró, porque sus bocas aún estaban muy cerca.

-En el bote de las galletas-

-Ah, claro. ¿En qué otro sitio podían estar?-

Hermione se dirigió hacia la encimera y Harry oyó el sonido de un bote de cristal.

-Las guardo aquí porque los cajones se encuentran llenos y… bueno, sé que no tiene mucho sentido, pero no pude convencerme de guardar las medias en el frasco de galletas-

-Lo entiendo-.

-¿Vuelves a reírte de mí, Harry?- inquirió ella con suspicacia.

-Jamás me he reído de ti-intentó parecer indignado.

-¡Ja!-

-Busca un sacacorchos también, y podremos llevar el vino a la otra habitación para ponernos cómodos-percibió su vacilación antes de que comenzara a abrir armarios y a rebuscar entre los cajones.

Con cautela le entregó dos copas en la oscuridad y luego lo tomó por el brazo para guiarlo. Fue una medida innecesaria, ya que él conocía la casa tan bien como ella y sabía dónde se encontraba exactamente el salón. Y el dormitorio principal. Pero jamás rechazaría su contacto, sin importar lo platónico que fuera.

Pero lo que no sabía era el emplazamiento preciso de los pocos muebles que había. Hermione lo llevó hasta el sofá y luego se sentó a su lado.

-Lo siento, no puedo ofrecerte un asiento mejor- encendió un cerillo y lo acercó a la vela.

Harry miró en torno de la estancia. Había una televisión portátil sobre una caja, el sofá se encontraba contra la pared de atrás y a su lado había una mesita con una lámpara.

Ella se volvió hacia él con la boca abierta para hablar y vio que Harry la miraba fijamente. Reinó un momento de completa quietud mientras sus ojos permanecían clavados en el otro; entonces Hermione se levantó, agitada.

-Olvidé traer algo para poner la vela. Vuelvo enseguida-

-Oh, no, no te muevas-cerró la mano en torno a su cintura estrecha y volvió a sentarla-. Podemos usar una de las copas y compartir la otra.

-Pero sería igual de fácil… -

-Ya te he besado, Hermione, y de forma intensa-comentó con voz suave-. Tuve tu lengua en mi boca. Seguro que compartir una copa no puede molestarte tanto.

-No… no es eso- comentó con los ojos como platos.

-Bien-no le dio tiempo para presentar más excusas, y tampoco la quería sola en la cocina, para que pudiera levantar las defensas. Abrió el vino y llenó la copa, luego se la pasó-. Por tu justa evasión de la infelicidad y mi fuga de la monotonía.

Ella estudió el rostro de Harry con expresión de concentración. Tras unos sorbos moderados, le devolvió la copa.

-¿De verdad no estás muy molesto por atacar tu casa?-

La pregunta rebosaba incertidumbre; Harry le tomó la mano y le acarició los nudillos.

-Valió la pena por ver la expresión en la cara de Cho. Hiciste que comprendiera los peligros de la caza furtiva.

Sonrió al recordar su visión de aquel día, pura representación de la furia femenina. Realmente lo único que recordaba haber sentido aquel día era un alivio, porque supo que Hermione jamás toleraría la infidelidad. Viktor y Cho, con su falta de moral, le habían proporcionado la oportunidad de conseguir algo que había anhelado.

Con sinceridad no podía decir que lamentara el incidente, pero le molestaba que Hermione hubiera resultado herida. La idea de que fantaseara con otro hombre lo llenaba de impulsos territoriales y protectores que asombrarían a una mujer liberada.

Adrede tomó un trago grande de vino y le entregó la copa. Hermione necesitaba relajarse un poco, derribar algunos de esos muros defensivos que la mantenían tan rígida. Quería que estuviera tal y como la recordaba, llena de entusiasmo sin límite y desbordante.

Con el brazo apoyado en el respaldo del sofá, se puso cómodo, estiro las piernas y se cercioró de que le muslo quedará pegado al de Hermione. Ella estaba familiarizada con él como amigos y vecino. Quería que se familiarizada con él como hombre.

Como amante.

Hermione se apartó. Cuando volvió a mirarlo. Harry apoyó la mano en su hombro de un modo natural que le ofreció consuelo.

-Deja de preocuparte, cariño. Dispones de un tiempo suficiente para encontrar al hombre adecuado para ti, alguien que encaje mejor contigo, alguien que te aprecie, que… -ella meneó la cabeza, contradiciéndolo antes de que terminara.

-Imposible. Ya experimenté eso y distó mucho de ser un nirvana matrimonial. He abandonado la idea de casarme, para siempre. Además, no es más que un fraude. Prefiero tener una mascota en vez de un hombre problemático.

-¿Perdón?-a Harry se le paralizó el corazón y la respiración.

-Ya sabes. Un animalito pequeño y peludo que me haga compañía-

-Ah... no sé por qué creo que no son la misma cosa.-

-Sí, bueno… apuesto que un animal será más divertido que un marido. Más leal y constante. Mientras seas buena con él, nunca te abandonará.

Eso no era lo que él quería oír. Se mordió el labio y contempló su expresión obstinada. No había contado con esa actitud. Desde que la conocía, Hermione había hablado de casarse y de disfrutar de la felicidad doméstica.

-Comprendo que ahora te muestres más renovada, pero sería ridículo juzgar a todos los hombres por ese imbecil-

-¡Jamás lo haría! No soy una tonta. Pero no se trata de Viktor-añadió con disgusto-. En realidad, jamás he visto un matrimonio que saliera bien. No sé si existe. Pero sí sé que no pretendo desperdiciar mi vida buscando un marido. ¡Ja! No señor. Ya no. Las mascotas representan menos líos y vienen con la garantía de ser más fiables-recalcó esa afirmación con un buen tragó; vació la copa y volvió a llenarla-. Ya era hora de que modificará mi forma de pensar. Y he decidido que el matrimonio es una pérdida de tiempo. Al menos a mí me lo parece.

En ese momento fue él quien necesitó beber largo. Pero Hermione estaba dominada por la vehemencia, y mientras exponía sus nuevos planes, que a Harry le parecieron que pasaban por evitar cualquier tipo de compromiso humano, prácticamente se acabó la botella de vino. Tenía las mejillas acaloradas y los párpados pesados. Atónito, Harry se dedicó a observarla.

Hacia una mueca con cada sorbo que daba, hasta que al final la copa volvió a quedar vacía. Era evidente que no estaba acostumbrada a beber. No la quería ebria, sino relajada. Le quito la botella antes de que pudiera volver a llenar la copa.

-Comprendo tu amargura, pero los buenos matrimonios existen-

Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, giró los ojos y lo miró. Estaba apoyada contra su costado, acurrucada en la curva de su brazo. Cruzo las piernas y habló con voz baja, con palabras cínicas.

-Claro que sí. Quizás uno de cada cien. E incluso esos no son completamente felices. No me gustan las probabilidades. Ahora bien, un cachorro bonito… eso podría manejarlo. Con que les des agua y comida, y te ocupes de sus necesidades, puedes acurrucarte con ellos todo lo que quieras. Es suficiente. Los quieres y ellos te quieren a ti. De forma incondicional.

Era un cambio de actitud tan brusco que se sintió frustrado. Él quería casarse, maldita sea, quería asentarse por primera vez en su vida, y la mujer con quien deseaba hacerlo se oponía rotundamente al matrimonio. Después de todas las relaciones vacías que había tenido, no pensaba pasar por otra igual. Debería encontrar un modo de devolver a Hermione al camino recto. Decidió que un buen ejemplo no podía fallar.

-Mis papás llevan felizmente casados cuarenta años-ella exhibió una expresión extraña y sonrió-. ¿Qué?-se sintió un poco incómodo con su tenso escrutinio. Parecía estar contemplando las maravillas del mundo -¿Hermione?-

-Nada-meneó la cabeza y un rizo castaño cayó sobre su cara-. No había pensado en ti de esa manera.

Harry volvió a colocarle el rizo detrás de la oreja y disfrutó con el contacto íntimo. Pasó los dedos por su piel suave y fina, luego continuó para acariciarle la mejilla. Le gustaba su tacto cálido y tan femenino. Le gustaba tenerla cerca. Podía partir desde allí. La amistad era algo estupendo para darle profundidad a las cosas.

-¿De que manera, Hermione?-

-Ya sabes. Como una familia-

-¿Oh?-le tocó la oreja y la curva del mentón. -¿Pensabas que me habían encontrado bajo una piedra?-

-No-sonrió

-Entonces, ¿Cómo pensabas en mí?-

Ella consideró mucho rato esa pregunta sencilla.

-Como el soltero convencido. Tal vez como un playboy. Pero no como un hombre familiar-frunció el ceño y se pegó a la palma de su mano- ¿Tienes hermanos?-

Parecía muy a gusto apoyada en su costado. Deseó besarla otra vez, pero se contuvo. Quería que conociera a su familia.

-Bueno… mis padres murieron cuando tenía un año. Mis padrinos me recibieron… y crecí con mis tres hermanas, por así decirlo. Todas son mayores que yo –

Vio la intensidad de la mirada de Hermione y se removió un poco, ella sonrió cálidamente. Y Harry comprendió que la sonrisa le transmitía tranquilidad y cariño.

-¿Así que fuiste el benjamín?-inquirió.

Intentó parecer indignado, pero fracasó.

-Sí. Y fue un infierno luchar por conseguir algún derecho en esa casa. ¿Te haces una idea del tiempo que pueden pasar tres chicas adolescentes en el cuarto de baño?-

-No- alzó la mano para cubrir la suya –Yo fui hija única.

-Eh-el mohín que hizo Hermione fue más tentador que un beso apasionado. Apartó la vista de esa boca incitante y se concentró en su oreja. Era bonita, pero no le provocaba un frenesí de lujuria –Con gusto te regalo a mis tres hermanas –se obligó a reír –De hecho, las encantarías. Y también a mi madre.

Desde pequeño le habían dicho la verdad, pero ya en ese entonces Harry llamaba ambos por "papá y mamá" así le habían enseñado, además a la corta edad de un año, era más fácil acostumbrarse a verlos como sus padres, además que sus hijas también lo habían adoptado como el hermanito menor.

-No sé, Harry. Mi propia madre no está tan encariñada conmigo.-

El sintió que algo se paralizaba en su interior al ver la sinceridad en sus ojos. Olvidó la lujuria.

-No puede ser verdad-

-Sí lo es –asintió con énfasis-. Mi padre y ella se peleaban todo el tiempo. Se divorciaron, y tuvieron mi custodia compartida, pero ambos llevaban unas vidas ajetreadas y yo… bueno, supongo que interfería-

-¿De modo que te tuviste que repartir entre los dos?-

-Sí. Mi padre me tenía más tiempo que mi madre, pero nunca por más de dos meses. Aunque al menos él lo intentó. En una ocasión incluso me compró un perrito para que me hiciera compañía mientras trabajaba. Pero unas semanas más tarde, tuve que marcharme porque consiguió una nueva novia, y mi madre sufrió un ataque al ver al perro y… y mi padre lo regaló a un granjero-

Harry pudo sentir su dolor, pudo verlo en aquellos ojos castaños. No fue capaz de imaginar cómo una niña pequeña, en especial una tan tierna y dulce como Hermione, pudo haber reaccionado a semejante golpe. Debió quedar destrozada.

-Ese perro te importaba de verdad, ¿no?-musitó.

-Claro que sí –no lo miró-. Era precioso, siempre corría a mi lado, y por la noche se acurrucaba junto a mí. Juntos dábamos largos paseos y jugábamos a la orilla del río. Pero lo terrible es que él también me quería. Pensaba que siempre estaría a su lado; sin embargo, no pude hacer nada cuando mi padre se lo llevó. Supliqué, pero mi madre solo me dejo tener un pez.

Nunca habría imaginado que Hermione había tenido una infancia menos que perfecta. Siempre estaba tan llena de optimismo. Al verla decidida a casarse, había dado por hecho que procedería de un entorno similar al suyo propio. Pero en ese momento se dio cuenta de que su necesidad de un matrimonio, de un hogar, incluso de una mascota, no se debía a que había visto el lado maravilloso de la vida, sino todo lo contrario. Había dado vueltas de un lado a otro y quería encontrar algo de estabilidad.

Supuso que tenía sentido su reacción. Los padres de Harry le habían demostrado el mejor lado del matrimonio, y también sus hermanas. Y, no obstante, cuando todos quisieron verlo felizmente asentado, se rebeló. Era una reacción nacida más de la obstinación que de la lógica, pero al ser el único varón de esa familia, había desarrollado esa obstinación. Luchar por tu independencia aislado en un mundo femenino era un hábito difícil de romper.

-¿Por eso estabas tan ansiosa de casarte? ¿Querías un hogar propio?-

Sin que él la animara, Hermione levantó su pequeña mano y la pasó por su torso, enroscando los dedos en el poco vello de Harry. El vino había ayudado a que bajara sus inhibiciones, y parecía concentrada en explorar las texturas diferentes de su cuerpo. Al parecer disfrutaba tocándolo, sintiéndolo. Pero en ese momento sus gestos poseían un significado nuevo. Él se preguntó cuán a menudo la habían abrazado.

Alzó la vista para encontrarse con su mirada, y Harry contuvo el aliento. Maldita sea, era tan hermosa. Y ni siquiera parecía conciente de ello.

-Creo que quería demostrarle a mis padres lo fácil que habría sido si tan solo lo hubieran intentado. Ninguno dedicó jamás a su relación la energía que aportaban a sus trabajos.

Era obvio que tampoco habían dedicado la misma energía a su hija. Él se inclinó y le besó la frente, queriendo tenerla muy cerca, al mismo tiempo que también quería seguir hablando.

-Hermione… comprendo cómo debiste sentirte. Pero tratar de demostrar algo a tus padres no es un buen motivo para casarte con la persona equivoca-

-Lo sé-

Harry no pudo evitar besarla otra vez. Su intención era que fuera un gesto tierno, una forma de darle consuelo, pero Hermione no cooperó. Le tomó la cara entre las manos y le lamió los labios, emitiendo unos sonidos leves y roncos que lo volvieron loco.

Le encantaba su entusiasmo, pero quería mucho más.

-Hermione… -

-Sabes tan bien, Harry. Sabía que sería así.

Eran el vino y su propia vulnerabilidad los que hacían que hablara con tanta intrepidez. Por lo que general Hermione se mostraba más reservada y prudente en su comportamiento. Aunque entonces había estado comprometida, y él sabía que jamás habría traicionado dicho compromiso.

Nunca había entendido por qué la casa significaba tanto para ella. Pero ya sí. Simbolizaba todas las cosas que no había tenido de pequeña. Y él se la había construido. Se le hinchó el pecho y tuvo ganas de aullar.

Las manos suaves de la castaña se movieron por sus hombros, su pecho… su estomago. Contuvo el aliento y oyó la risa de ella. Entonces le tomó las manos. Como siguiera por ahí, olvidaría sus buenas intenciones.

-Eres un poco peludo-susurró la joven -. Aunque no tanto como una mascota. Y hueles mucho mejor que un perro.

-Gracias-

Ella le sonrió, con la nariz apenas un centímetro de distancia. El moreno meneó la cabeza exasperado, principalmente consigo mismo. Había trazado varios planes, pero iba a tener que alterarlos para brindarle el tiempo que necesitaba. Sintió el peso de la responsabilidad y supo que jamás haría algo que pudiera lastimarla.

-Estás muy serio, Potter-

-Y tú muy borracha. No cabe duda de que no aguantas la bebida-

-Lo sé- no pareció lamentarlo – Viktor solía decir que era demasiado remilgada. Lo irritaba que no bebiera con él. Pero yo sabía que si lo hacía, se habría aprovechado de mí-

Deseó que Viktor estuviera presente en ese momento. Lamentó no haber ido a verlo seis semanas atrás, la primera vez que lastimó a la castaña. No lo había hecho porque no quería dar la impresión de que había coartado su decisión final. Si dejaba a Viktor, lo haría porque así lo había elegido, no porque él le hiciera creer que debía. La apartó un poco.

-¿No te preocupa que yo me aproveche de ti?-

-No. Por desgracia, eres demasiado honorable para eso-repuso con voz perezosa y le guiño un ojo de forma exagerada –Pero quizá si bebieras lo suficiente, yo podría aprovecharme de ti- estuvo a punto de caerse del sofá. Harry la irguió.

-Te gustaría, ¿verdad?-

-Oh, sí-le apartó las manos y volvió a acurrucarse contra él, apoyando el costado de la cara contra su pecho-. No tendría que decirte esto, pero he tenido fantasías contigo.

-Repítelo-musitó sin aire.

-Pensé en cómo sería hacerlo contigo- lo miró con ojos entrecerrados-. Ya sabes, íntimamente. Pensaba en ti justo antes de que estallara la tormenta y verme obligada a salir de la bañera. Eran pensamientos muy agradables, Harry.

-Ah, Hermione… -le pareció que podría ahogarse con su propia lengua.

-Cho me contaba todo tipo de cosas privadas –suspiró-. Ya sabes, alardeaba, y me daban ganas de pegarle porque ella vivía mis fantasías.

Maldita sea, se había excitado. De verdad. Daba la impresión de que cada vez que controlaba su libido ella decía o hacía algo para que su cuerpo reaccionara. Hermione era lo bastante ingenua como para no notar su semierección. Pero Cho no. Se preguntó si era por eso que había compartido detalles íntimos, para establecer una especie de reclamo. Meneó la cabeza. Nada de eso importaba ya, salvo que la pequeña mujer acurrucada contra él merecía su mejor juicio, no su lujuria, lo que significaba que no podía hacer nada ante la oportunidad que se le presentaba.

Musitó un juramento y ella lo oyó. Pasó el dedo por sus labios y Harry tuvo que tragar saliva. Parecía tan… lista. Maldición, parecía preparada.

Físicamente quizá si lo estuviera, pero emocionalmente supuso que le quedaba mucho camino que recorrer antes de que pudiera confiar de verdad en él y aceptar sus sentimientos. En ese momento no parecía estar preparada para más que una mascota.

-Hermione… -

-¿No quieres saber cuáles eran mis fantasías?-

-¡No!-intentaba seducirlo, y con éxito. Si solo quisiera sexo, sería el hombre más afortunado de la tierra. Pero anhelaba mucho más con ella. Y dejar que cometiera algo que al día siguiente pudiera lamentar no ayudaría su caso. Lo haría feliz por una noche, no había duda al respecto, pero a la largo, perdería. La apartó, tratando de convencerse de sus propios pensamientos.-Hermy, ¿Por qué no hablamos de otra cosa?

-Pero… -empujó contra sus brazos rígidos, intentando acercarse a él otra vez.

El estómago de Harry crujió, lo que le proporcionó la excusa para interrumpirla.

-¿Tienes hambre? ¿A qué hora cenaste?- vio que ella se encogía de hombros.

-Aún no lo he hecho. Estaba tan cansada al llegar a casa, que solo me apetecía meterme en el jacuzzi que instalaste en mi cuarto de baño. Pero entonces se abatió la tormenta y supe que tenía que cerrar las ventanas. Y luego viniste tú…

Imágenes de ella en la amplia bañera, desnuda y pensando en él, sembraron el caos en sus buenas intenciones. Un hombre tenía su límite. Carraspeó y trató de calmar su corazón desbocado.

-¿Por qué estabas tan cansada? ¿Has tenido un día duro?-

-Últimamente, todos mis días han sido duros. Esta semana he hecho turnos de doce horas, luego me he presentado como voluntaria en el centro de adopción de animales.

Harry la observó un momento antes de hundir la cabeza en las manos. Estupendo. Le he dado vino a una mujer exhausta, hambrienta. Entonces registró parte de lo que ella le había dicho. ¿Turnos de doce horas? Frunció el ceño y le giró la cara.

-¿Has hecho muchas horas extra?- Hermione asintió con párpados pesados-. ¿Por qué?

Una expresión de tristeza invadió el rostro de la joven y dio la impresión de que podía echarse a llorar. En ese instante Harry juró que nunca más la dejaría volver a beber. Siempre se derretía ante una mujer que lloraba, y con Hermione sentía especialmente susceptible.

-Me gusta mi casa, Harry-

Casi chilló, sobresaltándolo.

-Tranquila, cariño, y dime cuál es el problema.

Ella alargó las manos y estuvo a punto de darle en un ojo, pero él la esquivó.

-No puedo permitirme el lujo de quedarme aquí. Tendré que vender mi hermosa casa.

-¿Qué?-intentó sonar sorprendido porque aún no estaba dispuesto a reconocer que había sido él quien quitó el letrero de "se vende".

-Usé casi todos mis ahorros para dar la entrada- continuó la castaña-. Se suponía que Viktor iba a comprar los muebles y luego pagar la mitad de las mensualidades del préstamo. Los impuestos, el seguro, la comida…

-Lo entiendo- se frotó la frente, frustrado. La casa era más bien cara para una persona sola. La suya era un poco más grande y sabía lo caro que podía resultar el mantenimiento.

Había llegado a pensar en esa casa como propiedad de Hermione. Mucho antes de que la adquiriera, la había hecho especial para ella. Todo lo que había en su interior, desde el momento en que seleccionó los planos, había sido elegido especialmente para ella. La idea de que pudiera alojar a otra persona no encajaba. Era casi un… sacrilegio.

-Debe de haber otra solución aparte de vender.-

-He intentado encontrar una – giró en su asiento hasta quedar frente a él. El vestido se le había subido hasta los muslos, y una tira colgaba suelta sobre su hombro.

Harry ocultó la sonrisa. Parecía dispuesta a que darse dormida sobre él, pero lo primero que necesitaba era comer un poco.

-Vamos, Hermione- la puso de pie y la sostuvo cuando amago con volver a caer sobre el sofá-Busquemos algo para comer.

La vela había formado un pequeño charca de cera en el fondo de la copa; la recogió para guiarse por la casa a oscuras. Hacía un calor húmedo; sentía la piel empapada de sudor. Hermione tomó la botella de vino antes de abandonar la estancia. Mientras avanzaba hacia la cocina, la oyó tararear algo a su espalda.

-¿Voy a encontrar alguna otra sorpresa en los armarios de tu cocina?-

-¿Quién sabe?- se encogió de hombros mientras se sentaba en una silla-. Ni siquiera recuerdo dónde he guardado todo.

-Mientras busco algo para comer, ¿Por qué no me cuentas cuánto necesitas para que cuadren los gastos?- era una pregunta personal, pero a ella no pareció importarle. Apoyó la cabeza en un puño y lo contempló mientras hurgaba en la nevera.

-Empeora un poco más cada mes. Supongo que conseguiré aguantar hasta el verano, luego, pffft, se me agotará la suerte.

-¿Pffft?- Harry enarcó una ceja.

-Sí. Estaré en bancarrota.

-¿Qué me dices de tu familia? ¿No te ayudará? -

-¡Ja!-

No. Su familia no parecía de esas que intervenían para echar una mano. Y Hermione no era de las que solicitaba auxilio. Era una mujer independiente. Varias veces cuando la había visto hacer cosas para la casa, la había tenido que obligar para que dejara que la ayudara. Por ese entonces Viktor no se lo había visto, aunque rara vez aparecía cuando había que llevar a cabo algo.

Recordó el primer apartamento que había comprado. Sus padres y sus hermanas habían aparecido con donaciones, que iban desde muebles y alimentos hasta dinero. Y todos lo habían ayudado a pintar y preparar el apartamento para que pudiera mudarse. Pero Hermione no tenía a nadie. No podía imaginarse a sí mismo tan absolutamente… solo.

La miró. Tenía los ojos cerrados; parecía tan serena entregada que deseó protegerla, declararse. Pero era demasiado pronto. Debía hacer que se acostumbrara a tenerlo cerca, que se adaptara a él y superara el ridículo prejuicio que sentía contra el matrimonio.

Encontró algo de carne del mediodía, queso y lechuga y lo depositó todo en la mesa para preparar unos sándwiches. También sirvió dos vasos grandes de leche. Al sentarse frente a ella y comenzar a poner los ingredientes en el pan, Hermione abrió los ojos. Y le regaló una sonrisa arrebatadora.

En vez de ponerse a comer, siguió mirándolo; Harry supo que debía distraer su atención o nunca conseguiría que comiera.

-Yo podría hacerte un préstamo-

Ella se irguió con brusquedad, a punto de caerse de la silla. Puso expresión indignada.

-¡Bajo ningún concepto!-

-Vamos, Herm… -

-No seas ridículo, Harry. Por el amor del cielo, solo somos amigos, conocidos, a pesar de mis extravagantes fantasías. Y he de enfrentarme a los hechos. Si no puedo permitirme esta casa ahora, un préstamo no va a ayudarme. Terminaría en la misma situación, aunque entonces también estaría endeudada contigo.

La miró fijamente, sin poder quitarse de la cabeza eso de las extravagantes fantasías.

-¿Harry?

Hermione tenía razón, pero no iba a aceptar que dejara la casa. Podría alterar un poco sus planes, pero no quería que se le estropearan por completo. No iba a rendirse. Había dedicado meses a trazar una estrategia, y no pensaba dejar que algo tan insignificante como las finanzas se interpusiera.

-Tal vez.

-No es tu problema- levantó una mano para detenerlo. –Además, he estado dándole vueltas al asunto, y aunque preferiría no hacerlo, creo que he encontrado una solución.

Menos mal. Volvió a empujar el sándwich en su dirección, instándola a comer.

-¿Qué vas a hacer?

-Voy a buscar a alguien con quien compartir la casa.

Pensó que era una solución viable, pero…

-¿De verdad quieres que otra mujer viva aquí contigo?

-Diablos, no. Las mujeres tienden a querer llevar las riendas, se muestran territoriales en el lugar en el que vive. Quieren añadir sus pequeños toques, dejar su huella. Esta es mi casa, y no tengo intención de permitir que nadie se apodere de ella. Antes preferiría venderla-le sonrió con expresión ebria y, con un gesto de la mano, explicó-: Hablaba de un hombre.

Continue…

Notas mías.

Perdonen la demora. Pero bueno, eh estado en la segunda ronda de exámenes y luego viene el problema de mi conexión de Internet. Por lo que no creo traerles pronto el capítulo 4, apenas y llevo unas cuantas líneas, pero no pienso demorar más de 4 o 5 días. No se preocupen. Aunque he de admitir, que el proyecto no ha sido muy bueno, pues va poco a poco, así no me apresuró mucho.

Así que muchas gracias por las personitas que lo leen y dejan review. Me hacen feliz.

Atte. Aio.

Contestaciones reviews y spoilers abajo del capítulo siguiente.

Monik: Muchas gracias. D viniendo de ti para mi es un honor. Me alegra que te guste y bueno, se viene lo bueno. Mas adelante. Gracias. Ana María: Señorita, un besazo a ti y un abrazote. Muchas gracias por tu review. Me hace sonreír como una niña boba a la que le acaban de dar lo que más deseaba. Me hace feliz tenerte como lectora, más porque admiro mucho la forma en la que escribes (Esos JL que me - gustan) o.o Merlin ojala algun día te animaras a escribir un HHR, estoy segura que sea más que PERFECTO. Gracias de nuevo. Claupotter: Muchas gracias. D yo también espero verte en el próximo capítulo. Nadeshiko-uchiha: Muchas gracias por tu review. A mi también me gusta este Harry sexy y convencido de obtener lo que quiere xD. Aris: Wiii! Hola Aris, ya había o.o pensado que te habías olvidado de mi coshita... esta. Y me alegra que D te haya gustado el final, sobretodo porque este tipo de escenas xD siempre hay. Porque para la escena final xD aun falta un poquitin. Espero u.u no defraudar xD ese capítulo. Pero bueno, muchas gracias. ) te veo más tarde o luego. Ukria Potty: Muchas gracias. Bueno, si, van rápido pero no tanto. xD aún falta un poquitin para que ambos estén realmente juntos.

Los adorados SPOILERS

En ese momento entró él en el dormitorio con café en la mano y una amplia sonrisa.