Capítulo IV: El nuevo inquilino.
Harry la miró fijamente, sintiendo como si acabara de recibir un puñetazo. ¿Es que intentaba matarlo? ¿Hermione con otro hombre? ¡Demonios, no! Si acaba de deshacerse del despreciable gusano de Krum. No tenía la intención de pasar otra vez por ese infierno personal.
Ella esbozó una sonrisa somnolienta, ajena a su tensión o a la agonía que le había provocado. La observó cruzar los brazos sobre la mesa y apoyar en ellos la cabeza. No dejó de mirarlo ni de sonreír. Estaba… adorable, y eso lo incomodaba.
-Siempre he pensado que eras el hombre más hermoso del mundo- musitó tras un suspiro.
Ridículamente, él sintió que se ruborizaba. Menos mal que la oscuridad impedía que se le notara.
-Cómete el sándwich Hermy.
-No tengo hambre-rió entre dientes.
Él dio un bocado al suyo. Reinaba un silencio tan profundo que pudo oír cómo masticaba. También los suspiros soñadores de Hermione.
-¿Dónde, exactamente, pretendes encontrar a esa persona que vivirá contigo?-no fue capaz de especificar el género.
-Aún no lo sé-se encogió de hombros-. Supongo que querré a alguien que esté dispuesto a compartir, que no espere que yo haga todo el trabajo. Y tendrá que ser divertido. No soporto a los amargados. Y deberán gustarle los animales. De verdad que quiero tener una mascota. En el refugio abundan y todos esos animalitos necesitan un hogar.
-¿Hermione?-
-¿Hmm?-
-Empiezas a divagar. ¿Dónde piensas encontrar a ese ejemplo de humanidad que viva contigo?-
-Supongo que el lunes podré preguntar en la oficina. O quizá ponga un anuncio.
-¡No! Nada de anuncios.- ella abrió mucho los ojos ante su tono de voz; Harry meneó la cabeza y se alejó de la mesa-. No sabes qué clase de loco podría aparecer con uno de esos anuncios.
Tampoco se la imaginaba interrogando a los hombres de su oficina. Trabajaba como secretaria para una empresa grande, y la gente de allí era muy remilgada. Lo sabía porque había hecho algunas obras en sus casas. Aún no sabía cómo era capaz de florecer es ese entorno. Tantos trajes y reglas a él lo habrían vuelto loco. Pero para Hermione, no era así. Supuso que se trataba de otro ejemplo de su capacidad para superar los obstáculos de su vida. Era evidente que había aprendido a adaptarse con sus padres, y en su trabajo.
Y por eso quería una mascota.
¿Pensaba que tener una mascota llenaría su vida? ¿Creía que un perro o gato actuaría como amortiguador del mundo exterior? No era psicólogo, pero le resultaba obvio que la castaña quería ser amada, a pesar de su reciente decisión de no casarse. Y como había abandonado la idea de encontrar un hombre que cumpliera esa importante tarea, estaba dispuesta a cederle el testigo a una mascota.
Bufó. Tendría que conformarse con él, no cabía otra alternativa.
Pero, ¿cómo convencerla? Se mordió el labio, inseguro, aunque en el fondo de su corazón sabía lo que iba a hacer. Carraspeó.
-Supongo que solo hay una solución-esperó que ella le pidiera que se explicará, y cuando guardó silencio, se volvió de la ventana para mirarla-, ¿Hermione?-
La única respuesta fue un ronquido suave y atenuado.
Sonrió ante la imagen que presentaba. Tenía la boca abierta y una mejilla aplastada sobre el brazo, e incluso cuando le alisó el pelo, ni se movió.
Bueno, era viernes. Al día siguiente no tenía que ir a trabajar, y él tampoco. Se presentaban unas posibilidades excelentes, y en esa ocasión se olvidaría de la nobleza. Todo estaba permitido en el amor y en la guerra, y con Hermione tenía la impresión de que ambas cosas se equilibrarían.
Por desgracia, iba a verse obligado a empezar por la guerra.
El sol brillaba cuando Hermione abrió los ojos. Se estiró e hizo una mueca de dolor. Se sentía aletargada y no deseaba levantarse, algo inusual en ella. Sacó las piernas por el borde de la cama y se dio cuenta de que llevaba un vestido arrugado en vez del camisón, y entonces recordó.
La noche anterior se había emborrachado y confesado con Harry. Avergonzada, se llevó una mano al pecho para contener su corazón desbocado al tiempo que intentaba recordar todo lo que le había dicho al moreno. Aunque le palpitaba la cabeza por el exceso, por desgracia no borró sus recuerdos.
Recordó algunos fragmentos condenatorios de conversación y supo que se moriría su alguna vez volvía a verlo.
En ese momento entró él en el dormitorio con café en la mano y una amplia sonrisa.
-Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?-
Hermione cerró los ojos. La muerte debía ser inminente. En cualquier segundo. Si esperaba lo suficiente…
-¿Herms?-
No había tenido suerte. Abrió un ojo y lo vio a su lado, con las cejas enarcadas. Parpadeó, contuvo el aliento y el estómago le dio vueltas.
Harry aún llevaba puestos los pantalones cortos, aunque en ese momento los tenía desabrochados y con la cremallera a medio cerrar.
Eso bastó para que se le desorbitaran los ojos. A plena luz del día, era arrebatador. Estaba tan bueno como para desayunarlo. Y esperaba una respuesta a su pregunta.
-Yo, hmm… -
-Yo dormí muy bien-dijo él-Tu cama es un poco corta para mí, y hacía un calor de mil demonios con los dos en ella, pero… -le guiño un ojo- pude pasar por alto las pequeñas incomodidades.
Ella se quedó paralizada. El corazón dejó de latirle, el oxígeno se atascó en sus pulmones. Lo miro boquiabierta.
Debía ser una broma.
Oh Dios, que sea una broma.
Era imposible que Harry hubiera dormido con ella. Aunque hubiera estado ebria, recordaría un momento tan importante. Lo miro a los ojos, dispuesta a contradecirlo. Abrió la boca, se aclaró la garganta y soltó algo parecido a ¿Hmgarph?
El dejó las tazas con café sobre la mesita y luego ahuecó la almohada detrás de Hermione.
-Reclínate y ponte cómoda. Pensé que era mejor que tomáramos el café en la cama-
-Hmgarph- repitió, porque sus manos cálidas se habían cerrado en torno a sus pantorrillas al ponerle otra vez las piernas en el colchón, acomodándola a pesar de su resistencia.
¿Cuántas veces había imaginado algo así… después de algo mucho más significativo, de naturaleza sexual? Había soñado con ello, aunque jamás llegó a considerar que pudiera pasar. Después de todo, Harry… era bueno, era Harry. Y ella no era su tipo, en absoluto. Había estirad los límites de la ficción para imaginarlo en sus sueños.
Sin embargo, allí estaban, y solo podía emitir sonidos inarticulados. Si fuera capaz de comprender el motivo de su presencia, quizá no se sintiera tan nerviosa. Harry no podía estar interesado en ella. Después de todo, a Viktor le había resultado tan sosa que terminó por desviarse. Sus propios padres no la habían considerado lo suficientemente interesante como para tenerla cerca. Había algo en ella que hacía que la gente mantuviera su distancia. De modo que no era posible que Harry…
Se echó a su lado, bastante relajado, y su cuerpo grande ocupó mucho espacio. Le pasó una taza de café caliente. Esbozando una sonrisa de satisfacción.
-¿No está mejor así?-
¿Mejor que qué? , se preguntó ella, bebiéndose media taza de un trago. A pesar de la bebida caliente, tembló. De pronto se dio cuenta de lo fresca que estaba la habitación. Antes de que pudiera preguntarlo, Harry ofreció una explicación.
-La electricidad volvió a eso de las cinco de la mañana. Hacía mucha humedad aquí dentro, por lo que puse el aire acondicionado.
-No puedo permitirme el lujo de ponerlo- fue lo único que dijo.
Que comentario tan estúpido, reflexionó, dado el hecho de que yacía en la cama con un hombre casi desnudo y embriagador, sin saber la causa de ello.
Pero su mente se negaba a centrarse en los temas vitales. Era mucho para asimilar, y con el corazón desbocado en el pecho y los ojos ocupados, explorando cada centímetro del cuerpo del moreno, su concentración resultaba nula. Su cerebro no paraba de gritar: ¿Qué ha pasado, aunque su corazón susurraba: ¡Apuesto que fue estupendo!
Harry bebió un sorbo de café antes de mirarla.
-Puedes permitirte estar cómoda, Hermione. Recuerda que ahora tienes un compañero de casa con quien dividir las facturas, así que no hay necesidad de que sufras esta ola de calor.
¿Compañero de casa? Recordó mencionarle esa idea en ciernes, pero no que hubiera encontrado uno. Ni siquiera había empezado a buscarlo desde que decidió que no le quedaba otra alternativa que vender la casa. Frunció el ceño y se mordió el labio.
Harry alzó la mano y frotó el dedo pulgar por el borde de sus dientes, liberando su labio inferior y deteniéndole el corazón en mitad de un latido.
-Me encanta cuando haces eso-su voz fue un susurro ronco-. Me pone caliente.
-¿Cómo hago… qué?-
-El modo en que te muerdes el labio-su pulgar siguió acariciándole la boca mientras miraba cómo se afanaba por respirar-. Es tan sexy. En especial esa forma tuya de morderlo.
¿Pensaba que su forma de morderse los labios era sexy? Hermione rió y comprendió todo. Claro. ¡No era más que un sueño! Probablemente aún seguía en la bañera y se había ahogado antes de despertar. Sería justicia poética.
-¿Qué te resulta gracioso?
Ella volvió a reír y se cubrió la boca con la mano. Parecía ridículo incluso en un sueño.
-Acabo de darme cuenta de que aún debo estar dormida, eso era todo- Harry la miró a los ojos. Su mirada era tan ardiente que ella esperó no despertar nunca. Le gustaba que la mirara de esa manera, como si tal vez la amara un poco. Era una idea tonta, pero si soñar hacía que pareciera real, de buena gana permanecería dormida.
Despacio, Harry se inclinó sobre ella y le quitó la taza de la mano, dejándola en la mesita junto a la suya. Al moverse, su torso ancho y duro la arrinconó y Hermione inhaló su aroma embriagador. Solo dispuso de un momento para analizar sus motivos antes de que la besara.
Tal como él había dicho, pegó la lengua cálida, suave y húmeda entre sus dientes. No se trataba de ningún sueño. Lo reconoció en el mismo instante en que decidió que no le importaba. Era demasiado excitante cómo la incitaba con la lengua. Abrió más la boca y con las manos recorrió el contorno de su pecho. El vello era suave y le hizo cosquillas en la piel. Y el calor… irradiaba tanto calor.
Harry emitió un gemido bajo y la acercó más, luego la reclinó en la cama hasta quedar encima de ella.
-Hermione-murmuró, moviendo los labios sobre su mejilla, su frente y de nuevo a su boca. Se apoyó sobre los codos y la encerró entre sus brazos musculosos. Con una mano le apartó el pelo rebelde de la cara y le sonrió con ternura-. Ya no estás borracha.
Ella parpadeó ante el cambio de tema. Su mente aún seguía en el beso, en la destreza de su lengua y… experimentó un escalofrío.
-No.
-¿Resaca?-
-Solo estoy cansada. Y me duele un poco la cabeza.
Con una leve presión de las caderas, Harry le recordó el contacto tan amplio e íntimo que mantenían.
-Bien. Eso está bien- la miró a los ojos-. Y ahora háblame de tus fantasías- Hermione mostró su sorpresa-. Anoche me dijiste que habías tenido fantasías conmigo. Incluso te ofreciste a contármelas.
Ni siquiera el aire acondicionado pudo contrarrestar el calor turbado que generó, y aún ni siquiera había salido de la cama.
-Yo… ah, estaba borracha.- la sonrisa tierna de Harry le derritió los huesos y le provocó un hormigueo por los muslos.
-Lo sé. Pero no te lo inventaste, ¿verdad? Cuéntamelas ahora.
-Nunca debí decirte nada.
-Me alegro que lo hicieras.
-Me siento tan ridícula.
-A mí me pareces muy suave, cálida y dulce- volvió a pegarse a ella para demostrárselo; Hermione emitió un gemido profundo-. Oh, sí. Muy dulce.
-Harry… -
-Hermione… - la imitó, luego le dio un beso ligero. Era como si no pudiera parar-. ¿Cuándo quieres que me traslade aquí?
-Hmm… ¿de qué estas hablando?
-Veo que no eres una persona que funcione bien por las mañanas-en esa ocasión el beso se prolongó y la dejó atónita-. Puede que eso sea un problema, cariño, porque yo sí funciono por las mañanas.
A ella sí le gustaban las mañanas, pero nunca había despertado con un hombre magnifico que le decía palabras tiernas mientras jugueteaba con la lengua y la provocaba con su cuerpo exquisito y casi desnudo. La confusión tenía poco que ver con sus costumbres de sueño.
-Harry, ¿quieres explicarte?
-De acuerdo- la besó otra vez y añadió-: Soy tu nuevo compañero de casa. Recuerdas que anoche me pediste que viniera a vivir contigo, ¿verdad?-al recibir solo una mirada desconcertada, continuó-: Te mostraste muy convincente, cancelando todos mis argumentos, incluso me amenazaste con el maldito rastrillo. No tuve elección. Ninguna en absoluto. Insististe en que viera las cosas a tu manera. Y, desde luego, eso hice. ¿Quién puede resistirse a una mujer que implora?
Hermione entrecerró los ojos, sabiendo que jamás imploraría, ni siquiera bajo un estupor ebrio. El ataque con el rastrillo… bueno, ambos sabían que eso era posible. Pero nada de súplicas.
-No he suplicado desde… bueno, desde que era pequeña.
La expresión de él se suavizó, las bromas sustituidas por una tierna comprensión.
-¿Cuándo suplicaste poder quedarte con tu perro?
Ella no quería hablar de eso, no en ese momento, no cuando ya sentía sus emociones expuestas y en carne viva.
-Solo estás jugando conmigo, ¿no?
-Fui un perfecto caballero- suspiró ofendido-, a pesar de tus provocaciones- luego bajó la vista a sus cuerpos unidos-. Aunque reconozco que se me pasó varias veces por la cabeza jugar contigo.
Bien, pensó ella. Juguemos, y así dejarás de intentar confundirme con cosas que no puedo aceptar. Esperó que su silencioso ánimo no fuera demasiado obvio.
Él se sentó y la incorporó también a ella. Hermione tragó la decepción cuando Harry se puso a su lado, tratando de concentrarse en lo que tenía que decir.
-Todo está arreglado. Durante el fin de semana puedo traer casi todas mis cosas, si a ti te parece bien. En realidad, me sentí aliviado cuando me lo pediste. Bromeaba cuando comenté que tuviste que suplicármelo. Esto saldrá a la perfección. Ha sido molesto mostrar a la gente la casa viviendo yo en ella. No soy un maniático ni nada parecido, pero me cansaba tener que preocuparme por cualquier cosa que dejara fuera de su sitio. Además la gente no respeta la intimidad. Hurga en armarios y cajones como si ya fuera dueña del lugar. De este modo, viviendo aquí, estaré bastante cerca para supervisar las cosas, motivo por el que en primer lugar me trasladé a la casa de exposición, pero mi privacidad quedará protegida-enarcó una ceja-. Claro está, siempre y cuando tú no seas propensa a meterte en las cosas que no son tuyas.
-No lo soy-se puso rígida.
-Dijiste que habías formulado a Cho preguntas personales sobre mí-
-No fue necesario que lo hiciera-soltó indignada-. No paraba de hablar sobre el gran semental que eras. Prácticamente me obligó a tragarme la información. Intenté no escuchar…
-¿Pero ella insistió? Qué molesto habrá sido para ti.
La sonrisa presuntuosa que exhibió le hizo dar vueltas la cabeza. Como había dejado de tocarla, empezaba a ver la situación con algo más de claridad. No obstante, aún había muchas cosas que no recordaba.
-No recuerdo pedirte que te trasladaras aquí. De hecho, jamás lo consideré.
-Bueno, ¿por qué no? Siempre nos hemos llevado bien. ¿Me estás diciendo que borracha haces promesas que no tienes intención de cumplir?
Eso era lo peor. Quería recibir la oportunidad para aprovecharse de ella y de él. Era el hombre más atractivo que había conocido, con una fuerza y una gentileza que formaban una mezcla embriagadora. Podía ser una página salida de sus fantasías. Pensó en las manos diestras de Harry, en su seguridad y capacidad, y experimentó un nudo en el estómago. Di sí, di si, gritó su cuerpo.
Pero después de haber roto con Viktor se había hecho un juramento. Nunca más quedaría expuesta y vulnerable a la humillación. Debía mantener el control de cualquier situación, en particular con los hombres. En ese momento, con Harry, sin duda no poseía ningún control; se halla inmersa en una confusión profunda y oscura. Él parecía desearla, aunque no paraba de alejarla. No mucho, ya que quería irse a vivir con ella, pero lo suficiente para conseguir que lo deseara todavía más, cuando ya lo deseaba mucho. No era justo.
No era el comportamiento al que estaba acostumbrada en los hombres. No era que hubiera sido una mujer muy solicitada, pero los hombres a los que había conocido habían dejado bien claras cuáles era sus intenciones.
-¿Y bien?- instó Harry al verla silenciosa.
-¿Hice muchas promesas anoche?-preguntó con cautela, sintiéndose atrapada.
-Algunas-afirmó con tono sugestivo.
Se mordió el labio y vio que él seguía el moviendo con los ojos. De inmediato ocultó el gesto, pero no antes de que los pensamientos de ambos chocaran. Cada uno recordó lo sucedido a la noche anterior, y el hecho de que Harry la consideraba sexy.
Tenía que concederse unos minutos, sin su perturbadora presencia, para serenarse antes de tomar alguna decisión. Harry disponía del poder de herirla más de lo que jamás habría disfrutado Viktor. Este había sido una solución, pero Harry era un deseo, una necesidad, un oscuro anhelo. Tenerlo, por cualquier motivo, para luego perderlo, podía resultar demoledor.
-¿Por qué no nos reunimos en la cocina después de darme una ducha y cambiarme, a fin de que podamos… discutirlo todo?-
-Es una idea estupenda-se pudo de pie y se movió con aire de triunfo-. Prepararé algo para desayunar.
-No creo… -el nerviosismo que sentía ahogaba cualquier idea de comer.
-No te preocupes. Prometo que será ligero-ya había atravesado la habitación antes de añadir-: Soy un cocinero excelente, Hermione, y no me importa compartir las tareas. En alguna ocasión se me ha acusado de ser divertido, así que no tendrás ninguna queja.
¿Espléndido y excelente cocinero? Pero, ¿y esa tontería de que era divertido?
Hermione suspiró. No tenía ni idea de lo que pasaba. Aunque había despertado su interés. Parecía demasiado bueno para ser verdad, a pesar de que ella deseaba que lo fuera.
Sin embargo, como había dejado de buscar un marido, Harry podía ser el compañero idóneo. El compromiso ya no era un requerimiento. Asintió para sí misma, pero no del todo convencida. Mientras pudiera disfrutar de algo de su tiempo…
Lo que necesitaban eran unas reglas básicas. Debería ser exclusivamente de ella al menos una temporada. Podía aprovechar sus encantos masculinos y luego pasar a otras presas. Los hombres lo hacían todo el tiempo.
Esa idea la puso enferma. Últimamente los hombres la dejaban bastante fría, al menos en el plano romántico. Pero Harry no. Quizá porque también era un buen amigo.
Tal vez funcionara.
Continue.
Notas mías.
Sobre los reviews. Lamento no poder contestarlos como debería, pero me faltó un poco de tiempo.
Gracias a:
Jim, nadeshiko-uchiha, Isabela black, Noelia, Ebdaly Granger, Monik, Hermian vampiress, Maxia de Malfoy, arissita, Ana María.
Spoilers: (El capítulo pasado ¬¬ esta cosa se los comió)
-Dispones de una semana entera para acostumbrarte a la idea.
Ella parpadeó y luego cerró los ojos cuando él la beso. Fue un beso ligero, suave y carente de pasión sexual.
Durante tres segundos.
El gemido suave que emitió Hermione estropeó las buenas intenciones de Harry. Cuando la lengua de ella rozó sus labios, él se levantó de la silla y la incorporó, sin romper en ningún momento el beso.
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-¿Harry?
-¿Hmm?
-¿Vamos a hacer mucho… esto cuando te traslades aquí?- susurró sin aliento.
-Oh, diablos-su cerebro se quedó en blanco un segundo.
