Capítulo VI: La nueva mascota.

Provócame-Chayanne

Provócame, mujer, provócame

Provócame, haber, atrévete

Provócame, a mí, acércate

Provócame, aquí, de piel a piel

Provócame, libérate de una vez, ten valor, enfréntame...

Hermione observó la casa pero no vio señal de Harry.

No quería que la viera acercarse. El sigilo no era su punto fuerte, pero sabía que si pudiera introducir despacio la idea de ese animal en particular, todo iría mejor. No pensaba renunciar a él después de haberlo elegido. Había sido amor a primera vista, y el sentimiento fue mutuo. El animal ya era suyo. Aunque eso no significaba que quisiera pelearse por él.

La mente le daba vueltas por todo lo que le había aportado el día. Su turno en el albergue lo cumplió casi flotando. Era realmente feliz. Más que eso, se sentía entusiasmada. Primero Harry, y en ese momento su mascota.

Sacó la pesada caja del asiento de atrás del coche y musitó palabras tranquilizadoras para el animal que había en su interior. Ginny y Draco, los dueños del albergue, se mostraron encantados con su elección. Y también divertidos.

No era nada extraño, ya que ambos tenían un curioso sentido del humor, que a menudo a Hermione le resultaba incomprensible. Pero era una pareja que apreciaba mucho. No le importó que bromearán, no cuando le pusieron todas las vacunas y le hicieron un chequeo exhaustivo gratis.

Había sido imperativo que se lo llevara ella, porque de lo contrario era casi seguro que nadie lo haría. Apenas había atravesado la puerta de entrada cargada con la caja cuando oyó acercarse a Harry. En cuanto vio su cara, dejó la caja en el suelo y se puso delante, con una amplia sonrisa.

-He vuelto.

-Eso veo -la miró de arriba abajo.

Su voz sonó suave, y Hermione parpadeó cuando se inclinó y le dio un beso dulce de bienvenida. Al hacer intención de apartarse, ella intensificó el beso.

Harry parecía decidido a mantenerla a cierta distancia física. Hermione estaba decidida a hacerlo ceder.

Estaba en su casa. Él estaba disponible. Supuso que lo mínimo que podía hacer al ser una mujer emprendedora y sana era aprovechar la oportunidad que se le presentaba.

Pegándose a él, pensó que hasta que Harry decidió dar el primer paso no había sabido que esos sentimientos existieran. Y desde entonces había sufrido una frustración constante. Como no cediera pronto, se volvería loca de lujuria insatisfecha. Maldita fuera su ridícula ética.

Él había empezado a bajar la mano por su espalda, sin duda animado por el gemido bajo de Hermione, cuando un gruñido atronador salió de la caja de cartón.

Harry se paralizó en medio del beso y abrió mucho los ojos.

-¿Qué demonios ha sido eso?

-Mi mascota-musitó ella.

Apoyó las manos en sus hombros, la apartó y contempló la caja.

-¿Qué has traído? ¿A un puma?

-Bueno, en realidad… -hasta ahí pudo llegar antes de que la caja estallara y una masa enorme de pelo canela saliera disparada de su interior, como un cañonazo de mermelada. El enorme gato callejero contempló su entorno con mirada desdeñosa, meneando el rabo para luego sacudir su monstruosa y deformada cabeza, parecía como si se hubiera dado directo contra la pared, además de que era patizambo. Un lazo pequeño y ladeado de color rosa colgaba de forma precaria sobre la mitad de las orejas.

-Dios mío -Harry se quedó boquiabierto. El gato le lanzó una mirada despectiva, pasó a su lado olisqueando la alfombra y sin hacer caso de los humanos-. ¿Qué demonios es eso?

Hermione se obligó a mostrar una expresión alegre cuando sus palabras sonaron precipitadas y nerviosas para ocultar su preocupación.

-Mi mascota, desde luego. ¿No es preciosa? El hombre que la trajo hoy dijo que estaba esperando.

-Esperando... ¿Qué?

-¡Gatitos! -Hermione miró a la gata, que le devolvió la mirada sin un solo parpadeo de sus ojos amarillos. Quizá si Harry creía esa estratagema, estaría más inclinado a aceptar al desaliñado gato.

Ninguna persona compasiva sería capaz de echar a una madre embarazada-. Se llama Satén -él la observó con ojos escépticos y levemente horrorizados, por lo que Hermione se apresuró a continuar-: Ha tenido algunos… accidentes, y siendo tan vieja como es, en el albergue no creían que pudieran encontrarle un hogar. No podía dejarla allí indefinidamente, sin esperanza, sin perspectivas. No podía.

La gata eligió ese momento para darles a ambos la espalda y alejarse con el andar de una cazadora y el rabo enhiesto. Una vez más la boca de Harry se abrió.

-Ah, Hermione, ese gato está tan preñado como yo.

Ella ya lo sabía, pero no estaba lista para que Harry lo descubriera. Era la mejor excusa para haber llevado el animal a casa. Lo miró con el ceño fruncido.

-Si te has metido en problemas, Potter, no me mires a mí. Dijiste que la noche que pasamos juntos había sido bastante inocente.

La mueca de él demostró que no había picado.

-Ven aquí, amigo -dijo dirigiéndose al gato-. Te quitaremos ese espantoso lazo de la cabeza.

Para sorpresa de Hermione, el altivo animal se detuvo y aguardó con real paciencia mientras él se agachaba y le quitaba el lazo.

-¿Satén, creo que deberíamos escogerle otro nombre- la joven le miró pensativa.

-Hmm, que te parece ¿Crookshanks?- Harry sonrió.

-Crookshanks le queda bien. Tuviste unas cuantas peleas en tu época, ¿verdad, amigo?-

El ronroneo del gato pareció como un gruñido. Hermione pensó que no había tenido una vida de ocio. Bastó una mirada a la pobre criatura para que en ella aflojaran todos sus sentimientos maternales. El granjero que lo había llevado había esperado evitar los costes del albergue afirmando que iba a dar a luz. Dejó la caja y se marchó en cuestión de segundos. Pero en cuanto lo sacaron del interior, resultó evidente que era un macho.

Eso no la había detenido. Y mientras fingía creer la historia del granjero, tuvo que soportar la diversión de sus amigos. ¿Qué diablos? Con eso le había conseguido un buen tratamiento al animal, y la verdad era que se sentía demasiado avergonzada para reconocer que lo quería porque no tenía a nadie, una sensación que entendía muy bien.

Sintió una fuerte afinidad con un animal más bien feo y desarrapado. Y no era algo que quisiera explicar, ni siquiera a sus amigos.

Harry volvió a incorporarse y la miró.

-¿Lo has hecho mirar? Da la impresión de que puede portar todo tipo de enfermedades.

El gato rodó sobre la alfombra, estirándose y gozando de que lo hubieran liberado del lazo. Allí donde se posaba su cuerpo peludo, quedaban unos pelos. Necesitaba un buen cepillado.

-Ginny es veterinaria y la… lo auscultó. Aparte de unos cuantos arañazos.

-Y las patas chuecas-

-Si. Aparte de las patas, esta sano. No hay nada que podamos hacer al respecto. Pero le he comprado vitaminas y un buen alimento para gatos que debería devolverle el lustre a su pelo.

Hermione se vio interrumpida cuando el gato decidió que quería más atención de Harry; de pronto se lanzó a sus brazos. A él no le quedó más remedio que aceptar el peso, que por propia experiencia ella sabía que era considerable. Trastabilló, maldijo y, con renuencia, sostuvo al animal. Su rostro exhibió una expresión de desagrado, pero aún así le rascó la cabeza con la mano libre.

-Oh, Harry, ¿no es dulce?-comentó, sorprendida por la muestra de afecto del animal-. Le gustas.

-Si. Dulce -hizo una mueca cuando el gato ronroneó otra vez, ahogando cualquier intento de mantener una conversación normal.

Llena de satisfacción, ella asintió con aprobación al ver su intento de tratarlo con amabilidad.

-Creo que se siente en deuda porque sabías que era macho.

-Hmm. Sí.

-No me mires así. Era evidente que no le gustaba el lazo rosa.

-Los machos somos quisquillosos con ese tipo de cosas.

-¿Con los lazos?

-No, con que cuestionen nuestra masculinidad.

-Ah.

-¿Hermione? ¿De verdad creías que este animal era… ? -antes de que pudiera terminar la pregunta, ella abrió la puerta.

-Aún tengo muchas cosas en el coche. Una caja para sus necesidades, una cama, la comida. ¿Quieres vigilar a Crooky mientras traigo todo?

-Crooky y un cuerno. Al menos no le digas así.

-Esta bien, Crookshanks -sonrió a Harry.

-Bien, con ese ronroneo que tiene -lo observó-. Crookshanks le va de maravilla.

-Hombres -masculló.

-Que no sea un felino hermoso no debe importar -para sorpresa de Hermione, Harry se puso a la defensiva con el gato-. Pero apuesto que es un buen cazador de ratones -entonces añadió-: De pequeño tuve un gato como él. Después de alguna de sus salidas volvía a casa con andar victorioso tras un encuentro romántico o como un soldado abatido en la batalla. Pero, de algún modo, siempre había de por medio una gata -el animal frotó su cabeza contra el pecho de Harry en asentimiento, dejando su marca de pelos.

-Bueno -comentó ella de camino al coche-, sus noches en la ciudad van a terminarse. Voy hacer que lo castren.

El gato emitió un siseo sonoro y Hermione se volvió para verlo correr por el pasillo. Harry la miro con el ceño fruncido y corrió tras él.

-Ven, gatito, gatito.

Todo sale a la perfección. Pensó ella. Apenas dos días atrás estaba sola, sin nadie a quien le importará. En ese momento tenía a Harry, sin importar lo temporal que fuera la situación, y a una maravillosa mascota. Y no solo eso, sino que los dos varones habían entablado un vínculo.

Feliz, pensó en lo único que le faltaba a su vida era el mobiliario del jardín, aunque ya no parecía importarle.

Harry bajó la vista al gato que yacía enroscado en sus tobillos.

-Al menos tu disfrutaste de mi cena.

Sabía que ese día debía causar impacto; era el primer día de su relación. De modo que, en su humilde opinión, había preparado una cena magnífica, coronada con un postre delicioso. Hermione había comido una buena porción , e incluso había alabado sus esfuerzos, pero aparte de eso, su atención no estaba donde la quería Harry… en él.

Mientras le pasaba otro trozo de carne al gato, consideró su siguiente paso. Hermione aún no le había preguntado cómo había ido la mudanza. Había estado tan ocupado acomodando a Crookshanks y en disfrutar de ser una nueva propietaria de mascota que, su atención no estaba en algo tan mundano como el nuevo hombre que había en su vida.

Se levantó de la mesa y se dirigió hacia donde ella estaba fregando los platos.

-¿Seguro que no quieres que te ayude?

-Teníamos un trato, Harry. Tu cocinabas, yo fregaba.

-No me importaría ayudarte…

-Ya has hecho suficiente hoy -le sonrió-. La cena estaba fabulosa.

Sin darse la oportunidad de pensar en ello, se inclinó y le dio un beso en la mejilla. Olía tan bien, incluso después de trabajar todo el día en el albergue para animales. Con la nariz le acarició el pelo, la oreja. Ella contuvo el aliento de forma audible y Harry se acercó más, atrapándola entre su cuerpo y el fregadero.

El agua chorreó por su cuello cuando ella posó las manos en su pelo, aferrándolo para poder besarlo. Pero él se apartó. Al ver la decepción en sus ojos, ocultó una sonrisa, y su propia frustración. Pero ya había decidido qué hacer a continuación.

-Si estás segura de que no necesitas ayuda, creo que iré darme un baño.

-Perfecto. Ve -con la espalda rígida, volvió a concentrarse en su tarea.

Harry se volvió y estuvo a punto de tropezar con el gato. Parecía que Crookshanks quería pegarse a sus talones, sin importarle adónde fuera o qué hiciera.

-Lo siento -le dijo-, no hay baño para ti. Quédate con tu nueva ama.

El gato respondió con un rugido hosco, pero no se movió.

Silbando, fue al cuarto de baño y se desnudó.

Incluso con la puerta cerrada, pudo oír a Hermione guardando con mucho ruido las ollas, sin duda canalizando de esa manera su frustración. Eso estaba bien. La quería tan frustrada que no pudiera resistirse cuando él sugiriera que su relación fuera más permanente.

Y con ese fin haría lo que fuera necesario. Después de darse una ducha rápida, tomó una toalla. Dejó el agua abierta, abrió la puerta y gritó.

-¡Eh! ¿Hermione?

Reinó un momento de silencio, luego la castaña asomó la cabeza por el pasillo. Lo miró fijamente concentrándose en su torso mojado y en su vientre. Contemplo la toalla floja en torno a su cintura.

-¿Hmm? -musitó con voz quebrada.

-Dejé mi champú en una caja junto a la puerta -su sonrisa era la inocencia personificada-. ¿Querrías traérmelo, por favor?

-¿Champú? -vio que tragaba saliva y que volvía a mirarlo a la cara.

-Si, me gusta el mío, si no te importa.

-No. No, no me importa.

Mientras tanto el gato entró por la abertura de la puerta y se retorció entre sus tobillos, dejando sus piernas húmedas llenas de pelo canela. Harry abrió más la puerta e intentó expulsarlo. Crookshanks se negó a moverse.

-Vamos, gato, largo -el animal se encorvó, preparado para saltar de nuevo a sus brazos-. ¡No! -Harry retrocedió, sujetando la toalla con una mano y haciendo aspavientos con la otra. Dio tres pasos por el pasillo con la esperanza de que Crookshanks lo siguiera.

-Aquí tienes.

El sonido de la voz jadeante de Hermione hizo que se volviera. Ella sostenía el bote de champú mientras miraba fijamente sus piernas. Adrede él las abrió más, dejando que la toalla se separara un poco y vio que los ojos de Hermione se encendían.

-Gracias, cariño -la saludó con el bote.

-Eh… de nada.

Era un truco sucio usar la atracción que sentía ella por su cuerpo en su contra, pero no tuvo reparos en hacerlo. Empezó a estirarse, alzando un brazo por encima de la cabeza y sintiéndose como un exhibicionista. Comenzaba a disfrutar del juego y de la atención de Hermione cuando las patas delanteras de Crookshanks aterrizaron en su espalda, desequilibrándolo. Trastabilló hacia delante y estuvo a punto de tropezar con Hermione, luego giró con un grito cuando el gato empezó a contraer las garras en su trasero.

El problema fue que al volverse Crookshanks no soltó su asidero, y como resultado de ello las garras quedaron enganchadas en la toalla, dejando a Harry con los glúteos al aire, con su modestia frontal preservada sólo por la parte superior de la toalla.

Hermione no le sirvió de ayuda; estaba demasiado ocupada babeando.

Él pensó en abandonar la toalla para mantener la compostura. Estar agachado con el trasero al aire mientras luchabas con un gato callejero no era muy digno para impresionar a la mujer de su elección.

Un rápido vistazo le indicó que más que impresionada, Hermione estaba aturdida.

-¡Maldita sea! ¡Hermione! Ocúpate del gato.

Ella pareció salir de su estupor mudo y se apoyó en la pared, cruzando los brazos.

-¿Por qué?

-Para que pueda ponerme la toalla.

-Que se la lleve -agitó una mano con gesto negligente y la vista clavada en su trasero-. Eso sería más fácil que desenredarlos a los dos.

Sus palabras sonaron indiferentes, pero cuando el alzó la vista, la expresión que vio en sus ojos castaños fue de puro atrevimiento. Al comprender que sus opciones habían quedado limitadas y que sus planes se habían estropeado, supo que tenía poco que perder. Por desgracia se sentía avergonzado, lo cual era una estupidez si consideraba que había estado exhibiéndose de forma manifiesta. No es que pensara alcanzar el grado de total desnudez, pero ya era demasiado tarde.

No podía dejar que ella tomara la ventaja, al menos no esa noche. Hizo acopio de valor, le lanzó una mirada de advertencia sobre sus intenciones y soltó la toalla.

Para su alivio, Hermione abandonó el juego y huyó. Apenas había terminado de erguirse cuando ella dobló la esquina del pasillo. Miró al gato con expresión ceñuda.

-Un número más como ese y yo mismo te volveré a poner el lazo -el gato no tardó en seguir los pasos de Hermione. Harry meneó la cabeza-. Y ahora hay que poner en marcha el plan B. Esperemos que tenga un poco más de éxito.

Hermione logró evitar cualquier tiempo prolongado con Harry el resto de la velada. Salió a dar una larga caminata con Crookshanks atado a una correa. Luego se dio un baño largo, quedándose tanto rato en el jacuzzi que la piel de los dedos se le arrugó y sintió los músculos relajados.

Pero su mente estaba sumida en el caos y no paraba de repetir una y otra vez la misma escena. La imagen de él completamente desnudo no era algo que deseara borrar de su memoria. Cada vez que la revivía bastaba para sentir una oleada de calor por todo el cuerpo.

¡Había salido corriendo! Algo intolerable. No sabía qué la había dominado, pero sin duda una parte se debía al instinto de conservación. De haberse quedado, no solo habría mirado. Oh, no. Incluso en ese momento, los dedos le hormigueaban con la necesidad de tocarlo. Probablemente lo habría atacado. Había estado desnudo, por lo tanto, habría sido incapaz de ofrecer un gran defensa.

No tenía ni idea de lo que él había esperado conseguir con ese número de desnudez, pero no le cabía duda de que había sido deliberado, aunque quizá no la parte en que había perdido la toalla. Después de todo, era imposible que hubiera podido instigar a Crookshanks para que interviniera. Pero tramaba algo. La pregunta era: ¿Qué?

Después de terminar de secarse y cepillarse el imposible pelo, se puso el camisón que se había regalado las navidades pasadas. Era lo más bonito que había tenido jamás, aunque no muy cómodo. Pero la comodidad importaba poco en ese momento. Si que fuera bonito.

Necesitaba la fortaleza de saber que mostraba mejor aspecto antes de volver a mirar a Harry. Debían hablar, despejar la atmósfera, y no tenía deseos de esperar hasta la mañana para pensar en su cobarde huida por el pasillo. Además, quizá él quisiera besarla otra vez… o más. Votaba por esto último.

Intentó ordenar sus pensamientos y organizarlos en algo parecido a la cordura, pero saltaban de un lado a otro, llenos de expectativas, esperanzas y frustraciones. Pero al entrar al dormitorio se detuvo en seco. La visión del cuerpo masculino de Harry tendido a lo ancho de su cama con solo unos pantalones cortos mientras leía una revista, le vació la mente incluso de sus ideas descabelladas.

¿Pensaba dormir otra vez con ella?

Al principio se mostró aturdida, luego inconmensurablemente optimista. Todo el día había alimentado la pequeña esperanza de que Harry olvidara sus reticencias y dejara que sus instintos básicos manejaran la situación. No entendía por qué vacilaba tanto. Se conocían bastante bien, incluso mejor que muchas parejas casadas.

Decidida, avanzó hacia la cama, esperando que él reconociera su presencia. Con indiferencia, levantó un dedo para indicarle que necesitaba un momento para terminar el artículo que leía.

La irritación era un elemento desagradable que añadir a un cerebro femenino ya confuso.

-Perdona -cuando él alzó la vista con una ceja enarcada ante el tono que empleó, Hermione añadió-: ¿Qué haces?

-Leo.

-Muy bien. ¿Qué lees en mi cama?

-Oh -dejó la revista y se incorporó para apoyarse en el cabecero-. No pude traer mi cama… es de tamaño grande, ya sabes. Lo único que trasladé hoy fue mi ropa y las cosas personales. A propósito, ocupé el armario del cuarto de invitados. Y como tus cosas están en el baño, pensé que lo mejor era usar el del pasillo.

-Así que… ¿esta noche vas a dormir aquí?

-¿En qué otro sitio? -cruzó los brazos y ladeó la cabeza-. El sofá es demasiado pequeño. Y te diré que la idea del suelo no me resulta nada atractiva.

-Entonces, ¿por qué no duermes en tu propia casa esta noche?

-Porque toda mi ropa y artículos personales están aquí, ¿recuerdas?

Parecía tan razonable. Ella no se lo tragó ni por un minuto. Tramaba algo. Pero desconocía qué quería conseguir.

Intentando no parecer tan ansiosa como se sentía, retiró la colcha y se metió en la cama. Se notaba tan rígida como el cuello de encaje del camisón, e igual de ridícula. El contacto de la mirada de Harry era algo tangible, e igual de perturbador.

Sin necesidad de mirarlo, supo que sonreía. Lo divertiría su nerviosismo, quizá se sintiera satisfecho por el efecto que obraba en ella. No quería aumentar su seguridad, pero no sabía qué hacer ni cómo actuar. Tener a alguien tan cerca, en particular un hombre, no era algo que hubiera experimentado en la vida. Los sentimientos que Harry invocaba, la lujuria y el anhelo de ternura, serían visibles en sus ojos. No apartó la mirada de las sábanas. Aunque al rato no pudo evitarlo y lo miró.

Él no sonreía; no había nada humorístico en el modo en que la observaba. Cuando Hermione fue a girar la cabeza, le capturó la barbilla con la mano.

-Eres hermosa.

Ella se mordió el labio inferior. Harry parpadeó y concentró la vista en su boca. Con un gemido ronco se apartó.

-Dios mío, Hermione, haces que sea condenadamente difícil -ella abrió mucho los ojos y la boca-. No… -Harry movió la cabeza y emitió una leve risa, para volver a gemir-. Esto es muy difícil. Me estás volviendo loco.

-Harry…

-No. No te atrevas a decirlo.

-¿Decir qué?

-No lo sé. Pero sé que lo que sea me empujará por el borde del precipicio. Ahora dame un beso de buenas noches y durmamos algo.

Alargó el brazo por delante de ella para apagar la lámpara de la mesita y luego acomodó el torso sobre Hermione, tomándole el rostro entre las manos.

-No -susurró, rozándole la boca con los labios, con el aliento cálido y suave-. Primero el beso, luego nos dormimos.

Y que besó. Hermione se aferró a él sintiendo el contacto húmedo de su lengua, la áspera caricia de sus dedos mientras los pasaba por su pelo. Era un beso destinado a prepararla, pero no para dormir.

Al terminar, ella quiso aullar de frustración. Entonces Harry la situó contra su costado y los cubrió a ambos. Pasó la mano por su brazo y ella apoyó la mejilla en su pecho, con el sonido irregular de su corazón en el oído.

No había obtenido la lujuria que deseaba, pero la ternura estaba presente, y decidió que de momento era más que suficiente.

Continue...

Mientras no oO me sancionen seguiré contestando sus reviews por acá, ciertamente me da algo de pereza mandarles correos, o la otra opción es que se los conteste en un review. )

jim gracias por tu review y un hasta luego. Isabel Black muchas gracias por el review y espero te siga gustando. Hermian vampiress no te preocupes, eh de decir que me divierte, las reacciones que causa este historia, creeme a mí también me paso lo mismo cuando la leí. Y xD ciertamente me haces sonreír, me alegra que te guste y que oO te parezca corto es algo que trataré de evitar. Así que esperare impaciente tu review. Noelia ¿esceptica? oO se te hace. xD pues un hombre y que hombre va a vivir a su casa, yo estaría xD emocionada. Gracias por tu review. Amigui oO' mmm cuando Harry dijo que si se parecía a un puma, era por el ruido que había en la caja, no porque fuera negro y si. Es Crookshanks, ¿Te he dicho que adoro este lindo animalito? pues era claro que tenía que aparecer y que aparición. Nos estamos viendo por el msn. MayuBlack Gracias, XD eres la segunda persona o O.o quinta, que me dice que esa frase les encantó ¡Pero si es bastante cierta! Gracias por tu review. Ana María niña hermosa!. Primero te mando un ciber abrazo, me enchina la piel, leer tus reviews. Es que te admiro mujer. Sobre Harry, si, es demasiado listo pero no tanto para Hermione, la mascota pues no es otra que la misma que Hermione compro en Diagon Alley. Así que no podía dejarla afuera. Y pues sobre su relación creo que ambos podrán sobrellevar vivir juntos, con todo lo que hacen xD. Monik muchas gracias niña. Y espero seguir leyendo tus reviews, con lo feliz que me hacen.

Spoilers:

-Hoy no puedo, idiota.

-¿Qué quieres decir con que no puedes?

-Piensa en ello, Harry -tenía el rostro acalorado.

-¿Pensar en qué?

-Te deseaba anoche. Te desearé dentro de unos días. Pero no hasta entonces.