Capítulo VII: El llamado de la madre naturaleza.
Abrazame -Altavoz.
Tienes que saber que es lo último que pido
Que estoy desesperado según mis latidos
No me queda mucho, tiempo a mi favor
Y antes de perder de vista mi camino
Quiero mirarte un poco
Y soñar que el destino es junto a ti
Quedate un segundo aquí, hacerme compañía
Y quedate un tantito más, quiero sentirte mía
Abrazame, abrazame.
Despertar con un cuerpo cálido y suave acurrucado cerca tenía sus ventajas. Y sus desventajas.
Harry estudió el rostro de Hermione y sintió que todos los instintos masculinos que poseía salían a la superficie. La deseaba y su cuerpo reaccionaba dolorosamente a ello. Era un milagro que la palpitación sexual que latía en él no sacudiera toda la cama. Si Hermione despertaba, no tendría modo de ocultar su deseo.
Sonó el despertador con la música de la radio. Al girar la cabeza para ver la hora, se dio cuenta que ya casi eran las diez. Debía levantarse para empezar un nuevo día de planes. Esa mañana pensaba abrumarla con su habilidad culinaria.
Le demostraría lo indispensable que podía ser, y cuando ella se ablandara, tanto con él como con la actitud que mantenía hacia el matrimonio, estaría preparado.
La música no había perturbado el sueño de Hermione. La miró otra vez y lo dominó la compasión por su evidente agotamiento. Las ojeras mostraban su nivel de fatiga.
De pronto oyó un rugido alto y ronco. Bajó la vista al suelo y vio a Crookshanks. El gato le devolvió la mirada y aprestó su robusto cuerpo para saltar sobre la cama. Como Harry no quería que Hermione despertará todavía, frenó al animal con un movimiento de la mano y con cuidado quitó el brazo de debajo de la cabeza de ella. Hermione emitió un leve sonido de protesta y se acurrucó en su almohada.
Era un día soleado y se sintió entusiasmado ante las posibilidades de progresar. Crookshanks lo siguió después de que se pusiera unos vaqueros y saliera por la puerta para cerrarla despacio a su espalda.
Al terminar de lavarse, entorpecido por el gato que osaba en enroscarse entre sus tobillos, marchó por el pasillo, pero la visión que tuvo del salón lo frenó en seco.
Había tanto pelo de gato flotando por todas partes, que el condenado animal tendría que haberse quedado calvo.
-¿Tenías que frotarte contra todo? -preguntó mirándolo. Crookshanks mostró sus dientes afilados en lo que Harry prefirió tomar como una sonrisa felina y no una amenaza-. De acuerdo, ¿Así que me estas diciendo que hay que cepillarte? Pero primero tendré que cepillar la maldita casa.
Dejó que el gato saliera por la puerta de atrás y luego comprobó si tenía los ingredientes para hacer unas tortillas francesas. En cuanto le diera un mordisco, Hermione se vería obligada a aceptar su buena suerte al tenerlo como compañero de casa.
Por desgracia, treinta minutos más tarde, cuando lo tenia todo colocado sobre la mesa, con el rico aroma a café flotando en el aire, Hermione se negó a levantarse. Volvió a sacudirle el hombro.
-Vamos dormilona. Te he preparado el desayuno.
-Vete -se tapó la cabeza con una almohada.
-Cariño, sé que estás cansada -se esforzó por no parecer impaciente. Llevaba en la cama más de nueve horas-. Te he hecho el desayuno. No querrás que se enfríe.
Se puso a roncar.
Harry alzó la almohada con incredulidad. Hermione tenía los ojos cerrados, las facciones relajadas y los labios un poco separados. De esos labios escapaba un ronquido suave y femenino.
Entonces vio que el camisón se había bajado por un hombro, dejando expuesta la pendiente de un pecho. Tragó saliva. La noche anterior había sentido ese pecho suave pegado a su costado en cuanto Hermione decidió relajarse. De hecho, no había tardado mucho en llegar a la conclusión de que le gustaba que la abrazara, incluso descansar la mitad de su cuerpo encima de él.
Permaneció así la mitad de la noche, atormentándolo al tiempo que disfrutaba de esa comodidad. Había sido tan evidente que jamás había estado tan bien, que a él no le importó quedarse despierto. Lo repetiría si ella así lo deseaba. A partir de ese momento tenía la intención de abrazarla todas las noches.
Cuando se tumbó boca abajo y ocupó toda la cama, abandonó el intento de despertarla. Le dio una palmadita suave en su bonito trasero y salió de la habitación.
No estaba siendo la mañana idílica que había planeado. ¿Cómo podía cortejarla si no se despertaba?
Crookshanks regresó para hacerle compañía mientras comía su tortilla francesa. Lo alargó todo lo que pudo, con la esperanza de que la castaña despertara. Al final, cuando los huevos se enfriaron, le dio al gato los de ella; éste los olisqueó varias veces antes de llegar a la conclusión de que podía ser comibles. Tras lavar los platos, buscó un cepillo y se llevó al gato afuera.
El gato comenzó a ronronear antes incluso de que le acercara el cepillo. Pasó media hora hasta que comprendió que la tarea no tenía final alguno a la vista. A Crookshanks se lo veía arreglado y bien cepillado, y la cabeza grande parecía más cuadrada sin el beneficio del exceso del pelo que suavizará ese efecto. Tenía un pelaje grueso que independientemente de lo mucho que lo cepillara, no era capaz de eliminar el exceso.
Sin embargo, en ese momento varias cicatrices resultaban visibles a través del pelo desenredado, por lo que Harry lo contempló con nuevo respeto.
-Eres un guerrero habitual, ¿verdad, chico?
Crookshanks se estiró, arqueó el cuerpo y extendió sus considerables zarpas. Bostezó, exhibiendo una serie impresionante de dientes afilados. El patio estaba lleno del pelo del gato. También Harry se estiró, aunque evitando inhalar el pelo que flotaba en el aire, y se volvió al oír un sonido procedente de la casa.
Hermione se hallaba en el umbral de la puerta, vestida con unos pantalones cortos holgados y un jersey; exhibía una sonrisa tenue.
-Has estado cepillando al gato.
Harry se levantó y bajó la vista a los pelos que se pegaban a su propio cuerpo. Tuvo que agitar el aire para poder verla con claridad.
-¿Cómo lo has adivinado?
Supo que había sonado sarcástico, pero tenía pelos por todas partes, el desayuno había pasado y ahí estaba ella, tan deseable que tuvo ganas de llevarla a la cama.
Después de todos sus esfuerzos para conquistarla, ni siquiera había tenido la decencia de levantarse de la cama.
-Crookshanks está muy guapo.
-Guapo no puede ser una palabra que se aplique alguna vez a ese monstruo, aunque supongo que está mucho mejor -la estudió detenidamente. Aún parecía algo ida, como si acabara de abrir los ojos-. ¿Estas bien?
-Sí, estoy bien -repuso acalorada-. Lamento haber dormido hasta tan tarde. Supongo que no hay nada para comer, ¿verdad?
Una noche sin dormir se cobró su precio sobre la paciencia de Harry.
-Había preparado tortillas francesas, bollos y café, pero tú te negaste a levantarte.
-¿Qué hora es? -alzó la vista al cielo soleado y se mordió el labio,
-Casi las doce.
-Santo cielo -comentó sobresaltada-. Lo siento.
-Es mi día libre. Había pensado que pudiéramos pasar un rato juntos.
-Oh.
Pareció poco entusiasmada. Entonces él vio que se llevaba la mano al estómago.
-¿Te sientes mal?
-No, claro que no -volvió a ruborizarse.
-¿Qué ha hecho que al final te animaras a levantarte?
-Llamó… Ginny. Quería saber si podía ir al albergue.
-¿Por qué? ¿El domingo no es también tu día libre?
-Por lo general. Pero, yo… bueno, ya le dije que pasaría.
Harry apretó la mandíbula. El día se había convertido en un terrible fracaso.
-¿Cuánto tiempo?
-No lo sé. Pero le dije que estaría allí aproximadamente en una hora.
-Maldita sea, Hermione. ¿Por qué hoy? ¿Por qué no puede esperar?
-No tienes derecho a maldecirme. Es una de las reglas básicas que tendríamos que haber establecido. No me dices qué puedo hacer, ni yo tampoco a ti.
Harry supo que había perdido los nervios, que la presionaba demasiado, pero no parecía ser capaz de parar. Llevaba tanto tiempo privado de sexo, más si pensaba en las provocaciones sufridas. Era un hombre a punto de estallar, y supuso que cuando eso sucediera sus hormonas abarcarían más terreno que el pelo de Crookshanks.
Carraspeó por dos veces.
-Me habría gustado saberlo de antemano -expuso con lo que consideró suficiente calma.
-¿Te estás constipando? -ella frunció el ceño-. Tu voz suena ronca y áspera.
La miró y vio su expresión preocupada. Si no estuviera tan encendido sexualmente, la situación habría podido ser divertida. Respiró hondo y se ahogó con el pelo del gato.
-Estoy bien -estornudó, y al notar que ella se dirigía hacia él alzó una mano para detenerla-. Vete. Supongo que tengo suficientes cosas para ocuparme todo el día. Crookshanks soltó pelo por toda la casa. Me quedaré a limpiar. ¿A qué hora volverás?
-No es tarea tuya limpiar lo que ensucie mi gato.
-Fui yo quien sugirió que trajeras una mascota.
-No obstante…
-Te pregunté a qué hora ibas a volver -cortó.
-¡Llegaré a casa cuando pueda! -estalló ella de repente.
Harry quedó sorprendido por su exabrupto, pero no tanto como la propia Hermione. Abrió la boca y se puso rígida como un palo, luego dio media vuelta y entró corriendo en la casa. El permaneció donde estaba preguntándose qué diablos había provocado su reacción.
Al oír alejarse su coche, maldijo otra vez, en esa ocasión con vehemencia. Crookshanks se enroscó en su pierna y rugió su aprobación.
Era evidente que no estaba llevando bien las cosas. Dada la frustración que sentía de la noche anterior, supuso que Hermione podía encontrarse igual. Siempre había pensado que era arrogancia de los hombres asumir que las mujeres no experimentaban las mismas incomodidades sexuales que ellos. La frustración era frustración, sin importar que fueras hombre o mujer. Y ella lo había deseado.
Esbozó una lenta sonrisa. Quizá había encarado todo mal. Era posible que si hacía el amor con ella consiguiera mejor sus objetivos. Le demostraría lo mucho que la deseaba, y eso era ciertamente importante, ya que Hermione no parecía tener ni idea de lo deseable que era.
Debería andar con cuidado para mantener el control, pero sabía que podía lograrlo. No serviría que creyera que hacer el amor se reducía sólo a sexo. No podía dejar que lo usara sin alcanzar un compromiso. Él no era fácil. No señor. Harry Potter no era un hombre con el que se pudiera jugar.
Y se cercioraría de decir todas las palabras apropiadas, de tratarla con ternura, de mostrarle su amor.
Decidido, llegó a la conclusión de no aguardar hasta la noche. En cuanto ella volviera a casa, la dejaría seducirlo. Se frotó las manos y sonrió con acalorada anticipación. Crookshanks, que era un gato perceptivo, sonrió con él.
Hermione temía ver otra vez a Harry. Tener a otra persona en su casa había complicado las cosas. Mientras él no la presionara, lo más probable era que pudiera mantener el control. Pero si insistía en anticiparse a sus movimientos, seguro que explotaría.
Y hablando de explotar… los ladridos constantes del asiento de atrás empezaban a agotarla. La perra pequeña, una miniatura de cruce variado, era la criatura más ruidosa que jamás había visto. Ni siquiera sabía cómo un animal tan minúsculo, con apenas tres patitas, podía moverse tan deprisa.
Se alegraba de que Ginny le hubiera brindado la excusa para escapar de la casa, e incluso estaba agradecida de que le hubieran dado la oportunidad de cuidar de esa perra diminuta. Pero presentar a otro animal para que Harry lo aprobara, en especial después de lo irritado que se había mostrado al marcharse…
En cuanto llegó vio que su camioneta seguía allí. Comenzó a relajarse; aunque temía por otra confrontación con él, pero en ese momento él salió al porche y su mirada desconcertante se posó en ella.
Un calor renovado se alzó como una marea imparable dentro de Hermione.
Él estaba maravilloso, fuerte y atractivo; ella parecía salida del infierno. Y encima tuvo la certeza de que podía oír los ladridos. Apretó las manos en el volante.
Harry bajó por la entrada de vehículos y varias veces desvió la vista a la parte posterior del coche. Luego rodeó y le abrió la puerta cuando ella no dio indicios de hacerlo. De momento parecía inclinado a soslayar la presencia del perro.
-No has tardado mucho.
-No. Casi nada -intentó sonreír, pero le pareció que esbozaba una mueca.
-¿El tiempo suficiente para recoger otra mascota?
-Bueno… verás, la perra me miró y… bueno, establecimos un vínculo -se apresuró a continuar, ya que quería que él lo entendiera-. Tuvo un accidente y perdió la pata. Pero se desenvuelve bien. Con lo ajetreados que están en el albergue, no pueden brindarle la atención que necesita.
-¿Y tú sí?
Su tono de voz parecía suave y curioso, aunque tuvo que elevarlo por encima del escándalo que producía la perra. Hermione no lograba percibir cuál era su humor. Y sabía que el suyo propio era, en el mejor de los casos, precario.
Rodeó a Harry y fue a levantar la caja del asiento. Él apartó y se ocupó de ello. Hermione respiró hondo.
-Imagino que esta es una de esas ocasiones en que crees que primero debería haberlo consultado contigo. Pero, verás, en realidad no tenía sentido. No podía dejar a la perra allí.
Harry no le prestó atención y subió por el camino, manteniendo la caja alejada de su cuerpo con una mueca en la cara por el constante alboroto.
-No es muy grande.
-No. Es muy frágil.
-No suena frágil -ironizó-. ¿Se calla alguna vez?
-Bueno… no. Hasta ahora, no. Pero estoy segura de que en cuanto se asiente en casa se va a callar -él le lanzó una mirada dubitativa.
-No te molestaste en preguntarte qué iba a pensar yo; sin embargo, ¿te detuviste a pensar cómo iba a reaccionar Crookshanks ante la perra? Para él puede que sólo represente un bocado. Es posible que la tome por una ardilla o un roedor. Y por si no lo sabías, le encanta atrapar roedores.
-No, no lo había pensado -Hermione abrió mucho los ojos.
-Cerciórate de que la puerta de entrada esté bien cerrada.
Hermione fue a preguntar por qué, pero entonces vio que Harry iba a abrir la caja y que la perrita corría en círculos, como si se preparara para el acontecimiento. Comprobó la puerta, y justo cuando él soltaba el animal, Crookshanks entró en la habitación para investigar. La perra salió disparada como si estuviera propulsada por unos cohetes y se detuvo como pudo justo delante del gato.
Entonces se puso a ladrar otra vez.
Crookshanks lo soportó con mirada de disgusto antes de dar media vuelta. Cuando la perra intentó morderle el rabo, el gato se volvió y la castigó con un movimiento rápido de su garra, luego se sentó para observar los resultados.
La perra se calló al instante.
Manteniendo unos ojos cautos y preocupados sobre el gato, la perra comenzó a deslizarse muy despacio en dirección a la castaña, con un andar raro debido a la pata que le faltaba. Crookshanks parpadeó una vez, dejó de prestarle atención y se enroscó en el suelo para dormir.
Hermione recogió a la perra y sonrió.
-¿Ves? Se llevan bien -Harry parecía analizarla.
La observó tanto rato que ella empezó a encogerse, hasta que al final su genio se encendió-. ¿Quieres parar?
-¿Parar qué? -enarcó una ceja.
-Para de tratar de diseccionarme. He traído a casa a una perra. Este sigue siendo mi hogar, Harry. Puedo hacer lo que me plazca.
Sonó como un desafío desagradable, incluso a oídos de ella. De inmediato lo lamentó, pero la ponía nerviosa que la mirara de esa manera.
Harry bajó la vista al suelo y apoyó las manos en las caderas. Hermione vio que el pecho le subía y bajaba y comprendió que luchaba para controlar su propio genio. Casi deseo que la perra se pusiera a ladrar de nuevo. Reinaba demasiado silencio.
Y entonces avanzó hacia ella. Hermione retrocedió dos pasos antes de detenerse. Le quitó al animal de los brazos y lo depositó en el suelo. Con cautela se acercó sobre sus tres patas al sitio donde el gato estaba echado.
-Hoy no quiero pelear contigo, cariño -la pegó a su pecho.
Hablo con voz baja y ronca que ella parpadeó confundida. ¿Qué tramaba en ese momento?
Le acarició el cuello y sintió que su irritación se derretía como una barrita de chocolate en julio. El corazón se le desbocó. Era un hombre tan sexy y resultaba tan injusto que la provocaba de esa manera. Cuando posó las manos en su espalda y las deslizó hasta su trasero, ella contuvo el aliento y tembló.
-Harry…
-Shh. Estás muy tensa, cariño. Relájate, ¿quieres?
¿Relajarse? Era imposible. No cuando la tocaba. Intentó apartarse, pero Harry apretó los brazos.
-Te deseo Hermione.
-¿Qué? -quedó boquiabierta y echó el rostro hacia atrás.
-Te deseo. Ahora.
Ella siguió mirándolo fijamente, incrédula, con la furia creciendo hasta el punto de ebullición hasta que estalló.
-De todas las cosas podridas, mezquinas… -lo apartó de un empujón y vio sorpresa en su cara-. ¿Me has mirado hoy? ¿Lo has hecho? ¿Se me ve algo atractiva?
-Bueno… -enarcó las cejas-, sí, lo estás. Siempre estás atractiva.
-Estoy hinchada -gruñó con tono demoníaco, adelantando la barbilla.
-Eh…
-Y en este momento me siento especialmente mezquina -continuó.
-Yo… eh… -retrocedió sin apartar la vista de ella.
-Yo te deseaba ayer, Harry, pero noooo. Tú no quisiste ceder -comenzó a acosarlo mientras él no dejada de retroceder-. También te deseaba anoche. Cielos, prácticamente te imploré. Pero tú no podías ceder, ¿verdad? Oh no. ¡Pero ahora, oh, claro, ahora tú si quieres!
-Hermione -la miró como si hubiera perdido la cabeza-, ¿Qué diablos te pasa?
-Hoy no puedo, idiota.
-¿Qué quieres decir con que no puedes?
-Piensa en ello, Harry -tenía el rostro acalorado, pero ya no le importaba. Se ofrecía cuando ella no podía aceptar. Cielos, los hombres podían ser tan obtusos.
-¿Pensar en qué? -gritó debido al sarcasmo de sus palabras-. Deliras. Dijiste que me deseabas, bueno, yo también te deseo. ¿Cuál es el problema?
-Te deseaba anoche. Te desearé dentro de unos días. Pero no hasta entonces.
Harry se quedó quieto y de pronto lo comprendió; esbozó una sonrisa.
-¿Tienes el período? ¿De eso va todo?
Le dio un golpe en el hombro, y le dolió como si hubiera golpeado la pared.
-¡No te atrevas a reírte de mí!
-Cariño… -alargó las manos hacia ella, pero Hermione lo esquivó.
-¡Y no intentes aplacarme! No estoy de buen humor en esta época del mes.
-¿Sí? -se mordió el labio-. Ya lo había adivinado.
-¡Oh, es tan injusto! -gritó, y la pequeña perra se unió a ella, echando la cabeza atrás y aullando excitada.
Crookshanks decidió que ya había tenido más que suficiente de todos; levantó su enorme cabeza y soltó un rugido sonoro e imperativo.
Eso colmó el vaso, porque Harry se echó a reír y no fue capaz de parar. Entre el ataque de hilaridad observó a Hermione, recibió su mirada colérica, y se apoyó en la pared agarrándose los costados al tiempo que rugía de risa.
Disgustada, Hermione abandonó la habitación. Si se lo pasaba tan bien, que lo hiciera sin ella. Al acercarse al cuarto de baño, oyó cómo se debatía para controlarse, y justo antes de que cerrara de un portazo, Harry les dijo a los animales:
-Miren lo que hemos hecho. Será mejor que se pongan a pensar en un modo para disculparse o esta noche estaremos durmiendo afuera.
A Hermione esa no le pareció una mala idea.
Harry le dio quince minutos para calmarse. No más, porque temía que volviera a dormirse.
Abrió la puerta sin llamar y con cautela se asomó al interior para verla acurrucada sobre la cama, con las manos pegadas al estómago. Entró en silencio.
-Te he preparado un té y un sándwich. El té siempre ayudó a mis hermanas.
-No hace falta decir que otra vez me siento como una tonta -muy despacio, se volvió para verlo.
-No, esta vez no. Es mi turno -después de dejar la comida en la mesita de noche, alargó la mano y le acarició la mejilla-. Lo siento, cielo. Aquí estaba yo haciendo grandes planes para pasar un día juntos y tú sintiéndote mal. Debí darme cuenta.
-¿Grandes planes? -entrecerró los ojos.
-Olvídalo. ¿Cómo te sientes?
-No se supone que los hombres sean comprensivos con este tipo de cosas, Harry.
-¿Bromeas? Tengo tres hermanas; créeme, me obligaron a ser comprensivo. No tuve más elección.
-Esto es demasiado vergonzoso -gimió y giró la cara.
-No seas ridícula -la tomó por los hombros y la sentó, acomodando las almohadas a su espalda-. Toma, bébete el té -la observó probar el líquido. Aún seguía ruborizada, pero, desde luego, no tenía modo de saber lo mucho que disfrutaba al tomar parte de su feminidad.
Lamentaba terriblemente que no fueran a hacer el amor. Casi se había puesto frenético con sólo pensar en ello. Pero cuando apareció con esa perrita estuvo a punto de olvidar lo que quería.
Aunque quizá esa situación funcionara todavía mejor.
Quería atravesar todas sus defensas, y esa era una manera segura de conseguir dormir con ella sin tener que compartir una intimidad sexual. Podrían charlar, y podría abrazarla y mostrarle lo mucho que significaba para él, lo especial que era.
Hermione miró por encima del borde de la taza y Harry sonrió.
-Los animales parecen llevarse bien. Incluso se han puesto a jugar un poco. Es decir, si se puede llamar juego que Crookshanks persiga a esa pulga. Aunque la perra no parecía asustada.
-Con respecto a la perra, Harry… -tomó el plato con el sándwich y cortó un poco.
-¿Tiene nombre?
-No lo sé. Cuando Ginny y Draco la encontraron no llevaba collar.
-Entonces, quizá tendrías que bautizarla.
Hermione titubeó y se mordió el labio.
-Harry, sé que me pasé al decir que esta era mi casa y que podía hacer lo que quisiera, pero no pretendí dar a entender que no tomaría en consideración tus sentimientos. Quiero que te sientas cómodo aquí.
Él no pudo evitar sonreír por dentro. Era lo más cerca que ella había estado de reconocer que le gustaba tenerlo cerca.
-Al marcharme hoy, lamenté haber perdido los estribos. Se me ocurrió pensar que quizá llegaras a la conclusión de que no valía la pena tantas molestias y que no estarías cuando regresara a casa.
-No me voy a ninguna parte, Hermione.
-No es normal en mí ser tan emocional, pero… -calló al verlo sonreír-. A pesar de lo que puedas pensar, no soy una mujer emocional. Al menos, no en el transcurso normal de las cosas.
-Yo tampoco fui exactamente un príncipe esta mañana. Había planeado agasajarte con mis artes culinarias, pero me fue imposible sacarte de la cama. Terminé por darle tu desayuno al gato. Luego lo cepille y resultó una tarea mucho más pesada de lo que imaginaba.
-¿Me preparaste un desayuno especial?
-No te preocupes por eso -se inclinó y le dio un beso-. Crookshanks mostró un aprecio apropiado por mis esfuerzos.
-Estoy convencida de que estaba delicioso -suspiró-. Nunca un hombre me había preparado el desayuno.
Él sonrió. Pasaron unos minutos hasta que Hermione termino el sándwich y volvió a bostezar. Harry le quitó el plato del regazo y se tumbó a su lado. Ella lo miró con expresión horrorizada.
-Ven. Haré que te sientas mejor.
-¿Eres un hombre de muchos talentos?
Hermione se mostró insegura, pero se acostó. Harry la movió hasta situarla de costado contra su cuerpo. Apoyó una mano sobre su abdomen y comenzó a frotar con suavidad.
-¿Te gusta?
-Hmmm.
Se pegó a él y Harry se vio obligado a contener un gemido cuando sus redondos glúteos se frotaron contra su entrepierna. La besó en el cuello y luego susurró.
-Ahora que estoy aquí, podrás descansar más -no había sido una insinuación sutil, pero era verdad. Haría que comprendiera la buena suerte que tenía aunque necesitara recordárselo todos los días.
-No quiero aprovecharme de ti, Harry.
Oyó su voz somnolienta. La besó otra vez y la abrazó con más fuerza.
-No puedes usar a alguien que está dispuesto, cariño. Yo quiero estar aquí, contigo.
-¿Y con los animales?
-Sí. Incluso con los malditos animales.
-Jamás he conocido a nadie como tú, Harry -musitó con voz dormida.
Él esperaba que así fuera, porque sabía, aunque ella lo desconociera, que había sido un maldito santo.
Notas de moi.
No desesperen por el lemmon, siguiente capítulo ) hay algo al igual que el que sigue. Ya quedan 3 capítulos. Y no los molestaré más jiji.
Contestación a los reviews.
Monik: Gracias por tu review, me alegra que te guste y pues que sigas por aquí. Yo tambien te quiero mucho amiga. Aris(best friend) t.t nunca coincidimos por el msn, hasta tarde, pero aún así sigue el adorado gatito haciendo de las suyas xD. Espero te guste este cap y gracias por tu review. Eldanar muchas gracias por tu review, y pues también tendrás el capítulo que sigue muy pronto. Isabela Black por esta ocasión te voy a complacer, es muy probable que para el miercoles tengas el capítulo siguiente, ya que he adoptado por actualizar los sábados, el único día que tengo para ponerme a escribir. Pero como me voy de vacaciones por el fin, lo subiré antes. Gracias por tu review y pues haber que te parecen ahora esos dos. Odio a Ginny Gracias. Jim o.o en serio escribes? Pues la verdad siento que nadie es malo, no más que yo... pero me gustaría leer algo tuyo. Bueno si, la mayor parte es HHR. Pero también escribo de otras parejas, esos si, nunca ven la luz xD porque esos escritos si son horrendos. Gracias por tu review. Gise niña muchas gracias. Sabes que con leer tus reviews me dan muchas más ganas de tener las actualizaciones pronto, aunque no pueda, prometo hacerlo lo más rápido. Lo más rápido que puedo es cada sábado. A excepcion del miercoles porque me voy de viaje el fin. Y sobre las voluntades de ambos, pues ya verás más adelante. Y tu pregunta de la familia de Harry espero la respondan los spoilers. hermionedepottergranger u-u temo decir que no hay, pero no te preocupes por los siguientes. D porque de que va haber lemmon lo va a haber. Gracias. No desesperes. Ana María Gracias niña. Pues si, en eso tienes mucha razon, Harry nunca concluye sus planes xD. D que bueno que te gusto lo de Crookshanks es un animalito que no podìa faltar. Annhy Silver gracias por tu review. Sobre el fic BeA(Borrando el amor) pues no tengo fecha de continuación, t-t ando muy poca de ideas, pero no desanimes xD de este año pasa, espero. Y espero te guste este capítulo.
Ahora si, lo más esperado los ansiados spoilers. Los veo la próxima actualización.
Spoilers capítulo VIII: La reunión familiar
-Hermione, cariño…
-¡Harry, por favor! No quiero esperar más.
Volvió a besarlo, a seducirlo, a inmovilizarlo para su asalto. Estaba encendida y voraz, y él disfrutaba.
-¡Harry! -interrumpió la voz de Hermione, levemente indignada-. No te atrevas a cambiar otra vez de parecer. Tú empezaste esto, ¡así que vuelve a terminarlo!
Horrorizado, miró los ojos como platos de su madre, luego hizo una mueca al oír de nuevo la voz de Hermione.
-No querrás que te acuse de ser solo un provocador, ¿verdad?
-Ella es, eh… -Harry no supo qué decir.
-¿Impaciente? -aportó su madre.
