Capítulo VIII: La reunión familiar.

Se me nubla el pensamiento de verte conmigo

Cuerpo a cuerpo en mis brazos

Ocupando este sitio

Tanto amor me hace cruzar de punta a punta el cielo

Mi cabeza volando, a través de tus besos

Tú, que has derribado los esquemas

Cambiaste todos mis sistemas

Atándome a tus sentimientos

Chayanne - El centro de mi corazón

Había hecho unos avances notables en el restablecimiento de su amistad en una semana.

No obstante, Hermione era reacia a conocer a su familia. Debían llegar esa mañana, y aunque sobraba el tiempo, no pudo volver a quedarse dormido.

A mediados de semana había llegado a la conclusión de que sin ninguna duda era un hombre de acero. Solo un superhéroe podría haber resistido la magnitud de la negativa impuesta a su cuerpo.

Todas las noches, en doloroso celibato, había dormido con ella.

En cierto sentido había sido increíblemente erótico abrazarla, susurrarle cosas en la oscuridad, hablar del pasado y del presente. Aún no había conseguido que ella hablara del futuro. Y cuanto más sabía acerca de su infancia, más lo comprendía.

Por ese motivo, aun cuando la Madre Naturaleza ya no conspiraba contra él, no había dado el pequeño paso que lo separaba de abrazarla a hacerle el amor. Su relación se tornaba más concreta con los días, aunque todavía seguía siendo algo delicado.

Varias veces Hermione había intentado tomar la iniciativa, pero siempre había conseguido alejarla. Quería esperar hasta que ella le declarara sus sentimientos. Deseaba matrimonio y compromiso.

Pero con cada día que pasaba, le resultaba más arduo aferrarse a sus elevadas convicciones. Y aunque daba la impresión de que ella parecía confiar más en él, respecto a sus sentimientos seguía igual que al principio.

Con algo de suerte su familia, con su lealtad, unidad y abierta amabilidad, tendría algún impacto en ella. Volvió a mirar el reloj y decidió que bien podía ir a ducharse y vestirse. Pero era reacio a dejar la cama, a dejar a Hermione.

Oyó un suspiro y la miró. Vio que lo observaba fijamente.

-Buenos días, cielo -sonrió para tratar de ocultar sus sentimientos.

Ella alzó la mano y apoyó un dedo en sus labios.

-¿Harry?

Esos ojos somnolientos, ese toque suave, fueron su perdición. Gimió y aceptó su beso cuando Hermione se incorporó y se pegó con ansiedad a él. Su cuerpo estaba cálido y con una suave feminidad. Los sonidos de ánimo que emitió sonaron bajos y perezosos, aún dominados por su lento despertar. Cuando ella posó un muslo desnudo por encima de sus piernas, descubrió que el camisón se le había subido.

La semana que llevaban durmiendo juntos se había cobrado un precio en los dos, de modo que, en vez de pensar en lo que hacía, Harry la ayudó a acomodar las caderas sobre las suyas. Hermione le pasó los brazos por el cuello, su boca comió de la suya y lo besó de una forma que derribó cualquier pensamiento racional y toda resistencia. Aunque lo que hacía bastaba para volver loco a cualquier hombre, sus movimientos revelaban la torpeza que le indicó que pocas veces tomaba la iniciativa. Eso le encantó.

-Hermione, cariño…

-¡Harry, por favor! No quiero esperar más.

Volvió a besarlo, a seducirlo, a inmovilizarlo para su asalto. Estaba encendida y voraz, y él disfrutaba.

Con las manos le acarició la espalda y bajó a su trasero. Con un gruñido apartó el camisón enredado y le coronó los glúteos, sintiendo el contacto sedoso de sus braguitas y la calidez de su piel. La tanteó con los dedos. Hermione enderezó los brazos, echó la cabeza atrás y pegó con decisión las caderas a las suyas. Incluso con los ojos cerrados, parecía aturdida, excitada y tan sexy que Harry no pudo pensar más en los objetivos o planes a largo plazo. Ella lo necesitaba en ese momento, y eso bastaba.

Invirtió la postura y la inmovilizó debajo de él para comenzar su propia seducción. Abrió los pequeños botones del camisón, revelando sus pechos. Tenía los pezones duros y llenos; con cuidado cerró los dientes en torno a uno y la oyó gemir, sintiendo la urgencia de sus manos al introducir los dedos en su pelo.

Succionó y tiró, lamió e incitó. Hermione se movía bajó su cuerpo, tratando de desprenderse del camisón sin romper el contacto. Sólo consiguió enredarlo alrededor de su vientre, pero sus brazos y piernas quedaron libres. Harry se apartó para observarla.

Acalorada por la necesidad, de los pies a la cabeza, presentaba una visión hermosa. Tenía las manos pequeñas cerradas a cada lado de sus caderas y las piernas un poco separadas.

-Levanta las caderas -pidió al tiempo que aferraba el camisón con ambas manos.

A los pocos momentos quedó desnuda. Harry no tuvo la oportunidad de disfrutar otra vez de su visión cuando ella volvió a aferrarlo y lo acercó. Le besó la garganta, la piel sensible que había bajo los pechos, el vientre. Ella se arqueó con jadeos.

Entonces sintió que Crookshanks se subía a la cama. Desde el suelo, la perra comenzó a ladrar en claro deseo de querer unirse con el gato, pero incapaz de dar el salto.

Harry intentó apartar a Crookshanks con el pie. El felino pensó que era un juego divertido y se enzarzó con su dedo gordo. El perro aulló reclamando atención.

-¡Afuera, maldita sea!

-¿Qué? -gimió Hermione.

Era tan irónico como para resultar gracioso, pero cuando Crookshanks le mordió el dedo gordo del pie y la perra se puso a ladrar al máximo de sus pulmones, la diversión se desvaneció. Gruñendo y maldiciendo, Harry se levantó y se encontró con la mirada confusa de Hermione.

-Lo siento. Debo sacar a los animales.

-Oh -buscó la manta para taparse, pero él le tomó las manos.

-No. No te muevas. Te juro que vuelvo enseguida.

Hermione titubeó, luego se relajó y esbozó una sonrisa incierta. Tras echarle un último y prolongado vistazo a su cuerpo, alzó al renuente gato en brazos y salió de la habitación, con la perra pisándole los talones.

Dejó al gato en el suelo y abrió la puerta de entrada. Después de ponerle a la perra su cadena ligera y observar cómo salía, observó al felino. Crookshanks le devolvió la mirada, pero se negó a moverse. Harry lo empujó con el pie. El animal sólo parpadeo.

-¿Dónde habrá puesto Hermione el lazo…? -murmuró con los ojos entrecerrados.

Con un gruñido desdeñoso, el gato se marcó con dignidad. Harry estaba a punto de cerrar la puerta cuando vio a sus padres detenerse junto al bordillo. Detrás de ellos apareció otro coche, y luego otro.

Daba la impresión de que había llegado toda la familia Black. Los niños comenzaron a bajar por las puertas abiertas y una de sus hermanas lo saludó con la mano. Harry cerró los ojos y en silencio soltó cada una de las maldiciones que conocía. (XD)

Su madre tardó sólo un momento en llegar a su lado para ahogarlo con un abrazo. Miró por encima de su hombre y vio que Crookshanks sufría una suerte familiar, sólo que a manos de un grupo de cuatro niños que se había reunido en torno a él. La perra estaba entusiasmada con la atención que recibía y ladraba con canino éxtasis. Su padre y cuñados fueron más lentos en abandonar los vehículos.

Era la habitual reunión familiar, aunque no como él la había planeado. Carraspeó al oír a Hermione cantar al son de la radio; entonces observó mientras su madre miraba en esa dirección.

-¿Tu nueva amiga?

-Ah, sí. Mamá… aún no habíamos terminado de levantarnos.

-Bueno, no pasa nada -le palmeó el hombro con sonrisa traviesa-. Termina de hacerlo mientras nosotros bajamos algunas cosas.

-Dime que no lo has hecho -gimió Harry.

-Ya sabes que no puedo venir con las manos vacías, hijo. No estaría bien. Y menos ahora que tú…

-¡Harry! -interrumpió la voz de Hermione, levemente indignada-. No te atrevas a cambiar otra vez de parecer. Tú empezaste esto, ¡así que vuelve a terminarlo!

Horrorizado, miró los ojos como platos de su madre, luego hizo una mueca al oír de nuevo la voz de Hermione.

-No querrás que te acuse de ser solo un provocador, ¿verdad?

Su madre enarcó una ceja, y Harry solo pudo mostrarse agradecido porque el resto de la familia no la hubiera oído. Todos estaban tomando su tiempo en llegar hasta el porche, deteniéndose cada dos por tres para admirar una de las casas nuevas que se construían en esa calle.

-Ella es, eh… -Harry no supo qué decir.

-¿Impaciente? -aportó su madre. Él movió la cabeza y luego marchó por el pasillo.

-¡Hermione! -tuvo que gritar por encima de la radio-. Ha llegado mi familia -de repente la radio dejó de sonar y tras un momento de aturdido silencio, la oyó moverse por la habitación. Salió al pasillo cubierta con una sábana-. ¡Hermione!

-No la dejes pasar hasta que saque unas braguitas de la… -gritó corriendo hacia él y topándose cara a cara con la madre de Harry-. Cocina.

El resto de la familia eligió ese preciso momento para entrar por la puerta. Harry no supo qué hacer, y su familia, más silenciosa de lo que nunca la había visto, no ayudó en nada al quedarse con la vista clavada en ellos.

Hermione giró y dejó que la cabeza golpeara contra la pared con un ruido sordo.

-¿Guarda la ropa interior en la cocina? -preguntó su madre con voz apagada.

Hermione quería morirse. Una cosa era planear una aventura libre con un hombre magnífico y viril como Harry, y otra tener que enfrentarse a su madre envuelta solo en una sábana, como prueba clara de esa aventura. Pero no se había consumado, maldición, ya que habían sido interrumpidos. Con suerte su madre no sabría eso.

Se sentía más que avergonzada, se sentía… culpable, y no pensaba tolerarlo. Era una mujer adulta y podía hacer lo que le viniera en gana. Respiró hondo, plantó una sonrisa serena en la cara y se volvió para enfrentarse a las masas fascinadas.

Cielos, eran un muchos.

Una docena de pares de ojos estaban clavados en ella. Levantó la barbilla y dijo con tono muy educado:

-Discúlpenme -avanzó por el pasillo y desapareció en su dormitorio. Un minuto más tarde, Harry se reunió con ella.

Se hallaba de espaldas, mirando por la ventana, pero supo que era él. Harry no habló, y al final Hermione se volvió. Estaba apoyado contra la puerta cerrada, con los brazos cruzados y unas braguitas que colgaban de su mano derecha.

Sin decir una palabra, las extendió hacia ella.

-¿Por qué siempre me veo humillada a tu alrededor? -cerró los ojos.

Él no respondió. Hermione supuso que porque no había respuesta. Cuando volvió a abrir los ojos, Harry seguí mirándola. Se acercó a él, pero cuando quiso quitarle la ropa, la tomó por la muñeca y la atrajo hacia su cuerpo.

-Lo siento.

-No hay necesidad de disculparse -musitó tras luchar un poco para ceder al final-. No fue culpa tuya.

-Yo empecé las cosas esta mañana, cuando sabía que iba a venir mi familia. Y para colmo fui yo quien los invitó.

-No, las empecé yo -sonrió levemente-. Y los dos olvidamos que vendrían.

-Es cierto -la abrazó y se inclinó para besarle el cuello-. Haces que me olvide de todo.

-No soy capaz de mirarlos a la cara, Harry.

-Claro que sí -le tomó el rostro entre las manos y la obligó a levantar la vista-. Mi familia me quiere, y eso significa que también te querrá a ti. Sin importar las circunstancias. No tienes nada de qué avergonzarte.

Hermione apoyó la frente en su torso y gimió. No lo entendía, ni tampoco su razonamiento. Era imposible que su familia la quisiera por simple asociación.

-¿Qué pensaron cuando sacaste mi ropa interior?

-Lo expliqué. No pasó nada.

-Pero aún siguen riéndose, ¿verdad?

-No. Si conozco a mis hermanas, seguro que están pensando algún modo de echarme a mi la culpa, mientras aumentan su simpatía por ti.

-¿Y por qué iban a culparte?

-Porque soy el benjamín, ¿no lo recuerdas? Siempre me quieren culpar de todo.

Hermione sabía que sólo intentaba distraerla, pero apreció sus esfuerzos.

-¿Incluso cuando eras inocente?

-Desde luego -en esa ocasión la besó en la oreja.

-Para, Harry -pero sonreía-. De acuerdo. Supongo que puedo verlos. Pero no será fácil.

Cinco minutos más tarde, Hermione descubrió que él tenía razón. Hizo las presentaciones casi sin darle tiempo para que reconociera a cada persona.

-Mi hermana mayor… no, la más antigua, Nymphadora, y su valiente marido, Charlie. Esas dos ratitas que tanto se parecen son sus hijos gemelos, de seis años, Fred y Melyssa. Esa es Luna, quien evidentemente vuelve a estar embarazada, y el semental de su marido, Ron -el resto de los hombres vitoreó la potencia de Ron. Hermione rió con ellos-. El pequeño de siete años y de pelo rubio es su hijo David. Y por último viene Lavander, que sólo me saca dos años. Está casada con Neville, y tienen a esa pequeña diablilla, Aide, de cuatro años. Y de pie en el rincón, sonriéndome como si aún tuviera doce años, está mi madre, Samantha. El hombre que sacude la cabeza, algo que le gusta hacer, es mi padre, Sirius.

Hermione miró de nuevo a cada uno de los integrantes de la familia, Nymphadora que tenía el cabello largo de color negro y hermosos ojos cafés, miraba a sus hijos, dos pequeñines de cabellos castaños del mismo color del de su padre. Luego miró a la segunda hermana de Harry, era una mujer menuda pero muy linda, llevaba el cabello rubio sujeto en un moño y tocaba su abultado vientre, mientras Ron que tenía una expresión de censura, mientras miraba a su hijo. Después miro a Lavander, una joven muy bonita de cabellos castaños y bonitos ojos negros, sonrió ante la sonrisa de Lavander y sus ojos se desviaron a su esposo, que en ese momento dirigía unas palabras con Ron.

Por último temerosa, miró a la madre de Harry, era una mujer muy bonita. Sabía por labios de Harry que ese matrimonio lo había adoptado cuando sus padres habían muerto y en esos ojos cafés, podía verse reflejado tomo el amor que profesaba por él y por sus hijas. Era una mujer que transmitía mucha bondad y ternura, deseo por un instante que su madre le hubiese profesado alguno de aquellos sentimientos. Suspiró, viendo la sonrisa cariñosa del padre de Harry y quiso pertenecer a esa familia.

No se mencionó su anterior entrada y sus hermanas dieron la impresión de aceptarla con bastante facilidad. No eran de los que agobian a una persona, pero se mostraban abiertos y dispuestos a sonreír, como Harry.

Los cuñados parecían dedicados a sus mujeres, atentos y cariñosos. Y los niños eran ruidosos. A Hermione le resultó interesante ver cómo todos parecían trabajar en familia. No existía disensión alguna de importancia, pero las bromas y las provocaciones eran constantes. Luna era atendida con diligencia, y su marido apenas dejaba su lado; Ron se exhibía a su alrededor como el típico hombre que iba a ser padre, sin perderla en un instante de vista.

Hermione supo que tardaría un rato en aprenderse los nombres de cada uno.

Tener a Crookshanks y a la perra, a la que habían bautizado de inmediato como tres pies, le ganó una popularidad automática con ellos. Y los animales dieron la impresión de regodearse por la atención. Hermione les proporcionó un cepillo para gatos y al rato Crookshanks se retorcía en el suelo extasiado mientras ellos trataban de cepillarlo. Vio que Tres pies y los pequeños se perseguían mutuamente alrededor de un árbol. Hermione podría haber jurado que había una sonrisa en la carita peluda de la pequeña perra.

-Son unos animales maravillosos. ¿Hace tiempo que los tienes?

Hermione se volvió hacia la madre de Harry. Samantha era la clase de mujer que jamás envejecía. Aunque tenía arrugas y algunas canas se mezclaban con su cabello oscuro, aún era atractiva y enérgica. Era el contrapunto perfecto de Sirius.

-Los traje a los dos del albergue hace aproximadamente una semana. Sabía que la perra era vivaz, pero no pensé que Crookshanks fuera tan juguetón -observaron mientras el gato perseguía a la perra y a los niños.

-Los gatos son como los hombres, Hermione. Nunca dejan de ser juguetones.

Hermione rió entre dientes y pensó en Harry.

-Estoy de acuerdo -entonces recordó que estaba hablando con la madre de él y se ruborizó-. Ah yo no…

-Te sigues sintiendo avergonzada, ¿Verdad? Por favor, no lo estés. Todos estamos felices de ver feliz a Harry. No es que dudara que alguna vez lo sería. Es un hedonista por naturaleza. Siempre lo ha sido. Pero la idea que tiene de la felicidad difiere de la nuestra.

-¿Quiere que siente cabeza? -preguntó con cierta inseguridad.

-¿Te lo dijo él? Olvídalo. Me quede sorprendida cuando llamó para decirme que se iba a vivir con una mujer.

Hermione se mordió el labio. Samantha no parecía desaprobarlo, pero…

-Ya ha vivido antes con mujeres -señalo, defendiendo con sutileza su acuerdo.

-Si, pero jamás me llamó para ponerme al corriente de la situación ni para hablarme de la mujer con la que vivía -la miró y le sonrió-. Esto es diferente. Tú eres diferente.

Si, claro. Harry no duerme conmigo.

Pero en cuanto formó ese pensamiento movió la cabeza. Dormir, sí. Sexo, no. Aunque eso podría haber cambiado si la familia no hubiera llegado una hora antes. Harry se había mostrado dispuesto a ceder. Y ella estaba más que preparada para esa importante ocasión. Más que preparada. Desesperada. Al borde de… Ah, pero aún quedaba esa noche y, si era necesario, pensaba forzar la situación.

-Buenas noticias, Hermione -Harry se acercó y le plantó un beso cálido en los labios. Su madre exhibía una sonrisa indulgente hacia su hijo-. Los chicos me van a ayudar a trasladar el resto de mis cosas aquí.

-¿El resto de tus cosas? -sabía lo que eso significaba, aunque aún podía albergar esperanzas.

-Sí. La cama y la cómoda -las esperanzas de Hermione murieron. Harry sonrió ante su expresión abatida y le dio otro beso-. Volveremos en unos minutos.

La decepción se convirtió en mortificación al captar la diversión en el rostro de su madre. Intentó explicarse.

-Eh, ah…

-Conozco muy bien a Harry, Hermione -agitó una mano para descartar el tema-. Es un bribón. No dejes que te afecte -luego añadió-:¿Qué piensan tus padres de tu casa?

-No la han visto.

-¿Oh? -inquirió con tono maternal.

-Es que no nos vemos… mucho.

-Es una pena. ¿Viven lejos?

-No -había algo en Samantha que invitaba a confesarse. Sus preguntas eran sinceras, provocadas por un interés auténtico, no por la simple curiosidad-. Mis padres viven cerca, pero en realidad no les interesan mucho las cosas que hago.

Samantha estudió el rostro de Hermione un momento y después movió la cabeza.

-A veces los padres hacemos cosas tontas. Pero se debe a que somos humanos. No podría enumerarte los errores que cometí con mis hijos. ¡Podría llenar el Taj Mahal con ellos!

-¡Harry me contó que tuvo una infancia maravillosa!

-Oh, estoy segura de ello. Harry te habrá contado que no es, mi hijo -Hermione asintió-. Pero lo quiero como si lo fuera, después del intento de Sirius y mío por buscar un varón, nos dimos cuenta que con nuestras hijas ya era más que suficiente, y bueno los Potter eran nuestra familia, James y Lily eran dos personas extraordinarias -una sonrisa asomó en los labios de la mujer-. Cuando tuvieron el accidente, Sirius y yo, no dudamos en adoptarlo, además que Sirius es su padrino directo.

-Debió ser terrible perderlos -musitó.

-Sí, lo fue. Pero teníamos que ver por esa vida que quedaba en nuestras manos y para Sirius fue como una bendición, nuestro hijo varón. Así que espero no haberlo mimado demasiado. Todas mis hijas me han acusado de tener a un favorito, o de tratarlas de manera injusta en un momento u otro. Supongo que eso forma parte de ser niño. Los niños observan el mundo a través de una lente estrecha, sin comprender jamás los problemas a los que pueden enfrentarse sus padres. Sus sentimientos se sienten heridos y piensan que no nos importan, cuando en realidad no comprendíamos qué sentían.

Hermione pensó en el divorcio de sus padres y en lo distraídos que se habían vuelto después.

-Entiendo lo que dices, Samantha. Pero a mis padres realmente no les importaba.

-No lo puedo creer. No, eres una joven muy agradable, y los niños rara vez llegan a serlo sin algún tipo de amor y guía.

-¿Qué te hace estar tan segura de que soy agradable?

-Harry está contigo, ¿no? Y aunque he de reconocer que he cometido errores, sé que no crié a tontos -suavizó las palabras al añadir-: ¿Le has contado alguna vez a tus padres lo que sientes?

-Bueno… no. No tendría sentido.

-¿Lo has llamado e invitado a conocer la casa? ¿Intentabas verlos? -Hermione sólo pudo sacudir la cabeza-. Verás, cielo, es posible que ellos estén pensando en el pasado, ver cosas ahora que ya no pueden verlas y preguntándose si tú los quieres -le palmeó la mejilla-. No sé qué problemas tuviste con tus padres, pero, ¿por qué no lo piensas? Y recuerda que nadie es perfecto, y menos aún los padres.

Hermione recordó esas palabras el resto del día. Se dio cuenta de que quería creer que existía alguna posibilidad. Deseaba el tipo de relación que mantenía Harry con su familia. Si no esa, tal vez pudiera haber algo, una especie de intimidad, desde la que empezar.

En ese momento comprendió por qué Harry era tan especial, tan comprensivo y seguro. Y esa comprensión hizo que lo deseara aún más.

Harry ayudó a ponerle el cinturón de seguridad a su sobrina más pequeña y le permitió que le diera un beso húmedo y sonoro en la mejilla. Luna se hallaba en la acera, despidiéndose de Hermione. En total, se sentía complacido por el modo en que la habían aceptado.

Habían comido en el patio trasero. Cuando Hermione se disculpó por no tener ningún mueble, Harry vio que a su made se le iluminaron los ojos y supo que pasaría poco tiempo hasta que llegaran algunos. Se preguntó cómo iba a recibir Hermione el regalo, si entendería el espíritu con que le sería hecho.

Los coches comenzaron a marcharse en una estruendosa ceremonia de despedida de bocinas y niños alegres que agitaban las manos, Luna abrazó a Hermione, que pareció aturdida por el gesto, aunque se lo devolvió. Luego se acercó al bordillo junto a Harry.

-No estropees esto, hermano.

-No tengo ninguna intención -él sonrió.

-Ah. Así que va por ahí. Mamá me lo dijo, pero yo no estaba segura.

Harry contempló a Hermione. Se hallaba en la acera, mirándolos. Le dio una caricia en el vientre abultado.

-Vamos, márchate ya. Tengo cosas que hacer.

-Hmm. ¿En esa cama extragrande que Ron y Charlie te ayudaron a traer?

-A pesar de estar casada y de ser madre, eres demasiado joven para conocer esas cosas.

Luna bufó y subió al coche. Los saludó con la mano cuando Ron arrancó.

-Tu hermana es agradable -comentó Hermione cuando Harry se reunió con ella.

-¿Luna? Es una loca, pero la quiero -le rodeó los hombros con un brazo y marcharon hacia la casa-. ¿Qué te pareció el resto de mi familia? ¿Te abrumaron?

-Claro que sí. Pero tú ya sabías que sucedería eso.

Pasaron junto a los animales echados bajo un árbol. Crookshanks yacía tumbado sobre el lomo, con la boca abierta y roncando lo suficientemente alto como para espantar a cualquier pájaro en un radio de cinco kilómetros. Tres pies tenía la cabeza apoyada en su barriga. Los observó al pasar, pero no se molestó en seguirlos.

-Creo que están extenuados -rió Harry.

-Imagino que no están acostumbrados a tanta diversión.

-¿Y qué me dices de ti? -subieron por los escalones del porche-. ¿Te has divertido? -se detuvieron en la puerta. Harry aún le rodeaba los hombros, por lo que sintió su encogimientos de hombros-. ¿Hermione? -por primera vez se preguntó si había hecho bien al llevar a su familia tan pronto. Le había parecido una jugada perfecta, un modo de demostrarle que existían los matrimonios felices, aunque ya no estaba muy seguro.

Hermione dio un paso hacia él y automáticamente Harry la abrazó. Quizá sus planes habían salido al revés y sólo le recordó lo que no tenía en su vida, lo poco que en apariencia le importaba a sus padres. Le acarició el pelo.

-¿Qué sucede, cariño? ¿Alguien dijo o hizo algo que te molestara? -ella asintió y Harry sintió que el estómago se le contraía-. Cuéntame qué pasó.

-Fueron tus cuñados.

-¿Mis cuñados? -eso lo sorprendió. Todos eran tipos abiertos. No podía imaginarlos tratando a Hermione con algo menos que respeto amistoso. Le tomó la barbilla y le alzó la cara para poder verla. Exhibía la sonrisa más perversa que había visto en una mujer.

-Tu familia es maravillosa, Harry. Pero no me gustó que trajeras tu cama. Espero que no pienses en usarla, porque debo decirte ahora mismo, a la cara, que no te lo permitiré.

A Harry eso le pareció perfecto.

-Quería que tuvieras elección, Hermione -intentó leer su expresión. Necesitaba que comprendiera lo importante que era eso para él. Hermione no era otra mujer, sino su mujer. Para siempre-. No quería que hicieras el amor conmigo porque las circunstancias nos hubieran unido.

-No fueron las circunstancias, sino tú.

-Yo, hmm, no fue exactamente así.

-Entonces, ¿por qué insistes en dormir conmigo todas las noches?

Se pasó la mano por los cabellos, y luego trató de explicárselo otra vez.

-Porque quería que me desearas. Pero no quiero que hagas algo que luego puedas lamentar, y…

-¿Harry? Cállate -se puso de puntillas para besarlo, y él se calló.

Ya estaba excitado… lo estaba desde que Hermione mencionó la cama, y sentir su cuerpo suave moviéndose contra el suyo mientras su lengua cálida penetraba en su boca le aflojó las rodillas. Ella se apartó unos centímetros, respiró hondo y tragó saliva.

-Lo lamentarás cuando te mate por provocarme. Por favor haz el amor conmigo.

Harry la miró fijamente, aturdido por su abierta súplica.

-¿Ahora? -por favor, que sea ahora.

-Ahora mismo -sin apartar la vista, Hermione echó el cerrojo.

Él soltó el aire contenido. Temblaba. Movió los pies. Sonrió.

-De acuerdo, me has convencido -la tomó de la mano y avanzó al trote por el pasillo.

Cuando la echó sobre la cama, cubriéndole el cuerpo con el suyo, ella gimió aliviada.

-Ya era hora.

Notas:

Disculpen la demora y que no pueda contestarle a los reviews. u.u les explico en el siguiente capítulo.

Gracias a: Annhy, Isabela Black, jim, Hermian Vampires's, hermionedepottergranger, Elen-Grantter, Isabella Riddle, Ana María, Eldanar, Carola Potter-Granger y Anairam h/h.

1213

Spoilers +

El sol de la mañana le provocó un tic en los párpados y con suma cautela miró a Hermione. Menos mal que aún dormía. Sentía todo el cuerpo entumecido, en particular las piernas, y no estaba seguro de poder respirar.

Durante tanto tiempo había planeado hacerle el amor y abrumarla con su delicadeza amatoria, que lo sorprendió que ella estuviera a punto de aniquilarlo.

1213

-Primero vino y ahora sexo. Tienes propensión a los vicios.

-¿Yo? -se apartó el pelo de la cara y lo miro con ojos centellantes-. Eres tú quien no paraba…

1213+

-Shh. Deja que te frote la espalda.

Posó las manos en su piel mojada y resbaladiza; le recorrió los hombros, bajó por su columna y no se detuvo.

-¡Harry! Esa no es mi espalda.