Capítulo 9: Una nueva inquilina.

Nuestro amor/RBD

Es tan mágico como todo paso

En nuestro amor

En nuestro dulce amor

Es tan fácil que ya nada me sorprende

En nuestro amor

Es increíble amor

Y es así, así es, es así como sucede. Este amor.

Hermione se acurrucó contra Harry, sintiendo su calor, su dureza. Su boca se mostraba hambrienta de ella, respiraba con rapidez y de forma entrecortada. Parecía tener las manos en todas partes al mismo tiempo, pero eso no bastaba. Se aferró a su espalda mientras rodaba y la dejaba debajo de él en la cama, situándose entre sus muslos.

Harry bajó los dedos a sus caderas y luego hacia su intimidad. Jadeó excitado.

-Lo siento, Hermione. Voy demasiado deprisa.

-¡No! -temió que se retirara, que volviera a abandonar, por lo que lo rodeó con las piernas-. Quédate conmigo, Harry.

-Oh, eso pretendo -pero se soltó, inmovilizándole los brazos sobre la cabeza-. Debemos frenar.

-¿Pero, porque? -gimió contrariada.

-Vamos demasiado rápido -ella negó con la cabeza y atrajo su cabeza con ambas manos, lo besó con mucha pasión, haciéndole olvidar.

El sonrió y volvió a capturar su boca con frenesí, acariciándola y sintiendo como se arqueaba contra él, lo poco que hubiese quedado de cordura, había sido abandonado por su cabeza y se concentraba solo en su cuerpo. Sobretodo en esa parte del cuerpo que exigía más atención.

Harry se incorporó un poco para ver el cuerpo de Hermione. Ambos se habían turnado para ducharse después de que llegara su familia, y ambos llevaban pantalones cortos y camisetas, aunque en ese momento la de Hermione se había enrollado bajo sus pechos y tenía los pantalones abiertos.

Harry se arrodilló junto a la cama y posó una de sus manos sobre la cintura desnuda. La acarició con dedos temblorosos mientras se afanaba a respirar. Cuando comenzó a bajarle lentamente la cremallera, bajó las manos para ayudarlo.

-No -volvió a colocar sus brazos encima de la cabeza de la castaña-. No te muevas. Hablo en serio, Hermione. Si te mueves es mi fin.

-No puedo…

-Sí que puedes -afirmó. Luego le subió la camiseta hasta que pudo enroscarla en torno a sus muñecas. La sostuvo allí con una mano mientras con destreza le desabrochaba el sujetador por la parte frontal. Este se separó y sus senos quedaron expuestos con sus pezones erectos y la piel algo acalorada. La miró y después cerró los ojos con una sonido gutural-. No te muevas.

-Ya lo has dicho -protesto con las mejillas encendidas.

-Lo sé.

Volvió a concentrarse en los pantalones cortos y Hermione, aunque más excitada de lo que nunca habría podido imaginar, tuvo que luchar contra la vergüenza que sentía.

-No sabía que fueras tan pervertido, Harry.

-No es perversión, cariño. Es supervivencia. Te deseo desde hace tanto tiempo que ya no soy capaz de recordar un momento sin desearte. Y llevo demasiado meses célibe. Mi libido está al rojo vivo. Un movimiento en falso y…

Atontada por su admisión, Hermione olvidó sentirse avergonzada mientras le quitaba los pantalones y las sandalias. Ella no había estado con nadie, aunque no hubo nadie a quien deseara. En ningún momento había pensado que Harry había permanecido solo desde su ruptura. Estaba sorprendida y, por primera vez, empezó a creer lo mucho que podía importarle a él. Parecía increíble, pero también innegable.

Pasó el dedo por el borde de sus braguitas de seda. Ella contuvo el aliento y contrajo los músculos del estómago.

-¿Harry? ¿De verdad… tú, te has mantenido célibe?.

-Por supuesto que sí -subió la mirada intensa por su cuerpo y la posó en su cara-. No quería a nadie salvo a ti. Incluso antes de romper con Cho, te esperaba a ti. Sólo a ti Hermione.

Ella sonrió, sintiéndose extrañamente conmovida. No supo que decir, de modo que musitó:

-Eso es tan dulce.

Harry le bajó las braguitas y antes de que Hermione pudiera moverse, se puso encima de ella, cubriéndole otra vez la boca para introducir la lengua caliente y húmeda entre sus labios. Le acarició los senos con la mano y se detuvo unos instantes para apretarle los pezones duros antes de continuar hasta el vientre y depositar la palma sobre su feminidad.

-Esto sí es dulce, Hermione -acarició aquel lugar lleno de rizos castaños, haciéndola retorcerse de placer, hasta tocar con suavidad aquel lugar, la castaña gimió de placer.

La atormentó durante unos largos y agónicos minutos. No permitió que lo tocara, y eso la frustró. Pero, ¿cómo podía protestar mientras hacía que se retorciera, suplicara y jadeara?

La boca de Harry se deslizó por su cuello, por su hombro y luego hasta su pecho. Con gentileza succionó el pezón duro y Hermione sintió que se le contraía todo el cuerpo. Sus dedos aún la acariciaban por fuera y por dentro y notó una oleada de sensación abrasadora. Luchó contra ella, pero Harry se mostró implacable.

-Sí, cariño -musitó con voz ronca, insistente-. No te opongas, Hermione. Ahora no.

Como parecía tener poca elección en el asunto cedió. Su clímax resultó cegador; se arqueó y retorció, oyendo como desde lejos las palabras suaves y guturales que Harry susurraba para animarla. Hermione, fue vagamente consciente de él de pie junto a la cama mientras se desnudaba. Abrió un poco los ojos e inspeccionó su cuerpo.

-No ha sido justo -gimió.

-¿Quién te ha dicho que el amor es justo?

¿Amor? El corazón le latió con fuerza y sus emociones se quebraron. No supo si lo que sentía era esperanza, miedo o alivio, y como Harry seguía desvistiéndose, decidió no pensar más en el asunto.

El cuerpo de él requirió su atención. Abrió mucho los ojos cuando se bajó los pantalones al mismo tiempo que los calzoncillos. Estaba satisfecha, pero tendría que encontrarse muerta para no verse conmovida por semejante visión. Era fuerte y poderoso y palpitaba de excitación. Podría haberlo mirado todo el día, deliberantemente feliz. Se plantó antes ella con las manos a los costados y le brindó apenas un segundo para que se empapara de su perfecta desnudez antes de volver a meterse en la cama.

-Quiero tocarte -pidió ella.

-Ni lo sueñes -la miró horrorizado-. No sobreviviría.

-No te haría daño.

-No, me matarías -al verla fruncir el ceño añadió-: Hablaba en serio, Hermione. Deja quietas esas manos. Quizá mas tarde, te deje jugar conmigo. Pero no ahora.

-Así que tú puedes jugar pero yo no.

-Has acertado.

-Entonces mas tarde te recordaré la promesa. Porque de verdad tengo ganas de tocarte, Harry.

Su expresión la hizo callar; vio cómo apretaba la mandíbula.

-¡Maldita sea!- Hermione supo que había dicho demasiado.

Le encantó su pérdida de control. Harry era como un salvaje hambriento de ella. ¡Y pensar que había creído que no la deseaba! ¡Ja! Decidió que había desperdiciado mucho tiempo.

Harry la miro intensamente, deslizando los labios por su cuello y por el valle entre sus pechos, haciéndola arquearse de placer ante las caricias de sus manos sobre sus pezones, que respondían a su contacto, ante los besos que bajaban a su vientre y más allá.

-¡Harry!- gimió cuando el moreno tocó aquel centro de la joven que la hizo estremecerse de puro placer. Acallando sus gemidos, Harry la besó suave y apasionadamente. Deslizándose entre sus muslos.

-¿Estas segura de esto, Hermione?-preguntó con voz ronca. Aquella pregunta le derribo toda duda. Asintió atrayendo con sus manos la boca del moreno.

Harry se deslizo suave y feroz sobre ella, sintiendo perder el control ante las sensaciones que experimentaba su cuerpo, mientras se deslizaba en el interior de la castaña, la escuchó gemir con cada movimiento de sus caderas, estaba extasiado y frenético. Hermione correspondía a cada una de las sensaciones que le producía el movimiento rítmico de las caderas de Harry, la sensación de tener a Harry dentro suyo, no era comparable con nada.

Con frenesí, Hermione intentó recordarse que el sexo sólo era sexo, no amor. Aunque en ese momento no lo parecía. No con los ojos de Harry que la miraban llenos de pasión y a rebosar de emoción, con los dedos entrelazados con los suyos, casi dolorosos en su urgencia.

-Hermione -jadeó.

Fue increíble el modo en que la tensión comenzaba a aumentar. Ella gritó, pero Harry la besó e introdujo la lengua en su boca para acallar el sonido. Cuando alcanzó el clímax, echó la cabeza atrás y Hermione lo tocó donde pudo llegar, y cuando él experimentó un profundo escalofrío, lo miró a la cara y sintió la furia de su propio clímax.

Muy despacio se dejó caer sobre ella. Hermione sintió el palpitar de su corazón contra los pechos y su aliento contra su piel mojada por el sudor mientras él intentaba regular la respiración. Estaba asombrada y aturdida.

El Harry sereno, seguro e incluso ecuánime era un hombre salvaje. Cerró los ojos y lo abrazó con fuerza. Le encantó.

El sol de la mañana le provocó un tic en los párpados y con suma cautela miró a Hermione. Menos mal que aún dormía. Sentía todo el cuerpo entumecido, en particular las piernas, y no estaba seguro de poder respirar.

Durante tanto tiempo había planeado hacerle el amor y abrumarla con su delicadeza amatoria, que lo sorprendió que ella estuviera a punto de aniquilarlo. Se había tomado en serio la idea de tocarlo y cada que lo hacía lo encendía. La castaña si que sabía tocarlo.

Muchas veces se había quedado sumido en un sueño profundo sólo para despertar momentos más tarde, con una erección debido a la mano que lo acariciaba o a la boca que lo provocaba. Pero había sido maravilloso. Extenuante pero maravilloso. Musitó un juramento al darse cuenta que ya estaba excitado.

Contemplo el cuerpo de Hermione y supo que su única opción era escapar. Disponía de una hora antes de tener que ir al trabajo. Esperaba que ella tuviera más energía que él para afrontar su jornada laboral. Le temblaron las rodillas al levantarse.

Al salir, Crookshanks y tres pies se acercaron a la puerta del dormitorio. Los dos habían armado un escándalo la noche anterior cuando Hermione y él olvidaron dejarlos entrar en la casa. Sonrió y sacudió la cabeza. Hermione no había necesitado mucho tiempo para perder todas las inhibiciones, para convertirse en una visión gloriosa en su exigencia. En cuanto se hubiera recuperado, encantado volvería a estar con ella.

Recogió a Crookshanks y silbó a la perra, salió de puntillas al pasillo y cerró a su espalda. Después de darle unas palmadas afectuosas al gato y acariciar al perro detrás de las orejas, fue a darse una ducha. Acababa de terminar de lavarse y estaba apoyado contra los frescos azulejos cuando se abrió la cortina y entró Hermione. Se quedó boquiabierto.

-Olvídalo, Potter -lo miró disgustada y se metió bajo el agua-. Estoy exhausta.

Al ver que se encontraba a salvo, sonrió. La pobre sí que parecía agotada. No pudo resistir provocarla.

-Primero vino y ahora sexo. Tienes propensión a los vicios.

-¿Yo? -se apartó el pelo de la cara y lo miro con ojos centellantes-. Eres tú quien no paraba…

-Oh, no, no es verdad. Yo dormía y tú…

-¡Dijiste que te podía tocar! ¡Pero cada que lo hacía o te rozaba, te convertías en un maniático sexual!

Milagrosamente la fatiga desapareció mientras observaba cómo el agua chorreaba por su cuerpo desnudo. Recogió el jabón y comenzó a frotarla.

-Tienes un modo de tocar que enciende a un hombre.

-A ti te enciende todo.

-Bueno, ¿qué esperabas? Llevaba mucho tiempo sin tenerte. Si no hubieras insistido tanto en esperar…

-¡YO!-exclamó indignada.

-Shh. Deja que te frote la espalda.

Posó las manos en su piel mojada y resbaladiza; le recorrió los hombros, bajó por su columna y no se detuvo.

-¡Harry! Esa no es mi espalda.

-Esta bien -le lamió el agua del cuello-. Además, se me ha caído el jabón.

-Harry… -musitó con voz ronca.

Harry deslizaba sus labios por la curvatura del cuello, atrapando sus pechos con las manos. Hermione se estremeció más cuando las manos de Harry comenzaban a descender.

Veinte minutos después, ambos iban a llegar tarde. Él termino de vestirse primero y de camino a la puerta se detuvo para darle un beso de despedida. Ella estaba sentada en la mesa de la cocina, vestida a medias, bebiendo una taza de café.

Rió para sus adentros de camino a la oficina. Tenía que recoger unos papeles, realizar algunas llamadas telefónicas y reunirse con su equipo para dar los últimos retoques a una casa en menos de una hora. Le temblaban las rodillas, los ojos le escocían por la falta de sueño y el corazón estaba a punto de estallarle.

A ese ritmo, Hermione lo dejaría tullido en una semana. Pero era una semana que esperaba con mucha excitación.

Hermione había llegado tarde. Pero antes de salir del trabajo, Ginny le había llamado para que pasara al albergue. Le gustaba ese lugar, sobretodo por que Ginny era una persona realmente agradable. Se habían conocido cuando Hermione había encontrado a unos indefensos animalitos y como no podía quedarse con ellos, los había llevado al albergue. Al llegar una Ginny sonriente le había recibido los animalitos y prometido que encontrarían el lugar indicado, de ahí, Hermione había asistido como de costumbre, prestaba su ayuda y donaba alguna bolsa de comida.

-¿Estas bien?- la pregunta la saco de sus cavilaciones, esas que llegaban a un hombre en especial, a su hombre. La sensación plena del cuerpo de Harry contra el suyo, le provoco una sensación de necesidad.

-Lo estoy -contesto segundos más tarde, ante la mirada café de la pelirroja.

-Te ves diferente, es acaso Harry. En el que piensas -

-Bueno, sí. -la sonrisa de Ginny la sonrojó.

-Sabes, Hermione. Deberías arriesgarte con él, estoy segura que Harry no es Viktor. Tus ojos me dicen que quieres estar con él, pero que tienes miedo.

-Yo… tienes razón. -Hermione suspiró, luego de ver como Draco entraba por la puerta. Llevaba consigo una caja de cartón y varios gemidos escapaban de esta.

-¡Oh Dios! ¿Qué ha pasado Draco?- preguntó Ginny reuniéndose a su lado. Hermione los observo a cierta distancia hasta que Ginny desapareció junto con Draco por la sala de cuidados.

Realmente admiraba la tenacidad de ambos, sabía por labios de ambos, que su relación no había sido tomada bien por ambas familias. Los padres de Draco se habían opuesto rotundamente a que el único heredero a la fortuna Malfoy, se casara con una muchachita de pueblo común y corriente. Pero podía ver en esos ojos grises, el gran amor que le tenía a la joven. Y en los de Ginny, podía ver la luz que desprendían cuando miraba a Draco, del cariño que le tenía y de la forma tan intensa en que lo amaba.

Miro su reloj de mano y notó que llevaba media hora en el albergue, cuando Ginny salió se acercó a ella.

-¿Qué ha traído Draco?-preguntó Hermione cuando la pelirroja se puso a su lado.

-Una perra, al parecer la abandonaron en la carretera, estará bien… pero. -

-¿Pero?-preguntó Hermione impaciente.

-Necesitará un hogar pronto, esta muy asustada, incluso tenemos miedo de que pueda morir-los ojos de Hermione se abrieron como platos.

-Yo cuidaré de ella-

-¿Tú, Granger?-la voz siseante y fuerte de Draco la hizo girar.

-¿Hay algún problema con ello Malfoy?- escupió con una sonrisa, mientras los brazos de Draco la rodeaban en un abrazo.

-Por supuesto que no Granger, pero no has adoptado ya al gato y a la perra. Y ahora quieres otra mascota -

-Me haré cargo de ella, hasta que le encuentren un hogar -las palabras parecieron convencer a la joven pareja que se miraron con una sonrisa.

-Bien, entonces la pondré en tu carro y algunas cosas que necesitaras -Hermione asintió.

Hermione llegó más de una hora y media tarde. Probablemente Harry estaría furioso, ya que la esperaba a las seis. No obstante, se quedó unos minutos en el coche, sin abrir la puerta, sin mirar hacia la casa.

Oyó el gemido lastimero en el asiento de atrás e hizo una mueca. Tres mascotas eran dos más de las que había aceptado Harry. No es que pensara que necesitaba obtener su permiso por cualquier cosa insignificante… aunque esa no lo era. De hecho, era una cosa muy grande. Grande y peluda. Con problemas. Pero, ¿qué otra cosa podría haber hecho? Si el pobre animal la necesitaba.

Vio que se abría la puerta de entrada y se llenaba con la presencia de Harry. Era su costumbre recibirla todas las tardes en el porche, y se dio cuenta de que eso ya había empezado a gustarle. Se lo veía tan bien ahí de pie, con las manos en las caderas y el ceño fruncido. ¿Se había preocupado por ella? No había considerado esa posibilidad. Hacía mucho que nadie se preocupaba por ella. Bajo los escalones, por lo que Hermione salió a toda velocidad del vehículo y se encontró a mitad de camino con él. Juntó las manos, intentando ordenar sus pensamientos.

-¿Hermione? ¿Qué pasa? ¿Tienes idea de la hora que es?

Su tono exhibía una mezcla de irritación y preocupación. Era la primera vez que se enfadaba con ella desde que llevó a tres pies a casa. Abrió la boca, lista para lanzarse a dar las explicaciones bien ensayadas, pero en vez de hablar estalló en lágrimas.

Harry le sujetó los hombros y la sacudió.

-¿Qué demonios pasa? ¿Estás herida? ¿Qué ha sucedido?

Hermione negó con la cabeza, hipó y volvió a intentarlo.

-Lamento llegar tarde. Tuve que pasar por el albergue, y… Harry, he de decirte una cosa.

Él pareció relajarse de inmediato. La acercó contra su pecho y Hermione no quiso reconocer lo maravillosamente a salvo que se sintió.

-Shh. Tranquilízate, cielo. Sea lo que sea, no pasa nada.

Entonces el sonido de los gemidos tristes llegó a sus oídos. Harry se quedó inmóvil unos segundos, luego, con suspiro resignado, miró por encima de su cabeza. La apartó un poco para observarle la cara. Hermione se mordió el labio, sabiendo que parecía más culpable que el pecado, aunque no había podido hacer otra cosa. Harry la rodeó. Ella se puso a hablar a cien kilómetros por hora. El problema era que tenía una lengua de cincuenta por hora, de modo que casi todo lo que dijo sonó distorsionado y carente de sonido.

-Fue lo más terrible. Trágico. Sencillamente trágico. Y tan penoso. Verás, el anciano murió y luego la mujer, su esposa, no pudo soportar seguir adelante sin él, de modo que comenzó a declinar. Tiene más de ochenta años y no podía cuidar de sí misma, mucho menos de un perro. La familia estaba ocupada cuidando de ella y el animal se marchitaba. Echa de menos a todos y es tan desdichada. Dios, Harry, jamás he visto una criatura tan infeliz y…

La explicación de Hermione se frenó en seco. Harry abrió la puerta de atrás del coche, movió la cabeza y comenzó a hablar en voz baja y serena con el perro. Bajó al labrador, sin notar el peso del animal en sus brazos, y se dirigió a la casa, Hermione se quedó muda. Trotó detrás de él.

-¿Qué haces?

Harry en ningún momento aminoró el paso. Le decía cosas cariñosas al animal, pero giró un momento la cabeza.

-Esta inquieta. La llevo adentro -la perra lo miró-.¿Cómo se llama?

-Peque.

Pronunció el nombre, con suavidad y despacio, haciendo que sonara como un cumplido, y la perra lo observó como cautivada. Hermione entró primero y le sostuvo la puerta; Crookshanks y tres pies se acercaron con miradas curiosas. Se tomó unos momentos para acariciarlos y luego siguió a Harry. Él llevó a la perra a la cocina y la dejó en el suelo junto al fregadero, donde los últimos rayos del sol de la tarde aún calentaban las baldosas.

Harry se arrodilló delante de Peque y le rascó las orejas que tenía echadas para atrás. Ésta se acurrucó en un pequeño semicírculo con cauta incredulidad.

-¿Qué pasa, preciosa? Todo esto te resulta nuevo, ¿verdad? Pero aquí estarás bien.

Su comprensión, el tono suave de su voz, provocó un torrente nuevo de lágrimas. Hermione sintió que le temblaba el labio inferior y lo mordió con fuerza. Tres pies se sentó para observar desde cierta distancia. Pero Crookshanks contempló la situación con ojo celoso, luego se acercó y se colocó con pose real sobre la rodilla de Harry. La mirada que le lanzó a la perra fue de posesiva advertencia. Harry rió entre dientes y acarició al gato.

-Sé bueno ahora, Crookshanks. Ya ves que está asustada. Dale la bienvenida.

El gato parpadeó, soltó uno de sus ronroneos oxidados y se frotó contra la perra. Ésta movió la cabeza como sobresaltada, pero a los pocos momentos quedó impregnada con los pelos canelas. Aunque no pareció importarle, en particular porque Harry seguía acariciándola. Tres pies se aproximó a olisquear a la recién llegada, luego se echó a su lado. Parecía lista para quedarse dormida.

Hermione contuvo un sollozo, tan conmovida por la escena que apenas era capaz de retener las lágrimas. Harry se volvió para mirarla.

-¿Por qué no vas a darte un baño, cariño? Yo cuidaré de peque y la prepararé para que pase la noche. Por la mañana se sentirá mejor.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Hermione se tapó la cara con las manos. Un segundo más tarde sintió que Harry la abrazaba.

-Shh. Ya está.

-Lo… lo… sé -hipó, luego hizo un esfuerzo para calmarse, pero le resulto imposible-. No sabía qué hacer. Pero no podía dejarla en el albergue, no después de que Ginny me dijera que podría morir.

-Shh. Ya está bien.

-Tuve que traerla a casa.

-Claro que sí. Y ahora volverá a sentirse querida y todo irá bien.

Tras un sonoro moqueo, Hermione se secó los ojos con el dorso de la mano. Fue entonces cuando se dio cuenta de que en la cocina olía a pollo. Miró alrededor y vio una serie de ollas y sartenes al fuego, y la mesa puesta, junto con velas. Aunque hacía rato que se habían consumido. Harry le había preparado la cena y se la había vuelto a perder. Otra vez había desperdiciado una comida exquisita por ella.

-Lo siento tanto -volvió a secarse los ojos, tratando de eliminar las insistentes lágrimas. Apoyó las manos en su pecho y lo miró-. Te tomaste tantas molestias y yo ni siquiera llegué a tiempo para apreciarlo.

Tras una mirada prolongada e intensa, se inclinó para darle un beso.

-Yo diría que hacías algo más importante. Y la cena no se ha desperdiciado. Podemos comer el pollo frío. De hecho, date el baño y yo prepararé un picnic fuera. A los animales les vendrá bien el aire nocturno.

De pronto ella no pudo respirar. Dio un paso atrás, irritada, asustada, asombrada. No fue una comprensión paulatina, sino algo súbito que estuvo a punto de ponerla de rodillas. Lo amaba. No quería, no buscaba otra decepción, otro dolor. Pero él no le daba otra elección. ¿Cómo no iba a amar a un hombre que ponía las necesidad de un animal por encima de las suyas?

-¿Por qué haces esto? -preguntó con voz ahogada.

Harry volvió a arrodillarse junto a Peque para acariciarle el lomo. En esa ocasión la perra meneó la cola.

Pareció tomarse un tiempo excesivo para responderle. Al final alzó la vista y su expresión carecía de emoción.

-¿Es que esperabas que me comportara como un tirano y te exigiera que te llevaras al perro? Sólo un verdadero bastardo se negaría a darle algo de amor a ese animal. Ah, y además llegaste tarde. ¿Tendría que haberme dado una pataleta porque se estropeó la cena? ¿Habrías llevado mejor eso?

-No lo sé -sacudió la cabeza.

-No me conoces. Sin embargo, no dejas de compararme con Viktor y con tus padres o con cualquier otra persona que te haya desilusionado, y he de decirte que eso me desagrada y mucho.

-Yo no…

-Sí lo haces. ¿Por qué crees que sentiría menos compasión que tú por ese animal?

-Porque… -tragó saliva, respiró hondo y empezó de nuevo-. Porque desconoces lo que es estar solo y asustado y… -se le quebró la voz, pero Harry no avanzó hacia ella. Siguió acariciando al perro y, cuando este lo requería, a Crookshanks. No obstante, sus ojos nunca abandonaron su rostro, y a través de las lágrimas, Hermione vio su comprensión-. Iré a darme ese baño.

-Yo tendré lista la cena. Y, ¿Hermione? Cuando terminemos de comer, hablaremos.

Sonó más a amenaza que a otra cosa. La observó atentamente, igual que Crookshanks y Peque. Hasta tres pies logró moverse lo suficiente como para lanzarle un rápido vistazo. Hermione se sintió superada en número, y tras soltar un gran suspiro, asintió.

Se dio cuenta de que ya no tenía ganas de llorar. De hecho, tuvo que contenerse para no reír. Se había dado la vuelta para salir de la cocina cuando lo oyó murmurar:

-¡Te pondré diez lazos, maldita sea! ¿Es que parezco un árbol?

Notas de autor: Agradezco la espera y todos los reviews, lamento enormemente no poder responderlos, lo hare con el trascurso del domingo. Porque ahorita son la 1 con 10 min de la mañana del 3 de Septiembre.

Spoilers…

Último capítulo!...

Se estaba aplicando un poco de maquillaje cuando sonó el timbre y los cuatro perros comenzaron a ladrar al unísono. Tuvo que apartarlos para abrir pero cuando lo hizo deseó no haberse molestado.

Su ex novio, Viktor, se hallaba en el porche con las manos en los bolsillos y una sonrisa suave en su atractivo rostro. Hermione retrocedió dos pasos.

-¿Hermione?- Viktor carraspeó.

-Lamento haberte herido, amor. Nunca fue mi intención.

-¿Dónde esta Cho?

-Fue a la casa vacía donde se encuentra ese obrero amigo de ella -soltó un suspiro sonoro-. Lo vio entrar por el garaje justo cuando llegamos. Espera arreglar las cosas con él.

¿Cho y Harry? La hermosa, alta y sexy Cho.

Harry se esforzó por soltarse de Cho.

-Te amo, Harry.

-Ya era hora.