Summary: Harry Potter ha vencido la muerte y a retomado su vida otra vez... acaso ¿condenado a repetirla de nuevo?

Disclaimer: Copyright © J.K. Rowling. 1997.

Notas autor: Hoy no hay mucho que decir.

Harry Dursley

el cáliz de fuego y la orden del fénix

Más tarde, en Grimmaul Place, Dumbledore había caído de espaldas por un fuerte puñetazo en su mandíbula, que le partio el labio que empezó a sangrar.

Snape estaba ahí, sorprendido increíblemente por lo que acababa de ver. Y no era el único, los señores Weasley, Thonks, Kingsley, Moddy y Sirius no cabían en su estupor.

Cuando Dumbledore regreso de Hogwarts para comunicarles lo que había sucedido, Remus fue, él que sin aviso, dio el primer paso y golpeo de lleno al director.

—¿Cómo ha podido decirle eso?— dijo Remus furioso y miro a Sirius peor aun —¿Cómo pudiste dejar que le dijera eso?—

Su mejor amigo nunca lo había visto tan fuera de sí. No supo que contestar.

—¿Qué Harry es demasiado inestable? ¡Claro que es inestable! ¡Es apenas un adolescente, un niño! ¿Cómo pueden pedirle que sea maduro cuando esta asustado? ¡Esta aterrado maldita sea! ¡Ningún otro mago a tenido la carga que lleva Harry sobre sí jamás! ¡Ni siquiera tú Dumbledore!— grito Remus observando fríamente al director, que Snape estaba ayudando a levantar.

—Harry apenas se estaba abriendo a nosotros ¿Cómo pudiste decirle eso? Veo que serás un gran mago Dumbledore, pero cuando se trata de entender en verdad a las personas, eres en realidad un inepto —la señora Weasley abrió la boca más sorprendida aun —¡Cuantas veces Ron, Cedric, Hermione y Neville se metieron en terribles problemas, cuantas veces no estuvieron al borde del peligro por decisiones fuera de lugar! ¡Y nunca, jamás les dijiste algo como eso, nunca! ¿Pero a Harry? Un chico que tuvo que dejar todo lo que conocía, donde sueños de Voldemort le aterraban cada noche cuando asesinaba alguien frente a él, escuchando sus suplicas, su dolor, sus rostros de terror mientras morían ¿Cómo pudiste? Harry tuvo que aprender cruelmente que era diferente, nadie estuvo ahí para apoyarlo, pensó que estaba loco, escuchando voces y viendo sólo Dios sabe que más. Dejo todo Dumbledore, todo, para venir a ayudarnos. A nosotros, un grupo de extraños que sólo le reafirmaban una y otra vez que no era normal ¡Ni siquiera entre nosotros Harry es normal! ¿Cómo crees que eso le sentó, eh? ¡Hacer magia sin varita, llevarla a un nivel que nadie ni en sueños puede alcanzar, ni siquiera tú! ¡A él si le dices estupideces!—

Remus tuvo que hacer una pausa entre jadeos, estaba rojo de la rabia que lo inundaba y sus ojos estaban brillando —Yo te digo lo mismo Dumbledore... no te reconozco. No veo más al gentil director que me dio una oportunidad cuando entre a Hogwarts ¿Dónde está ese gentil hombre que me tendió la mano cuando yo era tan diferente a los demás? Ya no lo veo... no lo veo más en ti..... ¿O es que acaso me ayudaste por que sabías que tenías el control?—

Sirius parpadeo extrañado y miro a su amigo sin comprender. Remus continuo: —¿Es eso Dumbledore?— pregunto tranquilamente, relajando su cuerpo —¿Cómo no puedes controlar a Harry, no deseas ayudarlo?—

Un silencio sepulcral se apodero del estudio. Dumbledore permaneció rígido entre ellos, sin expresión en su anciano rostro. Snape a su lado, observaba a Remus.

El hombre lobo sonrío con desagrado —Te has pasado los años hablando de lo equivocados que están todos, cuando hablan de la supremacía de los magos sobre los muggles, los gnomos, elfos y centauros y Dios sabe que más Dumbledore— lo miro con asco —Pero al final eres como ellos. Dígame señor director ¿Qué se siente ya no ser el número uno? Dígame por favor ¿Qué lo hace diferente a Voldemort ahora? ¿Qué?— Remus les dio la espalda —Ya no me interesa trabajar a tú lado, no con alguien tan despreciable como tú, pero— se giro a Dumbledore con una de las miradas más fieras que nunca antes alguien pudo conocer —Si algo le pasa a Harry, si no regresa nunca más, te juro Dumbledore, por Lily y James, que si algo le pasa a Harry, juro que no se como, pero me encargare de matarte si Voldemort no lo hace antes—

Remus salió del despacho azotando la puerta ante la sorpresa de los demás. El silencio se rompió tan bruscamente como Remus lo hizo aparecer.

—¿Es verdad?— pregunto Sirius, sin compasión en su voz —¿No dijiste todo eso pensando en Harry, sino en tú miedo de no poder controlarlo? Porque si es así, vete—

—¡Sirius!— dijo el señor Weasley sorprendido.

Pero el animago siguió hablando como si no existiera nadie más —Luchar contra Voldemort es importante, pero más importante para mí es Harry. Remus no habla por hablar, no es como yo— le dijo fríamente —Le creo más a él que a ti Dumbledore. No eres bienvenido a este hogar. Lárgate, llévate tú maldita Orden, tu maldito ejercito y no regreses más— Sirius miro a Snape con rabia —Y no olvides a ninguno de tus lacayos—

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Naguini nunca se separaba de Voldemot, amenos que tuviera que slir en misión o a cazar su alimento. Harry sabía que mientras la serpiente estuviera fiel a su amo, no podía localizarla. Así que debía esperar una de las únicas dos opciones anteriores para poder encontrarla.

—Y actualmente, Naguini esta en una misión— sonrío Harry para si, observando el cielo estrellado, recostado en el asiento delantero de su Countur azul oscuro, que flotaba sobre las nubes —Ella esta en el Ministerio buscando la profecía—

Se toco la frente, cerro los ojos y pudo ver claramente como ella se deslizaba sin miramientos sobre el largo pasillo de puertas cerradas.

Harry desapareció y reapareció justo enfrente de la serpiente, la cual irguió su cabeza sorprendida.

tú...

sí, y tú debes ser naguini sonrío Harry respondiéndole en parcel, alumbrado por las danzantes antorchas que colgaban en el estrecho pasillo, haciéndolo ver ciertamente perverso.

La serpiente se irguió abriendo su hocico, lista para atacar. Pero el rubio fue más rápido que ella, la cabeza de Nagui salió volando al verse desprendida de tajo de su cuerpo. La cabeza rodó en el aire salpicando las paredes de sangre negra, hasta caer con un golpe seco.

Harry se quito un salpicón del fluido escarlata de los labios, mientras la cicatriz le punzaba terriblemente, casi haciéndolo doblar las rodillas. Tratando de hacer su dolor a un lado, el joven rubio miro la entrada. Abrió la puerta y siguió el camino que había estado observando en sus sueños, ya no guiado por Naguini, sino por él mismo.

Pero Harry no se dirigió a la sala de las profecías, sino al arco del velo. El mismo que se había llevado a Sirius muchos años atrás. Y lo observo. Aun escuchaba los murmullos del otro lado, como si alguien pudiera verlo del otro extremo y deseara llamar su atención para que se acercara... si, que se acercara un poco más, sólo un poco... lo suficiente para tocarlo, si, sólo un poco... por favor, acércate, déjame tocarte, Oh, cuanto he esperado por tocar a alguien otra vez, ven, ven a mi lado, solo un paso más, sólo ven, entra, se bienvenido, entra, si, extiende tu mano, tócame...... no, no te acerques, no, vete, retrocede, no me toques con tú mano ¡Vete, no, NOO!

Ahora Harry sólo escuchaba gritos en sus oídos. Eran tantos y tan agudos, todos ellos peleando por salir, arrastrándose y desgarrando a los demás como una salvaje estampida de muerte tratando de salir, huir unos de los otros, con todo su dolor y su agonía... hasta que ya no hubo nada.

El arco ardía en llamas, consumiendo poco a poco el velo. Y así sería por siempre. El hechizo de Gubraith, el fuego eterno, ayudaría a que nadie pudiera caer de nuevo dentro de él, al menos eso esperaba.

El placer que produce una muerte tranquila después de una vida violenta no es fácil de evitar. Muchos viven deseando morir y otros, mueren deseando haber vivido.

Harry escucho pasos acercándose y desapareció justo cuando la cabeza flotante de Thonks abrió la puerta, observando sorprendida el enorme fuego que se alzaba ante ella. Alzo su varita en alto y observo detenida mente el interior. Un ligero vapor escarlata llamó su atención. Se acerco, mirando con cuidado que sólo ella estaba ahí.

—Harry estuvo aquí— chillo sorprendida lo más bajo que pudo. Miro el gran arco en llamas y un súbito PUF la hizo girarse de inmediato con varita en mano.

—Hola señorita Thonks— sonrío Harry, cargando las dos partes separadas de la serpiente entre sus manos.

—¡Harry!— chillo Thonks sonriendo de lado a lado —Ups— se disculpo —Sabía que eras tú, apenas empecé la guardia y vi la serpiente muerta con la puerta abierta. Pensé lo peor, pero que bueno que te encontré— dijo apresuradamente sonriendo espléndida y quitándose la capa invisible —¿Tú hiciste eso?— señalo el fuego —claro que fuiste tú, es genial ¿Para que es? Se que esa cosa era peligrosa, no se los detalles, bueno, mi jefe de casa siempre dijo que necesitaba aprender a concentrarme ¿Por qué traes la serpiente?—

—Es el último horrocrux— sonrío Harry —Iba a llevárselo al señor Dumbledore, pero tenía que encárgame de ese arco primero. Es maldad pura, el fuego sólo hará más fácil que la gente se aleje de él. Lo encante con el hechizo de Gubraith— Thonks abrió la boca de forma antinatural.

—¿Qué? ¿Enserio? ¡Que genial!— exclamo observando el fuego como la cosa más increíble del mundo —He escuchado de eso, pero jamás creí conocer a alguien que pudiera hacerlo. Súper—

—Bueno, sé que esta de guardia, pero con la serpiente fuera de camino, no creo que Voldemort decida una nueva excursión ¿Gusta regresar conmigo al cuartel?— pregunto Harry amablemente, aunque notando como la sonrisa de Thonks desapareció.

—Oh, sí... el cuartel— murmuro nerviosa —Um, verás Harry, paso algo muy gracioso— sonrío vacilante —El cuartel se movió a la casa de los Weasley por el momento, sólo por esta noche, nos moveremos constantemente hasta encontrar otro lugar.... um, Grimmaul Place, uh, es decir, em... Nadie de la Orden es bien recibido en casa de mi primo—

Harry la miro sorprendido y confuso. Pero unos pasos acercándose lo hicieron salir de sus pensamientos. Tomo a Thonks de la cintura y ambos desaparecieron en un PUF escarlata.

Y la joven pelirosa miro sorprendida como habían aparecido justo en la entrada de la madriguera. Ella lo mira sonriendo encantada —Eso a sido genial ¡No sabía que podías aparecerte así nada más a pesar de la seguridad rigurosa del Ministerio!—

Harry le sonrío con calma —Muchas gracias, pero no a sido gran cosa—

Y de golpe, la puerta se abrió antes ellos, con dos magos apuntándoles directo a la cara.

—¿Thonks?—

—¿Harry?—

—Hola Moddy, Kingsley— sonrío la joven encantada —Harry y yo traemos el último horrocrux ¿Esta Dumbledore? Ah, y no me lo van a creer, dejamos atrás un arco en llamas ¡Fue súper! Te hubiera encantado Moddy— dijo Tonks abriéndose paso entre ellos sin pena alguna —Eso huele bien, Molly esta haciendo estofado ¿qué haces afuera Harry? Pasa, pasa, a Molly le va a encantar verte, y a Arthur también. De Ron no sé, a de estar arriba con Cedric, Hermione y Neville ¡Estamos de fiesta! No sabes, a Ron y Hermione los nombraron prefectos, yo nunca lo fui, mi jefe de casa decía que me faltaba algo indispensable, como la capacidad de aprender a comportarme ¿Y ustedes porque no cierran la puerta? ¿Qué no ven que es peligroso dejarla así? Pueden atacarnos o algo ¡Hola Arthur, mira a quien traje! Oh, pero por favor omite la serpiente muerta. Es un horrocrux, o lo fue, o es, no estoy segura ¡Hola Bill! Es verdad ¿Moddy, quieres tu capa? Creo que ya no la voy a ocupar por hoy. O quizás sí. Depende de Dumbledore, voy a preguntarle, espera aquí Harry, no tardo—

Y sin más, Thonks doblo al comedor, dejando a un grupo de cuatro magos y un joven entre sorprendido y extrañados. El señor Weasley salió de su sorpresa y miro a Harry sonriendo —Hola, buenas noches Harry ¿Cómo has estado?—

—Muy bien, gracias— respondió el joven con cortesía —Sólo he venido a dejar esto. Deben estar ocupados y no deseo interrumpirlos más— apareció un plato hondo lo suficientemente grande para que cupiera el cuerpo de la serpiente — Por favor háganlo rápido. No esta realmente muerta, será cuestión de minutos en lo que su cabeza vuelve a unirse a su cuerpo. Por el momento esta dormida y no puede comunicarse con Tom Riddle, pero lo hará pronto—

—¿Es el último?— pregunto Bill entre la duda y la sorpresa —Pensé que todos serían objetos—

—Creo que ella fue una de sus mejores obras— dijo Harry limpiándose la sangre negra de los pantalones y la camisa de mangas en un chasquido —Ocultó la muerte en la vida. El mejor disfraz— explico enigmáticamente. Se alisó la camisa y miro a todos resuelto —Debo irme, pasen buenas noches—

—Por favor espera Harry— todos en la entrada se giraron de inmediato al llamado de Dumbledore —Quisiera hablar contigo unos momentos— dijo con calma.

Harry observo a Snape surgiendo detrás del director, seguido de varios de la Orden; y un poco más al fondo surgieron Ron y su grupo. El joven pelirrojo no se veía nada feliz.

El joven rubio miró al anciano Dumbledore fijamente sin expresión. Al final Harry hablo —Quisiera que primero fuera el horrocrux. Esta empezando a despertar, después, creo que puedo quedarme unos momentos—

—Gracias— sonrío Dumbledore.

Sólo tomo unos minutos eliminar definitivamente a la serpiente, la cual murio desprendiendo no un chillido, sino una especie de grito desgarrador, como el de un verdadero ser humano muriendo violentamente.

El grito perturbó a muchos. La señora Weasley fue a la cocina y Harry ya no la vio. Thonks lo considero interesante.

—Podemos salir para hablar ¿Señor?— propuso Harry a Dumbledore —Sólo por precaución quisiera poner un par de defensas a la casa de los Weasley—

El director asintió y salieron al jardín del frente, bajo la atenta mirada de la Orden... y de un par de jóvenes insistentes.

—Me sorprende que trajeras a Thonks aquí— comento Dumbledore mientras se alejaban.

—Estaba deprisa. Unos miembros del ministerio estaba corriendo a donde estábamos. Sin duda alarmados por lo que hice— explico Harry observando la madriguera cuando hubieron pasado la verja de la entrada.

—¿Por qué incendiaste por siempre el arco?— Dumbledore le dio una intensa mirada.

—Tenía mis razones— se limito Harry, llamando a sus flamas que rodearon a la madriguera y sus habitantes en un pentagrama. Dumbledore dejo sus preguntas y observo. Grandes anillos giratorios surgieron del pentagrama, cada uno con inscripciones de latín, que por la velocidad en la que se movían, era imposible de leer. Sólo tardo un par de segundos. Los anillos giraron hasta desaparecer. El pentagrama brillo y se apago.

Harry observo al director con calma —Ya debo irme. Lamento si lo que digo es grosero, pero dejemos los modales de lado. Dígame que desea—

Dumbledore lo miro fijamente —Cometí un error. Te dije algo que no debí, no pensé en tus sentimientos... este es el segundo error que cometo. No estoy nada orgulloso de eso— la mirada del directo vaciló un poco —Muchas veces se es demasiado joven y se hacen locuras que dañan a los demás sin saberlo... las consecuencias suelen ser terribles por lo general— sus ojos se pierden en las estrellas —Pero también, aquellos que han aprendido de sus errores y se jactan de poder evitarlos, son los primeros en recaer—

Harry comprendió que Dumbledore hablaba de él mismo. Quizás se veía reflejado en él, jóven, con más poder y habilidad de la que debería. Un poder que lo había llevado a tomar malas decisiones... decisiones fatales...

—Perdóname Harry— sonrío Dumbledore, con sus ojos brillando más de lo usual —Perdóname por decirte algo que no debí. Pero tuve miedo que tú poder te estuviera consumiendo como a hecho con tantos otros... no deseaba eso...— su mirar se volvió muy cálido —Pero es verdad que tú no puedes ser normal. No puedo pedirte que lo seas y al mismo tiempo pedirte que tengas sangre fría cuando estas muriendo. Para cuando llegue el siguiente verano, tú no vas a estar aquí—

Harry asintió con pesar.

—Si...— suspiro Dumbledore cansado —Pensé que estabas siendo pesimista acerca de tu futuro... pero es que, no es que tú creas que no lo tienes; es que sabes que ya no lo tienes. Cada día para ti es menos tiempo y sólo deseas aprovecharlo lo mejor posible— el director pareció más viejo que nunca antes —Cuando tus padres murieron Harry, yo te deje con los Dursley y a pesar de mis dudas, ellos te criaron como a uno de ellos o más. Te amaron más de lo que yo pude imaginar, dándote un buen ejemplo por lo que veo ahora— sonrío con cariño —Jure protegerte de todo lo que pudiera las timarte Harry, por tus padres que dieron su vida por ti, por Lily y James... pero no lo hice... Cuando rehusaste ir a Hogwarts, pensé que ahora que estarías en el lugar más seguro para ti, a pesar de que no estuviera del todo de acuerdo... Y con la reaparición de Voldemort, y las nuevas aventuras del joven Weasley, Digory, Granger y Longbottom; pues, pensé que era ya hora de dejarte ser lo que deseabas ser... un niño normal—

Harry le sonrío con calma —Y le doy las gracias por eso señor. Disfrute cada momento con mi familia, siendo normal...— se permitió una risa algo irónica —Pero creo que hay cosas que uno no puede evitar. Podría decirse que es el destino—

El viento se meció sobre la hierba, ululando una suave melodía —Sirius y Remus te estan esperando Harry— dijo al fin Dumbledore encaminándose a la madriguera —No creo que vayamos a unirnos de nuevo, ya que cometi el error de ofenderlos terriblemente, no sólo a ellos, si no a la memoria de Lily y James... no tengo cara para regresar. No aun. Pero espero algún día, cuando esto acabe, poder tener el derecho de volver a verlos—

Harry lo vio alejarse un poco. Dumbledore se detuvo —No diré adiós, porque honestamente espero volver a vernos...—

—Sí— contesto el más joven. El director se giro a verlo una vez más —¿Qué harás ahora?—

Harry sonrío con una seguridad que Dumbledore no había visto desde hace mucho —Ir por Voldemort. Ninguno de nosotros puede vivir mientras el otro exista — hizo una inclinación respetuosa al director y sonrío abiertamente —Hasta luego— y desapareció en el PUF escarlata que empezaba a caracterizarlo definitivamente.

Dumbledore miro las estrellas, preguntándose lo que sería del futuro de ahora en adelante.

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Cuando Harry apareció en Grimmaul Place, escucho un estruendo de algo cayendo al suelo. Al girarse descubrió que era Sirius, quien, al no esperarlo tan repentinamente, cayo del sillón donde estaba leyendo El Profeta.

—¡Oh, lo siento!— se disculpo Harry sonrojándose apenado.

—¿Harry?— gimió Sirius apenas saliendo de su estupor y guardando su varita —¡Harry!— grito abiertamente —¡REMUS ES HARRY!— añadió y se levanto de un salto para abrazarlo.

—¿Qué dices Sirius?— dijo Remus, asomándose por las escaleras envuelto en una toalla y con varita en mano —¡Por Dios! ¡Harry!— grito sonriendo emocionado y para cuando termino de bajar las escaleras, había transformado su toalla en una túnica decente.

Entre ambos lo abrazaron y casi se lo comen entre reprimendas por haberse ido así sin decir nada. Creatcher se paso por el recibidor molesto, pero al ver que no era ningún Weasley, pareció más tolerable y les sirvió un par de cervezas de mantequilla acompañadas con bocados de jamón y queso, mientras terminaba la cena.

—¡Y ni se te ocurra desaparecer así de nuevo!— remarco Sirius, dando un largo trago de su bebida para luego engullir seis rollos de jamón de una sentada. Al parecer tenía mucha hambre, pensaba Harry sonriendo con pena.

—A estado muy preocupado, ambos en realidad— le dijo Remus con calma —Sirius incluso perdió el apetito de los nervios— sonrío, tomando cuatro rebanas de queso y devorándolas en una mordida.

Harry sonrío divertido y algo arrepentido. Había ocasionado grandes problemas a dos personas muy importantes para él.

Poco después, Creatcher les aviso que la cena estaba lista. Pasaron a la cocina, donde los tres limpiaron todos los recipientes sin dejar nada. Harry entendía que Sirius y Remus tuvieran tanta hambre, pero le sorprendió que él no se hubiera quedado atrás. Repitió tres veces antes de sentirse lleno.

Con los ánimos mejor puestos y sintiéndose más cómodos, Harry les explicó lo que había estado haciendo durante el tiempo que permaneció ausente de ellos.

Ninguno de los merodeadores dijo nada de su encuentro con Dumbledore, pero Remus si pareció interesado en lo último que le había dicho al director.

—Sobre Voldemort, Harry ¿Iras a buscarlo?— pregunto cruzando sus brazos. Sirius miro a su ahijado sin decir nada. Obviamente esperaba su respuesta antes de hacer cualquier movimiento o decir algo.

Harry sonrío con calma —No es necesario. Él esta aquí, de eso estoy seguro. No irá a ningún lado. No mandara a nadie por nada ni menos aun cambiara sus planes, porque lo que busca esta aquí. Ahora estoy seguro que esta protegido por el fidelio, una magia tan poderosa que no puedo romper o buscar con mi propio poder si no se donde esta. No creo que ningún mortifago me vaya a decir tampoco. No vale la pena ir por uno porque se matarían a sí mismo antes de traicionar a su amo, están demasiado asustados como para decir algo coherente ahora— suspiro hondamente y amplio su sonrisa —Así que como lo único que necesito es que salga del fidelio, pensaba tomarme un descanso hasta entonces y ponerme en forma para nuestro encuentro final —

Sirius y Remus sonrieron de una forma tan espléndida que incluso Creatcher se les unió, sin saber muy bien por que lo hacían.

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Los días que siguieron a ese, todo pareció como un sueño para los tres. Desayunaban, comían y cenaban juntos. Al principio pasaban los días en Grimmaul Place, leyendo El Profeta y escuchando la radio mágica.

Después comenzaron a realizar pequeñas pero simples excursiones a lugares lejos de Londres. Subían al Countur y volaban disfrutando del destino que solía cambiar continuamente, mientras Creatcher iba con ellos, con una gran cesta donde tenía toda clase de bocadillos. Al principio estaba casi aterrado de dejar por tanto tiempo la mansión de los Black, pero después del primer mes, pareció que no le desagradaba tanto... aunque solía llevarse algo de plata para pulirla en el camino.

Cada vez llegaban más lejos y pronto los paseos se convirtieron en una oportunidad de entrenar entre ellos. Creatcher solía quedarse a la distancia, sentado sobre un largo mantel de color verde tallando alguna figura de plata, mientras veía a los tres magos lanzándose toda clase de hechizos. El elfo incluso empezó a disfrutar increíblemente esos momentos, y una prueba fue cuando Sirius quedo con la cara llena de tentáculos y Creatcher no pudo contener una risa estridente... aunque después hubo que pararlo para que no se golpeara en la cara con la pieza de plata que estaba limpiando.

Y mientras los días y semanas iban pasando, Harry estaba seguro de que atesoraría esos recuerdos en su corazón... y no sólo él, Sirius y Remus también lo harían. Recordarían esos momentos por muchos años... y quizás con el tiempo... dejarían de sentir el dolor por su muerte.

Y el momento llego...

Estaban cenando cuando lo sintió. Voldemort estaba fuera del fidelio. Se concentro y vio su figura acercándose a Azkaban... era la hora.

—Esta en Azkaban— dijo Harry poniéndose de pie, pero Sirius lo sujeto a tiempo del hombro —Si tú vas, yo también— dijo severamente.

—Ni se les ocurra dejarme atrás— exclamo Remus con aire ofendido.

El joven rubio vaciló un poco, pero asintió sin más —Tomen unos abrigos, hace frío afuera— y tres abrigos aparecieron en sus manos. Cada uno tomo el suyo y desaparecieron en el PUF escarlata tan familiar.

Harry apenas podía creer que ya hubieran pasado las navidades... apenas y recordaba las risas y los momentos agradables en Grimmaul Place al lado de Remus y Sirius, mientras conducía en el Countur volador cerca de Azkaban, que se erguía fríamente entre el viento de lo que quedaba del invierno, con la nieve golpeando con fiereza todo lo que se interponía en su camino.

—La tormenta esta feroz— dijo Sirius observando atentamente a los dementores que flotaban arriba de ellos.

—Es mejor que no nos vean— sonrío Remus observando Azkaban más cerca de ellos —Pero aun así me sorprende que el escudo de Harry pueda abrirnos paso entre todas las defensas mágicas sin problemas—

—¿En serio?— rió Sirius divertido —A mi nada me sorprende ya—

Harry acelero de golpe —¡Ahí están!— grito sobresaltando a sus compañeros, que enfocaron al frente, donde las luces apuntaban. Parecía al principio una mancha negra con un par de manchas flotando a su alrededor, pero al enfocar mejor, vieron como esas manchas tenían rostro. Y que la más grande de ellas los miraba con ojos inyectados en sangre, como dos brazas al rojo vivo.

Sirius fue el primero en atacar. Bajo el vidrio de la ventanilla y no dio lugar a tregua. Voldemort evito sin problemas los rayos pero algunos alcanzaron a sus seguidores que a pesar de seguir flotando alrededor de su amo, parecían inconscientes.

El contraataque no se hizo esperar. Voldemort lo inicio, pero con estupor pudo ver como el auto los evitaba con gran agilidad. Harry le cedió el volante a Sirius y desapareció del auto, el cual vaciló un poco el vuelo hasta que el animago pudo controlarlo, mientras Remus seguía atacando desde el asiento trasero.

Los mortifagos, que flotaban al lado de su amo, no podían hacer nada más que observar con terror como sucedía todo.

El Lord Oscuro bramó furioso, y justo cuando planeaba dar un contraataque fulminante, algo sobresalto su campo mágico. Se giro y descubrió a Harry flotando tras de él, el envuelto en llamas escarlatas... y sus mortifagos habían desaparecido.

—Espero que no te moleste— sonrío Harry —Pero decidí regresarlos a sus celdas. Hace mucho frío para ellos—

—Potter— siseo furico Voldemort, creando un escudo que lo resguardaba de los ataques de Sirius y Remus —Te has cruzado en mi camino por última vez muchacho, vas a pagar por esto— y desapareció.

Harry ya no lo percibió, estaba dentro del fidelio otra vez... aunque su rabia le estaba partiendo la cabeza con fuerza. Sirius se detuvo a su lado y regresaron con él conduciendo, mientras Remus se quedo con Harry en el asiento trasero, tratando de confortarlo lo mejor posible, mientras el joven se estremecía del dolor.

Después de su en cuanto con Voldemort en Azkaban, El Profeta comentó la noticia por semanas. A pesar de que los mortifagos no habían escapado, habían causado una gran revuelta que concluyo con todos encerrados de nuevo, pero el hecho de que todos gritarán a voz que Voldemort casi los rescata de Azkaban, había perturbado a toda la comunidad mágica.

Harry se preguntaba... si lo estaba haciendo bien... se planteaba esa duda todas las noches, sintiendo como la oscuridad se acercaba más y más a su corazón.

En verdad lo hacia. En verdad se preguntaba... si lo estaba haciendo bien...

Porque, como siempre... parecía que el tiempo no estaba a su favor...

Cada día que Remus pasaba a revisar la herida de su mano derecha y observaba sin decir nada, Harry podía casi sentir el pesar que lo inundaba... observar como iba muriendo frente a sus ojos el hijo de sus mejores amigos...

Sirius no hacia comentarios. No deseaba ver la herida de Harry aproximándose lentamente a su destino fatal... él prefería pensar que aun había tiempo... que aun había una oportunidad... pero... Harry sabía, que cada vez que él sonreía... fingía...

La primavera había empezado hacia un mes. Harry empezaba a sentir como la maldición daba al fin señales de lucha. Estaba comenzando a tener accesos de fiebre. A veces sentía que alucinaba más de la cuenta. Una vez confundió un calcetín con Ron y le dio una patada fallida. En otra ocasión pensó que una escoba era Cedric y le dio un puñetazo en las cerdas... Remus tuvo que quitarle de la vista todo lo que pudiera recordarle a esos dos.

Pronto no sólo fueron las fiebres. La maldición empezaba a devorar su cuerpo. Harry ya no podía comer sin vomitar todo. Ponerse de pie empezó a ser un reto. Su respiración comenzó a ser cada vez más difícil... Harry no tuvo que decir nada... el fin se acercaba para él... como lo dijo Snape... él no vería llegar el verano... y cuando empezó a toser sangre... todo sólo se hizo más evidente.

Remus y Sirius no decían nada. ¿Qué podrían ellos decir? Lo único que podían hacer, es tratar de cuidarlo lo mejor posible... hacer todo lo mejor llevadero... sólo un poco más...

—¿Quieres ir a ver Hogwarts?—

La pregunta de Remus tomo por sorpresa a Harry y Sirius.

—Remus— dijo sirius en un tono severo que sonaba irreal en él —No creo que Harry este para eso ahora—

—¿Por qué no? Será divertido, Harry sólo estuvo en Hogwarts una noche, sería muy interesante que lo viera de día—

—No creo que eso sea buena idea— gruño Sirius.

—Suena bien— sonrío Harry —Aun tengo algo de poción multijugos, puedes usarla Sirius—

—No me refiero a eso— dijo su padrino molesto.

—Pero Harry no conoce Hogsmeade, Sirius. Oh, vamos, no seas aguafiestas— sonrío su amigo.

El animago no pudo resistirse a la sonrisa de oveja a medio morir de Harry y termino aceptando a regañadientes. Remus escribió una carta a Dumbledore avisando de su visita temporal. La respuesta fue casi inmediata, el director acepto sin problemas.

Harry se pregunto si Remus le había dicho todo sobre su salud.

A la mañana siguiente, Harry despertó en uno de sus mejores días. No había fiebre, ni vomito y casi no tosía sangre. Era extraño que se sintiera tan bien. Sirius apareció más tarde con la apariencia de un hombre de pelo canoso y barba de candado, para que desayunarán algo antes de irse.

Harry hizo que aparecieran en las puertas principales de Hogwarts. Hagrid estaba ahí para recibirlos. El gigante saludo a Harry con un gran abrazo y llorando un poco mientras mencionaba lo parecido que era a su madre Lily.

—Dumbledore me dijo que les mostrara el lugar, aun estamos en clases pero llegaron en un buen momento. Mañana se juega la final de quiditch entre Griffindor y Slyherin— dijo Hagrid muy animado —Estoy seguro que es algo que nunca has visto Harry—

—No, suena genial— sonrío este. Y no era por nada, vería un partido de quiditch después de tantos años. Sentía que le hervía la sangre de la emoción.

—Y lo es— sonrío Hagrid, mirando el pasillo con cautela —Dumbledore arreglo todo para que Umbridge no pudiera venir a husmear... aunque no me sorprendería que dejara sus clases para ver quienes son—

—Vaya, el ministerio si que a estado fastidiando— dijo Sirius con voz grave, rascándose la barba de candado —Escuche por McGonagall que esa tipa es de lo peor—

—Se quedo corta— gruño Hagrid —A tratado de sacarme desde que llegue de donde ustedes saben. Por lo que me dijo, creo que sabía muy bien a donde fuimos Olymp y yo—

—Increíble que Fudge fuera tan listo, normalmente solo metía la pata— gruño Sirius, observando de reojo como Harry admiraba los cuadros que se acercaban a verlo con interés. Le dedico una sonrisa paternal.

—¡Miren, están hablando entre ellos!— sonrío Harry.

—Y te contestan, vamos, pregúntales algo— animo Sirius, acercándose a él para hablar con los cuadros.

Remus sonrío con cariño —Hacía días que no veía a Harry tan radiante—

Hagrid lo miro con calma —Sé que ustedes tuvieron una pelea fuerte con Dumbledore por Harry... no voy a preguntar sobre eso... pero ¿Por qué han venido justo ahora? No es que me moleste a mí y menos a Dumbledore, pero—

—Es para que conozca el lugar donde se conocieron sus padres— lo corto Remus serio. Hagrid lo miro extrañado —Esta empeorando... estas últimas semanas han sido muy pesadas para él... no le queda mucho— la voz de Remus se escucho entrecortada y sus ojos miraban con profunda tristeza a Harry.

—Ah... yo— Hagrid se vio avergonzado de si mismo —Perdona, estaba enterado, pero, creí que, pensé que—

—Nosotros igual Hagrid— Remus sonreía, pero no había felicidad en su expresión —Sirius y yo tratamos de engañarnos a nosotros mismos, pensando que Harry estaba bien. Es decir, mira todo lo que puede hacer, seguro has escuchado—

—Si... Dumbledore me dijo— asintió el gigante.

—Pero al final— suspiro Remus, observando como Sirius le hacía cosquillas a un cuadro que empezaba a reír estruendosamente —Harry es como nosotros... pero es sólo un niño... es el hijo de Lily y James— Remus no continuo, dejo salir un gemido doloroso y tuvo que frotarse los ojos con el ante brazo.

Hagrid miro al joven rubio que reía emocionado al lado de su padrino. Se veía tan feliz... él también tubo que frotarse los ojos.

—E-es buen chico por lo que se ve— gimió entrecortadamente Hagrid.

—Lo es, es un buen chico... sólo se preocupa por los demás— asintió Remus con cariño.

—¡Remus, ven!— le señalo Harry —¡Sirius dice que podemos ir a ver la torre de Griffindor, donde estuvieron mamá y papá!—

Esas palabras salieron de una forma tan natural de Harry, que tomaron por sorpresa a los tres adultos. Sirius sintió una punzada cálida en el corazón y lo abrazo hacia él.

—¿S-sirius?— se sonrojo Harry sorprendido, pero al ver a su padrino llorando y sonriendo al mismo tiempo, no pudo decir más. Se dejo abrazar, mientras escuchaba a su lado, los sollozos entrecortados de Remus y Hagrid.

El gigante los encamino poco después al aula de Transformaciones —La profesora McGonagall estará más que feliz de darnos la clave— aseguro sonándose la nariz con un gran pañuelo de lunares rojos.

Cuando la profesora McGonagall salió del aula y vio a dos de sus ex-alumnos no pudo evitar sonreír.

—Hola— saludo Harry. La profesora sonrío aun más —Hola Harry, el director Dumbledore me dijo que vendrían. Admito que es una agradable sorpresa— miro a Remus encantada —Lupin ¿Por qué no entras con Harry y lo dejas ver la clase? No creo que sea algo muy interesante para él, pero los alumnos de primero seguro desearán ver de lo que es capaz alguien que pone esmero en lo que hace—

—Claro, vamos Harry— sonríe el aludido, tomando a Harry y entrando al aula. Una vez se fueron, la profesora se giró a Sirius con un aire preocupado —Lo veo muy pálido—

Hagrid bajo la mirada y Sirius perdió la sonrisa —Las últimas semanas han sido difíciles. Hoy esta en sus mejores momentos... no a tosido sangre desde que llegamos—

La profesora McGonagall se cubrió los labios, reprimiendo un gemido doloroso —No, no tenía idea... entonces...—

—Sí— contesto sombriamente Sirius — No le queda mucho tiempo... Remus me dijo que la marca esta a unos centímetros de su corazón...—

El animago entre abrió la puerta del aula, y pudo apreciar claramente como todos los alumnos veían fascinados como Harry transformaba aceleradamente y sin detenerse un cerillo en toda clase de formas.

—Sólo queremos que Harry vea que no todo es guerra en el mundo mágico. Por eso lo trajimos, para que conozca el lugar donde sus padres se conocieron—

McGonagall dejo ir un sollozo entrecortado, mientras secaba sus lágrimas con un pañuelo blanco. Cuando la profesora volvió al aula, despidió a Remus y Harry con el aplauso de los alumnos y les dio la clave del cuadro de la dama gorda.

Hagrid los encamino a la torre de Griffindor, sonriendo abiertamente mientras Remus. Sirius y Hagrid intercambiaban anécdotas de cuando eran estudiantes.

Al entrar a la sala común, apenas ocupada por un par de estudiantes de sexto, Sirius y Remus le explicaban que era cada cosa. Hagrid por su lado le decía a los de Griffindor que contaban con el permiso de la jefa de casa.

Sirius le mostró a Harry donde solían dormir cuando estaban en Hogwarts. Remus rió al mencionar varias de sus memorías. Aunque por desgracias no pudieron pasar por el dormitorio de las chicas.

Sirius menciono que la resbaladilla no estaba mal —Lo peor era cuando las chicas te sorprendían, se iban en contra tuya las muy salvajes— dijo ceñudo.

—Eso era por tu fama de mujeriego. Y sabes que te lo merecías— se burlo Remus.

—¡Claro que no!— se defendió Sirius.

—Pues yo escuche lo contrarío— agrego Hagrid —James me dijo que en una ocasión te colaste por una de las ventanas montado en tu escoba—

Todos rompieron en risas, ante un Sirius muy colorado.

Salieron de la torre de Griffindor, aun riendo de varias anécdotas vergonzosas, cortesía de Sirius.

—Ya dije que fue un accidente. Ella pensó que estábamos saliendo y no fue así— se defendió el animago.

—Pero aun así la llevaste a Hogsmeade... ¡Cuando aun estabas saliendo con Ann Billerth!— sonrío triunfante Remus.

—Oh, es verdad— dijo Sirius sorprendido de sí mismo —Vaya, que pegue tenía— expreso muy animado.

Harry rió más divertido que nunca y Hagrid no cabía en sí de la risa. Remus murmuro un nunca vas a cambiar. Y siguieron por los pasillos. Hagrid había prometido llevarlos a ver el Sauce Boxeador a la insistencia del animago.

Estaban por bajar al segundo piso cuando sonó el cambio de clase, grandes mandas de alumnos salieron disparados apenas pudieron. Hagrid tomo a Harry y lo acerco a la pared, para que nadie chocara con él. Remus le había dicho que estaba muy débil últimamente, tanto que apenas podía ponerse de pie.

Los alumnos que los notaron, empezaron a ponerles atención conforme pasaban de ellos. Incluso varias chicas se detuvieron un poco para darle una mirada a Harry. Este no pudo evitar sonreírles ampliamente... con un ligero toque de galanura. Y ellas se iban dando risillas.

Un poco después, el pasillo se despejo un poco, lo suficiente como para seguir. Hagrid le explico un poco a Harry sobre el sistema en Hogwarts, las materias que veían, los profesores que las impartían y la leyenda local de que el puesto de DCAO estaba maldito. Hizo una breve historia desde Quirell hasta la actual horrible-desagradable-sapo hinchado Umbridge.

Siguieron bajando hasta el primer piso, salieron al prado y caminaron hacia el sauce boxeador.

—Oh y por allá están los invernaderos— señalo Hagrid más adelante —Los alumnos van ahí para aprender de mano propia como lidiar con verdaderas plantas mágicas. Hay que saber como tratarlas, porque sino, te arrancan un dedo—

—Wow— sonrío Harry, por alguna razón, Hogwarts sonaba más interesante que nunca —¿Qué tan seguido pasa eso?—

—No tan seguido como esas chicas tratando de quitarse el acné con una maldición. Una se arranco la nariz— y el ojiverde hizo un gesto desagradable.

—¡Hagrid!—

El grupo entero se giro y pudieron ver a Ron, Hermione y Neville corriendo a ellos... o al menos por unos instantes. Cuando reconocieron a Harry, Ron se paro de golpe y con mal gesto camino sin animo. El rubio le dio una sonrisa descarada.

—Hola chicos— saludaron los tres adultos. Harry sólo seguía sonriendo.

—Vamos a los invernaderos, pero te vimos a la distancia Hagrid— sonrío la castaña y observo a Sirius con interés, obviamente no lo reconocía.

—Ah, es Sirius. Esta bajo los efectos de la poción multijugos— le susurro el una vez su profesor de DCAO —Venimos a dar una vuelta, por los viejo tiempos— explico.

—Si, pero de verdad que nada a cambiado aquí— sonrío el animago ampliando su bigote blanco —¡Todo sigue igual! Hasta la sala común en Gryffindor—

—¿Fueron a la sala común?— exclamo Ron atónito —¿Y lo llevaron a él?— señalo con repudio al rubio del grupo.

—Ron— le gruño Hagrid —No esta bien señalar a las personas así—

Al pelirrojo se le pusieron las orejas rojas —¿Cómo puedes defenderlo de esa forma? La Orden tuvo que separarse por culpa de él y sus tontas decisiones. Dumbledore a batallado mucho por un encontrar un lugar para reunirse y—

—Y tú eres lo suficientemente estúpido como para gritarlo en voz alta en un área donde Umbridge puede estar fácilmente oculta— lo corto Harry bruscamente, señalando unos árboles detrás —Dime Weasley ¿cómo te las ingenias para andar a dos patas cuando es obvio que tu cerebro esta en tu trasero?—

Ron y Harry intercambiaron miradas llenas de odio centellante, pero el último sonrío con satisfacción —Una cosa más Weasley ¿Ya aprendiste a dar la pata?— Hagrid colocó una de sus enormes manos entre ellos, para que el pelirrojo no se fuera directo a la yugular del rubio.

—Re, pite, eso— siseo Ron, resoplando como un toro embravecido. Harry amplio satisfactoriamente la descarada sonrisa —Pensé que esas enormes orejas tuyas hacían más que ofrecer un nido a los insectos de tú cerebro Weasley—

Ahora fue Remus quien tuvo que meterse, para detener al joven pelirrojo que había soltado su mochila y estaba más que listo para convertirse en asesino por estrangulación.

—Harry— le riño Sirius molesto —Discúlpate ahora mismo—

El rubio miró al pelirrojo sonriendo levemente —Lo siento Weasley— expreso en un tono que pretendía ser inocente. Ron lo fulmino más si es que fuera posible —Eres un, te voy a, debería de—

Harry sonrío con hipócrita gentileza —Perdona Weasley, pero, Hagrid amablemente nos comento que mañana juegan Slytherin contra Gryffindor. Por casualidad, aparte de tú postura como prefecto ¿Gozas de casualidad de un lugar en el equipo de quiditch?—

—Oh, sí. Ron es el buscador de Gryffindor— explico Hagrid, que al parecer fue el único que no entendió el sarcasmo del rubio — Deberías verlo jugar, su saeta de fuego es de las mejores escobas de vuelo del mundo. Sólo las usan los profesionales. Fue un obsequio de Sirius cuando lo salvaron del beso de los dementores—

—Ooh— expreso Harry fingiendo sorpresa —¿Así que el joven Weasley posee una magnifica escoba profesional? Sorprendente. Sin duda sus adversarios, unos jóvenes que apenas gozan de una escoba comercial, no pueden compararse— amplio malignamente su buen gesto y miro a Hagrid encantado —Después de todo, lo más importante del cazador es la velocidad ¿O me equivoco?—

—No, para nada. Eso es totalmente cierto— asintió Hagrid, pensando sin duda que eso había sido un halago para Ron —La velocidad es lo más importante en un buscador. Incluso él más veterano falla si su escoba es muy lenta. Si, al final todo lo decide la velocidad ¿Verdad?— sonrío a los demás.

Remus, Sirius, Hermione y Neville tenían una especie de sonrisa nerviosa... Ron estaba desinflado. Si Hagrid vio algo mal en esa escena, no lo pareció, porque siguió con su tono alegre —Ey, sé que son prefectos y todo ¿Pero porque no vienen con nosotros al sauce boxeador? Sé que lo conocen muy bien después de su tercer curso— les guiño un ojo —Pero entre más mejor ¿Verdad Harry?—

—Claro, eso sería genial— sonrío el ojiverde con esa fingida cortesía tan desagradable —Pero, Granger y Weasley son prefecto. Tienen una imagen que cuidar, sería lamentable que por una falta se metieran en... — amplio su sonrisa — problemas. ¿No cree usted Hagrid?— añadió sonriendo inocentemente al gigante.

—Oh, tienes razón, mucha razón— Hagrid miro con pesar al trío —Perdón, es verdad—

—No te preocupes Hagrid— dijo Hermione con calma —Nosotros ya nos íb—

—Nosotros vamos también— la cortó Ron en tono desafínate, observando al rubio con intenso desprecio.

Un minuto después, todos iban siguiendo a Hagrid, que conversaba animadamente con Sirius y Ron, sobre el partido de ese día.

Remus aprovecho para retrazarse un poco y jalo a Harry más atrás de Hermione y Neville —Eso no fue nada amable Harry. Fuiste terriblemente grosero con Ron. Y peor aun, usaste a Hagrid para terminar de rematar tus insultos. Ni siquiera te mediste cuando remarcaste que si Ron es cazador es por que su escoba es la más rápida ¿Cómo pudiste hacerle eso? — el rubio se sumió de hombros sin ningún tipo de remordimiento.

Remus suspiro exasperado —Harry, sé que no te agrada Ron, pero es un buen chico. Yo le enseñe en su tercer curso y te puedo decir que aparte de ser un gran duelista es una gran persona. No hay muchos como él. Se que a cometido sus errores, igual que todos, pero no es para que uses tu desprecio contra él de esa forma—

—Es sólo un niño inocente— intervino Harry sin expresión, observando la espalda del pelirrojo más adelante —Y yo no lo desprecio, me agrada en realidad— añadió observando la expresión confusa de Remus algo divertido.

—¿Qué? E-entonces ¿por que...?—

—¿Lo molesto?— sonrío Harry —Porque él empieza— se limito el ojiverde. Remus hizo un gesto confuso y suspiro hondamente. Definitivamente; Ron y Harry nunca se iban a llevar.

Después de ver el Sauce Boxeador, todos regresaron a tiempo para la comida. Sirius, Remus y Harry tomaron sus alimentos en las cocinas, ya que el animago parecía muy animado por revivir tiempos pasados.

Por su lado, Ron se mostró espléndido de perder a cierto rubio de la vista. Incluso Hermione se vio relajada, lo cual era un milagro ya que los TIMO estaban causando estragos entre todos los de quinto.

Después de la comida, se retomo el paseo por Hogwarts. Hagrid esperaba poder mostrarles al calamar del lago, así como los testrals. Sirius y Remus encontraron eso interesante, Harry por su lado mostró una convincente expresión de emoción. Ron no se mostró muy alegre de seguir entre ellos, pero al parecer, no deseaba perder en contra del rubio. Hermione y Neville iban por si las dudas, ya que Cedric no pudo ir por estar con las clases de los EXTASIS.

Aunque ni bien cruzaron las grandes puertas del castillo, cuando un ruido se hizo escuchar.

—Ejem, ejem—

Los tres invitados de Hogwarts observaron extrañados como Hagrid, Ron, Hermione y Neville apretaban los labios hasta dejarlos blancos.

—Ejem, ejem— insistió el sonido empalagoso, haciendo que Sirius, Remus y Harry observaran a una mujer robusta y muy bajita, con un rostro ancho, parecido al de un gran sapo, con una boca grande y un moño en la cabeza más parecido a una mosca; detrás de ellos, sujetando un fajo de pergaminos color rosa.

—Profesora Umbridge— sonrío Hagrid forzadamente —Que sorpresa ¿No debía estar en clases?—

La mujer sonrió con descaro y miro fijamente a Ron y los suyos —De hecho, ji,ji; me preguntaba lo mismo de los dos prefectos de Griffyndor— explico en ese tono empalagoso sumamente falso y desagradable— Oh, pero hasta su amiguito Longbottom esta aquí. No, no, esto no esta bien — negó infantilmente.

—Tienen permiso del director— intervino Harry de forma tan natural, que Ron lo observo sospechosamente.

—¿Quiénes son ustedes?— dijo Umbridge empalagosamente —¿Amigos de Dubledore?—

Harry le sonrío cortésmente —Eso no importa, porque usted no nos ha visto. A ninguno de nosotros— fijo su vista sobre ella y los ojos de la mujer se nublaron —Usted, de hecho, no recuerda nada fuera de lo normal. Hoy ha sido un buen día, un día agradable—

—Sí... un día... agradable— balbuceo Umbridge.

—Ahora, debe ir a su clase profesora— le dijo con calma el rubio —Recuerde que nada es más importante que dar su clase—

—Sí... mi clase, si, mi.... clase...— y sin más, Umbridge les dio la espalda y se perdió de su vista.

—Y bien— sonrío Harry observando al grupo ante él —¿Qué son esos testral? Quisiera verlos—

—Ah, sí... eh, uh, por aquí...— balbuceo Hagrid torpemente. Sirius y Remus se miraron severamente y no tardaron en reñir al ojiverde por lo que había hecho. Pero ni Ron o Hermione comentaron algo... sólo pudieron ver como Harry los observaba de reojo con desagradable satisfacción.

—Y sin escoba— susurro Harry cuando paso entre el pelirrojo y la castaña, para seguir a Hagrid, mientras Remus y Sirius le seguían riñendo.

—Les van a encantar, bueno, no sé si puedan verlos, o quizás si. Pero creo que soy el único que a podido domesticarlos en ¿Eh? ¿Adónde van?— pregunto Hagrid, observando como Ron y Hermione regresaban al castillo. Naville le sonrío nervioso y se disculpo diciendo que tenían que hacer algo para una materia muy importante.

—Oh, bueno— suspiro Hagrid rascándose la nuca confundido. Remus por su lado miraba reprobatoriamente a Harry, que se sonreía satisfecho.

Más tarde, cuando el fin de las clases se anuncio Hagrid le dijo que vinieran temprano para ver el partido de la final.

Remus, Sirius y Harry se despidieron animados y regresaron en carruaje a Hogsmeade. Ahí rentaron un cuarto en las tres escobas. Disfrutaron de un corto recorrido entre las tiendas y probaron la deliciosa cerveza de mantequilla.

La habitación tenía dos camas, las cuales terminaron juntas para darle espacio a los tres. Remus y Sirius trataron en vano de decirle a Harry que bajara sus agresiones con Ron y los demás... aunque de alguna forma misteriosa, terminaron teniendo una guerra de almohadas. Y el vencedor fue Sirius, quien se irguió como emperador envuelto en sabanas.

Al día siguiente, se despertaron muy temprano para disfrutar de un gran desayuno antes de ir al juego de Gryffindor contra Slytherin. Para cuando llegaron, Sirius y Remus pasaron a saludar a varios de los profesores. McGonagall estaba entre ellos junto a Sprout y Flitwick entre ellos. Algunos se mostraron emocionados al ver a Harry, quien para gusto del profesor de encantamientos, se despejó la frente para dejarlo ver su cicatriz.

Rápidamente se formo el grupo de adultos: Sirius, Remus, Hagrid, McGonagall, Sprout y Flitwick; que se reunieron para disfrutar del partido de esa mañana. Harry los seguía de cerca, contemplando su alrededor con interés. Vio a varios rostros conocidos... aunque no recordaba sus nombres.

Súbitamente el grupo se vio rodeado por una gran masa de estudiantes que iban hacia el estadio y fue cuando Harry sintió que alguien lo jalaba hacía atrás.

Tropezó un poco hasta que salió de la estampida de estudiantes. Fue cuando observo un enorme sombrero en forma de león, que colgaba vacilante de una cabellera rubia alborotada.

—Necesito hablar contigo— dijo la inconfundible voz soñadora de los recuerdos de Harry. Luna Lovegood seguía tal y como la recordaba... interesada en todo menos en las personas frente a ella. Y lo comprobaba el hecho de que estaba observando una nube en el cielo muy relajada, a pesar de estarlo asiendo hacia unos árboles con bastante fuerza. Algo raro para ella que se veía tan delicada.

—Aquí esta bien— suspiró Luna observando un gran roble, a unos 20 metros del estadio, donde varios grupos de personas se apiñaban para alcanzar buenos lugares.

—Eso espero— le respondió Harry, alisándose la camisa blanca y los pantalones negros de rayas grises.

Luna se inclino y observo una oruga subiendo por el tronco del roble frente a ella —No le agradas a Hermione. A gritado a todos que eres una persona muy grosera — Harry dudo que Hermione siendo como es, hubiese usado esa palabra, se le ocurrían un buen par muy anti-sonantes — Y después de lo que ha corroborado Neville, quería saber porque—

Era increíble para Harry, como Luna esperaba una respuesta clara y directa, mientras se dedicaba a ver el trayecto de una oruga en un tronco.

—No los ataco por gusto— suspiro Harry, no viendo alguna razón para no contestar —Es simplemente porque en su corazón, yo soy el villano— dirigió su vista al estadio —Tratar de convencerlos de lo contrarío sería una perdida de tiempo...— hizo una pausa, mientras guardaba sus manos en los bolsillos del pantalón —Y ya no dispongo de mucho—

—Te importan mucho—

Harry se giro y vio como ahora Luna tenía el gusano en un dedo y lo miraba embelesada —No me son indiferentes— sonrío ligeramente —Creo que nos hubiésemos llevado muy bien—

Por un momento, un viento ligero cruzó entre ellos. Harry sintió como su cabello bailaba placidamente sobre su frente —Aunque Voldemort caiga, aun habrá muchas cosas que hacer. Sus mortifagos estarán sueltos y puede que haya más victimas conforme el tiempo avance... sé que ellos harán un buen trabajo. Cada día se vuelven más fuertes...— Harry jugo un poco con sus pies —Confió en ellos, se que lo harán bien. Pero si se los pongo fácil terminaran siendo muy confiados, deben saber que todo puede ponerse muy difícil... tienen que entender que siempre hay alguien más arriba de ellos y que por lo mismo no deben confiarse...—

La brisa volvió a soplar, un poco más fuerte y fresca —Mira el día de hoy...— sonrío Harry, disfrutando la sensación —Esta no es la mañana de un mundo en guerra... no lo parece— dijo más para él.

Harry se froto la nuca —Si... no lo parece...— susurro, apenas sonriendo.

El joven rubio se desperezo alzando sus brazos —Ah, este es uno de mis mejores días— cruzo los brazos tras la nuca y miro el cielo —Es un buen día, si— el viento volvió a soplar entre ellos —Cuando ya no este aquí, te encargo que les digas esto...— se giro a verla, y para sorpresa de Harry, Luna estaba erguida y lo observaba atentamente —Diles, que confió en ellos, en todos los miembros del ED. Diles que confió en que harán lo mejor para ambos mundos— sonrío ampliamente —Te lo encargo mucho Luna—

Y Luna se vio un poco más sorprendida de lo usual.

Harry se giro al estadio —Debemos irnos— sonrío animado, y tomando sorpresivamente a Luna por la cintura, desapareció en un PUF escarlata, para reaparecer en la base de la grada de Gryffindor.

—Perdona que lo haya hecho así— le sonrío Harry —Pero el partido va a comenzar, vamos— la invito y subió por las escaleras. Para agrado del rubio, la chica le seguía de cerca.

Harry encontró a Sirius y Remus en la parte alta de las gradas, al lado de Hermione, Neville y un Cedric muy molesto de verlo. Los últimos tres no dijeron anda al verlo, pero se mostraron sorprendido de verlo llegar junto a Luna.

—Perdón, es que me perdí y ella me ayudó a encontrar el camino— sonrío el rubio a los adultos —¿Verdad?—

Luna lo miro y asintió.

El partido dio inicio. Las gradas rugían cada vez que alguien anotaba y los abucheos no se hacían esperar de parte de Slytherin.

Harry había olvidado esa sensación de vitalidad que lo invadía en ese momento, mientras le daba animo a Ron, ante la cara atónita de los tres amigos del pelirrojo una fila abajo. Luna hizo sonar su estridente sombrero de león muy seguido y Sirius y Remus no dejaban de apoyar a su casa mather. Incluso la profesora McGonagall se irguio fuiosa soltando majaderías en contra de una falta para Ginny Weasley, que hacía de cazadora.

Harry deseo internamente, sonriendo radiante a Luna que lo observaba, que ese momento se detuviera un poco más... a pesar de que sabía que ya no tenía más tiempo.

Al final del partido, Gryffindor se alzo ganador. La enorme ovación que recibió el equipo de quiditch rugió estruendosamente en el estadio. Hermione incluso saltaba sobre su asiento con los brazos extendidos en señal de victoria y para deleite de muchos, Luna hizo rugir su sombrero un par de veces más, mientras los aplausos no cesaban.

Poco a poco las gradas fueron despejándose, los rezagados charlaban animados sobre la nueva victoria de Gryffindor entre risas. Los de Slytherin tenía expresiones horribles... aunque no tan terribles como la del profesor Snape, que había hecho acto de presencia ese día; para sorpresa de todos incluidos los de su casa.

Cuando el grupo de Harry se disponía a retirarse al igual que los demás, al ver más espacio libre para moverse, el rubio sintió que por segunda ocasión alguien lo jalaba del cuello de la camisa. Apenas se giro vio a Hermione haciéndole un gesto con el dedo para que no dijera nada.

Pronto fueron rebasados por Cedric, Neville, Luna, Sirius, Remus y el resto de los profesores.

Cuando todos estuvieron lo suficientemente lejos como para no escucharlos, Harry miro a Hermione —¿Quieres hablar de tu novio?— sonrío abiertamente.

La castaña lo fulmino —Ron no es mi novio— remarco. Harry guardo la manos en los bolsillos de su pantalón —Ya, pero no me estas seduciendo, así que deduzco que me vas a hablar de tu Rony— sonrío burlón.

Hermione puso una cara de indignación tal, que no hubiera sido raro verle sacar chispas por las aletas de la nariz.

Harry soltó una risa tenue pero descaradamente burlona —Lo siento Granger— dijo entre risas —Pero al verte tan tiesa, no pude evitar tomarte el pelo—

Ella se puso roja de furia —Eres despreciable— le siseo fríamente.

Harry dejo de reír y la miro con calma —Perdón, lo siento. Pero déjame decirte algo en serio Granger— estiro su mano y le acaricio el cabello. Hermione se paralizo del shock. Harry tomo un mechón de su cabello y lo acerco a sus labios para besarlo —No te enamores de mí Granger— le susurro quedamente para que sólo ella escuchara —Yo ya duermo con los peces—

Hermione sentía como la sangre le subía y sus mejillas le ardían con tremenda intensidad. Estaba segura que esta sonrojada de forma violenta... pero no podía evitarlo. Harry le estaba dando una de las sonrisas más hermosas que había visto nunca. Era... resplandeciente.

El ojiverde soltó suavemente el mechón castaño y se retiro sin decir más. Hermione se quedo ahí sin moverse, observando la espalda en camisa blanca que se perdía por las escaleras... había olvidado decirle algo... aunque ya no importaba. No estaba segura de poder verle a la cara de nuevo.

Cuando Harry salió de las escaleras, se sorprendió de ver a Remus, Sirius, Ron, Cedric, Neville, Ginny y Luna esperándolo. El pelirrojo se lanzo sobre él de inmediato.

—¿Dónde esta Hermione?— demando.

El rubio le sonrío abiertamente —Oye, excelente vuelo Weasley. Después de todo tienes talento. Debemos volar juntos, sería divertido— y dicho eso le dio una palmada y fue a reunirse con Remus y su padrino.

—¿Qué hacemos aquí? Vamos a comer algo— sugirió el rubio a los dos adultos.

Remus le vio con sospecha, pero sonrío al fin —Primero vamos a despedirnos de los demás. Después iremos a las tres escobas para comer algo—

—¿Estas bien?— pregunto Sirius en voz baja, al ver un poco de sudor en la frente de su ahijado.

—Sí, no es nada, solo me canse por bajar las escaleras— explico el rubio restándole importancia. Remus y Sirius intercambiaron miradas de preocupación, se olvidaron de los demás jóvenes y tomaron Harry para despedirse de los demás cuanto antes.

El rubio se giro un poco más adelante y observo como Hermione estaba rodeada de los demás. Tuvo la sensación de que la próxima vez que viera a todos ellos, a esas personas tan importantes para él... sería la última.

Retomo su mirada al frente, con Remus y Sirius apresurando la marcha. Harry se lamentaba por ellos... porque ellos no sabían, o no alcanzaban a comprender, lo feliz que era en esos momentos.

Ambos adultos dieron un respingo de sorpresa cuando sin aviso, Harry los tomo de la mano.

—Estoy muy feliz de haber venido— sonrío Harry entre ellos, tomándolos suavemente de las manos —Gracias por traerme—

Sirius apretó la mano de su ahijado con fuerza —Y volveremos. Vendremos juntos y montaremos en las escobas. Te enseñare un par de movimientos, te haré surcar más allá de la torre más alta. Nos vamos a divertir en grande— sonrío.

—Si, y la próxima vez vendremos con un permiso para que entres a las clases. Ya viste como te aplaudieron esos chicos de primero. Vas a ser muy popular, es más, podrías empezar a dar clases aquí en Hogwarts ¡Serías el profesor más joven en la historia del colegio!— Harry se río de la idea.

—Oye, eso no suena mal— dijo Sirius animado —Sólo no olvides darle puntos a Gryffindor— añadió guiñándole un ojo.

Los tres rieron y alcanzaron a los profesores más adelante, que seguían comentando el partido.

Harry deseaba que esos nuevos recuerdos permanecieran en su mente y su corazón, para darle fuerza y poder soportar el sombrío futuro que se acerca y cernía sobre él nada más que el miedo e incertidumbre.

Continuara…………………

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Ok! Dos más y terminamos chicos!! Este fic ya esta terminado, por eso estoy subiendo un capi por día. Me imagino que les sorprendió mi gran puntualidad. No los culpo….. XD

Gracias por los hermosos mensajes gente bella!!!