Summary: Harry Potter ha vencido la muerte y a retomado su vida otra vez... acaso ¿condenado a repetirla de nuevo?
Disclaimer: Copyright © J.K. Rowling. 1997.
Notas autor: Hoy no hay mucho que decir.
Harry Dursley
el cáliz de fuego y la orden del fénix
Diez años después
Harry despidió a su último paciente y cerró la caja del día. Berta su enfermera asistente, una mujer robusta de amplia experiencia se despidió para ir con su esposo que aguardaba en la puerta como todos los días a las 9.
—¿Seguro que no viene a cenar doctor? A Dave le encantaría, usted le agrada — sonrío Berta, cerrando el chal sobre sus hombros.
Harry negó, haciendo que su rubio cabello lacio bailará con elegancia sobre su frente, donde una delgada línea en forma de rayo apenas se asomaba.
—No, Berta. Hoy tengo un compromiso, será para la próxima vez— la mujer negó sonriendo y le planto el usual beso en la mejilla —Espero que sea con una chica doctor ¡Necesita una vida!—
Harry rió divertido y la escolto hasta el auto. Le cerro la puerta y despidió al matrimonio que iba a festejar el cumpleaños de un amigo. Se giro al consultorio que dirigía. El letrero de Dr. Harry Dursley Medico General colgaba en una placa a la entrada del edificio de dos pisos. Entro cerrando la puerta tras él y quitándose la bata blanca que pensaba poner a lavar.
Harry se había vuelto un doctor muy popular desde que se había recibido de la facultad de medicina. Las personas aseguraban que podía hacer magia. Inclusos sus compañeros de la facultad lo buscaban a menudo para saber su opinión.
Pero el doctor Dursley no pensaba eso. De hecho, él creía que no era tan mágico en lo absoluto. No, en realidad, todo había sido suerte en su vida. En ambas hasta el momento.
Cuándo ese día, en que Voldemort fue derrotado y su cuerpo desapareció causando su muerte... la suerte estuvo de su lado ¿Qué otra cosa sería sino? Una probabilidad de uno en trillones.
Sucedió lo mismo que la última vez que había muerto. Regreso. La primera vez Voldemort lo había atravesado con un avbada. Y había regresado... pero en esa ocasión su cuerpo estaba entero y no habían pasado ni 3 minutos después de muerto...
Pero... esa vez... cuando todo su cuerpo fue desvanecido por completo... fue el horrocrux quien murió, otra vez. La parte de Voldemort desapareció de él y Harry despertó en medio de la nada en un bosque cerca de las afueras de Londres.
No hubo esa charla con Dumbledore en el anden nueve y tres cuartos, sólo un despertar común y corriente como el de cualquier mañana. Salvo que despertó desnudo y escandalizo a una granjera que pasaba con su nieta.
Después de eso, fueron dos años de pesadilla. Por que debido a lo que pensó era la broma cósmica más desagradable del planeta... había perdido su magia por completo. Tuvo que trabajar por dos años para mantenerse a flote por sí mismo. Sin magia.
Al menos aun tenía todavía un poco de sus ahorros muggles en el banco central junto a su papelería civil dentro de una bóveda de renta en el mismo. Eso aliviano su carga.
Pero aun así, empezar de cero no fue agradable. Termino la secundaría y la preparatoria en la escuela para adultos. Entro a la facultad de medicina y la había terminado exitosamente hacía seis meses y medio. Ahora disfrutaba de unas pequeñas vacaciones antes de retomar sus estudios para especializarse en neurocirugía.
Nunca más pudo ver a su familia de nuevo. No valía la pena intentarlo. Ellos no lo recordaban y no volverían a hacer... quizás era lo mejor así.
Tampoco pudo contactar jamás a nadie del mundo mágico. Al ser ahora un muggle común ya no era inmune a los hechizos anti-muggles que estaban presentes en todos los lugares mágicos. No podía ver el Caldero Chorreante porque apenas se acercaba al lugar su mente se ponía en blanco y tomaba otro rumbo. Tampoco pudo acercarse a Grimmaul Place ya que pasaba lo mismo... quedo aislado de todos.
Se quedo sólo...... otra vez......
Pero Harry ya había dejado de preocuparse por eso. Hace mucho que acepto todo lo que tuviera que venir. Su única meta hasta el momento era poder terminar su especialidad y seguir con su clínica, la cual dejaría a cargo de su compañero el doctor Víctor Walls. El doctor Walls ya se había retirado de los hospitales hacia mucho, pero era excelente en lo que hacía. Harry no podía pensar en alguien mejor para cuidar a sus pacientes cuando tuviera que regresar a la facultad.
Harry suspiro y miro su reflejo en el espejo del recibidor. Su cabello ya no estaba hasta los hombros como antes. Ahora lo llevaba más corto, dándole un aire más varonil y menos delicado.
Pero la cicatriz aun estaba ahí, brillando mágicamente como de costumbre. Los niños adoraban que se las mostrara y aceptaban gustosos sus historia acerca de ella.
Doctor ¿Cómo se la hizo? ¿Se golpeo con la puerta? Recordó una vez que uno de los pequeños le había preguntado. Él había sonreído y mostrándosela le respondió No, en realidad, me la gane un día, cuando tuve que derrotar a uno de los peores magos oscuros de la historia. Su nombre era Voldemort y tenía aterrorizados a todos los magos del mundo, incluyendo a mis amigos.
¿Y gano? Pregunto el pequeño emocionado.
Sí, podrías decir que sí.
¿Y todos vivieron felices por siempre?
Eso espero...
Harry apago las luces de la planta baja y pensó que sería agradable salir a comer algo, sólo para romper la rutina. Subió al segundo piso y se cambio de ropa. Salió al fresco de la noche y doblo la esquina para detenerse de golpe y girarse con brusquedad. Tomo a la persona que le seguía del cuello y lo estampo contra el muro, colocando su antebrazo en la garganta para sofocarlo.
—Me has estado siguiendo por casi una semana y honestamente ya me canse— le siseo fríamente —Quizás ya lo sabes, pero como doctor que soy puedo asegurarme de romperte la mandíbula de un movimiento y por favor quítate esa capucha de la— Harry se calló de golpe. Acaba de observar algo extraño. No. Algo familiar. La persona encapuchada... estaba usando una túnica completa de color azul oscuro hecha en ceda.
—Eres un mago— indico serio, mirando con sospecha a la persona que lo había estado siguiendo por casi tres días. En realidad, ahora que podía verlo de cerca... la figura era más baja que él. Era una mujer.
Se sintió avergonzado de golpe —Oh, rayos. Lo siento, no fue mi intención atacarte de esa forma. No sabía que eras una chica—
—E-esta bien *cof, cof* sé que no me *cof* esperabas— gimió la figura, que por su voz era una mujer joven. Ella se retiró la capucha de la cabeza, y dejo al descubierto un lacio cabello pelirrojo. Varias pecas se arremolinaban en su rostro, resaltando sus ojos azules.
Harry le miro sin expresión. Congelado un segundo por la sorpresa, pero logrando recuperar su compostura hablo lo mejor que pudo —Ginny Weasley—
La chica se sonrojo de golpe y abrió sus ojos como dos platos. Al parecer estaba muy sorprendida pero de inmediato su expresión cambio y sus labios se curvaron en una sonrisa mientras lágrimas salían de sus ojos.
—¡En verdad eres tú!— grito abrazándolo sin pensar —¡Eres tú! ¡Eres Harry, estas vivo! ¡No sólo fueron alucinaciones de Hermione!— hablaba y lloraba al mismo tiempo, sin poder contener todos sus sentimientos —¿Po-por que no regresaste con nosotros? ¡Te creíamos muerto!— le recrimino secando sus lagrimas con prisa —¡Debemos decirles a todos! ¡A todos! ¡Sirius a estado tan triste! ¡Y Remus! ¡Debemos decirle a Remus y Thonks, debes conocer a su hijo, es hermoso y lleva tu nombre! Oh, Dios — gimió dolida —Estas vivo, vivo, pe-pensé que Hermione estaba alucinando, pensé que sólo eras alguien que se le parecía, yo, yo, oh, Dios...... Luna se va a poner tan contenta, ella estaba segura de que Hermione no mentía cuando te vio hace cuatro días cuando fue a visitar a sus padres y dijo que te vio pasar. Le-le insistí en que era mentira, po-por eso insistí en que no le dijera a nadie hasta que yo pudiera estar segura, por eso te estuve siguiendo, yo, yo, Oh Dios— se cubrió el rostro y empezó a llorar de forma más estruendosa.
Harry por su lado trataba de comprender todo lo que había escuchado. Al parecer Hermione había visitado a sus padres esa semana y lo había visto por la calle, quizás lo siguió y vio el consultorio. Pudo preguntar a Sirius por el apellido de los Dursley y atar cabos. De hecho, Berta había mencionado que unos dentistas abrieron un consultorio la semana pasada... que cosas.
Por otro lado... volvería a ver a todos. Ese sólo pensamiento hacía que su corazón vibrara con fuerzas renovadas.
Trato de calmar a Ginny y regresaron a su casa /consultorio. Ahí le ofreció una cena casera mientras le explicaba todo lo que había pasado. La chica volvió a llorar estruendosamente cuando le comento como al estar sin magia se había quedado aislado de todos.
—¡No es justo! ¡Tú nos salvaste y te quedaste sin nada! ¡No lo acepto!— lloraba desconsolada.
Harry le palmeo con cariño la espalda —Pero no a estado tan mal. Estoy vivo y ahora que estas aquí, podré reunirme con todos ustedes—
La chica asintió, y con sus ojos llenos de lágrimas volvió a abrazarlo desconsolada —¡Sí, vamos a regresar a casa y verás a todo! ¡Waaa- a todos- waaajaaaa! ¡Pero no es justo, tantos años no puede ser! ¡Wuaaaaaaaaaa!—
Harry descubrió el gran parentesco de Ginny y su madre.
Al final Ginny termino quedándose dormida en sus brazos. Harry la cargo y la dejo en la cama de huéspedes. Le quito las zapatillas y le cubrió con la colcha y encendió el minisplit para que no pasara por los calores del verano.
Antes de cerrar la puerta, un suave pensamiento le recordó porque se había casado con ella la primera vez. Negó sintiéndose tonto y se fue a dormir.
Ginny se despertó al siguiente día entre las mantas, confortablemente calientita. Sentía que hacía mucho fresco y por lo mismo no deseaba salir de la cama. Tardo cinco segundos en recordad donde estaba y porque.
Se levanto de un golpe y noto sorprendida que la habitación estaba entre fresca y helada. La tentación de volver a la cama fue mayor. Hasta que vio en la silla cerca de la mesa de noche una camisa y unos vaqueros azules. Se levanto y descubrió una nota de Harry:
Buenos días dormilona
Te dejo esta ropa. Recuerda que no pueden verte con la túnica.
Te deje el desayuno listo en al estufa porque no creo que sepas usar el microondas. La clínica va a estar algo llena el día de hoy, pero puedes bajar o esperarme arriba. Como gustes. Pero si te ve la señora Berta, por favor dile que no eres mi relación de una noche.
Harry
—¿Relación de una noche?— gimió Ginny colorada y ofendida. Empezaba a recordar por que a su hermano no le agradaba Harry en lo más mínimo.
Se vistió y salió a la cocina que compartía lugar con el comedor y recibidor. Era como un departamento completo, pero con más espacio. Fue directo a la estufa y descubrió un plato de hot-cakes... y una nota que rezaba Este es el microondas, por si tenías dudas sobre una caja extraña de color blanco. Ginny empezaba a sentir que lo odiaba ¿Quién se creía tratándola como una bebé? Ella era una auror hecha y derecha, no una tonta colegiala de primero ignorante del mundo muggle. Ella leía las revistas que su padre traía a casa desde niña... aunque no sabía lo que era esa caja blanca... quizás porque las revistas eran fechadas del noventa para a tras.
Devoró lobs hot-cakes y bajo dispuesta a poner a ese rubio en su lugar... y arrastrarlo a casa para que todos supieran que estaba bien. De repente ya no sentía tanta consideración hacia él.
Pero apenas lo hizo, vio el vestíbulo lleno de gente. Algunos eran orientales y cargaban cajas con gallinas y comida horneada. Algunos estaban con sus hijos e hijas, que jugaban en una habitación contigua sin puerta, donde se apreciaban varios juegos infantiles de todos los colores.
—¡Berta!— grito un hombre mayor en bata blanca saliendo del consultorio que estaba a la izquierda de Ginny —¡Necesito que me ayudes con este paciente! ¡Deja a Harry en paz, no va a salir con tu sobrina! En cambio si me preguntas a mí...— añadió asomándose al consultorio a la derecha de Ginny.
—¡En tus sueños Viktor!— bramó furiosa una voz de mujer mayor —Ahora regreso Harry, voy a ver que quiere este hombre bueno para nada ¡Pero piensa lo que te dije de Rebeca!—
El hombre llamado Víctor regresó a su consultorio y la mujer le cerro la marcha, hasta que paso de largo a Ginny y se volvió con fuerza, mirándola sorprendida.
—¿Quién eres tú?— soltó observando como la pelirroja obviamente venía del segundo piso porque estaba en el umbral con la puerta abierta.
—Ah, yo, yo— Ginny se sonrojo violentamente.
—Es una amiga de la infancia— intervino una voz agradable, que hizo que los pacientes se girarán a verlo sonriendo —Ella es Ginny Weasley, Ginny, ella es Berta, nuestra enfermera y casamentera— añadió guiñándole un ojo a los pacientes que rieron divertidos.
—Que gracioso— dijo Berta moleta, pero sonrío abiertamente —Así que durmió aquí ¿Eh?— remarco en tono divertido y señalo la ropa de Ginny. La pelirroja se puso más colorada.
Harry le dio a Berta una mirada de aburrimiento —Ya te dije que es una amiga de la infancia. Conozco a sus hermanos y a sus padres, sabes bien que no soy de la clase que anda de mujer en mujer—
—Cierto, es gay—
—Doctor Víktor, guárdese sus opiniones— gruñó el rubio al nombrado, que se asomaba desde su consultorio con una expresión divertida.
—Pues a veces me das a pensar otra cosa chico. Eres joven y desperdicias tu juventud aquí— suspiró el doctor.
—Veo que diferimos bastante en lo que consiste la juventud— respondió Harry con calma —Y le recuerdo que tenemos pacientes, así que a trabajar ¿Vienes conmigo Ginny?— sonrío a la chica que le siguió de inmediato.
Berta y el doctor Víctor intercambiaron miradas de complicidad. De hecho, varios de los pacientes también.
Cuando Ginny entro al consultorio observo que una señora oriental estaba ahí con su hija de unos cinco años.
—Ella es la señora Ming y su hija Weng— le explico Harry —Weng a estado muy enferma. Tiene principios de asma y se va a complicar sino recibe atención propia— le miro con algo de pesar —Son vietnamitas. En este vecindario hay muchos emigrantes. Muchos no hablan bien el ingles y como habrás visto por las gallinas y la comida, no gozan de buen ingreso. Muchos como ellos viven de sus propios locales en el barrio chino que esta más adelante. Aquí tratamos de hacer lo mejor posible por ayudarlos—
—Ah— se limito Ginny no entendiendo muy bien. En el mundo mágico, San Mungo es el único lugar a donde todos van a revisarse sin excepción.
—Somos una clínica social— explico Harry tomando su estetoscopio para escuchar los pulmones de Weng —Ayudamos a los que menos tiene—
—¡Ah, ya!— sonrío Ginny dándose por fin enterada. Y observo como Harry se dedicaba a atender a Weng.
Durante todas las consultas, Ginny estuvo ocupada ayudando a Berta a con algunas cosas; como pasar lista a los pacientes y anotando a los que iban llegando. Le toco cuidar a dos niños cuando de repente no hubo nadie y los padres de ambos estaban en consulta.
Ginny miraba muy seguido a Harry. Lo observaba saludando a los pacientes, dándole dulces a los niños, pidiendo que por favor ya no le trajeran más gallinas y asistiendo al doctor Víctor o viceversa cuando llegaba un paciente con síntomas extraños. No podía evitar sonrojarse violentamente cuando Berta la descubría y sonreía de forma cómplice.
A la mitad de la tarde hubo un descanso. Harry preparo una comida sustanciosa no sólo para Berta, el doctor Víctor y ella, sino para los pacientes que aun esperaban su turno. Todos tomaron asiento en el comedor del primer piso que estaba al fondo.
—Lamento si estas aburrida— Ginny se giro al rubio que le sonreía con pena —Esto no es San Mungo y seguro nuestros métodos te parecen obsoletos—
Ginny, que tenía una albóndiga en la boca negó fervientemente, trago y le respondió colorada —¡Pa-para nada! ¡Estoy muy contenta de poder ayudar!—
—Le gustas a Ginny— intervino la voz melosa de Berta que servia unas albóndigas a uno de los pacientes. La pelirroja se puso como tomate —¡NO ES VERDAD!— grito cubriéndose la cara avergonzada.
—Berta— le riño ceñudo el rubio —Ginny nos esta ayudando, por favor, no la avergüences—
La nombrada hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto y tarareo algo de Harry y Ginny sentados en un árbol, dándose un be, e, ese, ooo. Su jefe la fulmino y la chica no supo donde esconderse.
Y las indirectas de Berta estuvieron todo el día. Hasta le pregunto a Harry cuando se casaban y a Ginny cuantos hijos deseaba tener. Después de esa pregunta Harry le pregunto como le sentarían unas vacaciones forzadas. Berta se fue tarareando la misma melodía de la comida, sólo que un poco modificada Harry y Ginny sentados bajo un árbol haciendo be, e, be, e, ese con muchos be, e, ese, o, ese. El rubio terminó por prohibirle acercarse a su consultorio.
Y al final del día, Harry nunca estuvo más deseoso de que el esposo de Berta se la llevara. Y así fue, no sin antes que ella le gritara a Ginny ¡A por él nena!.
Al menos el doctor Víctor se fue de forma discreta... después de pasarle un condón con descaro enfrente de la pelirroja. Harry amenazo con despedirlo.
—Voy a poner un letrero afuera de se solicita medico practicante y enfermera— murmuro Harry cerrando la puerta de la entrada.
—No, esta bien. Sé que todo era broma y que lo hicieron porque están preocupados por ti— lo animo Ginny aun sonrojada. Harry hizo un gesto de incredulidad total.
—Que vá. Solo desean divertirse a mis costillas— le aseguro y empezó a apagar la luz de todo el primer piso —Tengo una chimenea en el segundo piso. Si tienes polvos flu puedes ir a tu casa y yo esperare aquí—
—¿Eh?—
Harry miro a Ginny, que mostraba una cara de sorpresa total —Si, ya sabes. Tú vas a casa y le dices a los demás lo que a pasado y todos vienen aquí. Si llego a la madriguera así nada más contigo seguro alguno se muere del susto. Recuerda que creen que estoy muerto—
—Ah... sí, verdad— masculló Ginny, visiblemente decepcionada.
Harry le miro extrañado —¿Por qué esa cara? ¿Estas bien?— y le toco la frente, haciendo que la chica se sonrojara de golpe y retrocediera de un salto —Oh, ¿Te lastime? Mm, déjame revisarte— y saco su estetoscopio —Di aaah— y sin más se lo coloco en el pecho. Ginny se paralizo.
—Mm. Tu pulso esta muy acelerado. Creo que te hice mal al ponerte a hacer todas esas tareas muggles sin que estuvieras acostumbrada. Te recetaría algo, pero sólo puedo recomendarte que vayas a San Mungo— dijo en tono practico y saco una paleta roja de su bolsillo. Ella lo vio extrañada.
—Te la has ganado por ser buena niña— sonrío el rubio.
El rostro de Ginny mostraba perfectamente lo ofendida que se sentía —¡Guárdate tú estúpido dulce! ¡Yo me largo!— y desapareció ahí mismo.
—No a cambiado nada— rió el ojiverde abriendo la paleta —Es tan fácil de provocar como de costumbre. Tan infantil como Ron, sin duda son Weasley— lo medito un poco y se metió el dulce —Y del coraje se le olvidará decirle a los demás que estoy vivo. Estoy seguro—
Y su percepción fue completamente acertada, ya que al día siguiente, apenas el reloj marco las seis de la mañana, tocaron educadamente a su puerta. Sonrío abiertamente al ver que eran Hermione, mirándolo sorprendida, Ginny toda colorada y cabizbaja; y Luna, mirando a otro lugar menos a él.
—¡Granger!— la saludo Harry abiertamente y le abrazo con cariño. Ella le correspondió sollozando agradecida y le miro con grandes lagrimas —¡Estás vivo!—
Harry le miro con cariño —Sí— le miro fijo unos segundos —Estas hinchada. Embarazada ¿eh?—
Y ella le soltó una bofetada bien dada.
—¡No has cambiado nada so bruto!— y lo empujo con fuerza para entrar sin permiso. Esa definitivamente era Hermione Granger.
—Um, hola— saludo Ginny siguiendo a su amiga sin mirarlo.
—Adelante— murmuro Harry con la mejilla hinchada y palpitando. Nota mental: no hacer enojar a una mujer embarazada. Y menos aun si esa mujer es Hermione Granger.
—Galletas— suspiró Luna de forma soñadora, poniéndole en las narices una cesta de membrillo cubierta por un pañuelo azul con estrellas.
—Gracias por molestarte. Pasa— agradeció Harry sonriendo apenas. Le dolía terriblemente hacerlo.
—Oh, así que esta es tú clínica— exclamo Hermione observando los consultorios y una pequeña habitación donde había varios juguetes para los niños —Es bonita—
—Gracias— sonrío Harry.
—Aunque me sorprende que seas doctor, con lo desagradable que eres pensé que trabajarías para el gobierno. Siempre se te dio manipular a los demás con descaro— remarco fríamente.
—Veo que tú encanto no a menguado— sonrío Harry abriendo la puerta de las escaleras que daba al segundo piso —Pasen por favor, hoy es sábado y abrimos hasta las diez—
Hermione encabezo la marcha como era de esperarse. Al llegar arriba la castaña miro sorprendida el departamento, era agradable. Ginny entro tras ella y dejo su capa de viaje en el perchero. Luna la imito y tomo asiento en el comedor que compartía lugar con la sala y la cocina.
Harry dejo las galletas en la mesa del comedor y fue a preparar té dulce.
—Tú casa es bonita— escucho comentar a Hermione —¿Pero porque no tienes fotos?—
—No son necesarias— contesto el rubio poniendo el agua en la estufa —Mi familia no me recuerda. Mis amigos me pensaban muerto y estaba aislado de todos ellos. Los únicos recuerdos estaban bien siendo sólo recuerdos—
Se hizo un silencio pesado mientas Harry sacaba las tazas junto con el azúcar. Coloco todo en la bandeja y saco del fuego la tetera.
—Quiero té de menta— se escucho.
—¡Luna!— chillo Hermione, que por su tono, estaba seguramente muy avergonzada de su comentario anterior.
—¿Esta bien té de menta para todas?— pregunto Harry en voz alta.
—Si, gracias— contesto Ginny. Su tono fue nervioso.
El rubio regreso al comedor con la bajilla lista con cuatro tazas grandes humeantes. Vio divertido como Hermione y Ginny estaban muy coloradas y con la vista clavada en la mesa. Luna por su lado estaba observando la ventana, donde una mariposa volaba.
—¿Y donde están los demás?— pregunto Harry tomando asiento —¿Vendrán más tarde?— sonrío repartiendo las tazas humeantes. Ginny se encogió en su lugar.
—Aun no les avisamos. Tenía que, uh, confirmar que eras tú— contesto Hermione.
—Ginny apenas te dijo esta madrugada ¿Eh? ¿Qué hizo? ¿Mandarte una lechuza apenas se levanto?— sonrío Harry, divertido de la expresión atónita de la castaña y la pelirroja —Si, me lo suponía. Ayer salió hecha una cabra por una tontería. Supuse que como Rony, no pensaría en nada más hasta enfriarse—
—¡YO NO SOY ASÍ!—
—¡RON NO ES ASÍ!—
—Quiero más té— intervino Luna. Las chicas le miraron incrédulas mientras Harry le llenaba la taza de nuevo —¿Te gustaron mis galletas?— le preguntó ella bebiendo a sorbos.
—Están deliciosas— le sonrío él, tomando cuatro galletas de la cesta. Era las clásicas con chispas de chocolate —Las has hecho sin magia—
Luna asintió con una ligera sonrisa.
—Sí... tienen ese cálido toque— la miro sonriendo y ella le sostuvo la mirada ligeramente sonrojada.
—Estábamos preocupadas por que Ginny no regreso ayer— la voz de Luna era suave y agradable de escuchar —Pero hoy en la madrugada nos escribió diciendo que debía decirnos algo, que nos veríamos en la tarde. Pero no pudimos esperar, deseábamos verte—
—¡YO NO DESEABA VERLO!— gritaron Ginny y Hermione casi histéricas.
—Por eso fuimos de inmediato a la madriguera— continuo Luna como si nada hubiera pasado —Y cuando nos dijo que de verdad era tú, vinimos de inmediato... más té— añadió extendiendo su taza.
—Claro— Harry le sirvió más y sorbió de su propia taza. Se hizo una pausa agradable entre ellos hasta que el rubio volvió a hablar con ese tono tan agradable que empezaba a caracterizarlo —¿Y en que trabajas ahora Luna?—
—Soy Zoóloga. Me dedico a clasificar todas las especias mágicas—
—Oh, suena fascinante— sonrió el rubio —Por favor cuéntame de eso. Cuando yo aun tenía magia sólo me dedique a los hechizos y pociones, no me informe de las criaturas mágicas. Solo conocí los testrals de Hagrid—
De repente la platica se desenvolvió sobre el trabajo de Luna. Hermione intervino varias veces para declarar que todos los animales que ella buscaba eran falsos. Ginny opinaba igual con un gesto de molestia. No había tocado las galletas de su amiga ni por accidente aunque Harry las encontraba deliciosas y no dejaba de alabar a Luna por eso.
Harry no supo cuanto tiempo paso hasta que Berta entró sin avisar y se quedo en el umbral sorprendida.
—Hola Berta— saludo Harry con su taza en alto como brindando a su salud —Ellas son mis amigas. A Ginny Weasley ya la conocías, ella es Hermione Weasley su cuñada y Luna Lovegood una amiga también mutua ¿Quieres unirte a nosotros para el té?—
Berta lo miro sorprendida —Doctor, sus pacientes ya llegaron. La señora Wang trajo a Lee para su chequero de cada mes—
—¡Ah! Es verdad, perdona— sonrío Harry abiertamente y se puso de pie —Tengo que atender a mis pacientes, pueden esperarme aquí si gustan —les dijo a las chicas y miro a la enfermera— Berta, puedes quedarte con ellas, hoy no hay muchos pacientes y el doctor Víctor y yo podemos solos— fue a la puerta y le dijo en voz amable y perfectamente audible —No les digas nada de sus túnicas, Hermione esta embarazada y ya sabes como son las mujeres así en esos meses, se hinchan por todos lados— y no dijo más por que evito a tiempo una zapatilla que iba directo a su cara. Berta se paralizó del susto.
—¡Infeliz lárgate a hacer tu trabajo zángano asqueroso!— bramo Hermione furiosa lista para lanzarle la otra zapatilla —¡Juro que la siguiente te romperá la nariz!—
Harry se río divertido y salió corriendo mientras gritaba —¡Te dije que estaba muy hormonal Berta!—
Hermione se quedo bufando toda colorada del coraje y tenía la otra zapatilla en alto —Bastardo— gruño entre dientes. Pero al captar la mirada de Berta sobre ella se puso más roja de la pena —Pe-perdón— murmuro bajando el calzado —Es que Harry siempre encuentra la forma de hacerme enojar, el muy cretino— siseo lo último para ella.
Pero Berta lejos de molesta estaba sonriendo —¿Cuántos meses tienes?—
Hermione se puso como tomate —Um, cinco meses y medio—
Berta la miro bien —Si, se te nota un poco en el rostro— Hermione la fulmino —No me refiero a lo que el doctor dijo— se corrigió Berta rápidamente al verle la cara —Sino que se ve por tus ojos. Tienen ese brillo especial. Todas las mujeres embarazadas que aman a sus hijos tienen ese brillo tan especial. El doctor Dursley es siempre el primero en notarlo mucho antes de que ellas lo sepan. No sé como lo hace, parece magia a veces—
La castaña le miro sorprendida, recordando que al entrar Harry le había visto fijamente —Pe-pero, él dijo que estaba hinchada—
Berta la miro sorprendida ahora —Eso es raro. El doctor Dursley nunca bromea con nadie, siempre esta todo serio y no hace nada más que trabajar y trabajar todos los días— alzo la vista pensativa y sonrío mirándolas de nuevo —Bueno, no importa mucho. Lo que si sé es que jamás había visto al doctor tan feliz desde que trabajo para él (casi un año) verlo reír a su lado me da la impresión de que ustedes son muy importantes para él—
Hermione y Ginny se sonrojaron llenas de sorpresa... Luna seguía viendo la ventana.
—¿Necesitan algo? Puedo traerles lo que gusten—
—No, no. Estamos bien, no se preocupe por nosotras. Puede regresar a su trabajo— sonrío Hermione.
Berta sonríe y se retira a sus quehaceres.
Hermione se dejo caer en la silla seguida de Ginny —Aun así es un grosero— murmuro la castaña con la mirada clavada en la mesa.
—Lo hizo porque no deseaba verte triste—
Ginny y Hermione se giraron bruscamente a la rubia, que seguía observando la ventana —Él sabía que te pondrías nerviosa y llorarías. Por eso te dijo esas cosas. Para que pudieras ser tú misma. El no desea vernos llorando por él. No desea ser la fuente de más sufrimiento, desea que estemos felices siempre... por eso no debemos llorar o sentir pena por él. Harry sólo desea que lo tratemos como alguien más— Luna se giro y las vio de forma soñadora —Eso es lo que siento cada vez que lo veo. Él esta muy triste—
Harry termino sus consultas hasta las tres de la tarde. Despidió a Berta y al doctor Víctor después de presentarle a este último a las tres chicas.
Cuando por fin toda la clínica estuvo bien cerrada regresaron al segundo piso.
—¿Y qué haremos ahora?— pregunto Harry cerrando la puerta tras él.
Hermione lo miro sonriendo con calma —Creo que ya es hora de regresar a casa con todos Harry— le ofreció su mano —Vamos, todos estarán muy felices—
Harry acepto su mano y se pregunto, si todos sus esfuerzas habían traído la alegría que deseó para todos ellos... la de todos sus seres queridos.
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Bueno, esto e algo que me llego un día y tardo un mes en salir de mi cabeza.
Espero que haya sido de su agrado. Pásenla bien y espero verlos muy pronto de nuevo.
