Summary: Harry Potter ha vencido la muerte y a retomado su vida otra vez... acaso ¿condenado a repetirla de nuevo?
Disclaimer: Copyright © J.K. Rowling. 1997.
Notas autor: Hoy no hay mucho que decir.
Harry Dursley
el cáliz de fuego y la orden del fénix
Diez años después II
Harry se soltó tan sorpresivamente de Hermione que esta se giro a verlo ceñuda —¿Qué?— inquirió demandante.
—Espera— se apresuro el rubio antes de que la castaña (embarazada y por tanto muy hormonal) le sacara todo a golpes, de nuevo —No creo que sea buena idea aparecerme así nada más ¿Qué si mato a Sirius de un susto?—
Hermione lo miro de forma practica —Es verdad— admitió desviando la mirada como si verificara esa información en su mente —Si, cave la posibilidad—
—¿Cave la posibilidad?— repitió Harry incrédulo —Hermione, se supone que estoy muerto desde hace 10 años—
—Oh, si— intervino Luna —Hay una estatua en tú honor en Gringotts, en el Ministerio, en Hogwarts y en Hogsmade. Esa es muy bonita— comento al aire, mirando por la ventana.
—¿Enserio?— sonrío Harry divertido —Seguro que soy popular—
—Algo así— añadió la castaña mirándolo con los ojos entrecerrados —Espero que la fama no se te suba a la cabeza—
—Eso me ofende profundamente— se defendió Harry con una ligera punzada de rencor aun recordándole su vida pasada.
—¿Enserio?— sonrió Hermione casi burlándose —Recuerdo a cierto rubio pedante—
—Entonces todo está bien— sonrió Harry —Porque ese no era yo. Siempre fui muy carismático—
—Estoy empezando a recapacitar sobre esto— comento audiblemente la castaña.
—Que cruel— sonrío el rubio.
—Perversa que soy— le devolvió el gesto ella.
Y la única cabeza pelirroja miraba la escena bastante ceñuda —Vaya, ustedes se llevan bien— soltó Ginny casi sin darse cuenta. Y con un tono lejos de ser… ligero.
Harry la miró sorprendido, pero de inmediato sonrío —Aw, la pequeña Ginny esta defendiendo a la esposa de Rony, muy lindo—
—¡No llames así a Ron!— exclamaron la castaña y la pelirroja al mismo tiempo.
—Vaya— suspiró Harry —Que suerte tiene Rony, tiene a dos lindas chicas para defenderlo— comento sonriendo ampliamente.
—¡Yo a ti te convierto en sapo!— soltó Hermione ya con la varita en mano y dando un paso al frente. Pero Ginny se le puso en el camino preocupada —¡Herm! ¡No le sigas el juego! ¡Recuerda tu condición! ¡Recuerda a mi sobrino!— chilló la pelirroja.
Hermione pareció recapacitar y bajo su varita —Si, disculpa— suspiró.
—¿Sobrino?— inquirió Harry observando a Hermione —¿Con esa pancita caída?—
—¡MALDITA VÍBORA!— estalló la castaña y Harry evadió un relámpago azul que le paso rozando y que hizo estallar un florero.
—¡Hermy, cálmate!— chilló Ginny abrazando por la espalda a la castaña que tenía una mira maniática que nada le pedía a las de Voldemort.
—¡Suéltame Ginny, voy a matarlo! ¡Voy a matarlo!— chilló la castaña tan colorada como la Sra. Weasley en sus peores días.
—O-oye, Hermy, mejor cálmate— indico Harry, preocupándose en serio.
—¡NO ME DIGAS HERMY IMBÉCIL!— y de un movimiento Hermione se soltó de Ginny tan rápido que no se lo espero. Perdió el equilibrio y sólo sintió el vértigo de caer.
—¡NO!— gritó alguien, pero Hermione se quedo en blanco observando el piso cada vez más cerca. Súbitamente un cambio de gravedad la alzó con fuerza y sintió parar en seco al aire. Parpadeo tres veces hasta estar completamente segura de que estaba viendo los ojos verdes de Harry, que le observaban fijamente con una calma poco usual.
—¿Estas bien?— habló el rubio preocupado.
—¿Eh?— gimió la castaña confundida y mirándolo sin saber que decir. El rubio le miró con cariño y le dedico esa sonrisa irresistible que hacía casi una década que Hermione no recordaba.
—No me dejaste terminar— continuo Harry, con tal calma que Hermione por alguna razón sintió su cara arder, mientras veía como el rostro del hombre ante ella se acercaba más y más, hasta sentir su calido aliento —Tu vientre esta bajo, eso, según mi experiencia, significa que va a ser una niña—
—A-ah…— apenas suspiró Hermione entrecortada. Nunca había visto los ojos del rubio tan cerca… tan brillantes…
—Ella es casada ¿Sabes?— intervino una voz. Hermione dio un respingo del susto y se giró alterada a la cara de pocos amigos de Ginny… que estaba justo a su lado.
Fue cuando se dio cuenta de que Harry la estaba cargando en sus brazos. Un terrible golpe de calor en las mejillas la hizo sentirse estúpida —¡SUÉLTAME!— chilló Hermione casi histérica sin proponérselo.
Harry la miró realmente confundido y la deposito con cuidado sobre sus pies… y Hermione lo empujo con fuerza y se aparto de él y Ginny murmurando algo inentendible mientras se cubría el rostro con vergüenza.
Harry iba a preguntarle a Ginny si Hermione era así cada vez que se embarazaba, pero la pelirroja estaba con los brazos cruzados y lo miraba como si se debatiera entre convertirlo en sapo o en víbora. O ambas.
Harry la miro confundido, pero luego sonrío —¿Qué? ¿Tú también estas embarazada?—
Ginny le dio una bofetada tan fuerte que casi le parte la quijada en dos.
—D-de acuerdo *ug* cre-creo que me merecía eso— admitió el rubio sujetándose el mentón por donde se asomaba un hilo de sangre… eso y que se veía algo aturdido, como si lo hubiesen aporreado tres hombres musculosos… sólo que ninguno de ellos había sido, sino una pequeña pelirroja tan roja y brava como un toro.
—¿Crees?— inquirió Ginny haciendo tronar sus nudillos y con una mirada cargada de veneno puro —¡Ahora Entiendo por que mi hermano te odiaba tanto! ¡Maldito cabrón!— chilló exasperada la pelirroja y miro a Hermione —¡Vámonos de aquí Herm! ¡No quiero ver a este maldito jilipollas!— y de inmediato desapareció.
—¡Ginny espera!— chilló la castaña y desapareció también.
Harry sonrío con algo de dolor y vio como Luna surgía de la cocina cargando con la tostadora —¿Qué es esto? Es muy bonito—
—La llamamos tostadora— sonrío Harry sintiendo una terrible punzada de dolor—¿Quieres comer conmigo? Te preparare un poco de pan tostado mientras preparo unas chuletas que tengo en el refrigerador—
Luna abrió sus ojos un poco más de lo usual —¿Lo harías de verdad?— pregunto sonriendo.
—Claro, sólo hazme un favor antes—
—Claro, el que gustes—
—¿Puedes curarme la mandíbula?—
—Sí, claro… ¿Pero como te lastimaste?—
Harry había olvidado las maravillas de la magia. Con un solo toque de su varita, Luna le quito el punzante dolor que seguro le abría tomado a el un par de buenos tranquilizantes. Nota mental: no hacer enojar a Hermione en su embarazo y menos aun a Ginny, que no necesita estar hormonal para ponerse como loca.
—Gracias, déjame preparar algo para comer— sonrío el rubio —Puedes tomar asiento en el comedor si gustas—
Luna negó como un niño pequeño —Oh, no, no. Por favor déjame ayudar, me encantaría ver como lo haces sin magia—
Harry le dio una sonrisa paternal —Es algo tardado, pero en realidad no es muy interesante, pero es casi como preparar pociones avanzadas, debes estar siempre al pendiente y no distraerte, porque todo se te quema y ya no te lo puedes comer— río algo apenado —Créeme, me paso bastante antes de acostumbrarme. Berta me ayudo mucho enseñándome a cocinar—
Ambos entraron a la cocina y Harry se colocó el mandil para empezar a preparar la comida. Luna lo miró curiosa mientras se amarraba la prenda.
El rubio percibió su mirada y le sonrío —Tengo uno más si gustas, pero la tunica te va a estorbar, tengo ropa que puedo prestarte, ya vengo—y salió de la cocina para ir a su habitación. Le paso a la soñadora rubia unos pantalones vaqueros con una camisa holgada de un equipo de béisbol de mejores años.
Cuando Luna regreso ya cambiada (que para sorpresa del rubio no le tomo mucho tiempo cambiarse) él ya estaba friendo seis chuletas en una sartén y preparando el agua para el puré y unos macarrones con queso.
Luna ayudo batiendo el polvo de papa con la mantequilla y el agua en un molde redondo. Tardo casi una hora batiendo a mano, pero se mostró muy satisfecha del aspecto de su puré.
—Buen trabajo— le sonrío Harry palmeándole con cariño en la cabeza —Ahora vamos a servirnos—
El rubio sirvió dos platos y dos copas con vino ligero de mesa. Luna se mostraba ligeramente expectante sentada en la mesa… aun que después Harry notó que era por que había visto un pequeño colibrí sobre la ventana.
—Dicen que ver uno es de buena suerte— comento el rubio colocando los platos en la mesa. La rubia lo miró con una ligera sonrisa, que acentuaba aun más su aspecto soñador —¡Lo sé! ¡No todos los días ves un Korsquelanks de pico corto!—
Harry se guardo su comentario.
Tomaron asiento sobre la mesa y Harry decidió que necesitaba aclarar ciertas dudas que desde que Ginny había aparecido, le revoloteaban la cabeza.
—Dime Luna, ¿Cómo están Sirius y Remus? Ginny comento que Thonks y Remus se habían casado y que su hijo llevaba mi nombre ¿Es verdad?— pregunto el rubio sirviendo ambas copas.
—Oh, si— respondió Luna… mirando por la ventana en busca del colibrí que había perdido de vista —Thonks y Remus se casaron un año después que moriste y su hijo mayor se llama Harry, los otros tres se llaman Thomas, Mandy y Josephy— y le dio la completa espalda al rubio para erguirse y seguir buscando al colibrí.
Harry dedujo que hasta ahí había terminado su charla civilizada en la mesa. Sonriendo divertido se puso de pie con ambos platos y alcanzo a la rubia en una de las ventanas. Le paso su plato y ambos comieron de pie frente al panorama de los viejos edificios, por donde las nubes grises anunciaban una de las tan conocidas lluvias de temporada.
—¿Dónde están Hermione y Ginny?— pregunto Luna de repente. Harry se limito a sumirse de hombros de la forma más honesta. La rubia desvío la mirada a la ventana y se olvido de inmediato de la pregunta que había hecho. El colibrí había vuelto.
Harry bajo a la clínica para asegurarse de que todo estaba bien cerrado y para colocar una cubeta en una gotera que ya conocía. Miró por la calle como una ligera lluvia comenzaba.
Sonrío casi incrédulo por lo que estaba pasando. Estaba vivo… y pronto dejaría de sentirse solo. Pronto vería a Sirius y Remus… a todos.
Se sintió sumamente afortunado, pronto, muy pronto toda su soledad parecería un sueño lejano.
—¿Harry?—
—Aquí estoy— contesto el rubio asomándose desde su consultorio. Luna estaba en medio del pasillo de la entrada. Con sus ojos ligeramente abiertos, el pantalón vaquero y la camisa holgada, parecía una universitaria pillada en alguna travesura.
Harry pensó un poco en lo hermosa que se veía de esa forma.
—Esta lloviendo— señalo la rubia indicando el techo, por donde una gotera se asomaba.
—Si, por eso vine por esto— le mostró la cubeta —Este edificio es viejo, y no importa cuantas veces mande impermeabilizar el techo, esa gotera es persistente— río divertido, colocando la cubeta en el piso, al lado de Luna, que parecía extremadamente interesada en una de las cortinas floreadas de Berta.
Harry se irguió y se estiro perezosamente —Ya van a ser las seis— comentó mirando su reloj —Creo que Ginny y Hermy no van a regresar hoy— sonrío divertido —No van a recordar nada hasta que se les pase el coraje—
—Se fueron por que fuiste cruel— Harry miró sorprendido a Luna, pero ella no lo miraba, estaba concentrada en una cajonera del escritorio de Berta.
Por un momento el rubio pensó que no le hablaba a él, pero entonces Luna tomó una pluma del escritorio y miró el plástico color azul fijamente —Las asustaste— se limito girando el utensilio entre sus dedos.
Harry suspiró y se frotó la nuca —Puede que haya exagerado un poco— admitió. De repente un fuerte BAN-BAN en la entrada los hizo girarse sobresaltados.
—¡AUXILIO!—
—¡¿Qué rayos?!— Harry corrió a la entrada, abrió ambas puertas torpemente ya que no encontraba las llaves en sus bolsillos. Una mujer de rasgos orientales cargaba a una niña en brazos, hablaba rápidamente en un idioma que Harry no entendía. Sintió como alguien le jalaba del pantalón, fue cuando advirtió a un niño pequeño —¡No respira! ¡Ayuda!—
Harry le asintió con firmeza y tomó a la niña en brazos. Fue directo a su consultorio y la recostó en la cama. La madre seguía hablando apresuradamente y no dejaba de llorar, el niño se aferraba a ella y sólo le pedía a Harry que los ayudara, pero el no escuchaba. Tenía toda su atención sobre la niña. No era la primera vez que trabaja bajo presión, cuando aun era practicante en el hospital central, pasó años en el ala de emergencias. Tuvo turnos de tres días seguidos sin dormir tantas veces que estaba acostumbrado a olvidarse de todo menos del paciente.
La niña no tenía más de cinco, quizás tres. No respiraba. Harry se quito el estetoscopio, algo no lo dejaba escuchar bien. Le abrió con cuidado la boca —¡Berta, pásame un--!— maldijo para sí, ni Berta ni el Dr. Victor estaban. Se paró y saco una pequeña lámpara de mano y una lengüeta.
Examinó la boca de la niña y lo encontró. Un dulce. Había un dulce en la garganta de la niña. El rubio busco unas pinzas especiales y se colocó los guantes de goma. Retiró el dulce lo más cuidadoso que pudo y una vez fuera hizo la maniobra de resurrección. Cuando la pequeña tosió Harry sintió que el alma le regresaba.
La madre trató de abrazar a su hija pero él no se lo permitió —Hospital, debe ir a un hospital— le dijo serio y miro al niño —Vamos a un hospital— el pequeño asintió secándose las lagrimas y le dijo algo en su idioma a su madre. Ahora que Harry lo veía bien, tendría unos doce aproximadamente.
El joven medico saco su celular y llamó a una ambulancia. Estaba muy preocupado por la niña, estaba demasiado calmada. Tenía que cerciorarse de que no tuviera algún daño por la falta de oxigeno. Sólo Dios sabía cuanto tardo la madre en darse cuenta de que no respiraba.
Harry dejó su consultorio aun con el celular en mano mientras daba la dirección a la telefonista. Subió arriba a toda prisa, tomó su chaqueta, su billetera y unas mantas para el niño y su madre. Cuando volvió a bajar termino de hablar con la operadora y marco inmediatamente al Dr. Víctor y a Berta, les dio instrucciones apresuradas y no recapacito en Luna hasta que ya estaban subiendo a la niña en la ambulancia.
—Lo siento Luna, debo irme, voy a cerrar con llave, Berta no viene mañana pero el Dr. Víctor vendrá a hacer guardia para lo que se ofrezca, nos vemos—
—Claro— se limito la rubia, mirando el estetoscopio que Harry había dejado sobre el escritorio de Berta. El rubio cerró el consultorio y se subió en la ambulancia sin mirar atrás.
Cuando Harry volvió a su clínica, no estaba seguro de que si era Martes o Jueves. La pila de su celular se había acabado y nunca se le ocurrió pedirle a Berta que le fuera a dejar el cargador hasta ese momento.
Cuando entró a la clínica, había varios pacientes, todos le dieron los buenos días y Berta salio a su encuentro a penas lo escucho —¡Buenos días doctor!—
—Hola Berta— le sonrío el rubio, con el cabello ligeramente alborotado por la falta de sueño —¿Cómo va todo?—
—Bien, nada que su repuesto no pueda manejar— sonrío la mujer, con un —¡Escuche eso Berta!— al fondo, de parte del Dr. Víctor que estaba en su consultorio.
—Eso es bueno— suspiro el rubio. Su enfermera le dio una sonrisa maternal —¿Y como esta la niña?—
—Bien, muy bien— contesto Harry contento —La operación quedo bien, no por nada la hizo el Dr. Wirborth. No quiero ofender a nadie, pero me encantó que me dejara pasar al quirófano, aprendí bastante—
Berta hizo una especie de mueca casi de pena —¿Y cuanto fue?—
—Berta, se dice la penitencia no el pecado— sonrío el rubio abriendo la puerta para subir a su departamento —Me voy a dormir, avísame si pasa algo—
—Eso depende de usted— comento picadamente la enfermera. Harry la miro confundido —¿De que hablas?—
—Su amiga, la chica rubia— explico Berta, ampliando más su sonrisa —Esta arriba, no se ha ido. Dijo que iba a esperar hasta que regresará. Es guapa— añadió guiñándole un ojo.
—Es solo una amiga Berta— explico Harry con un aire cansado —Deja de hacerla de casamentera, te va mejor como enfermera— le sonrío divertido.
La mujer lo miro un poco resuelta —¿Sabe doctor? Desde que lo conozco usted siempre a sido muy serio. Siempre enfocado en su trabajo y nada más—
—Soy un medico Berta, eso de vida social no existe en mi vocabulario— sonrío el rubio.
—Puede ser— respondió ella sin darle importancia —Pero también es verdad, que no lo veía tan feliz desde que estas chicas empezaron a venir— explico en forma maternal —No hay que ser genio para darse cuenta de que ellas son importantes para usted y…— Berta guardo silencio. Miraba sorprendida al rubio frente a ella.
Harry estaba sonriendo… sonriendo con una expresión tan llena de amor que nunca le había visto… Harry estaba sonriendo desde el fondo de su corazón.
—Ellas no son importantes para mi Berta— el sonido de su voz tomo a la veterana enfermera por sorpresa, dio un ligero respingo de la impresión cuando Harry le apretó cariñosamente el hombro con una mirada tan brillante… tan mágica… —Ellas son en verdad muy, muy importantes para mi— continuo el rubio.
Y Berta sin proponérselo suspiró entrecortadamente, como una quinceañera enamorada.
—¿Berta?— pregunto Harry confundido, sacando a su enfermera del trance. —¿Eh?— soltó ella apenada y ligeramente sonrojada.
—¿Estas bien?— pregunto su jefe confundido.
—Er, s-si, si— respondió ella apartándose un poco —So-solo, ya sabe, estaba, um…— hizo una ligera pausa y lo miro apenada —Doctor, no me había dado cuenta, pero usted es muy peligroso—
—¿Qué?— soltó el rubio alzando una ceja completamente pasmado. Pero Berta se sujetaba apenada las coloradas mejillas, con la mirada perdida en un punto indefinido —No sabía que usted podría hacer esa clase de expresiones tan seductoras, y ese tono de voz tan sensual, ay, si tan sólo no fuera casada—
—Voy a dormir, avísame si pasa algo— dijo el rubio y cerro la puerta tras de sí, sólo para quedarse parado frente a las escaleras. Luna estaba ahí, sentada diez escalones arriba, mirándolo con sus ojos de ensueño… o quizás miraba la puerta. Harry no sabría decir con ella.
Pero aun así le sonrío abiertamente. Recordaba las palabras de Berta, Luna había estado esperándolo todo ese tiempo… hacia tantos años que nadie lo esperaba… tantos años… —Hola Luna, gracias por esperarme, Berta me dijo que no deseabas irte hasta que llegara— subió y tomó asiento a su lado un escalón abajo —¿Descansaste bien? ¿Comiste algo en estos días? Puedo prepararte algo, si gustas y…— Harry guardo silencio repentinamente, cuando Luna estiró su mano y aparto suavemente unos mechones de sus ojos.
Harry no pudo evitar cerrar los ojos. Hacia tanto tiempo, tanto tiempo… ¿Cuándo fue la ultima vez que alguien le había tocado con cariño…? ¿Cuándo fue la ultima vez… que se sintió tan conectado con otra persona…? ¿Cuándo dejo de sentir tanto la soledad…?
—Bienvenido— susurro ella, tan suave y calido… como para evitar asustarlo.
Él no supo como, pero cuando abrió de nuevo los ojos, quiso darle las gracias pero las palabras se quedaron en su boca sin poder salir… fue cuando se dio cuenta que una lagrima estaba surcando tímidamente su mejilla. Quiso, intento disculparse… pero cuando ella lo rodeo entre sus brazos… él solo se dejo hacer… no supo como de nuevo, pero su mente se quedo en blanco y un sueño calido lo hizo olvidarse de si.
Por un momento… recordó los calidos abrazos de su madre Petunia…
Cuando Harry volvió a despertar, el sol estaba saliendo por el horizonte. Tardó casi cinco minutos en darse cuenta de que estaba recostado sobre su cama.
No sabía que hora era, ni como había llegado ahí. Cerró sus ojos y decidió dormir un poco más. Iba a tener que ir al hospital central más tarde, para ver como iba la pequeña… debía pagar lo que iba en los gastos… debía… debía… ¿Qué se supone que debía hacer? Era algo importante… "Nha, voy a dormirme y luego pienso en eso que debo hacer, tengo sueño" se dijo y se giró sobre la cama. Fue cuando topó con algo y abrió los ojos confundido.
Cuando vio a Luna dormida a su lado se irguió tan rápido que se resbaló de la cama y fue a dar al suelo con un golpe seco.
—UG, mi coxis— gimió algo sofocado, arrodillándose a la altura de la cama. Fue cuando notó dos ojos azules mirándolo. No pudo evitar sonrojarse de golpe.
Luna no estaba desnuda o en ropa ligera. Seguía usando el pantalón vaquero y la camisa holgada… pero su cabello alborotado y su mirada de desconcierto la hacían ver… diferente.
—Buenos días— dijo Harry, irguiéndose torpemente y algo molesto por las tonterías que pensaba desde temprano. Notó que el también estaba usando la misma ropa desde hace tres días.
—Buenos días— devolvió ella soñolienta, tallándose los ojos sin mucho esmero.
Harry se desperezo. Por alguna razón, había dormido muy bien —Voy a tomar un baño, si quieres después puedes tomar uno— le sonrío a Luna, que asintió un poco antes de dejarse caer sobre las almohadas.
El rubio tomó un juego de ropa limpia y fue directo a la regadera. Una ducha de agua caliente lo revivió de su sueño atrasado y salió sintiéndose como nuevo. Le aviso a Luna que el baño estaba libre y tras una explicación breve de cómo se usaba la regadera, Harry fue a la cocina a preparar el desayuno para ambos.
Media hora después, Luna apareció usando el nuevo juego de ropa que le había dejado. Un pantalón vaquero y una camisa negra.
—Disculpa si solo tengo ropa mía, pero era eso o uno de los vestidos de enfermera de Berta— le sonrío el rubio, sirviendo pan tostado con mermelada y jugo de naranja para ambos.
—Esta bien, son bonitos— le sonrío ella, tomando asiento en la mesa —Huelen a ti—
Y Harry escupió parte del jugo de naranja que estaba bebiendo.
El rubio tuvo que levantarse para ir al baño, porque se estaba ahogando. Cuando regreso, lo hizo con trapeador en mano, ya que había dejado un gran charco amarillo en el piso. Luna no comento nada, estaba comiendo uno de sus panes tostados muy tranquila, mientras miraba por la ventana.
Cuando Harry volvió a tomar asiento, miró a la joven rubia detenidamente —¿Esta bien que sigas aquí Luna? ¿No se molestan en tu trabajo?—
Ella no se giró a verlo, pero respondió —No, trabajo por mi cuenta— comento al aire, como sino supiera muy bien si estaba sola o no.
—¿Y tú familia?—
—Papá sabe que aveces salgo por muchos días y que no siempre puedo mandarle una lechuza— respondió tomando otra tostada y mirándolo de una forma curiosa… como si lo estudiara.
—Ah, ok— se limitó Harry, metiéndose un pan tostado en la boca.
—¿Quién es Petunia?—
La pregunta tomó a Harry tan repentinamente que dejo caer el vaso de jugo al piso. El sonoro CRASH quedo fijo en el ambiente por unos segundos.
Harry no se movió, miraba a Luna con cierta fiereza —¿Dónde escuchaste ese nombre?—
Ella no aparto la mirada. Si la hostilidad de él la había alterado, no lo parecía en lo mínimo —Mientras dormías… dijiste su nombre varias veces—
Harry suavizo visiblemente su semblante, sus hombros se relajaron y desvío algo apenado la mirada —Disculpa, no estoy acostumbrado a hablar con los demás de esto. Es un nervio delicado para mí—
—Si, Theodore me dijo que golpeaste a Ron y Cedric por algo así— comento Luna sin darle importancia, mientras observaba con mucho interés el recipiente de plástico donde venía el jugo de naranja.
—No los golpeé— sonrío Harry, con algo de malicia —Iba a matarlos, pero me detuvieron—
Ella lo miró por un instante, pero regreso su atención al empaque de jugo —Entonces ella es muy importante…—
—Es mi madre, dime sino lo es— respondió Harry a la defensiva.
—¿No has intentado verlos de nuevo?— pregunto Luna, cerrando sus rodillas a la altura de su pecho y apoyando su barbilla en ellas.
El rubio miró la mesa perdidamente unos momentos antes de contestar —Cada domingo voy a verlos…— confeso sin mirarla —Siguen viviendo en Private Dave… Papá sigue trabajando con sus taladros… pronto va a jubilarse, bajo de peso, casi no lo reconozco… Mamá sigue como siempre— sonríe suavemente —Su cabello esta un poco más largo, pero se ve igual de hermosa que siempre… Dudley, mi hermano, esta trabajando en la empresa de papá y esta comprometido, la chica se ve decente, pero no creo que sea del agrado de mamá…— hace una pausa y continua —Papá y mamá aun siguen con su costumbre de ir al mismo restaurante cada domingo… yo sólo tomo la mesa a su lado y escucho todo lo que dicen, sólo de esa forma puedo enterarme de lo que pasa en sus vidas…—
—Al principio tenía miedo de verlos… prensaba ¿Qué tal si se acuerdan de mí? O peor aun ¿Qué tal sino se acuerdan?— se paso la mano sobre el cabello, dejando al descubierto por un instante su cicatriz…... Su maldición.
—Pero no se acordaron de mí— continuo Harry —Choque apropósito con ellos, y no me recordaron… papá se disculpo y siguió su camino con mi madre, subieron al auto y simplemente se fueron…— hizo un gesto doloroso y su mirada se volvió sombría —Y eso es todo, no hay un final feliz como en los cuentos, nadie sale en la ultima escena arreglando todo para que los personajes principales y sus amigos vivan felices por siempre jamás— hizo una sonrisa dolorosamente maliciosa —Mi vida no es el arcoiris al final de la tormenta— miró fijamente a Luna —En mi vida, la tormenta aun continua y no se detiene—
—No deberías pensar así— la interrupción de la rubia lo tomó por sorpresa —Tu vida ahora quizás no sea perfecta, ninguna vida lo es en realidad, pero has logrado tanto, has hecho tanto por los demás…—
—No te confundas— intervino Harry con calma, parecía más relajado —No me arrepiento de lo que hice, en su momento fue lo correcto e hice lo que tenía que hacer. Deje a mis padres y hermano por su propia seguridad, luche contra Voldemort por que no podía quedarme con los brazos cruzados mientras el seguía lastimando a personas inocentes, me involucre con ustedes casi por accidente pero fue una de las mejores cosas que pude hacer; gracias a eso encontré a Sirius a Remus, a los miembros de la Orden de Dumbledore, y a pesar de que quizás pienses lo contrario, me gusto conocerlos a ustedes, el grupo de Rony— bromeo, haciendo que Luna sonriera ligeramente —Incluso mi muerte-suicidio, todo, todo lo que hice o deje de hacer, todo eso no importa. Hace años que hice las paces con mi pasado y ya carece de importancia— sonríe sólo un poco —Pero aun así… deseaba algo más de mi vida— perdió su mirada en la ventana —Algo más de felicidad… que se yo…— comento al final, más para él que para Luna.
Se hizo un silencio pesado entre ellos. Harry no deseaba romperlo, sentía que había hablado de más y no quería profundizar más en el asunto. Mostrarse vulnerable nunca había sido lo suyo… ni antes ni hoy.
Luna por su lado pareció entender el mensaje del silencio. No se movió de su lugar, sólo permaneció con la vista fija en la mesa. Repentinamente se escucho ruido debajo de ellos. Harry agradeció la puntualidad de Berta.
—Voy a empezar mi turno, el trabajo de un medico nunca termina— le sonrío a la rubia y fue directo a su habitación (procurando no pisar el vaso roto) —Creo que voy a estar ocupado, pero puedes quedarte un rato más si quieres— le dijo el rubio, reapareciendo con su bata blanca puesta.
—Quiero ayudar— dijo Luna, ya de pie y apoyada en la puerta que daba a la clínica. Harry la miro con aire incrédulo. Con Ginny no había objetado mucho, porque su padre era amante de las cosas muggles y más o menos sabía que hacer… pero Luna, bueno, hasta donde recordaba, ella era muy… soñadora ¿Podría ella con los niños, con los pacientes y todo lo demás sin perder su mente en alguna cosa, como el colibrí en la ventana?
Harry notó que ella tenía el ceño ligeramente fruncido. Al parecer le había leído muy bien el pensamiento.
—Yo puedo ayudar… Ginny lo hizo bien ¿No?— exclamo Luna, con las manos a la espalda y la mirada baja.
—Ginny sabe de cosas muggles— añadió Harry, esperando que ella no insistiera. En verdad esperaba que no lo hiciera.
Pero ella parecía haber tomado un color más rosado en su rostro —¿Te avergüenzo?—
Jaque mate.
—Esta bien— suspiró Harry derrotado. Luna se aparto de la puerta sonriendo con evidente victoria y ambos bajaron a la clínica. Berta estaba en su escritorio, revisando unos papeles cuándo los vio aparecer. Una sonrisa maliciosa surco sus labios y Harry deseo jamás haber sido medico, porque la fama siempre lo precede.
No tanto la de creerse Dios salvando vidas o ser un antisocial recluido en los hospitales por voluntad, no esas no. Es la de que todos los médicos son unos infieles mujeriegos que se la pasan coqueteando con todas las enfermeras y mujer que se les ponga en frente.
—Sin comentarios Berta— dijo el rubio a su enfermera en forma de advertencia, ya que ella estaba con una expresión TAN animada, que era mejor ponerle un alto antes de que se pusiera peor de con Ginny… Luna había pasado la noche con él y además llevaba esperándolo casi tres días ¡Claro que Berta iba a burlarse a sus costillas y más aun frente a los pacientes!
Eso le recordaba que también iba a tener que ponerle un alto al Dr. Víctor… los dos eran tal para cual.
—Tenemos cita para 22 hoy en la mañana y 15 para la tarde— comento Berta, mirando a Luna meticulosamente. La rubia no parecía muy enterada porque estaba mirando el techo.
—¿Por qué tantos?— pregunto su jefe sorprendido de la cantidad.
—Bueno, todos lo prefieren a usted— sonrío la enfermera —Pero solo son revisiones, será rápido—
—Eso dices tú, pero faltan los que van a llegar de la nada y Dios nos libre de otro accidente vial como el de la semana pasada—
—No son tan frecuentes— respondió Berta, tratando de ver que rayos veía Luna en el techo.
—Son al menos 2 por mes ¿Qué le pasa a la gente hoy en día que no puede respetar un alto? ¿Es mucho conocimiento la diferencia entre el rojo y el verde?—
—Quizás son daltónicos— bromeo su enfermera observando que llegaba uno de los primeros pacientes. Un hombre mayor —El Sr. Westliter esta aquí señor—
Harry miro la puerta confundido y sonrío —Ah, si ¡Hola Walter!— saludo.
—Hola— respondió el paciente encaminándose al consultorio sin esperar indicación —Date prisa, tengo que ir a mi negocio rápido, Martha esta sola—
—Enseguida— sonrío el rubio mirando después a su enfermera serio —Me pusiste al gruñón a mí, lo tomare en cuenta en tu próximo pago—
—El Dr. Víctor no lo quiso— se defendió Berta cruzándose de brazos.
—¡¿Cuánto va a tardar esto?! ¡Estoy pagando porque se me atienda muchacho!— se escucho la atronadora voz del paciente.
Harry suspiró —No me imagino por que nadie lo quiere— murmuro sólo para su enfermera —¿Cómo lo aguanta Martha?—
—Resignación matrimonial y seis hijos— sonrío su enfermera. Harry se retiró riendo un poco —Luna nos va a ayudar hoy, se buena con ella, las dejo— y cerro la puerta antes de encarar a uno de los peores pacientes recurrentes que tenía.
El día apenas lo sintió el rubio. Apenas salía alguien, entraba otro y los que no estaban programados vinieron como ya se esperaba. No hubo accidentes viales, pero un pequeño surgió de emergencia sangrando de su cabeza por caerse de las escaleras. Harry le dio la atención urgente y Berta acompaño a los padres al hospital para sacarle una radiografía.
El Dr. Víctor y él hicieron circo, maroma y teatro con los pacientes que llegaban uno tras otro, en lo que podría ser recordada como una mañana apocalíptica para ambos. Simplemente ese fue el día de emergencias; una uña rota por un martillo, un cubetazo en la nariz de una bebe, una mordida de perro en la pantorrilla, un dedo roto para el carpintero y una pierna con una infección seria por una uña enterrada que una necia mujer de 85 no quiso tratar desde hace un mes cuando empezó a sentir las primeras punzadas de dolor y la pus… eso y todos los que iban surgiendo.
Harry no se había dado cuenta, pero empezó a ver que Luna en verdad era de gran ayuda cuando vio como apoyaba al Dr. Víctor cuando pedía algo del almacén, como gasas, desinfectante entre otras cosas… Harry miró eso sorprendido. Luna apenas quizás sabría de conceptos básicos muggles, pero los términos médicos deberían ser completamente ajenos a ella.
Aunque no tardo en descubrir el truco cuando fue a buscar algo de algodón e hilo para unos puntos que necesitaba hacer. Luna al parecer no lo había notado detrás de ella en el almacén del sótano, así que Harry vio como ella sacaba su varita y la hacía flotar entre sus manos mientras recitaba un hechizo localizador. La varita señalaba lo que necesitaba y ella lo tomaba. Simple y Brillante.
Cuando ella se giró para ir con el Dr. Víctor, se paró en seco al ver a Harry ahí, frente a ella sonriéndole abiertamente —Hola— se limitó ella sin aliento. Estaba algo despeinada por todas las carreras que estaba haciendo e incluso muy agitada por la forma en que respiraba. Definitivamente para ella era un gran esfuerzo correr de un lado a otro y subir y bajar del almacén, cuando normalmente solo necesitaba un Accio para conseguir lo que necesitaba sin tener que moverse.
La sonrisa de Harry se volvió calida y acomodo suavemente los mechones rubios de Luna —Lamento estarte causando tantos problemas— ella lo miró fijamente mientras se dejaba hacer, la luz de las lámparas tintineaba un poco creando una iluminación suave y casi melancólica, ninguno hizo ruido hasta que él hubo terminado de acomodar su cabello. La mirada en sus ojos parecía brillar más de lo que ella recordaba en mucho tiempo.
Harry se acerco más a ella, haciéndola parpadear sorprendida cuando su frente toco la de él con un suave roce —Gracias por todo— le susurro él quedamente, como si deseara no asustarla —Prometo compensarte por esto— y se aparto de ella lentamente, tomó lo que necesitaba del almacén y se adelanto unos pasos —Luna, vamos— animo a la rubia que se había quedado atrás mirándolo sorprendida —S-si— contesto ella apresurándose a subir.
Harry fue directo a su consultorio y vio de reojo como Luna iba a con el Dr. Víctor sin mirar atrás. El rubio se dedico a lo suyo, pensando en que se sentía algo incomodo… apenado consigo mismo… avergonzado sería la palabra.
Sentía sus labios extraños… o quizás fue sólo su imaginación al pensar que le había dado un beso en la frente a Luna.
Ese pensamiento lo estuvo fastidiando hasta que Berta regreso preguntándole como le había ido con su nueva chica.
Con la veterana enfermera de regreso, las cosas se facilitaron. A la hora de la comida cerraron las puertas y Berta preparo una molida de res para ellos y los tres pacientes que habían quedado y no necesitaban algo de emergencia.
El Dr. Víctor comió y fue a dormir a su consultorio amenazando de suicidio si iban a despertarlo antes de tiempo.
—Creo que usted también debería dormir un poco, Dr. Dursley— animo Berta y miró a Luna —¿Por qué no lo llevas a su consultorio Luna… o a su cama?—
—¡Berta!— soltó Harry colorado. Los pacientes rieron discretamente y aunque la rubia no parecía alterada en lo mínimo, el color de su piel se volvió rosado.
—Yo sólo opino— sonrío la enfermera terminando su plato.
Harry ya tenía un tic en el ojo —Pues mejor no opines— y ella desvío la mirada a la rubia para darle un guiño descarado. Luna se puso más colorada que antes.
—Provecho, con permiso— se levanto Harry visiblemente molesto y salio casi azotando la puerta de la cocina. Todos se quedaron sorprendidos y miraron a Berta.
—Te has pasado Berta— negó uno de los pacientes, un hombre canoso con un brazo enyesado.
—No deberías hostigarlo tanto— añadió otra paciente, una mujer oriental de anteojos —Me sorprende que te lleves así con él con lo serio que sabes es— negó chasqueando la lengua.
—Pue' a mi me sorprende que saliera así— comento el tercero, un hombre calvo de barba gruesa y miro a Luna —¿Es uste' su novia?— la rubia parpadeo sin saber que decir.
—Eso quisiera— añadió Berta ganándose una mirada severa de parte de todos —Dejen de mirarme así— se defendió ella —No he dicho nada que fuera falso, si, bueno, lo he estado hostigando y todo, si, es verdad pero lo hago por que me preocupa ¿Qué no recuerdan como era cuando llego por vez primera a este vecindario?—
—Si, es verdad— comento la mujer oriental de anteojos.
—Bueno, al menos ya habla— río el del brazo enyesado.
—Si— acordó el de barba —Cuando abrió esta clínica él solo no pensé que fuera a durar ¡Un güerito bonito en este barrio lleno de emigrantes y Dios sabe que más! Já! Y además con ese humor tan pesadito que tenía—
—Si, había olvidado eso Jacob— asintió la mujer oriental —Siempre estaba serio y apenas y saludaba. Yo di aquí nada más por que me doble el tobillo cuando regresaba de unas compras con mi hija Ichigo de 5, la verdad cuando el paso y se ofreció a ayudarme pensé que deseaba asaltarnos y le dije que no—
—Pero él no se fue ¿Verdad Inoku?— sonrío Berta.
Inoku sonrío sobre sus anteojos —¡Claro que no! Me saco un buen susto cuando tomó a Ichigo de la cintura ¡Pensé que iba a robármela! Pero se la puso sobre sus hombros y luego luego me cargo en sus brazos y con todo nuestro peso no se ni como llegamos a la clínica, yo además traía unas bolsas del mandado— hizo una pausa y volvió a hablar —Lastima que ya estoy casa, es guapo— añadió de forma soñadora —Y una vez que uno se toma su tiempo, puede ver que es un malvavisco bajo esa fachada de ogro—
—Si, yo por eso decidí trabajar para él— sonrío Berta y miró a Luna —¿No vas a buscarlo linda? Creo que has esperado mucho para que él venga a ti, es hora de buscarlo para que vea que tú tienes propia voz y voto en todo esto— añadió dándole un guiño.
Luna la miro debatiéndose un poco entre que hacer. Repentinamente se puso de pie —Si, gracias— y cruzo el umbral de la cocina un segundo después. La rubia iba al segundo piso cuando vio una sombra saliendo de la clínica. Regreso sus pasos y ella también fue al exterior.
—¿Luna?— la nombrada se quedó parada en la entrada cuando escucho su nombre, tardo un segundo en ver que fue Harry quien la llamó. Estaba sentado en los escalones de la entrada —¿Qué haces afuera?— pregunto el rubio mirándola incómodamente desde su posición.
—Vine… a buscarte— respondió ella quedamente, tomando asiento a su lado. La calle estaba llena de gente que iba de un lado a otro, a pesar de que el trancito era ligero. No pudo evitar distraerse cuando vio pasar el tranvía que iba colina abajo. Cuando regreso su atención a Harry, él la miraba sonriendo.
—Raro ¿Eh?— le dijo señalando el trafico —¿Es la primera vez que vienes al mundo muggle?— pregunto, ganándose como respuesta un pequeño asentimiento de parte de ella —Eso pensé, esta parte de la ciudad es muy activa a toda hora, por el mercado local que esta a tres cuadras más abajo y por el Barrio Chino que esta atrás de nosotros. Me recuerda a San Diego, en America, cuando fui de visita hace unos tres años por las vacaciones en la universidad. Fue un viaje de grupo— comento mirando la avenida —Me agrada este lugar, siempre hay algo que hacer—
—¿Ya no estas molesto?— la pregunta de Luna lo tomo de sorpresa, pero le sonrío con calma —No, no estoy molesto. Aquí entre nos— le dijo haciendo una seña para que se acercara un poco —Lo hice apropósito, para que Berta me dejara en paz. Pero no le digas— le susurro al oído y guiñándole un ojo.
Luna sonrío un poco. Sentía cosquillas en la oreja, donde aun quedaba algo del calido aliento de Harry. Ambos se quedaron unos momentos más así, sentados en los escalones mirando la avenida sin decir nada. Era una pausa agradable entre ellos.
—Creo que mejor entramos— dijo al fin Harry, irguiéndose —Aun hay trabajo que hacer, vamos— le invitó entrando primero, pero repentinamente el rubio sintió como jalaban de su bata. Se giró confundido, sólo para ver a Luna ya de pie tras él, sujetando apenas la bata blanca —¿Pasa algo?—
Ella bajo la mirada y sin decir más le abrazo.
—¿L-luna?— vacilo Harry sorprendido, con la pequeña figura rubia apoyada en su pecho.
—… no vas a desaparecer ¿verdad? …— susurro ella, sólo para él —… si te dejo… ¿no vas a desaparecer? ¿lo prometes?— pregunto sin mirarlo, pero Harry podía sentir como su pequeño cuerpo se tensaba. Suavemente la tomo del mentón y la hizo mirarlo a los ojos —No voy a desaparecer— le sonrío besando su frente —Estoy justo donde debo estar y ¿M?— Harry abrió sus ojos de forma antinatural. El Dr. Víctor estaba frente a el, con una mirada tan desubicada como la suya.
—… doctor Víctor…— gimió ahogadamente el rubio tieso como piedra —¿Qué, que hace ahí?— el nombrado sólo alzó una bolsa del Seven Eleven a donde había ido a comprarse un refresco.
—... ¿Ustedes estaban…?— pregunto el doctor mirando a su jefe todo rojo como tomate y a la despistada rubia que parecía no entender lo que estaba pasando. Algo hizo click en la cabeza del veterano doctor y sonrío de la do a lado —¡BERTAA!— grito entrando y pasando a la pareja de largo.
—¡NO VICTOR!— grito Harry corriendo tras él.
—¡ADIVINA QUIEN NO ES GAY, BERTA!—
—¡NO DIGAS NADA!—
—¿Eh, que dice Doctor Víctor?— pregunto Berta asomándose por la cocina.
—¡ADIVINA A QUIENES VI BESÁNDOSE!—
—¡NO NOS ESTÁBAMOS BESANDO!— y con eso tuvo Harry para arrepentirse. Berta, su veterana enfermera, estaba con una sonrisa de lado a lado que le recordó a Jack Nicholson de Batman—¿Quién no se estaba besando con usted, doctor?— pregunto la mujer maliciosa.—Yo— intervino Luna tras Harry.
—¡No es lo que parece!— se apresuro el rubio pálido, pero ya era tarde. Las miradas de su enfermera, su doctor asistente y los pacientes estaban sobre él como lobos sobre la liebre.
Estaba acabado.
—Debo ir al hospital para ver como esta la pequeña— exclamó el rubio inmediatamente y tomó a Luna del brazo —Regreso tarde, les encargo la clínica— dio media vuelta y cruzó el umbral sin mirar atrás. Pasaron tres cuadras hasta que se detuvo en seco —¡Estoy muerto!— gimió frotándose la frente con ganas de arrancársela —¡¿Cómo rayos voy a explicar esto?!—
—Pero no hiciste nada malo— intervino Luna a su lado.
—Eso es porque no has visto como se ponen— suspiró con fastidio —Con Ginny Berta estaba insoportable ¡Con esto no voy a poder callarla en todo el año! Me quiero morir…— gimió ahogadamente. Un tirón suave de su manga lo hizo mirar a Luna.
La expresión en su rostro era triste —Eso… no es gracioso…— murmuró sólo para él, abrazándose del brazo de Harry lentamente, como si temiera ser rechazada. El rubio le sonrío con cariño y le frotó la cabeza quedamente.
—Déjame llamar al hospital para ver como va mi paciente— dijo Harry, sacando su celular y marcando rápidamente —No me tardo, sólo quiero saber como va todo. Después iremos a la feria ¿Has ido alguna vez a una feria muggle?— pregunto a la rubia que sonreía ligeramente aun sujeta a su brazo.
—Bueno, caminemos para tomar un taxi y luego ¿Jon? ¡Que tal, si, soy yo! ¿Cómo esta mi paciente?— Harry siguió hablando mientras bajaban hacia la avenida principal.
La joven maga se aferraba a su brazo observando su alrededor. Lo escuchaba hablar con términos que nunca antes había escuchado y que sonaban tan graciosos. Escucho algo de un ca-te-te para drenar algo. Sea lo que fuere, se escuchaba asqueroso y divertido. Quizás fuera una nueva expresión para decir trasero o algo así, aunque tal vez también fuera un- Oh! ¿Qué era eso? ¿Acaso acababa de ver un Shork-Wyshijolth de dos ojos?
Luna apenas sintió cuando entraron al taxi. Fue cuando recordó donde estaba y se giro a Harry… quien seguía hablando por teléfono mientras le daba la dirección al chofer, un señor de espesa barba y turbante.
El taxi se puso en marcha con un fuerte libramiento que tomó a Luna por sorpresa, pero tras unos metros la marcha fue suave, dejando su sorpresa de lado y enfocándose en ver su alrededor, la rubia siguió sumergida en el panorama.
Harry terminó la llamada y miró a su acompañante ensimismada en los edificios que dejaban atrás. Se pregunto seriamente si no se sentiría mareada.
El rubio perdió la mirada en el camino que se abría ante ellos. Pensó con una ligera sonrisa lo extraño que era la escena de un muggle llevando a un mago en taxi.
Sintió un tacto suave en su mano y se giro a la rubia, que lo miraba con su expresión de ensueño —¿De que te ríes?— pregunto ella curiosa, cerrando la distancia entre ellos hasta estar pegada a él.
Harry suspiró profundamente —En que es increíble que estemos juntos ahora— Luna abrió un poco sus ojos y sus mejillas se tornaron rosadas —Hace mucho tiempo, años en realidad que me había dado por vencido— continuo Harry, apoyando un brazo en la ventanilla —Acepte la idea de permanecer solo, lejos de todos los seres importantes de mi vida, un pequeño sacrificio si pensamos en lo que hubiera sido tener a Voldi de regreso— sonrío dándole un guiño a la rubia quien devolvió la sonrisa ampliamente —Pero…— hizo una pausa antes de continuar —Me da miedo pensar que esto no va a durar…— acepto, mirándola fijamente con una sonrisa dolorosa.
—Yo…— Luna entrelazo su mano con la del rubio, sin atreverse a mirarlo —…No iré a ningún lado…— susurro quedamente. Sus mejillas tenían un rosa intenso y era difícil ver sus ojos, ocultos por su perfil bajo y su melena rubia a veces tan rebelde al orden —… no quiero estar en otro lugar que no sea aquí y ahor--—
—¡Llegamos, son 50, señor!—
—¿Eh? ¡Ah, si!— soltó Harry confundido, apenas dándose cuenta de que estaban ya en su destino —Gracias, vamos Luna— sonrío a la nombrada, pagando por su tarifa.
Y salieron del taxi, no sin antes de que el chofer notara una mirada llena de resentimiento por parte de la rubia.
La feria estaba bastante concurrida a esa hora, pero aun así Harry estaba contento de poder pasar un rato con Luna, quien se aferraba de su brazo y señalaba todo mientras preguntaba que era eso o aquello.
Subieron a las atracciones de una en una e hicieron pequeñas pausas ya que a veces terminaban muy mareados. Harry compró comida variada para darle a probar a Luna distintas cosas.
El rubio perdió la completa noción del tiempo. De repente esos años de soledad y dolor parecían esfumarse de su mente.
De repente, el sol se había ocultado y luces brillantes llenaban el cielo, mientras fuegos artificiales surgían con estruendo. La noche había extendido su manto tan suavemente que había sido imperceptible para el joven rubio.
Fue casi un misterio como habían terminado sentados en una de las bancas del parque central, comiendo algodón de azúcar mientras apreciaban las luces de la ciudad.
Cuando Harry miró en su reloj que ya pasaban de las diez, hizo una expresión incrédula. Terminó lo último de su algodón observando como Luna parecía encantada con el suyo propio, mientras abrazaba un osito café que él le había conseguido en uno de los juegos de la feria.
El rubio suspiró profundamente y ella lo miró curiosa —¿Pasa algo?—
—No mucho en realidad— contesto Harry, perdiendo su mirada en el horizonte —Solo es increíble todo esto… pronto podré ver a Sirius y Remus una vez más… Oh, y también a Kreatcher— añadió sonriendo —Hace tantos años que apenas recuerdo como eran…— bajo su mirada por unos momentos antes de mirar de nuevo a Luna —Gracias por estar aquí y crear nuevas memorias conmigo— se acerco a ella y le dio un beso fugaz en la cien —Es hora de irnos, es tarde y seguramente Ginny y Hermione se han enfriado lo suficiente como para volver a dirigirme la palabra— hizo una pausa y añadió —No creo que vengan solas, seguro han venido con Ronny y compañía, quizás Sirius y Remus entre ellos—
—¿Por qué dices eso?— cuestiono la rubia poniéndose de pie al igual que él.
—Son taaan transparentes— se limito Harry, girando sus pasos hacia la clínica que a esas horas estaría seguramente cerrada.
Luna apresuro el paso y se sujeto suavemente del brazo del rubio. Caminaron hasta la avenida principal t tomaron de nuevo un taxi.
Quince minutos después estaban frente a la clínica que permanecía en penumbras… Harry reviso su celular y vio que tenia 50 mensajes de Bertha, los cuales no había visto porque puso su celular en modo silencioso con toda la intención de evitarla hasta donde pudiera.
Su veterana enfermera iba a estar insoportable por los próximos meses.
—Bueno, vamos a descansar un poco— sonrío Harry abriendo la puerta para que Luna pasara primero. El interior parecía desolado conforme el rubio encendía las luces para subir a la parte superior de la enfermería.
—Voy a preparar un té, quien sabe cuanto les tome a Hermione y Ginny regresar… ya faltan diez para las once— comento el rubio, que subía tras Luna las escaleras.
—Oh, ya llegaron todos— comento Luna con su voz suave al abrir la puerta del departamento superior, haciendo que sin desearlo, Harry sintiera su pulso acelerado —¿Quiénes llegaron?— pregunto tras ella, fingiendo lo mejor posible sus ansias.
La rubia susurro un Lumus, entró y le dejo espacio para que él también pudiera hacerlo y viera la amplia sala llena de personas que estaban ocultas en la oscuridad y apenas iluminadas por la verdosa magia de la varita de Luna.
—¿Harry?— pregunto una voz con casi temblorosa.
—¿Neville Longbottom?— sonrío Harry, al reconocer al que una vez llamo amigo en su otra vida… se veía tal y como sus recuerdos apenas podían decir que se veía.
El aun joven pero mayor Neville sonrío sorprendido y feliz, haciendo que su rostro redondo se viera más amigable de lo usual —¡Me recuerda! ¿Pueden creerlo? ¡Me recuerda!— salto del sillón donde estaba sentado al lado de Ginny y corrió de inmediato al lado del rubio —¡En verdad eres tú, estas vivo! ¡Vivo!— chilló emociono sin saber que más decir, abriendo sus brazos para estrechar entre ellos a Harry, que le devolvió el gesto agradecido —E-estas vivo…— repitió Neville, sintiendo sus ojos húmedos y apartándose suavemente para ver mejor al que una vez creyó muerto.
—Como has cambiado— sonrío Neville, mirando el rostro de Harry —Pero aun tienes la marca— comento haciendo una mueca paternal.
—Me temo que hay cosas que nunca cambian, mi estimado Neville— sonrió Harry girándose al interruptor de la entrada y encendiéndolo para iluminar la oscuridad.
Las figuras dejaron de serlo, y se convirtieron en rostros llenos de asombro y sorpresa… pero aun así los reconocía a todos ellos, aun podía…
Harry miró a todos los presentes, que ya estaban de pie cerca de él.
El inconfundible Ron Weasley estaba ahí, al lado de su amada esposa, mirándolo con cierto aire de sorpresa y recelo… sin duda su hermanita le había contado algo.
Quien por cierto, estaba siento "protegida" por un enorme hombre castaño de atractiva apariencia… Ese era Cedric Diggory sin equivocación…y lo estaba mirando sin mucho ánimo de verlo.
Definitivamente la pequeña pelirroja había estado hablando mal de él.
Pero bueno, esa era una buena ocasión para dejar las rencillas aun lado y…
—¿Están seguras que es Potter?— intervino Cedric sacando la varita de su tunica —¿Cómo no saber si es un mortifago?—
O quizás simplemente debemos seguir como siempre, pensó Harry, haciendo una sonrisa muy parecida a las de cierto rubio platinado —¿Un mortifago haciéndose pasar por el famoso y heroico Harry Potter después de 10 años? ¿Aquí en uno de los lugares mas muggles que pueda haber como una clínica para enfermos? — hizo una pausa antes de añadir —¿A quien podría ocurrírsele semejante idea? A un Hufflepuff sin duda, eres Diggory ¿Verdad?—
—Es él— respondieron ásperamente Ron y Cedric, apenas detenidos por Hermione y Ginny, que tuvieron que halarlos de un brazo para que no hicieran nada estúpido.
Harry se sonrío con auto suficiencia y suspiro más relajado —Bueno, bienvenidos sean a mi humilde apartamento caballeros— e hizo un ademán con su mano para señalar su hogar —Voy a preparar té para mi y Luna ¿Gustan? Tengo de canela, menta y té verde—
—Yo quiero de canela— intervino Luna, pasando de largo a todos hasta el pequeño comedor que compartía su lugar con la sala.
—Canela esta bien para mi— sonrío Neville apenado.
—¿Ustedes?— sonrío Harry, mirando al cuarteto de amigos que al parecer deseaban matarlo con la mirada.
—Nada— resoplaron Ron y Cedric malhumorados.
Hermione suspiro cansada —Lo que sea, pero deja de fastidiar— le previno con mirada severa.
—Claro, Hermi— sonrío Harry y dio media vuelta a la cocina, dejando a la castaña atrás antes de que le lanzara algo a la cara. Escuchó divertido como Cedric se quejaba de lo que el seguramente auto nombraba "La-horrible-broma-cósmica-que-salvo-al-indeseable-Harry-Potter"
El joven medico preparó la tetera con el agua a hervir justo en el momento en que Neville entraba.
—Hola— saludo con timidez.
—Hola Neville— sonrío Harry encendiendo la estufa y girándose para tomar las tazas del té —Entra con confianza, no muerdo— añadió guiñándole un ojo divertido.
El pelinegro lo miró más relajado —Cuando llegamos no había nadie, así que nos tomamos un poco de libertar y vimos tu clínica, es muy bonita—
—Gracias, hago lo que puedo— sonrío Harry —Pero como no todos mis clientes son ricos, espero que no te importe lo rustico de su apariencia—
Neville negó —No, no, nada de eso. Déjame ayudarte con las tazas— añadió poniendo un par en una bajilla que el rubio ya tenía preparada —Pero… ¿Por qué tienes un gallinero en el patio?—
—¡No tengo idea!— rió Harry inesperadamente, sorprendiendo a Neville —Trato de convencerlos constantemente de que dejen de traerme gallinas, pollos, gallos ¡Una vez incluso trajeron un perro para preparar un asado! Fue una locura tratar de explicarle al señor Kwong que aquí en occidente NO comemos perros. Pensó que estaba bromeando— sonrío sacando la tetera del fuego.
—¿Y que hiciste con el perro?— sonrío Neville, visiblemente complacido por algo.
El rubio suspiró —Me quede con él por un tiempo, hasta que pude darle un hogar… Dave, el esposo de Bertha adora los perros, así que se apiado de él y Berta, bueno, ella no me dirigió la palabra en un mes. Odia a los perros— rió sacando la canela de una gaveta superior —El gallinero fue el regalo de uno de mis pacientes, le dije que no lo hiciera, pero empezó a decir algo de que sus ancestros se retorcerían en la tumba sino lo hacia o algo así me dijo su hijo de 9 años que le hacía de traductor—
—Ya veo— sonrió Neville con calma, mirando a Harry paternalmente.
Harry percibió el repentino silencio que se había echo entre ellos y miró al pelinegro curioso. Notó que lo miraba fijamente —¿Qué, tengo algo en la cara?— bromeó.
—No— negó Neville divertido—Es sólo que estoy muy contento de que te veas feliz… estaba algo preocupado, cuando Ginny dijo que seguías siendo el mismo desgraciado infeliz bastardo rata de dos patas y err… — el pelinegro se mordió el labio inferior —Perdón, no quise decir eso, es decir, Ginny no quiso decir eso en serio solo que, er… Bueno, la hiciste enojar ¿Verdad? Normalmente ella no es así, es muy amable todo el tiempo, enserio— sonrío Neville, nervioso de la reacción del rubio.
Harry sirvió el té ya preparado en las tazas y lo miró con aire resuelto —Descuida, se muy bien lo que piensan los Weasley de mi. Hermano y hermana, son iguales, supongo que descansaron de mí cuando me desintegre la primera vez—
—Eso no es verdad— intervino Neville inmediatamente. Harry lo miró sorprendido, el pelinegro tenía una expresión dolida.
—Nadie descanso cuando te fuiste. Fue una tragedia muy grande que nos cambio a todos en muchos sentidos— bajo la mirada —Sirius y Remus quedaron destrozados por muchos años… Dumbledore no quedo mejor… a nosotros nos golpeo duro también, éramos entonces unos chiquillos con suerte que no sabían realmente en lo que se estaban metiendo, pensábamos que estábamos preparados para todo y que todo saldría bien al final como de costumbre… sin daños, sin reprimendas… sin victimas…— añadió mirándolo con seriedad —Tu muerte fue en verdad terrible… sólo pudimos verte morir sin poder hacer nada, mientras te consumías en esas luces hasta extinguirte hasta la nada y de repente…— hizo una pausa antes de continuar —De repente ya no estabas… como si nunca hubieses existido, sólo estaba el silencio frío y el viento… re-recuerdo que me gire aturdido, tontamente intente buscarte con la mirada para ver si aparecías de nuevo… pero ya no estabas, te habías ido…— su mirar se volvió reprochante —¿Por qué siempre nos hablas de esa forma sarcástica tan desagradable? No tienes idea por lo que hemos pasado… tu muerte cambio muchas cosas no sólo para nosotros, sino también en toda la comunidad mágica y--—
—La comunidad mágica me importa un cuerno— lo corto Harry con calma —Salvar a todo un mundo es ridículo, ni yo cuando tenía todo mi poder hubiera podido hacerlo… A mí sólo me importaba un pequeño grupo, ustedes— añadió antes de que Neville pudiera hablar de nuevo para repelar.
El pelinegro ahora parecía sorprendido. Harry continuo aprovechando la pausa —Salvar el mundo es imposible, pero ustedes, en ese momento, eran mi mundo… ¿Cómo rayos no iba a hacer todo lo posible para salvarlos?— hizo una pausa antes de girarse de nuevo a Neville con rostro severo —Dejarlos fue la segunda decisión más difícil que había hecho en mi vida, pero no iba a correr el riesgo de darle a Voldemort una nueva oportunidad de surgir de mi cuerpo más fuerte, poderoso y listo para que los matara ¿O tú lo hubieras hecho en mi lugar?— inquirió.
Neville se sonrojo apenado y negó sin decir más.
—Además— continuo Harry alzando la charola con las tazas de té —Ustedes y yo nunca fuimos amigos en primer lugar, sólo compañeros de lucha—
La expresión de Neville se volvió dolorosa —¿Eso piensas de nosotros? ¿Qué sólo te veíamos como una especie de utensilio o algo así?— inquirió el pelinegro con calma —Harry, éramos solo unos niños estúpidos en esos días, dijimos e hicimos cosas idiotas, pero eso no significa que deseáramos tu muerte—
—Lo sé— le sonrío Harry con calma —Es sólo que no se como comportarme cuando estoy con ustedes… si fueran Sirius o Remus o Kreatcher……— suspiró hondamente —Es solo que, sería más fácil… ¿Entiendes?— pregunto cansado.
Neville asintió con aire resignado —Si, creo que si… me imagino que esperabas a que llegáramos con más personas…—
—Si… la verdad, es que si…— suspiró Harry —Vamos a tomar el té, a sido un largo día—
—Claro— sonrío Neville, y ambos pasaron a la mesa del comedor.
Harry dejo la charola en el centro de la mesa y tomó asiento al lado de Luna. Neville tomó asiento junto al rubio, dejando al otro extremo a los demás.
Con un rápido movimiento de su varita, Neville repartió a cada uno una taza… Cedric y Ron no tocaron las suyas.
—Bueno— empezó Hermione, después de aclararse la garganta —Vinimos para aclarar ciertas dudas acerca de si Potter estaba vivo o no— exclamo, remarcando Potter y hablando como si el rubio no estuviera ahí (algo que por supuesto Harry no dejo escapar con una mirada de reproche) —Así que una vez zanjado este dilema— continuo Hermione, mostrando su claro gusto al aplicar su costumbre de tomar la iniciativa (o de dar ordenes según Harry) —Creo Que ya es hora de plantear como darle esta presentación a Dumbledore. Creo que podríamos reunirnos en Hogwarts y—
—Espera un momento— la interrumpió Harry inmediatamente, ganándose una mirada furiosa por parte de la castaña, la cual paso de largo olímpicamente —¿Dumbledore? ¿Vas a avisarle a Dumbledore antes que a Sirius y Remus?— protesto molesto.
—Dumbledore es el mejor mago del mundo— intervino Ron seriamente.
—No tienes que besar traseros aquí Rony, Dumbledore no esta— comento Harry y Cedric y Hermione contuvieron apenas al pelirrojo de erguirse y lanzarle un maleficio al rubio… aunque se quedo temblando en su silla con su varita a cinco centímetros del rostro de Harry.
El joven rubio lo miraba sonriendo y nada intimidado, algo que hizo a Ron ponerse rojo de rabia. Más de lo que ya estaba.
—¡Ron no dejes que te manipule! ¡Y tú deja de comportarte como un maldito asno y agradece que venimos a ayudarte Potter!— grito Hermione, con la cara roja… quizás por el embarazo más que por el temperamento.
Harry se levanto con calma —Esta conversación no tiene sentido— dijo mirando a Hermione severamente —Llevo diez años recluido en este mundo sin nadie más que mi mismo para valerme ¿Y justo ahora que tengo la oportunidad de volver a Sirius y Remus, ustedes pretenden avisarle primero a Dumbledore? ¿A Dumbledore?— remarco cansinamente.
Hermione también se puso de pie colorada —Dumbledore es el más capacitado en estos momentos. Una vez que tu presencia sea anunciada de nuevo al mundo mágico, muchos cambios vendrán y --—
—Ayer pensabas aparecerme de la nada con todos— la fulminó el rubio.
—¡Ayer me estaba dejando ir por una actitud ligera ante lo que va a venir! ¡Eres quien venció a Voldemort pero ya no cuentas más con tu poderosa magia! ¡Los mortifagos vendrán por ti apenas sepan donde buscar!— soltó Hermione furiosa.
—¡El maldito mundo mágico no tiene porque saber que estoy vivo!— exclamó Harry furioso — ¡Yo sólo quiero ver a Sirius y Remus otra vez! ¡Que la sociedad mágica se pudra si quiere, pero no me vas a quitar el derecho de verlos de nuevo y antes que nadie!—
—¡Deja de gritar!— ordenó Hermione.
—¡Deja de gritar tú primero!—
—¡No, tú deja de gritarle a mi esposa idiota!— saltó Ron colérico —¡¿Derecho?! ¿¡Qué derecho tienes tú para decidir que vamos o no vamos a hacer!? ¡No te creas con el poder para mangonearnos solo por que venciste a Voldemort!—
—¡Ron!— salto Neville severo.
—¡¿Ahora lo vas a defender tú?!— se irguió Cedric furioso —¡Traidor!—
—¡¿De que rayos estas hablando Cedric?!— estalló el pelinegro entre furioso e incrédulo —¡¿Desde cuando hay lados entre nosotros?! ¡Nada de esto se trata sobre la fama o de quien derrotó o no a Voldemort o de poder! ¡Harry esta vivo y es lo único que cuenta, dejen estos malditos pleitos de niños idiotas! ¡Venimos para verlo y llevarlo con nosotros para que todos pudieran ver que esta vivo! ¡Vivo para ver de nuevo a los pocos que lo recordamos!—
Se hizo un silencio frío e incomodo. Hermione suspiró y tomo asiento. Le siguieron Harry, Ron y por ultimo Cedric y Neville.
—Tiene razón… nos salimos del tema— admitió Ginny, ganándose una mirada incrédula de Cedric y Ron —Sirius y Remus deben ser los primeros en saber de él… después podemos decirle a Dumbledore— dijo, evitando a toda costa la mirada de los demás.
—Es verdad— dijo Hermione en tono resignado. Su esposo la miro más incrédulo aun —Debemos hacerlo así, Ron—
El pelirrojo abrió la boca para decir algo, pero la cerró y con desagrado se limitó con un —Como quieran pero se lo diré a Dumbledore después de que Sirius y Remus lo vean—
Harry estuvo apunto de decirle un buen comentario mordaz. Pero el repentino tacto calido de la mano de Luna sobre su rodilla lo hizo desistir. Aunque si la miró sorprendido, pero ella estaba muy ocupada mirando por la ventana.
—Bien, ¿y cuando lo haremos?— preguntó al fin Harry.
—Invitare a Sirius y a Remus a desayunar mañana, les explicare un poco de lo que a pasado y vendremos aquí…— hizo una pausa y lo miro casi severa —Sería buena idea que no atendieras la clínica mañana. Podrías cerrarla para dejarnos el día libre y —
—No voy a cerrar la clínica— la cortó Harry con firmeza.
—¿Entonces que vamos a hacer genio?— respondió
Hermione molesta al verse negada de nuevo.
El rubio se paso la mano por el cabello y saco su celular, ante la mirada curiosa de todos, menos de Luna, quien estaba ensimismada en la vista de la ventana.
Después de una pausa, Harry volvió a hablar, pero no con ellos —¿Emy? Hola, soy yo, si, Harry Dursley ¿Como estas?............ que bueno escucharlo, oye, mira, necesito un favor urgente ¿Estas libre mañana? ¿Puedes venir a la clínica? Tengo una urgencia y necesito desocuparme al menos tres días ¿Qué opinas?............ Entiendo, gracias, yo llamó a Erika, tu llama a Cindy ¿Ok? Bien, muchas gracias linda, bye, bye— colgó y empezó a marcar un nuevo número rápidamente.
—¿Por qué todas son mujeres?— inquirió una voz áspera. Harry miró con desgana a Ginny, quien estaba de brazos cruzados y con el ceño fruncido hacia él.
—Porque no te importa— contestó Harry con fastidio. La pelirroja se quedo sorprendida, e incluso Luna se giró a verlo por unos instantes.
—¡Eres un grosero!— chilló Ginny colorada.
—Como sea— bufó Harry parándose de la mesa y caminando rumbo a la cocina, para hablar sin ser molestado —¡Hola! ¿Erika? ¿Cómo estas? Soy Harry Dursley— el rubio se perdió en la cocina y no regreso después de casi diez minutos. Había hablado con Erika todo ese rato riendo, bromeando e incluso pasándola bien.
Le hizo olvidar por un momento lo idiotas que eran toda la bola de amigos de Rony-perro-faldero-de-dumbledore.
Regreso de nuevo al comedor lo justo para anunciar —Vamos a ir a mi cabaña de verano, eso es todo— añadió al ver como Hermione abrió sus labios para protestar.
—Ahora las cosas van a ser a mi modo— la voz del rubio fue clara y sobre todo fuerte. Su mirada irradiaba algo que muchos de ellos habían olvidado de él … era un aire viejo pero aun terriblemente imponente y lleno de un poder que ellos apenas podrían comprender en su vida.
Algo que incluso forzó a Ron Weasley a no replicar.
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Bueno, como vi que a muchos les gusto, pensé en agregar sólo un poco más.
Gracias de nuevo por sus hermosos mensajes, les agradeceré a todos en el siguiente capitulo que no subiré sino hasta dentro de dos semanas.
Tengo un mar de trabajo pendiente en la oficina y ya no creo poder subirlo por que termino realmente agobiada… eso y que me gustaría ver que pensaron muchos de ustedes obre este capitulo.
Lo admito.
Amo vuestros mensajes.
