Nota: Los personajes le pertenecen a Setephanie Meyer. El argumento me pertenece y fue creado por mi idea al 100%… Cualquier otro fic que se le parezca es mera coincidencia…

Capitulo 4

A la mañana siguiente, me desperté por los rayos del sol chocando contra mi rostro. Fruncí el seño mientras gruñía y giré sobre mí mismo, para alejar mi rostro de la luz que entraba por la ventana. Y como un disparó, recordé todo lo que pasó la noche anterior.

Abrí los ojos como platos, sin pensar, y me encontré a mi hermana, durmiendo a mi lado. Su respiración acompasada era muy relajante. Sonreí al recordar lo que hacía cuando éramos niños, era una costumbre despertar con ella a mi lado, pero todo el tiempo que pasé en Chicago se me había olvidado. La miré fijamente, seguía vistiendo el mismo conjunto amarillo pastel de anoche, por lo que deduje que había venido a mi habitación en la madrugada o, de seguro, se quedó cuando me trajo a mi habitación.

Miré mi ropa, estaba vestido tal cual como llegué, pero sin los zapatos ni la chaqueta. Me senté en la cama e intenté salir sin hacer el menor ruido, tratando de no despertar a Alice. Estaba a punto de salir de la cama cuando una diminuta mano se posó en mi brazo, deteniéndome.

Me giré y me encontré con el rostro alarmado de mi hermana.

-No te vayas…- dijo lentamente, como si le costara respirar.

Le sonreí.

-Es que acaso no puedo darme un baño…- dije sin dejar de sonreír.

Ella soltó mi brazo y se abrazó a una almohada.

-Lo siento, es que recodé esa vez, en la que decidiste irte…- dijo evitando mi mirada mientras se encogía.

Sin poder evitarlo, volví al momento en que decidí marcharme.

Flash Back.

No podía soportarlo, ella no me correspondía….

Luego de ese intercambió de palabras, en la que casi me muero del shock, llevé a Bella a su casa en silencio. La dejé allí y me marché rápidamente a mi hogar, sin poder pensar en nada más. Tenía ganas de llorar y efectivamente lo hice. Sollocé en silencio en el interior de mi auto mientras buscaba mi hogar entre los árboles.

Estaba más que devastado, sentía que ya nada tenía valor, ni sentido en mi vida. Yo sabía perfectamente que esto podía pasar, por eso había intentado que lo supiera antes de ir a la Universidad…

Era masoquista al creer que sí podría quererme….

Los faros de mi volvo iluminaron la enorme casa blanca. Aparqué el auto en el garaje y me sequé las lágrimas, mi familia no tenía porqué ver mi penoso estado de dolor. Crucé el living para dirigirme a las escaleras, no había nadie allí, por lo que seguí avanzando en silencio, confiaba en que mi familia no me viera, sobre todo Alice…

Me dirigí al pasillo, en busca de mi habitación y cuando por fin la encontré la cerré con llave. Siempre hacía esto cuando quería estar solo, pues Alice venía a dormir conmigo y si encontraba la puerta cerrada, ella comprendía que no quería que me molestaran…

Me senté en la cama mientras pasaba una mano por mi cabello, aún sin poder creer mi situación y volví a sollozar en silencio. Me tumbé en la cama, mirando el techo blanco de mi habitación con pesar. Tenía que hacer algo para aliviar este dolor en mi pecho… Ya no podía soportarlo más…

Y de pronto, la solución apareció entre la oscuridad, como el sol que estaba a punto de salir del horizonte…

Se que era un cobarde, pero no quería sentir más ese horrible dolor de ser rechazado por la mejor amiga que siempre he amado… Me levanté de un salto y me agaché en busca de la enorme maleta que se encontraba debajo de mi cama. Cuando por fin pude sacarla, la abrí y comencé a buscar lo necesario para el viaje que haría, me iría a Chicago…

Allí me habían hecho una oferta de trabajo y también de estudio, era la única opción, mi única salida…

Cerré la maleta con rapidez, luego de haber cargado ropa, pasaporte y el dinero que tenía ahorrado, era más que suficiente. Salí de mi habitación a hurtadillas, tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie. Aún no tenía la fuerza suficiente para explicarles esto a mis padres ni a mis hermanos. Levanté la maleta y bajé despacio las escaleras… Crucé el living a toda velocidad, sin hacer ruido, hasta llegar a la enorme puerta principal. Casi lograba alcanzar la manilla de la puerta, cuando una voz me detuvo…

-Edward, ¿a donde vas tan temprano?

Giré mi rostro para encontrarme con Alice. Llevaba puesto un pijama y tenía un vaso de agua entre sus manos. Sus ojos azules me miraban con preocupación para luego posarse en la enorme maleta que estaba acarreando. Bajé la cabeza, incapaz de poder mirarla a los ojos.

-Me voy a Chicago… Luego, llamaré a mamá y a papá cuando llegue y consiga un departamento…- susurré.

-¿Por qué tan deprisa?- podía oírse un matiz de dolor en su voz.

Suspiré pesadamente, no podía decírselo, no aún.

-Porque lo necesito Alice… Necesito tiempo para arreglar ciertas cosas…- como detestaba mentirle. Era un monstruo.

Ella no dijo nada más, solo se acercó a mí en silencio, luego de haber dejado el vaso en la mesa, y me rodeo con sus diminutos brazos.

-Vuelve pronto…- susurró, escondiendo su rostro de hada en mi pecho.

Le correspondí el abrazo mientras besaba su coronilla, incapaz de disculparme por mi acto de cobardía.

-Claro que lo haré…

Luego de esa despedida, me marché hacia Port Ángeles en autobús, para poder llegar al aeropuerto y así huir a Chicago, para escapar del dolor de su rechazo…

Fin del Flash Back.

Le sonreí con pesar a mi hermana.

-Lo siento, de verdad…- dije sin mirarla.

-No te preocupes. Era lo que querías…- susurró.

Me levanté de la cama y me dirigí al baño para tomarme un muy merecido baño. Abrí la ducha, me despojé de mi ropa y entré. Dejé que el agua relajara mis muy tensados músculos, había soñado con aquella chica de ojos chocolates que me volvía loco, pero luego el hermoso sueño se volvió una pesadilla cuando de sus hermosos labios rojos surgieron aquellas dolorosas palabras de rechazo… Siempre soñaba lo mismo cuando me dormía pensando en ella. No era saludable seguir recordándola…

Salí de la ducha, me envolví la cintura con la toalla y salí del baño. Me dirigí a mi habitación y tal como lo esperaba, Alice se había marchado a su habitación. Sobré la cama se encontraban unos jeans oscuros con una camiseta blanca y una chaqueta de un color más claro que el Jean. Sonreí, los viejos hábitos no habían cambiado en mi hermana, ni siquiera el más mínimo de ellos.

Me vestí con rapidez, quería tener más tiempo para pasarlo con mi familia y sobre todo, hoy iría a ver a Jasper, tenía que cerciorarme que se encontraba bien.

Esto era demasiado para mi pobre cabeza… Tantas preocupaciones que tenía, parecía que en cualquier momento iba a explotar…

La puerta se abrió lentamente y mi querida hermana asomó la cabeza, sus ojos azules me inspeccionaron de pies a cabeza por unos segundos. Suspiró de alivio y luego una enorme sonrisa apareció por su rostro de hada.

-Pensé que aún no te habías cambiado, me preocupaba perder la inocencia de mis pobres ojos…- dijo burlonamente.

La miré haciéndome el ofendido, pero no pude soportarlo. Una enorme sonrisa se extendió por mi rostro, sin poder evitarlo. Ella me observó con cierto brillo gracioso en sus ojos mientras soltaba una corta risita.

Atravesó mi habitación, danzando como bailarina, hasta mi cama, para subirse de un salto en ella. Me percaté de que ya no llevaba puesto el pijama amarillo pastel de antes, sino unos jeans, con una remera roja de tirante que hacían juego con sus zapatos de tacón rojo. Me contempló sonriente, como si esperara que le preguntara algo.

-¿Qué?- pregunte cuando ya no pude evitar su mirada.

Sonrió aún más.

-Pensé que me preguntarías algo así como… ¿dónde está el enorme problema, que a demás era tu favorito?- dijo con aire de despreocupación mientras miraba a sus uñas, perfectamente pintadas.

Enorme….

Esa sola cualidad me hacía pensar instantáneamente en una sola persona… Alguien a quien apreciaba mucho, pero a la vez, me desesperaba. Esa persona de actitud despreocupada, siempre con una sonrisa en su rostro, gastando bromas a todos, haciendo comentarios que estaban fuera de lugar, como solo él podía hacerlo…

Emmett…

Mi hermano mayor… Mi enorme y humorístico hermano mayor… No podía creer que me había olvidado de él, era imperdonable.

Miré a Alice, casi con desesperación, para que me digiera algo de él. Ella me sonrió, adivinando lo que quería saber.

-Emmett se compró una casa, y vive con su novia, Rosalie. Trabaja como instructor en un gimnasio, un perfecto levantador de pesas, como siempre lo ha sido- dijo soltando una risita-. Pero gana muy bien y no se queja, hace lo que más le gusta…Viene aquí cuando el tiempo se lo permite y pasa los fines de semana con su novia en un famoso bar de aquí…- la miré sorprendido. Ella continuó con su explicación-. Juega billar con Rose mientras bebe una cerveza allí. Su novia es mi modelo…

Momento… ¿Modelo? ¿Qué quería decir Alice con eso? La miré confundido, sin poder comprender nada de nada. Ella se percató de mi expresión y sonrió con suficiencia.

-¿A qué te refieres con lo de tu modelo?- pregunté aún más confundido.

-Hace un año terminé mi carrera como diseñadora de modas y Rosalie es mi modelo de publicidad…- me apuntó con su diminuto dedo índice-. Lo que llevas puesto fue diseñado por mí, así que debes estar orgulloso… Soy la diseñadora más importante de todo Forks e incluso de Port Ángeles…

Le sonreí, orgulloso de mi pequeña hermana. Me acerqué a ella y despeiné su oscuro cabello.

-Claro que estoy orgulloso de ti, enana…- susurré amablemente.

Ella levantó la cabeza para observarme con una enorme sonrisa en su rostro de hada, agradeciéndome por medio de sus ojos.

Fruncí el seño al recordar algo. Alice me observó confundida por mi reacción.

-¿Pero tú no querías ser diseñadora de interiores como mamá?

Alice acomodó su rebelde cabello negro, sin dejar de sonreír.

-Si…- dijo alegremente. Se levantó de un salto de la cama, me tomó de la mano y me arrastró fuera de mi habitación, para dirigirnos a las escaleras. Me dejé acarrear por la duendecillo hiperactiva-. Pero me di cuenta de que no era lo mío, mi pasión fue la moda y siempre lo va a ser…

Rodé los ojos, eso era más que obvio. Algún día iba sorprenderme cuando se casara con su tarjeta de crédito y se fuera a vivir a un centro comercial. Seguí siendo arrastrado por mi hermana hasta que llegamos al comedor. Me hizo sentarme y luego ella me acompañó a mi lado sin dejar de sonreír.

Esme salió de la cocina con nuestros desayunos. Los colocó frente a nosotros y nos dio un beso en la mejilla a modo de "buenos días". Suspiré internamente, no podía creer cuanto he vivido hasta ahora sin ellas dos. Unos pasos se oyeron en las escaleras, era mi padre. Nos acompañó en el desayuno con una amable sonrisa. Bebió su café rápidamente, después de saludar con un tierno beso a mi madre. Se disculpó con nosotros, pues lo habían llamado para ir al hospital, y se marchó rápidamente. Sonreí, orgulloso de él mientras lo veía irse con rapidez… Él seguía siendo el mismo doctor que amaba su trabajo….

Comencé a comer mi desayuno, que era un jugo de naranja con unas deliciosas tostadas. Podía sentir la curiosa mirada de Alice fija en mi.

-También recuerdo que tu querías ser doctor, como papá… ¿Por qué cambiaste de opinión?- preguntó mientras bebía su jugo de naranja.

Sonreí con tristeza al recordar mi anhelo por ser doctor.

-Porque ya me habían ofrecido un puesto de trabajo en Chicago, a demás necesitaba trabajar, tenía que hacerlo…-mentí. La verdad era que Bella me había alentado para estudiar la carrera que más deseaba estudiar y si la seguía, me recordaría a ella. Era algo tonto, eso lo sabía perfectamente, pero me sentía terrible en ese momento en el que decidí que hacer. Mi única salida fue el puesto de administrador de la empresa de Eleazar, allí mi dolor estaría controlado y no la recordaría.

Mi hermana asintió con aire ausente, como si no creyera en mis palabras. Eso me puso nervioso, Alice era capaz de extorsionarme de la peor manera para que le digiera la verdad si se daba cuenta que le estaba mintiendo descaradamente.

De pronto pareció recordar algo, y una enorme sonrisa iluminó su rostro. Me miró con cierto brillo en sus ojos que no supe comprender, pero creo que era… ¿picardía? Parecía como si estuviera tramando algo y, a la vez, escondiéndomelo. La miré con sospecha, pero a ella no pareció importarle.

-¿Por qué no le das una sorpresa a Emmett?- dijo con una sonrisa-. Él es el único que no sabe que estas aquí, y hoy es sábado, por lo que estará todo él día en ese bar con su novia… Debes conocerla, es algo fría al comienzo, pero cuando le demuestres que eres de confianza, de seguro que se llevarán bien…

Esme sonrió.

-Anda, Edward. Dale una sorpresa a tu hermano mayor- dijo mi madre, mirando de reojo a Alice. ¿A caso me estaban ocultando algo?

Acepté su pedido… pero tenía un presentimiento muy raro…

¿Por qué sentía que sería yo el que recibiría una sorpresa?

Hola!! Está cortito, lo se. Prometo que el siguiente será más largo :)

Lamento la tardanza :) Es que me quedé sin internet por una fea tormenta que no me dejó dormir jajaja….

En el próximo cap Edward va a dar una sorpresa a su hermano mayor, o tal vez, él la recibirá jajjaja

Qué les pareció el cap?? Porfiss, díganme que opinan!!! Me hacen pensar q no les agrada demasiado la historia y q la estoy continuando sin sentido :(

Besoos!!

Flo-vampireslayer.