Nota: Los personajes le pertenecen a Setephanie Meyer. El argumento me pertenece y fue creado por mi idea al 100%… Cualquier otro fic que se le parezca es mera coincidencia…

Capitulo 6.

Esos ojos chocolates, ese hermoso rubor- pensé- no puede ser, es imposible, tiene que ser mi imaginación…

-¿Bella?

Era ella, podía verlo. Sus enormes ojos chocolate, el rosado rubor de sus mejillas sobre su pálida y suave piel, su cabello azabache con reflejos rojizos, su apariencia frágil como una rosa. Era ella, Mi Bella. Estaba en frente de ella, sin poder creer lo que veía. ¿A caso estaba en el paraíso?¿Ya me había muerto?

La miré detenidamente, apreciando cada rasgo nuevo de su figura. Tenía la curvas de su cuerpo más pronunciadas a causa de la madurez de sus 28 años, su rostro era más ovalado, pero sin perder aquella forma de corazón, sus labios eran un poco más gruesos de un color rojo que los hacían resaltar de su pálido rostro.

Ella me contempló con ojos sorprendidos. Examinó cada rasgo de mi rostro, pero se detuvo en mi cabello cobrizo y en mis ojos esmeraldas. Sus labios temblaron ligeramente, como si quisieran decir algo, pero sin tener éxito. Alzó la mano, tratando de tocar mi rostro, pero no lo hizo y eso me decepcionó mucho. Lo que más anhelaba en este momento era sentir su suave piel en mi rostro y oler esa exquisita fragancia a fresias.

-¿Edward?- su hermosa voz no era nada comparado a mis recuerdos.

Asentí rápidamente, aún sin poder encontrar mi voz. La miré fijamente, parecía que estaba hiperventilando. Sus labios estaban entreabiertos y seguía mirándome con ojos incrédulos.

-¿En verdad eres tú o me volví a quedar dormida en el trabajo otra vez?- dijo tomándose de la cabeza mientras fruncía el seño, confundida. ¿Ella soñaba conmigo? Mi corazón latió rápidamente ante esa idea.

Sin pensarlo, tomé su mano y acaricié su superficie con el pulgar, como siempre lo hacía cuando quería tranquilizarla. La miré a los ojos mientras sonreía al ver como su rubor se volvía mas intenso. Bajó la cabeza, apenada, sin dejar de observarme con esos hermosos ojos chocolate.

-Nos estas dormida Bella. Estoy aquí…- le susurré. Aún no podía creer que ella estuviera frente a mí.

Ella me observó detenidamente, para luego pasar su vista en nuestras manos entrelazadas. Tomó mi mano con firmeza, como si quisiera cerciorarse de que fuera real y luego sonrió tiernamente.

-¿Qué haces aquí?- le pregunté confundido. Recordaba que a ella la habían aceptado en una importante universidad ¿¡Qué rayos hacía trabajando en este bar-restaurante!?

-Trabajo aquí en tiempo libre para pagar gastos…- me explicó.

No pude evitar soltar un suspiro de alivio ante sus palabras, y una enorme sonrisa se extendió por mi rostro. Me alegré de que Bella solo estuviera aquí solo porque necesitaba el dinero y no porque era lo único que podía hacer.

Ella me miró aún más confundida, como si estuviera ¿deslumbrada? Parpadeó varias veces, tratando de recordar algo, para luego fruncir el seño de repente y hacer el mismo puchero que siempre hacía cuando se enfadaba conmigo. Momento… ¿estaba enfadada conmigo?

-¿¡Porqué te fuiste sin despedirte!?- casi gritó, y otra vez, agradecí que hubiera mucho ruido en el lugar-.¿¡Cuándo llegaste!? ¿tu familia sabe que estas aquí?- pareció recordar algo de pronto y me miró entusiasmada-. Emmett vino aquí hace un momento a pedirme una cerveza, debe estar en una de las mesas de billar con Rose y los demás, deberías buscarlos y avisarles que estás aquí…

Traté de calmarla, por lo que levanté las manos frente a mí para que bajara un poco la voz. Si seguía estando tan alterada y enojada mientras hablaba, sus gritos se volverían lágrimas, pero de puro rencor. Y aunque no fueran de tristeza, no me gustaba verla llorar.

-Bella, Bella, cálmate- ella me obedeció casi al instante, pero seguía mirándome con ese puchero en su sonrojado rostro. Sonreí-. Emmett sabe que estoy aquí, al igual que los demás. Vine a saludar a mi hermano y darle una sorpresa. Llegué ayer en la noche y…

-¿Por qué te fuiste sin decírmelo?-me cortó. Su voz se volvió un murmullo suave pero con cierto deje de tristeza. La miré a los ojos y éstos estaban cristalinos por las lágrimas aún no derramadas. Bajé la cabeza, apenado, ¿acaso ella no sabía el por qué? Si ella misma fue la que hizo pedazos mi corazón en una sola noche y sin darse cuenta. La oí tomar una gran bocanada de aire, como si estuviera conteniendo sus lágrimas-. Ni tus padres, ni tu hermano sabían que te había ido… Solo Alice, pero ella no sabía la razón, por más que te pidió que se lo digieras. No sabes el rostro de dolor que pusieron tus padres cuando se dieron cuenta que no estabas ¿Por qué lo hiciste Edward?

Negué con la cabeza, tratando de no imaginarme sus rostros pálidos descompuestos de tristeza. Recé por qué cambiara de tema y dejara esto atrás. Pero sabía que no lo haría, Bella era muy cabezota y eso lo sabía mejor que nadie. Suspiré pesadamente.

-Porque… Porque… Porque necesitaba hacerlo, tenía que hacerlo. Me habían ofrecido un puesto de trabajo allí, en Chicago y no pude negarme…

Ella frunció el seño, abandonando su postura triste, pero aún seguía viéndolo en sus ojos. Bella aún estaba triste, y trataba de ocultármelo.

-Pero, Edward, a ti no te hace falta el dinero, ¿por qué necesitabas tanto el trabajo?- esa sola pregunta me dejó sin palabras.

Bella no era tonta, eso lo sabía perfectamente. Debería haber preparado alguna coartada para no quedar a su merced. Ella haría lo que fuera por conseguir respuestas, igual que Alice.

Vamos Edward, piensa en algo rápido…

Ella me miró fijamente, esperando mi excusa. Evité su mirada, y sin pensarlo miré hacia la enorme puerta de la entrada, quería huir de toda ésta pesadilla, quería poder estar en paz, sin preocupaciones, solo las de mi trabajo. Pero era imposible, ya estaba aquí, no podía salir corriendo, porque Bella no me lo permitiría, al igual que mi familia. Ellos no me dejarían ir tan fácilmente.

-¿Y bien…?- preguntó algo impaciente.

¡Qué alguien me salve, por favor!

-Yo… bueno… verás..- pasé una mano por mi cabello, completamente nervioso.

Un hombre robusto y de aspecto mayor, con el cabello completamente blanco al igual que su corta barba, se acercó a donde estábamos y le sonrió a Bella.

-Una cerveza, señorita…- pidió amablemente a mi amiga.

Allí fue cuando me di cuenta de que ella estaba inclinada hacia mi, muy cerca de mi rostro. Bella se irguió, le sonrió al hombre y le dio la cerveza. Él se la pagó, le agradeció y se marchó hacia las mesas de billar del fondo.

Miré a Bella, ella parecía más calmada que antes. Mi amiga miró como el hombre desaparecía entre las mesas y la multitud y luego se giró para encontrarse con mi rostro. Colocó sus manos en su cintura y me observó fijamente a los ojos.

-Estoy trabajando en este momento y si mi jefe se da cuenta que estoy hablando con los clientes, me despedirá…- dijo lentamente o como si se lo estuviera diciendo a ella misma.

Sonreí, agradeciendo mentalmente a aquel hombre robusto y mayor por haberme salvado de ese interrogatorio forzoso.

No me di cuenta en que momento lo hizo, pero Bella estaba ahora inclinada hacia mí mientras me observaba con una tímida sonrisa, como si lo que quisiera decirme fuera un secreto que nadie debería oír.

-Podemos hablar después del trabajo si quieres. A menos que tengas algo que hacer…- aclaró rápidamente.

No pude negarme ante esa sonrisa. Estaba aún más hermosa de lo que recordaba y, pensándolo bien, era una oportunidad perfecta para poder pasar un rato a solas con ella si aceptaba a su propuesta. No había marcha atrás, no podía negarlo, ella me seguía gustando tanto como antes, aún seguía enamorado de mi mejor amiga y aunque sintiera dolor por su rechazo en la graduación, quería intentarlo otra vez, quería que ella me viera más que un viejo amigo, quería que ella se enamorara de mí.

Estaba claro, haría que Isabella Swan se enamorara de mi, la conquistaría, costara lo que costara.

Le sonreí de la forma que más le gustaba cuando éramos adolecentes, recordando la veces que siempre me decía que la deslumbraba con esa sonrisa de medio lado. Parpadeó varias veces, desorientada, y no pude evitar que mi sonrisa se hiciera más grande.

-No tengo nada que hacer. ¿Dónde nos vemos?- pregunté sin dejar de sonreír.

Ella me observó confundida.

-Em… ¿Qué?

Elevé una ceja ¿acaso había olvidado lo que me había preguntado? Sonreí internamente, al parecer mi sonrisa había funcionado a la perfección.

-Sobre si podíamos vernos después para hablar y te dije no tenía problema. ¿Dónde quieres que nos veamos luego?- traté de que mi voz sonara seductora, y me sentí patético.

Bella me observó aún más desorientada, se sujetó de la mesa de la barra, como si no pudiera mantenerse en pie y sacudió su cabeza, aclarándosela. Mi sonrisa se extendió aún más, feliz de que mis métodos dieran resultados. Me incliné hacia ella, a propósito, para que mi rostro estuviera más cerca.

-¿Te encuentras bien?- pregunté medio seductor, y medio preocupado.

Se veía muy mareada y aturdida y eso comenzó a preocuparme mucho, tal vez debería ir de a poco, paso a paso. Sacudió su cabeza otra vez y me sonrió.

-Estoy bien- se irguió con, lo que al parecer era, lo que le quedaba de fuerza para mantenerse en pie. Se acomodó un poco su uniforme de trabajo mientras un hermoso rubor se extendía por sus mejillas. Suspiré de alivio al verla perfectamente, aunque debo decir que me agradó que estuviera de esa forma por lo que yo había hecho, eso aumentó mi ego considerablemente-. Si quieres damos un paseo por Port Angeles, y almorcemos en un restaurante ¿Qué te parece?

Sonreí. Con aire ausente, tomé entre mis dedos un mechón rebelde, que se había salido de su perfecto peinado, y lo coloqué detrás de su oreja, dejando una leve caricia en su mejilla. Ella se ruborizó aún más ante mi contacto y grité de alegría internamente ante mis expectativas de poder conquistarla.

-Me parece bien…- contesté, sin dejar de sonreír.

Ella sonrió aún más.

Esta vez iba a lograr lo que quería…

Alice pov.

Me quedé sentada en uno de los cómodos sofás del living, esperando a que ese viniera hasta aquí. Esme se había marchado por una llamada importante, al parecer era de la oficina de trabajo, porque cargó todos sus planos de diseño de interiores y se marchó rápidamente. Carlisle aún seguía en el hospital y esperaba que así fuera todo el día, para poder hablar con él a solas.

La casa quedó sucumbida en un total silencio, solo se podía oír el "tic, tac" del enorme reloj que estaba de adorno en una de las paredes del living y el golpeteó impaciente de mi zapato de tacón sobre el suelo de madera. Esto era desesperante…

En éste mismo momento podía estar en un gran centro comercial, cargando montones de bolsas con lo que recién había comprado. Podía imaginármelo, zapatos de tacón de diferentes colores que combinaban perfectamente con las prendas que había elegido: chaquetas, remeras de tirantes, faldas, vestidos de noche sumamente elegantes, accesorios, carteras, bolsos y demás, y también ropa a la moda que había elegido para mi hermanito, y… otras cosas que había comprado para mí. Suspiré ante la imagen, pero solo eso podía ser, una imagen… Y el por qué de que eso fuera así, era una mísera persona, aquel que se hacía llamar su amigo, que se volvería su nuevo jefe… ¡Arg! Hervía de rabia de solo tratar de imaginármelo frente a mí.

Crucé mis piernas, impaciente, para luego cambiar de pierna cada dos minutos. ¿A qué hora vendría? Pronto llegaría Edward y si se encontraba con Jasper, quien de seguro le iba a decir algo relacionado con el trabajo, se iba a marchar a Seattle antes y luego se volvería a Chicago, con su nuevo jefe…

Sin pensarlo mordí mis uñas por puro temor al imaginarme eso. Sacudí mi cabeza rápidamente, tenía que mantener mi mente alejada de esos pensamientos nada saludables para mi preocupada cabecita y, a demás, para mis pobres y perfectas uñas.

Observé el enorme reloj de la pared. 18:30, aún era temprano, si todo había salido bien entre Edward y Bella de seguro se marcharían a algún lado para hablar, después de su turno en el bar-restaurante. Crucé mis dedos, tratando de que todo saliera bien y que mi hermano no llegara a casa tan temprano y se quedara con Bella todo el día.

Dejé de golpear mi zapato contra el suelo y me concentré en oír a algún auto avanzar por el sendero del bosque. No se oía nada, más que el canto de algún pájaro y el desesperante ruido del enorme reloj del living.

Suspiré mientras me hundía aún más en el cómodo sofá de un dorado pálido y cerraba los ojos, tratando de relajarme, si seguía frunciendo el seño, lo más probable es que me saliera una arruga entre las cejas y eso sería horrible. Comencé a tararear una de las canciones de piano clásicas de las que tenía mi hermano en su Volvo. Había descubierto que esas antiguas canciones tenían cierto poder para relajarme, como las compras.

El ruido de un auto acercándose me hizo abrir los ojos de repente. Me levanté del sofá, rápidamente y me tensé, al oír una puerta de auto cerrarse y unos firmes y gráciles pasos acercarse al porche. Conocía la forma de caminar de cada miembro de mi familia y esos pasos no le pertenecían a ninguno de ellos.

Tragué pesadamente, a la espera de que él tocara la puerta. Hubo un minuto de silencio, en el que él se quedó inmóvil en la entrada, sin hacer ningún ruido. Había tanto silencio –excepto por el reloj de la sala- que creí poder escuchar el palpitar alocado de mi corazón. Me sentía nerviosa y a la vez ansiosa, y eso me molestaba. Me había propuesto a dejarle en claro que su presencia aquí, molestaba. No me podía comportar de es manera en un momento así.

Al parecer optó por tocar la puerta con los nudillos y ese sonido, pausado y firme, me puso aún más nerviosa. Me acerqué a la puerta rápidamente y la abrí de un tirón, para quedarme en shock.

El joven que se encontraba parado, frente a mí, era increíblemente hermoso. Tenía una cabellera de oro y sus rizos le llegaban debajo de la oreja. Sus ojos eran de un profundo color azul marino, como dos gemas preciosas. Era alto, no tanto como Emmett, pero lo era, por lo que tenía que inclinar mi cabeza hacia atrás, un poco, como lo hacía cuando observaba a Edward. Tenía los músculos marcados y bien formados, pero no en exceso, solo en la medida perfecta. Llevaba unos jeans negros, con una remera azul marino, doblada hasta los codos, dejando ver la mitad de sus varoniles brazos.

Él me miró a los ojos y por un momento me sentí avergonzada, ¡de seguro se dio cuenta que me lo estaba comiendo con la mirada! Aunque sea debería haber guardado las apariencias. El amigo de mi hermano acababa de llegar y ya me lo estaba comiendo con la mirada. ¡Soy imperdonable!

Lo contemplé fijamente y me percaté de que él estaba haciendo lo mismo que yo había hecho: me estaba observando de pies a cabeza, para luego detenerse en mis ojos y un cierto brillo triste cruzó en sus ojos azules, pero me sonrió.

-Hola, soy el amigo de Edward, Jasper. Tu debes ser Alice ¿verdad?

¡Oh, por Dios! Su voz era tan suave y amable que por un momento creí sentir como mis piernas se volvían gelatina, y más imposible de ignorar, ¡la forma en la que había dicho mi nombre! Parecía que lo había envuelto en una caricia, como si no lo pudiese evitar… Era como… era como en ese extraño sueño que había tenido, en el que aparecía ese hermoso chico...

Sacudí mi cabeza, tratando de no pensar en ello. Fue un sueño, ¡por Dios santo! ¿¡Por qué tenía que pensar en eso en este momento!? Me golpeé internamente por ser tan despistada y recordé lo que había planeado, lo que tenía que hacer.

Le sonreí falsamente y, sin poder evitarlo, sentí pena por lo que le estaba a punto de hacer.

-Si, soy yo. Gusto en conocerte Jasper, mi hermano me ha hablado mucho de ti- le tendí la mano amigablemente, a modo de saludo, y en cuanto la tomó, sentí como una sensación desconocida recorría mi cuerpo desde la unión de nuestras manos. La solté rápidamente, pensando en qué había sido eso mientras observaba confundida mi mano, al igual que Jasper la suya.

Lo miré interrogante y sin poderlo evitar, las imágenes de ese sueño inundaron mi mente. Traté de mantenerlas al margen, tenía que emplear mi plan.

-Edward aún no llega, todavía debe estar con su hermano- le mentí. Sentí al instante, un dolor en mi pecho, como si lamentara mentirle.

Él levantó la vista de su mano y centró sus hermosos ojos azules en mi y creí ver una chispa de alguna emoción en ellos, que no supe comprender, pero era ¿esperanza? Sacudí mi cabeza, tenía que dejar de imaginarme cosas.

Jasper me sonrió tiernamente y por un momento me olvidé de hasta respirar.

-Creo que tendré que venir mañana…- susurró.

-¿Quieres quedarte a esperarlo?- le pregunté señalando el interior de la casa. Él me miró a los ojos durante unos segundos y luego asintió.

Quería hablar con él y descubrir que era lo que con tanta urgencia quería decirle a mi hermano. Una parte de mi estaba de acuerdo con eso, pero la otra quería descubrir más cosas de él. Me regañé internamente y lo invité a pasar.

Entró lentamente a mi casa y se dirigió al living, sin dejar de contemplar cada rincón del lugar. Se giró para observarme con una sonrisa.

-Tienes una hermosa casa…

Le sonreí.

-Gracias- me hubiera gustado que me digiera eso a mi- pensé. Otra vez, me golpeé internamente por andar tan despistada-. Pero eso se lo debes decir a mi madre, es ella la que diseñó y decoró cada una de las habitaciones de esta casa…

Me sonrió y no dijo nada más. Nos sentamos en silencio en los sofás, uno frente al otro. Me sentía muy nerviosa, miré mis manos y me percaté de que temblaba ligeramente.

-Tu madre es diseñadora de interiores ¿verdad?- me preguntó.

Le respondí que si. Él parecía muy interesado en la familia, pues me preguntó por todos y los trabajos que realizaban. Se sorprendió mucho cuando le dije que era diseñadora de modas y cuando me di cuenta de que él usaba prendas de mi marca de diseñador. Él sonrió apenado cuando me dijo que le gustaba la ropa que diseñaba mi marca. Mi corazón latió fuertemente ante su respuesta, esto parecía el destino, como si nos tuviéramos que conocer.

Poco a poco, dejé de pensar en ese estúpido plan. Él parecía una buena persona y sobre todo amable. Era el mejor amigo de mi hermano, y comprendí cual era el motivo por el que Edward le tenía tanto aprecio. Jasper era alguien de fiar, una persona completamente confiable, capaz de dar todo por las personas que más quería, y sobre todo una persona sincera. Él era todo lo que mi hermano debió necesitar cuando se fue de casa.

Jasper miró el reloj de la sala y yo no pude evitar imitarle. Pronto anochecería y llegaría Edward, no podía creer cuan rápido había transcurrido el tiempo en una charla agradable, pero demasiada corta para mi, con Jasper. Él me miró a los ojos y sonrió con tristeza.

-Creo que es demasiado tarde… Tal vez deba venir mañana- dijo lentamente, sin dejar de observarme con tristeza.

No contesté. Por una extraña razón me sentía muy triste y melancólica, como si estuviera a punto de perder algo que quería demasiado. Jasper se levantó y se dirigió hacia la puerta. Lo acompañé hasta allí, no podía detenerlo por más tiempo, yo no era nadie para poder hacer eso.

Él extendió la mano hacia la manilla de la puerta, lentamente, con cierto aire dudoso en abrir la puerta o no. Suspiró pesadamente, al igual que yo y abrió la puerta, como si lo que hizo fuera un sacrificio enorme que costó todo el control de su conciencia. Pero ninguno de los dos esperó ver lo que había detrás de la enorme puerta blanca de la entrada.

Había una hermosa chica de tez pálida y hermosos ojos azules en el porche. De cabello largo y oscuro que le llegaba por debajo de los hombros y parecía una modelo. Pasaba miradas curiosas entre nosotros dos, solo para detenerse en Jasper. El rubio la miró confundido mientras fruncía el seño.

-¿María qué haces aquí?- preguntó mirando fijamente a la chica, para pasar su vista en el auto que estaba aparcado detrás de ella, junto al auto negro de Jasper. Ninguno de los dos la oímos llegar, su auto debía ser demasiado silencioso.

María sonrió.

-Oh, solo pasaba por aquí. El que entregaba las llaves en el hotel me dijo dónde te habías ido y como me di cuenta de que habíamos acordado salir y que ya era una hora tarde, me preocupé…- se encogió de hombros mientras bajaba la mirada, apenada.

Entonces lo comprendí, esa mirada triste que me había dado, él ya había acordado con otra persona para salir y yo lo había retenido. Pero me sentí extraña, no sentía pena por lo que había hecho y eso me aterrorizaba.

-Lo siento…- me disculpé rápidamente. Ella levantó la mirada, sorprendida, yo le sonreí para luego pasar mi vista hacia Jasper-. Él había venido hasta aquí para hablar con mi hermano y se quedó a esperarlo. Pero al parecer él no va a venir, así que pueden marcharse, yo le avisaré a Edward que viniste, y que te llamé luego…

Él me miró con cierto arrepentimiento por algo y me sonrió tristemente.

-De acuerdo…- asintió lentamente, como si no quisiera hacerlo.

María sonrió abiertamente y se le colgó del brazo a Jasper sin dejar de mirarlo a los ojos, pero no pasé desapercibido como me apartaba de él mientras hacía eso. Algo estaba mal aquí y a demás de eso ¿por qué sentía enojo contra esa chica?, ¿por qué sentía un fuerte impulso de apártalo de sus asquerosas manos?, ¿acaso estaba celosa?

Ella lo arrastró, literalmente, hasta el lugar donde estaban los dos ostentosos autos aparcados. No soltó su brazo en ningún momento, solo hasta que estuvieron lo suficientemente cerca de sus transportes.

Jasper se giró y me observó apenado.

-Nos vemos pronto, Alice…- dijo sin siquiera mirar a María.

Se subió al coche, al igual que María en el suyo. El primero en perderse de vista entre los arboles fue el de Jasper, seguido por María, pero antes, el auto de ella dio un giro y pasó frente a mí, no tan cerca, pero lo suficiente como para ver el rostro de ella. Me sonreía presumidamente mientras sacudía su mano a modo de despedida, pero lo hacía de una forma burlona. La miré recelosa mientras veía como su auto desaparecía entre los árboles.

Si esa estúpida quería pelea... se la daría con gusto...

Yo no perdería contra ella, y menos si el objetivo fuera Jasper…

Hola a todos/as!!!!!

En verdad lamento la tardanza… no saben cuanto lo siento :( Pero al que le tiene que echar la culpa de la tardanza es:

A mis odiosos profesores!!! No acabaron de pasar unas dos semanas de escuela que ya me están quemando las neuronas por todos los exámenes que tengo :.... como los detesto, ya no tengo tiempo ni para respirar… T.T

A mi "amada computadora" se le entro un enorme virus que tardó semanas en reparar… Y por no hablar que me la reiniciaron por completo y que ahora tengo todo la computadora vacía: me borraron fotos que tenía y los capítulos que ESTABA escribiendo…. Por lo que tuve que ESCRIBIRLOS DE NUEVO!!!!! T.T Si hay algunos errores, diculpenme.... U.U

Asi que pliis!!! Compréndanme y no me maten. Las recompensaré, no se cuando ¬ ¬, pero lo haré… LO JUROO!!!!

Espero q les haya gustado el capi :)

Hay algún review por ahí!! Por fiis (ojitos de cordero a medio morir), Necesito consuelo, inspiración y algunos reviews que me levanten el ánimno, para sobrevivir a los siguientes días que serán un completo infierno poblado de exámenes…. T.T

Besooos!!!!

Flo-vampireslayer.