Songs For A Forgotten Dragon.
—Capítulo Dos—
Who I Am.
Ahora que estaba dentro de la ciudad podía comprobar lo increíble que era. Shabondy era un lugar donde la aventura y la emoción de una nueva pelea se sentían en cada poro de su piel. Y no era para menos, piratas famosos y conocidos, todos en la cima del Grand Line, reunidos en una única isla.
Aquello parecía un salón de la fama.
Tantas personalidades juntas, siempre chocando, siempre en contacto. Eso fue lo primero que se le pasaría por la cabeza a cualquiera, tal como le pasó a ella. Piratas deseosos de pelea, con los nervios a flor de piel.
No era para menos. La isla Gyoyin sería su último destino antes del Nuevo Mundo. Todo pirata que se precie debe ir allí, hacer fama, ganar peleas, vivir al máximo.
Libres.
Esa no era una palabra que se oyera mucho por allí. Demasiados esclavos eran vendidos y comprados en el archipiélago. Siempre había nueva mercancía que subastar y mucha gente que quería comprar.
Según Shane, eso era algo normal allí. Aunque no le gustara, era algo demasiado común y arraigado para ser eliminado. Lo peor de todo es que a la Marina le daba igual todo eso. No atentaba contra su "Justicia Absoluta", por lo que no era dañino.
Algún día se darían de bruces con la pared, algún día un valiente se atrevería a plantarles cara a esos tipos. Nobles Mundiales, Dragones Celestiales… daba igual el nombre, todos eran de la misma calaña.
Por eso prefería evitarlos y andar por los barrios bajos de la ciudad. La "zona sin ley" de los mangroves 1 al 29. Tenía muchos lugares donde beber y piratas con los que luchar como para perder el tiempo vigilando sus espaldas en los demás mangroves.
Aunque de eso se encargaba su primer hombre. Shane siempre la acompañaba, menos cuando él tenía alguna pelea. Shail no llegaba a comprender el porqué, pero como no le molestaba y era una costumbre no decía nada.
Desde que era una niña él siempre la protegía de todo ser viviente y, aunque hubiera crecido y ahora pudiera valerse sola, un "algo" siempre estaba ahí, impidiendo a Shane dejarla. ¿Sería la costumbre? A ella le costaba seguir creyéndose algo como aquello.
Alguien que protege a la familia, a un amigo muy querido, no muestra esa obsesión por su seguridad, como si fuera algo frágil que no puede romperse o su misión habrá fracasado. Eso era lo que más le molestaba a Shail, que ese instinto de protección no saliera de él sino que fuera más bien una obligación, un deber.
Nunca se lo preguntaría, le respetaba demasiado como para cometer semejante estupidez. Lograría encontrar las respuestas ella misma, aunque eso significara esperar un tiempo. Esperó durante veintiún años, unos más no iban a hacerle nada.
Resoplando hastiada Shail deja caer la prenda que estaba observando. Era una bonita chaqueta de cuero con un entallado en forma de dragón. No era cara, al menos no para ella, pero no tenía ganas de comprar ahora. Estaban a unos pasos de llegar a la zona sin ley y se moría de ganas por encontrar una taberna y sentarse a beber algo.
Shane está un poco más alejado, revisando con ojo crítico unas espadas. Aunque él no manejara ninguna, tenía una afición especial, un cariño un tanto extraño para con ellas. Le resultaba irónico, pues nunca le había visto con más arma que no fuera él mismo.
─Shane, larguémonos. Tengo mono de cerveza.─ con su típico tono hosco cuando pensaba en lo que significaba para su amigo, ella lo agarró por la solapa de la chaqueta y lo arrastró a la zona sin ley.
Aquel día él llevaba una camiseta azul oscura sin mangas y hasta el cuello, muy ceñida al cuerpo y resaltando todos sus músculos. Por encima tenía una chaqueta negra de cuero con las solapas levantadas y por último vestía unos pantalones rojos y zapatos negros. (*)
─Admítelo, Shail. Tú siempre tienes mono de cerveza. ─y ahí volvía de nuevo. Sus burlas sobre su adicción a la cerveza o a la cama eran algo habitual. Con una sonrisa, ella lo soltó y ambos caminar una al lado del otro sin hablar.
No era como si se estuvieran peleando todo el tiempo. Era algo como para aminorar la tensión. A Shail le parecía bastante irónico el que Shane fuera tan viejo y las experiencias de la vida no le hubieran enseñado a tratar con ese tipo de situaciones.
Una sonrisa nostálgica se formó en sus labios. ¿Habría pasado Shane por algo como eso en algún otro momento de su vida? Por un momento sus boca se frunció; esperaba que no.
Abrió los ojos muy sorprendida. ¿De verdad había pensado aquello?, ¿desde cuándo residían en su cabeza aquellos pensamientos egoístas? No se reconocía. Hacía apenas unos años que lo trataba como su hermano mayor y ahora resulta que lo consideraba como algo de su propiedad.
Qué estúpida… En todo caso sería al revés. La naturaleza de él era de esa manera, posesiva. Tal vez por ello siempre estaba tras ella, protegiéndole las espaldas…
Sacudió la cabeza. Otra vez esos pensamientos acosando su conciencia. Era algo que podía esperar. Lo que estaba sucediendo frente a sus ojos no podía.
Gente corriendo despavorida en su dirección, como escapando de alguien. Eran piratas, pudo distinguir ella rápido. Seguro que habían enojado a algún supernova. Idiotas.
─Hay una pelea allá adelante. ─Mencionó Shane luego de unos segundos de mirar entre el gentío. Con su altura podía observar más allá y su visión híper desarrollada podía ver cosas a mucha distancia.─ Son dos supernovas…
Aquello provocó una sonrisa en la mujer. ¿Había pelea de supernovas? Ella `pensaba apuntarse, sí señor. Shane como previniendo esto, supo que lo mejor sería detenerla antes de que armase algún escándalo y tuvieran a la mitad del cuartel general de la Marina encima.
─Ni se te ocu…─no pudo decir nada más, pues algo volaba en su dirección. Un cuerpo que se iba irguiendo por el camino para caer de pie. Ambos reconocieron al instante a aquel personaje; sus ropas lo delataban.
Los ojos de Shail se afilaron, peligrosos y expectantes. Una sonrisita suficiente y con un toque sádico apareció sobre sus labios. Por fin podría saldar cuentas con Scratchmen Apoo.
Por eso, antes de que él tocara tierra, ella lo mandó de una patada contra el edificio que estaba a su derecha. Esto pareció desconcertarlo mucho, pues no pudo esquivarla. No tardó mucho en levantarse de entre los escombros y para cuando lo hizo, se encontró con una desagradable sorpresa.
—Hey, Scratchmen. ¿No teníamos una cuenta pendiente?—Ella habló con lentitud, con los ojos entornados y erguida en toda su altura. Parecía un felino al acecho.
—¡Scrach! ¿Qué haces tú aquí? —no esperó a que ella contestara, pues siguió hablando—. Bueno, eso me da igual. ¡Comencemos la pelea, check it out!
Y posicionándose en actitud de batalla, Apoo realizó su primer ataque que le dio de lleno. Pareciera como si Shain ni si quiera hubiera intentado esquivarlo. Por eso su cuerpo fue cercenado a la mitad, cayendo la parte del torso y la cabeza al suelo, con cara sorprendida.
—Qué decepción. ¡Diste más pelea en la última isla, Hunter!—Él ya comenzaba a regodearse de la pelea mientras Eustass Kid y Shane observaban a unos pocos pasos de allí. El primero estaba entre enfadado porque le hubieran interrumpido y confundo al saber que la segunda supernova con más recompensa había caído tan fácil.
Shane simplemente se mantenía en silencio, observando la escena con una sonrisa divertida y arrogante. Él le había enseñado demasiado bien a Shail como para que muriera a la primera de cambio y de un solo ataque.
Por eso él no se sobresaltó cuando ella comenzó a recomponerse, emitiendo su cintura un resplandor rojizo para después ascender creando la figura de su capitana. Los dos capitanes miraban extrañados la situación, pues no tenían ni idea de qué había pasado.
—Ciertamente…—comenzó Shail una vez hubo terminado mientras se sonaba el cuello— yo esperaba un movimiento más inteligente.
Parecía un tanto divertida con aquello, aunque intentara teñir su voz con un toque de decepción e inocencia sin resultado alguno.
—¿Es este el poder de una logia? No esperaba toparme con alguien así antes de llegar al Nuevo Mundo. —Kid había hablado por primera vez desde que el dúo interrumpiera su pelea y, siendo inteligente y observador como era, captó rápidamente el truco bajo la manga de Shail.
Ella dirigió su mirada rojiza a la ambarina de él y ambas orbes chocaron. A Shail no pudo hacérsele más conocida aquella mirada. Muerte, sangre, ambición, poder… era algo que veía en la suya propia cada día desde hacía años y en él la reconoció al instante.
La mirada de un asesino.
—Eustass Captain Kid, no esperaba encontrarme contigo en este lugar… —Shail lo miró divertida y por primera vez se dio cuenta de que ambos habían estado peleando hasta hacía un momento.
Ató cabos rápidamente. Había algo de humo aun disipándose y podía oír las pisadas apresuradas de gente corriente. Estaba segura de que si seguían alborotando algún alto rango de la Marina les caería encima, sino es que estaba al llegar, por su puesto.
Con el ceño fruncido soltó la empuñadura de la espada que había estado a punto de desenvainar y murmuró unas maldiciones.
—¡Shake it out! Dejemos esta pelea para el nuevo mundo, Starkiller. Allí podremos batallar sin contemplaciones. —aquel pensamiento parecía haber pasado por la mente de todos al mismo tiempo—. Y tú, Eustass, volveremos a vernos y te patearé ese trasero de cara fea que tienes. ¡Nos vemos!
Dicho esto saltó a un tejado y se marchó de allí a paso rápido, sin mirar atrás. A Shail le parecía una buena idea. Entonces podría sumar una víctima más a su lista de supernovas. Detrás suya Kid gruñó evidentemente enfadado por el insulto y volvió a mirarla una vez más antes de darse la vuelta para entrar nuevamente en la taberna y decir:
—Si vuelves a chafarme una pelea, te mato.
Demasiado serio como para estar burlándose, Hunter tuvo que recordar a la fuerza aquella advertencia. No debería cruzarse en el camino de Eustass sino quería salir mal parada. Él aún no estaba en su lista y, si alguna vez lo estaba, seguro que ella terminaba con alguna secuela de por vida.
Tenía fama de asesino y un asesino nunca se anda con miramientos. Simplemente actúa. Mata y ya. Shail conocía perfectamente la mentalidad de un asesino precisamente porque ella era una. Y no era divertido encontrarse con otro de los de tu calaña. Menos si este mostraba un comportamiento tan hostil como Kid lo hacía.
Bien, si no se metía en su camino, todo estaría bien para ella.
—Vamos, Shane. Encontremos una taberna y larguémonos de aquí.—Ambos comenzaron a caminar nuevamente codo con codo, buscando con la mirada un lugar donde sentarse a beber que no estuviera destrozado o en proceso de y siempre en silencio. Un cómodo silencio.
—Has hecho bien. —dijo él interrumpiendo el momento de paz que reinaba en esos momentos—. Si hubieras seguido con esa pelea estoy seguro de que en menos de una hora tendríamos a medio cuartel general encima.
—Continuaré esa pelea. —especificó Shail mientras entraba a una taberna con poca iluminación y que olía a alcohol barato. Una sonrisa divertida y arrogante se situó sobre sus labios, traviesa—. Haré mierda a ese músico insensato en el Nuevo Mundo y nadie podrá impedírmelo; ni siquiera tú.
Ambos se sentaron en la mesa más alejada de la puerta, donde las sobras impedían verlos y nadie podía oírlos. Shane la observó durante unos instantes, para luego dirigir su mirada a la jarra de cerveza negra que acababan de traerle.
—Hay veces en las que es mejor dejar pasar las cosas, olvidarse de ellas hasta que ocurren. Estar pendiente de siempre lo mismo hará que te obsesiones con esa pelea estúpida con la que no ganas nada. —Antes de que ella pudiera interrumpirlo y, viendo sus intenciones, continuó, algo molesto—. ¿Fama?, ¿poder? ¿Qué es todo eso si todo lo que buscas es una pelea que no durará para siempre? Esa fama será olvidada al igual que tú y el día en que te mueras te darás cuenta que desperdiciaste tu vida jugando con ella de una manera tan tremendamente irresponsable que no pareciera que estuviste a punto de perderla una vez.
Terminó su jarra de un sorbo, enfadado, y después se marchó, dejándola con la palabra en la boca. Shane la había salvado hace veintiún años y aún seguía preocupándose por ella. Eso era lo que Shail quería saber.
Con una sonrisa ella también apuró su bebida y, una vez terminada, le lanzó al mesero dos monedas de oro, saliendo por la puerta de entrada con rapidez. Tal vez su primer al mando tuviera razón y ella arriesgaba su vida por un sin sentido, pero esa era su forma de ser y sabía que no podía cambiarla ahora. Le gustase a Shane o no.
Desde luego no iba a perderse a sí misma.
(*) Vestimenta que usa Laxus, de Fairy Tail, en la saga de los Grandes Juegos Mágicos.
