Songs For A Forgotten Dragon.
—Capítulo Tres—
When the end is coming.
Después de recorrerse casi todas las tabernas de la "zona sin ley", evitar por parte de Shane encontronazos con otros Supernovas e ir de compras —idea de su primer al mando, pues Shail no tenía ganas de aguantar colas y viejas estúpidas queriéndose llevar algo que solo una veinteañera podría ponerse sin parecer una puta—, por fin se hizo la hora a la que comenzaban las subastas.
O por lo menos las más importantes. Ellos acudirían a ver la de la "Casa de Empleo" del Mangroove 1. La más famosa y según muchos decían, regentada por el mismísimo Donquixote Doflamingo, el Shichibukai.
Shail quería ver como se desarrollaban las cosas en un lugar como ese, tenía una pequeña idea, pero sólo eran suposiciones. Sabía que lo que vería en la subasta no iba a gustarle, pero tampoco podía hacerle gran cosa. Nadie nace sabiendo y la experiencia se coge actuando, no quedándose parada especulando sobre cómo sería esta o aquella otra cosa.
Ella quería saber. Quería ver las atrocidades que supuestamente "personas buenas", civiles, cometían. No estaba de acuerdo con todo eso. Se situaba muy en contra de la "pureza" de las clases sociales. ¿Por qué tenían los nobles mundiales que controlar el mundo? Ellos eran peor escoria que un pirata. Porque por lo menos un pirata conocía el valor de la vida, a base de estar a punto de perderla muchas veces.
Y los Tenryuubitos no tenían ni idea. ¿Qué podían saber ellos de la vida humana si se la pasaban en sus burbujas y trajes especiales para no respirar el mismo aire que los "simples mortales"? Absolutamente nada. Tan sólo que todo era suyo y que nadie podía arrebatárselo. Nadie podía tocarles.
Qué patético. Y penoso.
Prefería no mirar a los esclavos de aquellos tipos, conducidos a la nueva venta. Mujeres, hombres, niños… Ni por ellos mostraban piedad. ¿Era esa la humanidad de la que todos presumían? Detestable.
—Shane, esto es repugnante. —Shail se veía tensa, descontenta con aquel espectáculo.
—Tú quisiste venir, tus razones tendrás, así que ahora por horrible que sea lo que veas, no te eches atrás. Te vendrá bien ver qué clase de personas controlan este mundo.—Shane estaba a su lado, esperando algo apartados a que abrieran las puertas al público. Cosa que no tardó mucho pues por encima de la multitud él pudo observar el movimiento—. Es hora. Vamos.
Ambos caminaron sin necesidad de darse empujones con nadie. Todo el mundo se apartaba de ellos, puesto que podían reconocerlos de sus carteles de "Se Busca". A Shail no le habría importado poner en su lugar a alguno de aquellos nobles hipócritas, seguro que se meaba encima del miedo.
Pero para eso estaba Shane, que siempre la controlaba cuando estaba por cometer alguna locura. Delante de ellos otro grupo un poco más grande que ellos intimidaban visiblemente a las demás personas. Desde su lugar ella no podía verlos, pues estaban de espaldas y uno muy grande y con mono naranja tapaba al capitán pero el moreno sí que pudo ver el Jolly Roger antes de que se sentaran.
—Así que los piratas de Heart están aquí… Esto será interesante. —Comentó el como quien no quiere la cosa, sentándose en uno de los laterales de la amplia sala. Allí no había nadie y, si alguna vez lo hubo, se marchó rápidamente al ver qué par se acercaba.
—¿Trafalgar Law está en esta sala?—Ella lo dijo un poco sorprendida, pero lo suficientemente alto como para que el susodicho volteara a mirarla. A Shail le importó más bien poco que Law se hubiera percatado de hablaban de él, más bien era mucho mejor. Así podría comprobar si valía la pena luchar con él.
Trafalgar simplemente la miró de arriba abajo, con una sonrisita arrogante y con los ojos entrecerrados, como examinándola. Esto no la amedrentó, ni mucho menos. Shail le devolvió la mirada gustosa, demostrándole que si quería dárselas de grande con ella lo tendría claro.
Ambos comenzaron una batalla de miradas, dónde ambas orbes chocaron con fiereza. Unos tranquilos pero arrogantes ojos grises y unos salvajes y seductores ojos rojos. Ninguno daría su brazo a torcer. Era algo muy simple en realidad. Si lo dejabas, era como si tu hubieses rajado. Y si te rajas eres débil, así de claro.
Ninguno quería parecer débil, simplemente, porque ninguno lo era. Para cuando la subasta comenzó, Shane había logrado que aquello se detuviera. Obligando a Shail a mirar al frente y lanzándole una mirada de advertencia al cirujano. Seguir con aquella peculiar batalla se tornó en terreno peligroso para él pues por muy fuerte que fuera, el sólo y ni siquiera con sus nakamas podían luchar contra una logia y una zoan carnívora tan peculiar y poderosa como la que él tenía.
Claro, porque Law no sabía que Shane podía nadar.
Por las puertas entró Eustass Kid junto con sus nakamas. Aquel tipo que la superaba en recompensa. El que había amenazado con matarla si se volvía a cruzar en su camino. Lo miró de reojo, no por miedo a él, sino que no tenía ganas de que Shane volviera a cabrearse con ella por ser tan impulsiva. Dos veces en un día no era bueno, ni de broma. Desde su lugar tanto Shail como Shane pudieron oír la "conversación" entre el pelirrojo y el moreno.
—Ese es Trafalgar Law—mencionó él, mirándolo con una sonrisita arrogante—He oído cosas horribles sobre él, tiene una reputación pésima—se detuvo un momento al ver la "respuesta" del otro capitán. Shail tuvo que contener la risa ante aquel gesto, nunca sacado en mejor momento—, además, tiene malos modales.
Su compañero de la máscara, El Soldado Masacre Killer, asintió y recorrió la sala con la mirada, o eso le pareció a Shail, puesto que con aquel metal sobre el rostro no podía ver sus ojos, hasta que llegó a su posición. No necesitó hacerle una seña a su capitán, éste también los había localizado. Su atención se centró momentáneamente en ella, para después pasar a la de su primer al mando.
Ninguno habló, pero por la mirada que Shane le dedicó a Eustass, pudo saber que iba en serio. Si quería comenzar una pelea con su capitana primero tendría que pasar por encima de él y eso era prácticamente imposible o, por lo menos, imposible para alguien como Kid.
Él pareció captarlo porque aunque no apartara la mirada durante un tiempo, no hizo ningún comentario con respecto a lo que había pasado horas antes. Era mejor así, no sería bueno pelear con otro supernova en un lugar lleno de Tenryuubitos.
Todo iba bastante rápido. Había luces y música y Disco, el coordinador de aquella subasta se lo trabajaba bastante embaucando a los compradores. Entre esto y lo otro la mitad de la mercancía había sido vendida en un espectáculo poco menos que repugnante, detestable y penoso.
Las vidas de aquellos esclavos comenzaba y terminaba en ese momento. Ya no podrían volver a sentir la libertad y a Shail, en cierta manera, le parecía un poco triste, siendo ella una mujer que disfrutaba al máximo su vida como pirata. Para ella ser pirata le otorgaba la libertad que nada más le proporcionaba.
Otro Tenryuubito entró en ese momento, montado encima de un hombre que poco más y daba dos pasos sin caerse. Tal y como esperaba él fue desechado al momento, unas patadas después no quedaba rastro de aquel esclavo en la estancia.
Caminando entre arrogante y tontamente Charlos se sentó junto a su hermana y a su padre, echándole la culpa de su tardanza a su "montura" y mencionando que la próxima vez se compraría un gigante para que lo llevara de aquí para allá.
Otro grupo entró detrás de él. Por el rabillo del ojo distinguió a una bonita mujer pelirroja, un hombre rubio en traje y con las cejas extrañas, una especie de oso-mapache con sombrero en la cabeza junto a una estrella de mar y un hombre rosa que se le antojó demasiado extraño como para ser humano. Por su mente cruzó la misma palabra que por la de su compañero.
Gyoyin.
Para él ese lugar era una tumba. Por lo menos iba a acompañado de gente que podría protegerlo. Todos en ese grupito tenían recompensa. Una sonrisa se cruzó por su rostro. Los famosos Mugiwara acababan de entrar a la subasta. Aquello prometía.
Era una pena que su capitán no estuviera allí. Hubiera sido fantástico contemplar una de sus locuras en vivo y en directo. Capaz y era de golpear a un Tenryuubito si le molestaba. Había oído mencionar que Roronoa Zoro, el primero al mando estuvo a punto de cortar a uno de ellos por la mitad, simplemente por cruzarse en su camino.
Quería luchar con él, se decía que era un gran espadachín y sería bueno comprobarlo. Vencerlo sería aún mejor, pero de eso no tenía dudas. Una sonrisa arrogante y algo sádica se formó en su rostro, iba a divertirse mucho.
Cuando salió la sirena todo fue un caos. Sintió el griterío, la emoción y después escuchó lo que el Tenryuubito ofrecía. Aquello era una barbaridad. Quinientos millones de berries era una monstruosidad tan grande… Y al parecer lo mismo pensó la navegante de los Mugiwara, cuando su paleta cayó al suelo y sus rodillas fallaron. ¿Acaso también querían a la sierena?
Observó como Eustass y su tripulación se marchaban, seguro que ya aburridos de aquello, después del discurso de su capitán. Por lo menos había algo que tenían en común. Luego dirigió su vista a los Sombrero de Paja nuevamente.
Se veían demasiado tristes como para que el motivo fuera algo tan superficial como aquello. Algo debía de haber detrás. Y ese algo no tardó en presentarse. Vio a Shane tensarse y al segundo siguiente él estaba saltando sobre ella para cubrirla con su cuerpo.
El techo se derrumbó sobre ellos y un pez volador cayó justo sobre donde se encontraban. Por un momento sintió el mundo tambalearse y las cosas empezaron a dar vueltas. Se recuperó rápidamente y pudo ver que el causante de aquel alboroto o mejor dicho, los causantes, eran Mugiwara no Luffy y Roronoa Zoro.
Se levantó y retiró los escombros de sus ropas. Shane hacía rato que estaba de pie, ignorando las miradas que todo el mundo le lanzaba. A él y por supuesto a los idiotas que cayeron del cielo.
Shail los observó, lejos de estar enfadada por el golpe, tremendamente divertida. Así que ese era Monkey D. Luffy, el nieto del vicealmirante Garp. Desde luego tenía bien ganada su fama. Antes de que pudiera hacer algún comentario ingenioso o reclamarle por lo que había hecho, el chico comenzó a bajar las escaleras, gritando el nombre de la sirena.
Así que `Keimi´… Misterio resuelto. Seguro que eran amigos y a ella la habían secuestrado. Era lo más probable. Aunque ahora tuvieran que enfrentarse a un Tenryuubito para recuperarla. Shane y ella se colocaron de un salto de pie entre otros asientos libres y contemplaron la escena.
Aquel hombre que desde el principio le pareció un tritón salió corriendo a detener a Luffy, cosa que no resultó y ahora salía a relucir su nueva naturaleza. La gente gritó horrorizada, después comenzaron a insultarlo y a lanzarle todo lo que tenían a mano.
Y luego, un disparo resonó en la sala.
El Dragón Celestial Charlos se había levantado de su asiento y ahora se alzaba triunfante y con cara de bobo unos escalones por encima de aquel dúo, jactándose y diciendo puras tonterías sobre su nueva "caza".
Lo que no se esperaba vino a continuación. Sintió el peligro en cada fibra de su cuerpo cuando Mugiwara alzó la vista, iracundo. Shane la acercó a él, cuidadoso. Algo grande se avecinaba.
Por eso, cuando él alzó el puño y sus nudillos golpearon con fuerza al noble, mandándolo a volar, lo único que pudo hacer ella fue esbozar una sonrisa. Aquel tipo sí que era valiente. Aunque ahora los hubiera condenado a todos.
No tardó mucho para que la gente saliera corriendo aterrada y los guardias comenzaran a pelear contra los Sombrero de Paja. Pudo comprobar qué tan bueno era cada uno y se sorprendió a sí misma deseando luchar contra Roronoa.
Más miembros de la banda cayeron del cielo. Uno de ellos, con larga nariz, golpeó a uno de los Dragones Celestiales, mientras que una mujer de buenas curvas bajaba con una especie de alas formadas por manos.
Tan pronto como la batalla comenzó, terminó en el mismo instante en que la mujer Tenryuubito apuntaba con su pistola a la sirena. Sus ojos se dilataron expectantes, por muy rápidos que fueran a ninguno le daría tiempo a reaccionar.
Porque él no era un ninguno. Lo reconoció al instante y el pelo se le erizó. ¿Cómo era eso posible?, ¿qué hacía un tipo como él en un lugar como éste? Shane hizo más presión en el agarre de sus hombros, pero Shail ni se dio cuenta.
Estaba demasiado concentrada intentando procesar aquella energía que acababa de atravesarla. Al igual que a la noble, salvo que a ella nada le había sucedido. Todos los guardias cayeron al unísono, mientras que todos los piratas permanecían de pie.
En ese momento ignoró todas las conversaciones; aquello le fue tan familiar… Intentó buscar en su memoria aquel momento y rápidamente se percató de que algo malo pasaba. Si aquel monstruo era capaz de usar el… ¿Haki? Entonces lo que Shane había usado aquella vez, muchos años atrás, para salvarla de aquellos aldeanos enfurecidos también lo era.
Sí, por su puesto. No debería ser raro que alguien con su poder tuviera un espíritu tan poderoso. Dejó sus cavilaciones cuando por el rabillo del ojo observó a Eustass marcharse, despidiéndose con la mano y hablando en actitud arrogante.
—Yo me encargo de los tipos de allá afuera. Considerarlo un favor.
Y esa fue la gota que colmó el vaso. No solo para Shail sino que para Luffy y Law también. Los tres capitanes se vieron visiblemente molestos ante aquel comentario. No tardaron ni un segundo en ir tras los pasos del pelirrojo, dispuestos a ponerlo en su sitio.
Porque la verdadera batalla comienza ahora.
