Disclaimer: no poseo los personajes, ni las situaciones por todos conocidos, ni obtengo lucro alguno de ellos, es más pierdo mi café y mi tiempo en escribirlas.
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Capítulo 2:
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"UN DÍA MÁS"
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La tensión era palpable Vegeta la observaba desafiante, aquella chatarra disfrazada de mujer lo había humillado a golpes como quien golpea a un perro. No lo olvidaba, él nunca olvidaba.
Las dos mujeres estaban paradas una frente a otra, se dirigió hacia ella.
─¿Qué haces en mi casa chatarra? ─Estaba en su territorio y aquello era una provocación.
─Vengo a ver a Bulma.─contestó con un tono neutro carente de emociones.
─¿Desde cuándo sois amigas?─ le inquirió a su mujer.
─Acostúmbrate Vegeta la vas a ver mucho por aquí de ahora en adelante. ─contestó con evasivas─ . Juugachigou es mi invitada ─Remarcó con determinación el posesivo─ está aquí de visita. ─Bulma empleaba toda la arrebatadora naturalidad que poseía. Sabía cuan duro la androide le había golpeado en su orgullo, pero para ella eran tiempos pasados. Todos y cada uno de los acontecimientos transcurridos desde la llegada de Mirai Trunks habían contribuido de una forma u otra a la actual relación con el Príncipe de todos los saiyajines. Incluida la llegada de los androides y de Cell… Sin todo aquello no tendría ni a su hijo ni a su pareja.
Lo conocía y podía ver como de una forma u otra su relación todavía estaba `en construcción´ de la misma forma que a `su príncipe´ todavía le pesaba lo sucedido. Muy a menudo su lenguaje corporal le contaba más que él mismo, la vista que le ofrecía en aquel momento su musculatura tensa y ese brillo en la mirada gritaban que estaba claramente esperando el más mínimo atisbo para enzarzarse en una pelea con la androide. Había que cortar la tensión de algún modo de lo contrario los acontecimientos se precipitarían…
─Estábamos pensando pasar toda la tarde juntas e irnos de compras. ─Sin más dilación la tomó del brazo y se la llevó─ Si quieres puedes acompañarnos, siempre va bien que alguien cargue con las bolsas… ─Añadió guiñándole un ojo con su habitual descaro.
El Príncipe arrugó el entrecejo y con un sonoro gruñido se volteó dándoles la espalda. Solo faltaría que la chatarra se convirtiera en `amiga´ de la alocada mujer. Tendría que soportarla rondando por su territorio.
Maldijo a la mujer y a sus excentricidades así como a la pérdida de su valioso tiempo de entrenamiento.
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Ya en el jardín de la Corporación Bulma abrió su bolso e hizo eclosionar una capsula, un brillante deportivo último modelo apareció de la humareda. Montadas en el vehículo avanzaron hasta la zona comercial de la ciudad, la millonaria no paraba de hablar sobre un `fabuloso´ centro comercial recién inaugurado y de un montón de temas insustanciales. La copiloto permaneció en silencio mirando fijamente al horizonte aparentemente impasible.
─... y tienen una tienda fabulosa con diseños de Herve Leger que tenemos que visitar. No se puede considerar a una mujer elegante si nunca se ha probado uno… Sientan como un guante. ¿Sabes?
─¿Por qué lo has hecho? ─preguntó la jinzo ningen de improviso.
─¿El qué? ─inquirió con despreocupación.
─Frenarlo. ─contestó contundente.
La peli azul suspiró, con delicadeza desaceleró para aterrizar en un parque en frente del centro comercial. Apagó el motor y la miró en uno de sus silencios tan poco frecuentes, Juuhachigou seguía con la vista clavada en un punto indefinido al frente.
─Pude haber matado a tus amigos, a tu marido, tu hijo. A ti. ─La Briefs la escuchó en silencio.
─Pero no lo hiciste ─Pausó─ bueno a Vegeta le pegaste una buena paliza hay que reconocerlo... ─Se frotó el mentón mientras hacía gala de un raro sentido del humor─ . en aquella época se lo estaba buscando. ─su interlocutora volteó a mirarla, totalmente sorprendida por la aparente frivolidad de la mujer─ Se pasó tres años entrenando como un loco para pelar contra vosotros, si no hubiera tenido un buen combate habría sido peor... Se lo tendría que haber dado yo.
Se quedó perpleja sin saber cómo reaccionar, aquella mujer o era endemoniadamente lista o estaba loca de remate, había que tener una si no las dos cualidades para vivir con aquel hombre.
Lo cierto es que la expresión de desconcierto de la androide le provocó una carcajada, sonora y llena de vida. La rubia levanto las comisuras de la boca en un acto reflejo, la desconcertante mujer tenía un sentido del humor de lo más retorcido.
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─¿Pero dónde está Juuhachigou? ─Le preguntó al hijo del príncipe tras mirar por el amplio salón. Trunks se encogió de hombros en un gesto típicamente de Bulma tanto como la naturalidad con la que respondió.
─Hace un rato estaban aquí, mamá me dijo que te avisará. Pregúntaselo a papá.
Krilin se puso azul un ligero temblor le recorrió la espina, su relación con Vegeta era nula por así decirlo. El príncipe de los saiyajines le inspiraba temor, para él y el resto de los guerreros Z era un completo misterio como la Briefs y el saiyajin habían terminado juntos.
La cabeza no paraba de darle vueltas al asunto la única persona que sabía el paradero de Juuhachigou era Vegeta.
Trunks carraspeó levemente sacándolo de su ensimismamiento.
─Bueno yo me voy a entrenar con mi padre, hasta luego ─El pequeño levantó la mano despidiéndose, estaba impaciente.
Su padre por primera vez en su corta vida se había fijado en él, Bulma en vista a `aliviar´ al pequeño hiperactivo le diseñó y regaló unos `juguetes´ para entretenerlo, similares a los que en su día preparó para el Príncipe. El niño se divertía de lo lindo persiguiendo a las máquinas y peleando contra ellas. Vegeta lo había visto y con su eterno ceño fruncido le había ordenado ir a entrenar con él al siguiente día.
─¡Espera! ─dijo calado de miedo pero lleno de determinación─ Te acompaño.
─Vale ─respondió apresurando el paso.
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El príncipe de los saiyajines saltaba de un lado mientras los fight-bots rebotaban aleatoriamente el ataque que él mismo había disparado, los ágiles ojos negros seguían el haz de energía.
Encaró el ataque por la espalda mientras disparaba una bola de energía, los dos rayos de luz chocaron en medio de un gran resplandor, un pulso de energía en solitario.
De repente un zumbido atravesó la cámara, la gravedad se desactivó y los bots se desconectaron cayendo pesados al suelo, quedándose estáticos en medio de los surcos frutos del impacto.
─¡Maldita sea! ─bramó el príncipe de los saiyajines. Se giró molesto a la entrada del recinto─ ¡Mocoso como te atreves a interrumpirme! ─gritó enfadado.
La silueta del niño de cabellos violáceos parada frente a la entrada entreabierta se recortaba contra la luz del exterior.
─Dijiste que hoy entrenarías conmigo ─alegó el pequeño frunciendo el ceño a imitación derrochando una seguridad que Krilin envidió con toda su alma.
El Príncipe bufo y se limpió el sudor con el dorso de la mano, el pequeño era tan molesto como su madre. Si, es cierto el híbrido demostraba interés por entrenar, su sangre se fortalecía en él era algo que le complacía, no habría tolerado un heredero débil sin sangre guerrera, pero eso era algo que jamás admitiría de viva voz aunque para sus adentros deseaba probar cuan alto era su potencial.
"Mocoso inoportuno"
─¡Has abierto sin desconectar el diferencial de seguridad! ─Le grito adoptada su típica pose de brazos cruzados.
─No tengo el código de acceso y la cámara esta insonorizada ─Se defendió con apresto.
─Maldita sea ─siseó cargado de ira refiriéndose la madre, referencia que se le pasó por algo al primogénito.
El calvo se puso azul pero resistió quieto, "Aguanta Krilin, aguanta".
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Bulma en más de una y en más de dos ocasiones había `pillado´ a Trunks espiando a su padre en los entrenamientos, era cuestión de tiempo que el pequeño, curioso como todos los Briefs, abriera la puerta y sucediera una desgracia. La científica ideó un sistema de seguridad, se las ingenió para que la cámara gravitatoria y todos los fight-bots dejaran de funcionar si no se tecleaba un código, que tan solo ella y el saiyajin conocían: la fecha en que Trunks fue concebido. Si esto ocurría saltaba el diferencial de seguridad y todo absolutamente todo lo que contenía la cámara dejaba de funcionar, al menos hasta que ella llegara e introdujera los pertinentes códigos de reactivación.
La peli azul pensaba que de ese modo el orgulloso príncipe no podría entrenar y tal vez se decidiera a prestarle atención a su hijo.
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─Pues llama a mamá y que lo arregle. ─respondió el hijo con naturalidad─ . Me dijiste que hoy entrenarías conmigo.─ persistió tozudo.
─¿Dónde está Bulma? ─Se lanzó a preguntar el de los puntos en un arranque.
─Se ha ido de compras con la chatarra mecánica ─Vegeta rotó la cara para mirarlo con desdén.
─¿De compras? ─preguntó el guerrero Z incrédulo.
─¡¿Qué aparte de sin nariz estas sordo? ─Le contestó alzando todavía más el tono.
─¡No, no! ─Gesticuló negando con los brazos─ Bueno Trunks yo ya me voy.─ Volteó con la intención de levantar el vuelo.
─¡Adiós Krilin! ─se despidió el hijo de Vegeta.
─¡Mocoso! ─ Trunks se giró con el ceño doblemente fruncido.
─¡NO soy un mocoso! ─Fue lo último que le escucho decir antes de tomar velocidad hacia el azul.
─Más te vale que me des un entrenamiento mínimo hasta que vuelva tu madre ─Le espetó con seriedad. Los ojos del niño se agrandaron─ No llores después ─Advirtió.
─¡Si! ─exclamó el pequeño con alegría.
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Horas después tras haber asaltado las más prestigiosas tiendas de la ciudad y haberse probado decenas de diseños, sin saber cómo ambas mujeres acabaron enfrente de un escaparate de ropa infantil, en la parte central un delicado vestido rosado adornado con flores en rosa oscuro.
─¡Oh pero mira que monada! ─exclamó al ver la ropita de bebé. La rubia frunció el gesto y miró para otro lado─ Sabes, no me habría importado tener también una niña. ─comentó como quién no quiere la cosa.─ No es que no quiera a mi hijo, lo adoro. Pero a los niños no se les puede vestir de princesita ─Soltó otra risa.
─Estamos perdiendo el tiempo ─Interrumpió abruptamente la jinzo ningen.
─Vamos, nos estamos divirtiendo. ─La miró de refilón cansada de tanta tontería, si habían `arrasado´ metafóricamente las tiendas de la ciudad y debía de reconocer que el gusto de la pareja de Vegeta para la ropa no era malo. Todo lo contrario de los anticuadísimos trajes regionales que la esposa de Goku tenía en su casa, recordó cuando años atrás habían ido a la casa de Son y al encontrarla vacía se dedicaron a husmear en busca de pistas, quizás por curiosidad quizás para pasar el rato…
Le decepcionó el vestuario de la morena "¿Y esto es lo que se pone la mujer de Son Goku?" contestó desairada. "Habría esperado más de alguien que se hace llamar una princesa".
Ella no se lo habría puesto ni regalado, es más habría dado una lección de `gusto´ a quién se lo regalara…
─¿Por qué lo haces? ─inquirió con un tono seco clavándole sus ojos de hielo.
─¿El qué? ─Contraatacó amartillando una ceja y devolviéndole la mirada.
─Perder tiempo ─respondió con sencillez.─ Deberías de estar practicándome los estudios para deshacerme de esto.
─Más bien ganarlo ─Corrigió─ Si llegamos al laboratorio hoy no habrá ningún estudio que hacer. Lo sé. Y tú también. ─respondió con neutralidad y sin pizca de afectación.
Rotó plenamente para observarla, aquella mujer podía parecer frívola y abstraída pero cuando lo deseaba podía ser tan cortante y directa como ella.
─Ve directa al grano, no voy a perder más tiempo hoy ─Exigió con su tono cortante tan habitual.
Se elevó imperceptiblemente, quedando suspendida en el aire solo las puntas de los pies rozando el suelo.
─¿A qué le tienes miedo Juuhachigou? ─inquirió con su naturalidad recuperada.
─Yo no le temo a nada ─respondió con altanería elevándose una pulgada más.
─Claro, por eso prefieres que te mate Vegeta antes que esperar a hacerte esos estudios.
─Mañana sin falta, sin excusas ─Demandó.
─Te espero a la misma hora.
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De repente toda esa luz acuchillando sus pupilas, un segundo más tarde solo oscuridad y una marca rojiza quemando las retinas, avanzó a tientas totalmente desorientada, de fondo la voz del pequeño calvo llamándola se perdía a pasos agigantados.
La horrenda sensación de ser succionada el aire húmedo y putrefacto golpeó su rostro, una extraña mezcla de productos químicos y descomposición asoló sus fosas nasales, la ropa completamente empapada con aquel olor asfixiante, vomitivo.
"Ven hermanita acaso no quieres conocer la perfección" la frase pronunciada con la voz de Juuhannagou pero sin su consciencia.
"No puede ser. No puede ser. No puede ser"
"Esta vez será distinto yo soy más fuerte, soy más fuerte que tú". Trató de gritar pero el alarido murió prematuramente en su garganta. Mientras la oscuridad densa y orgánica la engullía.
Trataba de moverse pero sus miembros no le respondían, de patear, de resistir, pero su sistema nervioso no acataba ninguna orden. Abrió los parpados tanto como pudo, buscando alguna salida solo existía el abismo que la envolvía, sumamente denso, pesado. Toneladas de presión en medio de aquella negrura viscosa, salada, acuosa, tan densa que llegaba a ser palpable.
Asfixiante.
Algo pegajoso doloroso y ácido, algo vivo, salido de la nada comenzó a pegarse a cada centímetro de su piel quemándola sin piedad, quería respirar pero la infernal sustancia la llenaba.
Boqueaba agónica luchando por llenar sus pulmones con aire, aunque fuera viciado como todo lo que había en aquel lugar. Pero aquella cosa la invadía se deslizaba dentro de ella, la disolvía, la asfixiaba.
Trató de gritar pero no tenía voz.
"Grita así terminaré antes" no se molestó ni en usar la voz de su hermano uso su propia voz, tan repugnante, húmeda y viciada como todo él. Trato de hilvanar algún pensamiento coherente, de pensar en otra cosa, de buscar un maldito recuerdo feliz, no quería irse, no quería morir de esa manera.
No así, en aquella agonía, sin ninguna luz, sin ninguna esperanza únicamente vacío, profundo y estéril como el laboratorio donde dejó de ser ella misma.
El viejo del infierno, maldito Gero.
Le quitó la humanidad, la vida y cualquier recuerdo de ellas, succionó de su mente hasta el último atisbo de lo que quiera que fuera antes, hasta el más nimio recuerdo de la cotidianeidad de su vida.
Succión, sentía como cada una de sus células se separaban de ella para fundirse con aquella masa que la envolvía generando un calor sofocante. Sin respirar, sin recordar, sin vivir.
Se maldijo por no haber acabado con su vida cuando tuvo la oportunidad, no le temía a la muerte. De morir preferiría haber sido por su propia mano habría sido menos doloroso, mejor que aquello.
Al menos habría tenido el control.
Morir no le preocupaba tanto como aquello, era algo secundario, sin importancia.
Todo ser nace para morir. Es la cadena.
Pero servir de alimento a esa maldita cucaracha que había acabado con su hermano que para colmo utilizaba su voz a su antojo. Juuhannagou habría muerto antes de de decir aquellas palabras.
No iba a darle gusto al maldito viejo. No iba a seguir sus planes.
No.
Antes muerta.
Las carcajadas de esa cosa resonaban en sus tímpanos o en lo que de ellos quedaba mientras su consciencia se iba diluyendo en la inmensidad. Se disgregaba, se fusionaba perdida en un mar heterogéneo de células y genes.
Dejaba de existir de ser ella misma, para ser él.
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Se despertó chillando y tosiendo estrepitosamente.
Se incorporó de la cama empapada en sudor con los ojos tan abiertos como podía tenerlos y el cabello revuelto.
─Juuhachigou ─susurró soñoliento Juuhanagou con un ojo medio abierto─ duérmete estabas soñando otra vez.
Miró al otro extremo del salón su hermano dormía a pierna suelta en su catre en medio de la oscuridad, se revolvió en el suyo antes de levantarse descalza a buscar algo de agua, tenía la garganta seca de tanto gritar.
Después de esas pesadillas siempre se le quedaba seca e irritada, todavía podía sentir la sustancia. Con un claro gesto de asco agarró el vaso y se disponía a llenarlo, la jarra estaba vacía. El bello durmiente no había traído más agua del arroyo.
Con un gesto de gran fastidio salió a fuera y voló hasta allí. La brisa nocturna calaba con facilidad a través del fino tejido del pijama. Maldijo a su hermano por no tener problemas para conciliar el sueño ni lidiar con semejantes pesadillas.
Dormía con la tranquilidad de un bebé. Inconsciente hasta para eso.
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Desencapsuló la cisterna y activó la bomba de succión, la imagen de la manguera absorbiendo agua le provocó arcadas, se alejó unos pasos para vaciar otra vez su maltrecho estómago.
Unos minutos más tarde y el depósito estaba lleno.
"Todo es por tu culpa" pensó en el pequeño guerrero. "Debiste de haberme matado."
─¿En qué demonios estaría pensando para hacer lo que hizo? ─Se preguntó en voz alta.
─Croac. ─Le respondió la rana mirándola fijamente. ─Croac croaaac.
Juuhachigou la miró con asco, verde con motitas. Le recordaba a Cell. Levantó la mano y comenzó a acumular energía. La rana retrocedió con un `croac´ angustioso pegándose a la pared de piedra. Había pánico, si es que semejante bichejo podía sentirlo en su mirada.
Saltó al estanque lo más rápido que pudo.
Bajó la mano y la esfera desapareció, se volteó, no entendería nunca su incapacidad para acabar con esos animalejos. Encapsuló el depósito y se largó de allí, perdida en la maraña de sus pensamientos.
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─Juuuu - juuu – jjjj ─La cabeza blanca y sin expresión del calvo fue lo primero que vio, comenzaba a tener las mejillas cianóticas.
─¿Qué- qué demonios haces aquí? ─preguntó, al soltar su cuello maltrecho el pequeño tosió con fuerza sujetando la parte dolorida...
─Chillabas y golpeabas, estabas soñando ─El aire dolía al rozar por las paredes estrujadas, la voz sonaba cascada y baja, apenas audible.
Ella se sentó en la cama sobre sus talones, se meso el cabello colocándolo en su lugar.
─Estabas sufriendo, no podía dejarte así. ─Prosiguió haciendo esfuerzos por aparentar más fuerte.
─No puedes ni protegerte a ti mismo ─Añadió al mirar las marcas de sus dígitos sobre su piel.─ Vas a conseguir que te maten un día ─Bromeó. Y era verdad.
─Yo estoy bien, de verdad. Soy más fuerte de lo que parezco.
─Claro que si pequeño ─Apoyó con sarcasmo.
Se levantó dolorido arreglándose el pijama descompuesto. La chica de sus sueños durante uno, le había dado la paliza de su vida. Ni Nappa de recién llegado a la tierra le había golpeado así en pleno combate, ella, profundamente dormida, ni se había dado cuenta hasta que abrió sus rasgados ojos y un deje de asombro se asomó en ellos.
Lo soltó. Tosió y se acarició el cuello machacado.
─Iré a prepararte un té, te hará bien, ya lo veras.─ fue lo primero que dijo cuando recuperó la voz. Presto el guerrero de los puntos bajó las escaleras directo a la cocina.
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En cinco minutos Krilin le servía un humeante té en una taza de raiku.
─Déjalo ─Ordenó la rubia.
─¿Qué? ─preguntó perplejo.
─No necesito ninguna infusión, ni tu amabilidad ─respondió cortante.
─Oh no es amabilidad solo egoísmo ¿Si? ─La miró, la mujer enarcó una ceja y lo miró fijamente el pequeño se sonrojó nuevamente─ Quiero que mañana te sientas mejor. No pienses mal solo quiero entrenar me siento algo oxidado.
─¿Entrenar? ─Se preguntó casi risueña─ ¿Tu conmigo? Si estas que te…─Escaneó al de los puntos tatuados, estaba hecho un drama, lleno de moratones y heridas superficiales.
─Parece que si me defendí después de todo. ─comentó sin darle importancia.
─No… yo estoy bien de verdad ─Trató de enderezarse del todo pero un calambre doloroso le atravesó el cuerpo.
─Mientes muy mal para ser humano sabes. ¿No tienes ninguna de esas famosas pastillitas verdes, esas que utilizabais?
─¡Semillas senzu pues claro! Iré a buscar… tal vez Karin pueda ayudarme.
Las piernas le fallaron cayó sobre sus rodillas.
─Mmm no aguantas mucho. ¿Dónde está? ─Al pequeño le brillaron los ojos con emoción.─ NO creas que lo hago por ti, lo hago por mí ─dijo con frialdad─ No tengo ganas de que tus amigos me linchen.
─Te acompaño ─Se volteó sorprendida apenas podía mantenerse en pie y pretendía volar─ No creo que conozcas el camino.
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Volaron largo rato ella delante y el varios metros detrás intentando seguirle el ritmo, de tanto en tanto sin saber por qué miraba atrás y en una de tantas lo vio caer al vacío. Lo recogió refunfuñando entre dientes manteniéndole sujeto por un brazo colgaba como un peso muerto, súbitamente él hizo un esfuerzo por mantenerse erguido. Lo miró sorprendida… no esperaba aquel gesto.
"El mismo camino pero al revés" musitó en voz baja buscando sus ojos fríos. Ella volteó mirando al frente sin querer desentrañar el significado de sus palabras, pero una parte de su analítico cerebro lo hizo como siempre sin su consentimiento.
Él había cuidado de ella, la había cargado y había pedido aquel deseo al dragón, esperando que ella fuera feliz con Juuhannagou. El muy imbécil había creído que era la novia de su hermano. Le enfurecía la confusión tanto que pese al riesgo de su reciente vulnerabilidad dejó de ocultarse y se lo gritó a la cara ante la estupefacción de todos los presentes.
─¿Muchacho que te ha pasado? ─preguntó el gato.
─Tuvimos un accidente entrenando ─contestó mientras la androide miraba para otro lado.
El minino los repasó con la mirada torció el morro hacia un costado─ Toma ─contestó entregándole un saquito a la rubia─ dile a tu novio que sea más cuidadoso quizás la próxima vez no tenga para darle.
─¡No es mi novio! ─contestó molesta. ¿Por qué aquella bola de pelos la había tomado por su novia?
Krilin tras tomarse la pastilla estaba como nuevo la tomó del brazo se excusó con apuro.
─No es mi novia solo somos amigos ─la jinzo ningen se le quedo mirando.
"¿Tantas miraditas furtivas y sonrojos y esa prisa en negarlo? Qué más quisiera él que una chica como yo le hiciera caso…"
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"¿Maldita sea que hago pensando estupideces en medio de la nada?" se preguntó echando su lacia melena a un lado.
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Nota de autor:
La ranita el capitán de las fuerzas espaciales ataca de nuevo.
Respecto a los gustos estilísticos de Chichi y Juuhachigou hace reseña al momento de la saga de los adroides en el que estos llegan a Monte Paoz en busca de Goku, que todavía estaba en Kame-House, al no encontrarlo registran la casa y Juuhachigou muestra su `desacuerdo estético´ respecto a Chichi (coge uno de sus vestidos lo mira con mala cara y lo tira al suelo).
Juhachigou puede parecer de hielo pero en el fondo no lo és. ; )
Gracias a Kawaii Destruction, Schala S, JazminM, Ildhor, Iluvendure, LORDKUKUKU, Gynee, Juuhachi─love, Kumikoson4, Kisame Hoshigaki, a Inuno Taisho y a Dororo.
Mil gracias por leer y todavía más por comentar.
