A peticion de mi querida Kamilha W.B. y depues de pensarmelo mucho, he decidido que este fic, que en origen era un one-shot continuara. Por dicha razon he cambiado el nombre a uno mas apropiado "Vivir una Nueva Vida"

Este fic sera la historia de como Jasper le abr su corazon a Alice y confia en ella y la comienza a amar.

"El amor se construye de a poco" dicen muchos.

Espero no decepcionarlos.


Desconfianza, confusión y… ¿cariño?

Dos semanas, eso era lo que llevaba con ella. Dos semanas y ya sentía que su existir dependía de la diminuta vampira que revoloteaba a su lado como un hada y lo tomaba de la mano, llenándolo de esas emociones tan puras que lo hacían sentir aun peor de confundido.

Era como si ella fuera un ángel que hubiese bajado del cielo a salvarlo. Pero aunque estuviera al lado de ese hermoso ángel con rostro de duendecito, Jasper no podía confiar del todo en ella.

De acuerdo, todo había cambiado desde que la había conocido. Como si el mundo se hubiera transformado, como si hubiese vivido en una pesadilla en blanco y negro, y cuando ella apareció todo se volvió un cuento de hadas de colores. Pero era algo que no esperaba, que llegara un ser tan bello y maravilloso como Alice, que le abriera su corazón, que quisiera ayudarle a sanar sus heridas, a olvidar su pasado.

Si, a decir verdad había estado buscando a quien quisiera recorrer su camino con él. Pero nunca creyó encontrarle. Pero lo que menos se esperaba era haber entregado su confianza con solo una mirada. Eso si había sido algo imposible de imaginar para él. Precisamente esa era la razón de su desconfianza, porque confiaba en ella.

Había momentos en los que ella se acercaba mucho a él y, lo único que lograba hacer era cerrar los ojos y esperar que lo matara. Estaba indefenso y vulnerable ante ella. No pretendía frenarla si lo intentaba matar. ¿Qué más daba ya?

Pero extrañamente lo único que hacia esa bella mujercita era acercarse para rodear su cintura con sus pequeños brazos. Y sonreía.

Eso lo tenía completamente sumido en la confusión. ¿De verdad ella lo quería? ¿Cómo podría quererlo? Él era un monstruo ¿Cómo podía querer a un monstruo como él? ¿Por qué?

Toda su existencia de vampiro fue un asesino, un animal sediento de sangre. Mato a muchas personas. ¿Qué había hecho él bueno para ahora tener un ángel tendiéndole su mano e invitándolo a salir de sus tristezas? Nada. Y sin embargo, ahí estaba Alice, dando vueltas a su alrededor, llenando su corazón vacio, de algo que no conocía. Y que su don le ayudaba menos a evitar llenarse de las suaves olas que lo bañaban cuando se hallaba más cerca de ella.

No podía dejar que esto siguiera así. Ya no entendía lo que le pasaba. A veces tenia sensaciones, cuando Alice no se encontraba lo suficientemente cerca para provenir de ella. Pero él sentía algo, ahí, donde alguna vez latió su corazón. ¿Qué era? Él no sentía, hacía años que no sentía nada.

Se había hecho a la idea de que una unión como la de Petter y Charlotte solo podía existir para aquellos que no habían dejado extinguirse a su alma. Y también se había hecho a la idea de la de él se había extinguido hacía mucho tiempo. Pero esto, si bien, no era como lo que conoció con su camarada de armas, era mucho más fuerte y tarde o temprano lo llevaría a su destrucción.

Pero, si lo destruía, ¿Qué importaba? Él no se arrepentiría, porque de algún modo ella lo vino a salvar, aunque muriera a manos de ella, de cualquier forma, sería el cielo para él.

¡Diablos! ¿Qué estaba pensando ahora?

Al pie de un enorme pino sentado, como hacía siglos no acostumbraba, pensaba en la situación. Y en lo fuera de su control que estaba todo.

Alice estaba a unos cuantos metros de él, en un prado enorme cortando flores y bailoteando, como una dulce niña. No podía pensar en otra cosa que en ella. Sus ojitos ambarinos, que lo miraban siempre abiertos de par en par, y esa ola de emociones tan puras que emanaba siempre de ella.

¿Qué iba a hacer ahora? Si se quedaba con ella, terminaría matándolo. Si se iba, moriría de tristeza.

Estas últimas dos semanas, que habían compartido juntos, le habían creado una gran necesidad de ella. Si se iba ahora, no lo soportaría. Si ella lo dejaba, se mataría. Pero si se quedaba… no sabía que pasaría.

La lógica le seguía diciendo que de quedarse ahí, ella lo mataría. Pero nada de lo que ella sentía parecía indicar que lo mataría. Y de ser así, sería feliz. Ya no le importaba.

Si la intención de ella era matarlo, el se quedaría a esperar su muerte. Ya no importaba nada más.

¿Y si realmente lo amara? ¿Podría ser posible eso? ¿Podría un ángel como ella amar a un demonio como él? De ser así ¿Qué pasaría? El no era suficientemente bueno para ella. Ella se daría cuenta en algún momento. Se iría, y él. Él moriría de tristeza.

Bueno. Si ese era el destino que se avecinaba, que fuera así. Estaría con ella, la tendría a su lado, y luego ella vería que no puede tener nada si sigue a su lado, que él es muy poquito, y se iría. Cuando eso sucediera, el prendería una hoguera y se lanzaría a ella. No importaba más.

Acababa de comprometerse con sí mismo, cuando ella se acerco brincando hasta donde él.

Llego y con un suave movimiento se sentó junto a él. Traía en sus manos un ramo de flores rosas y blancas. Sonreía, como siempre.

— Mira Jazz. Flores silvestres. Están preciosas verdad.

Jasper la miro y sonrió. Asintió con la cabeza. Luego vino a su mente, ¿Cómo es que sonrió? ¿Hacía mucho tiempo que no sonreía? ¿Cómo hacia ella para curvar esa expresión desconocida en sus labios?

Tan sumido estaba en sus miles de preguntas, que no se dio cuenta de que Alice se le acercaba mucho, hasta que la tuvo recargada en su pecho.

La miro, tenía los ojos cerrados. Le agrado ver su rostro con esa inocencia tan característica de la duendecito.

Quiso rodearla con sus brazos pero no se atrevió. Eso ya sería demasiado.

La siguió mirando, hasta que ella abrió los ojos.

Intento desviar la mirada antes de que ella lo viera, pero no lo logro. A Alice le dio tanto gusto abrir sus ojos y encontrarse con los de él clavados en su rostro. Eso era nuevo. Se sintió tan feliz que en un segundo, se incorporo a medias y se volteo para abalanzarse hacia él.

Acto reflejo, Jasper cierra los ojos y se tensa. Esperando un ataque del que no se defenderá. Pero Alice lo rodea con sus brazos y se pega a él tanto como puede. Vuelve a abrir los ojos sorprendido por esos bracitos a su alrededor, y nuevamente esa ola de emociones tan intensas y hermosas.

En sus labios se curva una sonrisa. Sus manos no saben qué hacer. Y, de pronto, en un movimiento que se escapa de su control, su mano izquierda se posa sobre la cabecita en su pecho y acaricia el negro y corto cabello.

Alice se siente muy contenta por esa caricia tan dulce.

Jasper se da cuenta de lo que está haciendo y lo frena por completo. A Alice le hace sentir un poco triste, pero lo disimula perfectamente. Se incorporo y puso su mano en la mejilla de él. Acaricio las cicatrices de su mejilla.

Jasper cerró los ojos ante esa caricia, no era nada parecido a lo que había sentido antes. Tenía mucho tiempo sin que nadie le hiciera un cariño, su piel se sentía como si hormigueara bajo esa mano blanca y suave que iba y venía por su mejilla. La sensación nueva, era increíblemente agradable.

Pensar que nunca hubiese permitido que nadie se acercara así a él. Se sentía como si la mano de ella destilara chispas eléctricas. Un gruñido sordo se formo en su pecho, pero no de advertencia, sino de satisfacción, esa caricia lo hizo sentir mucho muy bien.

Alice sonrió deleitada por la reacción del caballero. Tanto que siguió trazando las medias lunas de toda su mejilla, y de la barbilla, las que tenía en la ceja.

Jasper se sentía cada vez mas entre nubes. Esa mano, ese ir y venir acompasado sobre su rostro. Era como encontrarse en un paraíso desconocido para él.

— ¿Nos vamos? — la voz soprano de la pequeña vampiresa rompió el silencio del momento.

Él asintió de buena gana. Se levanto y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

— Gracias, caballero— dijo Alice tomando su mano e incorporando se del suelo, mientras con la mano libre tomaba el ramillete de flores que yacía en el suelo y que unos momentos atrás hubiera cortado.

Jasper se sorprendió por el apelativo. Solo pudo sonreír.

Así continuaron su camino. Ella iba al frente, un par de metros delante de Jasper. Él la miraba andar con esos pasos desenvueltos como una bailarina andando por la calle. Y con las flores en las manos, parecía una bailarina a punto de iniciar una danza ceremonial. Sentía tantos deseos de correr hasta ella y abrazarla, alzarla en sus brazos, sentir su piel, su tacto más cerca, como unos momentos antes.

Pero sabía que eso había sido solo un acto inconsciente, tanto como él le acariciara el cabello. Aunque no podía negar que había sentido algo muy tranquilizante, ella pegada a su pecho y él acariciando su cabello, con ¿cariño?

¿Sería posible? "Ese sentimiento…" le había dicho María "no existe entre nosotros. Vivimos para la sangre y nada más" y él le había creído. Todo lo que sabía sobre vampiros se lo había enseñado María. Él le había creído todo, le seguía creyendo todo. ¿Cómo podía ser que ahora sintiera eso que se suponía no iba a sentir? ¿Podría ser que María le hubiera mentido sobre eso, como en muchas otras cosas? A estas alturas ya no le sorprendía, pero le asustaba. No sabía cómo hacer frente a estos nuevos sentimientos. Ni siquiera creía posible llegar a sentir cariño por alguien. Pero eso era lo que sentía por Alice, cariño, veneración, y quizá, admiración.

Pasaron las horas, seguían caminando, en completo silencio. La mente del sureño iba y venía por las mismas dudas, las mismas preguntas, las mismas sensaciones. Para esas alturas ya estaba oscuro y habían recorrido algunos 400 kilómetros sin siquiera darse cuenta.

Alice corrió al pie de un árbol, luego brinco hacia una rama y comenzó a trepar. Jasper la siguió como acto reflejo, ella trepaba veloz y ágil. Sonriente. Él la seguía igual de veloz pero completamente confundido.

Estando en la rama más alta que podía soportar el peso de ambos juntos, Alice lo miro sonriente, algo característico en ella, y miro hacia abajo. Jasper siguió el rumbo de su mirada, se encontraban a una altura de al menos diez metros de altura. El viento que se lograba colar entre las ramas le acariciaba el rostro de una forma suave, pero no tan satisfactoria como la de unas horas antes.

Pensar que jamás había trepado a un árbol. Jamás había sentido la sensación enloquecedora de ir subiendo y subiendo, rama por rama y sorprenderse de la facilidad con que lo lograba. Pensar que jamás había permitido el roce del viento en su rostro.

Todas esas cosas que jamás había hecho en toda su existencia, mientras había estado con María, o con Petter y Charlotte, ni siquiera solo, resultaban pequeñas, insignificantes, pero a la vez eran sensaciones nuevas y tranquilizantes. Algo que le permitía sentirse por un momento liberado tranquilo e incluso en paz.

Pero eso era lo que venía sintiendo desde que estaba con Alice, paz, mucha paz y calma.

Incluso se desconocía a sí mismo. Como si fuera un ser completamente nuevo. Ese vampiro relajado, que sonreía bastante y reía de repente era completamente desconocido para él. Nunca se había sentido así. En ochenta años de existencia vampírica, jamás había reído, y si lo había hecho, no había sido de ese modo, completamente sincero. En ochenta años nunca había dejado que el viento le rozara la cara. En ochenta años nunca se había sentido tan libre.

Y Alice había logrado que todas esas sensaciones, todo eso que creía completamente perdido, junto a su humanidad. Todos los sentimientos, las sensaciones, las acciones que creía desaparecidos en él tras esa trágica noche volvían a él poco a poso. Incluso llegaba a pensar que había vuelto a tener alma.

— ¿Qué hacemos? — se animó a preguntarle el sureño. La risa de Alice se hizo presente y Jasper sonrió fascinado. Ese sonido, semejante al tintinear de monedas o a campanas de viento, era, hasta ahora, lo único que podía sacarle una sonrisa. La tensa línea de sus labios se curvo hasta adoptar una desconocida sonrisa.

— No lo sé—respondió con su voz soprano—, tu dímelo— se encogió de hombros.

— ¿Yo? — el rubio frunció el ceño ante tal respuesta.

— Escucha— dijo ella por toda respuesta. Él intento concentrarse en escuchar. Cerró los ojos. Debajo de él se escuchaba el golpe sordo de unas patas sobre las ramas. Un efluvio le llego desde donde provenía el sonido de golpeteo. Un olor de sangre, animal, sí, pero hasta cierto punto, tenía un olor atractivo. Y era mucho mejor matar a un animal que a un humano.

En ese momento todo se transformo. Todas esas dudas, todas esas interrogantes, desaparecieron. Desaparecieron ante el conocido ardor de su garganta.

Aun en esa inconsciencia de si mismo que le suponía el estar sediento y de caza, su mente voló hacia la pregunta ¿Cómo no se había dado cuenta de que tenía sed?

Aunque de inmediato la idea paso a segundo plano, cuando, en un acto tan inconsciente como el respirar, se lanzo sobre aquel animal que estaba tan desdichadamente cerca de él.

De inmediato se agoto la sangre contenida en el cuerpo de aquel puma, su garganta cedió un poco en ese ardor tortuoso. Pero no lo suficiente. En seguida se hubo secado el puma, él aventó el cuerpo vacio y olisqueó el aire. En busca de algo más.

Olfateó un poco más cerca, un efluvio nuevo, diferente y menos atractivo. Un herbívoro. Ignorando el asco que le ocasionaba ese aroma, se abalanzo entre los árboles y pronto localizó una pequeña manada de ciervos.

Salto sobre el más grande y todos los demás huyeron. Alice alcanzo uno y procedió a alimentarse en cuanto se hubo asegurado de que él no estaba teniendo problemas con su sed y el sabor de los herbívoros.

Después de unos momentos en los que Jasper hubo acabado con dos ciervos mas. Se sentó al pie de un árbol y busco con la mirada a la pequeña vampiresa. Por un momento, en el que sus ojos no la encontraban, una oleada de temor lo recorrió ¿Sería que ella finalmente se había ido, aprovechando ese momento de completa distracción? ¿Podría ser?

Pero luego sus ojos encontraron la menuda figura de la vampirita de cabello negro, encaramada sobre la rama de un árbol. Agazapada con una mano en una rama cercana y la otra hacia atrás. Su vista fija en algo.

Adivino que aun estaba sedienta y cazando.

Verla en esa posición tan conocida, disparó en él pensamientos que jamás había tenido, aun en ochenta años de vampiro.

"Se ve muy bien cazando" pensó "Interesante, misteriosa, salvaje y sensual. ¿Eso lo pensé yo?" una vez mas Jasper se había percatado de lo nuevo que era para él todo esto. Y su mente volvió a correr como loca en el millón de dudas y preguntas que aun tenía en su cabeza y que momentos atrás, hubiera dejado de lado para dar paso a la sed.

De tanto pensar no se percató del momento en el que Alice saltó sobre su presa, ni cuando bebió la sangre.

Solo se dio cuenta cuando la vampira hubo estado sentada a los pies de donde él estaba. Con las piernas cruzadas y las manos en sus rodillas. Mirándolo.

— ¿Estás bien? —preguntó. Él se sobresalto un momento de verla ahí de repente. Pero sonrió y se sentó a su lado.

— Sí, estoy bien— contesto.

Alice se tiro de espaldas en la hierba y estiro sus brazos. Él no dejo de mirarla ni por un momento.

Alice palmeó la hierba a su lado invitándolo a acostarse junto a ella. El obedeció de buena gana. "Todo lo que a ella la hiciera feliz"

Se tumbo a su lado y se dedico a mirar las nubes y las plantas que había sobre ellos. Se concentro en las emociones de Alice. Eso lo hacía sentir perfectamente en paz.

Ella sonríe y pone una mano en su mejilla y acaricia de nuevo. Él cierra los ojos y se deja llevar por las emociones. Pero la sensación que le provoca el roce de la mano de Alice sobre su piel devastada se hace más fuerte. Esa corriente eléctrica que nace de los dedos de la vampira lo hace sentir confundido y bien. En su pecho vuelve a formarse el sordo gruñido de satisfacción. Como un ronroneo.

Motivada por la reacción de sureño, Alice lleva sus manos a su cabello y enreda sus frágiles dedos en los rizos dorados. Intenta deslizar los dedos desde el nacimiento de su cabello hasta las puntas. Ni bien no había recorrido dos centímetros, sus finos dedos toparon con un enorme nudo en la maraña de rizos del caballero.

Dio un par de tirones lo mas suavecito que pudo y retiro de ahí la mano.

Él abrió los ojos y le busco. Ella estaba buscando algo en su bolsito. Jasper se incorporó a medias, tratando de adivinar que buscaba.

Poco tuvo que pensarlo ya que ella pronto saco un cepillo de su bolso. Por un momento el rubio pensó, quizá inocentemente, que ella quería arreglar su propio cabello. Hasta que Alice se levanto y fue a sentarse detrás de Jasper.

— ¿Qué haces? — preguntó él un poco alarmado.

— Arreglare tu cabello—contesto ella con toda simpleza.

— ¿Para qué? — volvió a preguntar.

— Porque es un desastre— respondió haciendo una cómica mueca. Y luego añadió— ¿Hace cuanto que no lo cepillas?

— Hum— pensó Jasper—. No lo sé. Supongo que desde que me fui a la guerra. Al menos jamás lo he hecho desde que soy vampiro.

— Pues ya va siendo hora— dijo la pequeña vampira hundiendo el cepillo en la maraña de rizos rubios.

Él intento oponer resistencia, pero después se rindió. Se la habría quitado de encima en un abrir y cerrar de ojos, pero eso quizá habría herido sus sentimientos. Y podría haberse ido.

Aunque sabía que él no era para ella, deseaba tenerla a su lado. Solo ella le había hecho sentir esperanza.

Supo que Alice había terminado su trabajo cuando el cepillo no se volvió a hundir en sus rizos. Después ella misma lo anunció.

— Listo. A ver si tu cabello no se asusta— rio. El también rio, aun sorprendiéndose de ser capaz de reír.

Sonrió y quiso voltear para mirarla, pero quedo paralizado en el acto al sentir un cosquilleo desconocido sobre su piel.

Alice le había plantado un pequeño beso en el cuello. Un beso. El cosquilleo de unos labios sobre su piel devastada. Nuevamente, algo que desconocía.

Bajo la cabeza y cerró los ojos, sumido en sus pensamientos y embargado por una gran confusión.

Alice lo miro con compasión y ternura. Ella sabía de sobra el montón de preguntas que se juntaban en su cabeza.

Con un movimiento suave se sentó frente a él y poso su mano en la mejilla plagada de cicatrices. Con el índice las dibujo suavemente. El mantuvo los ojos cerrados y controlo el gruñido de placer que amenazaba con salir.

— No tengas miedo, Jazz, te quiero y nunca te dejare. Jamás. No pienso irme nunca. Si nos separáramos será porque tú quieras, no porque yo me vaya.

Él asintió y sonrió tímidamente. Ella lo empujo para que se volviera a recostar sobre la hierba. Después hizo lo propio y se acomodo a su lado. Más cerca de lo normal. Tomo la mano marcada del vampiro y la alzo para ponerla enfrente de ambos. Luego junto su palma con la de él, midiéndolas. La mano de Jasper era casi el doble de grande que la de ella. Jasper volteo y la miro haciendo puchero.

— Creo que yo era de lavado en seco— comentó.

— ¿Por qué? — preguntó él.

— Porque me lavaron y me encogí— remató Alice. El chiste sobre su estatura cumplió su cometido. Jasper rio de tal modo que casi podía catalogarse como carcajada.

Y allí se quedaron por bastante tiempo.


Este es mi segundo capi. No es mucho, pero no es sencillo confiar ciega y plenamente en alguien, menos si has vivido las atrocidades que vivió Jasper.

Espero que les haya gustado.

Babai.

Klau :D