Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es tranajo de una musa que osó irse de vacaciones sin avisar.
Derribados
Jasper Pov.
Desde que Alice entro en mi vida, todo ha cambiado. Nunca pensé que llegaría a sentirme así con alguien, pero con Alice siento, que por fin puedo estar tranquilo. He pasado muchos años evadiendo a cualquiera de los de mi clase, nunca permanecí cerca de nadie desde que deje a María, aparte de Petter y Charlotte. Y hasta de ellos me aleje.
Pero sé que de Alice no podre alejarme nunca, ella es un ser tan divino y hermoso que constantemente me pregunto ¿Qué hace un ángel como ella rescatando de las sombras a un monstruo como yo? Y aunque ella me diga lo contrario, se que yo he sido un monstruo, pero también sé que por ella intentare ser lo que no he sido en este siglo de existencia.
Esa mañana corríamos ya por Canadá, buscando al extraño clan del que me hablo. Los Cullen. Hasta donde ella me había contado, el líder del clan Carlisle era el primero en probar la sangre animal como alternativa y tenía como 285 años probando esa dieta, por lo que estaba convencida de que funcionaba.
Yo, al principio tenía mis serias dudas, pero ahora no. A pesar del sabor, la sangre animal logra calmar muy bien la sed. Aunque si, el sabor es un tanto desagradable, al menos no me tenía que preocupar por las emociones y me podía alimentar en paz.
Lo único que no lograba comprender ahora, eran mis sentimientos hacia aquella vampiresa pequeña que me acompañaba y me había rescatado de mi soledad. Estaba consciente de que aquella desconfianza y todas las dudas, habían desaparecido. Pero en su lugar había descubierto un sentimiento que me desconcertaba, ya que nunca lo había sentido, en mi existencia de vampiro jamás me había sentido así, y, aunque no recuerdo bien, estoy casi seguro de que en mi vida humana tampoco.
Este sentimiento me asustaba, pero a la vez me hacía sentir bien. Completo. Pero ya no sabía qué hacer con ello. Si he de ser sincero conmigo mismo, me he enamorado de Alice. Aunque suene extraño, o precipitado. He sabido que las relaciones entre nuestra especie son muy veloces. Petter y Charlotte pasaron de ser simples desconocidos a compañeros con un día de convivencia cercana. A mí me cuesta creer que se pueda ligar uno a alguien de esa manera tan veloz, pero ahora ya no estoy tan seguro de eso. A final de cuentas, yo me quede ligado a Alice desde el momento en el que tome su mano, y sé que ya no podre separarme de ella.
Pero no me había dado cuenta de ese sentimiento antes y realmente me confundía, pues no sabía en qué momento me había enamorado de ella, no sabía si había sido hace unos días, cuando estábamos de caza y, en un movimiento que no supe como ocurrió, salte sobre un ciervo al tiempo que ella saltaba por otro y terminamos chocando el uno con el otro y cayendo al suelo, espantando a nuestras respectivas presas, o hace unas semanas cuando me pidió que creyera en ella, o ¿Por qué no? Ese día en Philadelphia, cuando apareció y me sonrió y me baño con sus olas de esperanza, de tranquilidad y paz y de alegría.
Debía deshacerme de aquellas ideas pronto, porque debía meterme en la cabeza que Alice no era para mí. Que ella quisiera estar conmigo y otra muy distinta es que realmente la merezca. Alice es un ángel que ha bajado del paraíso para rescatarme de mi soledad, pero eso no quita el hecho de que yo soy un monstruo, y de que, en realidad, no merecía que ella viniera para llenarme de estas sensaciones.
Aunque otra idea era la que me atormentaba aun mas. Hasta ahora ella ha demostrado que quiere estar conmigo, hasta ahora ella ha demostrado que me ama, pero ella no sabe realmente lo que quiere y un día se cansara y me dejara solo.
Llevaba dos meses con ella, habíamos peinado todo Alaska y la mitad de Canadá en la búsqueda de los Cullen, según ella se asentaban hasta seis años en un mismo lugar, pero ella seguía sin poder averiguar en sus visiones donde estaban, y mientras tanto los buscábamos de la forma normal.
Ella tenía un rato sin cazar, como una semana. Yo tenía tres días y la garganta ya me quemaba de una manera insoportable. No comprendía cómo hacia Alice para soportar más de tres días. Me sentía como cuando era un neófito, en cuestión de horas volvía a tener sed por más que me saciara.
Pero no molestaría a Alice con mis problemas ahora. No, mejor me aguantaba.
Seguimos por varias horas, caminando. Ella iba y venía en sus visiones intentando encontrarlos. Yo me sentía cada vez mas incomodo, pero no dije nada. La miraba nada más y el solo mirarla me tranquilizaba.
Me detestaba tanto a mi mismo por esto. No podía quererla, no de esa manera, ella no era para mí y yo no la merecía. Todo esto era tan confuso.
Alice se detuvo y volteó a mirarme. Qué extraño era mirar a sus ojos color oro, y sentirme así. Mi corazón parecía querer latir de nuevo, sentía cono si me hinchara de felicidad y quisiera estallar dentro de mí, solo por volver a latir. Sabía que era imposible que mi corazón volviera a latir, pero todo eso me hacía sentir Alice.
Tenía tanto miedo de que de pronto desapareciera como una ilusión, y de pronto yo estuviera de nuevo solo. Solo y triste.
Sabía que Alice no se alejaría de mí, pero tampoco debía dejar que mis sentimientos hacia ella crecieran. Ella no era para mí, un ángel como ella no se enamora de un monstruo como yo. Una criatura frágil, alegre y risueña, no viene a enamorarse de un pobre soldado solo y atormentado por el pasado.
Alice siguió mirándome y sentí una descarga eléctrica por mi cuerpo. No podía evitarlo, ella me hacía sentir tantas cosas.
— ¿Tienes sed? —me pregunto. Cada vez me sorprendía mas como sabía lo que me pasaba, lo que sentía y pensaba. Había llegado a pensar que me conocía mucho mejor que yo mismo. Aunque no sería extraño, a estas alturas me desconocía completamente. Podría ser normal que alguien me conociera mejor que yo mismo ¿no?
— No—le mentí. No quería que perdiéramos tiempo, que podíamos ocupar en rastrear a esa familia a la que ella deseaba unirse, por mi.
— No me mientas—dijo en un tono dulce. Me reí al darme cuenta de que quizá si me conocía ella mejor que yo mismo.
— Bueno, si un poco—era tan extraño reír. Hacia tanto tiempo que no sentía ganas de reír, porque ya nada me causaba alegría. Pero con Alice todo era más sencillo. Con Alice por fin podía reír y sentirme feliz, a pesar de que sabía que ella no me pertenecía, el solo hecho de tenerla cerca me hacia feliz.
— Adelante—me dijo. Olfatee cuidadosamente el aire, hasta que descubrí un aroma, un poco atractivo. Me lance a través del bosque, desconectando la mente del cuerpo, corriendo velozmente, guiado únicamente por aquel aroma de sangre fresca.
A unos cuantos metros de aquel efluvio, divise un oso pardo, caminando despreocupadamente a través de los arboles. Sin pensármelo siquiera dos veces, me lance sobre el animal y le encaje los dientes sin darle tiempo siquiera a que se defendiese. La sangre corrió por mi garganta, apaciguando aquel ardor de fuego que me torturaba. Cuando la sangre de aquel animal se agoto, lo deje tendido en el suelo y volví a olisquear el aire. No había quedado completamente satisfecho con aquello, necesitaba más.
Mi mente y mi cuerpo no estaban conectados en ese momento, buscaba con cuidado un aroma animal, cuando una brisa sopló a mi espalda y un delicioso y dulce aroma me envolvió. Sin pensármelo tres segundos me lance a través de la espesura, buscando aquel efluvio tan delicioso.
Escuche la voz de Alice detrás de mí gritar:
— ¡Jazz, no!
Pero en ese momento solo me importaba aquel efluvio, aquel delicioso aroma.
Jasper se lanzo a través del bosque, al tiempo que Alice tenía una visión. Cuando se recupero, intento detenerlo. Iba a atacar a un humano.
— ¡Jazz, no! —grito lanzándose a través del bosque para seguirlo.
Jasper volaba a través de los pinos, cuando alguna parte de su adormilada consciencia le advirtió que aquel aroma tan delicioso era humano. Pero en ese momento ya era demasiado tarde, pues se había abalanzado sobre un joven excursionista y que parecía estar perdido.
Todo sucedió tan rápido, un momento había capturado el efluvio, dos segundos después tenía entre sus brazos al joven y al siguiente momento la sangre de aquel aventurero, asustado e inmovilizado tanto por el miedo como por la poderosa fuerza del vampiro, corría por su garganta.
Al mismo tiempo, que el tibio liquido apaciguaba el ardor de su garganta, una ola de emociones lo golpeaba con fuerza, impidiéndole alimentarse tranquilamente, llevándose toda señal de tranquilidad dentro de sí.
Sorpresa, miedo, incredulidad, miedo, angustia, dolor, terror, tristeza, angustia, dolor, angustia, dolor, agonía, dolor, angustia, dolor, muerte.
A aquel cuerpo se le agoto la sangre, pero todas las emociones abrumadoras, seguían con Jasper, quien se soltó del cadáver en cuanto se hubo agotado y se alejo comprendiendo por fin lo que acababa de hacer.
Su cuerpo estaba envuelto en las dolorosas emociones de aquel joven que acababa de asesinar, sus ojos destellaban en un brillante tono carmesí y sus labios aun tenían restos de la sangre del pobre muchacho que acababa de asesinar.
Se sentía contrariado. Por un lado su paladar se regocijaba en el sabor de aquel líquido, el ardor de su garganta había sido aplacado por completo. Pero su cabeza era un mar de confusión, se sentía mal, completamente triste y angustiado. Mas lo que más le angustiaba no era el hecho de que acababa de asesinar a un joven, no eran las emociones que había absorbido de aquel humano ahora muerto. No. Lo que más le angustiaba en ese momento, era que le había fallado a Alice.
Le acababa de fallar a Alice. No había podido resistir la tentación de aquel aroma prohibido. No había podido resistirse al sabor de aquella sangre cálida. No había podido resistir su sed. Y había fallado a la única persona que lo había querido y aceptado como es desde que lo conoció. Le había fallado a la única persona que lleno de vida su muerto corazón. La única persona que le había tendido su mano para sacarlo de las sombras. La única persona que él había querido. La única persona que él había amado.
La dueña de sus pensamientos apareció ante él. Radiante como siempre, pero su rostro estaba descompuesto por una expresión que Jasper descifro como decepción, aunque la realidad es que era pura preocupación.
Jasper se sintió inmediatamente mal por lo que acababa de hacer. Tanto que se le escapo una involuntaria ola de tristeza y vergüenza, la cual Alice sintió inmediatamente.
Se sentía completamente miserable, completamente insignificante. Lo que acababa de hacer no tenia nombre. Si algún resquicio de su alma se había impuesto ante el monstruo en esos escasos dos meses, en este preciso momento, en un instante de debilidad, la había perdido y el monstruo estaba de vuelta.
Se sentía tan despreciable que no se atrevía a mirar a la cara a la dueña de su corazón, aunque en ese momento y nunca, se lo diría. No podría mirar a esos ojos ámbar con los suyos tan rojos como el fuego. En ese momento se pregunto, ¿Cómo podía ser que ella siguiera allí? Seguramente solo se había quedado únicamente para decirle lo decepcionada que estaba de él, lo arrepentida que estaba de haber creído en él y que en ese momento se iba.
Una nueva oleada de angustia, esta vez propia, lo ataco con fuerza. Si ella se iba ¿Qué iba a hacer él? Si ella se iba, ¿Cómo iba a sobrevivir de nuevo? ¿Cómo podría volver a su infierno personal, después de haber conocido el cielo? ¿Cómo podría ser de nuevo el ánima errante que había sido hasta ahora después de haber sentido nuevamente lo que era vivir?
Alice sintió la ola de angustia que él involuntariamente le enviaba y sintió su corazón estrujarse dentro de su pecho. Se acerco a Jasper con paso vacilante y busco su mirada, la cual la rehuía de una manera que evidenciaba su sentir por parte del rubio.
— Jasper—le llamo despacito aun buscando su mirada.
Él no contesto. No sabía que decir. Por una parte no deseaba que le dijera mil cosas que lo herirían mucho más que todas las mordidas de neófitos recibidas durante sus años de guerra, pero tampoco quería decirle que se fuera.
— Jasper ¿estás bien? … —preguntaba ella con sincera preocupación—. Jazz…
Fue el momento en el que Jasper percibió en ella un sentimiento totalmente ajeno a la decepción, un pensamiento totalmente ajeno a la tristeza o desilusión. Jasper percibió una preocupación, mezclada con ese amor que le brotaba a chorros todo el tiempo. Una preocupación distinta a la que él conocía; preocupación por el ser amado.
Se pregunto de inmediato si aquello podía ser. Si, a pesar de haberle fallado de una manera imperdonable, ella se estaba preocupando de si él estaba bien. Si el amor de aquella mujercita podría ser tan grande como para perdonarle el error que había cometido.
Y se animo a levantar la cabeza y mirarla a los ojos. Su expresión era de sincera preocupación y en la atmosfera emocional de ella no pudo encontrar ni el menor atisbo de enojo o duda. Únicamente preocupación y amor.
Alice se encontró con ese par de ojos tan rojos como el rubí, que la miraban con tristeza y angustia, y, si no creyera que ese hombre era invencible, creería que hasta con miedo miraban sus ojos.
— Lo… lo lamento—dijo él en un murmullo aun mirando sus pequeños ojos ámbar.
— No te disculpes—dijo ella con una sonrisa, intentando infundirle ánimos a su vampiro amado. Llevo una mano a su rostro marcado de cicatrices y acaricio su mejilla con dulzura, en un intento de apaciguar esa tristeza y frustración que torturaban a su amado.
Y Jasper sintió como si la calma y la tranquilidad lo bañaran suavemente. Como si nada importara ya, como si todo el dolor se quedara nuevamente atrás, como si el mundo entero se hubiese detenido. Como si hubiese vuelto a vivir.
Y entonces lo supo…
Aquella criatura frágil, con rostro de duendecillo, nunca lo abandonaría. Podía confiar plenamente en ella, tal y como lo había hecho desde el principio, aunque con sus dudas.
En ese momento ya no había lugar a dudas, ella estaría siempre con él. Aunque fallara, aunque nunca lograra un autocontrol completo, ella estaría allí. Porque ella sentía lo mismo que él en aquel momento. Ella lo amaba, tanto como él a ella.
La mirada del sureño cayó sobre los labios rosados de la pequeña vampira y se pregunto a que sabrían, a que sabría un beso de la pequeña vampira.
Alice percibió la mirada insistente del vampiro en sus labios, pero no dijo nada. Siguió acariciando la mejilla de su caballero sureño. Esperando una decisión.
Jasper temía que Alice se desvaneciera en el aire, como quien despierta de un sueño y, a pesar de ser consciente que los vampiros no dormían, no descartaba la posibilidad de que ella fuera un truco de su mente.
Sin embargo, ¿Qué más daba ya? Había perdido muchos años de su existencia, andando para todos lados como ánima errante, pensando si no era lo mejor morir, quizá encender una hoguera y lanzarse a ella para terminar con su tristeza. Ahora estaba Alice que lo había rescatado de su eterno penar con una sonrisa, con una ola de esperanza y con una frase.
Si ella fuera un truco de su imaginación, podría simplemente hacer aquello que tantas veces pensó como la solución a sus problemas. La decisión estaba ya tomada.
Los ojos de Alice se desenfocaron, sumergiéndola en una visión, una visión preciosa.
Era el mismo bosque nevado en el que se encontraba, pero el cielo se había despejado en el momento en el que el sol se estaba ocultando en el horizonte. Ellos dos se encontraban de pie, tal y como en ese momento, solo que los labios del sureño y los de ella estaban unidos y sumergidos en una suave danza. Un beso. El más esperado beso.
La decisión había sido tomada tan de pronto que Alice no tuvo oportunidad ni siquiera de asimilar su visión. Las nubes grises se disiparon, dando paso a un sol radiante que procedía a esconderse detrás de las montañas.
La luz amarillenta pinto aquellas nubes de colores rosas y amarillos, y arranco destellos a la piel de ambos vampiros. Alice miro maravillada el efecto de aquella piel devastada a la luz del sol, que tenía un aspecto fatídico y a la vez precioso, si eso era posible.
Jasper vio el destello de aquellos labios sonrosados, que parecían tener el brillo de los diamantes rosados. No podía dejar de mirar aquellos labios que tanto anhelaba.
Alice sabía lo que pasaría, pero aun así la tomo por completo desprevenida cuando Jasper puso sus dedos índice y pulgar en su barbilla y elevo suavemente su rostro hasta mirarla más fijamente a los ojos, dejando a sus labios menos espacio del acostumbrado.
— Alice—la llamo en un murmullo.
— ¿Si? —pregunto ella.
— Puedo… — a Jasper nunca le fallaba la voz, nunca se le entrecortaba, pero ahora le pasaba por primera vez. Mas no importaba, con un respiro profundo, innecesario y necesario a la vez—... puedo besarla señorita—dijo tomando las maneras de su época. Haciendo que a ella se le cortara la respiración al escuchar ese acento sureño tan… indescriptiblemente hermoso.
— Si—dijo también con la respiración entrecortada y la voz trémula.
Y él se agacho despacio, sus labios buscando los de ella con ansiedad. Ella se paraba de puntitas buscando igualmente sus labios. Cuando por fin sintió la boca del sureño rozar la suya, enredo sus pequeños brazos en el cuello del rubio y él rodeo su cintura con sus largos brazos, estrechándola contra su cuerpo.
Sus labios se entreabrieron profundizando el beso y una oleada de nuevas emociones, tanto propias como pertenecientes a la pequeña mujer que correspondía su beso de una manera que jamás creyó llegar a sentir.
Ternura… cariño… amor… sorpresa… tranquilidad… agitación… amor… deseo… amor… agitación… amor… deseo… placer… amor… pasión… amor… deseo… placer… amor… pasión… placer… amor… amor… deseo…
Tantas emociones juntas, que jamás había sentido, pero en ese momento lo hacían sentir en la cima del mundo.
Alice se sumergía en la sensación que le llevaba el sentir sus labios contra los de él. El probar su boca, como siempre lo había soñado. Porque ¿Quién mas podría decir que llevaba treinta años esperando por un beso del hombre que amaba? ¿Quién mas podría decir que llevaba treinta años amando a un solo hombre? ¿Quién mas podía decir que en ese momento era correspondida y se sentía la mujer más dichosa del mundo, después de treinta años de amar a la distancia?
La respuesta era obvia: NADIE
Y así se dejaron llevar el uno por el otro, por las emociones con las que Jasper los envolvía con su poderoso don, por las emociones que emergían de su corazón como un volcán en erupción. Con el poder de una tormenta y con el ardor de la lava.
Cuando por fin separaron sus labios. Se miraron fijamente el uno al otro, sin saber que decir. Jasper llevo su mano al rostro de la vampirita, tomando un mechón de cabello entre sus dedos, por el solo pretexto de tocarla.
— Alice… yo—tartamudeo sin saber que decir.
— ¿Si? —dijo ella, expectante.
— Te amo Alice. Te amo.
— Y yo a ti, Jazz—dijo ella en un susurro—. Te amo, y nunca te dejare ir.
— No dejare que te vayas. Jamás.
Y así volvieron a unir sus labios, en un profundo y apasionado beso. Derrumbando por fin las barreras entre ellos, y entregándose a su amor.
**Klau observa desde la ranura de la puerta para ver si hay personas con jitomates en manos**
Hola! y lo lamento de verdad que lo lamento. No se como hacer para pedir disculpas a ustedes mis fieles lectoras, espero que aun quede alguna por alli despues de estos dos meses. De verdad lo lamento y he de decir que sobran las explicaciones.
Espero no volver a ausentarme asi de esta historia, pero comprendanme entre todo lo que hago, no tengo tiempo a veces ni de respirar. Me hacen falta unas vacaciones y apenas empieza el ciclo escolar. :S
Bueno espero que me perdonen y que les haya gustado el capitulo, les juro que presione a mi musa para que escupiera toda la trama lo mas rapido posible.
De acuerdo. Un beso.
Klau :D
